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sábado, 30 de mayo de 2026

Cine y Pediatría (855) “La chica zurda” que acaba descubriendo las heridas generacionales

 

Conocemos al director estadounidense Sean Baker principalmente por su película Anora, gran triunfadora de los Óscar 2024, así como ganadora de la Palma de Oro en Cannes. Y que también en Cine y Pediatría ya nos ha regalado una joya del cine independiente como fue la rompedora The Florida Project (2017). Pero menos conocida es la taiwanesa Shih-Ching-Tsou, a la que le une un cuarto de siglo de amistad, y que ha sido la productora habitual de gran parte de la filmografía de Baker, además de directora de arte, diseñadora de vestuario e incluso ha realizado cameos en películas como Tangerine (2015), Red Rocket (2021) y la misma The Florida Project. Pues bien, ahora ambos se unen en guion muy particular para su ópera prima en la dirección: La chica zurda (Shih-Ching-Tsou, 2025), en lo que es la primera película de nacionalidad taiwanesa en Cine y Pediatría, y que llegó a representar a su país en los premios Óscar a mejor película internacional.  

Antes de entrar en materia, y para contextualizar la película, una breve reseña a esa historia de desamor y disputa entre Taiwán (oficialmente República de China y antes conocida como la isla de Formosa) y China (oficialmente República Popular de China). Porque China considera a Taiwán como una "provincia renegada" que debe ser reunificada, mientras que Taiwán ha desarrollado una identidad nacional propia y busca mantener su sistema democrático y soberanía, y que se sostiene por ser una potencia global clave, indispensable para la fabricación de semiconductores y tecnología moderna (como ordenadores y coches eléctricos), conocido como “escudo de silicio”. Y así es como desde hace décadas Taiwán es una isla independiente con casi 24 millones de habitantes, cuya capital, Taipei, es una vibrante urbe de rascacielos que destaca por sus famosos mercados nocturnos, donde se puede disfrutar de comida callejera excepcional. Y en esta ciudad y en uno de esos mercados nocturnos transcurre gran parte de nuestra historia de hoy… 

La chica zurda es un complejo retrato familiar que nos desvelará sus secretos. La historia se centra en Shu-Fen (Janel Tsai), una joven madre separada que, tras varios años viviendo en el campo, decide regresar a Taipei con sus dos hijas, la bella y rebelde adolescente I-Ann (Nina Ye), y la encantadora y espabilada niña de 5 años I-Jing (Shi-Yuan Ma), suficientemente sensible para captar lo que los adultos callan. E intenta abrirse camino abriendo un puesto de comida en un bullicioso mercado nocturno. Cada una a su manera, tendrán que adaptarse a este nuevo entorno para llegar a fin de mes y conseguir mantener la unidad en el hogar. Tres generaciones de secretos familiares empiezan a desvelarse después de que el abuelo, marcado por el peso de las tradiciones, le diga a su nieta menor, que es zurda, que nunca use su "mano del diablo". 

Esa mano zurda sobre la que el abuelo dice en una comida familiar: “¿Por qué come con la mano izquierda?... Antaño si te veían usar la izquierda, te colgaban o te daban una paliza. En mi casa usa la derecha”. Y más adelante le espeta esta idea a la propia I-Jing algo que le marcará: “La mano izquierda es la mano del diablo. Si usas la izquierda estás haciendo el mal”. Porque desde ese momento justifica sus actos por su mano izquierda, y también sus hurtos en las tiendas: “Mira, la he cogido con la mano del mal”, se justifica así mismo. 

Y mientras I-Jing se debate con el sanbenito de su mano zurda, la adolescente I-Ann aparece envuelta en ese halo de desconcierto y enfado propio del viaje de una adolescente con una estructura familiar complicada. Rechaza y odia al padre que les abandonó y que ahora está enfermo, y sobre el que la pequeña I-Jing pregunta: “¿Quién era ese hombre?”. Trabaja en una tienda de bebidas y comida, esos locales llenos de luces de colores de neón, y donde el rollo que tiene con el dueño acaba con un embarazo no deseado. Y en ese trasiego de vida que le ha hecho abandonar los estudios, cuida a su pequeña hermana y la trae del colegio en moto cada día a través de la bulliciosa ciudad. Porque I-Jing no quiere ir con los abuelos, “porque el abuelo no se ducha y huele a tofu fermentado”. 

