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sábado, 19 de noviembre de 2022

Cine y Pediatría (671) “Llenos de gracia”, un cuento de fútbol


Mañana, 20 de noviembre de 2022, comienza el Mundial de Fútbol en Qatar y que tendrá eclipsado durante un mes al mundo en un espectáculo deportivo que solo tiene parangón con las Olimpiadas. Uno de los Mundiales más atípicos, tanto por las fechas de celebración (el único que no se jugará en verano, interrumpiendo todas las ligas de fútbol nacionales) como por el lugar de celebración, un país sin tradición futbolística y que ha generado amplia polémica, y que Amnistía Internacional define en su web como “Qatar, la Copa Mundial de la vergüenza”. Pero poderoso caballero es don dinero, y poco ha importado que sea un país donde se infringen los derechos de las mujeres o de la comunidad LGTBI, amén de las acusaciones de corrupción y las terribles condiciones denunciadas de los trabajadores en la construcción de los estadios e instalaciones. 

Si nos quedamos con los aspectos deportivos, cabe decir que desde el primer Mundial de Fútbol, celebrado en 1930 en Uruguay, y hasta este de Qatar, serán 22 las ediciones en las que en las que ocho países han alzado la copa: Brasil es la selección más exitosa, con cinco victorias; Alemania e Italia le siguen con cuatro trofeos; Argentina, Francia y Uruguay la han ganado dos veces, en tanto Inglaterra y España lo han conseguido una vez. Los equipos europeos han ganado el título en doce ocasiones, mientras que los sudamericanos lo han hecho en nueve; y solo dos equipos de otras confederaciones han llegado a semifinales: Estados Unidos en 1930 y Corea del Sur en 2002. 

Con este prolegómeno, hoy comentamos una película donde el fútbol tiene un cierto papel protagonista y alrededor del Mundial de Fútbol de 1994, celebrado en Estados Unidos. Una reciente película española que cuya historia se fundamenta en un caso real en la década de los 90, el del futbolista Valdo (que se formó en la cantera del Real Madrid y jugó en Primera División en clubes como Osasuna, Levante o Málaga) y una monja atípica, la hermana Marina, en una sencilla historia que transcurre en un verano alrededor de un centro educativo, El Parral, que acoge huérfanos y que está amenazado de cierre. La película lleva por título Llenos de gracia (Roberto Bueso, 2022), una entretenida película sin pretensiones, con sus dosis de moraleja positiva, humor y ternura para ver en familia. 

Porque cuando en El Parral todos los alumnos se van de vacaciones, solo quedan en el centro un pequeño grupo de alumnos que tienen que pasar el tiempo allí, acompañados de su desmotivación y hastío. Es en ese momento cuando llega como profesora de verano la hermana Marina (Carmen Machi), una monja que cambia demasiado frecuentemente de destino, algo problemática para el “establishment” eclesiástico, quizás por su peculiar forma de ser y de saltarse las reglas (escucha música en walkman, fuma, bebe cañas y suelta algún taco, excesivamente sincera y a la que no le gusta que le abracen). Y la hermana Marina y la hermana Angelines (Paula Usero), una monja peculiar en la madurez de su carrera y otra monja con la ilusión de quien casi está empezando, se percatan que una manera de devolver a esos chicos un mínimo de ilusión por aprender y de afianzar su seguridad es a través del fútbol. Y por ello se animan a construir un campo de fútbol en el colegio, y convencen al bedel para que se convierta en entrenador de este peculiar equipo. El comienzo no augura nada nuevo, pues los chicos se comportan más como quinquis que como deportistas. Es en ese momento cuando Marina toma las riendas del equipo, y les estimula viendo por televisión los partidos de la selección española en el Mundial de Fútbol de Estados Unidos que se emitía aquel verano. Y su mensaje les resulta estimulante: “Os habéis acostumbrado a perder, y ahora ya es hora de acostumbraros a ganar”

Y es así como el espíritu de Llenos de gracia es muy similar al de sus protagonistas: hacer lo que puede con el material del que dispone y exprimir al máximo unos recursos escasos pero suficientes. Y es que Roberto Bueso ya mostró su buen hacer con La banda, su debut en el largometraje el año 2019, y ahora con Llenos de gracia confirma que su capacidad por contar historias de una forma fresca y natural, en este caso la de unos niños que luchan por superar los obstáculos que la vida les ha deparado mediante la realización de una actividad que los une con un pelota de fútbol y con el apoyo de unas monjas. Y así es como Marina nos dice: “Somos monjas, sus monjas. Y eso ya es mucho, ¿no crees?”. Y entre estos alumnos del equipo de fútbol se encuentra Valdo (Dairon Tallon), a quien, al final, acaban proponiéndole una prueba para jugar en un equipo profesional. 

