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miércoles, 10 de julio de 2019

El orgullo de un buen uso del lenguaje


Las Fiestas del Orgullo de Madrid, conocidas popularmente por su acrónimo MADO, son las fiestas celebradas por el barrio de Chueca (pero por toda la ciudad de Madrid) desde el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGBT, hasta el pasado día 7 de julio. El que sea el 28 de junio conmemora los disturbios de Stonewall (Nueva York) de 1969), que marcaron el inicio del movimiento de liberación homosexual… y luego extendido a toda la diversidad sexual. Por tanto, este año se han celebrado los 50 años. 

Y así es como el Orgullo de Madrid ha pasado de ser una pequeña concentración a finales de los años 80 a ser considerada la mayor fiesta de ambiente gay de Europa y una de las más importantes del mundo, solo superada por la ciudad de San Francisco (California). 

Y este momento ha servido a la sección de El Laboratorio del Lenguaje de Diario Médico, liderada por mi amigo Fernando A. Navarro, para reflexionar, como curioso del lenguaje, por qué lo que empezó llamándose Orgullo Gay, pasó luego a Orgullo LGBT y finalmente parece haberse quedado en Orgullo a secas. 

Vale la pena leer todo el post en este enlace, que lleva por título “Siglas que se alaaargan: LGBTI”Pero, en esencia, estas son la evolución de estas siglas...

Porque es tal la diversidad, que estas son las siglas utilizadas desde la década de los 80, en que comenzó a usarse las siglas LGB (lesbianas, gais y bisexuales). Y luego siguieron todas las que se enuncian a continuación, según nos comenta el autor: 
- LGTT: pues se pidió desdoblar la T para distinguir transexuales de transgéneros. E incluso triplicarla para visibilizar también a los travestis (LGBTTT), pero finalmente se aceptó una sola T en representación de ‘trans’ (que funciona bien para los transvestites de habla inglesa, pero mal para los travestis o travestidos de habla hispana). 
- Hubo también enconados debates sobre el orden en que debían escribirse las cuatro letras: LGBT, LGTB, GLBT, GLTB, LTGB… 
- LGBTI (o LGTBI): cuando la comunidad intersexual pidió ampliarla. 
- LGBTIA: cuando la comunidad asexual pidió ampliarlo a —que, recordemos, otros, pedían escribir LGBTTTIA—, y empezó a hacerse evidente que un alfabeto iba a ser poco si queríamos que la sigla representara de forma exhaustiva también a trisexuales, polisexuales, pansexuales, omnisexuales, asexuales, demisexuales, antrosexuales y cualquier otra forma de expresión de la sexualidad que de un modo u otro se aparte de la norma o modelo de sexualidad considerado «normal» por la sociedad (travestismo, poliamor, BDSM, fetichismo, subculturas de osos y cuero dentro de la homosexualidad masculina, etc.) 
- LGBTQ: momento en el que se propuso entonces echar mano del inglés queer para acuñar una sigla que fuera auténticamente englobadora (aunque el autor nos comenta si no hubiera sido más sencillo acuñar un término como «colectivo Q», puesto que el inglés queer engloba ya también a lesbianas, gais, bisexuales y transexuales). 
- LGBT+: es como otros prefieren, con la idea de que ese plus o ‘más’ final englobe toda forma de desviación sexual con respecto a la heterosexualidad binaria tradicional. Pero hay quien prefiere LGBTQIA+. Y se ha propuesto también echar mano del signo de interrogación (?) para incluir a las personas que no tienen clara su identidad sexual o se la están cuestionando: GLBTQ?, por ejemplo. 
- LGBTTTQQIAAPP: es la forma más larga que tengo el autor tiene archivada, supuestamente con el sentido de lesbian, gay, bisexual, transexual, transgender, transvestite, queer, questioning, intersex, asexual, ally, pansexual, and polyamorous. 

