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sábado, 25 de enero de 2025

Cine y Pediatría (785) “Tuesday”, un guacamayo viene a verme

 

La muerte de un hijo siempre es un camino de pérdida doloroso y un duelo complejo de llevar adelante. Desde Cine y Pediatría hemos sido partícipes de películas de muy diversa índole sobre este tema. He aquí algunos ejemplos: La decisión de Anne (Nick Cassavetes, 2009), Alabama Monroe (Felix Van Groeningen, 2012), Más allá de las palabras (Anthony Fabian, 2013) o Asia (Ruthy Pribar, 2020), para acercarnos a la pérdida de un hijo por enfermedad; La habitación del hijo (Nanni Moretti, 2001), El mejor (Shana Feste, 2009), Los secretos del corazón (John Cameron Mitchell, 2010), Tonio (Paula van der Oest, 2016), Madre (Rodrigo Sorogoyen, 2017), Tu hijo (Miguel Ángel Vivas, 2018), Desaparecida (Kim Farrant, 2019) o Mass (Fran Kranz, 2021), para acercarnos a la pérdida inesperada de un hijo por accidente o en situaciones no esperadas; o también la pérdida de un recién nacido al nacimiento en Fragmentos de una mujer (Kornél Mundruczó, 2020) o de un lactante por síndrome muerte súbita del lactante en Un grito en la noche (Marc Foster, 2000) y El amor y otras cosas imposibles (Don Roos, 2009). Pero también, de forma especular, algunas películas abordan el duelo de un hijo ante la enfermedad o fallecimiento de la madre, como es el caso de Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki, 1988), Ponette (Jacques Dillon, 1996), Un monstruo viene a verme (Juan Antonio Bayona, 2016), o Petite Maman (Céline Sciamma, 2021).     

Y esta profusa reflexión al tema de la pérdida de un hijo es para introducir nuestra película de hoy, una película británica muy especial, el debut de su directora en el largometraje: Tuesday (Daina Oniunas-Pusic, 2023), una particular relación entre Tuesday, una adolescente en fase terminal de su enfermedad, su madre Zora y la muerte que les visita en forma de un pájaro de la familia de los guacamayos. Una original reflexión sobre el abordaje de la muerte y el duelo a través de este animal fantástico, y que sin duda es difícil no relacionar con la especial relación ente el niño Connor, su madre enferma y el anciano tejo que no viene a curar a la madre, sino a sanar al hijo, en la película española Un monstruo viene a verme

En la introducción se nos presenta a un pájaro parlante (cuya voz la pone el actor británico Arinzé Kene) de mal pelaje y algo inquietante, parecido a un guacamayo y que puede cambiar de tamaño (de gigante a diminuto), lo que le otorga un carácter fantástico y simbólico y que sirve como un puente entre la vida y la muerte. Así lo vemos en las escenas iniciales cuando visita a personas moribundas que musitan: “Tengo miedo. Tengo miedo. No quiero morir. No quiero morir. El no quería hacerme daño. De verdad que no”. Y enseguida se nos presenta a nuestra adolescente protagonista, Tuesday (Lola Petticrew), postrada entre la cama y su silla de ruedas, con bomba de oxígeno y gafas nasales y al cuidado de una enfermera domiciliaria. Allí donde llega nuestro guacamayo a visitarla y aunque ella le suplica “No me mates, por favor”, la contestación no deja duda: “Debo hacerlo”. Pero le pide que espere que su madre llegue a casa para despedirse, tiempo en el que establecen una particular relación, incluso con momentos de humor para rebajar el drama latente, como la secuencia en la cual la chica comparte marihuana con el loro o aquella otra en la cual el animal rapea junto a Ice Cube la letra de “It Was A Good Day”, “un clásico”, según la definición del visitante alado. 

Cuando regresa la madre, Zora (Julia Louis-Dreyfus), su hija le cuenta lo que va a ocurrir: “Mamá, sé que no puedes lidiar con esto. No estás preparada. Y no sobrevivirás. Debes dejar que te ayude”. Pero la madre no quiere hablar de ello, ni ahora ni nunca, pues ha creado un mundo paralelo a espaldas de su hija, pues no le contó que perdió el trabajo y pasa el tiempo fuera de casa en parques, y tuvo que vender todo el mobiliario del piso superior de la casa para sobrevivir y poder pagar a la enfermera, aunque esta le dice: “A Tuesday le gustaría pasar más tiempo con usted”. Ante la negación de la realidad, tiene que salir el pájaro a explicarle: “Señora, tiene que despedirse de su hija. La vida, toda vida, acaba. No podéis evitar mi llegada”. 