Y es así como en Llenos de gracias sus protagonistas se enfrentan ante momentos decisivos que pueden cambiar sus vidas, como la propuesta para iniciar la carrera deportiva de Valdo, pero también la viabilidad del colegio o la vida nómada de la hermana Marina. Y también la película se convierte en el altavoz sociológico de la década de los 90 mediante la inclusión de toda una serie de referencias que ayudan a ceñir el relato a su época: el uso de la canción “Faith” de George Michael, el walkman, la pantalla codificada mientras se emitía el porno en Canal Plus, los partidos de aquel Mundial de Fútbol o la presencia de las fotos o el video de Marta Sánchez, mito erótico de una generación. 

Y esta historia real sobre la necesidad de sentirse atendidos y de buscar afecto, tiene reflejo en sus dos protagonistas principales: Valdo y la hermana Marina. Valdo debutó en el Real Madrid el 6 de octubre de 2001 frente al Athletic de Bilbao y hoy en día vive en Pamplona, y se siente satisfecho en la forma que se ha contado esta historia. Y la hermana Marina aún vive, tiene 94 años y se encuentra en una residencia de Salamanca; ella no olvida que en el 2004, siendo Valdo delantero de Osasuna y tras marcar un gol, éste se levantó la camiseta para mostrar otra que decía: “Gracias hermana Marina”. 

Y bajo el ritmo de la canción “Wooly Bully” de Sam the Sham & The Pharaohs aparecen las notas finales de la historia: “Valdo López jugó más de 20 años en la Primera División española. Él y sus compañeros siempre agradecerán a Marina lo que hizo por ellos en El Parral”. Y así termina este cuento alrededor del fútbol. Y esta película se suma a otras ya comentadas en Cine y Pediatría alrededor de este deporte: desde Bután, La copa (Khyentse Norbu, 1999); desde Reino Unido, Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002), desde Alemania, Las fieras fútbol club (Joachim Masannek, 2005), desde Brasil, El año que mis padres se fueron de vacaciones (Cao Hamburger, 2006),… y ahora desde España, Llenos de gracia, un cuento de fútbol (aunque este deporte es tan mimado que, a veces, es quien realmente tiene mucho cuento).  

martes, 14 de agosto de 2018

Liderar no es jefear (y 2). Sobre el mal ejemplo de “Cojoncillos” Rubiales


En nuestro post previo, hablamos del buen ejemplo de LIDERAR CON CORAZÓN y repasamos sus cinco claves para un liderazgo ético. Por contraste, hoy comentaremos lo que no se debe hacer, dedicado a esos personajes que les ponen una gorra de jefes y se creen ya capitanes de todos los barcos (y que se pasan por el forro cualquier atisbo de aprender lo que es el liderazgo positivo y lo que es tratar con personas que al menos son iguales, sino mejores a ellos). 

Pero para hablar de JEFEAR lo mejor es ejemplificarlo con un ejemplo. Uno cercano, bochornoso, y que todos pudimos revisar a dos días previos del inicio del Mundial de Fútbol: Luis Rubiales, en el cargo de presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) desde hace un mes, destituye a Julen Lopetegui, seleccionador español, el día 13 de junio (a dos días del comienzo del Mundial de Fútbol de Rusia) con esta sentencia: “Nos hemos visto obligados a prescindir del seleccionador nacional”. Ojo a la frasecita 

Causa de tamaño dislate: el Real Madrid anuncia el día 12 de junio que Julen Lopetegui será el nuevo entrenador de este club al que se incorporará una vez termine el Mundial. La prensa se hace eco de ello, sin más (sin dobleces, incluida la prensa deportiva no afín al club blanco). El motivo de esta renovación es de todos conocidos: la marcha inesperada de Zinedine Zidane como entrenador del Real Madrid, anunciada el 31 de mayo.

Por tanto, en el espacio de 12 días el Real Madrid tuvo que barajar muchos nombres: Pochettino (en el Tottenham), Low (el seleccionador de Alemania), Sarri (en el Nápoles), Conte (en el Chelsea), Allegri (en la Juventus), Wenger (en el Ársenal) e incluso antiguos de la casa como Guti, Hierro o Michel. Se puede repasar la prensa, pero en ningún momento rastro del nombre de Lopetegui. Luego, en 12 días las frenéticas conversaciones debieron ser de aúpa… y la sorpresa para todos fue de órdago al aparecer el nombre de Lopetegui.

