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miércoles, 17 de junio de 2026

Más Facultades de Medicina a la vista: tarde, mal y nunca

 

Este es un titular reciente de El País: “España contará con seis nuevas facultades de Medicina, pero peligra el trabajo de los futuros doctores”,  

La noticia encaja en un problema estructural: España está ampliando facultades y plazas de Medicina sin que el sistema de especialización, prácticas clínicas y empleo haya absorbido bien el crecimiento previo. El resultado es una política tarde, mal y nunca: tarde, porque corrige ahora desajustes previsibles; mal, porque suma estudiantes sin asegurar tutores, rotaciones y plazas MIR suficientes; y nunca, porque falta una planificación sostenida a largo plazo. 

El titular de El País apunta a una contradicción básica: se autorizan seis nuevas facultades mientras se advierte de que, cuando esos alumnos terminen, puede haber exceso de especialistas y problemas de inserción laboral. Y más teniendo en cuenta que el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades resolvieron en el año 2025 más de 30.000 homologaciones de títulos de Medicina de extracomunitarios, lo que supone la tremenda cifra de 4,4 homologaciones por cada médico egresado de una facultad española en el mismo periodo. 

Esto no significa que sobren médicos hoy, sino que la oferta se está expandiendo con una lógica universitaria de crecimiento que no siempre coincide con las necesidades reales del sistema sanitario. Porque crear un especialista implica, como poco, 10-12 años (y eso, yendo todo bien): 6 de carrera universitaria, 0-1 de MIR y 4-5 años de especialización. 

Porque, además, la clave no es solo cuántos estudiantes entran en Medicina, sino cuántos pueden completar una formación clínica de calidad y cuántos acceden luego a una plaza de especialidad. Sanidad ha elevado la oferta MIR a 9.276 plazas en 2026, un récord, pero el propio diseño del sistema sigue dependiendo de un cuello de botella: si el aumento de graduados va por delante del aumento de plazas especializadas, el problema se desplaza, no desaparece. Dicho de otro modo: abrir más facultades sin asegurar hospitales docentes, profesorado clínico y salida MIR es como ampliar la puerta de entrada sin ensanchar el pasillo de salida. 

Un ejemplo más de la crónica mala gestión universitaria y política universitaria que nos ha acompañado desde hace décadas. Siempre tarde, mal y nunca… Y ello porque la universidad y a las administraciones han tolerado durante años una expansión de grados de Medicina guiada más por prestigio, presión territorial o interés político que por una planificación sanitaria seria. Esa fragmentación genera duplicidades, dispersa recursos y debilita la capacidad formativa real de las facultades y de los hospitales asociados. 

Además, la universidad suele reaccionar tarde: primero autoriza, luego improvisa convenios, después busca docentes y prácticas, y solo al final se pregunta por el mercado laboral. Eso es gestión reactiva, no estratégica. 

¿Cuáles son las consecuencias previsibles? 

El primer efecto es formativo: más alumnos compiten por los mismos recursos clínicos, con riesgo de menos prácticas, más saturación asistencial y peor acompañamiento docente. 

El segundo efecto es laboral: si la oferta de graduados crece más rápido que la de especialidades, aparecen médicos sin plaza MIR, emigración forzada o subempleo, un escenario que ya han advertido organizaciones profesionales y estudiantiles. 

El tercer efecto es sistémico: la universidad pierde credibilidad cuando promete movilidad social y luego entrega incertidumbre profesional. 

Por ello la expresión “tarde, mal y nunca” retrata un modelo institucional que ha confundido expansión con planificación. Tarde, porque el desajuste entre facultades y especialidades lleva años denunciándose; mal, porque se ha fragmentado la formación clínica sin reforzarla proporcionalmente; y nunca, porque no se ha construido una política estable de numerus clausus, plazas MIR, hospitales docentes y necesidades territoriales. 

La solución no pasa solo por abrir o cerrar facultades, sino por coordinar universidad, Sanidad y comunidades autónomas con un horizonte de 10 a 12 años, que es el tiempo real de formación de un médico hasta consolidarse como especialista. 