Tras la presentación de los personajes, en el último tercio de la película aparecen dos escenas clave. Entrañable cómo la hermana mayor hace devolver a I-Jing todo aquello que robó, aunque ella se excusa: “Yo no robé nada. Fue mi mano del diablo la que robó todo…”. Y especialmente esa fiesta familiar para celebrar el 60 cumpleaños de la abuela, allí donde se desencadena la catarsis y aparece la verdad oculta sobre la verdadera relación entre Shu-Fen, I-Ann e I-Jing, y donde la abuela pregunta: “¿Te ibas a guardar ese secreto para siempre?”. Un cumpleaños feliz catártico y un final caleidoscópico… para esta familia que seguirá intentando sobrevivir económica y emocionalmente entre el bullicio del mercado nocturno de Taipéi, escenario vivo donde el trabajo, la precariedad y los secretos familiares se entrelazan. 

Por cierto, La chica zurda fue filmada con un iPhone, un rasgo técnico que refuerza su cercanía y su energía visual. Y que no busca el melodrama grandilocuente, sino que emociona desde los gestos pequeños, las miradas, los silencios y la convivencia diaria en una familia que intenta no romperse. Pero que también deja una sensación de inquietud porque muestra una realidad dura: pobreza, fragilidad afectiva, presión laboral y heridas transmitidas entre generaciones. Su fuerza está en mostrar que lo local puede volverse universal: una madre que lucha, una hija que se rebela y una niña que aprende a leer el mundo son figuras reconocibles en cualquier cultura. Una historia que deja poso porque habla de la supervivencia, de la identidad y de cómo una infancia puede revelar las grietas de toda una familia

Y que deja una cosa clara: que “la mano del diablo” no está en ser zurda, sino en no sanar las heridas generacionales. Y que ahora ya, cuando I-Jing diga “mamá” pueda ya entender mejor al dirigir su mirada a Shu-Fen o a I-Ann. Porque no hay que sobrevivir a la mano izquierda, hay que sobrevivir a la vida.

 

sábado, 2 de febrero de 2019

Cine y Pediatría (473) Columpiando el sueño americano con “Juegos secretos”


No es la primera vez que el cine nos enfrenta, y da una bofetada, al “American Dream”, a ese sueño de las familias americanas que se convierte en pesadilla. Recordemos dos ejemplos de los que ya hemos hablado en Cine y Pediatría: en 1988, Todd Solondz, uno de los chicos malos del cine yanqui independiente, nos enfrente a la irónica e inmisericorde crítica de Happiness; y un año después, Sam Mendes nos regaló una película de varios Oscars, American Beauty.  Pues bien, de la combinación de estas dos películas es posible que surja la esencia de este retrato de una sociedad hipócrita e inmadura, por título Juegos secretos (Todd Field, 2006), cuyo título original Little Children probablemente contextualice mejor la esencia de su guión. Allí donde dos almas insatisfechas en dos matrimonios del sueño americano se encuentran en un parque infantil, él con su hijo pequeño, ella con su hija pequeña. 

Todd Field no es un director prolífico, más bien todo lo contrario. De hecho solo dos largometrajes constan en su haber, éste y uno anterior, En la habitación (2001), donde dejó buena esencia de su buen papel como guionista y director de actores. Ambas películas  con sus nominaciones a los Oscar, y en concreto Juegos secretos con tres: Mejor actriz, Mejor actor de reparto y Mejor guión adaptado. Y toda la esencia parte precisamente de la novela de Tom Perrotta del año 2004, “Little Children”, la historia de siete personajes en un barrio suburbano de Boston. 

Sarah (Kate Winslet), ama de casa y madre de Lucy, se siente poco satisfecha junto a su marido Richard (Gregg Edelman), un empresario exitoso al que descubre que está secretamente obsesionado por una estrella del cine porno. Brad (Patrick Wilson) es un ex jugador de fútbol americano que no logra sacar una oposición y está casado con la brillante Kathy (Jennifer Connelly), mientras ejerce de amo de caso y cuidado a su hijo Aaron. Y todo esto en un barrio residencial de clase media-alta donde el tema principal de ese verano es que un pederasta ha salido de prisión, Ronnie (Jackie Earle Haley), quien vuelve a su casa con su madre y los vecinos buscan aislar al pervertido. 

