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miércoles, 28 de octubre de 2026

Doce herramientas alrededor de la docencia universitaria


El entorno de la docencia universitaria demanda soluciones tecnológicas específicas debido a la carga de investigación, diseño curricular avanzado y evaluación masiva. El ecosistema de herramientas digitales para profesores universitarios se divide en las siguientes soluciones prácticas según la tarea (muchas asociadas a la inteligencia artificial): 

1. Planificación curricular, diseño de cursos y evaluación 

• Magic School AI. Una de las suites más completas. Ofrece más de 60 generadores para estructurar planes de estudio universitarios, redactar rúbricas de evaluación detalladas y adaptar materiales de clase. 

• EduAide AI. Destaca en la creación de recursos didácticos personalizados utilizando analítica predictiva, ideal para diseñar guías de estudio y planes de unidades temáticas profundas. 

• Diffit. Excelente para tomar un artículo científico complejo o un capítulo de libro y adaptar automáticamente el nivel de lectura, generando resúmenes, vocabulario clave y preguntas de comprensión alineadas. 

• SyllabusAI. Redacta la guía docente completa: competencias, resultados de aprendizaje, contenidos y plan de evaluación alineados entre sí. 

• ExamForge. Exámenes ajustados a los contenidos de la asignatura, con exportación a PDF. 

2. Gestión de literatura científica e investigación 

• Gemini Notebook. Desarrollado por Google, te permite subir tus propios documentos (proyectos de investigación, PDFs, notas) para convertirlos en un espacio de trabajo privado donde la IA solo responde basándose en tus fuentes, ideal para sintetizar marcos teóricos o bibliografía de cátedra. Una herramienta con muchas posibilidades. 

• ResearchRabbit. El "Spotify de los papers". Mapea redes de co-citaciones y autores, facilitando al docente la actualización de las lecturas obligatorias del programa académico. Se integra de forma directa con gestores bibliográficos como Zotero. 

• Perplexity AI. A diferencia de los buscadores tradicionales, funciona como un motor de respuestas conversacionales que adjunta citas académicas verificables a cada afirmación, facilitando búsquedas rápidas con rigor científico. Con menos “alucinaciones” que otros recursos. 

3. Evaluación eficiente y detección de plagio 

• Gradescope. Una herramienta indispensable para clases masivas. Permite escanear exámenes en papel o digitales y calificarlos agrupando respuestas similares mediante IA, reduciendo el tiempo de corrección a la mitad y garantizando criterios homogéneos de evaluación. 

• Turnitin. El estándar universitario para proteger la integridad académica. Más allá de su tradicional motor de coincidencias de texto, sus algoritmos actuales incluyen módulos especializados en la detección de escritura generada por Inteligencia Artificial. 

4. Creación de contenido y presentaciones 

• Gamma App / Slidesgo. Ideales para agilizar las clases magistrales. Crean esquemas interactivos, páginas web didácticas y presentaciones visuales completas a partir de un texto base o una temática en lenguaje natural. 

• Genially. Permite la creación de infografías, mapas conceptuales y contenidos interactivos que se integran perfectamente con plataformas de gestión del aprendizaje (LMS) universitarias como Moodle o Blackboard.

lunes, 19 de octubre de 2026

La odisea del saber y evolución de la Universidad

 

Tras el colapso del Imperio Romano en el siglo V, la infraestructura del conocimiento en Occidente sufrió un desmantelamiento devastador. Las escuelas filosóficas fueron clausuradas, las bibliotecas terminaron saqueadas o desiertas, y el latín clásico comenzó a fragmentarse en dialectos vernáculos que paulatinamente darían origen al italiano, al francés y al español. Durante siglos, la preservación del saber antiguo sobrevivió en núcleos sumamente restringidos. El redescubrimiento y la recopilación sistemática de los textos clásicos actuarían, mucho tiempo después, como el catalizador determinante para el resurgimiento intelectual de Europa, transformando la traducción de obras olvidadas en la chispa que encendería la creación de una institución inédita en la historia humana: la universidad. 

Un hito decisivo en este despertar ocurrió en el año 1148, cuando Gerardo de Cremona llegó a la ciudad de Toledo con la deliberada misión de aprender árabe. Motivado por la búsqueda de tratados científicos y filosóficos que en la Europa continental se daban por perdidos, Gerardo dedicó el resto de su vida a traducir más de 70 obras fundamentales del árabe al latín, restituyendo al ámbito europeo textos capitales de Aristóteles, Euclides y Avicena. Este esfuerzo de traducción contrasta profundamente con la labor realizada en los monasterios benedictinos de la Alta Edad Media. En el ámbito monástico, los monjes practicaban un modelo de preservación pasiva, dedicando décadas a la copia manual de manuscritos en un acto de piedad devota, pero carente de debate institucional o cuestionamiento crítico; el conocimiento se conservaba intacto, pero se mantenía estático. 

Por el contrario, el mundo islámico experimentaba una efervescencia intelectual extraordinaria. En el siglo IX, Bagdad se consolidó como el epicentro del pensamiento global gracias a la Casa de la Sabiduría (Bayt al-Hikma), una institución multidisciplinar financiada por el califato donde matemáticos, médicos, astrónomos y filósofos traducían e investigaban textos griegos, persas e indios. De este entorno surgieron aportaciones de vanguardia como el desarrollo del álgebra y los algoritmos. Mientras tanto, en la Europa del siglo IX, comenzaron a despuntar las escuelas catedralicias. Impulsadas por las diócesis para instruir en las siete artes liberales (enseñanza formal del Trivium y Quadrivium), estas instituciones representaron un avance innegable, aunque permanecieron bajo la tutela absoluta del obispo local. La autoridad episcopal determinaba de forma inapelable quién podía enseñar y qué doctrinas eran admisibles, expulsando a cualquier maestro que rozara la heterodoxia y careciendo de una estructura corporativa autónoma que ejerciera de escudo protector frente al poder eclesiástico. 

1. El nacimiento de las primeras Universidades (siglos XI-XIII)

La revitalización urbana de los siglos XI al XIII transformó a las ciudades medievales en centros neurálgicos de ebullición social y económica. En estas urbes florecieron los gremios artesanales y comerciales, asociaciones jurídicas autónomas creadas para defender los intereses corporativos de sus miembros frente a las exacciones de los señores feudales y las autoridades eclesiásticas locales. 

En el norte de Italia, la ciudad de Bolonia se convirtió en el polo de atracción para el estudio de la ciencia jurídica tras el hallazgo de copias del derecho romano. A finales del siglo XI, el maestro Irnerio revolucionó la pedagogía legal al abordar el Corpus Iuris Civilis del emperador Justiniano mediante la lectura analítica directa: leía el texto en voz alta y lo interpretaba línea por línea mediante comentarios y glosas. La masiva afluencia de estudiantes extranjeros, desprovistos de derechos ciudadanos y expuestos a abusos comerciales, cobros excesivos de alquileres y decisiones judiciales arbitrarias, impulsó a estos jóvenes a constituir asociaciones defensivas denominadas “nationes” (agrupadas según su origen geográfico, como los ultramontanos). Resulta revelador señalar que la “universitas” no nació como un ideal filosófico abstracto, sino como un verdadero sindicato medieval de estudiantes. 

Estas “nationes” ejercieron un poder contractual implacable sobre los profesores: negociaban colectivamente las tarifas, los festivos y el ritmo de las lecciones, imponiendo sanciones pecuniarias a los docentes que faltaban sin aviso o se retrasaban en el temario, e incluso decretando el boicot contra aquellos maestros que pretendían abandonar la ciudad sin autorización corporativa. Para consolidar este estatus, en 1158 el emperador Federico Barbarroja promulgó la Authentica Habita, una carta de protección imperial que garantizaba a los estudiantes extranjeros inmunidad jurisdiccional frente a abusos, prohibiendo expresamente su detención o embargo por deudas contraídas por sus compatriotas, y estableciendo que solo podían ser juzgados por sus propios maestros o por el obispo local. De esta Universitas Escolarum surgió la universidad como corporación con personería jurídica propia. 

Paralelamente, la Universidad de París emergió bajo una dinámica distinta, impulsada por la renovación dialéctica de pensadores como Pedro Abelardo a comienzos del siglo XII. Abelardo popularizó la “disputatio” y desafió la ciega sumisión a las autoridades en su obra “Sic et Non”, donde expuso 158 cuestiones teológicas acompañadas de dictámenes contradictorios de los Padres de la Iglesia sin resolverlas de manera explícita, incitando al juicio crítico del lector. Pese a las duras persecuciones del monje Bernardo de Claraval, el flujo de estudiantes hacia la Île de la Cité y el Barrio Latino —llamado así por el uso del latín como lengua franca entre alumnos y docentes de heterogénea procedencia— fue imparable. A finales del siglo XII, el Papa Inocencio III reconoció la Corporación de Maestros y Estudiantes de París; en 1210 el rey de Francia le otorgó privilegios legales, y en 1215 el cardenal legado Roberto de Courçon promulgó sus estatutos formales, consolidando un modelo donde el poder institucional residía en el cuerpo docente (Universitas Magistrorum) bajo la directa tutela pontificia. 

