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sábado, 25 de julio de 2026

Cine y Pediatría (863) “El sueño de Iván” y “Diamantes negros”, del sueño a la pesadilla futbolística

 

Acaba de terminar el Campeonato Mundial de Fútbol 2026, uno de los fenómenos deportivos más virales en el mundo (con permiso de los Juegos Olímpicos). Un mes en el que se han enfrentado 48 equipos de todos los continentes y que nos abocaron a una final “en español” entre España y Argentina. Ni que decir que los ecos de este deporte, aunque solo sea fútbol, tiene una gran repercusión. Y el cine no ha sido ajeno, como ha hemos visto en alguna ocasión más en Cine y Pediatría. 

Hagamos un breve recorrido en el tiempo y por países de películas alrededor del fútbol: desde Hungría, Match en el infierno (Zoltán Fábri, 1961); desde Irán, El viajero (Abbas Kiarostami, 1974) y Offside (Fuera de juego) (Jafar Panahi, 2006); desde Estados Unidos, Evasión o victoria (John Houston, 1981); desde Chile, Historias de fútbol (Andrés Wood, 1997); desde Bután, La copa (Khyentse Norbu, 1999); desde Colombia, La pena máxima (Jorge Echeverri, 2001); desde Alemania, Guys and Balls (Sherry Hormann, 2004) y Las fieras fútbol club (Joachim Masannek, 2005); desde Serbia, Montevideo, God Bless You! (Dragan Bjelogrlic, 2010); desde Venezuela, Hermano (Marcel Rasquin, 2010); desde Brasil, El año que mis padres se fueron de vacaciones (Cao Hamburger, 2006) y Heleno, o príncipe maldito (José Henrique Fonseca, 2011); desde Cuba, La partida (Antonio Hens, 2013); desde Uruguay, Mi mundial (Carlos Andrés Morelli, 2017); dese Suiza, Mario (Marcel Gisler, 2018); desde Francia, ¡Va por nosotras! (Mohamed Hamidi, 2019); desde Suecia, Tigers (Ronnie Sandahl, 2020); desde Italia, Fue la mano de Dios (Paolo Sorrentino, 2021); desde Georgia, Hoja seca (Alexandre Koberidze, 2025); desde Ecuador, Despelote (Julián Cordero, 2025); etc.

Un recorrido en el que predominan tres países: curiosamente el Reino Unido, donde se originó este deporte, y nuestros dos países finalistas: Argentina y España. 

• Desde el Reino Unido, The Firm (Alan Clarke, 1989), Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002); Football Factory (Diario de un hooligan) (Nick Love, 2004), Hooligans (Lexi Alexander, 2005), The Damned United (Tom Hooper, 2009), Buscando a Eric (Ken Loach, 2009),… 

• Desde Argentina, Pelota de trapo (Leopoldo Torres Ríos, 1948), Escuela de campeones (Ralph Pappier, 1950), El crack (José A. Martínez Suárez, 1960), El centroforward murió al amanecer (René Mugica, 1961), Luna de Avellaneda (Juan José Campanella, 2004), El camino de San Diego (Carlos Sorin, 2006), Un santo para San Telmo (Gabriel Stagnaro, 2007), Metegol (Juan José Campanella, 2013),… 

• Desde España, Días de fútbol (David Serrano, 2003), La gran final (Gerardo Olivares, 2006), El equipo de mi barrio (Rafa de los Arcos, 2017), Llenos de gracia (Roberto Bueso, 2022), Pioneras. Solo querían jugar (Marta Díaz de Lope Díaz, 2026),… 

Pero hoy queremos recordar dos películas españolas más y que, desde el punto argumental, son dos polos opuestos: El sueño de Iván (Roberto Santiago, 2013), una comedia alrededor de una selección mundial de niños, y donde nuestro pequeño protagonista cumple su sueño; y Diamantes negros (Miguel Alcantud, 2013), un drama que cuesta olvidar alrededor de dos adolescentes malinenses cuyo sueño alrededor del fútbol en Europa se convierte en pesadilla. 

- El sueño de Iván (Roberto Santiago, 2011), basada en la novela homónima del propio director, sigue a Iván (Óscar Casas, de la saga de los hermanos Casas), un niño de 11 años apasionado por el fútbol, seleccionado para una Selección Mundial Infantil que juega un partido benéfico contra estrellas profesionales en el Estadio Azteca de México. Iván viaja con su equipo multicultural de niños a este evento impulsado por UNICEF y FIFA, que busca recaudar fondos para víctimas de un terremoto en África, mientras Iván rivaliza con Morenilla (Fergus Riordan), vive su primer amor con Paula (Carla Campra), combinando épica futbolera con comedia romántica y lecciones de madurez, que intenta aplicar el abuelo de Paula (Antonio Resines). 

Una película para un público infantil que promueve valores deportivos como compañerismo, superación personal, trabajo en equipo y respeto; y que enfatiza la amistad por encima de rivalidades, el coraje ante fracasos y la solidaridad global, recordando que ayudar a otros (como en causas benéficas) enriquece experiencias personales. Una película llena de buenas intenciones, pero que visionada por un adulto deja ver demasiadas costuras sobre su calidad cinematográfica. Una película que engrana con el cine habitual de Roberto Santiago, donde prioriza tramas de amistad, superación y valores positivos, a menudo dirigidas a audiencias familiares. Y como una de sus grandes pasiones desde la infancia es el fútbol, recordamos también El penalti más largo del mundo (Roberto Santiago, 2005) y su prolífica saga literaria “Los Futbolísimos” (con 29 títulos hasta la fecha), que fueron adaptadas al cine como Los Futbolísimos (2019) y Los futbolísimos 2. El misterio del tesoro pirata (2025), ambas dirigidas por Miguel Ángel Lamata. 

- Diamantes negros (Miguel Alcantud, 2013) narra la aventura de dos adolescentes de 15 años que viven en Bamako, capital de Mali, y que, tras ser captados por un ojeador de fútbol español, abandonan sus familias con la promesa de convertirse en estrellas del fútbol europeo. Ellos son Amadou (Setigui Diallo) y Moussa (Hamidou Samaké) y representan a tantos jóvenes africanos que ven en el fútbol una vía de escape para salir de la vida difícil que tienen en sus países y con ello también ayudar a sus familias (quienes ya se han empeñado en parte para comprarles los pasajes de avión y sufragar gastos). 

Y bajo el son de la canción “Kar Kar” del cantante malinense Boubacar Traoré, nuestros jóvenes llegan a Madrid con una sonrisa en la boca. Allí comienza su aventura y la ilusión de triunfar en el deporte, apoyándose como amigos. Y comienzan entrenando en equipos de categorías inferiores, en busca de mejor oportunidad, mientras sus mentores negocian la mejor salida, con una sensación de menores usados como “mercancías” (les cambian el nombre y la edad). Pero las trayectorias de cada uno son divergentes: Moussa es expulsado del equipo por su excesiva individualidad en el juego, es abandonado por su mentor y expulsado del piso que les dejaba, por lo que tiene que dormir en la calle y acaba traficando con drogas, imbuido por el ejemplo de otros inmigrantes, ingresando en un correccional; Amadou acaba teniendo una oportunidad en un equipo portugués, pero una inoportuna lesión del ligamento cruzado de la rodilla, hace que su mentor también le abandone en Lisboa y sin dinero, teniendo que realizar pequeños hurtos para conseguir el dinero que le devuelva primero a Madrid, donde no encuentra a su amigo, y luego a Bamako, donde su familia y amigos le reciben como un fracasado: “Eres una decepción”, le dice su madre. Finalmente el mentor de Moussa le busca en correccional y le encuentra un equipo en Estonia, donde parece que le va a ir bien. Trayectorias donde la exclusión, la delincuencia y el desarraigo hacen mella, mostrando cómo el sueño deportivo se convierte en demasiadas ocasiones en una pesadilla de explotación y abandono. 

