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miércoles, 27 de mayo de 2026

El proyecto Contraste educa la mirada en familias y centros educativos

 

La web Contraste es una plataforma digital y de contenidos audiovisuales promovida por la Fundación Aprender a Mirar, dedicada a favorecer una mirada crítica y segura de infancia y juventud (y de sus familias y educadores) ante el cine, la televisión, internet y los videojuegos. 

CONTRASTE forma parte del Programa de Educación Audiovisual (PEA) de la Fundación Aprender a Mirar, una entidad sin ánimo de lucro que trabaja por la defensa del menor en los medios y la era digital, bajo protectorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Su objetivo principal es proteger y educar al usuario infanto‑juvenil, ayudando a padres, madres, docentes y jóvenes a moverse con criterio en la avalancha de contenidos audiovisuales y aprovecharlos de forma positiva y responsable. 

¿Cuáles son los recursos y contenidos más frecuentes? 

En la web Contraste destacan varios tipos de recursos muy utilizados por familias y centros educativos: 

- Análisis de ocio audiovisual: reseñas y análisis de películas, series, videojuegos y contenidos de streaming, explicando qué edades son adecuadas, qué valores trabajan, posibles riesgos y cómo usarlos educativamente.    
- Revista digital Contraste: publicación online que ofrece guías semanales o mensuales sobre qué ver con niños y jóvenes, con recomendaciones de películas, series y videojuegos pedagógicos y apropiados por franja de edad.  
- Pódcast “Contraste selección gourmet”: podcasts con selecciones comentadas de estrenos y títulos destacados en cine y series, pensados como guía ágil para familias y educadores.  
- Materiales educativos para centros: fichas de trabajo, guías docentes y propuestas para usar el cine y la televisión en clase, integradas en el PEA y usadas en colegios e institutos. 

En conjunto, Contraste funciona como una guía crítica y didáctica del ocio audiovisual, muy útil si quieres combinar cine, televisión y videojuegos con la educación infantil y juvenil, tanto desde la familia como desde la práctica pedagógica o clínica (por ejemplo, en psicopatía infantil o riesgos digitales). 

Una herramienta muy útil ante la avalancha de medios audiovisuales que penetran en la infancia y adolescencia de nuestros hijos y nietos, y que tanto pueden afectar en ese camino que es el desarrollo como personas entre la familia, el centro docente y la sociedad que les toca vivir. 

Profundicemos algo más en tres aspectos: 

a) ¿Cuáles son los criterios de la Fundación Aprender a Mirar para clasificar contenidos? 

La Fundación Aprender a Mirar analiza los contenidos audiovisuales en base a un conjunto de principios claros centrados en la protección del menor, la calidad educativa y la mirada crítica. Así, los ejes generales de clasificación son: a) Protección del menor: se evalúa si el contenido respeta la infancia y adolescencia, evitando la exposición innecesaria a violencia extrema, sexo explícito, discriminación, acoso o conductas riesgosas sin contexto ni advertencia; b) Calidad educativa y valores: se valora si el material promueve la empatía, el respeto, la igualdad, la ciudadanía digital, la resolución pacífica de conflictos y la responsabilidad, y si ofrece oportunidades para el debate y la reflexión. 

De esta forma, se consideran criterios temáticos y de impacto: el contenido violento y terror, distinguiendo entre violencia justificada narrativamente y gratuita o excesivamente explícita; la sexualidad y exposición corporal, considerando su adecuación por edad, tono (educativo vs. explotador), contexto y posibilidad de uso en debate familiar o educativo; la discriminación y estereotipos, bien por género, raza, orientación sexual, discapacidad, etc., privilegiando modelos diversos e inclusivos. También se analizan criterios técnicos (como el formato y lenguaje audiovisual utilizado), así como el uso educativo posible: se valora si el contenido puede servir de pretexto para discusión en clase o en familia, con guías, preguntas o fichas didácticas que proyectos como Contraste suelen acompañar. 

En la práctica, estos criterios se concretan en recomendaciones de franja de edad, advertencias específicas y sugerencias de uso (ver en familia, con debate, evitar en menores de X años, etc.), que luego se difunden en webs como Contraste y en materiales del Programa de Educación Audiovisual. 

b) ¿Cómo se integra en el entorno escolar? 

La web Contraste, dentro del PEA de la Fundación Aprender a Mirar, influye en el entorno escolar como un plan integral de acompañamiento y formación digital‑audiovisual, dirigido a alumnado, profesorado y familias, que se integra progresivamente en la vida del centro. 