Por su parte, Oxford y Cambridge articularon un modelo marcadamente residencial. Oxford, que albergaba una comunidad académica incipiente, experimentó una expansión decisiva tras la crisis de 1209, cuando un choque violento entre la ciudadanía y los estudiantes provocó la dispersión del estudio y el éxodo de un grupo de académicos hacia Cambridge, donde fundaron su célebre institución. Oxford y Cambridge se distanciaron del continente mediante el desarrollo de colleges residenciales como University College (1249), Balliol College (década de 1260) y Merton College (1264). En estos recintos, maestros y alumnos compartían vida comunitaria, comedores y bibliotecas, vertebrando la instrucción a través de tutorías personalizadas. 

Y como no recordar a la Universidad de Salamanca, fundada en 1218 por el rey Alfonso IX de León como Studium Generale y confirmada posteriormente por Alfonso X, representa la gran incorporación peninsular a ese mapa europeo de los saberes. Su prestigio quedó reforzado cuando Alejandro IV le concedió en 1255 el privilegio de que sus grados fueran reconocidos en toda la cristiandad, salvo en París y Bolonia; además, autorizó el uso de sello propio. Con el tiempo, Salamanca se convirtió en el principal foco intelectual de los reinos hispánicos y, durante los siglos XV y XVI, en escenario de la llamada Escuela de Salamanca. 

Principales modelos institucionales medievales: 
• Modelo de Bolonia (Universitas Escolarum). El gobierno institucional pertenecía a la corporación de los estudiantes. Los alumnos extranjeros organizados en nationes contrataban a los docentes, estipulaban sus salarios, regulaban el calendario lectivo y sancionaban los incumplimientos académicos. Su eje vertebrador fue el Derecho Civil y Canónico. 
• Modelo de París (Universitas Magistrorum). El poder recaía en la corporación de los profesores, bajo la supervisión doctrinal del Papado y la corona francesa. Su centro de gravedad intelectual estuvo volcado hacia la Filosofía y la Teología. 
• Modelo de Oxford y Cambridge (Sistema residencial y tutorial). La estructura se organizó de forma descentralizada mediante colleges residenciales con autonomía propia. La formación descansaba en la convivencia continua y las tutorías individuales entre el maestro y el estudiante. 
• Modelo de Salamanca (Studium Generale de proyección regia y pontificia). Su configuración combinó la corporación de maestros y escolares con una tutela decisiva de la monarquía y del Papado. Su enseñanza se asentó en las Artes, el Derecho Civil y Canónico, la Medicina y la Teología; desde los siglos XV y XVI, alcanzó especial relieve por la Escuela de Salamanca y sus aportaciones a la teología moral, el derecho de gentes y la reflexión económica. 

2. Vida académica, metodología escolástica y la síntesis aristotélica 

La arquitectura del aprendizaje medieval se vertebró sobre un rigor metodológico orientado a disciplinar el razonamiento lógico. El trayecto educativo se dividía en las siete artes liberales. El primer ciclo, el Trivium, agrupaba las disciplinas del lenguaje y el pensamiento instrumental: gramática, lógica y retórica. Una vez superado este bloque, el estudiante accedía al Quadrivium, enfocado en las ciencias exactas y de la naturaleza: aritmética, geometría, música y astronomía. Quien completaba con éxito ambas etapas obtenía el grado de maestro en artes, título que facultaba para ingresar en las facultades superiores de Teología, Derecho o Medicina. 

La nomenclatura académica de este periodo refleja con precisión la naturaleza de sus funciones: 
• Doctor: proveniente del término latino “doctus” (que significa "enseñado" o "instruido"), designaba formalmente a la persona que había recibido la licencia para ejercer la docencia pública en la universidad (“licentia docendi”). 
• Bachelor (Bachiller): derivado de “bacalarius”, vocablo utilizado en el mundo medieval para designar tanto al joven aspirante a caballero que aún no poseía un dominio señorial como al estudiante que había superado las determinaciones básicas de las artes liberales pero continuaba su ciclo de formación superior. 

Los pilares de la instrucción universitaria eran la “lectio” y la “disputatio”. En la “lectio”, el catedrático leía en voz alta un texto canónico —habitualmente de Aristóteles o de sus comentadores árabes— y procedía a su análisis conceptual línea por línea. Dado que el coste de producción de un único manuscrito podía equivaler al precio de una propiedad modesta, la adquisición individual de libros resultaba inasumible para la mayoría de los estudiantes. Para remediar esta restricción económica, las universidades organizaron el sistema de la “pecia”: los manuscritos oficiales eran divididos en cuadernos o fascículos independientes que la institución alquilaba a los alumnos para que los copiaran de manera escalonada. Por su parte, la “disputatio” constituía un ejercicio de debate formalizado donde se enunciaba una tesis y los estudiantes debían refutarla o defenderla aplicando la silogística estricta. Este entrenamiento analítico representa el antecedente metodológico directo de la moderna defensa de la tesis doctoral. 

El horizonte conceptual de la universidad dio un vuelco decisivo con la llegada de las traducciones completas de la obra de Aristóteles desde Toledo, acompañadas por las glosas y comentarios de pensadores islámicos como Avicena y Averroes. El impacto de la física, la metafísica y la ética aristotélicas —sistemas analíticos fundamentados en la observación naturalista y la razón estricta sin recurrir a la revelación divina— sacudió los cimientos eclesiásticos, al punto de que en 1210 y 1213 la jerarquía episcopal prohibió la enseñanza de los libros naturales de Aristóteles en París. No obstante, la potencia explicativa de estos textos hizo inútil la censura. La gran resolución metodológica de esta tensión fue obra de Tomás de Aquino, fraile dominico y catedrático en París. En su monumental “Summa Theologiae”, Aquino articuló una síntesis escolástica estructurada bajo el formato de una “disputatio” continua, demostrando que la razón aristotélica y la fe revelada no eran contradictorias, sino vías complementarias para el conocimiento de la verdad. A partir de ese momento, Aristóteles pasó de ser considerado una amenaza doctrinal a constituir el pilar teológico de la academia medieval. 

3. Poder político, proliferación europea y exclusión institucional 

Entre la universidad y los poderes seculares y eclesiásticos se estableció una alianza simbiótica profundamente ambivalente. Los monarcas europeos comprendieron que la consolidación burocrática de sus reinos exigía cuadros técnicos capacitados en derecho, diplomacia y gestión pública. La universidad se transformó así en una auténtica fábrica de funcionarios. El estudio sistemático del Derecho Canónico —articulado en el “Decretum” redactado por el monje Graciano en Bolonia durante el siglo XII— y del Derecho Civil romanista proporcionó el marco normativo para la gobernanza de las cancillerías. Un testimonio supremo de esta dinámica fue el Papa Inocencio III, formado en Teología en París y en Derecho en Bolonia, cuya figura encarnó la convergencia entre erudición universitaria y ejercicio del poder político. 

A lo largo de los siglos XIII y XIV, el modelo universitario se expandió por el continente a través de fundaciones reales y bulas pontificias: 
- Nápoles (1224): primera universidad laica fundada por decreto estatal sin intervención eclesiástica; Federico II prohibió a sus súbditos estudiar fuera del reino para monopolizar el control de los funcionarios. 
- Montpellier (finales siglo XII): especialización médica de vanguardia, favorecida por la integración de textos y saberes árabes y judíos. 
- Padua (1222): desarrollo sobresaliente en Medicina y Filosofía Natural; foco de libertad intelectual renacentista. 
- Coimbra (1290): núcleo de la formación jurídica, administrativa y teológica del reino portugués. 
- Lérida (1297): primera fundación universitaria de la Corona de Aragón. 
- Praga (1348): primera universidad de Europa Central, concebida para competir con París y Oxford. 

Pese a esta notable expansión, la universidad medieval constituyó una institución rígidamente masculinizada. Salvo excepciones históricas extraordinarias —como Dorotea de Bucca, quien llegó a ejercer la cátedra de medicina y filosofía en la Universidad de Bolonia a comienzos del siglo XV—, las mujeres tenían vedado el acceso formal a las aulas y a la obtención de grados. Los canales de transmisión del saber femenino discurrieron por vías ajenas a la matriz corporativa universitaria, principalmente en el ámbito monástico. Figuras de la talla de Hildegarda de Bingen, monja benedictina del siglo XII que escribió tratados de botánica, medicina y teología, o Herrad de Landsberg, redactora de la enciclopedia ilustrada “Hortus Deliciarum”, desarrollaron un trabajo científico e intelectual al margen de una estructura universitaria que mantendría sus puertas cerradas a las mujeres hasta finales del siglo XIX y principios del XX. 