El final es contundente: “En las calles de Europa sobreviven unos 20.000 jóvenes africanos traídos por agentes persiguiendo su sueño de jugar al fútbol”. Y todo ello mientras suena la canción “Lundandi” de Tchi Denw, otro autor malinense, interpretada por Amaia Salamanca. Esta película fue ganadora del Premio del Público en Festival de Málaga y, a buen seguro, que ganará el corazón de muchos espectadores. 

Y ello porque la película funciona como cine de denuncia social sobre la trata encubierta de jóvenes talentos africanos en el fútbol europeo, con algunas reflexiones que no nos son ajenas: ese “sueño” como mecanismo de vulnerabilidad, donde la pobreza y la falta de oportunidades convierten el fútbol en una vía de escape, facilitando que redes de intermediarios manipulen expectativas y separen a los menores de sus familias, dando origen a demasiadas “pesadillas”. 

En clave pedagógica, ambas películas, El sueño de Iván y, sobre todo, Diamantes negros, se convierten en dos historias útiles para debatir en aulas o foros sobre la ética del deporte, y concretamente los valores del fútbol para los más jóvenes. Porque todos tenemos una gran responsabilidad en este deporte, desde los jugadores a los espectadores y aficionados, porque somos el espejo en el que miran los más jóvenes. Por ello, la verdadera Copa del Mundo es el juego limpio que enseña a respetar las normas y al rival, que disfruta de la victoria con humildad y acepta la derrota con dignidad. Los adultos (y sus algoritmos en redes sociales) deben dar ejemplo mostrando autocontrol y respeto, destacando siempre valores como el trabajo en equipo y la superación personal, y enseñando a sus hijos o nietos que hay que priorizar la diversión. 

Porque si no lo hacemos así, convertiremos el sueño del fútbol en una pesadilla…

 

sábado, 3 de diciembre de 2022

Cine y Pediatría (673) “Fue la mano de Dios” una catarsis autobiográfica desde el cine


«“Yo hice lo que pude. Creo que tan mal no me fue”. Diego Armando Maradona, el mejor futbolista de todos los tiempos». Con este texto previo comienza esta película que con la cámara nos transporta desde el mar a la costa y apreciamos el perfil de la ciudad de Nápoles en los años 80. Nos referimos a Fue la mano de Dios (Paolo Sorrentino, 2021). 

La mano de Dios es el nombre con el que se conoce al gol anotado con dicha parte del cuerpo por el futbolista Diego Maradona en el partido entre Argentina e Inglaterra en los cuartos de final de la Copa Mundial de Fútbol de 1986, disputado el 22 de junio (cuatro años después de la Guerra de las Malvinas) en el Estadio Azteca de la Ciudad de México. Y en ese mismo partido metió el considerado el “gol del siglo”. Un partido y dos goles para la historia… en un Mundial que finalmente ganaría la propia Argentina en su final frente a Alemania. Y de esta anécdota mundialista tan apropiada para estas fechas de este atípico Mundial de Qatar que estamos viviendo nos sirve para comentar la película más autobiográfica del italiano Paolo Sorrentino, toda una catarsis cinematográfica de su adolescencia alrededor de su familia y sus sueños, en este caso con el joven Fabietto Schisa como su alter ego, quien nos demuestra su pasión por el fútbol, mientras una tragedia familiar da forma a su futuro incierto, aunque prometedor, como cineasta. 

Paolo Sorrentino es un director y guionista napolitano que inicia su carrera cinematográfica en 2001, y consigue en 2008 el Gran Premio del Jurado de Cannes con El divo, sobre la figura de uno de los personajes más controvertidos de la política italiana, Giulio Andreotti. Aunque su gran éxito internacional llega en 2013 con La gran belleza, con la que consigue el Óscar a mejor película de habla no inglesa, amén de otros muchos galardones. Le siguen otras obras entre las que cabe destacar La juventud en 2015 (basada en una novela homónima de la que es autor), Silvio (y los otros) en 2018, película ficcionada sobre Silvio Berlusconi, y las series de televisión The Young Pope (2016) y The New Pope (2020). Y es con Fue la mano de Dios con la que llega su película autobiográfica, pues su infancia y adolescencia es la de Fabietto Schisa (Filippo Scotti, quien recibiera el Premio Marcello Mastroianni al mejor actor revelación), y para ello Sorrentino vuelve a la ciudad que lo vio nacer para contar su historia más personal: un relato sobre el destino y la familia, los deportes y el cine, el amor y la pérdida. 

Porque Sorrentino comenzó siendo un escritor de éxito, y eso se deriva en su filmografía que tiene un estilo personal entre surrealista, barroco y existencialista, y en donde analiza personajes, grupos de poder político y autoridades religiosas, una trayectoria que aporta un retrato de la Italia contemporánea. Para muchos críticos de cine es el gran sucesor de Federico Fellini por sus montajes y composición estética coral, por la combinación de fotografía y banda sonora. 

Su crianza en una típica familia napolitana se identifica con el personaje principal de Fue la mano de Dios, su historia personal y familiar. Allí donde se nos presenta a Fabietto y sus padres, Saverio Schisa (Toni Servillo, su actor fetiche) y María Schisa (Teresa Saponangelo), así como su protector hermano Marchino (Marlon Joubert). Tras ellos, la admirada erotizada tía Patrizia (Luisa Ranieri) y su celosísimo esposo Franco (Massimiliano Gallo), así como la excéntrica baronesa Focale (Betty Pedrazzi) o el paternal y varonil Alfredo (Renato Carpentieri). Y muchos otros personajes peculiares como la Sra. Gentile con su abrigo perenne de visón (incluso en verano), Geppino, Capuano, Maurizio, Marriettiello, Graziella,… Una película coral napolitana y universal, con personajes y escenas que se cruzan en un meditado desorden. 

Una familia que se sigue preguntando si Maradona llegará al Nápoles desde el F.C. Barcelona: “Si Maradona no viene al Napoli, me suicido”, dice el abuelo; aunque hay opiniones para todos los gustos: “Yo creo que Pelé y Di Stéfano son mejores que Maradona”. Y Fabietto comparte sus pensamientos de adolescente entre el fútbol, su tía Patrizia (quien compromete a todos tomando el sol desnuda) y el cine que le va rodeando poco a poco (los castings a los que acude su hermano o Graziella, entre Fellini y Zefirelli) y cuya magia descubre en una grabación en la Gallería Humberto I (una de las galerías más populares del país junto con la Galleria Vittorio Emanuele II de Milán). 

Pero por esta historia de Fabietto (alter ego del director) se mezclan escenas muy diversas, que forman parte de su particular catarsis cinematográfica, y que van de su escuela Don Bosco Salesianos a sus escapadas a las playas nudistas de Capri y Estrómboli o al propio Vesubio, con sus vivencias en aquella familia que se las daba de comunista (y por ello cambiaban de canal con un palo de escoba, pues no iban a comprar un mando a distancia), pero cuyo epicentro es la peculiar relación beligerante entre sus padres y ese accidente por una fuga de gas que le dejó huérfano por una mortal intoxicación por monóxido de carbono. Y a partir de entonces decide que quiere ser director de cine y que su tía Patrizia sea su musa, aunque acaba ingresada en un centro psiquiátrico ante la depresión por no poder ser madre. 

Y de ahí surge su declaración: “La vida, ahora que mi familia se ha desintegrado, ya no me gusta. Quiero otra imaginaria, igual que la que tenía antes. La realidad ya no me gusta. La realidad es mediocre. Por eso quiero hacer cine. Aunque solo haya visto tres o cuatro películas”. Y aunque le recomiendan que no se vaya a Roma y se quede en Nápoles, finalmente se marcha…y ve al monachello, personaje de leyenda napolitano, ese niño con un vestido largo de monje y un sombrero puntiagudo en la cabeza y que suele aparecer en las frías noches de invierno y en la oscuridad de las horas nocturnas. 

