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sábado, 4 de enero de 2025

Cine y Pediatría (782) “Matronas” que dan a luz la realidad de los paritorios

 

En el nacimiento de un nuevo año qué mejor film que aquel que nos retrata de forma íntima y conmovedora a los profesionales que ayudan a nacer, a esa profesión de matrona y su día a día en los paritorios de un hospital público. Hablamos de la película francesa Matronas (Léa Fehner, 2023), cuya trama se inspira en la propia experiencia personal de la directora tras el nacimiento de su primer hijo, pues quedó impactada por las condiciones y dificultades en las que trabajan las matronas. Esta vivencia la llevó a explorar y retratar, con gran sensibilidad y en un tono casi documental, las complejidades y desafíos de esta profesión en un entorno sanitario desafiante, lo que le ha valido numerosos reconocimientos en festivales de cine. Este es el tercer largometraje de Léa Fehner, directora comprometida con temas sociales y humanos, y que la consolida como una voz significativa en el cine francés contemporáneo. 

Todo comienza con la llegada de dos jóvenes profesionales al hospital, recién egresadas tras tres años de preparación para ser matronas, y que están a punto de iniciar su andadura en el mundo laboral, un lugar marcado por su ritmo frenético, por la falta de recursos y por la escasez de personal sanitario. Ellas son Louise (Héloïse Janjaud) y Sofía (Khadija Kouyaté), dos chicas cuyo entusiasmo y vocación chocará desde el primer día con la cruda realidad de un sistema sanitario en crisis, donde las condiciones laborales y la sobrecarga de trabajo ponen a prueba su compromiso y resiliencia. Y así nos lo expresan tras terminar la primera jornada: “Vaya día de mierda…El peor día de mi vida”. 

Pero cuyas condiciones de trabajo se repiten cada día, de ahí la expresión de una compañera al iniciar su turno: “Que empiece el mambo”. Y es así que en esa pizarra compartida de trabajo van apuntando las pacientes y su evolución, y cómo tienen que organizar y dividir el trabajo para lo que llegue, sea un parto gemelar o prematuro, la atención a un menor no acompañada o a la sospecha de agresión sexual, la interrupción voluntaria del embarazo o enfrentarse a embarazos no controlados de emigrantes, también a la muerte de un recién nacido y cómo hacer que los padre lo vean y abracen para mejorar el duelo… Y todo narrado como si realmente estuviéramos allí, pues lo que se muestra es lo que realmente ocurre en la realidad en determinados momentos de los paritorios, también en los de nuestro país, todo ello entre monitores, salas de dilatación y quirófanos, mesas de reanimación neonatal, epidurales, episiotomías, gasometrías, Neopuff, la emoción del primer llanto, el piel con piel, el minuto de oro del recién nacido y la hora dorada del nacimiento, los cambios de turno, los momentos de tranquilidad, y las guardias eternas. Y entre este maremágnum Sofía atiende a una de sus primeras pacientes, cuyo parto termina en cesárea urgente por rotura uterina, con esa llamada al pediatra pues el recién nacido no responde a las maniobras de reanimación neonatal y acaba ingresado en la UCI Neonatal. Vivencia que le crea ansiedad e inseguridad al enfrentarse a sucesivos partos, por lo que le sugieren que pase a consultas, oero se niega y le aboca a una baja laboral temprana. Louise, con quien comparte piso, sin embargo sí se ha podido adaptar mejor a las condiciones de trabajo de la profesión. 

Y pasan los días y semanas, y vamos conociendo mejor a los compañeros de trabajo de nuestras protagonistas. Y esas guardias clave como la de Nochebuena, donde el equipo brinda: “Por esta profesión maravillosa que nos libera de las cenas familiares”. Pero continúa latente el estrés laboral, entre carreras en los pasillos y decisiones urgentes, situaciones difíciles y momentos de calma y felicidad, desbordados de trabajo por falta de recursos personales, una tensión que poco a poco acaba convirtiéndose en indignación. Y que llega a causar una decisión importante en la matrona que funciona como supervisora del grupo: “Voy a dejarlo… No es por el horario de mierda ni por no tener tiempo de comer algo, o perderme la infancia de mi hijo por un sueldo miserable. Me duele, pero qué le vamos a hacer. Pero tratar mal a la gente no, no puedo más. Yo no me hice matrona para eso”. 