A partir de ahí se suceden una serie de hechos entre fantásticos e insólitos entre hija, madre y el guacamayo, donde la madre hace todo lo posible para que ese momento no llegue, y así se lo hace saber: “No sé qué soy sin ti. No sé cómo es el mundo si tú no estás en él. No tengo la menor idea. Y creo que por eso, no sé, tengo miedo. Estaba luchando por mi propia vida. Pero a ti te quiero mucho más que a mí. Y esta es tu vida y a partir de ahora haremos lo que te convenga a ti. Ya no tienes que soportar más dolor. Y ya no tienes que preocuparte más por mí”. Y se prepara para la despedida cuando el pájaro extiende sus alas sobre Tuesday. 

Pasado el tiempo regresa al guacamayo a visitar a Zora, pero solo para saber cómo está… y la madre le pide morir. “El caso es que, si existe el más allá, lo mejor sería que yo estuviera con ella, que cuidara de ella y estuviera con ella. Y si no existe el más allá, entonces ¿qué pinto yo aquí? Soy insignificante, de verdad. Por favor”. Y el pájaro le responde, mirando el amanecer por la ventana de la habitación de su hija: “Dios no existe. No según el concepto humano. Pero si existe el más allá. El eco que uno deja, su legado, su recuerdo. Eso es el más allá de Tuesday. Tu forma de vivirlo determinará como pervive ella”. 

La película Tuesday nos invita a reflexionar sobre la aceptación de la muerte y el proceso de duelo, utilizando metáforas visuales y elementos oníricos para explorar estas temáticas universales. La representación de la muerte como un pájaro parlante que interactúa con los personajes principales ofrece una perspectiva muy particular y multifacética. Porque el pájaro, en muchas tradiciones culturales y mitologías, se percibe como mensajero entre el mundo de los vivos y el de los muertos, y su capacidad para volar representa la conexión entre lo terrenal y lo espiritual. Quizás esos cambios de tamaño que experimenta pueda ser un reflejo de la naturaleza de la muerte: a veces abrumadora y otras, una presencia pequeña e íntima que susurra en momentos de soledad, y que también simboliza cómo las personas perciben la muerte de manera diferente según sus emociones y circunstancias. Lo dicho, en Tuesday, un guacamayo viene a verme… lo que ha generado opiniones divididas entre los críticos, con elogios por su originalidad y actuaciones, pero también críticas por su tono y ejecución. Diversidad de opiniones, como el sentimiento y emociones diversas ante la pérdida de un hijo.

 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Cine y Pediatría (151). El alma de la infancia en “Un puente hacia Terabithia”


Se dice que las tres cualidades del alma son creatividad, curiosidad y emoción. Se dice que cuando estas tres cualidades están alineadas y actuando, el alma brilla en todo su esplendor. Ese brillo del alma es lo que sentirás al ver Un puente hacia Terabithia (Gábro Csupó, 2007), el brillo del alma de la infancia a través del mundo imaginario que Jess y Leslie se encuentran, ese reino ideal que aparece al cerrar los ojos y abrir la mente, allí donde estos adolescentes pueden escapar de los problemas que tienen en la vida real. 

Fue en 1997 cuando la escritora estadounidense (nacida en China) de literatura infantil, Katherine Paterson, escribió “Bridge to Terabithia”, su obra más conocida y que se basó en una historia real entre su hijo y la mejor amiga de éste. Esta novela ha sido adaptada al cine en dos ocasiones, ambas de la mano de la factoría Disney: la primera en 1985, en formato de telefilm y dirigida por Eric Till; la segunda, ésta de 2007, en formato de gran pantalla y dirigida por Gábro Csupó, director húngaro y también cofundador del estudio de animación Klasky-Csupo. En esta segunda versión, el guion fue redactado por David L. Paterson, hijo de la autora del libro. 

