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lunes, 5 de diciembre de 2022

Declaración de Málaga 2022: reflexión sobre el EEES, ANECA y otras lindezas universitarias

 

El Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) es un ámbito de organización educativo iniciado en 1999 con el Proceso de Bolonia que quiere armonizar los distintos sistemas educativos de la Unión Europea y proporcionar una forma eficaz de intercambio entre todos los estudiantes, así como dotar de una dimensión y de una agilidad sin precedentes al proceso de cambio emprendido por las universidades europeas. Se integran actualmente en el EEES aparte de los 27 países de la Unión Europea otros como Rusia o Turquía hasta llegar a la cifra total de 49 países participantes. 

En España se viene implantando desde el año 2010, pero su desarrollo ha supuesto una progresiva adaptación a este EEES, tanto en su división de la enseñanza (Grado, Máster, Doctorado), como en medición del trabajo en créditos (European Credit Transfer System, ECTS) o en el papel a adoptar por los distintos protagonistas de este método docente (alumno, profesor) como en otras novedades. A las siglas anteriores (EEES, ECTS) se suman otras como TFG (Trabajo Fin de Grado) o TFM (Trabajo Fin de Máster). Nuevos calendarios y nuevos sistemas de evaluación, más prácticas y menos teoría. 

Y con este panorama, hoy compartimos el conocido como “DECLARACIÓN DE MÁLAGA 2022. Estándares para la Educación Médica en el Grado: pensando en el futuro”, donde las nueve instituciones adheridas a la misma consideran que es un momento adecuado para realizar una reflexión profunda sobre el modelo de docencia y para definir las competencias en las que debemos formar a los futuros profesionales en el horizonte 2030-2040. 

Os dejamos el documento completo, realmente un documento con poco miga, pues lo comencé a leer con expectativas, pero estas se fueron enseguida al traste. Lo poco que dice es un conjunto de buenas intenciones, pero pocos líneas estratégicas, planes de acción e indicadores de calidad para testar el camino a seguir, con un buen organigrama y cronograma. Lo dicho, un documento de buenas intenciones sobre el diseño y desarrollo curricular, así como sobre el proceso de evaluación de los resultados de aprendizaje… y poco más. Palabras, pero nada de gestión. 

Eso sí, me ha llamado la atención estos tres párrafos en el punto V del apartado “Contexto actual”. Dice lo siguiente: 
“Las Ciencias de la salud, y especialmente la Medicina, se enfrentan en el momento actual a una deficiencia de profesorado médico en sus áreas, de conocimiento, tanto básicas como clínicas (confluyen ambas en la necesidad de enseñar una medicina centrada en el paciente) que compromete la calidad de la docencia. La ratio estudiante/profesorado debe disminuir de forma relevante, en consonancia con las características de la docencia en el Grado. 
Se ha producido una reducción generalizada y muy significativa del profesorado permanente en esta década (y se han establecido las necesidades de ese profesorado), más acuciante aún en el caso de profesorado vinculado a los centros sanitarios lo que obliga a una creciente participación del profesorado no permanente (fundamentalmente asociado) en las responsabilidades docentes, que tiene menor vinculación laboral con la universidad. 
Los criterios de acreditación para el profesorado de las áreas de conocimiento básicas y clínicas deben adecuarse y ponderar con justicia la relevancia y prioridad de la labor asistencial. Se precisa un mayor trabajo conjunto entre los ministerios, consejerías y agencias de calidad con competencias universitarias y sanitarias y las propias universidades, contemplando nuevas figuras de profesorado clínico, facilitando la incorporación de profesionales interesados en desarrollar su carrera académica, proporcionando una financiación suficiente y permitiendo la conciliación entre los ámbitos asistenciales, docentes e investigadores”. 

Pues bien, resulta que la responsabilidad de todo esto es de ANECA (por cierto, una de las nueve instituciones firmantes)… y es que llevamos décadas pidiendo los médicos clínicos que sus criterios cambien. Pero oídos sordos por parte de ANECA, mientras se ha provocado en este tiempo el desmantelamiento de muchos Departamentos clínicos, la desmotivación de muchos hospitales clínicos (y especialmente de su profesorado, sin recorrido profesional), la injusta e hipócrita valoración para llegar a optar a los puestos de Titular o Catedrático (en base a unas condiciones que muchos de los que evalúan no las hubieran superado actualmente) y sobre todo, con unos criterios que al clínico de pie – el que es profesor y tutor, el que ve pacientes y hace guardias, y a la vez realiza docencia e intenta investigar robando el tiempo al sueño y a la familia – no suele poder llegar). 

