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sábado, 15 de noviembre de 2025

Cine y Pediatría (827) “Alice T.”, los 4 meses, 3 semanas y 2 días en la era de las redes sociales

 

Hace años nos impactó en Cine y Pediatría una película dura y fría que nos obligaba a mirar al problema del aborto ilegal: 4 meses, 3 semanas, 2 días (Cristian Mungiu, 2007). Una película que transcurre en una sórdida habitación de hotel con tres protagonistas: dos amigas universitarias, Otilia y Gabita, ésta embarazada, y un tal señor Bebe quien le practicara un aborto clandestino. Con ello pudimos dirigir la mirada hacia una cinematografía casi desconocida, la rumana, pero que estaba despuntado bajo el movimiento conocido como la Nueva Ola Rumana. Y de este movimiento ya hablamos de nuevo a través de la película Pororoca (Constantin Popescu, 2017).   

La Nueva Ola Rumana surgió a partir de 2004, tras la caída del régimen comunista de Nicolae Ceaușescu, y ha sido reconocido internacionalmente por su característico realismo austero y minimalista, además de su compromiso con la exploración de la realidad social rumana. Su inspiración parte del neorrealismo italiano y la nueva ola francesa, como respuestas artísticas a regímenes autoritarios y contextos históricos oscuros; en el caso rumano, es la reacción a las décadas de comunismo y los cambios posteriores en la sociedad al pasar a un sistema democrático y de libre mercado. Este cine se distingue por mostrar historias cotidianas, pequeñas y profundamente humanas, ambientadas en la sociedad contemporánea o muy reciente, y por su estética naturalista. Y nuestra película de hoy Alice T. (Randu Muntean, 2018) se inscribe precisamente en este contexto. 

Radu Muntean es uno de los cineastas centrales de la Nueva Ola Rumana. Su no muy extensa filmografía evidencia un constante interés en las tensiones y dilemas éticos que atraviesan a ciudadanos ordinarios, principalmente en la esfera doméstica y social, e incluye títulos importantes como La furia (2002), El papel será azul (2006), Boogie (2008), Martes, después de Navidad (2010), Un piso más abajo (2015) y Entre valles (2021). Alice T. es su sexta película como director y se centra en la compleja y tensa relación entre una adolescente adoptada y su madre adoptiva en el Bucarest actual, con el aborto de la menor bajo la perspectiva de esta nueva generación. 

Conocemos a nuestra adolescente de 16 años, Alice Tarpan (interpretada por Andra Guți, ganadora del premio a Mejor Actriz en Locarno por este papel) con su característico pelo rizado teñido de rojo. La tensión no se hace esperar cuando la madre, Bogdana (Mihaela Sîrbu), le quitan el móvil a la menor. Al leer esta algunos mensajes surge la pregunta: “¿Estás embarazada?”. Ante la resistencia a realizarse una prueba rápida de embarazo que le han comprado, esta confiesa y declara sus intenciones: “Quiero tener el bebé. Con 16 puedo elegir tener el bebé. Puedes quejarte todo lo que quieras, pero ¡voy a tenerlo!”. Pero la madre le rebate: “No puedes cuidarte a ti mismo, ¿cómo vas a cuidar a un bebé?”. Como vemos, en menos de un cuarto de hora se nos pone toda la carne en el asador… 

Para Bogdana, separada de su marido y ahora con otra pareja, quien ha intentado sin éxito tener hijos biológicos, la noticia es un shock cargado de dolorosos ecos personales, a la vez que se enfrenta a la incapacidad de su hija para abordar esa maternidad. La película se convierte en un drama de intensa observación sobre los intentos de Bogdana por guiar, controlar o, simplemente, entender a su hija, y las constantes mentiras, manipulaciones y evasivas de Alice para manejar su vida y evitar la confrontación. Así, cuando la madre acompaña a Alice a la ginecóloga y se ve al bebé en la ecografía y se oyen sus latidos, ya apreciamos una reacción particular de nuestra protagonista sobre la camilla. Y eso se nos desvela en las escenas posteriores: fuma y bebé con las amigas, y se intuye que ha comprado unas pastillas abortivas por internet, donde ha sacado toda la información. Pronto confirmamos que nada es lo que parece, y se nos demuestra esta rebeldía también en clase, lo que roza su expulsión. 

Los efectos de la píldora abortiva (esos fármacos conocidos como mifepristone y misoprostol) no se hacen esperar. Y las escenas de las metrorragias y espasmos de Alice, primero entre risas con una amiga y luego con es tranquila indiferencia con la pareja que le ha dejado embarazada, dejan una profunda impresión en el espectador (al menos, el que esto suscribe). Cuando regresa a casa tras ese día en que ha expulsado a su hijo del vientre, vuelve a mentir a la madre: “Estaba demasiado avergonzada para coger el teléfono”. Y mientras tanto sigue interpretando su “feliz” embarazo entre los familiares, también con su padre a quien va a visitar a la playa; allí conoce a la actual pareja del padre, más joven y con la que presume de haber abortado con unas pastillas, lo que causa una extraña impresión pues ella no puede gestar. 

Cuando llega la segunda visita a la ginecóloga, acude con toda normalidad. Tras la ecografía, la ginecóloga llama a la madre para hablar fuera. Ambas salen de plano y la cámara fija nos deja de nuevo con Alice en la camilla… llorando. Y tras lo visto, me pregunto si serán lágrimas de verdad. Quizás sí.. porque quizás todo aborto no pasa desapercibido para nadie en el recuerdo y en la conciencia. Fin. Fundido en negro. 

Y vuelve al recuerdo aquella primera película que conocí de la Nueva Ola Rumana: 4 meses, 3 semanas, 2 días. Ahora bajo la perspectiva de esta generación Z pegada a internet y las redes sociales. Y Alice T. se convierte en una radiografía brutalmente honesta de la maternidad, la adolescencia, la verdad y la mentira en el seno familiar, ejecutada con la maestría observacional y el realismo sin adornos. El personaje de Alice es el corazón del análisis, con varios puntos de atención: 1) la adolescencia como conflicto y fragilidad, donde nuestro personaje es una manipuladora experta, allí donde su condición de hija adoptada quizás añada una capa de complejidad al conflicto de identidad adolescente; 2) la complejidad de la relación materno-filial, con ese control de Bogdana derivado de su propia incapacidad de ser madre biológica y la frustración ante el comportamiento autodestructivo de Alice, donde la falta de comunicación siempre es una lacra; 3) y el realismo abrasivo, de nuevo, de la Nueva Ola Rumana, especialmente en la forma de ponernos cara a cara con el aborto provocado, donde no se toma partido, se evitan respuestas fáciles o juicios morales y se deja al espectador con la tarea de reflexionar sobre la complejidad humana y del entorno social que hemos abonado. 

Una ola desde el este de Europa que nos arrastra por la adolescencia, el embarazo precoz y la incomunicación familiar, reflejo de la fragilidad y contradicciones de una juventud inmersa en un mundo fragmentado y a menudo desconectado (por mucho internet y redes sociales que usen).

 

sábado, 14 de diciembre de 2024

Cine y Pediatría (779) “Mamífera” y el deseo de no querer ser madre

 

Se define mamífero como todo animal del grupo de los vertebrados de temperatura constante cuyo embrión, provisto de amnios y alantoides, se desarrolla casi siempre dentro del seno materno, y cuyas crías son alimentadas por las hembras con la leche de sus mamas. Son bastantes las películas sobre la maternidad, pero escasas aquellas donde se plantea el no querer esa maternidad. Y por ello hoy destacamos la película Mamífera (Liliana Torres, 2024) que aborda de manera profunda y conmovedora la maternidad desde la perspectiva de quien no desea tener hijos. 

La historia se centra en Lola (María Rodríguez Soto, protagonista en Los días que vendrán - Carlos Marques-Marcet, 2019 -, otra película alrededor de la maternidad), una artista y profesora universitaria treintañera que vive una relación feliz y estable con Bruno (Enric Auer, protagonista en El maestro que prometió el mar - Patricia Font, 2023 -), su pareja, y ha decidido no ser madre. Todo cambia cuando descubre un embarazo inesperado que revoluciona todo sus planes.  

Cuando Lola le comunica a Bruno “Estoy embarazada”, se lo dice de tal forma y con tal semblante que éste le contesta asustado: “Yo pensaba que tenías cáncer o algo así”. A continuación van a la consulta de planificación familiar donde le explican: “Hay dos formas de hacer la interrupción del embarazo: farmacológica y quirúrgica. Ahora os lo explico”. Pero Lola ya lo conocía, pues ya había abortado voluntariamente a los 25 años. Y a la pregunta de “¿Cuál es la razón por la que queréis interrumpir el embarazo?, ¿motivos económicos, de salud,…?”, la contestación es que no les pasa nada, solo que no quiere tener hijos. Y les dan tres días para tomar la decisión. Y, aunque Lola siempre ha tenido claro que lo de ser madre no va con ella, ahora se siente cuestionada por las expectativas sociales y se enfrenta a sus temores internos. Durante los tres días que tienen que esperar hasta que llegue su cita en la clínica, Lola se acerca a sus amigas y su familia con la intención de reafirmar su decisión. Bruno tampoco se había imaginado nunca como padre. Hasta ahora. 