Y es posible que sea necesario un consenso, y quizás sea necesario “besarse” más en este contexto, y usar otra sigla al respecto: las sigla KISS (Keep It Simple and Short). Pues el autor de este post que hoy comentamos – y lo refrendo – está seguro de que todavía habrá quien proteste porque no ve recogida en ella su genuina, peculiar, privativa e intrínseca identidad sexual. 

Porque el buen uso del lenguaje y la palabra también es algo de lo que sentirse orgulloso… Lenguaje inclusivo sí, pero no exhaustivo y prolijo hasta la extenuación. Respeto a todo y a todos, pero también al lenguaje. Porque es cierto que esta evolución de estas siglas que se alargan reflejan la complejidad del tema, pero siempre es posible mejorar y entenderse. Gracias, Fernando, por el regalo de esta reflexión... Y que se suma a la entrada de nuestro blog hace dos días, en relación con la última Jornada MEDES, peculiar simbiosis entre el mundo médico y el filológico, con una pronunciada vertiente humanista y comunicadora, caleidoscopio profesional con colores complementarios y geometrías diversas que permiten ver los problemas sanitarios desde ángulos insólitos. Y hasta las siglas...

sábado, 11 de julio de 2015

Cine y Pediatría (287). “Children 404”… países sin arco iris es el verdadero error


En informática, el error 404 corresponde al código de estado que indica que un enlace está roto, y expresa que el ordenador no ha sido capaz de comunicarse con el servidor porque no existe el fichero que ha sido solicitado, es decir, cuando se introduce una URL incorrecta en la barra de dirección. Pues, aprovechando ese dígito, en el año 2014 ha aparecido la película documental Chidren 404, obra que muestra lo complicado que es para los homosexuales rusos sobrevivir en un país que extiende entre la población la idea de que su condición sexual es un error, una enfermedad a tratar o un vicio a erradicar. 

Mientras la justicia de Estados Unidos acaba de aprobar el matrimonio homosexual en la totalidad del territorio norteamericano, cuando en el año 2015 ya 20 países (Argentina, Bélgica, Brasil, Canadá, Dinamarca, Eslovenia, España, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Islandia, Luxemburgo, México, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal, Sudáfrica, Suecia y Uruguay) y tres países constituyentes del Reino Unido (Escocia, Gales e Inglaterra) permiten casarse a las parejas del mismo sexo, a la Rusia de Putin aún tiene mucho que avanzar en cuanto a derechos civiles. Porque en 2013 el presidente ruso Vladimir Putin aprobó una ley que prohíbe la “publicidad entre los menores de relaciones sexuales no tradicionales”, según la cual, a los jóvenes de orientación LGBTI se les considera enfermos, degenerados y personas anómalas. Los psicólogos, profesores e incluso padres que les presten su apoyo pueden ser objeto de sanciones y penas de cárcel. Su reciente cruzada contra la homosexualidad y los consecuentes movimientos de resistencia contra las políticas homófobas del gobierno ruso, son objeto de estudio en Children 404 documental de guerrilla rodado de manera clandestina por Askold Kurov y Pavel Loparev, dos directores rusos casi desconocidos. 

La película se hace eco del valiente Proyecto Children-404, un proyecto público ruso de internet creado para apoyar y dar voz a los adolescentes homosexuales, bisexuales y transgénero acosados y en él se recoge el testimonio de los sufridos activistas y de un nutrido grupo de adolescentes y preadolescentes LGBTI rusos a través de entrevistas y videodiarios en los que detallan sus traumáticas experiencias frente a acosadores, psicólogos y familiares poco dispuestos a transigir. El Proyecto Children-404 fue iniciado por la periodista rusa Yelena Klimova, quien escribió en el año 2013 una serie de artículos sobre niños y jóvenes LGBTI y por lo que se le abrió un proceso al año siguiente. En las páginas de internet y en las redes sociales que Yelena abrió para este proyecto aparecieron cientos de cartas de adolescentes LGBTI, en las cuales cuentan los problemas que afrontan por la homofobia de su entorno, homofobia de los conocidos y los desconocidos, de los parientes y de los compañeros de clase, de los profesores y de los padres, etc. De hecho, el proyecto consta de dos partes: un proyecto “cerrado” en la red social Vkontakte, creado para proporcionar ayuda psicológica a los adolescentes LGBTI, y un proyecto “abierto” de fotografía en Facebook y Vkontakte, en el cual se publican correos electrónicos de estos adolescentes. La descripción del Proyecto Chidren-404 dice: “Nuestra sociedad asume que no existen los adolescentes homosexuales, como si los gays, las lesbianas, los bisexuales y los transgénero viniesen de Marte cuando llegan a adultos. Mientras tanto, en cada vigésima familia rusa se encuentra un niño LGBTI, estos son los ninos-404, invisibles a la sociedad”. Por eso, el título de esta película en español es "Niños-404. Adolescentes LGBT. ¡Existimos!". 