Y eso me retrotrae a dos post que publiqué hace años en este mismo blog: ¿Es necesario la apertura de nuevas Facultades de Medicina en España?  y Facultades de Medicina en España o la crónica de una sinrazón anunciada. Por tanto, nada nuevo…

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Facultades de Medicina en España o la crónica de una sinrazón anunciada


Desde este blog llevamos años exponiendo una cruda realidad en la universidad española: el fracaso de su modelo para incentivar un modelo docente e investigador que pueda competir en la primera liga de las universidades del mundo o que convenza a los propios estudiantes y profesores. 

En los diversos rankings de las universidades en el mundo (con el Academic Ranking of World Universities, conocido como ranking de Shanghai, como santo y seña de referencia internacional, a pesar del alboroto y críticas a su debilidad metodológica), año a año se repite que ninguna universidad española se encuentra entre las primeras 150 del mundo, y que entre las 500 mejores analizadas aparecen poco más de una decena. Lo comentamos ya en el año 2010, y lo hemos repetido casi de forma anual hasta el año 2019, donde cansados por este día de la marmota, vemos que todo sigue igual (sino peor, como veremos).   Pero más importante que estos rankings sea la poco favorable opinión de nuestros estudiantes universitarios, donde los diferentes informes de los Observatorios del Estudiante encuentran amplio margen de mejora en la calidad docente, las instalaciones e infraestructuras y, especialmente, en las prácticas y empleabilidad. 

Pues si esta es la poco halagüeña situación de la universidad, las cosas empeoran en el caso de las Facultades de Medicina. Y que ahora se reactiva con la publicación, difusión y revuelo del documento “Consideraciones de la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina Españolas (CNDFME) sobre la propuesta de los Ministerios de Universidades y de Sanidad de incrementar las plazas de nuevo ingreso de estudiantes del Grado en Medicina en un 15%” emitido el 22 de octubre de 2022. Y que han pretendido darle un amplio eco en prensa y radio. Pero, ¡a buenas horas, mangas verdes!...

Compartimos el documento debajo, y que incluye los siguientes puntos argumentales: 
- Porqué en España no faltan médicos sino especialistas. 
- Porqué no es una decisión acertada aumentar las plazas de acceso al Grado de Medicina. 
- Propuestas de mejora. 

En el documento se matiza que en España no faltan médicos, sino especialistas (que se concretan en especialidades como Medicina Familiar y Comunitaria, Anestesiología y Reanimación, Geriatría, Psiquiatría, Pediatría y Radiodiagnóstico) y recuerda que España es el sexto país del mundo en número de médicos (datos de la OCDE) y el segundo con más facultades por población (solo superado por Corea del Norte). 

También se revisa que, respecto a la oferta formativa, en España se ha incrementado el número de estudiantes egresados con el título de Graduado en Medicina en un 167% desde el año 2005-2006, cuando salieron de las aulas 4.343 estudiantes en comparación con los 7.264 del año 2020-2021. Del mismo modo, se ha incrementado un 164% el número de facultades que ofertan el Grado en Medicina en la última década, desde 28 hasta las 46 facultades actuales. Esto equivale a unos 14,5 graduados por 100.000 habitantes, cifra que se encuentra por encima del promedio de la OCDE (13,1) y de países del entorno como Italia (13,3), Reino Unido (12,9), Alemania (12,0) y Francia (9,5). 

Sin embargo, este incremento de facultades se ha llevado a cabo sin el consecuente aumento del profesorado. Y peor que eso, sin acreditación para que las facultades y los hospitales universitarios puedan tener un adecuado número de catedráticos y titulares, así como de asociados. Y también a juicio de los decanos y estudiantes, la principal causa se debe a que, según los criterios de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) 2008-2016, la rama de Ciencias de la Salud presenta la tasa más baja de informes favorables de acreditación, lo que no va a permitir la renovación con garantía. ANECA es un fracaso en Medicina y sus criterios docentes no funcionan, y no llegan los prometidos perfiles más clínicos para intentar solventar este problema… grave problema. Pues ahora no es solo que en Medicina no estén satisfechos los alumnos por la falta de profesorado (y, especialmente, buenas prácticas), sino que ANECA no estimula y apoya a este profesorado, profesorado muy desestimulado ante tanta incoherencia y mediocridad. 