Y ahí comienza su hégira para intentar salir de dudas…Visita a su madre viuda, a su amiga que está con tratamientos de reproducción asistida para ser madre (y está ilusionada con ello y quiere que sea hija suya), a su hermana que vive agobiada con sus dos hijos (y Lola cuida a sus sobrinos), y a otra amiga con una hija a la que le pregunta si estaba preparada para ser madre. Compra decenas de revistas de “Mi bebe y yo”, ella que se dedica a recortar en el suelo revistas para sus composiciones artísticas… y con esos recortes están hechos sus sueños y sus pesadillas (en un formato visual bastante original, algo similar en la película Áma Gloria - Marie Amachoukeli-Barsacq, 2023 -, con esos dibujos animados incrustados entre la historia). Y lee en chats de internet sobre madres que no pueden alcanzar la maternidad. Y va como alma en pena andando por el barrio y por la vida porque está embarazada y va a poder ser madre. Porque tampoco nunca le había preguntado a su pareja si quiere ser padre, y así se lo dice… y ella solo contesta: “Tengo miedo”. Y el argumento es cómo cambiaría su vida, el mí, me, conmigo, mientras continúan sus sueños/pesadillas echas de collages…Y esa pregunta a su madre: “¿Tú crees que puede ser una familia sin hijos?”.  

Y ese desvelo de Lola por su perro ciego, que precisa continua atención, lo que contrasta con ese no me va bien asumir la maternidad. Quizás solo es un reflejo claro de esta sociedad actual en la que ya hay más mascotas que hijos, pues Lola pertenece a una generación muy concienciada por el calentamiento global y el ecologismo, pero a la que se le cae el mundo cuando miran un cuarto infantil y tiene pesadillas con eso, mientras lee libros como “El camino de la infertilidad: Luces, sombras y nuevos sueños” o “¿Por qué mi cuerpo no quiere embarazarse?” 

Y todo este recorrido existencial de tres días le vale a Lola para acabar en la sala de espera del hospital público donde acude a abortar, en una sala de espera con otras mujeres con lágrimas en los ojos. Pues está claro que es un momento complicado… 

Porque Mamífera aborda de manera reflexiva el tema de la maternidad y la libre elección de no ser madre. Con una dirección sensible, actuaciones destacadas y un enfoque técnico cuidadoso, la película ofrece una mirada a los desafíos de tomar decisiones sobre la vida y la identidad personal. Sea como sea es una película que me ha causado un profundo dolor… Porque aunque la directora lo cuente con delicadeza, el mensaje es tremendamente duro, con un final en el que Lola llega a casa después de abortar a su hijo, besa a su perro y llora desconsoladamente… Ahora que cada uno reflexione. 

Cabe decir que Mamífera parte de la propia experiencia de su directora, Liliana Torres, quien "nunca ha deseado ser madre". Y también afirma que "muchas veces la paternidad a los hombres les llega a través de la maternidad". Este es el caso de Bruno que se deja llevar por los deseos consciente de Lola de no querer ser madre, pero que, como padre, también tiene derecho a preguntar, a sabiendas de que la decisión final es de ella, una mujer treintañera sana, con pareja y oficio estable y con amigas que son todas madres o lo quieren ser. En la documentación para la realización del guion, hay cuestiones en las que le ayudó el contacto con una asociación llamada “Las mujeres sin hijos”. 

El título de Mamífera se nos explica que proviene de que todas las mujeres son completas tanto si son madres como si no, y son mamíferas tanto si emplean esa característica con hijos o no, siendo el lugar común de las hembras. Está claro que es así y es muy respetable. Pero cuando en el camino para ese fin de no querer ser madres aparecen dos abortos, como en nuestra protagonista, el respeto se le pierde al ser humano que está en camino. Este viaje personal, combinado con las leyes que imponen un período de espera antes de una interrupción del embarazo, profundiza en los conflictos internos y externos que rodean el tema de la autonomía reproductiva.

  

lunes, 13 de noviembre de 2023

Grupos de Apoyo al Duelo Perinatal

 

El 15 de octubre se celebra el Día internacional de las Pérdidas Gestacionales y Neonatales. Un día simbólico para el recuerdo a los niños que murieron antes de nacer o quienes perdieron la vida prematuramente. También rinde homenaje a las familias que han sufrido esta pérdida, en lo que es un dolor silencioso. 

Porque la pérdida de un hijo es una muerte antinatural para la que nadie está preparado y produce un gran impacto emocional y mental. Las madres y parejas que lo han sufrido tienen un alto riesgo de duelo complicado y es una de las principales causas de sufrir estrés postraumático. Un tema sobre el que ya hemos hablado hace una década, cuando nos sumábamos a romper el silencio frente a este duelo, que existe, debe ser conocido y debemos formarnos para apoyarlo. Porque en España se estiman más de 3.000 muertes perinatales-neonatales y más de 83.00 abortos espontáneos anuales.  

Y por ello los Grupos de Apoyo al Duelo Perinatal son importantes, equipos formado por un equipo multiprofesional (matronas, enfermeras, ginecólogos, neonatólogos, psicólogos, etc.) que trabaja para ofrecer una buena atención, acompañamiento y seguimiento de estas pérdidas y para visibilizar su importancia. Porque el duelo perinatal sigue siendo un tema tabú, de hecho, es un proceso que tiende a ser invisibilizado, lo cual no se ajusta a la realidad social. 

Y en ese sentido, la semana pasada se organizó en el Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante una reunión intensiva con cuatro mesas redondas: Interrupción de embarazo, Proyecto brazos vacíos, Vivencias de duelo perinatal, Despedida del bebé ¿y después qué? 

Porque todo esfuerzo es poco para la humanización de la atención en la muerte perinatal (aquella que ocurre entre las 22 semanas de gestación y los 7 primeros días del bebé) y neonatal (muerte del bebé dentro del periodo que va desde el nacimiento hasta los 28 días después de este). Y sobre ello hace poco nuestras EIR (enfermeras internas residentes) realizaron una sesión formativa, pues vale la pena aprender el valor de formarse en este tema desde el principio. 

Y en este sentido cabe recordar que ya hay información relevante, como este Manual de acompañamiento en el duelo perinatal para profesionales, realizado por profesionales de varios hospitales de Barcelona.
 

miércoles, 18 de enero de 2023

Humanización de la atención en la muerte perinatal y neonatal


Hace justo 10 años publicábamos un post en este blog titulado “Rompamos el silencio: apoyando el duelo por la muerte gestacional y perinatal”. Y ello porque la muerte de un hijo durante el embarazo, durante el parto, al poco tiempo de nacer o por interrumpir un embarazo por incompatibilidades con la vida es una de las experiencias más duras y menos esperadas que tienen que vivir unos padres. Todos los planes que tenías para el futuro con tu bebé desaparecen en un instante y lo que queda es un vacío que parece que jamás se llenará. Nadie puede vivir por ti este momento tan doloroso que te ha tocado, pero algunos grupos españoles (como "Umamanita" o "Petits amb llum") apoyan estos momentos.    

Las estadísticas señalan que según datos aportados por diversos organismos, en España se estiman más de 3.000 muertes perinatales-neonatales y más de 83.00 abortos espontáneos anuales. Por ello hoy quiero compartir esta sesión realizada por las residentes de enfermería (EIR) de nuestro Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante y que tiene dos objetivos: 1) describir las intervenciones más apropiadas para humanizar la asistencia de los profesionales sanitarios a las familias que sufran la pérdida de un hijo en el periodo neonatal; y 2) proporcionar a los profesionales sanitarios los conocimientos básicos sobre la muerte perinatal y neonatal, concienciar sobre la importancia del papel de los profesionales en la elaboración del duelo y dar seguridad a los profesionales proporcionándoles un instrumento de apoyo en situaciones de este tipo. 

Una sesión que os invito a revisar (la compartimos debajo), pues abordar aspectos muy prácticos como la habitación de despedida, cómo manejar la comunicación verbal y no verbal en estas situaciones, las frases a usar y las frases que evitar, qué hacer y qué no hacer, los cuidados del bebé y la caja de recuerdos, la posibilidad de donación de leche materna, los grupos de apoyo a los padres y también el cuidado emocional del profesional. 

Enumeramos las conclusiones de esta interesante sesión clínica: 
- En los últimos años se está adquiriendo una mayor sensibilización, han aumentado los estudios y las medidas y planes con el objetivo de mejorar la humanización en la atención del duelo perinatal y neonatal. 
- Los profesionales sanitarios jugamos un papel fundamental durante este proceso proporcionando disponibilidad, apoyo emocional y respondiendo a las necesidades físicas, emocionales, psicosociales y espirituales del recién nacido y su familia mediante la creación de un entorno confortable y la humanización de los cuidados. 
- Es necesario la formación de los profesionales sanitarios en el acompañamiento a familiares durante la muerte perinatal o neonatal y apoyo al personal sanitario tras este tipo de situaciones.

sábado, 30 de abril de 2022

Cine y Pediatría (642) “El acontecimiento” de “9 meses” inesperados

 

Los embarazos en adolescentes se describen como embarazos precoces en mujeres que no han alcanzado la mayoría de edad jurídica y están en situación de dependencia de la familia de origen. El embarazo suele implicar un riesgo en la trayectoria vital de las jóvenes adolescentes, un serio y prevalente problema médico-social. Por todo ello, el embarazo de la adolescente se convierte en una consulta “sagrada” en sanidad que precisa de una relación médico-paciente empática, asertiva y profesional. 