En la película, 45 adolescentes y preadolescentes rusos comparten sus historias a través de entrevistas anónimas y videodiarios donde explican con detalle las vejaciones y discriminaciones que sufren. así como el coraje con el que se enfrentan a sus acosadores. Y con este argumento, Children 404 es una película denuncia arriesgada por dos motivos: por el fondo y por la forma. El fondo es el propio tema de los LGBTI, siempre polémico y que no deja indiferente, por las posturas a favor y en contra. La forma incluye no solo el entorno en el que se ha gestado, si no también el uso del sonido y la imagen con la que que se le decide montar, ya que se compone de entrevistas y reflexiones, la mayoría de ellas anónimas, y sus directores dotan a su película de un tono 2.0 que acerca muy bien a uno de los principales espectadores del filme: los jóvenes. 
Como se puede confirmar, este proyecto ha atraído la atención de la comunidad internacional, habiendo sido noticia en los principales desde The Guardian al Washington Post, desde El Mundo al New York Times. El mundo se mueve y la sociedad se solidariza, y el cine, una vez más, se convierte en mecha desencadenante. 

Sin negar su gran valor como documento de denuncia, la película puede ser incómoda para algunos en el fondo (aunque para la mayoría una muestra más de las necesarias para luchar contra la homofobia) y para muchos en la forma (pues peca de un absoluto desaliño formal achacable, quizás, a la urgencia y la clandestinidad del proyecto). No será una película de Oscar, pero si una obra audiovisual que realiza un valiente ejercicio de periodismo de investigación sobre el terreno, que pone el foco sobre las miserias del país ex-soviético, un país que en nuestra juventud nos contaron que era una superpotencia porque puso hombres en la luna,…. pero hoy no acepta a los hombres y mujeres en la tierra tal como son. 

El error (el 404 y cualquier otro que se nos ocurra) no es ser LGBTI, el error es que un país no acepte el arco iris (y la diversidad) en su sociedad.

sábado, 13 de junio de 2015

Cine y Pediatría (283). “El viaje de Carla” hacia la resiliencia y la tolerancia


Desde hace un año las siglas LGTBI se han hecho presentes en mi vida. Y como sin querer se han ido reproduciendo los hechos alrededor de este término colectivo para referirse a los sectores socialmente incluyentes en donde se congregan los diversos grupos de personas que se identifican como no heterosexuales: Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transexual, Transgénero e Intersexual.

Fue en mayo de 2014, y en el IV Simposio Internacional de Actualización en Pediatría en Cartagena de Indias, donde la doctora Carmen Escallón Góngora, médica pediatra cartagenera, puericultora, sanadora de heridas del alma, soñadora, cuentera, enamorada de la equidad y la igualdad, y abuela feliz… nos regaló la conferencia inaugural que tituló “Desde Kavafis hasta Vargas Llosa: adolescente LGBTI y el pediatra del siglo XXI”.
En febrero de 2015 se dieron dos acontecimientos casi seguidos: mi buen amigo José Luis Pedreira, psiquiatra infanto-juvenil, me habló de la película documental El viaje de Carla (Fernando Olmeda, 2014) y poco después, una amiga dermatóloga me regaló “El libro de Daniela”, un breve y hermoso relato escrito por su madre, África Pastor Espuch. Dos obras menores en el formato, pero grandes y valientes en el contenido. Porque ambas se alzan como un arma para luchar contra la ignorancia y para denunciar el vergonzoso silencio que existe en la realidad de los niños transgéneros, la negación máxima del principio de universalidad de los derechos humanos. Y a través de estas historias, los autores nos invitan a adentrarnos en un mundo en el que reina la igualdad entre seres humanos, la empatía, los colores, la compresión y, sobre todo, un mundo en el que reina la felicidad. 