Pasa el tiempo y ahora ya vemos que Sofía ha logrado superar el bache con el apoyo de sus compañeros y sigue adelante con la profesión, como su compañera Louise. Y ahora son ellas quienes reciben a las nuevas residentes en formación y les explican así el lugar de trabajo: “Aquí siempre pasa algo. Bienvenida a la sanidad pública”. Mientras en la parte trasera de sus pijamas llevan escrito mensajes de protesta: “¡Hasta los ovarios!”, “Matronas en esclavitud”, “Una mujer por matrona”, “Las aguas no son lo único que se rompe”,…preludio de esa manifestación final por mejorar sus condiciones laborales y que es una realidad en Francia que la directora ha querido poner sobre la mesa, invitando a reflexionar sobre la importancia del rol de la profesión de matrona en la sociedad y los desafíos que enfrentan en su día a día. 

Matronas es una buena película y un buen documento que atesora la visión de la cruda realidad de un paritorio, con su belleza y dureza, sin filtros para un momento tan íntimo y transformador en la vida de una mujer, y todo ello filmado con un ritmo frenético y emociones a flor de piel, en lo que es una nueva reflexión sobre el sistema de salud pública en los países europeos. Y en la que se exploran temas clave como la vocación profesional (con esa mezcla de ciencia y humanización que conlleva todo acto médico y más si está relacionado con las nuevas vidas que llegan), la maternidad, la sororidad (porque es una profesión donde sigue predominando el sexo femenino y se nos muestra el apoyo en el ámbito laboral) y los límites de esta profesión (cuya tensión hace que quepa dar mucha importancia cuidar la salud física y, sobre todo, mental). 

Matronas permite introducirnos de lleno en esta importante profesión y nos muestra las dificultades que vive Francia, pero que no son ajenas a las que vive España. Según el Consejo General de Enfermería son más de 7.500 matronas las colegiadas en nuestro país, con una tasa de matronas por 100.000 habitantes inferior a la media de la OCDE (así que quizás nuestra situación empeore la que nos muestra este film) y con amplias desigualdades regionales (donde País Vasco, Navarra y Melilla se llevan la mejor parte, pero en el resto la situación es más complicada), y donde la sobrecarga laboral también es la tónica. Una profesión, la de matrona, que tiene como objetivo acompañar a la mujer durante todo el embarazo, el parto y el postparto, ofreciendo cuidados holísticos, tanto físicos como emocionales. Y cuyo papel transita de forma clave entre la atención médica del obstetra a la madre gestante y la atención del pediatra-neonatólogo al recién nacido.

No es la primera vez que el comprometido cine francés aborda temas sociosanitarios en sus películas, con una clara vocación de documento y denuncia, como ya hiciera con El primer grito (Gilles de Maistre, 2008), en relacion con la forma de nacer en diferentes culturas del mundo, Polisse (Maïwen, 2011), sobre la complejidad de la Unidad de Protección de Menores, Hipócrates (Thomas Lilti, 2014), en relación con el sistema de formación de médicos residentes, En buenas manos (Jeanne Herry, 2018), alrededor del sistema de adopción francés, o Especiales (Olivier Nakache y Eric Toledano, 2019), sobre las carencias de la Administración para tratar los casos de autismo más graves, entre otras.    