En muchos centros, el PEA ayuda a establecer un uso más regulado y crítico de las pantallas: se introducen normas sobre tiempo de juego, redes sociales y ciberacoso, y se fomenta un “ecosistema de uso seguro” en el aula, el recreo y casa. Además, se incorporan a menudo encuestas previas anónimas sobre el uso de pantallas, que permiten ajustar talleres y actividades a los problemas reales del alumnado (ciberbullying, adicción a videojuegos, huella digital, etc.). Y ello tiene un impacto en docentes , alumnos y familia. 

- Impacto en docentes y metodología 
El programa forma al profesorado en alfabetización mediática y audiovisual (cómo analizar series, películas, TikTok, etc.) y en el uso crítico de recursos como Contraste.info, webs de cine y videoclips. Esto se traduce en que los docentes incorporan más contenido audiovisual dentro de la asignatura (lengua, plástica, ética, ciencias, etc.), pero con guías didácticas, fichas de debate y sesiones de crítica compartida, en lugar de un visionado “pasivo”. 

- Impacto sobre el alumnado y la convivencia 
Para el alumnado, el PEA organiza talleres específicos por etapas (prevención en 0–8 años, formación en 9–12, orientación en ESO y Bachillerato) sobre emociones, redes, ciberbullying, autoestima, hipersexualización, tecnoadicciones y huella digital. Esto se traduce en: mayor conciencia de los riesgos y oportunidades de la era digital, así como menor conducta de riesgo respecto a contenido inapropiado, ciberbullying y horas de videojuego y redes. 

- Impacto en familias y continuidad fuera del aula 
El programa facilita recursos (infografías, webinars, newsletter, WhatsApp, material para el aula) que permiten que las familias reciban información homogénea y puedan reforzar en casa los límites y hábitos trabajados en el colegio. Proyectos derivados como “Guay‑fi” (versión adaptada del PEA para Educación Infantil) permiten trabajar desde muy pronto la relación con pantallas mediante juegos y dinámicas familiares, reforzando el papel del entorno escolar como eje de cohesión entre profesorado y hogares.

c) ¿Cómo integrar las guías didácticas de Contraste en el aula? 

Integrar las guías didácticas de Contraste en el aula es relativamente sencillo porque están pensadas para ser usadas directamente por docentes, sin necesidad de adaptaciones drásticas. Sus esquemas se ajustan bien a la mayoría de niveles de primaria y secundaria, y se pueden encajar en distintas asignaturas. 

1. Elegir el contenido y el contexto 
Selecciona un título de película, serie o videojuego que la guía recomienda y que encaje con tu programa de área (por ejemplo, una película histórica en Sociales, un drama sobre amistad en Ética, un documental ambiental en Ciencias, etc.). 
Revisa la ficha de Contraste: por lo general ofrece edad recomendada, objetivos de trabajo, preguntas clave y propuestas de actividades, que puedes copiar tal cual o adaptar ligeramente a tu grupo. 

2. Antes de la proyección o visionado 
Usa la parte introductoria de la guía para plantear expectativas al alumnado: “¿De qué creéis que va esta película?”, “¿Qué riesgos o aprendizajes podéis encontrar?”. 
Puedes combinarlo con la rapidez de encuesta sobre pantallas, uso de redes o videojuegos, similar a los cuestionarios del programa de Educación Audiovisual, para activar ideas previas. 

3. Durante la proyección o uso en clase 
Aplica las pautas de observación sugeridas en la guía: destacar personajes, valores, escenas clave, tramas de poder, representación de género, etc. 
Para grupos más jóvenes, combina el visionado con pausas breves o una guía de trabajo en papel (tabla de caracteres, tabla pros‑contras, dibujo de escena significativa). 

4. Después de verlo 
Diseña una discusión en clase basada en las preguntas de la guía de Contraste, abriendo a debate abierto (“¿Quién creéis que tiene razón en esta escena?”, “¿Qué hubierais hecho vosotros?”). 
Convierte las cuestiones en una producción escrita o artística: redacción de crítica, mapa de sentimientos del personaje, storyboard de escena, cartel de campaña contra el ciberbullying, etc. 

5. Vincular con el currículo y la convivencia 
Usa las guías de Contraste como punto de partida para unidad didáctica: por ejemplo, una película sobre ciberbullying puede dar lugar a una semana de trabajo sobre digital wellbeing, emociones y normas de uso de pantallas.
Comparte con familias el título y la ficha (“visión recomendada con debate”) para que la herramienta trascienda el aula y se convierta en un puente entre escuela y hogar. 

