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lunes, 15 de noviembre de 2021

Desigualdades de género en las revistas pediátricas indexadas en Journal Citation Report

 

Se denomina techo de cristal a la limitación velada del ascenso laboral de las mujeres al interior de las organizaciones. Se trata de un techo que limita sus carreras profesionales y es invisible porque no existen leyes o dispositivos sociales establecidos y oficiales que impongan una limitación explícita en la carrera laboral a las mujeres. 

El concepto del techo de cristal es que la mujer ve el cielo y casi lo alcanza, pero no lo puede tocar, porque hay un techo que se lo impide; se está a un paso, pero no se llega. Y este techo impide a las mujeres pasar a un nivel mayor y tiene que ver con fenómenos de las mismas empresas y con la repartición del poder. También ocurre en medicina y sanidad, de forma que, aunque se ha avanzado mucho, las mujeres ascienden hasta cierto nivel, pero los directivos, jefes de servicio o catedráticos de universidad suelen ser mayoritariamente hombres y esto tiene varias causas: 1) que la propia empresa no les da responsabilidades mayores con el pretexto de ser más emocionales, o porque tienen hijos y anteponen la familia o el matrimonio o el hogar al trabajo; 2) que la propia mujer vive con culpa porque descuida áreas como la carga de no contribuir a la estabilidad emocional de los hijos, o descuidar la pareja o, incluso, que pueda tener mayor sueldo que el marido, preocupaciones que nunca pasan por los hombres. 

Y el techo de cristal también afecta a la ciencia, como se constata en los Premios Nacionales de Investigación de España, en los Premios Príncipe de Asturias de Ciencia y Tecnología o en la propia Universidad española, tal como comentamos en este mismo blog hace años

Y aunque la especialidad de Pediatría es un área con predominio de mujeres (posiblemente a la cabeza de las especialidades médicas, con una proporción que puede superar el 75% de los equipos), el techo de cristal se mantiene. Y desde nuestro equipo de estudios cienciométricos, hemos analizado las desigualdades de género en los consejos editoriales de las revistas pediátricas indexadas en Journal Citation Report, donde se confirma todo lo anterior. 

Os dejamos abajo el artículo, publicado recientemente en Pediatric Research, y aquí el resumen estructurado. 

BACKGROUND: The presence of women in decision-making positions, such as on editorial committees of biomedical journals, is not the same as that of men. This paper analyzes the gender composition of editorial committees (EBMs) and editors-in-chief (ECs) positions of pediatric journals. 

METHODS: The gender of EBMs and ECs of 125 journals classified in the pediatrics area of the Journal Citation Report (JCR) was analyzed. The following indicators were calculated: gender distribution of ECs and EBMs by journal, publisher, subject speciality, country, quartile of the journal in JCR and country of affiliation of the members. 

RESULTS: The total number of EBMs was 4242. The distribution by sex of the ECs was 19.44% women and 80.56% men, while that of the EBMs were 33.05% women and 66.95% men. Twenty journals exhibited a greater representation of women than of men, and in four there was parity. Journals with greater participation of women specialized in nursing and physical therapy and were related to nutrition (lactation and breastfeeding). 

CONCLUSIONS: Only one-fifth of ECs and one-third of EBMs are females. Women’s participation is higher in journals related to nursing, physical and occupational therapy, and nutrition. The United States has the highest number of EBMs, followed by the European Union. 

Está claro que estos resultados refuerzan nuestros comentarios previos. Y al igual que la inteligencia no piensa en inglés (y deja de pensar en español), menos aún cabe pensar que estas capacidades tienen diferencias entre hombres y mujeres. Porque si solo una quinta parte de los/as directores/as editoriales de las revistas científicas pediátricas son mujeres y solo una tercera parte de los comités editoriales, esta desproporción se hace mucho mayor al ponderarlo con el número de mujeres y hombres que trabajan en la especialidad de Pediatría. 

Y aunque se ha mejorado en estos aspectos, queda mucho trabajo por hacer. Y mucho techo de cristal por romper.
 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Día Internacional de la Mujer: hacia un planeta 50-50


Hoy, 8 de marzo, está marcado por la celebración del Día Internacional de la Mujer, instaurado por la ONU en 1975. Pese a que en su origen se trataba de reclamar la igualdad para la mujer trabajadora, en el contexto de la revolución industrial, actualmente en este día se reivindica el papel de la mujer en la sociedad
Además de la figura de la mujer, el 8 de marzo se pide la igualdad de derechos para todas las personas, sean del sexo que sean. A esta reivindicación se han unido en los últimos años la reclamación de la igualdad salarial en el mercado laboral para mujeres respecto a los hombres, las protestas para pedir el final de la discriminación por razón de sexo u otros actos machistas denunciados por numerosos colectivos. A todo esto también se añade la condena a la violencia de género, una lacra social. 

