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sábado, 31 de marzo de 2018

Cine y Pediatría (429). "Robinù", los niños soldados de la droga


"Siempre tenemos el teléfono en la mano: Facebook, WhatsApp... Estamos despiertos hasta las 4 o 5 de la mañana, y nos despertamos sobre las 4 o 5 de la tarde. Mi madre trabaja en una empresa de limpieza. Mi padre trabaja en una empresa de bolsos. Sacrifican mucho por mí" 

"Cometí mi primer delito cuando tenía 13 años. Atraqué un supermercado. Yo solo. Disparé a cuatro policías, pero ninguno salió herido. No quería que me arrestaran. Era una broma, no era por el dinero de la caja registradora" 

"Si eres un niño, aunque mates a 20 personas, sigues siendo un niño. Quizás tengas un papel más importante, pero sigues siendo un niño" 

"Entrar a los 17 y salir a los 40 va ser muy duro. ¿Salgo a los 40 y qué hago? No puedo buscar un trabajo..." 

"Cuando un niño crece en ciertos barrios, quiere un arma. Antes no era fácil comprar un arma, pero hoy, si tienes dinero puedes tener un arma en la mano tanto limpia como sucia. Sucia significa que el arma ha estado en crímenes que desconoces..." 

"Tengo cuatro hijos, dos están en prisión. Una madre perdona. ¿Dios y Jesús perdonan? Yo lo hago. Son mis hijos. Si se hace daño, yo siento el dolor" 

"Niños, si podéis, cambiad vuestras vidas, porque esto no es vida" 

Estas son algunas de las declaraciones, desde la prisión de Poggioreale (Nápoles), de Michele, 22 años, de Taieb, 18 años, de Mariano, 18 años, o de Emanuele, 19 años, este último asesinado. Y también son las confesiones de madres, padres, hermanos, esposas y amigos de estos adolescentes encarcelados, allí donde penan de sus delitos alrededor de la delincuencia asociada al mundo de las drogas, camellos y sicarios, alrededor de familias donde el delito o la prostitución no es ajena. Frases de una película documental italiana donde da la sensación de que la cárcel está también fuera de la cárcel. 

Esta frases pertenecen a la película Robinù, debut en el cine en el año 2016 de uno de los grandes nombres del periodismo italiano, Michele Santoro, antiguo director de la RAI. En la película se analiza el alarmante submundo criminal de Nápoles en el que concurren niños de la droga y jóvenes sicarios, los "baby killers", la visión del mundo del ejército de niños soldado napolitanos que aprende a disparar a los 15 años o antes, son asesinos experimentados a los 20 y, muchas veces, jamás llegan a ver los 30. Porque como se nos dice con frialdad "Hay cosas que deben hacerse ahora. De esta forma, si te caen 20 años, cuando salgas de la cárcel, aún tendrás toda la vida por delante"... Una película que ha cautivado al autor de "Gomorra", Roberto Saviano, novelista especializado en la Camorra italiana y quien afirma que Robinù consigue dar voz a una ciudad condenada. 

Michele Santoro es uno de los periodistas más influyentes de la televisión italiana. En los años 90, se ganó su popularidad siendo el presentador de un gran número de programas prime-time que discutían asuntos políticos en un período especialmente tumultuoso en la sociedad italiana, como el caso de corrupción nacional que acabó con la llamada Primera República, lo que le conllevó la censura del primer ministro Silvio Berlusconi. Desde siempre comprometido en destapar los problemas sociales más sangrante de la sociedad italiana, así como sus problemáticas políticas. Robinù es su primera película. Y no deja indiferente, pues la lucha de Nápoles por el control de narcotráfico y el uso de la infancia en dicha labor no es conocido por todos. Y no puede seguir siendo un problema invisible. 

En Italia, el fenómeno es conocido como La paranza dei bambini, título también de una novela de Roberto Saviano. Y resume el ascenso de jóvenes que dejaron de respetar a los jefes de la Camorra y se abrieron su propio paso hacia el olimpo criminal. En el vacío de poder creado tras la caída del clan Giuliano, a partir de los noventa, los bambini se han levantado con puño de hierro y reivindican la Camorra de antaño. A los capos actuales echan en cara que solo piensan en sus intereses, han dejado de proteger a sus barrios y a los débiles.. Ellos, en cambio, se creen Robin Hood a la napolitana. En esa ciudad y en ese entorno donde para estos niños y jóvenes la cárcel y morir es el único camino de salida. 

Y la película termina con los fuegos artificiales que unos padres colocan enfrente de la cárcel donde cumple condena su hijo Michele y para festejar su cumpleaños. Y tras el fundido en negro final, el largo colofón con el estado actual de los jóvenes protagonistas y esta cruda realidad: "Nápoles es el centro del tráfico de droga en Europa. Durante la disputa paranza di bambini murieron más de 60 personas. La mayoría de ellos eran niños..." 

Y Robinù no es una película que guste a la ciudad de Nápoles. Como seguramente tampoco gustará en Colombia la película La Virgen de los Sicarios (Barbet Schoeder, 2000), en Brasil la película Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002) o en El Salvador la película Voces inocentes (Luis Mandoki, 2004). Pero no es cuestión de gustar, es cuestión de conciencia. Y como decía Rossellini de su Alemania, Año Cero, "ya me doy por satisfecho si le doy esperanza a un solo chico”. Y quizá Robinù permita, con su denuncia, salvar a alguno de estos niños soldados de la droga.