En resumen, las guías de Contraste se integran con fluidez en el aula si las usas como hoja de ruta estructurada, combinándolas con trabajo cooperativo, expresión oral y escrita, así como con un enfoque clínico‑educativo en bienestar infantil y uso seguro de pantallas. 

En conjunto, Contraste y el PEA no solo “enseña a mirar”, sino que reconfigura el imaginario del centro sobre pantallas, convirtiendo la educación audiovisual en un pilar de la convivencia, la salud mental y la educación en valores.

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Pintores en el cine, humanización y alfabetización visual

 


Seguimos con nuestra colaboración con la Fundación Aprender a Mirar, entidad bajo el protectorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, sin ánimo de lucro, que trabaja por la defensa de los usuarios de los medios de comunicación audiovisual, en especial, de los niños y los jóvenes. Entre los varios proyectos de la Fundación Aprender a Mirar se encuentra el Programa de Educación Audiovisual (PEA), quien trabaja para que padres, profesores y alumnos estén informados y formados de modo que saquen el máximo partido al entorno digital en el que vivimos. 

La cuestión principal es aportar una auténtica alfabetización digital y audiovisual a adultos, pero también a jóvenes y niñas y niños. Entre las herramientas del PEA se encuentra la Revista digital Contraste y web CONTRASTE, que realiza un análisis del ocio audiovisual a fondo y de la mano de especialistas, tanto en cine como en televisión, tanto en internet como en videojuegos. 

Ya hemos colaborado con una serie de artículos sobre la relación del cine con la música, y que se fundamentaba en nuestro artículo “Lo sonoro en lo visual: la música como “tercer” personaje y leitmotiv de Cine y Pediatría”. Y hoy lo hacemos sobre la relación del cine con la pintura y que se fundamenta en nuestro artículo “Pintores de cine, cuando la paleta de colores adorna el séptimo arte”.    

Y esta fusión del cine y la pintura en la gran pantalla se divide en Contraste en dos partes: 


El valor añadido de esta web es que, a diferencia del artículo, está llena de hiperenlaces a pintores, directores y actores, y que lo interrelaciona con otros temas ya tratados en esa web CONTRASTE, lo que no deja de aumentar el conocimiento sobre el tema. 

Lo que se espera es que esta fusión de pintura y arte sirva para pintar de color el séptimo arte, pero especialmente que su visionado nos permita cimentar la formación humanística a través de ese despertar de emociones y reflexiones que supone el visionado de la vida y obra de estos artistas. 


 

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Fundación Aprender a Mirar y proyecto CONTRASTE: alfabetización visual para y por la infancia

 

La educación audiovisual ya es imprescindible. Y lo es porque, para bien y para mal, estamos rodeados de programas en televisión, cine, internet/redes sociales y videojuegos. Para bien porque hay programas (películas, series, juegos, informativos…) que forman e informan, que aportan cultura y valores. Para mal porque hay otros que aportan malos hábitos, violencia, sexo, adiciones y un profundo riesgo en la formación de los menores de la casa, nuestros hijos o nietos. 

Por eso hoy queremos hablar de la Fundación Aprender a Mirar, entidad bajo el protectorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, sin ánimo de lucro, que trabaja por la defensa de los usuarios de los medios de comunicación audiovisual, en especial, de los niños y los jóvenes. Esta defensa la lleva a cabo a través de la formación, la información, la acción social de prevención, denuncia y defensa y la promoción de valores. Y su trabajo es atender a las personas más indefensas frente a los abusos que se cometen en el entorno digital: la infancia y la juventud.  Por eso, esta Fundación también actúa como consultora de organismos y entidades implicadas en el mundo audiovisual con el fin de impulsar la calidad de los contenidos, con un enfoque positivo que garantice la protección del menor. 

Entre los varios proyectos de la Fundación Aprender a Mirar se encuentra el Programa de Educación Audiovisual (PEA), que se pone a trabajar al lado de las instituciones educativas y nos ofrece herramientas útiles y efectivas para trabajar, junto con los menores, contra las adicciones y el uso inadecuado de las tecnologías. 

Con más de quince años de experiencia, el PEA dota a las escuelas con las herramientas necesarias para una completa formación en los medios audiovisuales, a través de un uso ecológico y un consumo crítico de sus contenidos. El PEA trabaja para que padres, profesores y alumnos estén informados y formados de modo que saquen el máximo partido al entorno digital en el que vivimos. Algunos instrumentos para lograrlo son talleres, conferencias, sesiones para estudiantes o análisis críticos. 