 

lunes, 18 de mayo de 2015

Impacto de la crisis económica en la salud y en el Sistema Sanitario en España


España es el país de Europa donde más han aumentado las desigualdades sociales con la crisis. Y las desigualdades sociales que se producen durante el crecimiento y el desarrollo precoz de la infancia son uno de los principales factores que contribuyen a crear las desigualdades en la salud en la edad adulta. La exposición a situaciones de vulnerabilidad económica familiar en etapas iniciales o la educación en las etapas escolares y el rendimiento académico tienen un papel fundamental en la salud del futuro adulto. En los períodos de crisis las desigualdades sociales se acentúan y afectan más directamente a la población más vulnerable, y la infancia es uno de esos grupos

La población infantil que vive en hogares con todos sus miembros desempleados ha pasado del 3% en 2003 al 11% en 2011 y al 16,6% en 2012. Uno de cada 4 niños (un total de 2.200.000) vive en hogares por debajo del umbral de la pobreza y las desigualdades entre las familias han aumentado más de 20% desde el inicio de la crisis, según el informe de UNICEF, "El impacto de la crisis en los niños". De todo ello, hemos hablado ya antes en este blog

Pero hoy aportamos una visión más actual y más general, a partir del informe titulado "Impacto de la Crisis Económica en la Salud y en el Sistema Sanitario en España" que ha publicado recientemente la Escuela Andaluza de Salud Pública. Este informe aporta información sobre este programa de seguimiento del impacto de la crisis económica sobre el sistema sanitario y sobre la salud en España. En el documento se parte de un marco conceptual que pretende definir las categorías de información que van a ser abordadas a lo largo de la serie y algunas precisiones sobre el método que se va a emplear. 

En el capítulo inicial se definen las grandes áreas de información a partir de una determinada categorización para los Determinantes sociales de la salud, la Salud y las desigualdades, dando un énfasis especial a los Servicios sanitarios, vistos tanto como determinantes de la salud y también como variable dependiente. Se analiza el Contexto Institucional, político y social en el que se produce la crisis económica española y sus características esenciales, la Estructura social, las Condiciones de vida y de trabajo, los Estilos de vida y las conductas de los ciudadanos, los Factores psicosociales, la Cohesión social y la exclusión e integración social. Se detiene en los Servicios Sanitarios, analizando las políticas sociales, los ingresos del Estado y la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, el modelo de prestación de servicios, analizando la cobertura, los costes y la utilización de los servicios sanitarios. La Salud y las desigualdades de salud se estudian a partir de bases de datos nacionales e internacionales y, en este primer informe, se hace una comparación con otros países de nuestro entorno socioeconómico. 

Se han seleccionado para cada área de información indicadores que están disponibles en general para los países de la Unión Europea, algunos otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y para las Comunidades Autónomas. Además, se ha pretendido elegir indicadores que fueran necesarios para hacer un marco comprensible de la crisis o que eran previsiblemente “sensibles” a la crisis. En este informe encontraremos diferentes niveles de profundidad de los indicadores según la categoría de información analizada, siendo en los informes posteriores dónde se pretenderá que todos ellos presenten la información comparada tanto a nivel internacional como entre Comunidades Autónomas. 

Un gran trabajo. Un importante informe. Para quien quiera profundizar en tal interesante información, el documento completo de 146 páginas se puede descargar de forma libre desde este enlace.

martes, 12 de febrero de 2013

¿Quién quiere privatizar la Sanidad y por qué?


La asistencia sanitaria privada no es mejor que la pública. Ni es más transparente, ni eficiente, ni eficaz. A esta conclusión llega un estudio que compara la calidad de la sanidad pública frente a la privada en los paises de renta media y baja.