Es decir, que el punto que me queda más claro de esta “Declaración de Málaga 2022” es lo anterior, una correcta reivindicación. Lo demás está bien, pero sin un profesorado suficiente y motivado, el EEES no será posible y la universidad seguirá deteriorándose. Deteriorándose más de lo que está, pues la opinión del alumnado y los criterios de valoración en los rankings de las universidades son datos bien objetivos de la decrepitud de nuestra sistema universitario. Hace poco ya hablamos de la sinrazón del incremento de Facultades de Medicina en España o la crónica de una sinrazón anunciada. Hoy, suma y sigue... 

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Facultades de Medicina en España o la crónica de una sinrazón anunciada


Desde este blog llevamos años exponiendo una cruda realidad en la universidad española: el fracaso de su modelo para incentivar un modelo docente e investigador que pueda competir en la primera liga de las universidades del mundo o que convenza a los propios estudiantes y profesores. 

En los diversos rankings de las universidades en el mundo (con el Academic Ranking of World Universities, conocido como ranking de Shanghai, como santo y seña de referencia internacional, a pesar del alboroto y críticas a su debilidad metodológica), año a año se repite que ninguna universidad española se encuentra entre las primeras 150 del mundo, y que entre las 500 mejores analizadas aparecen poco más de una decena. Lo comentamos ya en el año 2010, y lo hemos repetido casi de forma anual hasta el año 2019, donde cansados por este día de la marmota, vemos que todo sigue igual (sino peor, como veremos).   Pero más importante que estos rankings sea la poco favorable opinión de nuestros estudiantes universitarios, donde los diferentes informes de los Observatorios del Estudiante encuentran amplio margen de mejora en la calidad docente, las instalaciones e infraestructuras y, especialmente, en las prácticas y empleabilidad. 

Pues si esta es la poco halagüeña situación de la universidad, las cosas empeoran en el caso de las Facultades de Medicina. Y que ahora se reactiva con la publicación, difusión y revuelo del documento “Consideraciones de la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina Españolas (CNDFME) sobre la propuesta de los Ministerios de Universidades y de Sanidad de incrementar las plazas de nuevo ingreso de estudiantes del Grado en Medicina en un 15%” emitido el 22 de octubre de 2022. Y que han pretendido darle un amplio eco en prensa y radio. Pero, ¡a buenas horas, mangas verdes!...

Compartimos el documento debajo, y que incluye los siguientes puntos argumentales: 
- Porqué en España no faltan médicos sino especialistas. 
- Porqué no es una decisión acertada aumentar las plazas de acceso al Grado de Medicina. 
- Propuestas de mejora. 

En el documento se matiza que en España no faltan médicos, sino especialistas (que se concretan en especialidades como Medicina Familiar y Comunitaria, Anestesiología y Reanimación, Geriatría, Psiquiatría, Pediatría y Radiodiagnóstico) y recuerda que España es el sexto país del mundo en número de médicos (datos de la OCDE) y el segundo con más facultades por población (solo superado por Corea del Norte). 

También se revisa que, respecto a la oferta formativa, en España se ha incrementado el número de estudiantes egresados con el título de Graduado en Medicina en un 167% desde el año 2005-2006, cuando salieron de las aulas 4.343 estudiantes en comparación con los 7.264 del año 2020-2021. Del mismo modo, se ha incrementado un 164% el número de facultades que ofertan el Grado en Medicina en la última década, desde 28 hasta las 46 facultades actuales. Esto equivale a unos 14,5 graduados por 100.000 habitantes, cifra que se encuentra por encima del promedio de la OCDE (13,1) y de países del entorno como Italia (13,3), Reino Unido (12,9), Alemania (12,0) y Francia (9,5). 

Sin embargo, este incremento de facultades se ha llevado a cabo sin el consecuente aumento del profesorado. Y peor que eso, sin acreditación para que las facultades y los hospitales universitarios puedan tener un adecuado número de catedráticos y titulares, así como de asociados. Y también a juicio de los decanos y estudiantes, la principal causa se debe a que, según los criterios de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) 2008-2016, la rama de Ciencias de la Salud presenta la tasa más baja de informes favorables de acreditación, lo que no va a permitir la renovación con garantía. ANECA es un fracaso en Medicina y sus criterios docentes no funcionan, y no llegan los prometidos perfiles más clínicos para intentar solventar este problema… grave problema. Pues ahora no es solo que en Medicina no estén satisfechos los alumnos por la falta de profesorado (y, especialmente, buenas prácticas), sino que ANECA no estimula y apoya a este profesorado, profesorado muy desestimulado ante tanta incoherencia y mediocridad. 