No es de extrañar que sea un tema tratado de forma recurrente en el cine y, en concreto, ya presente en Cine y Pediatría. Sirvan algunos ejemplos en orden cronológico: Un sabor a miel (Tony Richardson, 1961),  Adiós cigüeña, adiós (Manuel Summers, 1971),  Palíndromos (Tod Solonz, 2004),  Quinceañera (Richard Glatzer y Wash Westmoreland, 2006),  Juno (Jason Reitman, 2007),  Precious (Lee Daniels, 2009),  El mejor (Shana Feste, 2009),  Blog (Elena Trapé, 2012) o  Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Eliza Hittman, 2020), entre otras. Y a estas películas llenas de sentido y sensibilidad, de emociones y reflexiones, hoy se suman dos películas en idioma francés, que no es la primera vez que comentamos que casi viene a ser un sello de calidad: El acontecimiento (Audrey Diwan, 2021), desde Francia y que nos habla de cómo se planteaba un embarazo no deseado en una adolescente en la década de los sesenta, y 9 meses (Guillaume Senez, 2015), desde Bélgica, que nos enfrenta a una situación similar en la actualidad. 

Desde Francia, El acontecimiento (2021) es un drama francés fundamentado en la novela autobiográfica de Annie Ernaux, “L´événement”. La historia nos transporta a la primavera de 1963, donde una joven llamada Anne (brillante Anamaria Vartolomei), estudiante en la Universidad de Letras en Angulema, descubre que se ha quedado embarazada, con lo que sus oportunidades para terminar sus estudios - y llevar la vida que quiere - han quedado de repente muy reducidas, por lo que desea poner una solución que busca desesperadamente. Y la película se disecciona en los diversos hechos que acaecen a medida que pasan las semanas de gestación, que son éstas: 3 semanas, 4 semanas, 5 semanas, 7 semanas, 9 semanas, 10 semanas y 12 semanas. Una cuenta atrás para que pueda llegar el acontecimiento, que no es otro que conseguir el aborto de su hijo. 

Anne vive en una residencia universitaria, donde todo se comparte entre reflexiones filosóficas alrededor de Camus y Sartre, muy apropiado para aquella época. Tras conocer su precoz embarazo, Anne solicita al primer doctor que haga algo con su situación, pero la ley era implacable entonces (con cárcel incluida por practicar un aborto), y repite su solicitud con otro ginecólogo: “No me voy a ir. ¡Ayúdeme! Quiero continuar con mi estudio…Tengo un problema y no pienso quedármelo”. Avanza la gestación, llegan los vómitos y ya no puede ocultar a sus amigas la situación, quienes también están atemorizadas por su plan: “No es asunto nuestro, ¿quieres acabar en prisión con ella?”. 

Ella sigue intentándolo de cualquier forma y hasta se introduce una aguja de tejer por la vagina para provocarse el aborto. Y un ginecólogo más le expresa su parecer: “El feto ha aguantado…Debe aceptarlo. No hay alternativa”. Acude al padre de su hijo para pedirle que le ayude a conseguir su objetivo, pero no lo consigue: “Tu siempre igual de insolente. Crees que así vas a solucionar tus problemas”. Con todo ello llega el desapego a las clases de la universidad, mientras oculta la realidad a sus padres. Y el tiempo se le agota. 

Finalmente una compañera le proporciona la dirección de una señora que provoca abortos clandestinos en su casa, y consigue amasar el dinero para ello vendiendo sus libros y otras posesiones. Pero le explican que es una lotería y si se complica y ha de llegar al hospital “hay quien pone aborto espontáneo, pero otros ponen aborto provocado; y si sobrevives, tienes suerte y acabas en prisión”. Llega en el límite de tiempo y todo acontece en la mesa de la cocina de una vieja casa con deficientes medidas de asepsia: “Se lo advierto, ni un grito. Si no, paro. Las pareces son muy finas”. Tras introducirle la sonda, debe esperar 24 horas al resultado, pero no llega y vuelve a repetir el proceso: “No podemos hacer nada. Poner una segunda sonda puede traer complicaciones. Si quiere volver a hacerlo, será bajo su responsabilidad”. Y llegan las complicaciones, y entre estertores (sin dejar nada a la imaginación) expulsa el feto en la taza del wáter, y logran detener su hemorragia en el hospital. Y la lotería fue que indicaron los sanitarios como aborto espontáneo. Y en la escena final, consigue retomar los estudios. Y en uno de los exámenes finales le cae un texto de Victor Hugo. Fin.. y ahora a reflexionar sobre el acontecimiento. 

Desde Bélgica, 9 meses (2015) es el sorprendente debut en la dirección del belga Guillaume Senez, un film sobre la paternidad en la adolescencia o, más bien, sobre la imposibilidad de ser madre o padre. Una película, como la anterior, conmovedora y violentamente atractiva en esa relación de noviazgo de dos quinceañeros, Maxime, Max (Kacey Mottet-Klein) y Mélanie, Mel (Galatéa Bellugi). Juntos exploran, con amor y torpeza, su sexualidad hasta que Mélanie nos descubre: “Estoy embarazada…creo”; Maxime inicialmente no acepta bien la nueva noticia y duda (“¿Estás seguro que es mío? Quizás has estado con alguien más”), pero poco a poco empieza a concienciarse de la idea de convertirse en padre y convence a su pareja para tenerlo, pese a que todas las voces a su alrededor le dicen lo contrario. 

Y ello en unos adolescentes que juegan a decir “te odio” para expresar “te amo”, ambos procedentes de familias con estructura complicada: Max vive con padres separados, Mel con una madre soltera. Y en realidad aún son niños que juegan en pandilla a la Xbos y comen pizza mientras debaten su pueril futuro alrededor del fútbol y hablan de Eden Hazad, como su ejemplo (conocido el mal rendimiento de este futbolista en el Real Madrid, nos hace pensar que la película es de hace unos años). 

Acuden a un ginecólogo y a un orientador sexual, cuyas palabras no pueden dejar indiferentes cuando habla a la pareja: “Es complicado tener un hijo a los quince. Te da mucho trabajo. Sin la ayuda de vuestros padres, es aún más difícil. Vais a tener problemas. Podéis hacer esa elección, podéis quedaros con el bebé. Es posible. Pero requiere muchas responsabilidades que están más allá de vuestra edad”. Y cuando, pese a todo, Max decide continuar con el embarazo, resuenan aún más las palabras del adulto dirigiéndose a Mel: “Tienes que recordar esto. Al final eres tú quien decide…Si no estáis de acuerdo, tenéis que pensarlo bien, pero es una decisión muy importante que requiere muchas responsabilidades”. Y pese a estos (demasiados) dirigidos consejos, los jóvenes deciden seguir adelante con el embarazo. Pero la noche de felicidad y complicidad de la pareja en la feria se rompe cuando ella le expresa: “Max, tenemos que pararlo, lo del bebé”. Ante esto, Max intenta descargar sus dudas y su tensión en los entrenamientos de fútbol, más cuando es seleccionado por un cazatalentos.

Cuando informan a los padres, estos establecen un debate entre ambas familias de cómo abordar un aborto a los tres meses y medio de gestación. Y hasta plantean, delante de sus hijos, y de una forma tan cumplida como comercial, repartir los gastos de viajar a Holanda a realizar la intervención. Realmente es una decisión tomada por la madre de Mel, pues ella pasó por lo mismo y no quiere que se reproduzca tener un bebé a esa edad: “Lo he pasado yo misma. Créeme. ¿Qué sabes de la vida?... Vas a tener que dejar la escuela para cuidar de tu hijo”. Pero la joven pareja quiere seguir adelante con el embarazo y cuando la madre de Mel le dice que no comenta ese error estúpido, ella le responde con algo muy contundente: “¿Soy un error estúpido?”. Y los jóvenes se apoyan pensando en un futuro mejor cuando Max consiga ser un jugador de fútbol profesional. Y suena la canción “Misses” del grupo belga de indie pop Girls in Hawaii, y se renueva la ilusión de los nuevos padres en la ecografía del último trimestre cuando les confirman que será un chico. 

La experiencia similar que tuvo la madre de Mel fue tan negativa que no ayuda a su hija al tomar la decisión de seguir adelante con su maternidad; y, además, la echa de casa y tiene que instalarse en un hogar para adolescentes con su misma situación. Mientras tanto, Max fracasa en su estancia para ascender en el fútbol, pues decide abandonar ante la preocupación por Mel. Al final de la gestación, Mel es acogida con aprecio en la casa de Max, mientras su madre se mantiene en la distancia. 