En el año 2019, en la era prepandémica, ya lo dijimos en este blog que eran múltiples las razones para justificar que no son necesarias más Facultades de Medicina en España, subrayábamos las más importantes en los siguientes puntos: 
- En nuestro país no hacen falta más estudiantes de Medicina.
- El número de facultades de Medicina debe responder a necesidades demográficas reales y fundadas. Las universidades y autoridades políticas deben actuar con responsabilidad. 
- Saturación de estudiantes en hospitales y centros de salud.  
- Déficit existente de profesorado.  
- Es un despilfarro económico y no es una prioridad educativa ni sanitaria. 

Y ahora, en el año 2022 todo sigue igual (o peor). Por ejemplo, en Alicante hay una Facultad de Medicina en la Universidad Miguel Hernández (UMH), facultad con deficiencias que deben mejorar y con departamentos desestructurados (y conozco bien el de Pediatría para dar esta afirmación con hechos y datos). En lugar de apoyar a esta universidad, se piensa que la solución es crear otra Facultad de Medicina en la vecina Universidad de Alicante (UA). Pero ojo, no olvidar que hasta finales de 1996 no existía la UMH y la Facultad de Medicina estaba en la UA. 

No sé si todo lo anterior justifica el titular de este post, porque la crónica de una sinrazón anunciada puede aún empeorar. Combinemos exceso de facultades, exceso de alumnos, falta de profesores y de futuro para éstos con ANECA... y tendremos lo que se llama un pan como unas tortas. Señores responsables de la organización de las Facultades de Medicina y de ANECA, sepan que los clínicos ya hace mucho tiempo que nos hemos acostumbrado a vivir sin el afecto y respeto de la universidad, pero lo que no tengo tan claro es que la universidad pueda continuar ejecutando el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) sin los clínicos.

Y una cosa más (y no soy adivino): gracias a todo esta (des)organización, en el próximo Academic Ranking of World Universities la universidad seguirá igual de mal... o peor. Sigan desestimulando a alumnos y profesores y todo es susceptible de empeorar. Y esto lo escribe un profesor universitario que, pese a la continua sinrazón de la universidad sigue con tesón al pie del cañón docente como hace varias décadas en favor de los alumnos, de los que acabo de recibir la calificación de excelencia en el último cuatrimestre. Y como yo, centenares de profesores que no se merecen un caos así. 

sábado, 25 de abril de 2020

Cine y Pediatría (537) “Mentes brillantes” de Medicina hacia el MIR


Thomas Lilti es un cineasta francés peculiar. Y lo es porque es médico y porque se ha propuesto se ha propuesto acercar su vocación sanitaria al cine. Y, de momento, lo ha conseguido con una especie de trilogía que comenzó con Hipócrates (2014), continuó con Un doctor en la campiña (2016) y finaliza de momento con nuestra película de hoy, Mentes brillantes (2018).  

Hipócrates abordaba las vicisitudes de un residente médico en formación, en lo que fue todo un “sleeper” y una sorpresa en la gran pantalla; Un doctor en la campiña versa sobre las relaciones entre un médico general y su sustituta, una médica hospitalaria, en una zona rural de Francia; y ahora llega Mentes brillantes, donde Lilti hace un ejercicio de retrospectiva de sus años como estudiante de medicina.  Tres películas en las que nos presenta diferentes facetas de la medicina y lo hace con un mensaje tremendamente humanista, acercando su profesión al público, que puede conocer una realidad que parece ajena. Y en todas subyace una crítica a la sanidad bajo tres perspectivas diferentes: una crítica al sistema formativo de residentes y las deficiencias de la sanidad pública, a la realidad de la medicina rural y a un sistema educativo excesivamente competitivo. Y curiosamente estas tres películas, no ajenas a la crítica, es interesante ver cómo consiguen contarlo con historias que perfectamente se podrían catalogar como “feel-good movie”. Y en el caso de Mentes brillantes también se podría considerar una “coming-of-age” a la francesa. 