En el año 2019, en la era prepandémica, ya lo dijimos en este blog que eran múltiples las razones para justificar que no son necesarias más Facultades de Medicina en España, subrayábamos las más importantes en los siguientes puntos: 
- En nuestro país no hacen falta más estudiantes de Medicina.
- El número de facultades de Medicina debe responder a necesidades demográficas reales y fundadas. Las universidades y autoridades políticas deben actuar con responsabilidad. 
- Saturación de estudiantes en hospitales y centros de salud.  
- Déficit existente de profesorado.  
- Es un despilfarro económico y no es una prioridad educativa ni sanitaria. 

Y ahora, en el año 2022 todo sigue igual (o peor). Por ejemplo, en Alicante hay una Facultad de Medicina en la Universidad Miguel Hernández (UMH), facultad con deficiencias que deben mejorar y con departamentos desestructurados (y conozco bien el de Pediatría para dar esta afirmación con hechos y datos). En lugar de apoyar a esta universidad, se piensa que la solución es crear otra Facultad de Medicina en la vecina Universidad de Alicante (UA). Pero ojo, no olvidar que hasta finales de 1996 no existía la UMH y la Facultad de Medicina estaba en la UA. 

No sé si todo lo anterior justifica el titular de este post, porque la crónica de una sinrazón anunciada puede aún empeorar. Combinemos exceso de facultades, exceso de alumnos, falta de profesores y de futuro para éstos con ANECA... y tendremos lo que se llama un pan como unas tortas. Señores responsables de la organización de las Facultades de Medicina y de ANECA, sepan que los clínicos ya hace mucho tiempo que nos hemos acostumbrado a vivir sin el afecto y respeto de la universidad, pero lo que no tengo tan claro es que la universidad pueda continuar ejecutando el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) sin los clínicos.

Y una cosa más (y no soy adivino): gracias a todo esta (des)organización, en el próximo Academic Ranking of World Universities la universidad seguirá igual de mal... o peor. Sigan desestimulando a alumnos y profesores y todo es susceptible de empeorar. Y esto lo escribe un profesor universitario que, pese a la continua sinrazón de la universidad sigue con tesón al pie del cañón docente como hace varias décadas en favor de los alumnos, de los que acabo de recibir la calificación de excelencia en el último cuatrimestre. Y como yo, centenares de profesores que no se merecen un caos así. 

lunes, 2 de agosto de 2021

Diez puntos (de amor) y un colofón (desesperado) de buenas prácticas clínicas en la publicación científica

 

El pasado 12 de julio se celebró la XV Jornada MEDES (MEDicina en ESpañol) alrededor de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense y bajo el título de “La circulación del conocimiento en español”. Tras el paréntesis del año pasado en que no se celebró esta jornada como consecuencia de la pandemia COVID-19, pudimos regresar al encuentro personal tan deseado de “ciencia, medicina y humanismo” que es emblema de Fundación Lilly, y al que sumamos el “sentido, sensibilidad y amistad” que esta reunión única en España. 

El encuentro contó con ponentes de calado que volcaron su experiencia desde instituciones tan prestigiosas como el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, la Biblioteca Nacional de Ciencias de la Salud, SciELO España, Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), y se contó con científicos investigadores y docentes, periodistas y divulgadores, blogueros e "influencers", traductores médico-sanitarios y terminólogos, y un largo etcétera de profesionales alrededor de la publicación biomédica. Y la jornada intensiva se desarrolló a través de tres mesas redondas o conversaciones: 
- Conversación 1. “La publicación científica hoy” 
- Conversación 2. “Divulgación y comunicación de la ciencia”
- Conversación 3. “Traducción y circulación del conocimiento entre lenguas”. 

Tuve la oportunidad de participar como ponente en la primera conversación, con la particularidad de ser el único ponente clínico de estas jornadas. Y era evidente que convenía que se tuviera una visión del estado de la publicación biomédica desde el “campo de batalla” del día a día de un hospital, centro de salud u otra institución sanitaria, allí donde la investigación (prolegómeno de la publicación científica) se realiza después de la prioritaria labor asistencial (ingresos, consultas externas, guardias, etc.) y de la cada vez más solicitada labor docente. Porque los clínicos sanitarios no tienen tiempo protegido para la investigación, tampoco becarios, y se investiga (y publica) robándole horas al día, al sueño y a la familia. Esta situación lleva enunciándose hace mucho tiempo, para que la ponderación de nuestro factor de impacto, índice H o cuartiles no se equipare a los investigadores básicos a la hora de optar puestos académicos o ayudas institucionales. Pero con escaso o nulo éxito…y conviene realizar un análisis DAFO con urgencia. 