Y la decisión debió ser precipitada para el Real Madrid, pues venía luego un mes de Mundial, un verano, y resulta que el reciente Campeón de Champions (y mejor equipo del mundo según la FIFA) no tenía entrenador. Decisión precipitada por los hechos, pero, según los anteriores hechos, nunca con premeditación y alevosía. Al parecer a Luis Rubiales lo que le tocó la moral (y otras partes pudendas) fue que ”me enteré cinco minutos antes del comunicado”. Vale, luego hablaremos de los minutos necesarios para tomar decisiones con los hemisferios cerebrales o con otras partes del cuerpo: sin duda, cuantos más minutos mejor… pero es curioso que también declare “No me siento traicionado por Lopetegui” y eso pese tanto.

¿Pero quién es Luis Rubiales? Un exjugador de fútbol de equipos como el Motril, Amorós, Guadix, Mallorca, Xerez, Alicante… equipos de 2ª o 3ª división; solo jugó en un equipo de 1ª división en la temporada 1994-95 en el Valencia CF y con el Levante durante algunas temporadas tras el 2003, aunque las lesiones de su rodilla izquierda hicieron que jugara poco. Su etapa como jugador en el puesto de defensa fue, en el mejor de los casos, discreta. Y es en 2010 cuando comienza su trayectoria institucional, primero como Presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles y en mayo de 2018 sustituye a Ángel Villar de la presidencia de la RFEF (tras 30 años en el cargo – que se dice bien – y dejar a la institución como unos zorros, con su paso por la cárcel, por lo que tuvo que ser destituido).

¿Pero quién es Julen Lopetegui? Un exjugador de fútbol formado como portero en la cantera de la Real Sociedad, y que jugó en el Castilla, U.D. Las Palmas, Real Madrid, pero sus mejores años deportivos los tuvo con el Logroñés, como uno de los equipos más modestos de Primera División; también jugaría posteriormente en el F.C. Barcelona y Rayo Vallecano. Y es en el año 2003 cuando comienza su trayectoria como entrenador y ha estado en los banquillos del Rayo Vallecano, Castilla y Oporto. También ha ocupado los cargos de seleccionador nacional de categorías inferiores (sub-19 y sub-20) entre 2010 y 2014, para pasar a sustituir a Vicente del Bosque como entrenador de la Selección Nacional de Fútbol desde julio 2016 y lograr calificar a España como invicta para la Copa del Mundo. Su cesión fulminante a dos días de comenzar esta competición, hizo que ocupara su cargo Fernando Hierro.

No era la primera vez que un técnico nacional afrontaba un campeonato sabiendo que su futuro cambiaría semanas después. Sin embargo, si ha sido el único cesado en la historia. Algo parecido le ocurrió al seleccionador de Italia, Antonio Conte, fichado por el Chelsea en medio de la Eurocopa 2016; algo parecido le ocurrió al seleccionador de Holanda, Louis Van Gaal, fichado por el Manchester United antes de que diera comienzo la Copa del Mundo 2014; algo parecido le ocurrió al seleccionar de España, Luis Aragonés, presentado como nuevo entrenador del Fenerbahce en plena Eurocopa 2008; algo parecido le ocurrió al seleccionar de Francia, Jacques Santini, cuyo fichaje por el Tottenham ocurrió tan solo un par de semanas antes de la Eurocopa 2004; lo mismo le ocurrió al seleccionador de España, Ladislao Kubala, que anunció tres días antes de la Eurocopa 1980 que iba a fichar como entrenador del F.C. Barcelona. Varios ejemplos, el último con un alarmante parecido con el de Julen Lopetegui... pero de una resolución tan diferente.

Por tanto, en la libertad de elección - y responsabilidad - sobre el futuro profesional, son varios y significativos los ejemplos ocurridos similares al de Julen Lopetegui. En todos los casos, los seleccionadores siguieron con su selección como entrenadores y, cuando finalizaron sus campeonatos, modificaron su trayectoria profesional. Las distintas federaciones de fútbol (de Italia, Holanda, Francia y España) no utilizaron la frase de nuestro advenedizo Luis Rubiales: “Nos hemos visto obligados a prescindir del seleccionador nacional”. Y al parecer fue una decisión que nuestro personaje si tomó con nocturnidad y alevosía, de forma precipitada - como hacen los débiles e inseguros - y, según dice la prensa, previa llamada a los dirigentes del Barcelona y del Atlético de Madrid (alucina vecina…).