En Cine y Pediatría ya varias películas se han acercado al mundo LGTBI en la infancia, un mundo que existe, que debemos conocer y respetar, y en el que debemos colaborar los pediatras para tener la suficiente formación e información que permita apoyar a esos niños y niñas y a sus familias. Películas como las estadounidenses Mi Idaho privado (Gus Van Sant, 1991) y Plegarias para Bobby (Russell Mucahy, 2009), las argentinas XXY (Luisa Puenzo, 2007) y El último verano de la boyita (Julia Solomonoff, 2009), las francesas Tomboy (Céline Sciamma, 2011) y La vida de Adéle (Abdallatif Kechiche, 2013), la sueca Fucking Amal (Lukas Moodysson, 1998), la británica Mi amor de verano (Pawel Pawlikowski, 2004), la canadiense C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005) o la española A escondidas (Mikel Rueda, 2014).  
Y a estas hoy se suma precisamente la película documental El viaje de Carla, presentada la semana pasada en el XII Festival Internacional de Cine de Alicante, una vivencia especial y personal junto a su director, Fernando Olmeda, y junto a su protagonista, Carla Antonelli. Una película vivida con mis “5C”, conciencia, conciencia, calidad, color y calor…el calor de la amistad. 

Carla Antonelli es el nombre artístico de Carla Delgado Gómez una actriz, política y referente nacional e internacional del colectivo LGTBI, una de las más relevantes activistas por la igualdad en España y, desde el año 2011, es diputada de la Asamblea de Madrid por el Partido Socialista Obrero Español. Y Fernando Olmeda es un polifacético profesional, periodista, profesional de la televisión, novelista y también director de documentales. 

Como nos describe la web de la película, Carla, nacida en el año 1959 en Güimar, una pequeña localidad de Tenerife, regresa a su pueblo natal 32 años después, del lugar de donde tuvo que salir para conseguir una existencia acorde a su identidad de género y libre de los prejuicios sociales vigentes en aquella época. Es el primer regreso de Carla Antonelli desde 1976 a su pueblo natal para reencontrarse con sus recuerdos y hacer balance de su vida, lo que constituye el “viaje” emocional de esta emocionante película documental de 65 minutos grabada entre los años 2009 y 2013. 

Amigos de la infancia, familiares, compañeras del mundo del espectáculo, estrellas de televisión, políticos, vecinos de Güímar y activistas LGTBI participan en El viaje de Carla, la narración de un “viaje” con muchos amigos, como Pedro Zerolo (sirva de homenaje también para él, quien ha fallecido esta misma semana), Boti García Rodrigo, Maribel Peces-Barba, Elianne García Ruiz, Antonio Poveda, Pedro Damián Hernández o Jordi González, entre otros. 