En Francia, como en todos los países, el acceso a la carrera de medicina no es fácil. Miles de estudiantes se enfrentan cada año a su primer curso en la Facultad de Medicina con el gran reto de pasar al siguiente, en un sistema de numerus clausus, por el que existen un número de plazas limitadas para el segundo año. En ese primer curso coinciden Antoine y Benjamin, dos alumnos parisinos diferentes, pero que se convierten en compañeros de clase y buenos amigos. Antoine (Vicent Lacoste, el mismo protagonista de Hipócrates) es “tripitidor” de ese primer año que sirve de filtro para el siguiente (por tanto, su última oportunidad), vive obsesionado por conseguir ser médico e intenta seguir siendo ordenado y metódico en su plan de vida y estudios. Benjamin (William Lebghil) solo sigue los pasos de su padre, cirujano digestivo, y lo hace sin preguntarse si tiene vocación de médico, más amante de la comida que del estudio, aunque no se le da mal. Dos personalidades opuestas que se ayudarán en el difícil curso académico. 

Y durante el metraje recorremos parte de esa vida universitaria que guardamos en nuestro recuerdo, una vida que regresa varias décadas después con esas aulas masificadas de los anfiteatros de Medicina donde había que guardar sitio y con esos alumnos mucho más reivindicativos que los que hoy disfrutamos. Y la película nos pasea por la biblioteca y el comedor universitarios, los exámenes, los simulacros de tests, los listados de notas sobre las paredes de nuestra habitación, el olor a formol de las prácticas de Anatomía, los cadáveres, las fotocopias de los apuntes, la organización de nuestro exhaustivo tiempo para el estudio… Y también revisa un buen número de temas que algún día nos sabíamos al dedillo y hoy recordamos con nostalgia: el ciclo de Krebs, el aparato de Golgi, la dopamina, el locus niger, la válvula mitral, los sarcómeros, la ACTH, y un largo etcétera que compartimos con el estudio de nuestros protagonistas. Y cómo no, las estrategias que nos buscábamos para aprobar, como se las inventan Antoine y Benjamin cuando nos dicen: “Lo mejor es hacer exámenes de otros años. No hay que comprender, es una pérdida de tiempo”, “Solo tenemos que aprender a contestar de forma automática, como un acto reflejo”, “Tenemos que ser máquinas de responder preguntas. La diferencia está en los detalles”

Y en esta película, como ya ocurre desde hace mucho en la formación universitaria en Medicina de muchos países, la “itaca” es lograr contestar bien a esas pruebas de acceso multitudinarias con test con cientos de preguntas de respuesta múltiple: no se pueden olvidar esas imágenes cenitales del film, con cientos de mesas y alumnos examinándose en pabellones, donde hay 329 plazas para 2.500 aspirantes. Y que aquí, en Mentes brillantes, es el filtro para pasar del primero al segundo curso de Medicina, pero que España es algo diferente y conocemos por examen MIR: el acceso para elegir plaza como Médico Interno Residente de alguna especialidad médica. 

Y con Mentes brillantes revivimos algo que no nos es ajeno: los alumnos que logran superar las pruebas académicas sin esforzarse (sería nuestro Benjamin) y aquellos otros que pese a ser estudiosos y esforzados, fracasan en las pruebas de elección múltiple (sería nuestro Antoine), obsesionado con alcanzar su sueño, lo que lo condena a la impotencia y la frustración. Hasta los padres de Antoine se preocupan por la competitividad de su hijo, y le piden que descanse, pues saben que puede explotar por la falta de sueño y control sobre su vida. Y eso finaliza con que la amistad entre Antoine y Benjamin finaliza en un enfrentamiento a causa de los celos, la rivalidad y discrepancias vitales. Porque está bien querer algo, pero siempre bajo control, y así resuena esta reflexión de la película: “Muchos aprueban el examen, pero no están hechos para ser médicos”. ¿Cuántas veces habremos pensado esto a lo largo de nuestra trayectoria…? 

Antoine se enfrenta a un fracaso que le puede llevar a tener que elegir otras áreas de las Ciencias de la Salud como Odontología, Farmacia, Podología, Fisioterapia,… Todo un dilema que se soluciona en la película con un verdadero acto de amistad. Y con la misma música con la que empezó la película, termina: la mítica canción de Donna Hightowerr, “This World Today Is A Mess”, porque sí, este mundo (universitario) es un conflicto… con tantos aspectos por resolver. 