Cuando se aproxima el parto, Mel está nerviosa, duda, llora y tiene miedo. Finalmente las dudas le hacen volver con su madre y tomar una decisión imprevista al final cuando da al hijo en adopción. Max intenta recuperarlo, pero su deseo no es suficiente para la institución gubernativa que tienen ahora que decidir dónde deberá crecer feliz y con seguridad el bebé. Finalmente lo puede ver, tomarlo torpemente en sus brazos durante algún minuto, sacar una foto de recuerdo, poder preguntarle si le va a ir bien y decirle adiós. 

Y con este final se nos queda el alma bastante vacía después de 9 meses, porque, aunque el sistema social haya funcionado, no lo ha hecho lo más importante: el amor a la vida, a todas las vidas. Por ello 9 meses es una película conmovedora y violentamente atractiva que no solo habla de la adolescencia, también sobre la paternidad precoz o, más bien, sobre la imposibilidad de ser padre. 

Y en ambas películas cabe destacar el papel de sus jóvenes protagonistas: la debutante actriz franco-rumana Anamaría Vartolomei en El acontecimiento, y la francesa Galatéa Bellugi y el suizo Kacey Mottet-Klein en 9 meses. Y cabe destacar a Kacey Mottet-Klein, pues fue el niño actor fetiche de la rompedora directora franco-suiza Ursula Meier en Sister (2012) y en Home: hogar dulce hogar (2015), de forma que la propia directora le llegó a dedicar un corto documental titulado Kacey Mottet Klein, nacimiento de un actor (2015); ambas películas ya en Cine y Pediatría, como también la película Cuando tienes 17 años (André Téchiné,  2016). 

Dos películas que nos recuerdan algo tristemente frecuente: que los 9 meses que nos llevan a uno de los más hermosos acontecimientos de la vida, no siempre son (ni han sido) un tiempo feliz. 



sábado, 26 de marzo de 2022

Cine y Pediatría (637) ”Ghadi”, el ángel de muchas vidas

 

Una nueva filmografía llega a Cine y Pediatría: en esta ocasión desde Líbano. Y lo hace con una maravillosa película, muy apropiada para estas fechas. Pues esta misma semana acabamos de celebrar el Día Mundial del Síndrome de Down, una celebración instaurada en esta fecha por la característica genética del síndrome, su trisomía 21, en un juego con el 21 (por el día del mes y número del cromosoma implicado) y el 3 (número del mes y alusión a trisomía). Esta película libanesa lleva por título Ghadi (Amin Dora, 2013) y se suma a otros films de otras geografías sobre estas personas tan particulares que nos recuerdan que el mundo no va de cromosomas: la belga El octavo día (Jaco Van Dormael, 1996), las españolas León y Olvido (Xavier Bermúdez, 2004), Yo también (Álvaro Pastor y Antonio Naharro, 2009) y La historia de Jan (Bernardo Moll Otto, 2016), las estadounidenses Duo: La verdadera historia de un niño dotado con síndrome de Down (Alexandre Ginnsz, 1996) y El guardián de la memoria (Mick Jackson, 2008), la argentina Anita (Marcos Carnevale, 2009), la canadiense Café de Flore (Jean-Marc Vallée, 2011), la italiana Mi hermano persigue dinosaurios (Stefano Cipani, 2019), entre otras. 

Un tema universal que vuelve a homenajear a estas personas tan especiales, y lo hace con esta película especial, Ghadi, que nos traslada a las vidas de las personas que habitan en Mshakkal, un barrio cristiano humilde de Matroun, una población costera libanesa. Y con Leba y su voz en off como protagonista alrededor de esta fábula. Una historia que comienza con la propia infancia de Leba, un niño acosado por su tartamudez - a quien apodan como Tartaja -, quien prefiere observar y tomar notas escritas antes que hablar, mientras observa desde la ventana de su casa las historias de sus vecinos de barrio: el carnicero, el barbero, la prostituta, el policía, el tonto del pueblo, los culebrones de algunos matrimonios, el sacerdote, o San Elías, el patrón del pueblo. Y nos refiere: “Las historia cambian, pero el barrio no. Mi padre dice que ha sido así desde que mi abuelo era joven. Mismas historias, mismos problemas, mismos eventos, hasta los mismos nombres. Si gritas, Elías, medio barrio se da la vuelta. La otra mitad tiene variaciones del nombre. Todos se llaman igual que el patrón del pueblo”

Y su vida cambia cuando llega al pueblo el Sr. Fawzi, profesor de música, “y así, Mozart empezó a visitarnos cada noche”. Y la decisión de Leba (Georges Khabbaz): “Yo quería ser como él”. Y con el amor a la música, aumento su seguridad y disminuyó su tartamudeo. Pero el Sr. Fawzi se fue pronto a Beirut y pasó el tiempo: “Pasaron los días y yo crecí, pero no el barrio, Ni siquiera la gente crecía, como si insistieran en quedarse igual, incluso físicamente”. Y ahora él es el profesor de música, con la misma batuta que le regaló su añorado profesor, y fue su profesión el medio con el que enamoró a la novia de su infancia, Lara (Lara Matar): “Yo la conquistaba tocando el piano, y ella a mí, escuchando”. Y este matrimonio ya tienen dos hijas y está esperando un tercero, el niño. 

Y nos hace partícipes de la preocupación durante ese embarazo: “El médico nos dice que está creciendo muy despacio, que hay alguna anomalía. Puede que nazca con algún defecto, con alguna discapacidad… No sé si es mejor que nazca o que no nazca”. Y el Sr. Fawzi le aconseja: “Todo embarazo es una bendición. ¿Quién no está libre de discapacidades? ¿Tú no tienes ninguna? ¿Y tu mujer? ¿Los vecinos? ¡Todos tenemos! Leba, ponle nombre cuanto antes. Así tomará forma y existirá, y con un nombre se convertirá en persona. Y siendo persona, te resultará difícil hacerlo desaparecer, ¿lo entiendes?”. Qué alegato para el derecho de estos niños y niñas con trisomía 21 a nacer. Y el nombre, antes de nacer, fue Ghadi. 

Y así conocemos a Ghadi (Emmanuel Khairallah) y como buen síndrome de Down, fue el epicentro y “el regalo de la casa”. Y el conocido amor a la música de las personas con trisomía 21, todo un don. Pero el vecindario solo tenía pensamientos iniciales negativos: “Pobre Leba, solo un hijo varón y es retrasado… Debería meterlo en un centro en lugar de tenerlo aquí en el barrio”. Y en la ventana se pasa Ghadi buena parte del tiempo con su cántico particular, lo que vuelve irascibles a los vecinos, y entablan una denuncia legal ante las autoridades, incluso para echarles del barrio e internar al niño en un centro especial. Sufren los padres y las hermanas porque oyen decir que está endemoniado, aunque su padre dice que es “un ángel en la tierra”. Y Leba explica a sus hijas que no le quieren porque no le conocen como ellos. 

Y es así como Leba hace creer a todo el barrio que Ghadi es un ángel y que su sonido es porque se queja cada vez que alguien hace algo incorrecto. Y empiezan a generar “milagros” y comienzan las mujeres a rezar debajo de su ventana. Y es así como esta noticia corre como la pólvora por todo el pueblo y luego el país. Y comenzaron las donaciones y las peticiones al ángel, que el padre intentaba cumplir como podía, incluso pidiendo préstamos monetarios. 

Es por ello que Ghadi se convierte en una simpática fábula (con crítica social asociada), incluso cuando cuenta la verdad de que Ghadi no es un ángel, sino una persona normal. Y que todo esto lo hizo el padre y la familia para que le aceptaran en el barrio y no les obligaran a abandonar su hogar. Entonces es cuando los vecinos le dicen aquello de que “la historia es más grande que tú ahora, más que todos nosotros”. Y entonces recuerda la reflexión de su maestro de música: “¿Sabías que Mozart nació con un solo riñón? Dicen que tuvo un ataque al corazón. Vivió solo 34 años y mira lo que nos dejó. Si hubiera existido la ecografía en aquella época, nos habríamos perdido a Mozart. Te pido ahora que dejes que tu hijo recoja su testigo”. Y con la imagen final de esa ventana de contraventanas verdes sobre la fachada blanca recogemos el mensaje de esta simpática y luminosa fábula. 

Es esta película el primer largometraje de su director, Amin Dora, y logra algo complicado como es el equilibrio de estas historias para celebrar la vida y todas las vidas. Y lo hace con un estilo casi berlanguiano al presentarnos a los personajes de este barrio. Y todo ello sin pretender ser una historia moralizante, aunque nos regale el mensaje de que merece la pena apostar por los demás, también - e incluso más - por los que tienen capacidades diferentes. Y resuena el consejo del Sr. Fawzi: “No te interpongas, deja que tu hijo haga su papel”

Claro que es una historia poco creíble. Pero se ve con una sonrisa en la boca y con el sentimiento de que si miramos la realidad con otros ojos, entonces hay sitio para todos. Y Ghadi y tantos niños y niñas con síndrome de Down son los ángeles de muchas vidas y de muchas familias.