4. Conflictos, crisis demográficas y vida estudiantil 

La universidad medieval distó de ser un reducto de aislamiento pacífico o una torre de marfil ajena a las convulsiones de su tiempo. Constituyó, por el contrario, un entorno turbulento atravesado por querellas ideológicas, tensiones jurisdiccionales y catástrofes epidémicas. 

En el ámbito doctrinario, la búsqueda de autonomía científica chocó repetidamente con las autoridades eclesiásticas. En 1277, el obispo de París, Etienne Tempier, promulgó la condena formal de 219 proposiciones aristotélicas y averroístas que defendían el determinismo o la eternidad del mundo. Aunque esta medida pretendía frenar el avance del racionalismo radical, su resultado histórico fue paradójico: al decretar que la omnipotencia divina no estaba supeditada a las leyes físicas descritas por Aristóteles, la condena resquebrajó la autoridad incontestable de los textos clásicos y obligó a los sabios a observar la naturaleza directamente. En este ambiente de cuestionamiento, el fraile franciscano Roger Bacon, profesor en Oxford y París, postuló como axiomático que el conocimiento científico debía fundamentarse en la observación empírica, el cálculo y la experimentación directa, superando la sola apelación a la autoridad magistral. Por sostener estas tesis heterodoxas, Bacon fue juzgado y encarcelado por orden de su propia orden religiosa, lo que pone de manifiesto la severa resistencia institucional ante los balbuceos del método científico. 

A estas perturbaciones ideológicas se sumó la catástrofe demográfica de la Peste Negra en 1347. La pandemia erradicó entre un tercio y la mitad de la población europea en solo cuatro años, obligando al cierre temporal de las facultades por el deceso masivo de docentes y alumnos. No obstante, la crisis no destruyó la institución universitaria; al contrario, acentuó la necesidad social de graduados. Ante la mortalidad masiva del clero alfabético, los reinos y las ciudades recurrieron aceleradamente a laicos formados en las facultades de Derecho y Medicina para reorganizar la administración de bienes, gestionar los contenciosos sucesorios e implementar medidas de salud pública, consolidando al profesional universitario como una figura imprescindible del mapa social moderno. 

En el plano de la cotidianeidad, la convivencia universitaria estuvo marcada por una notable violencia urbana. Integrada por jóvenes de entre 14 y 25 años desplazados de sus hogares, la vida estudiantil registraba constantes altercados nocturnos, riñas de taberna y disputas armadas con la población local. Los propios estatutos de los colleges de Oxford incluyeron prohibiciones expresas contra el porte de armas, el juego de dados y la tenencia de aves de caza en los dormitorios. El conflicto más grave de la época derivó en la Huelga Universitaria de París de 1229: tras una trifulca en una taberna que culminó en una sangrienta represión por parte de la guardia real y la muerte de varios estudiantes, los profesores paralizaron las aulas y la corporación entera abandonó la ciudad. La huelga se prolongó durante dos años enteros, hasta que la corona francesa y el Papado cedieron ante las exigencias académicas, garantizando nuevos privilegios e inmunidades corporativas a la universidad. 

5. De la Revolución Científica a la redefinición moderna 

La transición hacia la Edad Moderna trajo consigo transformaciones tecnológicas e ideológicas que alteraron el cometido de la universidad. La invención de la imprenta de tipos móviles por Johannes Gutenberg hacia 1455 provocó una disrupción radical en la producción del libro, abaratando los costes de los ejemplares y permitiendo que los estudiantes poseyeran textos propios en lugar de depender del sistema de alquiler de la “pecia”. Paralelamente, la caída de Constantinopla en 1453 propició la llegada a Italia de eruditos bizantinos, reintroduciendo el estudio directo del griego clásico y los escritos originales de Platón. 

En este marco renacentista, la Universidad de Padua se consagró como el gran laboratorio científico del continente. En 1537, el anatomista flamenco Andreas Vesalio asumió la cátedra de anatomía en Padua y comenzó a realizar disecciones directas de cadáveres humanos, corrigiendo en su célebre tratado “De Humani Corporis Fabrica” (1543) decenas de errores perpetuados durante trece siglos por la tradición galénica. Ese mismo año de 1543, Nicolás Copérnico —quien se había formado en Derecho en Bolonia y en Medicina en Padua— publicó “De Revolutionibus Orbium Coelestium”, formulando la teoría heliocéntrica. Décadas más tarde, Galileo Galilei impartió clases de matemáticas en Padua durante 18 años, encontrando en la República de Venecia —que ejercía la soberanía sobre la ciudad y mantenía una postura de firme independencia política frente a Roma— la protección institucional necesaria frente a las presiones de la Inquisición para desarrollar sus investigaciones sobre la mecánica moderna. 

La Reforma Protestante iniciada en 1517 por Martín Lutero —doctor en Teología y catedrático en la Universidad de Wittenberg— fragmentó confesionalmente a las instituciones universitarias. Mientras los centros alemanes e ingleses abrazaron la Reforma o sufrieron severas purgas confesionales, las universidades de España, Italia y Francia se erigieron en baluartes de la Contrarreforma católica. En Ginebra, Juan Calvino fundó su propia academia teológica en 1559. En este mismo siglo XVI, el modelo trasplantó sus estructuras al continente americano: la corona española impulsó la fundación de la Universidad de Santo Tomás de Aquino en Santo Domingo (1538), seguida por la Real y Pontificia Universidad de México y la Universidad de San Marcos en Lima en 1551. En estas aulas americanas y en las de Salamanca, teólogos como Francisco de Vitoria sentaron los fundamentos del derecho internacional moderno al debatir los derechos jurídicos de las poblaciones indígenas. En el norte anglosajón, los colonos puritanos fundaron la Universidad de Harvard en 1636 como una réplica del modelo tutorial de Cambridge. 

A pesar de esta proyección global, el siglo XVIII trajo consigo una dura crítica ilustrada contra la esclerosis del método académico tradicional. En “La Riqueza de las Naciones”, Adam Smith denunció la mediocridad docente en Oxford, señalando que la percepción de salarios fijos desvinculados del rendimiento desincentivaba el esfuerzo de los profesores, mientras que Voltaire atacó la pervivencia de la escolástica dogmática en la facultad de teología de París. Esta desafección desembocó en la clausura y supresión temporal de las universidades francesas por la Convención Revolucionaria en 1793. 

La respuesta definitiva a esta crisis de legitimidad sobrevino con la refundación ideológica de la Universidad de Berlín en 1810, ideada por Wilhelm von Humboldt. El modelo humboldtiano introdujo un paradigma histórico: la unión indisoluble entre la docencia y la investigación activa (“Lehr- und Forschungseinheit”). El catedrático dejó de ser un mero repetidor de cánones heredados para convertirse en un investigador en activo que producía nuevo conocimiento junto a sus estudiantes en seminarios y laboratorios. Este principio de la universidad de investigación es el que rige hasta hoy en las instituciones de educación superior de todo el planeta. 

Ocho siglos después de que los estudiantes de Bolonia organizaran sus primeras “nationes” para defender sus derechos corporativos y los maestros de París debatieran en las plazas del Barrio Latino, la estructura esencial de la academia contemporánea sigue guardando una profunda fidelidad a sus orígenes. La lección magistral, el examen estandarizado, el debate formalizado y la defensa de una tesis ante un tribunal constituyen rituales seculares diseñados por la civilización occidental para organizar, preservar y expandir el conocimiento humano a través de las generaciones.



miércoles, 17 de junio de 2026

Más Facultades de Medicina a la vista: tarde, mal y nunca

 

Este es un titular reciente de El País: “España contará con seis nuevas facultades de Medicina, pero peligra el trabajo de los futuros doctores”,  

La noticia encaja en un problema estructural: España está ampliando facultades y plazas de Medicina sin que el sistema de especialización, prácticas clínicas y empleo haya absorbido bien el crecimiento previo. El resultado es una política tarde, mal y nunca: tarde, porque corrige ahora desajustes previsibles; mal, porque suma estudiantes sin asegurar tutores, rotaciones y plazas MIR suficientes; y nunca, porque falta una planificación sostenida a largo plazo. 

El titular de El País apunta a una contradicción básica: se autorizan seis nuevas facultades mientras se advierte de que, cuando esos alumnos terminen, puede haber exceso de especialistas y problemas de inserción laboral. Y más teniendo en cuenta que el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades resolvieron en el año 2025 más de 30.000 homologaciones de títulos de Medicina de extracomunitarios, lo que supone la tremenda cifra de 4,4 homologaciones por cada médico egresado de una facultad española en el mismo periodo. 