Vale la pena prescribir la filmografía de Thoma Lilti para nuestra sanidad. Y no olvidar esa reflexión de Mentes brillantes: “¿La diferencia entre el estudiante de Medicina y el de preparatoria? Si les pides que se aprendan la guía telefónica, el de preparatoria te preguntará ¿por qué? y el de Medicina ¿para cuándo?”. 

miércoles, 13 de marzo de 2019

¿Es necesario la apertura de nuevas Facultades de Medicina en España?


La pregunta de este post es un dilema abierto hace mucho tiempo en España. Y ante este dilema, surge el presente documento, elaborado por el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) y la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina Españolas (CNDFME) bajo el amparo del Foro de la Profesión Médica (FPME) y que pretende plasmar los argumentos que justifican su oposición a la apertura de nuevas Facultades de Medicina, por suponer un problema educativo, asistencial, económico, social y laboral. 

Os dejamos íntegro el resumen de este documento de 15 páginas, pero abajo os dejamos íntegro el documento para su lectura y análisis. En cualquier caso hace un mes ya comentamos algunos aspectos de este documento, en la presentación que titulamos como "La "burbuja" universitaria y el fracaso de ANECA"

España es el segundo país del mundo en número de facultades de medicina (0,95 facultades por millón de habitantes, solo superado por Corea), duplicando la tasa recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 0,5. 

En los últimos 10 años hemos pasado de 28 facultades de medicina a 42. El numerus clausus para acceder a los estudios de grado ha superado ya las 7.000 plazas anuales y el número de facultades sigue creciendo por el apoyo de los gobiernos autonómicos, responsables últimos de su creación, al ser una de las titulaciones con más demanda. 

En el año 2018 se presentaron a la realización del examen MIR 14.466 personas para un total de 6.513 plazas adjudicadas, esto supone una ratio de 2.22 aspirantes por cada plaza. Teniendo en cuenta que cada año salen egresadas de las Facultades de Medicina unas 7000 personas, en ese año 2018, 487 personas recién graduadas no pudieron acceder a la residencia, una proporción que crece cada año. Además, si a ese número le sumamos las personas que no obtienen plaza y que tienen que volver a presentarse, así como la precariedad laboral que lleva a la reespecialización, la conclusión final es que este sistema es insostenible: en la última convocatoria del examen MIR (2018) 4006 médicos, entre egresados y recirculantes formados en las facultades españolas, no pudieron obtener plaza MIR y, con ello, no iniciar su formación especializada que les facultará para poder trabajar.

Además, para la convocatoria del 2 de febrero de 2019, el número de inscritos ha vuelto a aumentar, siendo de 15.475 personas admitidas (realizaron la solicitud al mismo 16.259 entre admitidas y no admitidas), por lo que será aún mayor el número de egresados que no puedan acceder a la formación especializada. 

Es necesario entender el MIR como lo que realmente es: forma parte del continuo formativo indispensable para ejercer plenamente en el Sistema Sanitario Español, especialmente en el ámbito público, aunque cada vez más también en el privado. Así, el MIR no es una salida más, es prácticamente la única salida. 

Otro problema a tener en cuenta es la posible disminución de la calidad formativa en la carrera. Por un lado, aumentar el número de Facultades de Medicina en cada provincia, especialmente en aquellas que ya cuentan con alguna, supone tener que compartir infraestructuras entre varias Facultades como son los Hospitales Universitarios y los Centros de Salud, necesarios para la realización de prácticas clínicas. Esto conlleva más estudiantes por médico-tutor de prácticas, saturación de consultas y más trabajo para el profesional, en detrimento tanto de la formación de los estudiantes como de la calidad asistencial. 

También denunciamos la falta de profesorado. Durante los últimos años se ha producido una reducción muy sustancial; en el caso de los profesores permanentes (catedráticos, profesores titulares y profesores contratado doctor), sobre los que pivota la docencia, se ha reducido más de un 20 %. Pero no sólo eso, las estimaciones son muy negativas. De 2017 a 2026 se prevé que el profesorado se reduzca a la mitad: habrá un 43 por ciento de profesorado permanente menos, correspondiendo el mayor porcentaje al profesorado vinculado de áreas clínicas (55%), un 34% al profesorado no vinculado de áreas clínicas y un 32% al profesorado de áreas básicas. 