Se trata de una revisión sistemática, valorada en Evidencias en Pediatría,  que analiza los sistemas de salud, utilizando la propuesta de la Organización Mundial de la Salud. Encuentra que:

1.- Accesibilidad (la capacidad de acceder a los servicios disponibles): el sector privado atiende a las personas más pudientes.
2.- Calidad: en el sector privado fue peor la precisión diagnóstica, la adherencia a las guías de tratamiento, más frecuente administrar dosis subterapeúticas de medicamentos, no utiizar sales de rehidratación y administrar antibióticos innecesarios. El número de cesáreas fue mayor en los privados, con porcentajes de hasta el 50-62% de los nacimientos.
3.- Resultados de salud: el éxito en el tratamiento de enfermedades como la tuberculosis y el SIDA fue mayor en el sector público que en el privado. En el sector privado fue menor la cobertura vacunal, la utiización de anticonceptivos y aumentó la tasa de abortos.
4.- Transparencia, responsabilidad y regulación: no hay datos disponibles del sector privado.
5.- Justicia e igualdad: los servicios privados tienden a cuidar a grupos con mayores ingresos y menos necesidades de salud (ley de los cuidados inversos de la que se ha hablado en este blog)
6.- Eficiencia: mayor gasto farmaceútico en el sector privado para diagnósticos equivalentes.

Concluyen que no hay pruebas que apoyen la afirmación de que el sector privado es más eficiente, transparente o eficaz que el público. En cambio, al sector público le falta puntualidad y hospitalidad hacia los pacientes.
Estos resultados coinciden con los de otros estudios. Una revisión de la Cochrane, concluye que no hay evidencia de que sea más efectivo invertir en el sector privado que en el público.
En los paises con mayor renta, una revisión sistemática realizada en Canadá, compara los resultados en salud y costes en la atención a procesos similares entre el sistema sanitario público canadiense con el sistema de seguros privados estadounidense, encontrando similares y peores resultados en salud a un mayor coste en Estados Unidos.

Y como colofón se aportan datos inquietantes. Resulta que el Fondo Monetario Internacional (FMI)  recomienda a los paises que aumenten la parte privada de los sistemas de salud, si quieren conseguir préstamos. En la misma línea están el Banco Mundial y el Center for Global Development.

La pregunta que uno se hace tras leer esta revisión es la siguiente: sino está demostrado que los sistemas sanitarios privados sean mejores ni más baratos que los puúblicos ¿quienes y por qué están interesados en privatizar los servicios sanitarios?



miércoles, 26 de octubre de 2011

Hace 20 años que tengo 30 años: reflexiones sobre la sanidad en el tiempo



"Fa vint anys que tinc vint anys" es un disco-LP de Joan Manuel Serrat editado en el año 1984 en el que el cantautor conmemoraba sus 40 años. El inicio de la canción es muy significativo: "Fa vint anys que tinc vint anys, vint anys i encara tinc força, i no tinc l'ànima morta, i em sento bullir la sang..." .

En la entrada de hoy juego con un título similar para expresar unos sentimientos próximos. Pero cambian dos cosas: ha pasado un poco más de tiempo y ahora no hablamos de canciones, hablo de sanidad. Un estado de la sanidad que me hace "bullir la sang" cuando leo en la prensa catalana de hace unas semanas: "Dentro de esta política de ajuste presupuestario, el Departament de Salut pedirá a los médicos catalanes nuevos sacrificios y que acepten rebajarse nuevamente el sueldo, tras haberlo recortado un 5% hace unos meses, con el fin de salvar el sistema sanitario catalán".

Al inicio del verano ya comentábamos en el blog (por pasiva y por activa) que el otoño sanitario se preveía tormentoso. Y Cristóbal Buñuel explicaba recientemente que los recortes y crisis varias... en este mundo raro han empezado en Cataluña, pero el efecto se hará sentir en todas las Comunidades Autónomas.