Esto no significa que sobren médicos hoy, sino que la oferta se está expandiendo con una lógica universitaria de crecimiento que no siempre coincide con las necesidades reales del sistema sanitario. Porque crear un especialista implica, como poco, 10-12 años (y eso, yendo todo bien): 6 de carrera universitaria, 0-1 de MIR y 4-5 años de especialización. 

Porque, además, la clave no es solo cuántos estudiantes entran en Medicina, sino cuántos pueden completar una formación clínica de calidad y cuántos acceden luego a una plaza de especialidad. Sanidad ha elevado la oferta MIR a 9.276 plazas en 2026, un récord, pero el propio diseño del sistema sigue dependiendo de un cuello de botella: si el aumento de graduados va por delante del aumento de plazas especializadas, el problema se desplaza, no desaparece. Dicho de otro modo: abrir más facultades sin asegurar hospitales docentes, profesorado clínico y salida MIR es como ampliar la puerta de entrada sin ensanchar el pasillo de salida. 

Un ejemplo más de la crónica mala gestión universitaria y política universitaria que nos ha acompañado desde hace décadas. Siempre tarde, mal y nunca… Y ello porque la universidad y a las administraciones han tolerado durante años una expansión de grados de Medicina guiada más por prestigio, presión territorial o interés político que por una planificación sanitaria seria. Esa fragmentación genera duplicidades, dispersa recursos y debilita la capacidad formativa real de las facultades y de los hospitales asociados. 

Además, la universidad suele reaccionar tarde: primero autoriza, luego improvisa convenios, después busca docentes y prácticas, y solo al final se pregunta por el mercado laboral. Eso es gestión reactiva, no estratégica. 

¿Cuáles son las consecuencias previsibles? 

El primer efecto es formativo: más alumnos compiten por los mismos recursos clínicos, con riesgo de menos prácticas, más saturación asistencial y peor acompañamiento docente. 

El segundo efecto es laboral: si la oferta de graduados crece más rápido que la de especialidades, aparecen médicos sin plaza MIR, emigración forzada o subempleo, un escenario que ya han advertido organizaciones profesionales y estudiantiles. 

El tercer efecto es sistémico: la universidad pierde credibilidad cuando promete movilidad social y luego entrega incertidumbre profesional. 

Por ello la expresión “tarde, mal y nunca” retrata un modelo institucional que ha confundido expansión con planificación. Tarde, porque el desajuste entre facultades y especialidades lleva años denunciándose; mal, porque se ha fragmentado la formación clínica sin reforzarla proporcionalmente; y nunca, porque no se ha construido una política estable de numerus clausus, plazas MIR, hospitales docentes y necesidades territoriales. 

La solución no pasa solo por abrir o cerrar facultades, sino por coordinar universidad, Sanidad y comunidades autónomas con un horizonte de 10 a 12 años, que es el tiempo real de formación de un médico hasta consolidarse como especialista. 

Y eso me retrotrae a dos post que publiqué hace años en este mismo blog: ¿Es necesario la apertura de nuevas Facultades de Medicina en España?  y Facultades de Medicina en España o la crónica de una sinrazón anunciada. Por tanto, nada nuevo…

sábado, 26 de abril de 2025

Cine y Pediatría (798) “El aspirante”, cuando menos es más para criticar las novatadas

 

Las novatadas son un conjunto de rituales, bromas y actividades que tradicionalmente realizan los estudiantes veteranos a los estudiantes de nuevo ingreso (novatos) en diversos ámbitos, principalmente educativos (universidades, colegios mayores) pero también en otros contextos como el militar o deportivo. Estas prácticas suelen tener como objetivo declarado la integración de los nuevos miembros al grupo, la creación de lazos y la transmisión de ciertas tradiciones o códigos del colectivo. 

En su concepción inicial y en algunos contextos más benignos, las novatadas podrían argumentarse como una forma de romper el hielo, superar la timidez inicial y fomentar la camaradería entre estudiantes de diferentes cursos. Se podría alegar que ayudan a los recién llegados a conocer a sus compañeros veteranos, a familiarizarse con el entorno y a sentirse parte de una comunidad, quizás buscando aliviar la tensión del inicio de una nueva etapa. Sin embargo, esta visión idealizada a menudo contrasta fuertemente con la realidad de muchas novatadas, especialmente en el ámbito universitario, donde con frecuencia degeneran en prácticas humillantes, vejatorias, peligrosas e incluso ilegales, con actos de abuso de poder y coerción que pueden suponer riesgos para la integridad física y psicológica de los novatos. A menudo, las novatadas se llevan a cabo en un clima de permisividad o incluso complicidad por parte de algunos miembros de la comunidad universitaria, lo que contribuye a la perpetuación de estas prácticas y normaliza la violencia y el abuso. 

Siendo como es un tema relevante, su presencia argumental en el cine es excepcional. Si bien, desde Cine y Pediatría ya hemos tratado tres películas nucleares: desde España, Novatos (Pablo Aragües, 2015), se fundamenta en la experiencia real del director en su llegada a un colegio mayor universitario en Madrid; desde Estados Unidos, La furia de una madre (Vibeke Muasya, 2021), que saca a la luz este problema en el contexto de las reconocidas fraternidades universitarias yanquis; y desde México, Heroico (David Zonaza, 2023), sobre el abuso en la instrucción militar dentro del duro y violento proceso de formación de los cadetes en el ejército, algo que ya nos dejara en el recuerdo la icónica película La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987) o la película alemana Napola, escuela de élite nazi (Dennis Gansel, 2004).   

Ya en ese análisis previo comentamos que en, el año 2015, Juan Gautier realizó un corto español sobre este tema bajo el título de El aspirante, alrededor de Carlos, un estudiante universitario recién llegado a un colegio mayor y que en los primeros días tendrá que enfrentarse a las novatadas de los veteranos. Un corto de 18 minutos que comienza con esta frase de Erich Fromm: “El bien y el mal no existen si no hay libertad para desobedecer”. Y con esa frase final: “Yo prefiero integrarme a ser un marginado”. Pues bien, como le ocurre a algunos cortos de éxito, ahora se ha convertido en un largometraje de 94 minutos: El aspirante (Juan Gautier, 2024). En ambas obras solo coinciden algunos autores, no los principales. Carlos, el protagonista principal motivo de las novatadas, está interpretado por Patrick Criado en el corto y por Lucas Nabor en el largometraje. Si coincide la canción grunge que suena al final de la película, durante los títulos de crédito, y que corresponde al "Heart-Shaped Box" de Nirvana. El director, Juan Guatier, sabe de lo que habla, pues su padre fue director del madrileño colegio mayor Chaminade, que prohibió estas prácticas hace años (y, de hecho, la película se ha rodado en las instalaciones de este colegio mayor). Y revisados ambos productos quizás se vuelve a confirmar lo ya conocido para la vida (y el cine): que muchas veces, menos es más. 

El aspirante es un thriller que se desarrolla durante la "Jornada Cero" de novatadas en una residencia universitaria y se nos muestra, con marcas horarias, el transcurso de esas 24 horas. Y todo comienza con el sermón que reciben estos universitarios en la iglesia del colegio al inicio del día. “Estar en el San Nicolás de Tolentino es un privilegio, pero también es una responsabilidad. Porque aquí cultivamos valores de respeto y de fraternidad, y desde ahí nos relacionamos. Y vuestra obligación, vuestro deber, vuestra responsabilidad, por tanto, es inundar el mundo viviendo estos valores orgullosos de lo que somos y de dónde venimos. Vivid el espíritu de la fraternidad y el espíritu de la fraternidad estará en vosotros”. Y a partir de ahí se desgranan las horas y lo hechos que acaecen sobre Carlos (Lucas Nabor), al que llaman “Principito”, y Dani (Jorge Motos), dos estudiantes de primer año de Ingeniería, a los que se les introduce así en la Jornada Cero: “Ustedes eligen, ¿están con los que mandan o con los que eligen? Bienvenidos al puto infierno”. Y ahí comienza el enfrentamiento con los dos líderes del grupo, Pepe (Eduardo Rosa) y Olmo (Pedro Rubio), dos personajes manipuladores y con una personalidad tóxica que dirigen los rituales con crueldad. 

