Mostrando entradas con la etiqueta pintura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pintura. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de diciembre de 2023

El Nacimiento de Jesús pinta mucho

 

Este lunes es el Día de Navidad de 2023. Y por ello, nuestro post de hoy tendrá un sabor especial... con más color y calor. 

Porque el Nacimiento de Jesús es uno de los principales episodios de la vida del Hijo de Dios y es, además, el acontecimiento más popular del Ciclo de Navidad. Los artistas han sido una pieza clave en la difusión de los mensajes cristianos con una magnífica producción de obras religiosas a lo largo de siglos. Todos ellos nos dejan entrever las ideas espirituales y estéticas dominantes en un momento y lugar concreto. 

Y hoy os regalamos un repaso visual a las mejores obras de arte sobre este tema en una de las mejores pinacotecas del mundo, El Museo del Prado, nos acercará a este tema. 

Un tema que tiene tres momentos especiales en los lienzos y tres títulos principales: 

- “La adoración de los pastores” es uno de los más repetidos, y ahí podemos encontrar las obras (con un orden cronológico aproximado) de Felipe Pablo de San Leocadio, Luis de Morales, El Greco, Bonifacio de Pitati, Bartolomé Esteban Murillo, Francisco Collantes, Giacomo Cavedone, Pedro de Orrente, Jacopo Bassano, Antonio van de Pere, Mateo Gilarte, Joachim Wtewael, Fray Juan Bautista Maíno, Carlo Maratti, Antonio del Castillo Saavedra, Donato Creti, Corrado Giaquinto, Francisco Rizzi, Acisclo Antonio Palomino y Velasco, Anton Rafael Mengs, Francesco Monti, Juan Laurent y Minier, José Lacoste y Borde, más un buen número de obras anónimas. 

- “La adoración de los Reyes Magos” le siga a la zaga, donde destacan los lienzos (con un orden cronológico aproximado) de Hans Memling, Maestro de la Sisa, Rodrigo de Osona, Luis de Morales, Fray Juan Bautista Maino, Diego de Urbina, Pedro Pablo Rubens, José Mateos, Pieter Brueghel el Joven, Pedro Núñez del Valle, Eugenio Cajés, Mateo Gilarte, Hendrick van Balen, Velázquez, Francisco Rizi, Paolo Farinati, Tiziano, Franciso Antolínez y Sarabia, Francesco Bassano, más un buen número de obras anónimas. 

 - “La Natividad” es ya un tema menos repetido, pero patente: Eugenio Cajés, Rodrigo de Sajonia, Maestro de las Medias Figuras, Rodrigo de Osona, Juan Correa de Vivar, Federico Barocci, Maestro de Sopetrán, Pietro da Cortona, Francisco Antolínez y Sarabia, y alguna obra anónima. 

Y ya luego los temas son más dispersos, con títulos diferentes y menos obras repetidas a su alrededor: “La Anunciación”, “La Visitación”, “Nacimiento e infancia de Cristo”, “La huída a Egipto”, “La presentación de Jesús en el templo”, etc. 

Porque nosotros nos podremos olvidar de Jesús. Pero Jesús ni puede ni quiere olvidarse de nosotros. Y el arte tampoco: y esta ha sido a lo largo de la historia de la pintura su peculiar felicitación por su cumpleaños. Porque este día pinta mucho… 

¡Feliz Navidad a los lectores del blog Pediatría Basada en Pruebas!

lunes, 16 de octubre de 2023

Retratos en la pintura y en el cine, cuadros y encuadres

 

Hace aproximadamente un año anunciábamos el nacimiento de la revista Arte y Medicina, promovida desde la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (ASEMEYA) y con un ritmo de publicación de 3-4 números al año.  

Mi primera colaboración en esta revista, como miembro de ASEMEYA, tuvo lugar con el artículo “Delibes, un novelista de cine”.

Y acaba de publicarse la segunda colaboración, bajo el título de “Retratos en la pintura y en el cine, cuadros y encuadres” y con dos partes muy definidas: 

a) El retrato en el arte de la pintura (cuadros), con un breve recorrido histórico y con algunos ejemplos icónicos, con la santísima trinidad del retrato, sin dudar en lo que respecta al padre y el hijo, quizás con dudas respecto al espíritu santo: 

- El padre: “La Gioconda” (1503) de Leonardo Da Vinci, también conocida como La Mona Lisa, posiblemente una de las obras pictóricas más famosas de la historia. 