El PEA aporta herramientas para que los hábitos de consumo sean saludables y para que el empleo de la tecnología sea eficaz y fomente el crecimiento personal y profesional. La cuestión principal es aportar una auténtica alfabetización digital y audiovisual a adultos, pero también a jóvenes y niñas y niños. Y es que, por ejemplo, saber usar una red social no significa saber usarla bien (con profesionalidad), sino comprender realmente qué efectos tienen las interacciones en uno mismo y en los demás. Por eso y por la inclusión de todos los actores (docentes, alumnado y familias), la Fundación Aprender a Mirar aporta, con el PEA, una solución integral para la ciberseguridad de un centro escolar o en la familia. 

El PEA aporta un conjunto de herramientas complementarias, sencillas de usar y aplicar, enriquecedoras y siempre actualizadas, entre ellas
- Boletín educativo mensual: las opciones de ocio audiovisual con contenido educativo más destacadas 
- Webinars trimestrales: entrevistas a figuras del mundo educativo, sanitario, audiovisual… 
- Línea de información semanal y consultas en WhatsApp: al segundo y en directo 
- Revista digital Contraste y web CONTRASTE, que realiza un análisis del ocio audiovisual a fondo y de la mano de especialistas, tanto en cine como en televisión, tanto en internet como en videojuegos.  

Mi colaboración con el Programa de Educación Audiovisual y el proyecto CONTRASTE comenzó hace un año aproximadamente, vinculado al proyecto Cine y Pediatría (tanto en los post del blog, como en los libros y artículos monográficos publicados). Os dejo las tres contribuciones realizadas hasta el momento: 

Trabajar junto a un proyecto así, vale la pena…

lunes, 15 de febrero de 2016

Medios de comunicación y nutrición infantil


En el reciente VIII Curso Internacional de Pediatría que ha tenido lugar en Puebla (México) me fue encargado presentar la ponencia con el título de este post. Este reto se convirtió en una oportunidad, la oportunidad de reflexionar en un auditorio con compañeros pediatras sobre un tema conocido, pero quizás no tan reconocido en algunos aspectos. 

El objetivo general de esta ponencia es reflexionar sobre la importancia de los mass media en las tendencias en nutrición en la infancia y adolescencia. Y con varios objetivos específicos: 
- Conocer (y respetar) a los “screenagers” 
- Defender la seguridad de la publicidad 
- Reflexionar sobre la importancia del filiarcado 
 - Diferenciar publicidad, bulos y regulación 
- Combatir la telebasura y publicidad irresponsable 

Una presentación con seis apartados: 
1. La vida en una pantalla: los "screenagers" 
2. Vida segura en niños y adolescentes, pero ¿pantallas seguras? 
3. Medios de comunicación y Mercadotencia: la publicidad 
4. Medios de comunicación y Nutrición 
5. Medios de comunicación y Nutrición Infantil 
6. Preguntas para llevarse a casa... 

Porque probablemente surgen más preguntas que respuestas en un tema tan complejo y multidimensional como este. Pero básicamente surgen cuatro preguntas: 

a) ¿Qué SI hacer como Sociedad científica? 
- Educar en el buen uso de la “pantallas”, tanto a pacientes como a sus familias 
- Promover objetivos saludables en los Medios de comunicación 
- Defender el Código de Autorregulación de contenidos televisivos e infancia y similares 
- Mantener una relación ética y estética con la industria de alimentación (igual que ha de hacerse con la industria farmacéutica) 

b) ¿Qué NO hacer como Sociedad científica? 
- El pecado por omisión: pensar que eso no nos corresponde hacer 
- El pecado por acción: que conflictos de interés nos haga adoptar más objetivos comerciales que objetivos saludables 

c) ¿Qué SI hacer como pediatras? 
- Conocer la realidad: screenagers, filiarcado, globesity, ortorexia, etc. 
- Prescribir enlaces saludables 
- Integrar la nutrición infantil con una visión mass media 
- Defender la ética de la profesión, incluso ante las Sociedades científicas si fuera el caso 

d) ¿Qué NO hacer como pediatras? 
- El pecado por omisión: pensar que eso no nos corresponde hacer 
- El pecado por acción: que conflictos de interés nos haga adoptar más objetivos comerciales que objetivos saludables.