En la década de los 30 años escribí una carta al editor en Anales de Pediatría titulada "La insoportable levedad de ser médico y joven", que os adjunto en un PDF escaneado (gracias a mis amigos del Departamento de Historia de la Ciencia y Documentación de la Universidad de Valencia, pues, por misterios del Science Citation Index, Anales de Pediatría no fue indexada en dicho repertorio en los años 1994 y 1995 y toda esa documentación es difícil de recuperar). A partir de una vivencia particular, reflexionaba sobre los 7 obstáculos que tenía que ir sorteando un médico joven en la década de los noventa: entrada en la facultad, carrera universitaria, examen MIR, formación MIR, etapa de adjunto, presente y futuro médico. Por aquel entonces yo tenía todo el pelo negro y se aprecia un marcado carácter reivindicativo (que, con mucho orgullo, uno es hijo de minero y algo queda...). Ahora que hace 20 años que tengo 30 años y ya tengo el pelo con canas, reviso aquella carta y, pese al paso del tiempo, pocas cosas han mejorado en sanidad para el médico (para el joven y para el senior), sino es que han ido a peor... Y lo peor sigue siendo el deterioro persistente de la dignidad profesional médico (y, en cadena, del resto de profesionales sanitarios). Baste revisar este reciente artículo de El País, titulado "¿Quién mete el bisturí?", en donde se analizan diversos aspectos, como que la sanidad se enfrenta a las dudas sobre su sostenibilidad, pero también a sus errores de gestión; sobre cómo los políticos compitieron en prometer hospitales y ahora les toca aplicar cirugía al sistema; sobre la diferencia de afrontar la desaceleración en las distintas Comunidades Autónomas; sobre...

En España tenemos el mejor sistema sanitario del mundo (eso se dice, y eso parece). Y no somos el mejor país del mundo en economía. Algo falla en la ecuación... O quizás, desde el Departament de Sanitat de Cataluña, han encontrado la solución a la crisis en España. Y podemos empezar a rebajar (de nuevo y de forma consecutiva, me refiero, como quieren hacer con el médico) el sueldo a los políticos (los centrales, los autonómicos y los locales) para salvar el sistema político. Y a los banqueros (los de arriba, esos que arruinando cajas de ahorro se atribuyen pensiones vitalicias millonarias, y los empleados) para salvar el sistema financiero. Y a los profesores de universidad y maestros de primaria y secundaria para salvar el sistema educativo. Y, ya puestos, a los gasolineros (los dueños de las estaciones de servicio y los empleados) para salvar el problema del carburante; y a...
El que los médicos sean el grupo social con mayor credibilidad en España, no es óbice para que los políticos (el grupo social con menor credibilidad en una reciente encuesta ya comentada) determinen nuestro futuro... y nuestro sueldo. Cuando se tiene en cuenta el nivel de los salarios y el coste de oportunidad de hacerse médico en España, los médicos del sistema sanitario público se convierten en los peor pagados de Europa. No hemos demostrado ser eficientes en la formación de nuestros médicos; éstos, con el panorama actual, ya hace tiempo que emigran a otros países (Reino Unido y Portugal son los lugares preferidos).

Hace 20 años que tengo 30 años, 20 años y aún tengo fuerza, y no tengo el alma muerta, y siento hervir la sangre... Han trasncurrido 20 años desde aquella reflexión de la realidad de la profesión médica en España y hoy, con el trasfondo de una crisis económica que a todos nos afecta, las cosas están así. Porque en la solución entramos todos. Y no es buena la indolencia.
Es bueno comprobar que ya hay respuestas de inconformismo desde la web social. Sin más, os invito a leer la entrada de ayer de Mónica Lalanda.


lunes, 22 de agosto de 2011

Conocer al consumidor..., también en sanidad



Conocer al consumidor es un aspecto clave para conseguir el éxito (y la meta) en cualquier iniciativa o actividad. Anticiparse en prever lo que el consumidor quiere y más valora es una de las claves para abrir nuevos mercados y crear oportunidades.

Sirva esta recopilación de Norah Schmeichel, directora de la consultora GFK-Kleiman-Sygnos, quien analizó cuáles son las tendencias que hoy comienzan a definir a los consumidores en el mundo. Resumimos las tendencias identificadas:

-El verde (Green): mayor concienciación respecto del cuidado del medio ambiente. Bajo esta categoría podemos distinguir los "green green" (individuos severos en sus planteamientos y que proponen dejar de consumir para seguir una conducta realmente sostenible) y los "green light" (más moderados, que manifiestan un interés por el origen de los productos).