- El hijo: “La joven de la perla” (1667) del neerlandés Johannes Vermeer, también conocida como Muchacha con turbante, La Mona Lisa holandesa o La Mona Lisa del norte. 

- El espíritu santo (aquí cada uno puede variar su gusto): “American Gothic” (1930) de Grant Wood, “Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa” (1434) de Jan van Eyck, “La dama del armiño” (1489) de Leonardo da Vinci, “Autorretrato de Durero” (1500) de Durero, “Retrato de cardenal” (1510) de Rafael Sanzio, “Retrato de Enrique VIII” (1537) de Hans Holbein el Joven, “El caballero de la mano en el pecho” (1578) de El Greco, “Inocencio X” (1650) de Diego Velázquez, “Retrato del Doctor Paul Gachet” (1890) de Van Gogh, “Retrato de Adele Bloch-Bauer I” (1907) de Gustva Klint, “Retrato de Lunia Czechowska” (1919) de Modigliani, “Retrato de Dora Maar” (1937) de Picasso, “Autorretrato con collar de espinas y colibrí” (1940) de Frida Kahlo, o tantos otros. 

b) El retrato en el séptimo arte (encuadres), pues hay películas en las que un retrato tiene un papel protagonista, o cuando menos, importante y que tuvo especial protagonismo en varias películas de los años cuarenta: 

- Destaca el maestro del suspense, Alfred Hitchcock, con tres películas: Rebeca (Rebecca, 1940) y Sospecha (Suspicion, 1941) y El proceso Paradine (Paradine Case, 1947); y en menor medida en Vértigo (De entre los muertos) (Vertigo, 1958) un retrato también tiene cierto protagonismo para la misteriosa Carlotta Valdés y que años después reproduciría su mejor imitador en Vestida para matar (Dressed to Kill, Brian de Palma, 1980). 

- También podemos destacar al director Albert Lewin, director y productor estadounidense, que lo utilizó en dos ocasiones con El retrato de Dorian Gray (The Picture of Dorian Gray, 1945) y Pandora y el holandés errante (Pandora and the Flying Dutchman, 1951). 

- Pero otros títulos emblemáticos son La mujer del cuadro (The Woman in the Window, Fritz Lang, 1944), Laura (Otto Preminger, 1944), El séptimo velo (The Seventh Veil, Compton Bennet, 1945), Jennie (Portrait of Jennie, William Dieterle, 1948), Luz que agoniza (Gaslight, George Cukor, 1944), El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs Muir, Joseph L. Mankiewicz, 1947), La heredera (The Heiress, William Wyler, 1949), etc. 

- Y en el cine español se podría recuperar la película Crónica sentimental en rojo (Francisco Rovira Beleta, 1986). 

Pintura y cine, cuadros y encuadres, retratos de cine para el recuerdo. La fusión de las artes bajo la mirada de un retrato. 

Os dejamos en este enlace el artículo publicado en la revista Arte y Medicina, que se puede revisar en las páginas 23 a 29. 



sábado, 26 de diciembre de 2020

Cine y Pediatría (572). “La sonrisa de Mona Lisa” para la emancipación de la mujer por la educación

 

En la Florencia de la segunda mitad del siglo XV nació, en el seno de una familia noble, Lisa Gherardini. Siendo aún adolescente, contrajo matrimonio con un mercader de telas y seda, considerablemente mayor que ella, y con quien tuvo cinco hijos y mantuvo una vida de clase media acomodada y ordinaria. Pero curiosamente ella se convirtió en extraordinaria, pues su marido, por nombre Francesco di Bartolomeo del Giocondo, hizo que a ella se le conociera como “la Gioconda”. Esta mujer se hizo famosa no por su propia vida, sino por haber sido la modelo de uno de los cuadros más famosos de la historia del arte, y que más ha suscitado debates sobre la causa de sus características. Y fue su esposo quien encargó el retrato a Leonardo da Vinci, pero éste nunca quiso entregarlo, ya que jamás estuvo satisfecho con esta pintura, y siempre la consideró inconclusa. 