 

sábado, 8 de enero de 2022

Cine y Pediatría (626). “Unplanned” y la esperada polémica alrededor del aborto

 

Hay personas cuyo paso por la vida no deja indiferente, para bien o para mal. Y esto es más evidente si se embarcan en un compromiso que de antemano se conoce su dilema y su polémica. Entonces, para algunos sus actos serán tachados de valentía (los que la apoyan) y para otros de osadía (los que la critican). Una de estas personas es la joven estadounidense Abby Johnson, quien escribió en 2010 el libro testimonial “Unplanned: The Dramatic True Story of a Former Planned Parenthood Leader´s Eye-Opening Journey Across the Life Line”, ese particular viaje de ser una directora de la empresa de planificación familiar con mayor número de abortos de Estados Unidos a convertirse una de las más firmes líderes antiabortistas del país, un trayecto desde la posición “pro aborto” a la posición “pro vida”, que no ha dejado indiferente en calificativos y descalificativos hacia la historia y la persona. Como era fácil de intuir, este libro tuvo su parangón cinematográfico recientemente: Unplanned (Chuck Konzelman, Cary Solomon, 2019). 

Lo que nos cuenta se puede resumir así. Abby Johnson es una joven americana de raíces cristianas que, después de someterse a dos abortos en su juventud (el primero por un embarazo adolescente no deseado, el segundo por un hijo tampoco deseado de un matrimonio fracasado), comenzó a trabajar en una clínica de planificación familiar (donde el aborto era el producto estrella y el que mantenía la economía de la empresa) para llegar a ser luego una de las directoras más jóvenes de la poderosa organización Planned Parenthood. Johnson decidió abandonar su trabajo después de asistir a la visión ecográfica de una interrupción del embarazo por succión. A partir de ese momento, esta joven decidió dedicar una gran parte de su vida a mostrar lo que ella experimentó en primera persona y su transformación. 

Y comienza así Unplanned, con la voz en off de Abby Johnson (interpretada por Ashley Bratcher): "Desgraciadamente esta es mi historia”. Y la historia regresa 8 años atrás cuando, como estudiante de psicología, se apunta como voluntaria a Planned Parenthood para ofrecer consejos, anticonceptivos y abortos, y ya en esos momentos tiene sus primeros enfrentamientos con los antiabortistas de “40 Days for Life” que se posicionan casi cada día en la verja de la institución. Esos flashback también nos remite a sus dos abortos, incluido el segundo realizado en su propio domicilio con una pastilla abortiva y que le implicó “12 hs de agonía en casa, 8 semanas de coágulos menstruales y contracciones y un rechazo personal”. 

Y de su trauma hizo su trabajo, ya casada en un segundo matrimonio con Doug, a quien sí quería. Si bien éste no compartía el que ella fuera terapeuta en Planned Parenthood para preparar a las mujeres que allí acudían, y que luego se encargara del aula P.O.C. (Piece of Children, la sala de ensamblaje de restos del bebé para evitar que ningún resto quede dentro de la mujer) y que luego la ascendieran a directora. Y con ello nos enfrentamos a una película cruda, donde no se ahorran imágenes que describen de manera explícita los diferentes métodos para detener el embarazo. Y estamos ante una película a la que se puede acusar de tomar partido (cómo no, si es un testimonio), al construir algunos personajes antagonistas, como el de su jefa anterior, quien con frialdad extrema le pone a Abby en la tesitura de plantearse volver a abortar y así poder seguir adelante con su escalada profesional, lo cual reúsa. Y surge esta reflexión de nuestra protagonista: “Esa tarde, después de interrumpir 38 embarazos en poco más de cuatro horas, celebramos mi embarazo en la clínica”

Y tal es su implicación con el proyecto Planned Parenthood que es elegida trabajadora del año en la firma por su productividad. Es en ese homenaje y encuentro donde conoce el proyecto de la empresa de crear un gran hospital e incrementar la edad de aborto hasta las 24 semanas de gestación, ante lo que se opone y es amonestada con estas palabras: “Los abortos son los que te pagan el sueldo…Somos proveedores de abortos. Es nuestro modelo de negocio”. Mientras tanto, los grupos antiabortistas, ante la visión de los toneles con los restos de cientos de bebés abortados que salen de la clínica, no apagan su voz: “Señor, rezamos porque acabe el drama del aborto”. Y, cuando tiene aquella visión inicial en la película de la imagen ecográfica del bebé de 13 semanas abortado por succión, es cuando decide presentar su dimisión y sus lágrimas – por haber ayudado a decirse a abortar a más de 22.000 chicas – acompañan a sus palabras: “Lo siento mucho. Esas mujeres vinieron a mí buscando ayuda y yo las traicioné. Las traicioné porque les dije que lo mejor era matar a su bebé”

Y es entonces cuando ella decide ponerse al otro lado de la valla, junto con los activistas de “40 Days for Life” y ahora sus palabras son otras a esas mujeres que acuden a la clínica: “Porque se deshacen de tu bebé. Pero nunca lograrán que te deshagas del recuerdo de tu bebé”. Era evidente que la empresa la denuncia por tomar ese camino de directora de Planned Parenthood a firme antiabortista. 

Y la película deriva en esa escena final de las rosas rojas y blancas en la valla de la clínica Planned Parenthood de la ciudad de Bryan (Texas), que cerró en agosto de 2013. Y el colofón donde se especifica que la película fue rodada sin el permiso de Planned Parenthood (estaba claro que sería así) y donde se nos cuenta que ahora ese local se ha convertido en la sede nacional de “40 Days for Life” y comparte las instalaciones con un centro de recursos para el embarazo. También se nos refiere que la Abby Johnson lidera la organización benéfica “And Then There Were Alone” mientras espera su octavo hijo. 

Fuera de la película descubrimos algo más de nuestra protagonista. Y cabe decir que, desde entonces, Abby Johnson ha adoptado una ética de vida consistente, oponiéndose no solo al aborto, sino también a la pena de muerte y la eutanasia. Pero también cabe decir que este posición, tan firme como radicalizada, le ha llevado a ser una voz destacada en el movimiento antivacunación, que afirma erróneamente que en la investigación de las vacunas COVID-19 participaron tejidos fetales abortados. Luces y sombras del camino. 

Sea como sea, esta película no se ruboriza al cuestionar el aborto. Y, hoy, cuestionar el aborto es casi un tema tabú, y no es políticamente correcto. Pero resulta que otra cuestión diferente es la moral, y la moral es muy superior a la política. Porque nadie duda que el aborto es un drama personal y social, y que es preciso ofrecer a las mujeres ayudas reales para evitar ese drama. Este tinte de tema-tabú es el que ha dificultado la producción y el que ha reducido el casting, porque son pocas las actrices que se atreven con un film como este y, de hecho, la película está interpretada por Ashley Bratcher, una actriz americana muy comprometida también en la causa pro-vida y que fue, a su vez, una superviviente del aborto (su madre renunció en el último momento). 

Si no hay prejuicios previos, revisar esta película es una interesante experiencia, porque quizás nada es blanco ni negro, y seguro que los pro-vida y pro-aborto pueden tener puntos de encuentro cuando lo importante es defender la vida y también a la mujer. Una película para los que no comulgamos con ruedas de molino (ni rojos ni azules, ni morados ni naranjas) y vivimos en una sociedad que ha normalizado muchas cosas y que está haciendo muy poco para evitar el drama del aborto. Baste rememorar la película de la semana pasada, Mi hermano persigue dinosaurios (Stefano Cipani, 2019) y entonces recordar que España es el país del mundo donde nacen menos niños y niñas con síndrome de Down. Pensaba que habíamos superado - y estábamos de acuerdo - lo de que el mundo no va de cromosomas…  

Pero claro que esta película ha sido muy denostada. No es para menos, si nuestra David tiene enfrente a un poderoso Goliat como Planned Parenthood, organización estadounidense creada en el año 1916 por Margaret Sanger y que se ha convertido en el mayor proveedor de servicios de salud reproductiva en Estados Unidos (incluido el aborto inducido) y que tiene sucursales en casi 200 países del planeta. Y está claro que la presentación en su página web poco tiene que ver con el libro y la película alrededor de la experiencia de Abby Johnson.  

Porque Abby Johnson descubre que las buenas intenciones - desde las suyas hasta las del padre que lleva a abortar a su hija adolescente en la película - no son suficientes cuando hay en juego otras vidas humanas. Y esto sirve para el aborto y para muchas otras realidades, sean fetos, niños, adultos, ancianos o, incluso, para los animales. Porque la polémica es mucho más beneficiosa que el silencio cómplice. Y por ello Unplanned apunta hacia la esperada polémica alrededor del aborto.

 

sábado, 28 de agosto de 2021

Cine y Pediatría (607). “Nunca, casi nunca, a veces, siempre”, crónica del aborto de una adolescente

 

El aborto ha sido ya un tema que, inevitablemente, ha tenido cabida en Cine y Pediatría. Y ello con dos entradas monográficas en los albores de nuestro proyecto: 4 meses, 3 semanas, 2 días, la cuenta atrás para un problema de todos: el aborto  y Si las paredes hablaran, cuando el aborto se plantea como una solución ante la adolescente embarazada.  Más un buen número de películas donde el aborto es un tema presente, pero quizás no protagonista. Por ello, nuestra película de hoy tiene un valor esencial. 