La película explora cómo la presión del grupo, el miedo al rechazo y el deseo de pertenecer pueden llevar a los jóvenes a participar en actos humillantes y potencialmente peligrosos. Lo que empieza como un juego divertido, pronto se convierte en una espiral perversa. Y a medida que avanza la noche, aumenta el alcohol, la droga, el sexo,… y la tensión aumenta progresivamente hasta que la violencia amenaza con estallar fuera de control: “No sé que me da más asco, si los amos que guían o los siervos que obedecen”, dice un Carlos que se revela frente a ello. Y con un final que nos devuelve a la iglesia. Ahora todos de luto… 

Porque El aspirante (tanto en su versión de corto como de largo) ofrece una dura crítica a las tradiciones de novatadas en los entornos universitarios, mostrando cómo estos rituales de iniciación pueden degenerar fácilmente en abuso de poder, humillación y violencia (física y psicológica). Y utiliza el formato de thriller psicológico para explorar temas oscuros sobre la naturaleza humana, la dinámica de grupo y los peligros de la conformidad ciega que se esconden detrás de esas novatadas aparentemente inofensivas. 

Un buen mensaje, pero que se diluye en el largometraje cuando ya estaba presente en el corto. No es la primera vez que se quiere explorar el éxito de un corto premiado alargando la historia para convertirlo en largometraje. Lo hizo Rodrigo Sorogoyen con el corto Madre (2017) que lo transformó en la película Madre (2019), y también Carlota Pereda con el corto Cerdita (2018) que acabó en el largometraje Cerdita (2022). Ahora ha sido el caso de Juan Gautier. Y en los tres casos se confirma que, también en el séptimo arte, casi siempre menos es más… 

 

miércoles, 28 de febrero de 2024

Cuando el cine entra en la Universidad. Experiencias con Cine y Pediatría

 

Desde que iniciamos el proyecto Cine y Pediatría en el año 2010, el principal objetivo ha sido que nos atrevamos a prescribir películas al igual que prescribimos medicamentos, pruebas complementarias o, incluso, direcciones electrónicas de páginas de interés para nuestros pacientes y sus familias, pero también para los profesionales sanitarios y residentes en formación y, claro está, para los estudiantes. Y para ello nos fundamentamos en estos cinco puntos: 1) que la Pediatría es una especialidad “de cine”; 2) que la infancia y adolescencia son los actores de nuestra vida y profesión; 3) que el arte de “prescribir” películas implica arte, ciencia y conciencia; 4) que es preciso aprender a mirar las películas bajo la observación narrativa (prefiguración, configuración y refiguración); y 5) que abogamos por prescribir películas relevantes en su relación con la Pediatría, tanto en su ámbito médico como social. 

Y ya mi discurso de ingreso en la Asociación Española de Médicos y Escritos y Artistas (ASEMEYA) en el año 2014 fue bajo el título “¿Te atreves a prescribir películas en Pediatría?" y así lo hemos implementado en congresos, reuniones y cursos. Pero hoy quiero relatar dos experiencias recientes en las clases de la universidad junto a Cine y Pediatría. 

1) En la Universidad Miguel Hernández (UMH) y dentro de las clases de Pediatría en la Facultad de Medicina desarrollamos una actividad complementaria a la clase teórica sobre “Oncología Pediátrica” durante el mes de noviembre y diciembre de 2023. La evaluación continua sobre este tema se realizó en base al visionado de una de esta cinco películas: 1) Amar la vida (Wit, Mike Nichols, 2001), 2) Cartas a Dios (Letters to God, David Nixon y Patrick Doughtie, 2010); 3) Surviving Amina (Bárbara Celis, 2010), 4) Declaración de guerra (La guerre est déclarée, Valérie Donzelli, 2011), y 5) Yo soy uno entre cien mil (Penélope Cruz, 2016). Para ello se dejó el enlace o plataforma donde poder visionar la película. 

Tras su visionado hubo que entregar una ficha con una descripción de la ficha técnica del film, así como un análisis de las tres partes de la conocida como observación narrativa: 

- FICHA DE LA PELÍCULA: Título de la película y título original, Director, año y país, Duración del metraje, Actores. 

- PREFIGURACIÓN (el ANTES de ver la película). 
Con la sinopsis que encuentra en internet de la película, se debe intentar expresar lo que conoces de la enfermedad o tema que va a versar el film elegido. 

- CONFIGURACIÓN (el DURANTE el visionado de la película, a ser posible en versión original) 
Y cabe responder a estos tres puntos que se marcan a continuación. 1) Análisis de los personajes; 2) Análisis de la enfermedad oncológica; y 3) Análisis del abordaje argumental. 

- REFIGURACIÓN (el DESPUÉS del visionado de la película) 
Es ese espacio de cine fórum donde cabe volcar las emociones y reflexiones que nos devuelve la historia, así como los valores y aspectos de humanización para nuestra práctica clínica. 

Se marcó un plazo de entrega y hubo una participación muy alta, con entrega de 84 fichas de la película "prescita" y con un sorprendente análisis en forma y fondo, muy trabajados y en bastante de ellos, excelente. Y el haber dedicado este tiempo a un tema que no entra en el MIR, pero si en la reflexión de los valores de humanización y empatía en la formación como médicos de nuestros estudiantes, es algo que nos congratula como profesorado. 

2) En la Universidad de Castilla La Mancha (UCLM) y dentro de las clases de Derecho Sanitario en la Facultad de Farmacia desarrollamos un cine fórum sobre “Nuevas terapias y enfermedades raras” en la Mediateca durante 5 hs el pasado 21 de febrero de 2024. Y el tema se trabajó en base al visionado de la película El aceite de la vida (Lorenzo´s Oil, George Miller, 1992). Una película paradigmática sobre las enfermedades raras (o de baja prevalencia) y que ya fue motivo de un exhaustivo análisis en el Curso Avanzado del Comité de Bioética de la AEP que tuvo lugar en Avilés en el mes de octubre de 2012. 

Una experiencia muy enriquecedora junto a 90 alumnos de forma presencial y varios profesores. Y en ese análisis (y en su visionado) fueron apareciendo temas de debate en relación con muy diversos aspectos: el papel del “intruso benefactor” y del “empoderamiento” de los pacientes y familias; la ética del “primum no nocere”, de las “pruebas anecdóticas” y otros aspectos relacionados con la investigación en enfermedades raras; la ética de la toma de decisiones por sustitución; la limitación del esfuerzo terapéutico y de los límites de los cuidados paliativos en pacientes con pérdida de sus capacidades; el valor de cuidar a los cuidadores la dificultad de investigación en enfermedades raras y la dificultad de legislar ensayos clínicos sobre “medicamentos huérfanos”; etc.  Y con esta película también nos adelantamos un día a la celebración de mañana, 29 de febrero, Día Internacional de las Enfermedades Raras. 

Dos experiencias que se suma a otras muchas conocidas donde el séptimo arte entra en las aulas universitarias, como ya es tradición en algunas universidades españoles y de otros países.

sábado, 24 de junio de 2023

Cine y Pediatría (702) “La furia de una madre” contra las fraternidades

 

Son escasas las películas que se centran en las novatadas. Y no es un problema menor. Porque una novatada es un acto sistemático de humillación, acoso y abuso sobre el novato y que se desarrolla principalmente entre adolescentes y jóvenes en universidades, en el servicio militar o en fraternidades. Hace ocho años pude asistir al estreno en Alicante de la película española Novatos (Pablo Aragües, 2015), un film denuncia frente a las novatadas en las universidades españolas y que se fundamentaba en una experiencia personal de su director, quien sacó adelante este proyecto gracias al micromecenazgo (o crowdfunding). Y hoy comentaremos la película estadounidense La furia de una madre (Vibeke Muasya, 2021), que ha visto la luz gracias a Siobhan Fallon, quien actúa de productora, guionista y actriz principal (y quien lleva todo el peso de la trama) y que se centra más en estas prácticas en el entorno de las fraternidades estadounidenses. No son grandes películas desde el punto de vista cinematográfico, pero sí vale la pena destacarlas por las reflexiones y denuncias que conllevan y por su escasa presencia en la gran pantalla. 

La furia de una madre (particular traducción al español del título original Rushed) comienza en mitad de la noche en un bosque, allí donde un grupo de universitarios están siendo ultrajados con novatadas para que puedan formar parte de la fraternidad Psi Xi. Y tras el título de la película se nos presenta a la familia O´Brien, una familia trabajadora de origen irlandés que gira alrededor de Bárbara (Siobhan Fallon), una madre de amplias convicciones religiosas que reza el Rosario por la mañana y agobia con sus preocupaciones a su marido (un irreconocible Robert Patrick, nada que ver con sus papel de T-1000 en la segunda película de la saga Terminator). Tienen cuatro hijos en distintas etapas de la adolescencia, Kelly, Ciara, Sean y Jimmy, este último al que hemos conocido en la primera escena y que ahora sufre esas novatadas de esa fraternidad de la Universidad estatal de Nueva York. Bárbara llama todos los días a Jimmy (Jay Jay Warren), como madre protectora y preocupada que es, y al que le hace repetir una oración al comenzar el día: “Creo en la importancia de la amistad, lealtad y virtud para toda la vida. Y vivir siempre con honor, virtud, amor y amistad de mis compañeros y los que vengan tras de mí”. 