Los orígenes centenarios de este día explican el porqué el Día Internacional de la Mujer se celebra en esta jornada. En marzo de 1857, en el marco de la revolución industrial, varias mujeres salieron a protestar a las calles de Nueva York condenando las míseras condiciones en las que trabajaban en el sector textil. Si bien pueden ser estos los inicios de la celebración internacional, no está claro si este hecho tuvo lugar en esta fecha. Más adelante, en 1909, se celebró en Estados Unidos el primer Día Nacional de la Mujer, que solo tuvo seguimiento en Nueva York y Chicago. Esta reivindicación llegó un año más tarde a Europa. No está aclarado pero puede que en España se comenzara a celebrar el Día de la Mujer en 1936. Coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, la ONU declaró en 1975 el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Curiosamente, el 8 de marzo es la festividad de de San Juan de Dios, patrono de los que trabajan en hospitales.  

El color morado es el color representativo del Día de la Mujer, y el que adoptan las mujeres o los edificios como signo de la reivindicación. Fue el color que en 1908 utilizaban los sufragistas ingleses. Sin embargo, en los 60 y los 70 las mujeres socialistas escogieron este color como símbolo de la lucha feminista y posteriormente se le asoció a la jornada que se celebra. El color está relacionado con la mujer y la igualdad de sexos. 

El tema de 2017 para el Día Internacional de la Mujer es «Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030». Porque el 8 de marzo la observancia de las Naciones Unidas reflexionará sobre cómo acelerar la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible para impulsar la aplicación efectiva de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible. Asimismo, se centrará en nuevos compromisos de los gobiernos bajo la iniciativa «Demos el paso» de ONU Mujeres y otros compromisos existentes en materia de igualdad de género, el empoderamiento de las mujeres y los derechos humanos de las mujeres. 

Algunos de los objetivos clave de la Agenda 2030: 
- Para 2030, velar por que todas las niñas y todos los niños terminen los ciclos de la enseñanza primaria y secundaria, que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad y producir resultados escolares pertinentes y eficaces 
- Para 2030, velar por que todas las niñas y todos los niños tengan acceso a servicios de atención y desarrollo en la primera infancia y a una enseñanza preescolar de calidad, a fin de que estén preparados para la enseñanza primaria 
- Poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y las niñas en todo el mundo 
- Eliminar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluidas la trata y la explotación sexual y otros tipos de explotación 
- Eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El techo de cristal: también en la ciencia, también en Pediatría


Nada debe ser casualidad, hasta las coincidencias repetidas. No tenía interiorizado el concepto TECHO DE CRISTAL en los estudios de género. Y en poco más de 24 hs lo he podido oir en dos conferencias de muy distinto corte (Universidad de Alicante y Ateneo de Alicante)... y ver cómo este pasado fin de semana El Mundo le dedicaba un especial a las 25 directivas españolas que han roto ese techo de cristal. 

Se denomina techo de cristal a la limitación velada del ascenso laboral de las mujeres al interior de las organizaciones. Se trata de un techo que limita sus carreras profesionales, difícil de traspasar y que les impide seguir avanzando. Es invisible porque no existen leyes o dispositivos sociales establecidos y oficiales que impongan una limitación explícita en la carrera laboral a las mujeres. 

A pesar de ocupar las mujeres hoy día mejores puestos y mayores oportunidades laborales, la condición de la mujer aún continúa limitada bajo la existencia de ciertos parámetros. El de techo de cristal impide a las mujeres pasar a un nivel mayor y tiene que ver con fenómenos de las mismas empresas y con la repartición del poder. Las mujeres ascienden hasta cierto nivel, pero los directivos generales, jefes de servicio, catedráticos de universidad suelen ser hombres y esto tiene varias causas
1) Que la propia empresa no les da responsabilidades mayores con el pretexto de ser más emocionales, o porque tienen hijos y anteponen la familia o el matrimonio o el hogar al trabajo. 
2) Que la propia mujer vive con culpa porque descuida áreas que al hombre no le significan problemas como si sus hijos se sienten abandonados (aunque tenga quien le resuelva el asunto como niñeras), como la carga de no contribuir a la estabilidad emocional de los hijos, o descuidar la pareja o, incluso, que pueda tener mayor sueldo que el marido, preocupaciones que nunca pasan por los hombres. 