La influencia de los medios de comunicación en las tendencias en nutrición infantil son patentes. Y todos somos responsables de que las cosas sean mejor de lo que son. Es una cuestión de responsabilidad. Nos jugamos mucho...

 

sábado, 24 de agosto de 2013

Cine y Pediatría (189). “De mayor quiero ser soldado” o la apología a la violencia audiovisual


En Cine y Pediatría siempre una película nos lleva a otra, de forma consciente o inconsciente. La semana pasada en Voces inocentes reflexionamos sobre los niños soldados y hoy comentaremos la película De mayor quiero ser soldado (Christian Molina, 2010). 

Pocas películas de las que llevamos comentadas en Cine y Pediatría (y son cientos) han recibido tantos varapalos como esta película. Curiosamente, De mayor quiero ser soldado vino amparada por las recomendaciones del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid o por el Juez de Menores de Granada (el mediático Emilio Calatayud), y supongo que sus recomendaciones eran por las reflexiones que partían de la película, no por su calidad cinematográfica. No soy crítico cinematográfico, sólo un amante del cine, pero si quiero expresar de partida mi opinión: no estamos ante una obra maestra del séptimo arte, pero tampoco ante el bodrio que muchos han descrito en sus mordaces críticas. La película tiene la debilidad de que el discurso cinematográfico está demasiado subrayado (quizás se abusa de la voz en off o de las imágenes documentales, o la diatriba entre el bien y el mal con el amigo imaginario es un recurso demasiado fácil), pero tiene la valentía de plantearnos un tema candente en la actualidad: la influencia de la televisión (y de los videojuegos) en la creciente violencia infantil. Sea como sea, para bien o para mal, esta coproducción hispano-italiana no dejará indiferentes a casi nadie. Quizás algo sensacionalista, quizás algo errática o manipuladora, pero para nada olvidable. 

De mayor quiero ser soldado es una película con un director español (el catalán Christian Molina en su tercer largometraje, tras que en el año 2008 se atreviera con Diario de una ninfómana, basada en el aclamado best-seller de Valérie Tasso) y con actores extranjeros (especial relevancia en los papeles secundarios de tres figuras icónicas, como Danny Glover –el sempiterno compañero de Mel Gibson en la serie de Arma Letal-, Robert Englund –el Freddy Krueger de toda la vida- y Valeria Marinia –la Bámbola de Bigas Luna-). Con ello se repite la fórmula, más o menos acertadas, de otros directores españoles que han trabajado con actores extranjeros, como Isabel Coixet (Cosas que nunca te dije, 1996; A los que aman, 1998; Mi vida sin mí, 2003; La vida secreta de las palabras, 2005; Elegy, 2008; Mapa de los sonidos de Tokyo, 2009), Alejandro Amenábar (Los otros, 2001 o Ágora, 2009), Rodrigo Cortés (Enterrado, 2010; Luces rojas, 2012), Luis Berdejo (La otra hija, 2009), Juan Carlos Fresnadillo (Intruders, 2011) o Gustavo Ron (Vivir para siempre, 2010). 

La película nos narra la historia de Álex (Fergus Riordan) un niño normal de 8 años, con unos padres normales (Andrew Tarbet y Jo Kelly), que va a un colegio normal y en una familia de clase media-alta bien estructurada. Cuando su madre da a luz gemelos, Álex empieza a sentirse solo y desatendido, eclipsado por la llegada de sus nuevos hermanos. Traicionado y herido, consigue que su padre le recompense con algo que siempre había deseado: una televisión en su dormitorio. Álex empieza a desarrollar problemas de comunicación con sus padres y otros compañeros del colegio, por lo que se encierra en sí mismo, inventando dos amigos imaginarios: primero el astronauta capitán Harry (porque al principio quiere ser astronauta) y, posteriormente, también el sargento John Cluster (porque después quiere ser soldado). A través de la televisión, Álex descubrirá un nuevo mundo y se sentirá totalmente fascinado por todo lo que ve. El elemento catalizador de la historia será esta creciente obsesión por las imágenes de guerra y destrucción. En su mundo imaginario, Álex se convierte en soldado, un niño soldado de un ejército imaginario y de un mundo en donde acaba confundiéndose el sueño de la realidad. 