Un puente hacia Terabithia se enfoca en la profunda amistad entre Jessie Aarons (Josh Hutcherson) y Leslie Burke (AnnaSophia Robb, en una interpretación de las que enamoran al espectador), dos adolescentes solitarios. Jess tiene 13 años, vive con sus padres y cuatro hermanas (“Yo tengo cuatro hermanas, pero las cambiaría por un perro”, asegura), un chico introvertido y con tendencia a la tristeza, poco adaptado a su familia y objeto de burlas en el colegio, quien encuentra en el dibujo su evasión. Leslie acaba de mudarse al mismo pueblo, vive con sus padres y no tiene hermanos, y es una chica alegre y extrovertida, cuya evasión es escribir las cosas que imagina. 

Leslie acude a la misma clase de Jess e insiste en convertirse en su amiga. Eso sólo ocurre cuando se percatan de sus semejanzas y afinidades: “El rarito ha encontrado rarita”, dice una de las hermanas de Jess. Descubren un bosque cercano y Leslie comienza a imaginar un reino mágico y aconseja a Jess a que cierre los ojos y mantenga siempre su mente abierta a la imaginación. Almas afines y delicadas que dejan un lugar a la complicidad y al poder de la imaginación para crear el Reino de Terabithia, refugio y lugar de juegos donde todo es posible, donde una ardilla se transforma en un ardiogro y una piña en una granada, donde un árbol es un troll gigante y un pájaro se convierte en un buitre peludo. Allí encuentran criaturas mágicas con un singular parecido a sus familiares y compañeros del colegio. Sobre un árbol establecen su castillo, y al término del día regresan a sus respectivas casas y a sus vidas reales. 
En la película tienen valor añadido algunos pocos personajes más, como la hermana pequeña de Jess (Bailee Madison) y su padre (Robert Patrick), o como la señorita Edmunds (Zooey Deschanel, esta actriz devenida en cantante), profesora de música de la escuela. 

Pese a su simplicidad narrativa y una puesta en escena convencional, la propuesta de Csupo resulta eficaz como historia de unos niños diferentes de mentes abiertas que no quieren renunciar a su mundo interior y que descubren por primera vez la amistad, el amor, la belleza de la naturaleza y hasta la misma muerte. Funciona porque el guion se la confabula con la cámara y sabe volar con sus travellings para crear una sensación de libertad y fantasía, porque la banda sonora refuerza el clima mágico y porque la pareja protagonista responden con frescura y sin excesos a unas interpretaciones bien asimiladas. Así, entre las aguas de la realidad que se abren paso y el mundo encantado de la imaginación, Jess y Leslie se plantean los fundamentos de la vida, con una actitud abierta al hablar de la existencia de Dios y de la fe (“No es posible que Dios vaya condenando a personas al infierno…, está muy ocupado dirigiendo todo esto”, dice Leslie a su amigo) o sobre el sentido de la vida y la muerte (“Te sucedió algo especial cuando la conociste. Recuerda eso. De ese modo la mantendrás viva”). 

Película para toda la familia, película intimista y llena de valores, a medio camino entre Mi chica (Howard Zieff, 1991) y Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario (Andrew Adamson, 2005). Curiosamente, las principales secuencias de Un puente hacia Terabithia fueron filmadas en Nueva Zelanda, considerado ya escenario natural de los reinos y tierras de la imaginación, no sólo del Reino de Terabithia según Gábro Csupó, sino también de la Tierra de Narnia según Andrew Adamson o de la Tierra Media de El señor de los anillos según Peter Jackson. 

Un puente hacia Terabithia nos regala el puente que lleva al alma de la infancia, porque nos regala la creatividad, la curiosidad y la emoción que debe acompañar a los primeros años de nuestra vida… , pero que ojalá nos acompañaran siempre. Porque siempre debiéramos tener una Leslie a nuestro lado que nos recordara aquello de “Tú cierra los ojos y abre bien la mente”

sábado, 31 de diciembre de 2011

Cine y Pediatría (103). Los Inklings y la Tierra Media

Hoy es Nochevieja…y mañana amanecerá un nuevo año, uno más. Un buen momento para continuar en la compañía de los Inklings, compañía que comenzamos la semana pasada (Cine y Pediatría 102).