De nada valió que los jugadores de la selección española le dijeran a Rubiales que no destituyeran a "su entrenador”. Pero de nada valió, pues cuando se “jefea” pasa esto, que se toman decisiones no con los hemisferios cerebrales y el corazón, sino con las víscera y otras partes pudendas. Y valió más su orgullo (un orgullo medido en minutos, según él mismo declara), que el bien de todos. Por eso el apelativo de “Cojoncillos” Rubiales.

El resultado del Mundial mejor no hablar de ello. Todos supimos lo que ocurrió, con un Fernando Hierro al que todo le vino grande, hasta haber desaparecido de la faz de la Tierra desde hace ya un mes que finalizó el campeonato. Y gracias a esa clase de liderazgo de “Cojoncillos” hoy aún todos recordamos la frase de Lopetegui al presentarse como nuevo entrenador del Real Madrid: “Ayer fue el día más triste desde la muerte de mi madre…, pero hoy es el más feliz”. Uauuu, aviso a navegantes: si alguna vez, en el cargo de responsabilidad de alguno de los que leemos estos, oímos que un compañero pronuncia esto por tu actitud, amigo, háztelo ver...

Pero lo de este personaje, cuya fisonomía cada vez que le veo me recuerda a uno de los personajes de La Hora de José Mota, es un no parar. Algunos ejemplos en un solo mes:

- Elige a Luis Enrique, lo que se dice la alegría de la huerta y un hombre de consenso relativo (sobre todo con la prensa), como nuevo entrenador de la Selección Española bajo este criterio: “Un entrenador debe ser una persona de carácter, que imponga su criterio dentro del vestuario, al que se le respete al 100%. Buscamos un líder incontestable dentro del vestuario, que marque una pauta y que de esa pauta no se salga nadie”. Eso no es liderazgo, buen hombre, eso es dictadura…

- Se mete en un berenjenal con la final de la Supercopa de España, que se jugó por primera en la historia en otro país, en concreto en Tánger, con una polémica de no te menees con José Castro, presidente del Sevilla C.F. y donde Rubiales en un nuevo acto de liderazgo y ética sacó a pasear los tweets privados de una conversación. No sé quién podría tener la razón (ni me importa), pero las formas barriobajeras hablan del personaje en cuestión.

- Un patrocinador de la Selección Española estudia dejar su patrocinio, porque la verborrea agresiva de nuestro personaje no tiene límites… Porque no solo es importante tener razón (el fondo), sino como exponerla (la forma). Y quien no pudo aprender educación de joven, difícilmente lo hará de mayor… Es un debe crucial en la vida, y nuestro Rubiales parece que tiene "debes" para dar y regalar.

- No es de extrañar que las renuncias se sucedan con tal actitud. Y Albert Celades se ha ido después de 6 años al frente de la Sub 21 y formar parte de la Expediciones en los Mundiales 2014 y 2018 y Eurocopa 2016, y lo ha hecho por coherencia con su amigo y colega, Julen Lopetegui, y por coherencia por desvincularse del proyecto de Rubiales. Cabe decir que previamente a todo esto ya había destituido a Sánchez Arminio como presidente del Comité Técnico de Árbitros. Realmente ha convertido la RFEF en su Tombstone particular en el que él es el “p.. sheriff”, el Wyatt Earp de la RFEF (como la foto que da encabezamiento a este post).

- No contento con esto se nos habla de una inquietante historia sobre un chalet de Luis Rubiales que, presuntamente,  su reforma la quiso pagar con dinero de la Asociación de Futbolistas Españoles y luego tapar sus huellas con amenazas y agresiones. Tiempo al tiempo, pero también lo del Máster de Cifuentes parecía una bobada: y es que cuando el río suena, agua lleva...

- Y ya, para poner la guinda, no tiene problema en hacer comentarios machistas. Así son los que van de sheriff… no hay vuelta atrás.

Lo cierto es que en este poco tiempo no ha dejado títere sin cabeza. ¿Pero que ha hecho la RFEF para merecer esto... ? Después de las más de tres décadas de Villar, con el descrédito a la entidad, viene ahora el advenedizo y lo quiere solucionar todo, rápido a ser posible (la reflexión vendrá luego) y si tenemos que matar al mensajero, pues se mata: y Lopetegui pasaba por allí.