El famoso techo de cristal también afecta a la ciencia. Por ejemplo:

- Los Premios Nacionales de Investigación de España que, en realidad, son 10 (aunque cada año se otorgan sólo cinco de ellos, alternando con el año siguiente) son unos premios otorgados por el Ministerio de Educación y Ciencia de España. En la última década, de 50 premiados, sólo lo han recibido cuatro mujeres: María Antonia Blasco en Biología, María Vallet en Ingeniería, MªÁngeles Durán en Derecho, Ciencias Económicas y Sociales y Aurora Egido en Humanidades.

- Los Premios Príncipe de Asturias de Ciencia y Tecnología se conceden desde el año 1981. En estos 32 años se han entregado también un total de 50 premios y sólo lo han recibido dos mujeres: Jane Goodall en el año 2003 y Linda Watkins en el año 2011 (en este caso compartido con David Julius y Baruch Minke como referentes mundiales de la Neurobiología sensorial). 

- En la Universidad española sólo el 13,7% de las cátedras universitarias están ocupadas por mujeres y el 17% de las plazas de profesores de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). 

-¿Y qué decir de Ginecología y Obstetricia y Pediatría, dos de las especialidades con mayor tasas de femenización en sus plantillas (y cada vez más en la elección de los residentes, tal como hemos comentado)? Hasta hace 2 años los datos anunciaban de que no había una sola catedrática en estas dos especialidades.

Y también a otras facetas. Ayer fue concedido el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes a la mexicana Elena Poniatowska y con ello se convierte así en la cuarta mujer que entra en el palmarés (después de Dulce María Loynaz, María Zambrano y Ana María Matute), palmarés que ha sido concedido a 35 hombres en este intervalo (desde su inicio en 1976 hasta la actualidad).

El concepto del techo de cristal es que la mujer ve el cielo y casi lo alcanza, pero no lo puede tocar, porque hay un techo que se lo impide; se está a un paso, pero no se llega. Porque ese techo (de cristal para las mujeres, de cemento para muchas personas) se rompa y con ello se rompa la injusticia, la incoherencia y la mediocridad... sin género y sin pausa. Este es un deseo para todos.

Y este es un deseo especialmente sensible en Pediatría, una especialidad donde disfrutamos con orgullo de un alto grado de feminización, y en donde la feminización no es un problema.

sábado, 20 de julio de 2013

Cine y Pediatría (184). “La bicicleta verde” es un canto a la igualdad de sexos


Las bicicletas no son sólo para el verano, sino para todas las épocas del año. La bicicleta es más que un juguete en la infancia, más que un vehículo en la vida adulta. La bicicleta representa muchos valores, entre ellos la libertad de movimientos y el sentimiento ecológico y respetuoso con la vida. La bicicleta nos regala motivos para entender la felicidad. Pero hoy no vamos a hablar de Las bicicletas son para el verano (Jaime Chávarri, 1984), pues ya la comentamos cuando enumeramos una serie de películas que se enfocaban a la mirada inocente de la infancia ante la Guerra Civil Española y su postguerra. Hoy vamos a hablar de una película que ha conmocionado el mundo del cine, al ser el primer largometraje rodado por una mujer directora saudita: La bicicleta verde (Haifaa Al Mansour, 2012). 

Teniendo en cuenta que en Arabia Saudí el cine pertenece al ámbito más íntimo, sin salas de cine, es imposible contar allí con una industria cinematográfica. De ahí que rodar una película en este país es ya de por sí una proeza; si encima lo hace una mujer, el mérito es doble (o triple). Porque las mujeres tienen que ocultarse detrás del abayá e ir acompañas siempre por un familiar, tienen prohibido conducir (tampoco pueden montar en bici) y tan sólo un 5% trabaja fuera de casa. Así, Haifaa Al Mansour nos descubre que hace películas como terapia (empezó en el corto y éste es su primer largo), terapia frente a la invisibilidad de la mujer en Arabia Saudí y en los países árabes. Y nos regala La bicicleta verde, una forma de expresar los aromas de cambio en su país, la tensión entre modernidad y tradición. Y lo hace contando la historia de Wadjda, una niña inconformista de 10 años que vive en Riad y que ansía poseer una bicicleta, cuando en Arabia Saudí montar en bicicleta es cosa de chicos.  En realidad esta película es la bicicleta verde de su directora y Wadjda se convierte en alter ego de Haifaa Al Mansour. 