Sarah y Brad se conocen en el parque infantil del barrio. Y comparten durante ese verano su amistad, su hastío, sus hijos y su amor con la piscina comunitaria como epicentro: “La piscina se convirtió en un ritual… Hacía años que Brad no se lo pasaba tan bien. Otro día feliz junto a la piscina”, nos dice la voz en off, una voz en off que no resta sino que aporta a lo largo de toda la inquietud de sus 130 minutos de metraje

Una película sobre la historia de una atracción en la clase media-alta americana, un relato crudo y sin aditivos, con diversas perspectivas de la historia, donde todo encaja: el guión y las interpretaciones. Y que está plagada de escenas intensas, que no se olvidan: a destacar la escena en la que el pederasta se baña en la piscina y la cámara nos devuelve una imagen escalofriante de depredador humano, cual tiburón entre niños y niñas, y es expulsado mientras él replica “Solo quería refrescarme un poco”; pero también las escenas del parque - la inicial y la final -, el club de lectura, la cena de los dos matrimonios, o los diálogos de Ronnie con su madre. Y no podemos obviar las palabras de esa madre ante un hijo tan particular: “Hiciste algo malo. Pero eso no quiere decir que seas una mala persona”. Y su declaración de intenciones: “Eres un milagro, Ronnie. Todos somos un milagro, ¿sabes por qué? Porque somos humanos y vivimos día tras día ocupándonos de nuestros asuntos, todos sabemos todo el rato, todos sabemos que las cosas que amamos, las personas que amamos, pueden desaparecer en cualquier momento. Vivimos sabiéndolo, pero seguimos adelante a pesar de todo. Los animales no lo hacen…” 

Se dice que Juegos secretos atesora un gran trailer, construido sobre las imágenes, los silencios, la banda sonora y el choque entre personas y prejuicios, que avecinan que no es un filme para masas. Y la voz en off que si suma en tensión, intenta poner un poco de orden en ese verano y ese barrio donde se encuentran maridos y mujeres perdidos en su vida acomodada, un pederasta suelto anclado a su anciana madre, un policía que asesinó sin querer a un niño, familias que no perdonan, maridos que engañan, esposas insatisfechas con su vida, niños y niñas que juegan en los parques y piscinas, amantes escondidas de una sociedad hipócrita y en medio de clubs de lectura, equipos de rugby americano y skaters, y también la presencia de enfermos psicotrópicos, enfermos de un sexo mal digerido y mentirosos compulsivos. 

Y al mezclar todos esos elementos queda la esencia de estos Juegos secretos. Y nos deriva a un final tan duro como sorprendente, en el mismo parque donde todo empezó. Previamente Kathie le había escrito una nota a su marido, y también Ronnie había recibido una nota de su madre antes de morir: “Por favor, sé un buen chico”. Y por ello Ronnie declara entre lágrimas: “Ella me quería. Era la única. Mamá se ha muerto”. 

Y tras el fundido en negro final, el mensaje final para la reflexión: “Nadie puede cambiar el pasado. Pero el futuro es otra historia. Y en algún punto tenía que empezar”. Y al finalizar sentimos que esta película llena de juegos secretos nos ha columpiado por el sueño americano, por esas familias y ese barrio donde los niños y niñas siguen columpiándose en los parques y nadando en las piscinas. 

Y todo ello con tres actores que ya han paseado por Cine y Pediatría. Patrick Wilson curiosamente lo hizo con otra película sobre la pederastia y el peligro de grooming en redes sociales: Hard Candy (David Slade, 2005). Kate Winslet fue la viuda Silvia Llewellyn Davies de Descubriendo nunca jamás (Marc Foster, 2004), la madre cuyos hijos inspiraron a J.M. Barrie la historia de Peter Pan. Y Jennifer Connelly fue una de las protagonistas de la enigmática Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000), un viaje al mundo de las adicciones. Y hoy estos tres protagonistas nos acercan a sus Juegos secretos…