Por supuesto, el SNS tiene carencias, y como agentes de representación de la Profesión Médica en la etapa formativa, nos sumamos a la demanda de la sociedad y de los profesionales para mejorar los recursos e incrementar los presupuestos dedicados a Sanidad, optimizando así el número de trabajadores, mejorando sus derechos laborales, renovando infraestructuras obsoletas y recursos materiales para el diagnóstico, los tratamientos y la investigación. De esta forma la calidad del SNS se ajustaría a las necesidades reales de nuestra población, mucho más que incrementando el número de estudiantes sin justificación alguna y aumentando el paro en la profesión. 

En definitiva, son múltiples las razones para justificar que no son necesarias más Facultades de Medicina en España, pero queremos subrayar las más importantes agrupadas en los siguientes puntos: 
- En nuestro país no hacen falta más estudiantes de Medicina 
- El número de facultades de Medicina debe responder a necesidades demográficas reales y fundadas. Las universidades y autoridades políticas deben actuar con responsabilidad. 
- Saturación de estudiantes en hospitales y centros de salud 
- Déficit existente de profesorado 
- Cumplimiento de la normativa legal 
- Es un despilfarro económico 
- No es una prioridad educativa ni sanitaria.

Más claro el agua: y lo dice la CEEM, CNDFME y FPME. Respecto a las Facultades de Medicina, como todo en la vida, más vale calidad que cantidad, o dicho en término sanitarios actuales, "menos es más". 

 

lunes, 11 de febrero de 2019

La "burbuja" universitaria y el fracaso de ANECA


La "burbuja" universitaria sigue poniendo en jaque a un sistema sanitario que no es capaz de absorber el número de médicos que salen de nuestras Facultades de Medicina. 

Actualmente hay en España 42 Facultades de Medicina (32 públicas y 10 privadas) con esta distribución por Comunidades Autónomas: Madrid con 8 (4 públicas y 4 privadas), Cataluña con 8 (6 públicas y 2 privadas). Comunidad Valenciana con 5 (3 públicas y 2 privadas), Andalucía con 5 (todas públicas), Murcia 2 (una pública y una privada), Castilla y León 2, Castilla y la Mancha 2, Canarias 2, Navarra 1 (privada), Baleares 1, Extremadura 1, Galicia 1, Asturias 1, Cantabria 1, País Vasco 1 y Aragón 1. 

Si la tasa idónea de Facultades de Medicina por millón de habitantes es de 0,5 según los estándares de la OMS y la tasa idónea de estudiantes de Medicina es de 1 por cada 10.000 habitantes, significaría alrededor de 23 Facultades de Medicina y 4.650 estudiantes en teoría. Pero la realidad nos dice que tenemos el doble, tanto de Facultades de Medicina (téngase en cuenta que tenemos más que Alemania, este país con el doble de población) como de estudiantes, pues para el curso 2018-19 han sido admitidos 7.042. Y está claro que no faltan médicos (aunque algunos hagan esta proclama como si fuera un mantra y que ha medida que se diga se crea que es verdad), lo que ocurre es que muchos médicos huyen de nuestro país ante las malas condiciones. 

En el último examen MIR se presentaron 14.446 personas para un total de 6.513 plazas: con una ratio de 2,22 aspirantes por cada plaza. Y teniendo en cuenta que el MIR no es una salida más, sino prácticamente la única salida, implica que España continúa estrechando el embudo de médicos sin especialidad (y con escaso futuro). Y por ello, ya hace tiempo que la OCDE aconseja disminuir el número de Facultades de Medicina en España, mensaje bien distinto a los ecos sobre la posible aparición de nuevas Facultades de Medicina en nuestro lamentable sistema universitario. Téngase en cuenta que España continúa siendo líder en Facultades de Medicina por habitante, solo superada en el mundo por Corea. 

Pero mientras el número de Facultades de Medicina y estudiantes crece, el número de profesores disminuye. Desde la Conferencia Nacional de Decanos y el Consejo Estatal de Estudiantes aseguran que el número de catedráticos, profesores titulares y profesores contratado-doctor sigue bajando. Y también a juicio de los decanos y estudiantes, la principal causa se debe a que, según los criterios de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) 2008-2016, la rama de Ciencias de la Salud presenta la tasa más baja de informes favorables de acreditación, lo que no va a permitir la renovación con garantía. 