Y ven en familia el partido del Mundial de México contra Inglaterra, y al ver la realidad de aquel gol, el abuelo dice: “¡Ha metido el gol con la mano! Ha vengado al pueblo argentino, vejado por el infame ataque imperialista en las Malvinas ¡Es un genio! Es un acto político. Es la revolución. Los ha humillado, ¿entiendes?”. Y luego Maradona seguiría haciendo historia en Nápoles donde jugó 8 años (1984-1992), a donde llegó como un héroe y consiguió dos Scudettos, pero en 1991 dio positivo en cocaína tras un partido y le cayeron 15 meses de suspensión. Ese fue su fin en el Nápoles, se marchó por la puerta de atrás, muy bajo de forma y con un sinfín de líos a sus espaldas. Pero Nápoles no le ha olvidado de él (como no lo hacen del Dr. Moscati), y de hecho el estadio San Paolo pasó a denominarse Diego Armando Maradona tras su fallecimiento hace ahora dos años. 

Se denomina catarsis a ese instante de lucidez en el cual vemos más de lo que normalmente vemos, y que nos permite una visión de quiénes somos, de cómo somos o de qué nos sucede y nos devuelve emociones y reflexiones. Algo así es para Paolo Sorrentino su película Fue la mano de Dios - y quizás también para los espectadores -, pues esta catarsis ayuda a cerrar la herida de quedarse huérfano en el camino de su adolescencia. Y para ello nos regala ese paseo en lancha por el golfo napolitano bañado con la luz dorada de un atardecer de finales de verano, esa euforia al celebrar el gol de "El Pelusa" en el balcón de casa o ese creer estar enamorado tantas veces como sea necesario. Y todo muy a la italiana, con ese cosmos que es la familia, donde caos y orden suceden en muy poco espacio de tiempo. Porque, salvando las diferencias, Fellini lo hizo desde la ciudad eterna, y Sorrentino lo hace desde Nápoles.

 

sábado, 19 de noviembre de 2022

Cine y Pediatría (671) “Llenos de gracia”, un cuento de fútbol


Mañana, 20 de noviembre de 2022, comienza el Mundial de Fútbol en Qatar y que tendrá eclipsado durante un mes al mundo en un espectáculo deportivo que solo tiene parangón con las Olimpiadas. Uno de los Mundiales más atípicos, tanto por las fechas de celebración (el único que no se jugará en verano, interrumpiendo todas las ligas de fútbol nacionales) como por el lugar de celebración, un país sin tradición futbolística y que ha generado amplia polémica, y que Amnistía Internacional define en su web como “Qatar, la Copa Mundial de la vergüenza”. Pero poderoso caballero es don dinero, y poco ha importado que sea un país donde se infringen los derechos de las mujeres o de la comunidad LGTBI, amén de las acusaciones de corrupción y las terribles condiciones denunciadas de los trabajadores en la construcción de los estadios e instalaciones. 

Si nos quedamos con los aspectos deportivos, cabe decir que desde el primer Mundial de Fútbol, celebrado en 1930 en Uruguay, y hasta este de Qatar, serán 22 las ediciones en las que en las que ocho países han alzado la copa: Brasil es la selección más exitosa, con cinco victorias; Alemania e Italia le siguen con cuatro trofeos; Argentina, Francia y Uruguay la han ganado dos veces, en tanto Inglaterra y España lo han conseguido una vez. Los equipos europeos han ganado el título en doce ocasiones, mientras que los sudamericanos lo han hecho en nueve; y solo dos equipos de otras confederaciones han llegado a semifinales: Estados Unidos en 1930 y Corea del Sur en 2002. 

Con este prolegómeno, hoy comentamos una película donde el fútbol tiene un cierto papel protagonista y alrededor del Mundial de Fútbol de 1994, celebrado en Estados Unidos. Una reciente película española que cuya historia se fundamenta en un caso real en la década de los 90, el del futbolista Valdo (que se formó en la cantera del Real Madrid y jugó en Primera División en clubes como Osasuna, Levante o Málaga) y una monja atípica, la hermana Marina, en una sencilla historia que transcurre en un verano alrededor de un centro educativo, El Parral, que acoge huérfanos y que está amenazado de cierre. La película lleva por título Llenos de gracia (Roberto Bueso, 2022), una entretenida película sin pretensiones, con sus dosis de moraleja positiva, humor y ternura para ver en familia. 

Porque cuando en El Parral todos los alumnos se van de vacaciones, solo quedan en el centro un pequeño grupo de alumnos que tienen que pasar el tiempo allí, acompañados de su desmotivación y hastío. Es en ese momento cuando llega como profesora de verano la hermana Marina (Carmen Machi), una monja que cambia demasiado frecuentemente de destino, algo problemática para el “establishment” eclesiástico, quizás por su peculiar forma de ser y de saltarse las reglas (escucha música en walkman, fuma, bebe cañas y suelta algún taco, excesivamente sincera y a la que no le gusta que le abracen). Y la hermana Marina y la hermana Angelines (Paula Usero), una monja peculiar en la madurez de su carrera y otra monja con la ilusión de quien casi está empezando, se percatan que una manera de devolver a esos chicos un mínimo de ilusión por aprender y de afianzar su seguridad es a través del fútbol. Y por ello se animan a construir un campo de fútbol en el colegio, y convencen al bedel para que se convierta en entrenador de este peculiar equipo. El comienzo no augura nada nuevo, pues los chicos se comportan más como quinquis que como deportistas. Es en ese momento cuando Marina toma las riendas del equipo, y les estimula viendo por televisión los partidos de la selección española en el Mundial de Fútbol de Estados Unidos que se emitía aquel verano. Y su mensaje les resulta estimulante: “Os habéis acostumbrado a perder, y ahora ya es hora de acostumbraros a ganar”. 

Y es así como el espíritu de Llenos de gracia es muy similar al de sus protagonistas: hacer lo que puede con el material del que dispone y exprimir al máximo unos recursos escasos pero suficientes. Y es que Roberto Bueso ya mostró su buen hacer con La banda, su debut en el largometraje el año 2019, y ahora con Llenos de gracia confirma que su capacidad por contar historias de una forma fresca y natural, en este caso la de unos niños que luchan por superar los obstáculos que la vida les ha deparado mediante la realización de una actividad que los une con un pelota de fútbol y con el apoyo de unas monjas. Y así es como Marina nos dice: “Somos monjas, sus monjas. Y eso ya es mucho, ¿no crees?”. Y entre estos alumnos del equipo de fútbol se encuentra Valdo (Dairon Tallon), a quien, al final, acaban proponiéndole una prueba para jugar en un equipo profesional. 

Y es así como en Llenos de gracias sus protagonistas se enfrentan ante momentos decisivos que pueden cambiar sus vidas, como la propuesta para iniciar la carrera deportiva de Valdo, pero también la viabilidad del colegio o la vida nómada de la hermana Marina. Y también la película se convierte en el altavoz sociológico de la década de los 90 mediante la inclusión de toda una serie de referencias que ayudan a ceñir el relato a su época: el uso de la canción “Faith” de George Michael, el walkman, la pantalla codificada mientras se emitía el porno en Canal Plus, los partidos de aquel Mundial de Fútbol o la presencia de las fotos o el video de Marta Sánchez, mito erótico de una generación. 

Y esta historia real sobre la necesidad de sentirse atendidos y de buscar afecto, tiene reflejo en sus dos protagonistas principales: Valdo y la hermana Marina. Valdo debutó en el Real Madrid el 6 de octubre de 2001 frente al Athletic de Bilbao y hoy en día vive en Pamplona, y se siente satisfecho en la forma que se ha contado esta historia. Y la hermana Marina aún vive, tiene 94 años y se encuentra en una residencia de Salamanca; ella no olvida que en el 2004, siendo Valdo delantero de Osasuna y tras marcar un gol, éste se levantó la camiseta para mostrar otra que decía: “Gracias hermana Marina”. 