Hoy nos corresponde hablar del amigo de C.S. Lewis: J.R.R. Tolkien, escritor, poeta, filólogo y profesor universitario británico, vinculado principalmente a la Universidad de Oxford. Aunque algunos escritores, como el estadounidense Robert E. Howard (y sus "Kull de Atlantis", "Solomon Kane" y "Conan el Bárbaro"), precedieron a Tolkien en la escritura del género literario de fantasía, el gran éxito literario de Tolkien le ha valido el título de padre de la literatura fantástica moderna.

Y ese título viene de la mano de su obra más importante, "El Señor de los Anillos". Aunque inicialmente se planteó como una secuela de "El hobbit", lo cierto es superó a su predecesora, hasta considerarse una de las obras más populares del siglo XX. Si bien la obra fue concebida por Tolkien como una sola historia, la novela fue divida en tres partes por motivos editoriales: "La Comunidad del Anillo" , "Las dos torres" y "El retorno del Rey".

"El Señor de los Anillos" se desarrolla en la Tierra Media, un lugar ficticio poblado de hombres y otras razas antropomorfas (hobbits, elfos, enanos,…), así como por criaturas fantásticas. La historia narra el viaje de su protagonista, el hobbit Frodo Bolsón, para destruir el Anillo Único, debido a que es la principal fuente de poder de su creador, Sauron, el Señor oscuro. Una nueva metáfora sobre las batallas entre el Bien y el Mal, una metáfora que implica la culminación de un largo proceso que da origen a la humanidad actual, con toda su carga mítica y reflejado en las Edades del Sol en el legendarium de Tolkien: la Primera Edad del Sol (la de los elfos), la Segunda Edad del Sol (la de los hombres de Númenor), la Tercera Edad del Sol (dominada por el mal) y la Cuarta Edad del Sol (la de los hombres).

Debido al carácter perfeccionista de Tolkien esta obra se escribió por etapas entre 1937 y 1949. Tolkien la consideró como un trabajo fundamentalmente religioso y católico, como varios temas teológicos subyacentes (como la batalla entre el Bien y el Mal, el triunfo de la humildad sobre el orgullo y la intervención de la gracia divina) y distintos valores (como la misericordia, el arrepentimiento, el sacrificio, la voluntad, la justicia, el compañerismo, la autoridad, la salvación,…). Pero además de sus creencias religiosas, también "El Señor de los Anillos" se alimentó de otras vivencias como la mitologías del norte de Europa, la ópera "El anillo del nibelungo" de Wagner, la obra "Macbeth" de Shakespeare o el poema anónimo "Beowulf".

Traducida a múltiples idiomas y versionada en radio, teatro y cine, destaca principalmente la trilogía cinematográfica de Peter Jackson. Pero antes de que el orondo neozelandés bordara su multipremiada trilogía, hubo algunos intentos previos: como el de Stanley Kubrick en 1967 (que quería hacer una versión con The Beatles como protagonistas, en el que Paul McCartney sería Frodo, Ringo Starr sería Sam, George Harrison sería Gandalf y John Lennon sería Gollum; ¿se lo imaginan?) y el de John Boorman en 1975.

Peter Jackson ha rodado una trilogía inolvidable en tres años (en el año 2001, La Comunidad del Anillo; en el 2002, Las dos torres; y en el 2003, El retorno del Rey), un éxito de público y crítica sin parangón. Entre las tres películas consiguieron 17 Premios Óscar, siendo la tercera parte la más galardonada con 11 estatuillas (igualando a los dos más premiadas hasta esa fecha en la historia de la Academia de Cine de Estados Unidos: en 1959, Ben-Hur de William Wyler y en 1997, Titanic de James Cameron). Pero más importante que los premios es el conjunto de personajes míticos que permanecen en nuestro recuerdo, ya grabados en nuestra memoria bajo la piel de un gran elenco actoral: Frodo Bolsón (Elijah Wood), Boromir (Sean Bean), Aragorn (Viggo Mortensen), Gimli (Jorn Rhys-Davies), Legolas (Orlando Bloom), Airwen (Liv Tyler), Éowyn (Miranda Otto), Elrond (Hugo Weaning), Faramir (David Wenham), Théoden (Bernard Hill), Galadriel (Cate Blanchet), Sméagol/Gollum (Andy Serkis), Gandalf (Ian McKellen), Saruman (Chistopher Lee), y un largo etcétera.