- El bienestar (Wellbeing): personas más conscientes sobre qué deben hacer para tener una vida saludable y, por ende, una mejor calidad de vida.

-El mito de la juventud (Barbie model): explosión de la oferta de productos para sentirse mejor, más guapos y más jóvenes.

- El hombre que se mueve (Homo Mobilis): no sólo se manifiesta en lo tecnológico, sino en lo social, lo físico, lo cultural y, cada vez más, en lo virtual. Implica manifestaciones como el "drink on the go" (bebidas para llevar), el "entertainment on the go" (entretenimiento para el camino) y el "beauty on the move" (belleza en movimiento).

-El culto al tentempié (Snack cult): relacionado con el auge de la comida rápida, los snacks y la instantaneidad en el consumo.

-El fuera estrés (Stressed out): ante el estrés imperante, se plantea responder con una oferta de productos de "relax" y que permitan desconectarse.

-Los solteros (Singles): ante el auge de los hogares unipersonales se promueve la "miniaturización" de los packs, así como la oferta de productos exclusivos para las personas que eligen vivir solas.

-Lo genuino (Real Fact): existe cierta resistencia a lo que no es auténtico o genuino; para contrarrestar esta desconfianza, se plantea que el cliente pueda probar los productos antes de comprarlos.

-La exclusividad (Premiumization): los consumidores esperan ahora una "diferenciación absoluta". Con la paradoja de que si hoy existe un gran deseo por el lujo, al mismo tiempo hay una intensa búsqueda de ofertas y descuentos.

-El vivir la experiencia (Living the experience): lo que implica dar a los clientes "algo más que un producto" e integrar el producto en la experiencia vital.

-La hiperconectividad (Two point zero forever): el fenomenal avance de la banda ancha ha abierto enormes posibilidades para el consumidor, especialmente en el entorno de la Web 2.0. Pero el surgimiento y avance de estas plataformas (tipo Facebook, Twitter, Google +, Linkedin, etc) va en detrimento de los contactos "cara a cara".

- El boca a boca (Word of mouth): la gente confía cada vez más en lo que le dicen otras personas. La recomendación de los iguales implica alta credibilidad para el resto de la sociedad y tienen efectos incluso sobre los "early adopters".

- Hombres y mujeres cambiando de papeles (Men and women changing roles): con ejemplos bien reconocidos, como el mayor número de mujeres integradas al mundo laboral o el mayor número de hombres interesados en el mundo de la cosmética.

Estas tendencias identificadas sirven para cualquier empresa (grande o pequeña), pues siempre vendemos algún "producto" y tenemos unos potenciales "consumidores".

¿Es también válida en la sanidad?. Al fin y al cabo, sanidad funciona como una empresa de provisión de salud. Posiblemente sí: también podremos aprovechar estas tendencias, todas o algunas, tal cual o transformadas. Y puede ser de interés tenerlo en cuenta a cualquier nivel en sanidad, tanto asistencial en la microgestión (nuestras consultas), mesogestión (el hospital o centro de salud) o macrogestión (la política sanitaria de mi Comunidad Autónoma, por ejemplo), como a nivel científico-investigador (ej. el desarrollo de una revista científica, como Evidencias en Pediatría).

Sea como sea, no reconocer que el cliente (el consumidor) tiene la razón puede ser una pérdida de oportunidad. Creo que nosotros, desde este blog y desde Evidencias en Pediatría, lo tendremos en cuenta.