Y siguen las vejaciones a los novatos (les arrastran entre cristales, les orinan encima, etc.) Pasan los días y continúan los abusos en la universidad y nadie los para. Finalmente llega la fiesta de admisión de los novatos a la fraternidad, donde corre el alcohol y las drogas. Y el cabecilla del grupo somete a Jimmy a una intoxicación por mezcla de benzodiacepinas y alcohol, sin prestarle la ayuda necesaria a tiempo. Por lo que el final no se hace esperar…Y cuando llegan las ayudas médicas ya se encuentra en un coma que ni la ciencia médica ni las oraciones de toda la familia a su alrededor pueden revertir, por lo que se tienen que enfrentar a la adecuación del esfuerzo terapéutico en la unidad de cuidados intensivos. Y llega la carta de la universidad a los padres: “Estimados señor y señora O´Brien. Sentimos enormemente comunicarles que, tras una exhaustiva investigación por parte de la policía estatal de la trágica muerte de su hijo, Jim Junior, y mediante la evaluación de un consejo externo, todas las partes concluyen que la universidad no es responsable de la muerte de Jim. Continuaremos a su disposición, pero por la presente, queda este asunto zanjado”. Un escrito que despierta todo lo contrario en la madre, quien tras intentar superar el duelo, decide tomar riendas en el asunto, antes de consumirse en el dolor como hace con los numerosos cigarrillos que se consumen en su boca…Y mientras recita sus Avemarías, dice a su familia: “¿Cuánto tiempo más puedo seguir compadeciéndome y fumando?... Tengo que irme y hacer algo importante por vuestro hermano”. 

Y surge una más de tantas madres (y padres) corajes que conocemos y que quieren luchar contra la injusticia, incoherencia y mediocridad reinante en las instituciones que le rodean. Y con su coche inicia un viaje para contactar con madres de diferentes estados del país y que pasaron por lo mismo que ella: que perdieron algún hijo por estas crueles novatadas de las fraternidades. Su objetivo es intentar cambiar la ley que rige las novatadas de estas fraternidades extendidas por los campus universitarios y auspiciadas por las propias universidades, bajo el encubrimiento y la corrupción de ciertos lobbies. Y es así como en el último tercio de la película, el drama se convierte en thriller… que cabe no descubrir. 

Porque más allá de esos finales tan “made in USA” de algunas películas como ésta, quizás el mayor interés es sacar a la luz la situación de las fraternidades en Estados Unidos, pues son una parte importante de la vida estudiantil. Las fraternidades o hermandades estudiantiles son organizaciones sociales para estudiantes que asisten a la universidad y pueden ser tanto masculinas, femeninas o mixtas (las hermandades masculinas son denominadas fraternidades y las femeninas son llamadas sororidades) con el requisito que todos los miembros de una fraternidad deben ser estudiantes de la misma universidad. La mayoría de las fraternidades tienen un conjunto de valores fundamentales que se espera que los miembros cumplan, como la excelencia académica, el liderazgo, el servicio y la hermandad; pero además, estas organizaciones persiguen otros valores humanos, contribuyen con causas altruistas y filantrópicas, y sus miembros buscan beneficios mutuos. Lo cierto es que para ellos es una honorable institución, pero desde fuera se intuye como una institución clasista y un verdadero loby de poder, pues los potenciales beneficios son claros (las oportunidades de establecer contactos, el apoyo académico, y oportunidades de desarrollo del liderazgo). 

Cada fraternidad tiene su propio nombre, que suele denominarse «casa» y los miembros de las fraternidades universitarias viven juntos en una casa grande cerca del campus y suelen compartir una sala común y la cocina. Si bien no existe una cantidad mínima o máxima de miembros que una fraternidad pueda tener, suelen estar compuestas por un mínimo de diez miembros. Los nuevos aspirantes a miembros (llamados novatos) pasan por un periodo de iniciaciones antes de ser integrados formalmente a la fraternidad, que suele durar aproximadamente dos semanas. Esta instancia puede incluir desde bromas inofensivas hasta actividades peligrosas (ideadas por los cabecillas de la fraternidad) que han provocado lesiones e incluso, en algunos casos, la muerte (y de ello versa – y denuncia – nuestra película de hoy). 

La primera fraternidad fue creada en el año 1776 por estudiantes del estado de Virginia. La nombraron Phi Beta Kappa, y se caracterizaba por ser secreta y por los rituales de iniciación que llevaba a cabo, cuyo objetivo era impulsar la excelencia en la ciencia y la humanidad. En cuanto a los nombres que llevan las distintas fraternidades, suelen generarse a partir de las letras del alfabeto griego, y estas son las más conocidas de los Estados Unidos: Phi Delta Theta (creada en 1848 en la Universidad de Miami en el estado de Ohio), Sigma Alpha Epsilon (fundada en 1856 en la Universidad de Alabama), Pi Kappa Alpha (creada en 1868 en la Universidad de Virginia), Sigma Chi (fundada en 1855, también en el campus de la Universidad de Miami en Ohio), Sigma Phi Epsilon (creada en el año 1901 en la Universidad de Richmond). Y sí es cierto que las hermandades juveniles son más frecuentes en Estados Unidos, también se pueden dar en otros países europeos y de otras partes del mundo, y por ello se reconocen el Consejo Nacional Griego Americano, el Consejo Nacional Griego Multicultural o el Consejo Nacional Panhelénico, cada uno compuesto por diferentes fraternidades y sororidades de diferentes universidades. 

Y en cada una de ellas las novatadas (hazing en inglés) son rituales de iniciación que se aplican a los nuevos alumnos universitarios que quieren ingresar en la hermandad, y en los Estados Unidos tienden a ser más extremas de lo habitual, con resultados fatales en ocasiones, tal como nos denuncia con furia esta madre de nuestra película de hoy. Y, por fortuna, actitudes coraje como las de Bárbara en este thriller dramático de la directora Vibeke Muasya, han conseguido que ya un buen número de estados tengan leyes contra la práctica de las novatadas. 

Y cabe recordar que en el año 2015, Juan Gautier realizó un corto español sobre este tema bajo el título de El aspirante, alrededor de un estudiante universitario recién llegado a un colegio mayor y que en las primeras semanas tendrá que enfrentarse a los veteranos. Pues bien, como le ocurre a algunos cortos, este año 2023 estamos esperando el estreno de esta historia ahora en formato de largometraje, bajo el mismo título y director. Porque la denuncia a través del cine no debe cejar. 


   

miércoles, 1 de febrero de 2023

El arte de presentar en público en la universidad


Nos recuerda un proverbio chino que “hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida”. Con este pensamiento comienza el libro “El arte de presentar en público en la universidad. La competencia comunicativa oral en la docencia universitaria y su impacto en el alumnado”, una de cuyas autoras, Carme Hernández-Escolano, me regaló el libro hace unas semanas. 

Un libro de 190 páginas estructurado en tres bloques: 
- Bloque I. Marco teórico en tres aspectos: 1) competencia comunicativa oral como herramienta de intervención para la mejora del aprendizaje en la universidad; 2) competencia didáctica y desarrollo competencial comunicativo oral en la educación superior; 3) competencia comunicativa oral desde la perspectiva de la innovación y calidad educativa.
- Bloque II. Marco práctico con las experiencias desde tres universidades. 
- Bloque III. Otros contextos desde la perspectiva de la evaluación: en el grado y el máster, en la innovación social e inclusión universitarias y en los nuevos formatos pedagógicos (como el storytelling). 

La Declaración de Bolonia (1999) puso de manifiesto la voluntad común de construir un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), un sistema universitario europeo comparable, orientado al desarrollo competencial y a la calidad. Y en este EEES se realzan las competencias genérico-transversales, donde la competencia comunicativa se ubica y vuelve a considerarse clave y requerida a cualquier titulado. 

El libro profundiza en todos esos aspectos, y donde queremos destacar los nueve criterios de evaluación en tres marcos: 

a) Lenguaje verbal: 
- Orden y estructura: existencia de introducción, cuerpo y conclusión en la presentación oral. 
- Vocabulario: utilización de un léxico adecuado al tema y a la audiencia. 
- Claridad y concisión: se entiende perfectamente todo lo que se explica y el mensaje es conciso. 

b) Lenguaje no verbal: 
- Gestualidad: utilización de gestos que interactúen con la audiencia y faciliten la comprensión del discurso. 
- Mirada: adaptación del discurso a las reacciones observadas en la audiencia. 
- Volumen y entonación: volumen adecuado, entonación variada y no monótona. 

c) Interés y eficacia: 
- Conclusión: existencia de unas conclusiones que respondan a los objetivos planteados. 
- Dominio del tema: responder con rigor y conocimiento a las preguntas que formule la audiencia. 
- Tiempo: ajustarse a lo establecido. 