Y bajo el ritmo de la canción “Wooly Bully” de Sam the Sham & The Pharaohs aparecen las notas finales de la historia: “Valdo López jugó más de 20 años en la Primera División española. Él y sus compañeros siempre agradecerán a Marina lo que hizo por ellos en El Parral”. Y así termina este cuento alrededor del fútbol. Y esta película se suma a otras ya comentadas en Cine y Pediatría alrededor de este deporte: desde Bután, La copa (Khyentse Norbu, 1999); desde Reino Unido, Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002), desde Alemania, Las fieras fútbol club (Joachim Masannek, 2005), desde Brasil, El año que mis padres se fueron de vacaciones (Cao Hamburger, 2006),… y ahora desde España, Llenos de gracia, un cuento de fútbol (aunque este deporte es tan mimado que, a veces, es quien realmente tiene mucho cuento).  

miércoles, 29 de junio de 2022

La “farsa” del Mundial de Qatar sobre los derechos humanos frente al Orgullo

 

Ayer, 28 de junio, se ha conmemorado el Día Internacional del Orgullo, fecha que conmemora los disturbios de Stonewall (Nueva York) de 1969 y que marcaron el inicio del movimiento de liberación homosexual… y luego extendido a toda la diversidad sexual, con un juego de siglas que llega de LGBT a LGBTQIA+ y hasta LGBTTTQQIAAPP. Hace unos años, en la conmemoración a las bodas de oro de esta fecha, comentábamos en este blog algunos aspectos lingüísticos alrededor de este día que empezó llamándose Orgullo Gay, pasó luego a Orgullo LGBT y finalmente parece haberse quedado en Orgullo a secas.  

Hoy regresa esta fecha con este título que mezcla diversidad sexual, política y fútbol. Un título paradójico que parte de las supuestas declaraciones de un portavoz del Mundial de Fútbol en Qatar que se ha viralizado en redes sociales y en las que se decía que “quien luzca la bandera LGBTI en la copa del mundo de fútbol será arrestado por siete u 11 años…  Estamos en un país islámico, se debe respetar nuestra religión, creencias y cultura”. Según Maldita.es, web especializada en desmentir información falsa, se recoge que no hay rastro de declaraciones recientes al respecto.  

Sea como sea, cuando el río suena, agua lleva. Porque este Mundial en Qatar lleva la polémica en la mochila desde el inicio, pues todo ha estado rodeado de polémica, desde la muerte de miles de personas migrantes en la construcción de los estadios,  hasta el trato degradante que sufren las mujeres y el colectivo LGTBI en el país, o la vulneración de los derechos de expresión y reunión. Y toda esta información lleva denunciándose desde hace mucho tiempo en Amnistía Internacional. No es nuevo. Y es bien conocido. Otra cosa es que prefiramos mirar para otra lado, quitándonos las briznas de nuestros ojos (hasta quedarnos ciegos) sin hacer caso a la viga ajena (bien contrario al refrán, pero bien real). 

El fútbol ha cometido de nuevo un error, uno más en este deporte sobrevalorado y mimado. Todos recordamos las declaraciones de Xavi Hernández en septiembre de 2019, en plena crisis de España con la comunidad autónoma de Cataluña por aquella declaración unilateral de independencia; este jugador de fútbol, ahora entrenador del F.C. Barcelona (o Barça), pero entonces entrenador en Qatar, dijo: «Qatar no es una democracia, pero funciona mejor que España».  O también su "Muchos tienen una idea sobre la cultura árabe, pero cuando vienes a Qatar es completamente diferente", frase que se entiende mejor con los petrodólares que se metía en el bolsillo, aunque nuevamente Amnistía Internacional le contestó con este artículo titulado “Seis cosas que pasan en Qatar (diga lo que diga Xavi Hernández)” y que conviene leer en toda su extensión.  

El sistema judicial catarí se basa en la sharía o ley islámica, que considera la homosexualidad como falta grave. Y el Código Penal en ese país sigue tipificando las relaciones homosexuales entre hombres como un delito punible con hasta siete años de prisión. Su artículo 296 especificaba los delitos de “conducir, instigar o seducir a un varón de cualquier manera para que cometa sodomía o disipación” e “inducir o seducir a un varón o a una mujer de cualquier manera para que cometa acciones ilegales o inmorales”. 

La homofobia está a la orden del día. Y la sinrazón también, pues estas declaraciones de hace tan solo una semana si son ciertas. Una de ellas proceden de Nasser Al-Khater, presidente del comité de organización del Mundial 2022, quien confirma que «la homosexualidad no está autorizada» en Qatar, pero promete que los aficionados LGTBI tendrán derecho a viajar y ver los partidos, con una condición: «sin muestras de afecto en público». Y también recuerda las penas de hasta siete años por tener sexo fuera del matrimonio con motivo del Mundial de Fútbol.  

Algunos países y algunos clubes ya están tomando cartas en el asunto. La FIFA también debería hacerlo y con ello subsanar el error de elegir este país para un Mundial, y que acogerá muchos países donde los derechos humanos no pueden ser cuestionables. Pero poderoso caballero es don dinero. Parece que los derechos humanos ante ello quedan en segundo plano. Y esta es la farsa de Qatar sobre los derechos humanos en su Mundial de Fútbol. Y ante esta farsa queda el orgullo, el orgullo LGTBI y el de cualquier persona que no comulgue con ruedas de molino… 

Orgullo que es la suma de amor, visibilidad y resiliencia. Ya lo dijo A. Jodorovsky: “Los pájaros que nacen encerrados creen que volar es una enfermedad”. 

(Nota a pie de página. El dinero qatarí hace años que va a parar a financiar el deporte fuera de sus fronteras. Los casos más paradigmáticos están en el fútbol y concretamente en dos clubes: el PSG, ese equipo-estado cuyo capital principal proviene de Qatar, y el F.C. Barcelona, durante muchos años financiado por Qatar Sport Investment y que lucía en su camiseta la publicidad de Qatar Foundation y más tarde la de Qatar Airways (durante los 6 años de patrocinio le valió al club un total de 177 millones de euros). Y el diario Sport – hoja parroquial del F.C. Barcelona - se presentó en su momento como “el primer diario deportivo de Qatar” tras anunciar la creación de una nueva versión del diario en inglés para ser distribuida en aquel país. Por eso la “farsa” va en comillas…que suena como Farça, tan falso como la Xavineta que prometió este entrenador y que pinchó a medio camino).

martes, 14 de agosto de 2018

Liderar no es jefear (y 2). Sobre el mal ejemplo de “Cojoncillos” Rubiales


En nuestro post previo, hablamos del buen ejemplo de LIDERAR CON CORAZÓN y repasamos sus cinco claves para un liderazgo ético. Por contraste, hoy comentaremos lo que no se debe hacer, dedicado a esos personajes que les ponen una gorra de jefes y se creen ya capitanes de todos los barcos (y que se pasan por el forro cualquier atisbo de aprender lo que es el liderazgo positivo y lo que es tratar con personas que al menos son iguales, sino mejores a ellos). 

Pero para hablar de JEFEAR lo mejor es ejemplificarlo con un ejemplo. Uno cercano, bochornoso, y que todos pudimos revisar a dos días previos del inicio del Mundial de Fútbol: Luis Rubiales, en el cargo de presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) desde hace un mes, destituye a Julen Lopetegui, seleccionador español, el día 13 de junio (a dos días del comienzo del Mundial de Fútbol de Rusia) con esta sentencia: “Nos hemos visto obligados a prescindir del seleccionador nacional”. Ojo a la frasecita… 

Causa de tamaño dislate: el Real Madrid anuncia el día 12 de junio que Julen Lopetegui será el nuevo entrenador de este club al que se incorporará una vez termine el Mundial. La prensa se hace eco de ello, sin más (sin dobleces, incluida la prensa deportiva no afín al club blanco). El motivo de esta renovación es de todos conocidos: la marcha inesperada de Zinedine Zidane como entrenador del Real Madrid, anunciada el 31 de mayo.