Por ello, permitirme esbozar, cuál alter ego de Pablo Neruda, un resumen de las ideas de un clínico firmemente defensor de la docencia y la investigación en diez puntos (de amor) y un colofón (desesperado) de buenas prácticas clínicas en la publicación científica 

1.- El camino de la publicación científica es un camino de aprendizaje: antes, ahora y siempre. 

2.- A publicar se aprende publicando, como a intubar se aprende intubando. 

3.- El camino de la publicación científica va de menos a más. Por lo tanto, la publicación de notas clínicas precede (y debe preceder) a los originales, y las casuísticas preceden (y deben preceder) a los ensayos clínicos. 

4.- Es cierto que hay que publicar mejor, lo que no necesariamente tiene que ir asociado a publicar menos (aunque, generalmente, menos es más). 

5.- El camino de la publicación científica de calidad en inglés es más que razonable que vaya precedido de la publicación científica de calidad en español. 

6.- Para publicar en español es preciso que sobrevivan un mínimo de revistas biomédicas de calidad en español en cada especialidad: todos lo celebraremos…, antes de que sea demasiado tarde. 

7.- Los métodos de evaluación de la calidad de los investigadores (para la universidad o fondos de investigación) debe buscar alternativas para respetar la publicación en español. Porque de no hacerlo, construiremos el camino perfecto para morir de éxito (y no está el horno para bollos en el ánimo de los profesionales en los hospitales y universidades). 

8.- Los residentes en formación (y quizás todos) deben aprender (y debemos enseñarles) que por delante del impacto (de una revista) está la calidad (científica) y la importancia (clínica) de la investigación que se aborda. 

9.- Son conocidas las dos enfermedades asociadas al factor de impacto: la “impactolatría” (muy unida a los sexenios) y la “impactofobia” (muy unida a los bajos perfiles). Pero es tal el desapego a este tinglado (si Eugene Garfield levantara la cabeza…) por parte de los residentes y adjuntos millennials, que ha aparecido el “impacto¿qué?”. 

10.- Los clínicos somos clave para la investigación biomédica, pero cabe no olvidar que investigar en este ámbito es bastante más complicado que hacerlo en el ámbito de los básicos. Estamos afónicos de solicitar distintos métodos de evaluación y valoración. 

Y un colofón desesperado.- Si ANECA sigue haciendo oídos sordos al punto 10, cada vez se hará más patente la frustración y desánimo ya presentes en hospitales y otras instituciones asistenciales, y los departamentos universitarios (y, por ende, los estudiantes) lo acabarán pagando caro. Aviso a navegantes… 

Gracias a Pablo Neruda. Y a vosotros por atender a esta lectura. 

En este vídeo se puede revisar la Jornada MEDES 2021 al completo.

lunes, 26 de agosto de 2019

¿Por qué ninguna universidad española figura entre las 150 mejores del mundo?


Esta pregunta parece que nos retraemos al día de la marmota de la película Atrapados en el tiempo. Y ya no estoy para hacer de Bill Murray... Y, sin embargo, esta pregunta se repite año a año. Y en este blog lo hicimos en el año 2016 y en el año 2017. Supongo que por no ser cansinos, no la hicimos el año pasado, pero aquí estamos en el año 2019 con el mismo sonsonete... 

Porque parece existir un antes y un después para las universidades (que Dios nos pille consfesados) con el Academic Ranking of World Universities (ARWU). Este sistema de clasificación se publicó por primera vez en junio de 2003 por el Center for World-Class Universities and the Institute of Higher Education of Shanghai Jiao Tong University (China) y se actualiza anualmente. Se ha convertido en un sistema de referencia internacional, a pesar del alboroto y críticas a su debilidad metodológica. 