 

sábado, 6 de julio de 2013

Cine y Pediatría (182). “7 cajas” y muchas emociones alrededor de otras adolescencias


El cine de un país es dependiente de su entorno económico y cultural y de los mercados internos. Desde el origen del cine sonoro y durante el siglo XX, el 90% de la producción total cinematográfica en Latinoamérica se concentró solo en tres países: Argentina, Brasil y México. Y Argentina es el único país ganador de algún Oscar dentro de Latinoamérica, con sus películas La historia oficial (Luis Puenzo, 1985) y El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2010). En “Cine y Pediatría” hemos ido destacando la peculiaridad e importancia de dos cinematografías de Latinoamérica: Colombia y Argentina, con frecuentes ejemplos. 

Pero hay otros países de Latinoamérica cuyo cine es prácticamente desconocido fuera de sus fronteras. Uno de estos países es Paraguay, un país sin prácticamente industria cinematográfica y en cuya historia solo hay 20 películas cien por cien paraguayas. Y por ello la película de hoy es una gran excepción: 7 cajas (Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, 2011), premiada en varios festivales internacionales y nominada a galardones de cine de prestigio mundial (entre ellos el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y los Premios Goya), con elogios de parte de la crítica y el público. Hasta tal punto que se ha convertido en la película más taquillera de todos los tiempos en Paraguay (superando incluso a la superproducción Titanic de James Cameron). 

Es por ello que 7 Cajas se ha convertido en un trepidante y divertido hito del cine paraguayo y una de las grandes revelaciones del cine iberoamericano de los últimos años. 7 cajas es la película que ha situado a Paraguay en el mapa cinematográfico (quizás en el año 2006 lo hiciera parcialmente la Hamaca paraguaya de Paz Encina). Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori no son el Quentin Tarantion de Pulp Fiction o el Danny Boyle de Trainspotting, pero hacen de la dificultad virtud y lo intentan, consiguiendo una película con un ritmo frenético casi hollywoodense al que añaden la idiosincrasia guaraní del Mercado 4 de Asunción. 

7 cajas narra las peripecias de Víctor (Celso Franco), un carretillero adolescente de 17 años en el emblemático Mercado 4 de Asunción, que sueña con aparecer en la televisión y que acepta el sospechoso encargo de evitar que la policía encuentre siete cajas con un contenido desconocido a cambio de la mitad de un billete rasgado de 100 dólares (la otra mitad del dinero se le entregaría cuando éste termine su trabajo). Y es aquí donde el alucinante Mercado 4 y sus gentes se convierten en un personaje más, como un escenario vivo durante las 24 horas del día, ese microcosmos en el corazón de Asunción y, posiblemente, el lugar más emblemático de Paraguay, donde convergen muchas culturas. El mundo del mercado es hostil, competitivo y hay cientos como él esperando llevar en sus carretillas las compras de los clientes a cambio de una pequeña remuneración. 
Víctor tiene que transportar esas misteriosas 7 cajas y emprende el viaje de cruzar las 8 manzanas que tiene el mercado misión que se antojaba fácil, pero las cosas se le van complicando: le roban una caja, pierde el móvil, es perseguido por un grupo de carretilleros dispuestos a quitarle la mercancia y también es perseguido por la policía, hasta que entiende que ahora es cómplice de algo demasiado peligroso. 

Un thriller a la paraguaya que encierra toda una filosofía sobre el Mercado 4. Los pasillos de El Mercado 4 son interminables. En él viven alrededor de 500 personas, pero moviliza comercialmente a unas 2.000. Allí conviven, día a día, coreanos, chinos, árabes, judíos y paraguayos. El Mercado 4 vende de todo: frutas, carne, verduras, productos electrónicos, informática, ropa y, a veces, hasta la dignidad. Allí más de un millón de historias se cruzan cada día. Curiosamente la película está subtitulada, pues aunque está rodada en español, también se habla en guaraní y en jopara, el dialecto que mezcla los dos idiomas anteriores. Y curiosamente la película se ha convertido en una especie de símbolo nacional. De hecho, las copias piratas de la película no se venden en el Mercado 4 y eso que es el epicentro de la piratería nacional. El cine, como ven, también puede hacer patria. 

Muchas personas me preguntan cómo consigo localizar tantas películas de tantos lugares, algunas muy ajenas a las carteleras de España. Y la respuesta es clara: por los muchos amigos que, desde las redes sociales, me invitan a conocer nuevas obras del séptimo arte. Esta de hoy es una recomendación de Patricio José Ruiz Lázaro, compañero pediatra en Alcalá de Henares (y cinéfilo empedernido) y un gran conocedor de la adolescencia y trabajador a favor de la adolescencia. Y de adolescentes de otras culturas versa 7 cajas, adolescentes que sobreviven en familias desestructuradas y en sociedades hostiles, sin formación académica, con el trabajo infantil como sustento y balsa de salvación (o perdición). En adolescentes que luchan por salir adelante (sin saber bien a dónde, con el sueño de llegar a aparecer en televisión, quizás como Victor, nuestro protagonista) y en donde su pequeño mundo a veces tiene la extensión de Mercado 4, un pequeño y difícil mundo lleno de emociones.