Hoy hablamos de la película estadounidense con un título tan original como Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Eliza Hittman, 2020), donde se nos narra – de forma tan aparentemente simple como contundente - el proceso emocional (y, por supuesto, también físico) que debe sufrir una chica de 17 años desde que sospecha que está embarazada hasta que decide tomar una decisión en solitario de incalculable impacto. El cometido no era fácil, Y esta película independiente multipremiada (entre ellos el Gran Premio del Jurado en Berlín y el Premio Especial del Jurado en Sundance) a buen seguro que lo consigue. 

Autumn (Sidney Flanigan), una apática y taciturna adolescente, vive en un pequeño pueblo de Pensilvania, en una familia con una madre más comprensiva con ella que el padrastro (papel esporádico para Ryan Eggold, el Dr. Max Goodwin, el director médico de la serie New Amsterdam) y con dos hermanas pequeñas. Trabaja como cajera en un supermercado rural junto con su prima Skylar (Talia Ryder), su única cómplice para sobrellevar un embarazo accidental y las posibilidades que busca para poder realizar un aborto en Nueva York, embarcándose en una aventura con más interrogantes que respuestas. 

Todo empieza con una prueba rápida de embarazo y su pregunta: “Si es positivo, ¿hay manera de que sea negativo?”. Pero la respuesta es clara: “No. Un positivo siempre es positivo”, para una prueba que está claro que ahora no es nada positiva en la vida de nuestra protagonista. Y por ello consulta a los Servicios de Adopción y Maternidad, a la vez que realiza su primera revisión ginecológica, con esas palabras de ánimo de la ecografista al referirse a los latidos cardiacos de su bebé: “Y esto es el sonido más mágico que jamás escucharás”. La inesperada maternidad en su adolescencia le hace buscar alternativas. Alternativas donde el aborto aparece en primer término, pese a que le ofrecen la alternativa de la adopción y ese vídeo que le muestra con crudeza de cómo todo aborto es un acto de violencia frente al feto. Pero Autumn busca en internet las posibilidades del aborto autoinducido, como la ingestión de elevadas cantidades de vitamina C, aplicándose luego violentos golpes en su abdomen hasta provocarse hematomas. 

Y así se desarrolla esta película de cine independiente, un cine sencillo, honesto, reflexivo, que muestra una realidad sin la poesía de su título. Una historia en que nada se cuenta de cómo ocurrió (se intuye en un diálogo clave), solo lo que va a acontecer en un breve espacio de días. Porque Autumn y su prima Skylar reúnen algo de dinero y se embarcan en un autobús rumbo a Nueva York. Con la dirección de una clínica apuntada en un papel y sin un lugar en el que pasar la noche, las dos chicas se adentran en una ciudad que desconocen, merodeando por esa urbe que no duerme. Por la mañana llegan a la clínica, donde un grupo de antiabortistas se manifiestan con diferentes eslóganes y también con la imagen de la Virgen de Guadalupe. Al entrar, lo primero a solucionar es la parte financiera, cómo no, estamos en Estados Unidos. A continuación, llega la consejera, quien le aconseja que, al estar de 18 semanas de gestación, el proceso debe durar dos días. Y en ese momento se desarrolla una de las escenas clave de este film, esa peculiar y detallada anamnesis: “Quiero pasar unos minutos hablando contigo. Te haré algunas preguntas. Pueden ser muy personales. Y todo lo que tienes que responder es nunca, casi nunca, a veces, siempre. Es algo así como unas preguntas de selección múltiple, pero no es un examen”. Realmente una escena muy intensa cada vez que la consejera repite las opciones en cada delicada pregunta sobre sus relaciones personales y sexuales, con esa imagen fija de Autumn que nos refleja sus distintas emociones. Este es el diálogo clave donde intuimos algo de lo que ocurrió para llegar a esta situación y que nunca se mostró ni mostrará. Y continúa la voz conciliadora en segundo plano de la consejera, ahora explicándole todo el procedimiento a seguir para practicar el aborto. 

Y mientras pasan el proceso y esos dos días, Autumn y Skylar, sin dinero para pagarse un hotel – porque todo se ha invertido en el pago al a clínica -, transitan en las salas de los metros y autobuses de Nueva York, en la bolera, en los baños públicos, en el karaoke,… Y tras la larga segunda noche, con el segundo día de la intervención médica finaliza el proceso. Y a la pregunta de su prima de cómo fue todo, su escueta respuesta: “Ha sido una especia de lo que sea… Solo fue incómodo”

Impresiona la austeridad interpretativa de Sidney Flanigan para entender el estado de la mente, el alma y el cuerpo de una adolescente que toma esta decisión sola, aquí con la única compañía de una prima de su misma edad. Y un final tan simple (y contundente) como toda la película: Autumn apoya la cabeza en el cristal del autobús de regreso y cierra los ojos. Y con los créditos finales suena la canción “Staring in a Mountain” de Sharon Van Etten (que no es otra que la actriz que protagoniza a la madre). 

Nunca, casi nunca, a veces, siempre es una película tan inolvidable como su título. Porque nunca o casi nunca el embarazo no deseado de una adolescente y la decisión de abortar ha sido descrito con tal sencilla crudeza; porque a veces (o más bien siempre) se aprecia este cine que describe sin tomar partido, que deja en el aire tantas preguntas y dudas como queramos hacernos sobre esta crónica del aborto de una adolescente.

 

sábado, 3 de julio de 2021

Cine y Pediatría (599). “One Child Nation”, la denuncia necesaria

 

"Quién viole la política de hijo único perderá todas sus posesiones" 
"No te quedes embarazada ni des a luz sin un permiso" 
"Informa sobre cualquiera que tenga más de un hijo. Recompensa: 120 dólares" 
"Quién rechace la esterilización será arrestada inmediatamente" 
"Si una persona rechaza la esterilización, su familia entera sufrirá" 
"Mano dura con los embarazos y nacimientos secretos" 
"Inducción. Aborto. ¡No des a luz!" 
"Es mejor verter un río de sangre que dar a luz a más de un hijo" 

Los anteriores son eslóganes impresos con sinogramas chinos en las paredes y forman parte de la película documental estadounidense recién estrenada en la plataforma Amazon Prime, por título One Child Nation (Zhang Lynn, Nanfu Wang, 2019) y que revela lo que significó la política de un sólo hijo por familia que aplicó el gobierno chino durante el periodo de 1979 a 2015. Un ejemplo más de la falta de transparencia y los abusos de los Derechos Humanos que se producen a diario en China, y ello gracias a las directoras Zhan Lynn y Nanfu Wang (esta última se enfrenta sin ningún tipo de temor a las autoridades de su país una vez más, como ya hizo en el año 2016 con el documental Hooligan Sparrow)

La política de hijo único fue una medida de control de la población establecida en zonas urbanas de China, vigente desde el año 1979, con el objetivo de establecer un radical control de la natalidad que redujera la superpoblación en China, país más poblado del mundo (que con sus 1.400 millones de habitantes en la actualidad alberga la quinta parte de la población mundial). Un Plan Familiar polémico tanto dentro como fuera de China debido a las cuestiones éticas, sociales y legales que planteaba y también debido a la manera en la cual se ha aplicado, así como por sus consecuencias individuales, familiares y sociales negativas. A finales de 2013 se tomó la decisión de permitir tener dos hijos a las parejas en las cuales el padre o la madre no tengan hermanos; y fue a finales de 2015 cuando China abandonó definitivamente esta política, manteniendo sin embargo, un límite de dos hijos por pareja. 

Todo comienza en One Child Nation con tres fechas (1979: China lanza su política de hijo único; 1982: la política de hijo único se escribe en la construcción de China; 2015: finaliza la política de hijo único) y una frase (“El último día de la política china de hijo único, el Partido Comunista anunció que la política de hijo único había hecho al país más fuerte, a la genta más próspera y al mundo más pacífico”). La directora Nanfu Wang decide poner sobre el tapete una cuestión flagrante que ella y su familia padeció (también la codirectora, Zhang Lynn se vio afectada en esta trama): la política del gobierno chino que sólo permitía tener a un hijo por cada familia y todo lo que se escondía tras ella. En su búsqueda por la verdad, Wang regresa con su hijo pequeño de Estados Unidos (donde vivía desde hace más de una década) y descubre, a través de los testimonios de periodistas, activistas y familiares que han sufrido estos abusos en sus carnes, una complicada trama en la que se destapa un enorme negocio de esterilización, numerosos casos de abandono infantil e incluso raptos, así como secuestros aparentemente orquestados por el propio gobierno con tráfico de niños y niñas en adopción internacional. Y donde surgen muchas preguntas: ¿qué pasó con todos los niños y niñas que sobraban?, ¿qué destino se reservó para los recién nacidos y las mujeres embarazadas?, ¿quién supervisó la ilegalidad de los programas de adopción?, etc. 

Nanfu Wang fue una niña que fue una excepción a la norma, pues fue la segunda hija en su familia nacida en 1985 y que vivía en un entorno rural donde la sobrepoblación no era tan acuciante ni tan perseguida. Porque Nanfu tenía un hermano y se sentía avergonzada: porque se podía tener un hermano, pero con 5 años de diferencia, aunque nacer niña tampoco era bien visto. De hecho, Nanfu significa “pilar masculino”, porque sus padres deseaban tener un primogénito que fuera su principal soporte, y cuando nació niña ni se molestaron en cambiarle el nombre. 