Acaba de publicar el ranking ARWU de este año - como cada año desde 2003 -, que nos permite conocer las universidades mejor valoradas a nivel global o por especialidades (Medicina, Física, Químicas, Matemáticas, Económicas, Ingeniería, Ciencias Sociales, etc). ARWU utiliza seis criterios para clasificar las universidades del mundo: número de alumnos (peso=10%), ganadores de Premios Nobel o medallas de reconocido prestigio en su campo (peso= 20%), número de investigadores altamente citados en Thomson Scientific (peso= 20%), número de artículos publicados en revistas de Nature y Science (peso= 20%), número de artículos indexados en Science Citation Index-Expanded y Social Sciences Citation Index (peso= 20%), y el rendimiento per cápita con respecto al tamaño de la institución (peso= 10%). Está claro que es un ranking que premia la labor científica de élite, menos la docente, poco o nada la satisfacción de los alumnos o el profesorado, no sé si esto se corresponde con la transferencia social de los ámbitos universitarios... En fin, que no me extrañan las críticas, pero dado que caímos en la "impactolatría" (con el dicho factor de impacto que se hizo para revistas y no para autores), por qué no caer en la "shanghailatría"... 

Más de 1.000 universidades se estudian por ARWU cada año y las 500 mejores se publican en la web. Este el ranking de este año 2019. Y este año algún titular periodístico se ha puesto positivo, aunque yo no sé si están las cosas para tirar cohetes... Cabe valorar que las 20 universidades situadas en primer lugar, hay 16 de Estados Unidos, 3 de Gran Bretaña y 1 de Suiza. En el podio se situán Harvard Universitiy, Stanford University, Cambridge, Massachusetts Institute of Technology (MIT) y California, Berkeley. Y esto, salvo mínimos cambios, se repite año a a año. 
Sólo aparecen 13 universidades españoles en este listado de 500: la primera aparece entre los puestos 150 a 200 (Barcelona), entre los puestos 201 a 300 hay cuatro (Universidad Complutense de Madrid, Universidad de Granada, Universidad de Valencia y Universidad Autónoma de Barcelona), entre los puestos 301 a 400 hay dos (Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Pompeu Fabra) y entre el puesto 401 a 500 hay seis (Universidad Politécnica de Valencia, Universidad de Oviedo, Universidad de Sevilla, Universidad País Vasco y Universidad de Zaragoza). Sin rastro del resto y son muchas las universidades españolas... y cada vez más: en estos momentos se contabilizan 85 en España (y seguro que me dejo alguna), y sí... sobran universidades españolas y lo dicen muchas personas e instituciones. 

El debate sobre la universidad española y la enseñanza universitaria es constante en el tiempo. En los últimos años, en el campo de la Medicina, el debate se ha focalizado sobre la necesitad o no de abrir nuevas Facultades de Medicina. El problema ronda siempre alrededor de dos conceptos: cantidad frente a calidad. Sea como sea y mire como se mire, a nivel internacional, los criterios de calidad de la universidad española son deficientes. Por algo será,... y algo habrá que cambiar. Y no hablo sólo de adaptarnos al "Plan Bolonia" y al Espacio Europeo de Educación Superior (que eso se sobreentiende, como el valor en el ejército). Y sobre todo, mejor no hablar de nuevo de ANECA, de cuyo fracaso ya hemos hablado y que alguien tendrá que solucionar antes que la enseñanza universitaria se venga a pique y los que pierdan sean nuestros queridos estudiantes (que ellos no tiene culpa de la estulticia de los adultos). 

Porque una universidad española endogámica, que no cuida a sus alumnos ni cuida a sus profesores, que desprecia el español y se enarbola de impactolatría y cuartiles, sin tener en cuanta la calidad e importancia del trabajo docente (compartido con el asistencial en la mayoría de los profesores clínicos de hospitales y centros de atención primaria en el caso de las Ciencias de la Salud) nunca llegará a nada, y perderá todo. Y no hablo del ranking elitista de Shanghai, sino en cualquier ranking, aunque cree uno en Barruelo de Santullán, mi pueblo, o en cualquiera de los bellos pueblos de España. Aviso a navegantes, menos rankings... y más coherencia.

lunes, 11 de febrero de 2019

La "burbuja" universitaria y el fracaso de ANECA


La "burbuja" universitaria sigue poniendo en jaque a un sistema sanitario que no es capaz de absorber el número de médicos que salen de nuestras Facultades de Medicina. 

Actualmente hay en España 42 Facultades de Medicina (32 públicas y 10 privadas) con esta distribución por Comunidades Autónomas: Madrid con 8 (4 públicas y 4 privadas), Cataluña con 8 (6 públicas y 2 privadas). Comunidad Valenciana con 5 (3 públicas y 2 privadas), Andalucía con 5 (todas públicas), Murcia 2 (una pública y una privada), Castilla y León 2, Castilla y la Mancha 2, Canarias 2, Navarra 1 (privada), Baleares 1, Extremadura 1, Galicia 1, Asturias 1, Cantabria 1, País Vasco 1 y Aragón 1. 