¿Somos capaces de reconocer los tipos de consumidores en sanidad...? Al menos, muchos de los que leemos este blog y otros de la Blogosfera sanitaria pertenecemos a ese grupo de "Two point zero forever".

sábado, 29 de enero de 2011

Cine y Pediatría (55). “John Q” critica al sistema sanitario estadounidense


John Q es un melodrama con pretensión de cine social y cine denuncia, dirigida por Nick Cassavetes en el año 2001 y protagonizada por Denzel Washington. El guion surgió tras leer un artículo periodístico: versa sobre la reacción que sufriría un padre si su hijo estuviera muriendo y se le negara el tratamiento médico por falta de dinero, reflejo previsible de los estragos causados por la crisis de los servicios de salud (y sus sistemas de seguros médicos) en Estados Unidos. John Q arroja una mirada implacable de hasta dónde puede llegar un padre por salvar a su hijo, enfrentando el sufrimiento humano con un sistema sanitario que, una vez más, demuestra su insensibilidad (y esto ocurre con demasiada frecuencia en Estados Unidos, primera potencia económica mundial).

La vida de John Q. Archibald (Denzel Washington) sufre un giro inesperado cuando su único hijo de 12 años, Michael, sufre un desmayo en un partido de beisbol. Se le informa que para salvar su vida se precisa con urgencia un trasplante de corazón (posiblemente por una miocardiopatía hipertrófica o dilatada), pero se entera de que su seguro médico no cubre esa contingencia y la operación le costará 250.000 dólares. Y que sólo podrán ponerle en lista de espera si abonan el 30% de esta cantidad en el hospital, algo que es impensable para un operario negro de una fábrica. Memorable escena cuando la administradora del hospital (Anne Heche) y el jefe de cirugía cardiovascular (James Woods) comunican a los padres, con una inmensa mesa de una sala de reuniones por medio, la necesidad del trasplante: un lenguaje tan técnico como desajustado, y con una marcada frialdad humana (escena que conviene revisar para enseñar lo que no se debe hacer). Posteriormente, la angustia de los padres por conseguir el dinero, la ayuda o la comprensión... recorriendo los distintos organismo oficiales (con una impresión patética que no nos parece tan lejana). Y es a partir de aquí donde la película derrapa y entra en la peligrosa senda de una teleserie: a causa de la falta de soluciones y desesperación a la que se enfrenta (un monitor de presión arterial aparece como "macguffin" del tiempo de vida que le resta a su hijo), la tensión de los padres llega al límite cuando el hospital les informa de que van a enviar a casa a Michael; en ese momento John Q decide bloquear el servicio de urgencias del hospital, secuestrando a los sanitarios y pacientes que en ese momento se encontraban allí.

Aunque se comenta que, para documentarse, el equipo se asesoró con uno de los cirujanos cardiovasculares más prestigiosos de Nueva York, alguien debió asesorarles mejor, pues algunos fallos de guion restañan en el espectador: el niño está intubado y es capaz de hablar; el “macguffin” del monitor de presión arterial (aportando la poco científica idea de que la “presión no puede bajar de 70”); o la realización del trasplante de corazón con similar facilidad a una amigdalectomía.

La productora decidió que fuera Nick Cassavetes el director, pues la historia no le resultaría desconocida: una hija suya nació con una cardiopatía congénita y fue sometida a cuatro operaciones, por lo que no era ajeno al juego de las compañías de seguros, hospitales y médicos. Para él también era una oportunidad para proclamar que en Estados Unidos no hay un sistema sanitario eficaz que permita atender a las personas enfermas que no tienen dinero. Sobre Nick Cassavetes ya hemos hablado en otra película seleccionada en esta serie de Cine y Pediatría (La decisión de Anne, 2009): no es un director de élite, pero si un buen artesano del séptimo arte, más capaz de atraer al público que a la crítica.