Ríos de tinta se han escrito sobre uno de los cuadros más enigmáticos de la Historia del Arte: “La Mona Lisa”, también conocida como “La Gioconda”. La obra cumbre de Leonardo da Vinci siempre ha estado envuelta en un halo de misterio fruto de la enigmática sonrisa de su protagonista. Considerada como un símbolo del enigma emocional, muestra una expresión que parece dulce, pero que puede llegar a convertirse en una mueca burlona e incluso en un gesto triste según se va observando la obra, algo que a científicos e historiados del arte les ha traído de cabeza durante siglos. Inicialmente algunos investigadores atribuyeron el enigma de la expresión de la Mona Lisa a la técnica de pintura usada por Leonardo da Vinci, llamada “sfumato”: este procedimiento crea sorprendentes efectos ópticos en los que la imagen parece cambiar cuando se varía el ángulo o la distancia en que se observa, generando una sensación intrigante y levemente perturbadora en el observador. Pero también se han dado explicaciones médicas, diversas, entre las que se han sugerido una hiperlipidemia familiar, una parálisis de Bell o un posible hipertiroidismo. 

Es poco probable que sepamos a ciencia cierta la verdad detrás de esta obra. Tal vez tengamos que seguir lanzando hipótesis, y va a ser complicado que la ciencia llegue al punto que permita confirmarlas. De momento esa sonrisa sigue generando preguntas e inspiración. Y esta historia inspiró el título de la película que hoy nos convoca: La sonrisa de Mona Lisa (Mike Newell, 2003), una película sobre el valor de la docencia en las mujeres de la mitad del siglo XX, a aquellas jóvenes que se les enseña a sonreír aunque les asole la tristeza y decepción. 

Nos encontramos en el otoño de 1953. Katheryne Watson (Julia Roberts), un recién licenciada de arte en la Universidad de Berkeley, viaja desde la liberal y soleada California para incorporarse como profesoras de arte a la conservadora Universidad de Wellesley en Nueva Inglaterra. Esta es una universidad privada femenina fundada en el siglo XIX por Henry Fowle Durant y su esposa Pauline Fowle Durant con la misión de "proveer una excelente educación liberal para mujeres que marcarán la diferencia en el mundo" y cuyo lema es la cita bíblica "Non Ministrari sed Ministrare" (Mt 20, 28; 'No he venido a ser servido, sino a servir'). Y allí comienza un nuevo curso académico con esa liturgia donde una alumna toca la puerta del centro académico con una maza de madera y ese diálogo con la rectora: “Quién llama a la Puerta del Saber?”. “Soy todas las mujeres”. ¿Y qué buscas?”. “Despertar mi espíritu gracias al duro trabajo y dedicar mi vida al conocimiento”. “Pues sé bienvenida. Todas las mujeres que deseen seguirte pueden entrar aquí. Declaro inaugurado el curso académico”. Y allí entran esas chicas brillantes de brillantes familias, estudiantes de gran formación conformes con la tradición de la institución. Y ese viaje del suroeste al noreste de Estados Unidos también será con este curso un viaje vital para esta joven profesora. 

La primera clase de la profesora Watson resulta un fracaso. Pues todas las enseñanzas sobre las filminas de las imágenes de las cuevas de Altamira o de Lescaux, de las obras de Picasso o Van Gohg, resultan baldías, dado que las alumnas conocen al dedillo. Y además recibe la recriminación del director: “Usted sugiere: Picasso será para el siglo XX lo que fue Miguel Ángel para el Renacimiento”. Y comienza a conocer a sus alumnas, especialmente a Joan (Julia Stiles), Giselle (Maggie Gyllenhaal), Betty (Kirsten Duns) y Connie (Ginnifer Goodwin). Chicas muy preparadas desde este colegio clasista que también reciben clases de buenos modales (incluido como cruzar y descruzar las piernas) y se les enseña a servir a sus esposos, aceptando una sociedad machista, y donde un anillo de compromiso es considerado el mayor premio a una buena educación. 

Y a medida que transcurre el curso se nos plantea la típica historia de la profesora cuyos planteamientos educativos chocan con la institución, que duda de su labor educativa y de la que muchos dudan. Entre ellos la coordinadora de estudios: “He recibido llamadas acerca de sus métodos de enseñanza. Son poco ortodoxos para Wellesley. Somos tradicionalistas. Me he dado cuenta. Así que si no le gusta estar aquí…”, insinuándole que evite las enseñanzas sobre el arte moderno. Un arte moderno que precisamente en esa época estaba eclosionando vanguardias tanto en Europa (Pablo Picasso, George Braque, Juan Gris, Le Corbusier, Mies van der Rohe,…) como en Estados Unidos (Andy Warhol, Jackson Pollock, Frank Lloyd Writght,…). 