Un elenco de actores dirigidos por un director en estado de gracia para dar imagen a un libro mágico, escrito en la esquina de un pub de Oxford. Para ello, Peter Jackson se valió de grandes efectos especiales (de la empresa WETA) y de una gran banda sonora (con música de Howard Shore, interpretada principalmente por la Orquesta Filarmónica de Londres). Todo ello ha contribuído a que la trilogía de El señor de los Anillos sea considerada en algunos ránkings como la mejor trilogía, por delante de otras míticas (El Padrino, La Guerra de las galaxias -tanto la primera trilogía, como la segunda-, Parque Jurásico, Toy Story, Mad Max, Jason Bourne, Matrix, etc). Aunque lo anterior puede ser discutible (según los gustos), lo que es más objetivo es que esta trilogía si ha sido la que ha conseguido mayor recaudación a nivel mundial.

Las similitudes de los dos principales Inklings, C.S. Lewis y su Tierra de Narnia y J.R.R. Tolkien y su Tierra Media, se extiende a la gran pantalla. Así, tres nombres importantes surgidos de la trilogía de El Señor de los Anillos (Richard Taylor como diseñador de armas, Benjamin Cinelli como animador de las criaturas y Dean Wright como supervisor de efectos especiales) reaparecen en El león, la bruja y el armario. Tanto Peter Jackson como Andrew Adamson son directores neozelandeses y ambos llevan a Nueva Zelanda los espacios naturales para grabar su Tierra Media y su Tierra de Narnia. Un lugar ideal para que Jackson recreara el legendarium de Tolkien y sus míticos lugares: La Comarca, Isengard, Gondor, Rohan, Mordor, Númenor, el Abismo de Helm, el Bosque de Fangorn, las Minas de Morgul, el Monte del Destino o Las Tierras Imperecederas. Peter Jackson ya está rodando El Hobbit, que se realizará en dos películas (The Hobbit: An Unexpected Journey y The Hobbit: There and Back Again), cuyo estreno será de nuevo (como las anteriores) en Navidad: pero para ello deberemos esperar a las Navidades de 2012 y 2013.

De Lewis a Tolkien, de “Jack” a “Tollers”, de Tierra Media a Tierra de Narnia, de Oxford a Nueva Zelanda,… un buen momento la Navidad para rememorar el sueño, la magia y la fantasía de los Inklings.

Sueño, magia y fantasía para el nuevo año. Feliz 2012, ¡ que sea un año fantástico !. Pero recordar, "there can be no triumph without loss, no victory without suffering, no freedom without sacrifice".





sábado, 24 de diciembre de 2011

Cine y Pediatría (102). Los Inklings y la Tierra de Narnia


Hoy es Nochebuena…y comienza una nueva Navidad. Un buen momento para hablar de películas llenas de luz y fantasía, películas con mensaje para niños y adultos. Un buen momento para hablar de los Inklings y sus dos “tierras” más famosas.

¿Quiénes eran los Inklings? Se denomina así a un conjunto de académicos y escritores de primera mitad del siglo XX vinculados a la Universidad de Oxford, con la esencia del cristianismo como fe, y que realizaban tertulias principalmente alrededor la literatura. Literatura con esencia de ficción y escritura con esencia de fantasía.

Como era corriente en aquella época (hablamos del periodo 1930 a 1960) estos grupos literarios universitarios sólo estaban compuestos de varones. El grupo de esta tertulia era variable, pero dos nombres destacaban con luz propia: el irlandés Clive Stapes Lewis (apodado como “Jack” y conocido en la literatura como C.S. Lewis) y el británico John Ronald Reuel Tolkien (apodado como “Tollers” y conocido en la literatura como J.R.R. Tolkien). Los Inklings se reunían inicialmente los jueves en las habitaciones de Lewis en el Magdalen College de Oxford; luego aparecieron otros dos lugares de reunión, principalmente dos pubs de la calle Saint Giles de esta ciudad universitaria: el Lamb & Flag y, sobre todo, el famoso Eagle and Child.