Está claro que ANECA ha fracasado y que los nuevos criterios docentes no funcionan: solo basta leer la prensa, a los sindicatos y, especialmente, a los que sufrimos día a día la incoherencia, la injusticia y la mediocridad a la que los clínicos nos vemos sometidos (respecto a los básicos). Cierto es que en el año 2015 se aprobaron unos nuevos (y polémicos) criterios que se decía que favorecía el perfil de los clínicos, pero no ha sido así. Y basta con revisar los resultados del programa Academia, comparando las cifras de la primera fase del programa (entre 2007 y 2015) y la segunda, tras la reforma de Academia (mediante el Real Decreto 415/2015): un 68% menos de peticiones en el segundo periodo, porque solo lo hacen quienes piensan que tienen alguna opción real de acceder a ella, pero es que además de los presentados los informes favorables son inferiores al 50%. 

Y, según esto, en 2017 el número de titulares de Ciencias de la Salud era el más bajo de todas las ramas del sistema universitario (2.949, frente a los 8.385 de Ciencias Sociales y Jurídicas) y lo mismo para el número de catedráticos (1.256 frente a los 2.984 de Ciencias). Además, en las áreas clínicas se van jubilar en 2025 el 55% de los profesores, y esto en las tres comisiones de Ciencias de la Salud que ha realizado ANECA, con 30 áreas de conocimiento: Ciencias Biomédicas (9 áreas), Medicina Clínica y Especialidades Clínicas (13 áreas) y Especialidades Sanitarias (8 áreas). 

Combinemos exceso de facultades, exceso de alumnos, falta de profesores y de futuro para estos con ANECA... y tendremos lo que se llama un pan como unas tortas. Un ejemplo paradigmático de mala gestión: lo que le faltaba a la Universidad y a sus estudiantes y profesores para acabar de estropear un ambiente ya nada favorable. Señores responsables de la organización de las Facultades de Medicina y de ANECA: los clínicos ya hace mucho tiempo que nos hemos acostumbrado a vivir sin el afecto de la universidad, pero lo que no tengo tan claro es que la universidad pueda continuar ejecutando el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) sin los clínicos.

Pongan orden... porque sino no habrá concierto. Aviso a navegantes...

domingo, 30 de junio de 2013

Querido, yo a los 17... La apasionante aventura de estudiar Medicina



Vivimos tiempos de tribulación, de preocupaciones diversas, En todos los ámbitos. Y nuestra profesión médica esto no es una excepción.

Sin embargo, es nuestra elección ver el vaso bien medio vacío o bien medio lleno. La Medicina es una de las profesiones más apasionantes que existen. Y los que ya tenemos una edad es posible que de vez en cuando necesitemos recordar esto, agobiados como muchas veces estamos por problemas laborales y de cualquier otro tipo.

Me tropecé con este vídeo realizado por la promoción 2007-2013 de estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla, pertenecientes al grupo del Hospital de Valme con motivo de su graduación el pasado 7 de junio de 2013. Y es un vídeo muy emotivo. A mi me ha emocionado y es por ello que quiero compartirlo con todos vosotros. En él, estudiantes de Medicina de todos los cursos nos recuerdan lo apasionante de nuestra profesión, la importancia esencial de nuestro trabajo diario. Y hacia el final del vídeo... nos recuerdan a los que ya somos talluditos que no hemos de perder la ilusión. Somos médicos y es un privilegio serlo. Pocas profesiones pueden ofrecer a quien las ejerce tantas satisfacciones derivadas del trato cotidiano con nuestros pacientes. Pocas profesiones ofrecen otras vías de realización personal como por ejemplo la investigación o la docencia. Pocas profesiones, en suma, tienen tanto potencial de hacer feliz a quien la ejerce.