Pero Katheryne Watson logra superar las adversidades y consigue ganar el respeto y corazón de sus alumnas y hacerles ver el mundo con otros ojos. Y les acaba enseñando a pensar por ellas mismas (no como novias o esposas de nadie) y aprenderán esta importante lección, aunque el camino del cambio nunca es fácil y por ella llega a decirles, entre indignada y triste: “Creí venir a la cuna de las líderes del mañana… no de sus esposas”. Y por ello, durante el metraje surgen diversas relaciones de pareja de la profesora y sus alumnas, con el noviazgo y el matrimonio como horizonte, donde el marido es la meta y el divorcio no se contempla, en esa sociedad machista y quizás no tan lejana. Y esta posición secundaria de la mujer queda reflejada a lo largo de toda la película de Newell, pero baste un ejemplo: el nombre de la sociedad secreta de las alumnas del Wellesley se llama Costillas de Adán, y es así como lo más parecido a una asociación feminista en la escuela recuerda, ya desde su denominación, la posición secundaria y subordinada de la mujer en la sociedad de aquel momento. 

El argumento del docente liberal en lucha contra los valores académicos tradicionales, defensor de la comunicación bidireccional, de la innovación docente y de la construcción de elaborados esquemas cognitivos, no es un tema realmente novedoso. El dilema al que se enfrenta Julia Roberts en esta película ya lo han vivido otros profesores en las historias del séptimo arte, pero una película tiene un gran parecido, algo así como su versión masculina. Hablamos de El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989), donde el profesor John Keating (interpretado por Robin Williams) intenta cambiar a los tradicionales alumnos de la Welton Academy de Vermont a través de la poesía. En La sonrisa de Mona Lisa, la profesora Katheryne Watson intenta cambiar a las tradicionales alumnas de la Universidad de Wellesley a través del arte, principalmente de la pintura. Y ambas transcurren en la década de los 50 de aquel convulso Estados Unidos que acaba de salir de la guerra de Corea, pero donde el temor a los ataques nucleares seguía vigente tras el precedente de la Segunda Guerra Mundial y donde el miedo al comunismo era palpable y sus seguidores eran perseguidos, tanto en los círculos artísticos como industriales, muchas veces de forma impulsiva, debido, en gran medida, a la tensión social generada a raíz de los discursos del senador Joseph McCarthy.  

Es La sonrisa de Mona Lisa una película con críticas y comentarios encontrados. Pero, como la sonrisa de La Gioconda, quizás merezca diversas interpretaciones, más allá de las puramente estéticas, actorales y cinematográficas. Porque la emancipación de la mujer por la educación sigue vigente.

.

lunes, 2 de julio de 2018

Cuadernos de Historia de la Pediatría Española: la historia continúa...


En cada Congreso de Pediatría recibimos cada año los interesantes Cuadernos de Historia de la Pediatría Española que se aglutinan alrededor de la labor del Comité de Historia de la AEP (Asociación Española de Pediatría), cuya labor conviene conocer. 

En el reciente congreso celebrado en Zaragoza hemos recibido los Cuadernos número 14 y 15, y que se pueden consultar a través de esta página web del Comité de Historia

El Cuaderno nº 14 se titula "El niño enfermo en la pintura española y latinoamericana", con estos capítulos y autores. 
Este Cuaderno de Historia de la pediatría busca nuestra reflexión en el maravilloso mundo de la enfermedad en el arte. Y es que a veces, sólo a veces, la enfermedad se hace arte. 
- Prólogo. Pedro Gargantilla Madera 
- El niño enfermo: Un género pictórico muy especial. Iván Carabaño Aguado 
- Alteraciones de la morfología corporal en la pintura española de los siglos XVI y XVII. José Ignacio de Arana 
- El niño enfermo a través de la pintura latinoamericana. Andrea María Bau, Miguel Ángel Zafra Anta 
- La pediatría preventiva. Elena Alonso Lebrero, José Manuel Fernández Menéndez 

El Cuaderno nº 15 se titula "La Pediatría en Aragón", con estos capítulos y autores. 
Según define el diccionario de la Real Academia, hacer historia es adquirir la importancia necesaria como para ser recordado. Ese es el caso de los personajes a los que se refiere este decimoquinto Cuaderno de Historia de La Pediatría Española, en el que se mencionan algunas de las figuras más significativas de la Pediatría en Aragón. 
- Prólogo. María Gloria Bueno Lozano 
- Gerónimo Soriano y su obra pediátrica. José Ignacio de Arana 
- Patricio Borobio Díaz (1856-1929)La visión integral del niño. Fernando Ponte 
- El Instituto Nipiológico de Barbastro. Miguel Labay Matías y Alberto Celaya Pérez 
- La obra de Manuel Bueno Sánchez. Jesús Fleta Zaragozano 