También los responsables pensaron en Denzel Washington para el papel John Q, un actor que siempre consigue estar a la altura, incluso en una película mediocre. Denzel Washington es un actor con un enorme gancho y el mejor representante actual (con permiso de Samuel L. Jackson) del “Black Power” en Hollywood. Nominado en cinco ocasiones al Óscar, en tres ocasiones como mejor actor (Malcom X de Spike Lee, 1992; Huracán Carter de Norman Jewison, 1999; y Training Day de Antoine Fuqua, 2001 –en donde si lo consiguió-) y en dos como actor de reparto (Grita Libertad de Richard Attenborough, 1987; y Tiempos de gloria de Edward Zwick, 1989 –en donde si lo consiguió-). Así pues, Denzel Washington es el primer actor negro que ha conseguido dos Óscar y encabeza esta prestigiosa “lista negra” de los Premios de la Academia en la que se encuentran también Hattie McDaniel (Lo que el viento se llevó de Victor Fleming, 1940), Sidney Poitier (Los lirios del valle de Ralph Nelson, 1963, amén de su Oscar honorífico en 2002), Louis Gosset Jr (Oficial y caballero de Taylor Hackford, 1982), Cuba Gooding Jr (Jerry Maguire de Cameron Crowe, 1996), Whoopi Goldberg (Ghost de Jerry Zucker, 1990), Halle Berry (Monster´s Ball de Marc Foster, 2001), Jamie Foxx (Ray de Taylor Hackford, 2004) y Forest Whytaker (El último rey de Escocia de Kevin MacDonald, 2006). La entrega de los Óscar del 2002 siempre se recordará por un momento especial, único y (posiblemente) irrepetible: las dos estatuillas más importantes de la interpretación (actor y actriz) recaían en Denzel Washington y Halle Berry, dos actores de color, y cuyas fotos de portada exhibiendo al “tio Óscar” llegaron a titularse como la “Beautiful Black”.

Volviendo a John Q, esta película pretendió ser un justo alegato contra el sistema sanitario estadounidense, un sistema que perjudica notablemente a los sectores menos favorecidos de la sociedad. Pero Nick Cassavetes perdió una oportunidad al intentar hacer converger dos lógicas discursivas que raramente funcionan bien juntas: por un lado, la denuncia realista de una situación y, por el otro, la espectacularidad. Durante los 80 y parte de los 90 se dio en la televisión norteamericana el fenómeno de "La Enfermedad de la Semana": películas de las diferentes cadenas televisivas trataban casi invariablemente con una historia de interés humano, en la que una mujer o niño luchaban valerosamente contra alguna enfermedad; y su victoria o derrota resultaba siempre en el clímax emocional de la película, tan falso como los valores de producción de esas baratas cintas, en muchas ocasiones utilizadas para lucir a algún actor o actriz, o para entrenar a futuros directores en un ambiente de baja expectativa y bajo costo. El fenómeno llegó hasta el paroxismo. Pero desde mediados de los 90, resurgieron este tipo de historias y ahora validadas por su aparición en la pantalla grande y con estrellas reconocida, en busca de un cine comercial con pretensión de "crear conciencia". En este contexto se puede encuadrar John Q, más telefilm que película rigurosa, y que será recordada por la oportunidad desaprovechada para ajustar en toda regla las cuentas a un disparate social.

Hillary Clinton fracasó en la época en que era primera dama en su intención de ampliar el seguro médico a toda la población de su país, lógicamente por lobis de poder corporativos que pudieron más que sus buenas intenciones. En el año 2010 Obama parece que si ha podido dar los primeros pasos para la Ley de Reforma Sanitaria de Estados Unidos: si bien no implica la creación de un sistema universal y gratuito de sanidad, si mejora sustancialmente la situación actual. Incluye la obligación a todos los ciudadanos de contratar una póliza de seguro sanitario privado, así como subvenciones públicas bastantes generosas para individuos y familias que hasta ahora no podían sufragar su coste.

Desde Pharmacoserias, Fernando Comas nos habla de la ópera prima del venezolano Diego Velasco (La hora cero, 2010) en la se cuenta la historia de un sicario que se ve también obligado a secuestrar una clínica privada para salvar al amor de su vida. Parece que esta moda empieza a ser contagiosa… y gusta al espectador, pues La hora cero llegó a ser la película más taquillera de Venezuela en el año de su estreno.