Si la tasa idónea de Facultades de Medicina por millón de habitantes es de 0,5 según los estándares de la OMS y la tasa idónea de estudiantes de Medicina es de 1 por cada 10.000 habitantes, significaría alrededor de 23 Facultades de Medicina y 4.650 estudiantes en teoría. Pero la realidad nos dice que tenemos el doble, tanto de Facultades de Medicina (téngase en cuenta que tenemos más que Alemania, este país con el doble de población) como de estudiantes, pues para el curso 2018-19 han sido admitidos 7.042. Y está claro que no faltan médicos (aunque algunos hagan esta proclama como si fuera un mantra y que ha medida que se diga se crea que es verdad), lo que ocurre es que muchos médicos huyen de nuestro país ante las malas condiciones. 

En el último examen MIR se presentaron 14.446 personas para un total de 6.513 plazas: con una ratio de 2,22 aspirantes por cada plaza. Y teniendo en cuenta que el MIR no es una salida más, sino prácticamente la única salida, implica que España continúa estrechando el embudo de médicos sin especialidad (y con escaso futuro). Y por ello, ya hace tiempo que la OCDE aconseja disminuir el número de Facultades de Medicina en España, mensaje bien distinto a los ecos sobre la posible aparición de nuevas Facultades de Medicina en nuestro lamentable sistema universitario. Téngase en cuenta que España continúa siendo líder en Facultades de Medicina por habitante, solo superada en el mundo por Corea. 

Pero mientras el número de Facultades de Medicina y estudiantes crece, el número de profesores disminuye. Desde la Conferencia Nacional de Decanos y el Consejo Estatal de Estudiantes aseguran que el número de catedráticos, profesores titulares y profesores contratado-doctor sigue bajando. Y también a juicio de los decanos y estudiantes, la principal causa se debe a que, según los criterios de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) 2008-2016, la rama de Ciencias de la Salud presenta la tasa más baja de informes favorables de acreditación, lo que no va a permitir la renovación con garantía. 

Está claro que ANECA ha fracasado y que los nuevos criterios docentes no funcionan: solo basta leer la prensa, a los sindicatos y, especialmente, a los que sufrimos día a día la incoherencia, la injusticia y la mediocridad a la que los clínicos nos vemos sometidos (respecto a los básicos). Cierto es que en el año 2015 se aprobaron unos nuevos (y polémicos) criterios que se decía que favorecía el perfil de los clínicos, pero no ha sido así. Y basta con revisar los resultados del programa Academia, comparando las cifras de la primera fase del programa (entre 2007 y 2015) y la segunda, tras la reforma de Academia (mediante el Real Decreto 415/2015): un 68% menos de peticiones en el segundo periodo, porque solo lo hacen quienes piensan que tienen alguna opción real de acceder a ella, pero es que además de los presentados los informes favorables son inferiores al 50%. 

Y, según esto, en 2017 el número de titulares de Ciencias de la Salud era el más bajo de todas las ramas del sistema universitario (2.949, frente a los 8.385 de Ciencias Sociales y Jurídicas) y lo mismo para el número de catedráticos (1.256 frente a los 2.984 de Ciencias). Además, en las áreas clínicas se van jubilar en 2025 el 55% de los profesores, y esto en las tres comisiones de Ciencias de la Salud que ha realizado ANECA, con 30 áreas de conocimiento: Ciencias Biomédicas (9 áreas), Medicina Clínica y Especialidades Clínicas (13 áreas) y Especialidades Sanitarias (8 áreas). 

Combinemos exceso de facultades, exceso de alumnos, falta de profesores y de futuro para estos con ANECA... y tendremos lo que se llama un pan como unas tortas. Un ejemplo paradigmático de mala gestión: lo que le faltaba a la Universidad y a sus estudiantes y profesores para acabar de estropear un ambiente ya nada favorable. Señores responsables de la organización de las Facultades de Medicina y de ANECA: los clínicos ya hace mucho tiempo que nos hemos acostumbrado a vivir sin el afecto de la universidad, pero lo que no tengo tan claro es que la universidad pueda continuar ejecutando el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) sin los clínicos.

Pongan orden... porque sino no habrá concierto. Aviso a navegantes...