C.S. Lewis y J.R.R. Tolkien eran amigos, escribieron sus libros en la misma época y en el mismo entorno (profesores de la Universidad de Oxford), y se leyeron el uno al otro, por lo que sus influencias son evidentes. Ambos volcaron en sus obras más famosas ("Las crónicas de Narnia" de C.S. Lewis y "El Señor de los Anillos" de J.R.R. Tolkien) su pensamiento cristiano a través de la ficción, a través de dos mundos de fantasía (la Tierra de Narnia y la Tierra Media). Pero también las diferencias son patentes, pues así como la Tierra Media de Tolkien es oscura y siniestra, el universo de la Tierra de Narnia es mucho más alegre y romántico. Hoy hablaremos de C.S. Lewis y su Tierra de Narnia. El próximo sábado lo haremos de J.R.R. Tolkien y su Tierra Media.

C.S. Lewis fue un irlandés errante, principalmente errante en su fe. Aunque nació en el seno de una familia cristiana fue ateo en la mayor parte de su juventud (“muy molesto con Dios por no existir”), pero se convirtió en la madurez por la influencia de los Inklings (principalmente por su amigo Tolkien) y por dos escritores (G.K. Chersterton y G. MacDonald). Su conversión tuvo un profundo efecto en su obra (principalmente en la "Trilogía cósmica", "Cartas del diablo a su sobrino" y en la heptalogía de "Las Crónicas de Narnia"). Un pequeño acercamiento cinematográfico a su figura la realizó en 1993 Richard Attenborough en Tierras de penumbra, en que se nos presenta a un Lewis (Anthony Hopkins), soltero y de vida casi monacal, en el momento de su encuentro con la escritora estadounidense Joy Gresham (Debra Wringer); maravillosa historia de amor en la senectud truncada por la prematura muerte de ella por un cáncer de huesos.

"Las Crónicas de Narnia" es su obra más famosa, un clásico de la literatura infantil compuesto de 7 libros y que escribió entre 1949 y 1954. En ella relata las aventuras en Narnia, una tierra de fantasía y magia, poblada de animales que hablan y múltiples criaturas mitológicas, en un canto a la eterna disyuntiva del Bien y del Mal. El personaje central es Aslan, un león legendario; los hermanos Pevensie actúan de hilo conductor (Peter, Edmund, Susan y Lucy); y Jadis, la Bruja Blanca, configura el contrapunto.

La mayor parte de las ediciones actuales ordenan los libros según la cronología de su narración (que no coincide con la cronología de publicación): "El sobrino del mago" (1955), "El león, la bruja y el ropero" (1950), "El caballo y el muchacho" (1954), "El príncipe Caspian" (1951), "La travesía del Viajero del Alba" (1952), "La silla de plata" (1953) y "La última batalla" (1956). Además de en la tradición cristiana, esta obra se nutre de la mitología griega y romana, así como de los cuentos de hadas tradicionales británicos e irlandeses. Una reciente tesis afirma que cada crónica correspondería a uno de los siete planetas de la cosmología medieval.

Su influencia es conocida en la literatura infantil: la propia J.K.Rowling ha reconocido públicamente su inspiración en la saga narniana para escribir su serie sobre Harry Potter. Traducida a múltiples idiomas y versionada en teatro, televisión y cine, 3 obras han sido ya volcadas a la gran pantalla:

El león, la bruja y el armario (2005) y El príncipe Caspian (2008), ambas dirigidas por Andrew Adamson, neozelandés conocido por la saga Shrek, quien deja la animación y debuta en la dirección de actores de carne y hueso.

La travesía del Viajero del Alba (2010), dirigida por el inglés Michael Apted, de trayectoria dispersa en la dirección que va desde el casi-biopic Gorilas en la niebla (1988), hasta una de 007 como El mundo nunca es suficiente (1999), pasando por el drama Nell (1994).

En espera de la cuarta entrega en el cine (El sobrino del mago), volvamos a disfrutar del mundo de C.S. Lewis llevado al cine, de la Tierra de Narnia y sus alrededores (Archenland, Calormen y las Tierras Salvajes del Norte), re-disfrutemos con nuestros hijos de sus imágenes, de su mensaje, de sus palabras. Disfrutemos de las verdades del león Aslan (eso sí, en versión original siempre, con la voz de Liam Neeson), con el valor del perdón de trasfondo: “Hay que elegir las palabras con la misma cautela que a los amigos”.

Feliz Navidad… en “vuestra” Tierra de Narnia.