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sábado, 30 de marzo de 2019

Cine y Pediatría (481): “Techo y comida” visibiliza la exclusión social


Hay películas que se quedan en el recuerdo durante mucho tiempo y que te encogen el corazón. Películas con la sencillez y honestidad de la realidad reflejada como un espejo, una realidad que tenemos a nuestro lado y quizás no queremos ver. Algo así ocurre con la ópera prima de Juan Miguel del Castillo, estrenada en el año 2015 gracias al micromecenazgo (más conocido bajo el anglicismo de “croudfunding”) y que nos pone delante de los problemas del paro, pobreza y desahucio que asoló (y asola) la España de la última década. Una película que tiene un título tan significativo como Techo y comida, y que no cabe duda de que debiera prescribirse en todos los institutos y en las propias familias. 

No es de extrañar que esta película recibiera un buen número de premios en diferentes festivales, especialmente el Premio del público del Festival de Málaga y, sobre todo, el Goya a Mejor actriz para Natalia Molina, esta joven jienense que ya se puso en el punto de mira del séptimo arte con su papel de adolescente rebelde en Vivir es fácil con los ojos cerrados (David Trueba, 2013), por la que ya recibiera el Goya a Mejor actriz revelación. 

Nos encontramos en el año 2012, en Jerez de la Frontera. Una primera escena nos presenta a una joven, Rocío (inconmensurable Natalia de Molina), que se despierta angustiada en la cama a medianoche. En la siguiente escena se encuentra frente a una asistente social que le ofrece un salario social y enseguida descubrimos que es madre soltera, su hijo Adrián (Jaime López) tiene 8 años, y vive en un piso cuyo alquiler no puede pagar hace meses por falta de ingresos. Y ella reparte su curriculum para trabajar de lo que sea, pero lo que sea no llega. 

Entre la vergüenza y el temor de perder la tutela de su hijo, sufre en soledad una situación de precariedad que lejos de mejorar, empeora cada día. Y comprendemos el insomnio, al que se suma la constante preocupación, el hambre, el miedo… Y poco a poco la casa se queda sin calefacción para ahorrar, luego sin agua por impago, sin luz,… y todo ello bajo las amenazas constantes del arrendador. Solo una vecina mayor aparece en su vida como un resquicio de luz, reflejando esa solidaridad tan hispana. 

Porque Techo y comida es el retrato de la España de hoy, de esa España con millones de personas en riesgo de exclusión social y que permanecen escondidas tras las cifras macroeconómicas. Pero Rocío solo tiene dinero para que su hijo coma pan y salchichas, lo más barato del hipermercado, pero ella apenas nada… y por ello Adrián le dice: “Tú no comes. Pues te vas a quedar como un esqueleto”. Y llega el momento límite en que tiene que rebuscar por la noche en los cubos de basura en busca de alimentos y también acudir a recoger la comida a los centros sociales vinculados a centros religiosos (más digno que lo anterior). 

Pero un día llega una carta debajo de la puerta, que no quiere leer. Pero no puede evitar lo inevitable: el desahucio y, con ello, todo lo que supone para una madre soltera. Y cuando intenta defenderse se le han pasado los plazos de alegación al no contestar a la demanda inicial, con una escena de su primer plano ante un abogado que corta la respiración. Todo tan real como la vida misma y en este desliz hacia el infierno de la exclusión social, Rocío se aferra a la fe, a sus Vírgenes y Cristos, a su rosario, a sus oraciones… 

La única alegría que puede dar a su hijo Adrián (quien le pregunta, “¿Qué significa bastado?”, lo que le dicen los niños del colegio) es comprarle unas zapatillas de deporte y la camiseta de la selección española que le regala la vecina. Y ahí nos llega una escena simbólica: 1 de julio de 2012, se retransmite el partido de la final de la Eurocopa de Kiev, donde España se proclama campeona. Todos celebran la efeméride, mientras madre e hijo se abrazan porque al día siguiente deben abandonar su casa. Y mientras ondean las banderas al fondo, ellos permanecen como invisibles para la sociedad. 

Y llega esa escena final donde Rocío y Adrián empujan sus maletas en una carretera y se alejan rumbo a ninguna parte. Y a continuación el fundido final en negro nos deja este mensaje: “En España 526 personas pierden su vivienda cada día en 2012. La tasa de paro alcanza el 26%, la más alta de su historia. 13 millones de personas se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Se rescata a la banca con 100.000 millones de euros. ¿Y a ti quién te rescata?”. Y este mensaje sobreimpresionado en pantalla lo leemos mientras suena el taladro que abre la puerta de la casa desahuciada a Rocío. 