Y concluyo con dos pensamientos de dos clásicos con los que comienzan algunos de los capítulos del libro: “Una cosa es saber y otra saber enseñar” (Cicerón) y “Quien saber pensar pero no sabe expresar lo que piensa está en el mismo nivel que quien no sabe pensar” (Pericles). 

La comunicación oral es una de las mejores herramientas en la práctica sanitaria (traducida como una buena entrevista clínica), pero no hay duda de que también lo debe ser en nuestra labor docente universitaria.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Facultades de Medicina en España o la crónica de una sinrazón anunciada


Desde este blog llevamos años exponiendo una cruda realidad en la universidad española: el fracaso de su modelo para incentivar un modelo docente e investigador que pueda competir en la primera liga de las universidades del mundo o que convenza a los propios estudiantes y profesores. 

En los diversos rankings de las universidades en el mundo (con el Academic Ranking of World Universities, conocido como ranking de Shanghai, como santo y seña de referencia internacional, a pesar del alboroto y críticas a su debilidad metodológica), año a año se repite que ninguna universidad española se encuentra entre las primeras 150 del mundo, y que entre las 500 mejores analizadas aparecen poco más de una decena. Lo comentamos ya en el año 2010, y lo hemos repetido casi de forma anual hasta el año 2019, donde cansados por este día de la marmota, vemos que todo sigue igual (sino peor, como veremos).   Pero más importante que estos rankings sea la poco favorable opinión de nuestros estudiantes universitarios, donde los diferentes informes de los Observatorios del Estudiante encuentran amplio margen de mejora en la calidad docente, las instalaciones e infraestructuras y, especialmente, en las prácticas y empleabilidad. 

Pues si esta es la poco halagüeña situación de la universidad, las cosas empeoran en el caso de las Facultades de Medicina. Y que ahora se reactiva con la publicación, difusión y revuelo del documento “Consideraciones de la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina Españolas (CNDFME) sobre la propuesta de los Ministerios de Universidades y de Sanidad de incrementar las plazas de nuevo ingreso de estudiantes del Grado en Medicina en un 15%” emitido el 22 de octubre de 2022. Y que han pretendido darle un amplio eco en prensa y radio. Pero, ¡a buenas horas, mangas verdes!...

Compartimos el documento debajo, y que incluye los siguientes puntos argumentales: 
- Porqué en España no faltan médicos sino especialistas. 
- Porqué no es una decisión acertada aumentar las plazas de acceso al Grado de Medicina. 
- Propuestas de mejora. 

En el documento se matiza que en España no faltan médicos, sino especialistas (que se concretan en especialidades como Medicina Familiar y Comunitaria, Anestesiología y Reanimación, Geriatría, Psiquiatría, Pediatría y Radiodiagnóstico) y recuerda que España es el sexto país del mundo en número de médicos (datos de la OCDE) y el segundo con más facultades por población (solo superado por Corea del Norte). 

También se revisa que, respecto a la oferta formativa, en España se ha incrementado el número de estudiantes egresados con el título de Graduado en Medicina en un 167% desde el año 2005-2006, cuando salieron de las aulas 4.343 estudiantes en comparación con los 7.264 del año 2020-2021. Del mismo modo, se ha incrementado un 164% el número de facultades que ofertan el Grado en Medicina en la última década, desde 28 hasta las 46 facultades actuales. Esto equivale a unos 14,5 graduados por 100.000 habitantes, cifra que se encuentra por encima del promedio de la OCDE (13,1) y de países del entorno como Italia (13,3), Reino Unido (12,9), Alemania (12,0) y Francia (9,5). 

Sin embargo, este incremento de facultades se ha llevado a cabo sin el consecuente aumento del profesorado. Y peor que eso, sin acreditación para que las facultades y los hospitales universitarios puedan tener un adecuado número de catedráticos y titulares, así como de asociados. Y también a juicio de los decanos y estudiantes, la principal causa se debe a que, según los criterios de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) 2008-2016, la rama de Ciencias de la Salud presenta la tasa más baja de informes favorables de acreditación, lo que no va a permitir la renovación con garantía. ANECA es un fracaso en Medicina y sus criterios docentes no funcionan, y no llegan los prometidos perfiles más clínicos para intentar solventar este problema… grave problema. Pues ahora no es solo que en Medicina no estén satisfechos los alumnos por la falta de profesorado (y, especialmente, buenas prácticas), sino que ANECA no estimula y apoya a este profesorado, profesorado muy desestimulado ante tanta incoherencia y mediocridad. 

En el año 2019, en la era prepandémica, ya lo dijimos en este blog que eran múltiples las razones para justificar que no son necesarias más Facultades de Medicina en España, subrayábamos las más importantes en los siguientes puntos: 
- En nuestro país no hacen falta más estudiantes de Medicina.
- El número de facultades de Medicina debe responder a necesidades demográficas reales y fundadas. Las universidades y autoridades políticas deben actuar con responsabilidad. 
- Saturación de estudiantes en hospitales y centros de salud.  
- Déficit existente de profesorado.  
- Es un despilfarro económico y no es una prioridad educativa ni sanitaria. 

Y ahora, en el año 2022 todo sigue igual (o peor). Por ejemplo, en Alicante hay una Facultad de Medicina en la Universidad Miguel Hernández (UMH), facultad con deficiencias que deben mejorar y con departamentos desestructurados (y conozco bien el de Pediatría para dar esta afirmación con hechos y datos). En lugar de apoyar a esta universidad, se piensa que la solución es crear otra Facultad de Medicina en la vecina Universidad de Alicante (UA). Pero ojo, no olvidar que hasta finales de 1996 no existía la UMH y la Facultad de Medicina estaba en la UA. 

No sé si todo lo anterior justifica el titular de este post, porque la crónica de una sinrazón anunciada puede aún empeorar. Combinemos exceso de facultades, exceso de alumnos, falta de profesores y de futuro para éstos con ANECA... y tendremos lo que se llama un pan como unas tortas. Señores responsables de la organización de las Facultades de Medicina y de ANECA, sepan que los clínicos ya hace mucho tiempo que nos hemos acostumbrado a vivir sin el afecto y respeto de la universidad, pero lo que no tengo tan claro es que la universidad pueda continuar ejecutando el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) sin los clínicos.

Y una cosa más (y no soy adivino): gracias a todo esta (des)organización, en el próximo Academic Ranking of World Universities la universidad seguirá igual de mal... o peor. Sigan desestimulando a alumnos y profesores y todo es susceptible de empeorar. Y esto lo escribe un profesor universitario que, pese a la continua sinrazón de la universidad sigue con tesón al pie del cañón docente como hace varias décadas en favor de los alumnos, de los que acabo de recibir la calificación de excelencia en el último cuatrimestre. Y como yo, centenares de profesores que no se merecen un caos así. 

lunes, 16 de mayo de 2022

En busca de la excelencia docente universitaria: el modelo PAF

 

El concepto de excelencia es la calidad que convierte a una persona u objeto en merecedor de una estima y aprecio elevados. Por tanto, es es disponer de esa capacidad o habilidad fuera de lo común, que en el tema profesional suele asociarse a una condición moral muy elevada. Y perseguir la excelencia en algún campo del conocimiento representa una serie de sacrificios que la mayoría de las personas no está dispuestas a realizar. 

Y esa excelencia también incluye al docente excelente, reconocido como aquel que va más allá de transmitir contenidos y consigue desarrollar en sus estudiantes la creatividad, el pensamiento crítico, la capacidad para colaborar con otros y la fortaleza de carácter de la que depende la convivencia productiva y civilizada. 

La enseñanza de calidad en el entorno universitario (y en cualquier otro) se puede resumir un decálogo de características a tener en cuenta: 1) Diseño y planificación docente; 2) Ambiente de trabajo; 3) Selección de contenidos interesantes; 4) Materiales de apoyo; 5) Metodología didáctica; 6) Buen uso de nuevas tecnologías; 7) Apoyo a estudiantes; 8) Trabajo docente en grupo; 9) Sistemas de evaluación apropiados; y 10) Propuestas de mejora. 

Y son cinco variables clave para encaminarnos a la excelencia docente:
- El talento docente
- El dominio de la materia
- El saber enseñar la materia
- La actitud, la pasión y el amor que le pongamos al acto docente
- Las expectativas y trato con los estudiantes.
De forma que algunas de estas variables se enmarcan en lo que se conoce como habilidades grupales. 