Por tanto, en el espacio de 12 días el Real Madrid tuvo que barajar muchos nombres: Pochettino (en el Tottenham), Low (el seleccionador de Alemania), Sarri (en el Nápoles), Conte (en el Chelsea), Allegri (en la Juventus), Wenger (en el Ársenal) e incluso antiguos de la casa como Guti, Hierro o Michel. Se puede repasar la prensa, pero en ningún momento rastro del nombre de Lopetegui. Luego, en 12 días las frenéticas conversaciones debieron ser de aúpa… y la sorpresa para todos fue de órdago al aparecer el nombre de Lopetegui.

Y la decisión debió ser precipitada para el Real Madrid, pues venía luego un mes de Mundial, un verano, y resulta que el reciente Campeón de Champions (y mejor equipo del mundo según la FIFA) no tenía entrenador. Decisión precipitada por los hechos, pero, según los anteriores hechos, nunca con premeditación y alevosía. Al parecer a Luis Rubiales lo que le tocó la moral (y otras partes pudendas) fue que ”me enteré cinco minutos antes del comunicado”. Vale, luego hablaremos de los minutos necesarios para tomar decisiones con los hemisferios cerebrales o con otras partes del cuerpo: sin duda, cuantos más minutos mejor… pero es curioso que también declare “No me siento traicionado por Lopetegui” y eso pese tanto.

¿Pero quién es Luis Rubiales? Un exjugador de fútbol de equipos como el Motril, Amorós, Guadix, Mallorca, Xerez, Alicante… equipos de 2ª o 3ª división; solo jugó en un equipo de 1ª división en la temporada 1994-95 en el Valencia CF y con el Levante durante algunas temporadas tras el 2003, aunque las lesiones de su rodilla izquierda hicieron que jugara poco. Su etapa como jugador en el puesto de defensa fue, en el mejor de los casos, discreta. Y es en 2010 cuando comienza su trayectoria institucional, primero como Presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles y en mayo de 2018 sustituye a Ángel Villar de la presidencia de la RFEF (tras 30 años en el cargo – que se dice bien – y dejar a la institución como unos zorros, con su paso por la cárcel, por lo que tuvo que ser destituido).

¿Pero quién es Julen Lopetegui? Un exjugador de fútbol formado como portero en la cantera de la Real Sociedad, y que jugó en el Castilla, U.D. Las Palmas, Real Madrid, pero sus mejores años deportivos los tuvo con el Logroñés, como uno de los equipos más modestos de Primera División; también jugaría posteriormente en el F.C. Barcelona y Rayo Vallecano. Y es en el año 2003 cuando comienza su trayectoria como entrenador y ha estado en los banquillos del Rayo Vallecano, Castilla y Oporto. También ha ocupado los cargos de seleccionador nacional de categorías inferiores (sub-19 y sub-20) entre 2010 y 2014, para pasar a sustituir a Vicente del Bosque como entrenador de la Selección Nacional de Fútbol desde julio 2016 y lograr calificar a España como invicta para la Copa del Mundo. Su cesión fulminante a dos días de comenzar esta competición, hizo que ocupara su cargo Fernando Hierro.

No era la primera vez que un técnico nacional afrontaba un campeonato sabiendo que su futuro cambiaría semanas después. Sin embargo, si ha sido el único cesado en la historia. Algo parecido le ocurrió al seleccionador de Italia, Antonio Conte, fichado por el Chelsea en medio de la Eurocopa 2016; algo parecido le ocurrió al seleccionador de Holanda, Louis Van Gaal, fichado por el Manchester United antes de que diera comienzo la Copa del Mundo 2014; algo parecido le ocurrió al seleccionar de España, Luis Aragonés, presentado como nuevo entrenador del Fenerbahce en plena Eurocopa 2008; algo parecido le ocurrió al seleccionar de Francia, Jacques Santini, cuyo fichaje por el Tottenham ocurrió tan solo un par de semanas antes de la Eurocopa 2004; lo mismo le ocurrió al seleccionador de España, Ladislao Kubala, que anunció tres días antes de la Eurocopa 1980 que iba a fichar como entrenador del F.C. Barcelona. Varios ejemplos, el último con un alarmante parecido con el de Julen Lopetegui... pero de una resolución tan diferente.

Por tanto, en la libertad de elección - y responsabilidad - sobre el futuro profesional, son varios y significativos los ejemplos ocurridos similares al de Julen Lopetegui. En todos los casos, los seleccionadores siguieron con su selección como entrenadores y, cuando finalizaron sus campeonatos, modificaron su trayectoria profesional. Las distintas federaciones de fútbol (de Italia, Holanda, Francia y España) no utilizaron la frase de nuestro advenedizo Luis Rubiales: “Nos hemos visto obligados a prescindir del seleccionador nacional”. Y al parecer fue una decisión que nuestro personaje si tomó con nocturnidad y alevosía, de forma precipitada - como hacen los débiles e inseguros - y, según dice la prensa, previa llamada a los dirigentes del Barcelona y del Atlético de Madrid (alucina vecina…).

De nada valió que los jugadores de la selección española le dijeran a Rubiales que no destituyeran a "su entrenador”. Pero de nada valió, pues cuando se “jefea” pasa esto, que se toman decisiones no con los hemisferios cerebrales y el corazón, sino con las víscera y otras partes pudendas. Y valió más su orgullo (un orgullo medido en minutos, según él mismo declara), que el bien de todos. Por eso el apelativo de “Cojoncillos” Rubiales.

El resultado del Mundial mejor no hablar de ello. Todos supimos lo que ocurrió, con un Fernando Hierro al que todo le vino grande, hasta haber desaparecido de la faz de la Tierra desde hace ya un mes que finalizó el campeonato. Y gracias a esa clase de liderazgo de “Cojoncillos” hoy aún todos recordamos la frase de Lopetegui al presentarse como nuevo entrenador del Real Madrid: “Ayer fue el día más triste desde la muerte de mi madre…, pero hoy es el más feliz”. Uauuu, aviso a navegantes: si alguna vez, en el cargo de responsabilidad de alguno de los que leemos estos, oímos que un compañero pronuncia esto por tu actitud, amigo, háztelo ver...

Pero lo de este personaje, cuya fisonomía cada vez que le veo me recuerda a uno de los personajes de La Hora de José Mota, es un no parar. Algunos ejemplos en un solo mes:

- Elige a Luis Enrique, lo que se dice la alegría de la huerta y un hombre de consenso relativo (sobre todo con la prensa), como nuevo entrenador de la Selección Española bajo este criterio: “Un entrenador debe ser una persona de carácter, que imponga su criterio dentro del vestuario, al que se le respete al 100%. Buscamos un líder incontestable dentro del vestuario, que marque una pauta y que de esa pauta no se salga nadie”. Eso no es liderazgo, buen hombre, eso es dictadura…

- Se mete en un berenjenal con la final de la Supercopa de España, que se jugó por primera en la historia en otro país, en concreto en Tánger, con una polémica de no te menees con José Castro, presidente del Sevilla C.F. y donde Rubiales en un nuevo acto de liderazgo y ética sacó a pasear los tweets privados de una conversación. No sé quién podría tener la razón (ni me importa), pero las formas barriobajeras hablan del personaje en cuestión.

- Un patrocinador de la Selección Española estudia dejar su patrocinio, porque la verborrea agresiva de nuestro personaje no tiene límites… Porque no solo es importante tener razón (el fondo), sino como exponerla (la forma). Y quien no pudo aprender educación de joven, difícilmente lo hará de mayor… Es un debe crucial en la vida, y nuestro Rubiales parece que tiene "debes" para dar y regalar.

- No es de extrañar que las renuncias se sucedan con tal actitud. Y Albert Celades se ha ido después de 6 años al frente de la Sub 21 y formar parte de la Expediciones en los Mundiales 2014 y 2018 y Eurocopa 2016, y lo ha hecho por coherencia con su amigo y colega, Julen Lopetegui, y por coherencia por desvincularse del proyecto de Rubiales. Cabe decir que previamente a todo esto ya había destituido a Sánchez Arminio como presidente del Comité Técnico de Árbitros. Realmente ha convertido la RFEF en su Tombstone particular en el que él es el “p.. sheriff”, el Wyatt Earp de la RFEF (como la foto que da encabezamiento a este post).