Y es así que Techo y comida no oculta lo que es en ningún momento: cine social de denuncia nada disimulada, una oda a todos aquellos oprimidos que se parten el espinazo por un mendrugo de pan y una feroz crítica a la injusticia de la sociedad. Porque en España y en la última década, se han producido 70.000 desahucios como los de Rocío y el 70% de los mismos lo son por los bancos o por los fondos buitres. Y con una paradoja mucho más llamativa: un tercio de la vivienda vacía de toda Europa está en nuestro país. 

Y para ello, Juan Miguel del Castillo nos regala esta obra de cine social hasta la médula, quizás mezclando la estética y la dinámica de dos obras del calado de Barrio (Fernando León de Aranoa, 1998) y El Bola (Achero Mañas, 2000).   No es la primera vez que los desahucios se acercan al cine, pues lo hicieron hace años con obras en blanco y negro como El inquilino (José Antonio Nieves Conde, 1957) y El pisito (Marco Ferreri, 1959) o en color y actuales como 99 Homes (Ramin Bahrani, 2015) y Cerca de tu casa (Eduard Cortés, 2016). Pero esta película de hoy, Techo y comida, además nos deja una cosa bien clara: que en la exclusión social los niños son los más invisibles a la sociedad. 

Imperdible no verla, no sentirla, no concienciarse. Porque en el año 2019 siguen habiendo muchas Rocíos y muchos Adrianes. 

jueves, 19 de marzo de 2015

Enfermera española: ¡El National Health Service" te necesita!




Los seguidores más veteranos de este blog ya saben que tengo un amigo pediatra al que le suelen suceder cosas curiosas. Algunas de ellas las he publicado aquí  ("Érase una vez... una historia verdadera sobre "antivacunas"", "Lorazepam, pañales y "do not disturb"", "Prevención cuaternaria, o cómo proteger a los pacientes del exceso de celo diagnóstico-terapéutico de sus médicos"). Hablo mucho con él. Vamos, a diario. Y ayer me contó la historia de su hija mayor. Una chica de 24 años recién cumplidos. Enfermera de profesión, con la carrera acabada hace dos años. Una chica - la conozco perfectamente - trabajadora, laboriosa y con las ideas claras. Una vez acabado el Grado de Enfermería decidió que lo suyo era hacer una especialidad de enfermería mediante oposición presentándose al EIR ("Enfermero Interno Residente"). Me consta su perseverancia, su determinación, sus diez horas de estudio diarias... Pero, ay, la competencia en España es mucha. Unas 900 plazas al año para miles de aspirantes. Muchos miles, demasiados. Con gente muy bien preparada ya que las oposiciones en España han generado negocios paralelos como las academias de preparación. La situación laboral en España es mala para muchos colectivos profesionales, enfermería entre ellos. En resumen: tras presentarse dos veces al examen EIR, no logró su objetivo. En ambas ocasiones se quedó en puertas.

Mi amigo me cuenta que tampoco es que las tuviera todas consigo. Que esto del EIR, según tuvo tiempo de sondear, es "pan para hoy y hambre para mañana". Ese mañana son justo dos años, los que dura hacer una especialidad de enfermería. Me cuenta también que, salvo excepciones, ser una "enfermera - o enfermero - EIR" no te garantiza nada. No te cuenta en la mayoría de las oposiciones. No suma puntos en la mayoría de las bolsas de trabajo.

Mi querido amigo siempre pensó, ya mientras su hija iba al colegio, que su futuro podía no estar en España. La crisis, el paro, la falta de respeto a los profesionales sanitarios por parte de la administración... Un panorama poco o nada halagüeño. Así que tuvo en su día el empeño de que su hija supiera inglés. Y lo aprendió.

Retomando el hilo post-EIR. Además del EIR hay oposiciones de enfermería en algunas Comunidades Autónomas. Muy pocas plazas para miles de aspirantes. En Aragón se convocaron 170 plazas... y se presentaron 8.000 personas. Panorama negro aunque estudies. Porque mucha gente estudia. De hecho, la hija de mi amigo se presentó a estas oposiciones y, aunque no sabe la nota, sí sabe que no entra.