Es pues este un ejemplo de lo que no se debe hacer. Los sheriff para las películas de vaqueros. Pero no para las organizaciones, aunque sea algo tan tonto y vulgar como el fútbol. Da lo mismo, pues en todos los entornos nos merecemos líderes (que ayuden a caminar con el esfuerzo de todos) y debemos despreciar a los jefecillos (que liman sus debilidades en formación y como persona con la tiranía).

¿Cuántos personajes como el reseñado conocemos...? Personajes tóxicos con una gorra de mando y un revolver en la cintura dispuestos al "hágase mi voluntad". Personajes que solo con abrir la boca la lían parda y hacen subir el pan y la mantequilla.

Tras este ejemplo (cuya historia no termina aquí, y si la RFEF no se lo quita de encima, este personaje acaba con el poco crédito de la institución... al tiempo), queda claro que para avanzar en la vida es necesario dos cosas al menos: saber lo que debemos hacer y, sobre todo, saber lo que no debemos hacer. Y en LIDERAZGO quisiera dejar muy claro que es bueno y posible liderar con corazón. Y que no hay que permitir el modelo de "JEFEAR" y si ocurre, denunciarlo.

Y hoy el ejemplo ha sido el fútbol y la RFEF. Lo más lamentable es que puedan estar en la política, al frente de organizaciones industriales o sanitarias, en la presidencia de sociedades científicas, en tu puesto de trabajo,... 

sábado, 23 de junio de 2018

Cine y Pediatría (441). “El año que mis padres se fueron de vacaciones”, el Mundial de las infancias perdidas


En estos momentos el mundo gira alrededor del XXI Copa Mundial de Fútbol en Rusia. Pero hoy recordamos a Brasil, el considerado el mejor seleccionado histórico de este campeonato, con 5 entorchados (1958, 1962, 1970, 1994 y 2002) seguidos de Alemania e Italia con 4, Argentina y Uruguay con 2, y con uno tres países europeos (Francia, Inglaterra y España). Y recordamos al considerado el mejor equipo de Brasil de todos los tiempos, el de 1970, aquel en el que jugaban Pelé, Tostao, Rivellino, Everaldo, Clodoaldo, y tantos otros al frente del entrenador Mario Zagallo. Y recordamos hoy aquella IX Copa Mundial de Fútbol de 1970 celebrada en México, pues ella es el leitmotiv (e incluso el macguffin) de una película mítica en el país carioca y en el séptimo arte: El año que mis padres se fueron de vacaciones (Cao Hamburger, 2006). 

Porque quizás sigue siendo así, y el fútbol es ese opio del pueblo que, para bien o para mal, nos hace olvidar la realidad política y social que nos acucia. Y en 1970, Brasil y el resto del mundo estaban revolucionados con la proliferación de dictaduras militares en Sudamérica o con la guerra de Vietnam. De hecho, Brasil estaba sometido a una dictadura militar tras el golpe de estado de 1964 (y que se extendió hasta la elección de Tancredo Neves en 1985), pero la mayor preocupación en la vida de Mauro, un chico de 12 años, tiene poco o nada que ver con esa situación: su mayor sueño es ver como Brasil gana por tercera vez el mundial de fútbol, y su tiempo lo pasa entre sus juegos de futbolín con piezas de plástico y porteros que son cajas de cerillas, la colección de cromos del Mundial y el llegar a ser un gran portero. 

Porque Mauro (Michel Joelsas) representa a tantos como él que transitan en esa etapa de la vida en que uno pasa de la infancia a la adolescencia, y que se ve forzado a vivir sin sus padres, quienes por ser militantes de izquierdas se ven obligados a desaparecer en aquel año de 1970 (aunque técnicamente “están de vacaciones”) y a dejarle con su abuelo. Así es como viajan de Belo Horizonte a Sao Paulo, al Barrio de Bon Retiro, donde vive el abuelo. Pero algo inesperado le ha ocurrido a su abuelo el día previo (un infarto mientras trabajaba en su barbería), y el joven se encuentra abandonado a su suerte sin poder informar a sus padres. Es finalmente Shlomo, el vecino de su abuelo, un viejo judío solitario y empleado de la sinagoga local, el que se encarga de él. Esta inesperada cohabitación resulta, para ambos, en una inmersión en mundos desconocidos de los que emergen, cada uno a su manera más maduros que antes. 