Y es así como en las entrevistas del documental vamos apreciando retazos de aquella oculta y cruda realidad. Una realidad donde la política de hijo único se promocionaba mediante la publicidad, programas de televisión, representaciones teatrales, libros y premios…. cualquier medio valía para inculcar la propaganda estatal. Allí donde alcaldes y funcionarios colaboraban en esterilizar a las madres, se les obligaba a abortar, sabiendo que los que no lo cumplían podías ser castigados con la demolición de sus casas y sustracción de sus posesiones. 

Duele oír la declaración de una matrona que efectuó entre 50.000 y 60.000 abortos y quiere expiar sus pecados por esos asesinatos: "Hice muchas cosas malas en el pasado". Porque el gobierno premiaba o castigaba a matronas y funcionarios según su contribución al Plan Familiar, y nos confiesan: "Muchos de los fetos abortados tenían ocho o nueve meses", "Era como luchar en una guerra. La muerte era inevitable". Y realmente aquello fue una guerra contra su propio pueblo con centenares de millones de nacimientos evitados. Y lo que es peor: algunas de las persona entrevistadas creen que fue lo correcto y consideran adecuado la esterilización forzada de las mujeres, secuestrándolas en contra de su voluntad, o los fetos arrojados a basureros en bolsas de plástico (y que un artista gráfico actual expone para promover la vergüenza que se perdió). Porque en aquel momento el adoctrinamiento convirtió a jóvenes matronas y enfermeras en asesinas en serie. 

Y en este complicado contexto surgieron los traficantes de niños abandonados para adopción. Fue aquella época en que China se convirtió en un país demasiado habitual para la adopción, donde a consecuencias de la política de hijo único, muchos niños y niñas fueron vendidos de forma ilegítima con un valor entre 10.000 y 25.000 dólares. Se calcula que desde 1992 al menos 130.000 niños fueron adoptados por familias extranjeras, lo que se convirtió en una estafa a nivel nacional. Allí donde el Gobierno chino se esforzó mucho en eliminar esta historia alrededor del Plan Familiar, combatiendo duramente cualquier investigación periodística sobre lo que algunos han denominado como el Holocausto chino. 

Por ello One Child Nation es una película justa y necesaria, una película que las directoras dedican a nuestra generación y la futura. Porque a través de su trabajo de investigación, las dos directoras descubrieron en sus múltiples encuentros con la gente de la región de Jiangxi las formas brutales con las que se llegó a imponer esta medida gubernamental. Los testimonios que componen One Child Nation mencionan, casi siempre en primera persona, agresivas medidas de esterilización, abortos no deseados y asesinatos y abandonos de recién nacidos. Una forma más de la violación de los derechos humanos en China, algo que ya subrayara la maravillosa “película río” Hasta siempre, hijo mío (Wang Xiaoshuai, 2019), una película para disfrutar como un inolvidable momento cinematográfico sobre la historia de una olvidable época en la que el cine se convierte en crítica a todo gobierno que intente adueñarse de la voluntad de sus ciudadanos.  

Un nuevo ejemplo que revela hasta qué punto la obediencia ciega a un régimen político es capaz de llevar a los seres humanos a cometer todo tipo de locuras. Conocemos bien lo que ocurrió en el régimen nazi y su holocausto frente a los judíos. Menos conocido es lo que ocurrió en el régimen chino y su holocausto frente a la maternidad y la infancia, quizás lo más sagrado de esta vida. Así de duro, pero así de claro.

 

sábado, 12 de septiembre de 2020

Cine y Pediatría (557). “La inocencia” que se perdió en aquel verano…

 


Ya hay tres óperas primas del cine español en Cine y Pediatría que nos sorprendieron tan gratamente que son difíciles de olvidar: Familia, debut del madrileño Fernando León de Aranoa en el año 1996El Bola, debut del madrileño Achero Mañas en el año 2000 y Carmen y Lola, debut de la bilbaína Arantxa Echevarría en el año 2018.  Y hoy llega una más, el debut en la directora castellonense Lucía Alemany con su película del año 2019, La inocencia. Una película que emana tanta sencillez como frescura y honestidad, y que nos muestra en parte lo que fue su propio viaje personal que la llevó a dejar su pueblo para acabar creciendo fuera. 

La inocencia es una película grabada en un pueblo de Castellón (Traiguera, el mismo pueblo en el que nació la directora) y que nos presenta a la adolescente Alicia/Lis (Carmen Arrufat), quien a sus 15 años disfruta de sus días de verano, su fiesta mayor, sus procesiones y tradiciones, su familia y la pandilla de amigos, su primeros escarceos con el amor y las drogas,… Y llega el fin del verano y el inicio del nuevo curso, con una noticia inesperada. Porque la vida y las ilusiones de Lis (sueña con convertirse en artista de circo) estallan en un contexto claramente opresor que siente en sus padres (Sergi López interpreta a un padre machista y violento y Laia Marull a una madre sometida) y en un pueblo demasiado pequeño. Y su vida fluye entre amigas, un novio que aún no lo es, una familia obsesiva y ausente, el qué dirán de los vecinos y donde aquel verano deslumbrante hizo que la calle fuera el lugar idóneo donde el tiempo se desvanece y donde se gestan sus sueños y pesadillas. 

Y su padre le reprocha en el desayuno, tras su noche de verbena veraniega: “Escucha, tú no tienes edad ni para salir, ni para ir con chicos, ni para fumar ni para todo eso. O sea que frena o se te acaba el chollo. Todo el día hacienda el gilipollas. Y de fumar, de fumar nada. Aquí solo fumo yo. Y punto, ¿está claro?, ¿si o no?”. Y su madre se justifica ante el esposo: “Yo no digo, Paco, que ella tenga que seguir la religión. Pero que si va, que yo tampoco la he obligado a ir, si va, que tenga respeto por la procesión”

Y es al finalizar el verano cuando una prueba de embarazo lo cambia todo. Hasta la inocencia, ese don que tiene la infancia y perdemos con la adolescencia. Y es cuando Lis le dice a la madre de Paula, su mejor amiga, a quien conocen como Remedios Naturales por dedicarse a las medicinas complementarias y alternativas: “Necesito que me ayudes a abortar”. Y ella le contesta, con toda una lección de comprension, asertividad y amor: “Alicia, esto es algo que tienes que afrontar…Las cosas no son porque sí, las cosas son para que tú aprendas algo. Esto ha pasado para que tú aprendas algo y tienes que responsabilizarte. No puedes huir…Aunque tú decidas abortar, que estás en todo tu derecho, debes ser consciente de que llevas a un ser que está creciendo dentro de ti y que tú voluntariamente has decidido quitarle la vida. Eso tienes que saberlo. Para poder sanar, tienes que afrontarlo, responsabilizarte de ello. Esto te acompañará toda la vida. Es así, te puede acompañar mal si lo hacemos mal, o te acompañará bien y te ayudará a crecer”

Pero Alicia sigue obcecada en abortar. Y cuando se lo cuenta al padre, Nestor, un chico chapero y de regular pelaje, resulta que le contesta: “Bueno, venga, vamos paso por paso. ¿Estás bien?...¿Estás segura de que quieres abortar? Porque no lo pensamos, hablamos…” Y la abraza con cariño. Porque lo cierto es que mientras oculta por miedo la noticia a sus padres, solo tiene el apoyo real de Remedios, con sus consejos tan naturales como las terapias que aplica: “La culpa y el perdón nos sirven para nada. La culpa y el perdón se las ha inventado la Iglesia… Saber la culpa o la no culpa no tiene sentido”

Y así avanza la historia, tan natural y real como la vida misma… que asusta. Alicia se va acercando a su madre, a la que intenta que sea cómplice para convencer al padre de que pueda viajar a Barcelona para poder visitar la escuela de circo a la que quiere acudir. Una madre vejada continuamente por la violencia sexista del hogar, una buena mujer que intenta retirar las malas vibraciones de su hogar con las terapias de Remedios, y la que su hija pregunta con razón: “¿No sé por qué no te has divorciado de él?”. Una madre a la que también reprocha, “Siempre qué pensaran los del pueblo”. Y cuando finalmente Alicia se atreve a contar lo de su embarazo a su madre, se desencadena la tormenta: “Dime que no es verdad. Mentirosa. Yo educándote y tú que haces… Eres la deshorna de la familia. No te he educado así y no hay perdón que valga. Es que no te conozco. Lárgate de aquí, no quiero verte más”

Y ese final especial con la madre y la hija en la estación esperando el tren que las lleve a Barcelona…, posiblemente a llevar a cabo lo que los padres desean para evitar el qué dirán en el pueblo. Pero dejando un interrogante entre la caricia de la madre y la pregunta de Alicia: “Mamá, que estaba pensando que como que vamos a Barcelona, pues podríamos ir a ver a la escuela de circo, ¿no?, ¿ya que estamos?”. Y la música de las fiestas de verano para los créditos finales. Y con ello todas las interrogantes que se deseen como espectadores…, y sin juzgar si habrá final feliz o no. Porque un aborto puede ser una decisión, pero no un final feliz. 