Así que un día su padre le dijo: "Hija, ¿y si miras por ahí fuera? En muchos países de la Unión Europea piden enfermeras formadas en España". Su hija, ni corta ni perezosa, se aplicó a la tarea. Respondió solicitudes varias del National Health Service británico. Se presentó a varias entrevistas de trabajo. En todas la aceptaron y se dio el gustazo de elegir la mejor opción para sus intereses.

¿Condiciones de trabajo? Un sueldo inicial de algo más de 2.200 euros al mes con posibilidades de mejorarlo a medio plazo, una carrera profesional de varios niveles por la que podrá ascender (y estoy seguro de que lo hará), dos meses iniciales de estancia pagados hasta que encuentre un piso, dos billetes de avión de ida y vuelta España-Reino Unido (ida y vuelta) durante el primer año, estabilidad laboral...

Cuando mi amigo supo que a su hija la habían aceptado en un hospital del sur de Inglaterra le dio un vuelco el corazón. Por un lado la alegría del trabajo logrado y de sus expectativas de progresar. Por otro lado, la pena de verla marchar al extranjero. Pero mi amigo, pasados unos días, está contento como unas castañuelas. Sólo ve ventajas. Y yo también.

Y yo me pregunto: ¿España es una ONG? Sí, una ONG que forma excelentes profesionales para - literalmente - regalarlos a otros países que saben que se están llevando lo mejor de nuestra tierra. Me pregunto también: ¿Por qué pasa esto? ¿Sobran facultades de enfermería o, verdaderamente, hacen falta enfermeras pero debido a la crisis no hay dinero para contratarlas? No tengo las respuestas pero la planificación a corto, medio y largo plazo en este tema es nefasta. Los servicios autonómicos de salud son auténticas empresas de trabajo temporal que a las enfermeras recién salidas sólo les ofrecen contratos de días, de horas incluso, como mucho cubrir alguna baja... Y encima hay que dar las gracias por esta miserable precariedad. Llevo demasiados años trabajando y viendo cómo excelentes enfermeras recién graduadas se "adaptaban" a este modo de vida durante uno, dos, cinco, diez años... y ahí siguen. Sin saber qué será de ellas en el futuro. 

Poco más que añadir. Bueno, sí: si eres enfermero o enfermera, tienes nivel de inglés y estás harto/a de la vida que llevas en España, consulta la web en la que la hija de mi amigo encontró trabajo: "Enfermería 21". Aunque no seas profeta en tu tierra... puedes serlo en otra. Hasta que las cosas mejoren por aquí (o no).

martes, 4 de octubre de 2011

"Vente a Oceanía, Pepe"


Quien lea un poco el periódico ya sabrá, a estas alturas, las penurias por las que están (estamos) pasando los profesionales sanitarios de Cataluña.

Las penurias no se distribuyen equitativamente: afectan más a aquellas personas que ocupan interinidades y suplencias. Y afectan, especialmente, a los trabajadores más jóvenes.

Me está saliendo una entrada muy negativa, pero es lo que hay. Los profesionales sanitarios más jóvenes tienen poco futuro en Cataluña... y en el resto de España (que nadie se engañe).

Recordaba yo una entrada de Vicente Baos, editor del magnífico blog "El Supositorio", sobre la experiencia de una médico de familia madrileña que, harta de penurias, se fue a Nueva Zelanda ("Españoles (médicos de familia) en el Mundo: Nueva Zelanda"). Rescato esa entrada y la podeis leer clicando en este enlace.

... Y recordaba esta entrada el otro día mientras estaba de guardia, hablando con una R-2 de pediatría que no ve nada claro su futuro. Y haciendo un breve rastreo por Internet, parece ser que tanto Australia como Nueva Zelanda necesitan médicos y personal de enfermería. Hay diversos organismos encargados de "importar" estos y otros tipos de profesionales a aquellos lejanos pero parece ser que prósperos países. Así que, si alguien le sirven mis hallazgos o simplemente tiene curiosidad, que se pasee por estos sitios web:
Hay más sitios, pero quien quiera "matar la curiosidad" creo que tiene más que suficiente.

También se puede ir uno a Alemania, por lo visto. Cuando Angela Merkel vino por estas tierras a principios de año ya dejó claro que en su país necesitan mano de obra cualificada. Titulados superiores..

En fin, también queda la posibilidad de quedarse aquí en España "a esperar que escampe". Al fin y al cabo todo lo que baja sube.

El problema es que, al parecer, aún no hemos bajado del todo y no se vislumbra siquiera el final de este agujero negro.