- No contento con esto se nos habla de una inquietante historia sobre un chalet de Luis Rubiales que, presuntamente,  su reforma la quiso pagar con dinero de la Asociación de Futbolistas Españoles y luego tapar sus huellas con amenazas y agresiones. Tiempo al tiempo, pero también lo del Máster de Cifuentes parecía una bobada: y es que cuando el río suena, agua lleva...

- Y ya, para poner la guinda, no tiene problema en hacer comentarios machistas. Así son los que van de sheriff… no hay vuelta atrás.

Lo cierto es que en este poco tiempo no ha dejado títere sin cabeza. ¿Pero que ha hecho la RFEF para merecer esto... ? Después de las más de tres décadas de Villar, con el descrédito a la entidad, viene ahora el advenedizo y lo quiere solucionar todo, rápido a ser posible (la reflexión vendrá luego) y si tenemos que matar al mensajero, pues se mata: y Lopetegui pasaba por allí.

Es pues este un ejemplo de lo que no se debe hacer. Los sheriff para las películas de vaqueros. Pero no para las organizaciones, aunque sea algo tan tonto y vulgar como el fútbol. Da lo mismo, pues en todos los entornos nos merecemos líderes (que ayuden a caminar con el esfuerzo de todos) y debemos despreciar a los jefecillos (que liman sus debilidades en formación y como persona con la tiranía).

¿Cuántos personajes como el reseñado conocemos...? Personajes tóxicos con una gorra de mando y un revolver en la cintura dispuestos al "hágase mi voluntad". Personajes que solo con abrir la boca la lían parda y hacen subir el pan y la mantequilla.

Tras este ejemplo (cuya historia no termina aquí, y si la RFEF no se lo quita de encima, este personaje acaba con el poco crédito de la institución... al tiempo), queda claro que para avanzar en la vida es necesario dos cosas al menos: saber lo que debemos hacer y, sobre todo, saber lo que no debemos hacer. Y en LIDERAZGO quisiera dejar muy claro que es bueno y posible liderar con corazón. Y que no hay que permitir el modelo de "JEFEAR" y si ocurre, denunciarlo.

Y hoy el ejemplo ha sido el fútbol y la RFEF. Lo más lamentable es que puedan estar en la política, al frente de organizaciones industriales o sanitarias, en la presidencia de sociedades científicas, en tu puesto de trabajo,... 

sábado, 23 de junio de 2018

Cine y Pediatría (441). “El año que mis padres se fueron de vacaciones”, el Mundial de las infancias perdidas


En estos momentos el mundo gira alrededor del XXI Copa Mundial de Fútbol en Rusia. Pero hoy recordamos a Brasil, el considerado el mejor seleccionado histórico de este campeonato, con 5 entorchados (1958, 1962, 1970, 1994 y 2002) seguidos de Alemania e Italia con 4, Argentina y Uruguay con 2, y con uno tres países europeos (Francia, Inglaterra y España). Y recordamos al considerado el mejor equipo de Brasil de todos los tiempos, el de 1970, aquel en el que jugaban Pelé, Tostao, Rivellino, Everaldo, Clodoaldo, y tantos otros al frente del entrenador Mario Zagallo. Y recordamos hoy aquella IX Copa Mundial de Fútbol de 1970 celebrada en México, pues ella es el leitmotiv (e incluso el macguffin) de una película mítica en el país carioca y en el séptimo arte: El año que mis padres se fueron de vacaciones (Cao Hamburger, 2006). 

Porque quizás sigue siendo así, y el fútbol es ese opio del pueblo que, para bien o para mal, nos hace olvidar la realidad política y social que nos acucia. Y en 1970, Brasil y el resto del mundo estaban revolucionados con la proliferación de dictaduras militares en Sudamérica o con la guerra de Vietnam. De hecho, Brasil estaba sometido a una dictadura militar tras el golpe de estado de 1964 (y que se extendió hasta la elección de Tancredo Neves en 1985), pero la mayor preocupación en la vida de Mauro, un chico de 12 años, tiene poco o nada que ver con esa situación: su mayor sueño es ver como Brasil gana por tercera vez el mundial de fútbol, y su tiempo lo pasa entre sus juegos de futbolín con piezas de plástico y porteros que son cajas de cerillas, la colección de cromos del Mundial y el llegar a ser un gran portero. 

Porque Mauro (Michel Joelsas) representa a tantos como él que transitan en esa etapa de la vida en que uno pasa de la infancia a la adolescencia, y que se ve forzado a vivir sin sus padres, quienes por ser militantes de izquierdas se ven obligados a desaparecer en aquel año de 1970 (aunque técnicamente “están de vacaciones”) y a dejarle con su abuelo. Así es como viajan de Belo Horizonte a Sao Paulo, al Barrio de Bon Retiro, donde vive el abuelo. Pero algo inesperado le ha ocurrido a su abuelo el día previo (un infarto mientras trabajaba en su barbería), y el joven se encuentra abandonado a su suerte sin poder informar a sus padres. Es finalmente Shlomo, el vecino de su abuelo, un viejo judío solitario y empleado de la sinagoga local, el que se encarga de él. Esta inesperada cohabitación resulta, para ambos, en una inmersión en mundos desconocidos de los que emergen, cada uno a su manera más maduros que antes. 

Y en ese tiempo de incertidumbre en una ciudad extraña, sin su abuelo, sin sus padres, con la atención de un desconocido vecino, Mauro sigue con sus juegos de fútbol, con sus cromos y con sus reflexiones (“Mi papá dice que en el fútbol todo el mundo puede fallar, menos el portero. Ellos son jugadores diferentes que se pasan la vida ahí, solos, esperando lo peor”, “Aunque todos dudaban de nuestra selección, mi papá pensaba que 1970 era el año de la selección en el Mundial…pero había tan poca calma, que hasta yo pensé a dudar”), mientras no deja de esperar una llamada telefónica de sus padres y mira por la ventana en busca del Volkswagen escarabajo azul en el que viajo con ellos por última vez. 

Y lo cierto es que Mauro cayó en la puerta de Shlomo (Germano Haiut) como Moisés en el Nilo, como un mensaje entre la comunidad de rabinos, pero la convivencia inicial no fue fácil: “Tú no eres judío, eres gentil. Ahora un gentil…”. Y mientras espera una llamada de sus padres, Mauro aprende a enfrentarse cada día a una realidad que a menudo no es fácil, porque se ve solo y repite de alguna forma la aventura de sus padres, inmigrantes judíos, sobreviviendo en un nuevo mundo al que fue abandonado, como Moisés. Y los días pasan entre la comunidad judía, entres los chicos vecinos, con la irreverente Hanna (Daniela Piepszyk) a la cabeza, con la idílica joven Irene que enciende la imaginación de todos los jóvenes del vecindario (y es también su amor idílico), con la comunidad italiana, con el joven Ítalo involucrado en las manifestaciones de estudiantes (“Hay muchas personas de vacaciones como tus padres, Mauro”), y otros personajes que desean recuperar la felicidad sofocada por la dictadura. Y el fútbol era una buena excusa para olvidar, como nos recuerda Mauro: “El día 3 de junio de 1970 todo Brasil se paralizó… Pobrecito del portero de Checoslovaquia, en el primer pegón tendrá que enfrentar a Pelé y a Tostao en el mismo equipo. Como mi papá quería verlo ”. Y transcurren los hechos en la película mientras transcurren los partidos del Mundial que el pueblo ve en esas televisiones en blanco y negro: en la fase de clasificación Brasil ganó 4-1 a Checoslovaquia, 1-0 a Inglaterra y 3-2 a Rumanía. Y en cuartos se enfrenta a Perú (4-2), en semifinales a Uruguay (3-1) y en la final gana a Italia por 4 a 1. Y siguen las reflexiones de Mauro (“Y de pronto descubrí lo que quería ser: quería ser de color y poder volar”), mientras sigue mirando por la ventana en cada partido, mientras sigue buscando a sus padres con la ayuda del vecino judío. Y mientras transcurren los partidos, transcurre la vida. 