Porque la inocencia de Alicia se perdió de repente en aquel verano. Y la jovencísima actriz Carmen Arrufat transmite con verdad y emoción una historia tan habitual que la hacemos nuestra, y la acompañamos en la responsabilidad de sus decisiones y el deseo de alzar el vuelo alejada de su propia prisión natal, su familia y su pueblo. Y la historia es más nuestra gracias a un cuidado guión, planos acertados e introspectivos, diálogos de una naturalidad extrema y un trabajo interpretativo donde destacan Sergi López, Laia Marull y, especialmente, Carmen Arrufat (nominada a su joven edad al Oscar a Mejor actriz revelación, aunque al final lo consiguiera Benedicta Sánchez, a los 84 años de edad, por la película Lo que arde de Oliver Laxe). Padre, madre e hija que se debaten alrededor de la inocencia perdida. 

Es La inocencia una historia que hemos visto muchas veces, pero quizás nunca narrada con esta naturalidad, con ese fuerte contraste entre la primera mitad de la película y la segunda, entre lo que Alicia disfrutó en el verano y lo que dudó en el otoño, entre cómo se vive una experiencia así en la ciudad o en un pueblo. Y con un desenlace tan sencillo como abierto, mostrando sin juzgar. Y es La inocencia un ejemplo más de que el cine español se nutre de excelentes realizadoras y actrices. Y que el cine en España tiene cada vez más nombre de mujer. 

Y nos quedamos con el sueño (y la inocencia) de Alicia/Lis, quien quizá hubiera querido ser la Gelsomina de Fellini. Pero una noche de verano todo cambió para ella… La inocencia es una notable ópera prima que nos habla con autenticidad y realismo de una de las etapas más complejas del ser humano. Porque la travesía de la adolescencia se cura con el tiempo, pero algunas heridas tardan en cicatrizar muchos años más.
 
 

sábado, 7 de marzo de 2020

Cine y Pediatría (530). “Bella” película pro vida


“Mi abuela solía decir: si quieres hacer a Dios reír, cuéntale todos tus planes”. Con este pensamiento, una imagen de un niña jugando en una playa y luego un salto temporal a ritmo de cha cha cha callejero donde un joven jugador de fútbol acude con su representante en su despampanante coche a firmar un posible contrato por el Real Madrid. Así comienza la ópera prima del mexicano Alejandro Gómez Monteverde, debut como director y guionista del largometraje Bella, un melodrama urbano y psicológico protagonizado por Tammy Blanchard, actriz y cantante estadounidense, y por Eduardo Verástegui, actor y cantante mexicano, que, tras su estreno en el año 2006, obtuvo diferentes premios internacionales y una buena acogida de los espectadores estadounidenses y mexicanos. Sin faltarle detractores… 

Una película que transcurre en un día en la ciudad de Nueva York. Una canción de Alejandro Sanz nos adentra en un restaurante de esta Gran Manzana donde trabajan nuestros protagonistas: Nina (Tammy Blanchard) como camarera y José (Edurdo Verástegui) como chef del local y hermano del dueño. Inspirada en una historia real, nos cuenta como Nina se queda embarazada sin pretenderlo; y al desequilibrio físico y emocional que eso le supone, se suma el que es despedida de su trabajo por sus repetidas ausencias. En su ayuda sale José, como un Jesucristo salvador (incluso con un parecido físico). Al principio, Nina está segura de que abortará: no se siente preparada para ser madre, ni siquiera está enamorada del hombre que la ha dejado embarazada (y que le anima a deshacerse del niño). Pero José intenta convencerla para que no lo haga y opte por la opción de la adopción (algo que la futura madre siente aún como más cruel). En el transcurso de la película descubrimos que los dos protagonistas son víctimas del lastre de sus traumas del pasado: José aún no ha logrado superar que años atrás atropelló y mató a una niña con su coche y se siente en deuda con el universo, le debe una vida; y Nina sabe bien lo que es vivir sin padres, por lo que no desea que su hijo viva algo similar, porque aún arrastra el dolor del abandono paterno. Un dilema a dos bandas, con el aborto y la adopción en el núcleo argumental. 

Y a partir de ahí, José con su chaqueta blanca de chef y su poblada barba y Nina con su floreado vestido mexicano de camarera pasearán por la ciudad compartiendo diferentes experiencias e intentando ambos buscar significado para sus vidas… y salida a su soledad. Y ya al inicio, tras el encuentro con un invidente callejero podemos leer el escrito tras él en la pared con un significativo mensaje: ”Dios me cerró los ojos. Ahora puedo ver”. Porque la soledad de nuestros protagonistas es diferente. Pues Nina está sola en la ciudad, ahora con un futuro de madre soltera y sin trabajo, por lo que nos expresa sus sentimientos: “No estoy preparada. Con un hijo pierdes la libertad. Es mi decisión, ¿vale?”, "¿Por qué los niños son solo problema de las madres… Ni siquiera sé cuidar de mí, cómo voy a cuidar un niño”. Mientras que José tiene con él a su familia latina, de padre portorriqueño y madre mexicana, una familia que intenta hacerle superar la desgracia que cambió su vida. Pues descubrimos que José era el famoso jugador de fútbol, y finalmente confiesa a Nina que la muerte de aquella niña sigue atormentando su vida y su futuro, pues a él le robaron cuatro años por la condena por homicidio involuntario, pero a aquella madre la robó todo lo que tenía, su hija. Pero Nina si le dice, al conocer a su familia: “Tú eres realmente afortunado. Tienes una buena familia”.

Porque Bella es posible que no sea un gran film - pues en ocasiones más parece una telenovela (con esos dos protagonistas de gran belleza) -, pero su interés cabe encontrarlo en ese encuentro, conocimiento y apoyo emocional de dos personas en crisis que transitan en una gran ciudad. Y en el valor de su mensaje subyacente: el valor de la vida de un niño. En este caso de dos niñas, la que falleció y la que pudiera no nacer. Porque Nina le pide a José que la acompañe a la clínica donde se realizará el aborto, pero finalmente la niña fue adoptada por José, y ella descubre años después que su nombre es Bella, el nombre de esa hija que finalmente vive gracias al amor. 

Por ello, desconfíen de opiniones que puedan escuchar sobre esta película sin haberla visto, porque estarán teñidas de este tipo de convicciones al ser claramente una película antiabortista y a su mensaje pro-vida y pro-familia, sin ocultar el valor de una familia religiosa (que reza antes de comer y que tienen a la Virgen de Guadalupe en su hogar). Una película sobre la que ya hablamos hace tiempo al referir otras películas que han tratado un tema tan sensible como el aborto y bajo varios enfoques. Y Bella realiza este enfoque como un bello poema de amistad y amor a una mujer y un canto a la vida y a la generosidad como forma de encontrar la paz con uno mismo.

Cabe no olvidar que toda película debiera verse en su versión original, pero en aquellas como Bella donde se mezclan los idiomas de los personajes, aún más. Y con ello podemos disfrutar también de su banda sonora, donde no faltan los ritmos rancheros – con el clásico “Currucucú Paloma…”–, de salsa o de cha cha cha. 

Y si la semana pasada hablamos de la película La Bella y la Bestia , hoy hablamos de otra Bella. Y en esta película de hoy cualquier atisbo de bestia es sustituido por su mensaje pro-vida.

 

miércoles, 2 de marzo de 2016

PROPOSITUS 55: Aborto de repetición (o recidivante)


La Organización Mundial de la Salud define aborto espontáneo como la finalización inesperada del embarazo antes de que el feto sea viable; esto es, antes de que pese 500 gramos, lo que corresponde a una gestación de 20-22 semanas. 
La frecuencia de abortos espontáneos en la población general alcanza el 10-15% de los embarazos clínicamente identificados. Por consiguiente, la pérdida del embarazo durante el primer trimestre es la complicación más frecuente de la gestación, aunque no siempre se pueda dar una respuesta sobre sus causas, ni evitar la repetición. 
Esto puede ocasionar un estado de ansiedad y frustración a la pareja, aunque la mayoría de mujeres que tienen un aborto espontáneo tendrán posteriormente un embarazo normal. No obstante, hay mujeres que vuelven a tener abortos, y cuando una misma mujer tiene dos o más abortos consecutivos, o más de dos alternos se consideran “abortos de repetición”

En este nuevo Propósitus del ECEMC se profundiza en el tema, especialmente en dos aspectos: 
- Las causas de los abortos de repetición. 
- Las pautas de estudio en la pareja con abortos de repetición. 

Para profundizar en esta información, acudir al archivo adjunto o bien al enlace en la propia web de la Fundación 1000

Y este post aparece entre dos días muy importantes para el ECEMC y para todos: el día 29 de febrero celebramos el Día Mundial de las Enfermedades Raras y mañana, 3 de marzo, se celebrará el Día Mundial de los Defectos Congénitos. Entre esos dos puntos tan sensibles se mueve el trabajo de décadas del ECEMC y de tantos colaboradores de la ciencia y de la sanidad.
 
(Foto: Cañón del Sumidero. Tutxla Gutiérrez, Chiapas. México)