Y en ese tiempo de incertidumbre en una ciudad extraña, sin su abuelo, sin sus padres, con la atención de un desconocido vecino, Mauro sigue con sus juegos de fútbol, con sus cromos y con sus reflexiones (“Mi papá dice que en el fútbol todo el mundo puede fallar, menos el portero. Ellos son jugadores diferentes que se pasan la vida ahí, solos, esperando lo peor”, “Aunque todos dudaban de nuestra selección, mi papá pensaba que 1970 era el año de la selección en el Mundial…pero había tan poca calma, que hasta yo pensé a dudar”), mientras no deja de esperar una llamada telefónica de sus padres y mira por la ventana en busca del Volkswagen escarabajo azul en el que viajo con ellos por última vez. 

Y lo cierto es que Mauro cayó en la puerta de Shlomo (Germano Haiut) como Moisés en el Nilo, como un mensaje entre la comunidad de rabinos, pero la convivencia inicial no fue fácil: “Tú no eres judío, eres gentil. Ahora un gentil…”. Y mientras espera una llamada de sus padres, Mauro aprende a enfrentarse cada día a una realidad que a menudo no es fácil, porque se ve solo y repite de alguna forma la aventura de sus padres, inmigrantes judíos, sobreviviendo en un nuevo mundo al que fue abandonado, como Moisés. Y los días pasan entre la comunidad judía, entres los chicos vecinos, con la irreverente Hanna (Daniela Piepszyk) a la cabeza, con la idílica joven Irene que enciende la imaginación de todos los jóvenes del vecindario (y es también su amor idílico), con la comunidad italiana, con el joven Ítalo involucrado en las manifestaciones de estudiantes (“Hay muchas personas de vacaciones como tus padres, Mauro”), y otros personajes que desean recuperar la felicidad sofocada por la dictadura. Y el fútbol era una buena excusa para olvidar, como nos recuerda Mauro: “El día 3 de junio de 1970 todo Brasil se paralizó… Pobrecito del portero de Checoslovaquia, en el primer pegón tendrá que enfrentar a Pelé y a Tostao en el mismo equipo. Como mi papá quería verlo ”. Y transcurren los hechos en la película mientras transcurren los partidos del Mundial que el pueblo ve en esas televisiones en blanco y negro: en la fase de clasificación Brasil ganó 4-1 a Checoslovaquia, 1-0 a Inglaterra y 3-2 a Rumanía. Y en cuartos se enfrenta a Perú (4-2), en semifinales a Uruguay (3-1) y en la final gana a Italia por 4 a 1. Y siguen las reflexiones de Mauro (“Y de pronto descubrí lo que quería ser: quería ser de color y poder volar”), mientras sigue mirando por la ventana en cada partido, mientras sigue buscando a sus padres con la ayuda del vecino judío. Y mientras transcurren los partidos, transcurre la vida. 

Y en las escenas finales contrata la alegría de Brasil como Campeona del Mundo 1970 en el mítico Estadio Azteca de Ciudad de México y la tristeza de Mauro, porque su madre regresa “de vacaciones”, pero sin el padre. Y su reflexión final: “Y así fue el año de 1970. Brasil se volvió tricampeón mundial y, sin querer ni poder entenderlo, yo terminé siendo una persona llamada exiliada. Creo que exiliado quiere decir que tu padre se retrasa tanto, pero tanto, que nunca vuelve a casa”. 

Porque de alguna manera, la aventura de Mauro se funde con la de sus ancestros, creando un espejo poético que refleja situaciones de persecución, exilio y adaptación de su familia, sus padres y sus abuelos. Y todo ello en un São Paulo que es pura diversidad étnica y cultural, representada por el escenario del distrito de Bom Retiro de los 70, donde conviven los inmigrantes de distintos orígenes étnicos, religiosos y políticos, como italianos, griegos, negros y, sobre todo, judíos. 

Y cuando uno ve esta película a la mente regresa otra, diferente pero similar: Kamchatka (Marcelo Piñeyro, 2002) donde se nos muestra los estragos de la dictadura argentina de forma indirecta y desde el punto de vista de Harry, un niño de diez años que vivió una infancia clandestina como esa otra historia oficial que se escribe desde la niñez. Y curiosamente, esta película del director Cao Hamburger, natural de Sao Paulo, está coproducida por otro director nacido en la misma ciudad, el mítico Fernando Meirellles, quien ya nos ha dejado dos películas en Cine y Pediatría: Ciudad de Dios (2002), la historia de las infancias alrededor de las favelas, y El jardinero fiel (2005), una profunda reflexión sobre la ética de los ensayos clínicos. No es de extrañar que con este compromiso con el cine denuncia estuviera al lado de esta película de hoy, un canto al Mundial de las infancias perdidas… por tantos conflictos políticos.