Por todos ellos, los estudiantes de Medicina, por quienes piensan estudiar esta carrera y por aquellos que ya llevamos más de 25 años ejerciendo esta profesión va este vídeo. Espero que os guste y os llegue al corazón del mismo modo que a mi.

viernes, 17 de junio de 2011

Como decíamos ayer…



Fray Luis de León era un religioso, humanista y profesor agustino del siglo XVI, que estudió en la Universidad de Salamanca y desde ella impartió clases desde su cátedra. Fue denunciado por traducir algunos libros que no estaban bien vistos en la época, lo que acabó provocando que la Inquisición abriera un proceso contra él que duró 5 años en los que estuvo encarcelado y, después de los cuales, fue finalmente absuelto. Según la leyenda, al volver a su cátedra después de esos 5 años de ausencia, comenzó su clase con la frase: “Como decíamos ayer…”.

Recientemente, hemos tenido la oportunidad de celebrar las bodas de plata de nuestra promoción de Medicina en la Universidad de Salamanca y, con ello, revivir una época tan importante de nuestras vidas: aquélla en la que decidimos cuál sería nuestra profesión. Y en los propios actos académicos hemos podido oir mensajes importantes sobre la misión, visión y valores de nuestra profesión como médicos. Un profesión con gran impacto social y en la que la responsabilidad de ser buenos profesionales incluye el servicio a los demás. Puede ser una obviedad que nos recuerden que ser médico es "un trabajo en el que hay que querer querer", pero entre tanta mediocridad y falta de valores que nos rodea, me sienta bien aprehender estos mensajes que me elevan el ánimo, el espíritu y la autoestima como pediatra.

El encuentro con tantos compañeros ha incluido una anécdota que incluye a nuestra revista Evidencias en Pediatría (EvP). Dos de los colaboradores expertos de EvP son dos compañeros de promoción (con los que aparezco en la foto, simbólicamente bajo la estatua de Fray Luis de León en el patio de Escuelas de la Universidad), ambos formados como farmacólogos clínicos, pero que derivaron en dos trayectorias de expertos diferentes: uno como traductor médico (Fernando Navarro) y otro en el campo de la farmacoeconomía (José Antonio Sacristán). Contar con ellos en EvP es un lujo y un placer. Quien nos iba a decir que la “evidencia” nos iba a unir en el camino profesional.

Espero que podamos recordar esta entrada dentro de 25 años, en las bodas de oro, y decir entonces que, “cómo decíamos ayer…”, en EvP supimos “querer querer”.

lunes, 6 de junio de 2011

¿Medicina basada en la vida misma?


Es habitual usar la denominación "Medicina basada en...". La más conocida (para bien o para menos bien) es el término usado hasta el hastío de Medicina basada en la evidencia. También hemos hablado de la Medicina basada en la afectividad y de todo un juego de palabras alrededor de esa denominacion.

Leemos en un reciente Diario Médico el término Medicina basada en la vida misma. Interesante reflexión sobre la aplicación de los principios del Plan Bolonia a una Facultad de Medicina en sus primeros cursos. En este caso, Fernando Caballero (compañero de fatigas en el máster de gestión del IESE), relata la experiencia llevada a cabo en la Facultad de Medicina de la Francisco de Vitoria (Madrid) a través de un Programa de Inmersión Clínica Precoz que ha acercado a sus alumnos de primero a la vida misma de los centros de salud, hospitales y dispositivos del Summa 112.

Resaltar que estos estudiantes de primero de Medicina han destacado las siguientes mejoras concretas:
-Relación médico-paciente: comportamientos de adjuntos que les han llamado la atención hasta llegar a preguntarse si ¿han perdido sensibilidad? o ¿han dejado de ver enfermos detrás de cada enfermedad?
-Comunicación médico-familia: las dudas no tienen cabida en consultas a contrarreloj y proponen que los hospitales tengan un servicio de atención al paciente que les sirva para aclarar todas sus incertidumbres.
-Conexión entre todos los profesionales: ven inconcebible un sistema sanitario sin más trabajo en equipo entre todos los profesionales sanitarios.
-Participación en las decisiones: detectan que falta implicación de los pacientes en las decisiones sobre su salud.
-Conocer las urgencias del Summa 112 les ha deslumbrado.

¿Es interesante la Medicina basada en la vida misma?. Probablemente si. Bien planificada en el pregrado parece que encaja con el anhelado cambio a menos teoría y más práctica, y a pasar de una formación pasiva a una formación activa. Hoy por hoy, la Medicina en la vida misma ocurre de forma brusca (demasiado brusca) en los primeros meses de un residente de primer año.