Según el grado de control del instructor docente (y estructuración del curso) y madurez y autonomía del alumno, podemos diferenciar tres enseñanzas:
- La Pedagogía es la enseñanza en niños y adolescentes. Implica una fuerte control por parte del docente y una buena estructuración del curso debido a la inmadurez del docente. 
- La Andragogía es el aprendizaje en adultos, pero mediado por un profesor.
- La Heutagogía es un concepto que describe el aprendizaje de los adultos determinado por ellos mismos (cercano al autoaprendizaje).

Por tanto, el buen docente reúne las siguientes características:
- Motiva a los estudiantes 
- Hace que comprendan el concepto, no que lo aprendan
- Da pautas para que aprendan el concepto
- Enseña a aplicar el concepto.

Estos son algunos conceptos, generalmente bien conocidos, que revisamos en el primer taller de Actividades Formativas del Master Universitario en Medicina Clínica, curso 2021-22. Y donde se profundizó en el modelo PAF para el diseño de presentaciones efectivas docentes.

El modelo PAF (presentación, aplicación y feedback) es una propuesta de estructura que recomienda reducir el tiempo dedicado a presentar a solo un tercio o menos del total de la sesión. Esto permite liberar el resto del tiempo para que los participantes puedan poner en práctica los contenidos presentados (aplicación) y recibir valoración (feedback).  El modelo PAF entiende que las personas realmente aprenden cuando hacen y por eso limita el tiempo dedicado a presentar los contenidos. 

a)  Presentación. 
En esta parte de la sesión tendrás que facilitar los contenidos a los participantes. Siempre tendemos a pensar en una presentación formal, pero tienes otras muchas opciones que puedes considerar. Algunos de estos métodos pueden ser: conferencias, audios y narraciones, imágenes y gráficos, textos (artículos, extractos de libros). vídeos explicativos, webinars. 

b) Aplicación. 
En esta parte debemos centrarnos en ofrecer oportunidades a los participantes para poner en práctica lo aprendido. Algunos métodos que puedes utilizar son: simulaciones, ejercicios prácticos, resolución de problemas, casos de estudio, juegos, elaboración de materiales (checklist, diagrama, mapa mental, esquema, resumen) 

c) Feedback. 
Es el momento para evaluar el ejercicio, ofrecer tu valoración a cada participante y resolver las posibles dudas. También es tu oportunidad para valorar como de efectiva está siendo la formación y si los participantes están aprendiendo. Puedes utilizar alguna de las siguientes herramientas: vídeos, grabación de los participantes y comentarlo, cuestionarios interactivos, imágenes y gráficos, comentarios, discusiones y debates. 

Y en todo este proceso PAF el tiempo sí importa. Todos conocemos que las famosas charlas TED duran unos 18 minutos porque este es el tiempo máximo, según los estudios, durante el que la mayoría de la gente es capaz de prestar atención al 100 %.  Sea como sea, y según el dibujo de cabecera, para una presentación de una hora, se plantea que la P sea de 20 minutos, la A de 25 minutos y la F de 15 minutos. Sea como sea, la conclusión es que siempre "menos es más" y que lo más importante del modelo PAF es tengamos en cuenta la parte de aplicación y feedback como algo esencial (porque los alumnos aprenden cuando hacen y tienen oportunidad de resolver problemas o desarrollar soluciones practicando). Nada novedoso, pero que quizás convenga recordarlo y este esquema puede ser una buena herramienta para comenzar...

miércoles, 13 de marzo de 2019

¿Es necesario la apertura de nuevas Facultades de Medicina en España?


La pregunta de este post es un dilema abierto hace mucho tiempo en España. Y ante este dilema, surge el presente documento, elaborado por el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) y la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina Españolas (CNDFME) bajo el amparo del Foro de la Profesión Médica (FPME) y que pretende plasmar los argumentos que justifican su oposición a la apertura de nuevas Facultades de Medicina, por suponer un problema educativo, asistencial, económico, social y laboral. 

Os dejamos íntegro el resumen de este documento de 15 páginas, pero abajo os dejamos íntegro el documento para su lectura y análisis. En cualquier caso hace un mes ya comentamos algunos aspectos de este documento, en la presentación que titulamos como "La "burbuja" universitaria y el fracaso de ANECA". 

España es el segundo país del mundo en número de facultades de medicina (0,95 facultades por millón de habitantes, solo superado por Corea), duplicando la tasa recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 0,5. 

En los últimos 10 años hemos pasado de 28 facultades de medicina a 42. El numerus clausus para acceder a los estudios de grado ha superado ya las 7.000 plazas anuales y el número de facultades sigue creciendo por el apoyo de los gobiernos autonómicos, responsables últimos de su creación, al ser una de las titulaciones con más demanda. 

En el año 2018 se presentaron a la realización del examen MIR 14.466 personas para un total de 6.513 plazas adjudicadas, esto supone una ratio de 2.22 aspirantes por cada plaza. Teniendo en cuenta que cada año salen egresadas de las Facultades de Medicina unas 7000 personas, en ese año 2018, 487 personas recién graduadas no pudieron acceder a la residencia, una proporción que crece cada año. Además, si a ese número le sumamos las personas que no obtienen plaza y que tienen que volver a presentarse, así como la precariedad laboral que lleva a la reespecialización, la conclusión final es que este sistema es insostenible: en la última convocatoria del examen MIR (2018) 4006 médicos, entre egresados y recirculantes formados en las facultades españolas, no pudieron obtener plaza MIR y, con ello, no iniciar su formación especializada que les facultará para poder trabajar.

Además, para la convocatoria del 2 de febrero de 2019, el número de inscritos ha vuelto a aumentar, siendo de 15.475 personas admitidas (realizaron la solicitud al mismo 16.259 entre admitidas y no admitidas), por lo que será aún mayor el número de egresados que no puedan acceder a la formación especializada. 

Es necesario entender el MIR como lo que realmente es: forma parte del continuo formativo indispensable para ejercer plenamente en el Sistema Sanitario Español, especialmente en el ámbito público, aunque cada vez más también en el privado. Así, el MIR no es una salida más, es prácticamente la única salida. 

Otro problema a tener en cuenta es la posible disminución de la calidad formativa en la carrera. Por un lado, aumentar el número de Facultades de Medicina en cada provincia, especialmente en aquellas que ya cuentan con alguna, supone tener que compartir infraestructuras entre varias Facultades como son los Hospitales Universitarios y los Centros de Salud, necesarios para la realización de prácticas clínicas. Esto conlleva más estudiantes por médico-tutor de prácticas, saturación de consultas y más trabajo para el profesional, en detrimento tanto de la formación de los estudiantes como de la calidad asistencial. 

También denunciamos la falta de profesorado. Durante los últimos años se ha producido una reducción muy sustancial; en el caso de los profesores permanentes (catedráticos, profesores titulares y profesores contratado doctor), sobre los que pivota la docencia, se ha reducido más de un 20 %. Pero no sólo eso, las estimaciones son muy negativas. De 2017 a 2026 se prevé que el profesorado se reduzca a la mitad: habrá un 43 por ciento de profesorado permanente menos, correspondiendo el mayor porcentaje al profesorado vinculado de áreas clínicas (55%), un 34% al profesorado no vinculado de áreas clínicas y un 32% al profesorado de áreas básicas. 

Por supuesto, el SNS tiene carencias, y como agentes de representación de la Profesión Médica en la etapa formativa, nos sumamos a la demanda de la sociedad y de los profesionales para mejorar los recursos e incrementar los presupuestos dedicados a Sanidad, optimizando así el número de trabajadores, mejorando sus derechos laborales, renovando infraestructuras obsoletas y recursos materiales para el diagnóstico, los tratamientos y la investigación. De esta forma la calidad del SNS se ajustaría a las necesidades reales de nuestra población, mucho más que incrementando el número de estudiantes sin justificación alguna y aumentando el paro en la profesión. 

En definitiva, son múltiples las razones para justificar que no son necesarias más Facultades de Medicina en España, pero queremos subrayar las más importantes agrupadas en los siguientes puntos: 
- En nuestro país no hacen falta más estudiantes de Medicina 
- El número de facultades de Medicina debe responder a necesidades demográficas reales y fundadas. Las universidades y autoridades políticas deben actuar con responsabilidad. 
- Saturación de estudiantes en hospitales y centros de salud 
- Déficit existente de profesorado 
- Cumplimiento de la normativa legal 
- Es un despilfarro económico 
- No es una prioridad educativa ni sanitaria.

Más claro el agua: y lo dice la CEEM, CNDFME y FPME. Respecto a las Facultades de Medicina, como todo en la vida, más vale calidad que cantidad, o dicho en término sanitarios actuales, "menos es más".