Gracias a los amigos y colegas del Comité de Historia de la AEP. Gracias a todos aquellos que trabajáis para recordarnos las palabras de Cicerón: "La historia... testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, testigo de la antigüedad".

miércoles, 5 de agosto de 2015

Diego Rivera y la salud


Fernando Comas, bloguero en Pharmacoserias, alma inquieta y generosa, amigo... y muchas cosas más, me regaló el libro "Diego Rivera y la salud", atento y sensible a mi reciente viaje a México. Fernando, que es una persona predispuesta a disfutar con avidez todo lo que se asocia a nuestra profesión alrededor de la sanidad, entenderá que comparta el disfrute de conocimientos que este libro me ha aportado. 

El tema de la salud preocupó a Diego Rivera toda su vida. Hizo estudios de anatomía humana, para ser mejor dibuajnte; eran grandes sus conocimientos en herbolaria, especialmente la de los antiguos méxicas; los años que pasó junto a Frida Kahlo, enferma, lo hicieron también acercarse a muchos médicos. Fue amigo de Ignacio Chávez, considerado el padre de la cardiología en México, quien fundó el Instituto Nacional de Cardiología y fue Rector de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), así como de Benjamín Trillo, eminente cirujano y director del Hospital de Jesús. 

Este libro nos presenta a Diego Rivera, al hombre, tal como fue, polémico y contradictorio, pero también al artista a través de su obra y del tema de la salud. Cinco capítulos para el disfrute:  
- Diego pintado por sí mismo. 
- La Secretaría de Salud (1929). 
- Instituto Nacional de Cardiología (1943-1944). 
- El Cárcamo (1951). 
- Hospital de la Raz (1953), con su mural "El pueblo en demanda de salud" y que corona este post.

Algunos pasajes del primer capítulo hablan por sí solo de este artista:  
"Mi nodriza india, a quien adoré, era curandera y me enseñó a mirar a las estrellas y a conocerlas por su nombre en lengua purépecha. Desde entonces mi libro favorito es el cielo" 

"Mi deseo era reproducir las imágenes puras, básicas, de mi tierra. Quería que mis pinturas reflejaran la vida social de México tal como yo lo veía, y mediante mi visión de la verdad mostrar a las masas un esquema del futuro" 

"La pintura mural está hecha para vivir con la arquitectura. Su principal cualidad es llegar a ser parte integrante e integral de la arquitectura sobre la que se hace" 

"En vez del arte puro, del arte por el arte, Diego Rivera, igual que sus compañeros en el movimiento, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, han hecho un arte social y de combate, buscando siempre que la forma sea belleza y que el contenido sea verdad. Por escogió el fresco, en vez del lienzo, como se escoge un arma para la lucha. El arte se vuelve así, en vez de tema de placer para unos cuantos, mensaje de belleza para los demás" 

Quiero destacar, como homenaje a todos los cardiólogos (y en especial a los compañeros cardiólogos pediatras), los dos murales que realizó para el Instituto Nacional de Cardiología: 
- En el primer mural agrupó a los anatomistas, fisiólogos y clínicos, así como los hombres de la anatomía patológica en este campo, con un orden ascendente en la composición: Galeno, Vesallius, Malpighi, Vieussens, Morgagni, Servet, Cesalpini, Harvey, Auenbrugger, Corvisart, Laënnec, Bouillard, Skoda, Keith, Flack, Aschoff, Tawara, His y Purkynje. 
- En el segundo mural están agrupados los hombres que "no contentos con explorar mediante las manos, los ojos y los oídos, empezaron a recurrir a los instrumentos", buscando inscribir los fenómenos biológicos: Whithering, Fraenkel, Hales, Von Basch, Pachon, Ludvig, Marey, Mackenzie, Wenckebach, Galvani, Roentgen, Moritz, Castellanos, Waller, Einthoven, Lewis, Wilson, Sénac, Heberden, Sokes, Traube, Potain, Vaquez, Huchard, Laubry, Herick, White, Rokitansky y Abbot. 

Aparte del mérito artístico, la obra de Diego Rivera para esta institución tiene un gran valor histórico, al agrupar, armonizar y fundir en un solo impulso las escuelas más variadas y al reunir por primer vez a los hombres más representativos de la Cardiología.