No es la mejor película que denuncia los derechos de la mujer en los países islámicos. Otras películas ya comentadas en "Cine y Pediatría" lo han hecho con maestría: El círculo (Jafar Panahi, 2000), Kandahar (Mohsen Makhmalbaf, 2001), Osama (Siddiq Barmak, 2003), Buda explotó por vergüenza (Hana Makhmalbaf , 2007) o Persépolis (Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, 2007). Estas películas nos abofetean de lo encerrados que vivimos en nuestra pequeña burbuja de Occidente y sentimos la injusticia contra las mujeres, pero con La bicicleta verde conseguimos sentir complicidad y simpatía por su joven protagonista. No nos extraña por ello que haya sorprendido en los festivales de Venecia, Toronto o Dubait. 

La película se basa en la vida de una sobrina de la directora. Wadjda vive en una sociedad tan tradicional que ciertas cosas como ir en bicicleta le están totalmente prohibidas a las niñas. A pesar de todo, es divertida y emprendedora y bordea siempre el límite entre lo autorizado y lo prohibido. Wadjda (Waad Mohammed) desea tener una bicicleta para poder competir con su amigo Abdullah (Abdullrahman Al Gohani) en una carrera, pero su madre no se lo permite porque las bicicletas son un peligro para la dignidad de una chica. Wadjda se aprovecha de su estatus de niña para cruzar los límites de lo que está prohibido para el sexo femenino en su país. Aunque las bicicletas no son un juguete para las niñas, Wadjda luchará (con todo tipo de negociaciones) por conseguir la bicicleta, y para ello utilizará toda su rebeldía, su gracia y su inconformismo. Y esa rebeldía se plantea en los dos ambientes habituales: en casa frente a su madre, quizá más preocupada por gustar a su marido (y que éste no le abandone por no darle un hijo varón); y en el colegio frente a su estricta directora. Pero la bicicleta sólo es un leit motiv para denunciar la situación de la mujer en Arabia Saudí y La bicicleta verde se convierte, por derecho propio, en un canto a la igualdad de sexos en un mundo en donde las mujeres son transparentes (o menos que eso). 

Porque esa es la parte más interesante de la película: el reflejo de esa sociedad conservadora vista desde el punto de vista de una niña que lo medio acepta, pero no la entiende. Con una sencilla puesta en escena y una dirección muy limpia y sin florituras, Haifaa Al Mansour nos adentra de lleno en el conformismo de las mujeres en esta sociedad en la que está bien visto que una niña se case y en la que, una vez tenga el periodo, deba tocar el Corán con un pañuelo; una sociedad en la que la mujer debe ser servil hacia el marido, pero invisible ante el resto de los hombres; una sociedad en la que los niños pueden ir al colegio en bicicletas y las niñas a pie.

Es La bicicleta verde una oda a la libertad, a la libertad y a la lucha por los derechos de la mujer en el islam. Una película agridulce, que te hace sonreír de vez en cuando, que habla con sutileza de una moral tan hipócrita como asfixiante, eficazmente contada y resuelta, protagonizada por una niña que te puede enamorar. Y es esa niña Wadjda la que nos regala muchas escenas para el recuerdo, pero no podemos dejar de contar la del inicio (entre los pies de las niñas del colegio aparecen unas zapatillas deportivas de colores, símbolo de la rebeldía de nuestra protagonista) y la del final (la carrera en bicicleta, con la mirada y sonrisa final de Wajda, preludio de esperanza en donde las mujeres tienen pocas esperanzas).

 

martes, 22 de marzo de 2011

"Una generación sin mujeres" (China, Corea e India)


El texto del título de esta entrada aparece entrecomillado, tal cual apareció hace unos días en la prensa general. Las políticas de aborto selectivo en los países mencionados, y de maltrato hacia las niñas si estas finalmente no han sido abortadas, están logrando que en estos países se de esta situación: "Si lo normal es que nazcan 105 varones por cada 100 féminas, en Corea del Sur, por ejemplo, en 1992 nacían 125 por cada 100. En 2005, China registró una tasa de natalidad de 121 hombres por cada 100 mujeres, es decir, 1,1 millones más de niños que niñas".

Nada nuevo que ya no comentáramos en su día. La auténtica igualdad entre el hombre y la mujer no existe en algo tan básico como es la oportunidad de nacer. Y de crecer en igualdad de oportunidades. El "gendercidio", término acuñado por la revista The Economist al referirse a esta situación, es una escandalosa realidad en nuestro planeta hoy en día.

La revista CMAJ ha publicado un artículo sobre el tema y sobre las negativas consecuencias que a medio-largo plazo puede tener esta situación en las sociedades en las que se da.

Sirva esta entrada para reivindicar una igualdad de derechos real entre hombres y mujeres. Comenzando por el derecho más básico, sin el cual ningún otro tiene sentido: el derecho a existir.