Y en las escenas finales contrata la alegría de Brasil como Campeona del Mundo 1970 en el mítico Estadio Azteca de Ciudad de México y la tristeza de Mauro, porque su madre regresa “de vacaciones”, pero sin el padre. Y su reflexión final: “Y así fue el año de 1970. Brasil se volvió tricampeón mundial y, sin querer ni poder entenderlo, yo terminé siendo una persona llamada exiliada. Creo que exiliado quiere decir que tu padre se retrasa tanto, pero tanto, que nunca vuelve a casa”. 

Porque de alguna manera, la aventura de Mauro se funde con la de sus ancestros, creando un espejo poético que refleja situaciones de persecución, exilio y adaptación de su familia, sus padres y sus abuelos. Y todo ello en un São Paulo que es pura diversidad étnica y cultural, representada por el escenario del distrito de Bom Retiro de los 70, donde conviven los inmigrantes de distintos orígenes étnicos, religiosos y políticos, como italianos, griegos, negros y, sobre todo, judíos. 

Y cuando uno ve esta película a la mente regresa otra, diferente pero similar: Kamchatka (Marcelo Piñeyro, 2002) donde se nos muestra los estragos de la dictadura argentina de forma indirecta y desde el punto de vista de Harry, un niño de diez años que vivió una infancia clandestina como esa otra historia oficial que se escribe desde la niñez. Y curiosamente, esta película del director Cao Hamburger, natural de Sao Paulo, está coproducida por otro director nacido en la misma ciudad, el mítico Fernando Meirellles, quien ya nos ha dejado dos películas en Cine y Pediatría: Ciudad de Dios (2002), la historia de las infancias alrededor de las favelas, y El jardinero fiel (2005), una profunda reflexión sobre la ética de los ensayos clínicos. No es de extrañar que con este compromiso con el cine denuncia estuviera al lado de esta película de hoy, un canto al Mundial de las infancias perdidas… por tantos conflictos políticos.

 

sábado, 14 de noviembre de 2015

Cine y Pediatría (305). “Quiero ser como Beckham”, quiero romper estereotipos


Todo comienza con un partido del Manchester United. Un centro de David Beckham es rematado por la nueva estrella del equipo, una chica llamada Jess Bhamra. Pero todo es un sueño... Así comienza una película llena de valores, a medio camino entre oriente y occidente, con el fútbol como leit motiv, la familia como núcleo y los prejuicios sociales como reflexión, una película que busca transmitir valores y que fue muy bien recibida: Quiero ser como Beckham (Gurinder Chada, 2002).

Jess (la joven debutante de origen paquistaní Parminder Nagra) es una adolescente de 18 años de origen hindú que vive con su familia en Inglaterra. Sus padres quieren que sea una encantadora y convencional chica india, que termine sus estudios y que se case como es debido, respetando las tradiciones de su país, como va a hacer su hermana mayor. Pero ella quiere jugar al fútbol como su héroe Beckham, y por ello su habitación está repleta de fotos de su ídolo en todos los tamaños (sobre lo que su padre le llega a decir, "¿Por qué no pones fotos de paisajes, en lugar de las fotos de ese calvo...?"). 
Para Jess ese sueño inicialmente solo significa darle patadas al balón en el parque, hasta que la descubre Jules (la británica Keira Knightley, en su casi debut en el cine, en el papel que le dio fama y que películas posteriores la han consolidado como la Audrey Hepburn del siglo XXI), que la invita a unirse al equipo de fútbol femenino local. Jess y Jules tienen la misma edad y comparten los mismos sueños, y hasta llegan a compartir el amor con Joe (Jonathan Rhys-Meyers), el entrenador del equipo de fútbol, un irlandés que a lo largo de su vida ha tenido que enfrentarse al menosprecio de la sociedad inglesa por su origen. Jules es inglesa y guapa, pero su madre no está conforme con que juegue al fútbol, piensa que no es lo suficientemente femenina e incluso llega a creer que es lesbiana: “Que lleve chándal y juegue al fútbol no quiere decir que sea lesbiana”, tiene que defenderse. 

La película pone en evidencia los prejuicios de las personas, independientemente de su origen y cultura, sea una cultura de oriente o de occidente. La directora, de origen hindú pero ciudadana inglesa, conoce en profundidad ese terreno de la multiculturalidad y lo adorna con retazos autobiográficos. Y en Quiero Ser como Beckham los tres personajes adolescentes principales tienen conflictos con sus padres: Jess debe ocultar su verdadera pasión entre las tradiciones, el colorido y la música de una familia sacada de Bollywood, Joe no se habla con su padre, y Jules no se lleva bien con su madre. Los adolescentes de la película no mantienen una buena comunicación con los adultos y éstos no les apoyan, a excepción del padre de Jules: "No quiero que cometa los mismos errores que su padre al aceptar la vida, aceptar las situaciones. Quiero que ella luche, y quiero que gane". Con ese apoyo, y con el de su entrenador Jess (y futuro amor), intenta cumplir su sueño: "¿De quién es la vida que vives? Si sólo quieres complacerles, acabarás culpándoles". La última falta lanzada por Jess, al estilo plátano de Beckham ("Bend It like Beckam" es el título original de la película), y bajo los acordes del aria “Nessun Dorma” de la ópera “Turandot” de Giacomo Pucci, es un magnífico colofón. 

La directora Gurinder Chadha comprobó durante el Mundial de Fútbol del año 1998 la pasión por el fútbol en Inglaterra, lo que le inspiró esta película. Una oportunidad para, a través de la pasión por el deporte rey en Europa (el fútbol, como el baloncesto en Estados Unidos), recordarnos que las sociedades de hoy en día, lejos de ser definidas como uniformes y homogéneas, las componen personas con distinto origen social, cultural y étnico, una oportunidad de enriquecimiento mutuo que muchos no entienden. No es ningún secreto la influencia que, históricamente, han ejercido las religiones sobre los grupos de población (y especialmente en el sector femenino) limitando las iguales de oportunidades frente al resto de la sociedad. El deporte ha sido fundamental en la ruptura de determinados estereotipos, al priorizar a la persona y sus cualidades frente al estigma que en ocasiones acompaña la procedencia familiar o social. 

Esta película crea un escenario inmejorable, incluso amable, para apreciar la discriminación social originada por la pertenencia a un determinado sexo, religión o cultura, así como la dificultad en la ruptura de las barreras sociales que este hecho provoca. La relación entre cine y fútbol es conocida, también entre cine, fútbol e infancia, como ya vimos en una de las primeras entradas de Cine y Pediatría. Pero con esta película hacemos próxima el pensamiento de Jiddu Krishnamurti, escritor y orador indio: “La religión de todas las personas debería ser creer en sí mismo”. 

lunes, 2 de julio de 2012

El fútbol, el españolismo, el día después... y los "cerebros de obra"


Durante un mes, España ha vivido un brote de españolismo como no recuerdo en mi vida: banderas de España en balcones, en locales, en vehículos, miles de aficionados con camisetas por la calle,... La causa de este brote de españolismo es clara y la conocéis: la Eurocopa de fútbol. 

Es un hecho sociológico que merece un análisis: nada mueve este sentimiento como el fútbol. El fútbol no es un deporte especialmente proclive a dejar poso de grandes valores (y, ahora, con un final feliz incluso, ronda en la mente de muchos esos casi 7 millones de euros que van a cobrar los jugadores de la selección por ganar el campeonato y que, en el momento en que vivimos, suena como algo poco moral), pero, sin embargo, es capaz de conseguir lo que no consigue la cultura, el arte, otros deportes y, por supuesto, lo que no consiguen los políticos. 