En la trama de la película ocupan un papel secundario el director del colegio (Danny Glover), el psiquiatra (Robert Englund) y la maestra (Valeria Marini), iconos en tiempos mejores del cine de acción, de terror y de sexo. Pero ocupan un papel principal dos personajes a los que saca un gran rendimiento, con buenas interpretaciones: el joven Fergus Riordan (llamado Alex en la ficción, un nombre ligado al personaje principal de La naranja mecánica de Stanley Kubrick) y Ben Temple (ese amigo imaginario dual, entre el “bien” del astronauta y el “mal” del militar). 

Es De mayor quiero ser soldado una propuesta que pretende alertar sobre los peligros de la sobresaturación de violencia visual, es una drama de denuncia social, destinado a concienciar sobre la educación y los valores que reciben los niños de hoy en día en el marco de la globalidad mundial, dominado por las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Y en el que casi todos estaríamos de acuerdo en que con un guión más inteligente, menos manipulador, menos exagerado, podríamos estar hablando de una película importante. Una película que sería la versión española de American History X (Tony Kaye, 1998), nuestro "Spanish History X". 

Estos son algunos de los monólogos que nos regala la película, en la mayoría de los casos aderezados de imágenes de archivo de conflictos bélicos en el mundo, de violencia explícita que se cuelan en nuestras pantallas del televisor y que si nos hacen daño a los adultos, no es difícil imaginar las consecuencias en los niños. 
En uno de los monólogos, Alex nos expone, en clara referencia a lo que comentamos de los niños soldados la semana pasada: "Me gustaría ya ser un soldado. Como los niños soldados. Cuando los veo en las noticias siento tantos celos. Seguro que se lo pasan en grande. Sin colegio. Sin tener que aguantar profesores todo el día. Sin la mierda que tenemos que aprender. ¡Tienen armas de verdad!. ¡Incluso las chicas pueden ser soldados!. Hasta les dejan fumar. ¡Tío, que suerte tienen!. Como mola. Es una pena que no haya bebés soldados. Porque podría enviar a los gemelos a la otra punta del Mundo y no verlos nunca más…". O esta reflexión, casi final de la película y con carácter de denuncia: “Me gustaría acabar esta redacción diciéndoos que también quiero ser un soldado para hacer del mundo un lugar mejor. Los mayores han hecho daño a la Tierra y ahora yo debo arreglarlo. Vosotros os comportáis muy mal. Me pedisteis que no me pelee, pero vosotros no paráis de hacerlo. Me pedisteis mantener el Planeta limpio, ¿y vosotros qué?. Hacéis cosas por las que me castigaríais. Me decís que no deje nada en el plato, pero siempre tiráis la comida. Me decís que matar es malo, pero vosotros no dejáis de mataros entre vosotros. Por vuestra culpa el mundo se ha convertido en un lugar asqueroso. Por eso no sé de qué os quejáis. Todo lo que sé lo aprendí de vosotros. “.

Y el epílogo final, incluso tras los títulos de crédito, en que reaparece el maestro: “La sociedad está cambiando. Hoy en día, nos declaramos abiertamente pacifistas, hacemos campañas a favor de los derechos humanos y por el cese de la pena de muerte, apoyamos a las víctimas de la injusticia y la violencia, de la tortura en países desgarrados por la guerra e, incluso, la violencia y el abuso que hay en la intimidad de nuestros propios hogares. Pero no nos importa lo que nuestros hijos ven en la televisión. Crímenes de guerra, atrocidades, violencia gráfica espantosa…más gráfica de lo que nos podamos imaginar. Sí, nos sentamos a comer o a cenar mientras vemos este banquete en nuestras pantallas y pensamos… Pensamos que es muy normal, nada diferente. Pero algo está pasando…Nuestros hijos copian todo lo que ven…Y olvidamos eso”.

Está claro, y no es exagerado. Para mí, desde luego, no. Cuidado con la televisión, el ordenador o los videojuegos con función de “niñera” que pueden introducir a los niños en mundos mentales paralelos. Aprovechemos las fortalezas y oportunidades que dan las nuevas tecnologías de información y comunicación en la educación de nuestros hijos, pero conozcamos (y evitemos) las debilidades y amenazas que puedan entrañar, incluido la violencia explícita y valores nada negativos. De mayor quiero ser soldado no es una película redonda, pero no el bodrio que muchos quieren reflejar de ella. Al menos, para padres, educadores y pediatras puede ser un lugar de encuentro para emociones y reflexiones sobre la apología de la violencia audiovisual. Y todo ello grabado en aquél lugar donde yo jugué cuando era niño: en Esplugues de Llobregat, pues algunas localizaciones son de allí, incluyendo el centro escolar de Alex (el Colegio Alemán de Barcelona).