En estos momentos, acabada la final España-Italia, toda España (bueno, todos no, pues algunos con arraigado nacionalismo extremo estarán pasando o lo estarán pasando regular) celebra la victoria. Mientras escribo esto, suenan los cláxones de los coches y la calle es una fiesta. Pero esta sensación de sentirse orgullos de ser español y esta sensación de aparente unidad es un claro espejismo: mañana o, a lo más, en unos días, todo esto se diluirá... como era de esperar. Y uno volverá a tener la sensación de que "al pueblo, pan y circo"...y que sólo habrá servido para acallar en nuestra mente durante unos días la realidad social, económica y política en que vivimos. Una realidad muy crítica.

Pero es hoy, el día después de la final de la Eurocopa, cuando más necesitaremos esa sensación de unidad, esa sensación de sentir el orgullo de ser español y de que, igual que ganamos en los deportes (somos unos hachas), lo podemos (y debemos) hacer en la política, en la economía, en la ciencia, en la cultura, en los derechos sociales,... Porque la realidad continúa y, por ejemplo y desde el punto de vista de la sanidad, hoy entra en vigor en la Comunidad Valenciana el copago "farmacéutico" en función de la renta y también hoy se cierran los centros de salud por las tardes. Y noticias como estas se sucederán en los próximos meses, aunque sea ya época de vacaciones y el país se pare (se pare un poco más, quería decir). Pero nosotros no podemos pararnos. 

Porque esa aparente unidad y orgullo que hemos sacado en este mes para algo tan banal como el fútbol, son los sentimientos que tenemos que tener para sacar adelante este país. Y porque para crear "mano de obra", hay que poner a trabajar "cerebros de obra". Ya no podemos seguir admitiendo que no nos dirijan "cerebros de obra": ya hemos perdido demasiado tiempo con la mediocridad y la dedocracia; los líderes que gestionan deben ser verdaderos y honestos "cerebros de obra"; sino lo son, deben irse o debemos echarlos. Son ya demasiados ejemplos y esto no se puede aguantar más.
La "mano de obra" y la creación de trabajo sólo vendrá a partir de buenos "cerebros de obra". Si queréis saber algo más sobre este particular, os dejo el vídeo de Beatriz Muñoz Seca, pues es un tema que ella repite en todas sus conferencias y que yo pude disfrutar cuando impartió sus clases en el MBA- Programa de Alta Dirección de Instituciones Sanitarias del IESE Business School. 

Necesitamos nuevos líderes, nuevos cerebros, "cerebros de obra". Para ganar necesitamos más Xavis, Iniestas y Alonsos... y menos Balotellis. Y no necesito banderas, pero si es muy importante la unidad, la calidad y el orgullo.

 

lunes, 12 de julio de 2010

Off topic: un poco de fútbol...

... Y no es precisamente, como ya he comentado en más de una ocasión, mi deporte favorito.

Pero me ha sido imposible sustraerme, en estas últimas semanas, a la atracción de la selección española. Un equipo que ha intentado, contra todo tipo de rivales, jugar al fútbol. Hacerlo bien. Seguir el camino correcto y no jugar en función del contrario, sino hacer que éste sea el que tenga que cambiar sus modos y tácticas para intentar pararte.

Así que, como "de joven" me gustaba (y mucho) el fútbol, y el "anti-fútbol" que comenzó a ponerse de moda en los 80 me quitó las ganas de acercarme a un estadio, ha sido reconfortante ver que de nuevo un equipo que, tratando bien el balón y buscando siempre la portería rival, es capaz de devolverte, al menos en parte y por unos días, la afición perdida.

Desde el partido con Chile he visto todos los encuentros de España. Todos los equipos rivales - excepto Alemania - han intentado pararla. Algunos con planteamientos tácticos defensivos pero nobles (Chile, Portugal, Paraguay). Otros, intentando plantarle cara y muriendo en el intento (Alemania). Y, finalmente, otros practicando la violencia y el juego sucio (Holanda). Nada ha podido parar a España, y me alegro.

Mucho se habla de Villa, de Xavi, de Iniesta... futbolistas formidables. Pero os dejo un vídeo de mi particular "héroe" de estos días: Casillas. Posiblemente el mejor portero del mundo en la actualidad. Sin sus paradas clave España no hubiera llegado a la final de ayer. Así que con él os dejo. Y de medicina hablamos otro día.

sábado, 12 de junio de 2010

Cine y Pediatría (22). Fútbol, cine e infancia


El acontecimiento deportivo por antonomasia (con permiso de los Juegos Olímpicos) comenzó ayer: el Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010 que tendrá lugar entre los días 11 de junio a 11 de julio. La vida se focalizará en este evento, los problemas se relativizarán: una sinrazón reconocida.

Que mejor momento para recordar algunas películas que han tenido en el fútbol su argumento o excusa: Evasión o victoria (John Huston, 1981): el camino a la libertad; El portero (Gonzalo Suárez, 1999): penalties en tiempos de guerra; Shaolin soccer (Stephen Chow, 2001): fútbol y kung-fu al alimón; Días de fútbol (David Serrano, 2003): treintañeros en crisis alrededor de un partido; Goool (Danny Cannon, 2005): el sueño hecho realidad; El penalti más largo del mundo (Roberto Santiago, 2005): un héroe de barrio; La gran final (Gerardo Olivares, 2006): la unión de pueblos por un balón; Galatasaray-Dépor (Hannes Stöhr, 2005): un día por países de Europa.

Algunas de estas películas relacionadas con el fútbol han tenido, además, la presencia de la infancia bajo la perspectiva de diferentes países:

- De Bután nos llegó La copa (Khyentse Norbu, 1999): dos niños inician la vida monástica budista al pie del Himalaya, en donde el misticismo se mezcla con su pasión por el fútbol (con la Copa del Mundo de fútbol de Francia 1998 de fondo). Pequeña joya del cine oriental, simpática y sugerente, basada en hechos reales.

- De Reino Unido nos llegó Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002): Jess (la joven debutante de origen paquistaní Parminder Nagra) tiene dieciocho años y sus padres quieren que sea una convencional chica india; pero ella solamente quiere jugar al fútbol como su héroe, David Beckham. Para Jess, eso significa darle patadas a un balón en el parque con sus amigos, hasta que la descubre Jules (la británica Keira Knightley, en su casi debut en el cine), una joven que la invita a unirse al equipo de fútbol femenino local. Las chicas tienen la misma edad y comparten los mismos sueños por el fútbol y por la vida. Al tiempo que se va consolidando la amistad de estas adolescentes, se mezcla la vida de dos formas culturales de entender la sociedad y la vida.

- De Alemania nos llegó Las fieras fútbol club (Joachim Masannek, 2005): "Las Fieras Fútbol Club" no es sólo un equipo de fútbol de barrio, sino que es una pandilla de amigos que vive al límite y juega sin complejos. Chicos y chicas luchan juntos, que se apoyan para conseguir sus sueños.

- De Brasil nos llegó El año que mis padres se fueron de vacaciones (Cao Hamburger, 2006): política (la dictadura militar) y fútbol (la euforia de la selección brasileña en la Copa del Mundo de fútbol en México 1970) sitúan el marco en el que se mueve la mirada de su protagonista, Mauro, un niño de 12 años que se queda al cuidado de su abuelo, porque sus padres deben irse de “vacaciones”. En 1970, Brasil y el mundo parecen que están boca abajo, pero las preocupaciones de Mauro no tienen nada que ver con el régimen militar que controla el país. Su mayor sueño es ver a la selección de fútbol ganar su tercer campeonato mundial. De repente, Mauro es separado de sus padres y llevado a vivir a la extraña, pero divertida, comunidad de Bom Retiro, un distrito en São Paulo que es el hogar de distintas culturas. La película fue designada por el Ministerio de Cultura de Brasil para los Oscar, desplazando por sorpresa a Tropa de élite (José Padiha, 2007).

Infancia, cine y fútbol... ¡empieza el espectáculo!