Queremos destacar las tres ideas que nos desgrana esta película: 1) la lucha denodada de las personas como Carla por vivir conforme a su identidad de género, y en defensa de la tolerancia; 2) el compromiso de las personas como Carla para luchar en favor de la igualdad legal y social; 3) la capacidad de superación de las personas como Carla, que, a pesar de tener casi todo en su contra, logran salir adelante y se convierten en referentes sociales, todo un ejemplo de resiliencia. 
Y nos parece importante destacar los propios valores que nos destaca la sinopsis del documental y que son, al menos, cuatro: 
1) Valor biográfico: aparte de la conocida faceta pública de Carla, ahora nos adentramos a momentos desconocidos que influyeron decisivamente en su singladura vital. 
2) Valor histórico: Carla ha sido testigo directo de tres décadas de cambios en España, desde los ambientes nocturnos más underground de los años ochenta a la lucha social y política del siglo XXI, en su actual puesto como asamblearia. 
3) Valor emocional: el que nos devuelven las vivencias nunca fáciles de su vida, un viaje existencial que le ocasionó salir en silencio y por la puerta de atrás de Güimar y regresar con alborozo y por la puerta grande. 
4) Valor social: la que supone su trayectoria en defensa de los derechos del colectivo LGTBI, como referente en España y en América Latina, y que en su labor actual como diputada autonómica, ha ampliado su ámbito de actuación a otros campos, como la problemática de los menores en la Comunidad de Madrid o el drama de los “niños robados” durante el franquismo. 

Y esos valores los necesitamos los pediatras (y, en general, todos los profesionales sanitarios). Porque necesitamos formación, información y tolerancia en el campo de atención de las personas LGTBI, algo de lo que aún estamos lejos. Porque un adulto LGTBI ha sido antes un niño o una niña, un adolescente LGTBI, con familias preocupadas y, a veces, desorientadas. Ya hay movimientos favorables para mejorar estos aspectos en la atención de la infancia LGTBI y sus familias, pero queda mucho por hacer y películas como El viaje de Carla nos ayudan a ello. 

Y es así como con Carla Antonelli se hacen realidad tres pensamientos que la Dra. Carmen Escallón nos enseñó en su ponencia: 
- Las palabras del chileno Alejandro Jodorowsky: "Los pájaros que nacen encerrados creen que volar es una enfermedad"
- El poema de la argentina Alfonsina Storni: "Yo soy una y soy mil, todas las vidas pasan por mí, me muerden sus heridas"
- La reflexión del novelista alemán Herman Hesse: "Tu sabes muy profundamente que hay una sola magia, un solo poder, una simple salvación que se llama amar".  

Gracias, Carla y Fernando, por este "viaje" de resiliencia y camino a la tolerancia.

sábado, 23 de agosto de 2014

Cine y Pediatría (241). “Plegarias para Bobby” y para la intolerancia por razones de sexo


Con las siglas LGTBI (Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transexual, Transgénero e Intersexual) se incluye un término colectivo para referirse a los sectores socialmente incluyentes en donde se congregan los diversos grupos de personas que se identifican como no heterosexuales. La reciente Guía para la atención del adolescente LGBTI de la Academia Americana de Pediatría, recomienda:
- Que los pediatras sean receptivos y den la bienvenida a todos los jóvenes, independientemente de su orientación sexual. 
- Que los pediatras conozcan y estén disponibles para responder preguntas y corregir la información errónea acerca de ser lesbiana, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero o intersexual. 
- Que los pediatras se familiaricen con las organizaciones locales y nacionales que sirven a los jóvenes de minorías sexuales y sus familias. 

En el mes de mayo de 2014 tuve la oportunidad de asistir como ponente invitado al IV Simposio Internacional de Actualización en Pediatría en Cartagena de Indias, en cuya conferencia inaugural pude disfrutar de una ponencia con un título tan original como “Desde Kavafis hasta Vargas Llosa: adolescente LGBTI y el pediatra del siglo XXI” y que corrió a cargo de la doctora Carmen Escallón, médica pediatra cartagenera, puericultora, sanadora de heridas del alma, soñadora, enamorada de la equidad y la igualdad, y abuela feliz, tal como se nos presentaba al auditorio de la mano de otro pediatra poeta y humanista, el Dr. Juan Fernando Gómez Ramírez, profesor antioqueño. Carmen y Juan Fernando, dos de los bastiones del trabajo comunitario y de humanización de la Sociedad Colombiana de Pediatría. 

La presentación está llena de humanidad, de ciencia y de conciencia, de emociones y de reflexiones, de muchas luces entre algunas sombras. Y entre poesía y pensamientos nos invita a adentrarnos en ese viaje a Itaca que es la adolescencia. Porque rememorando al endocrinólogo alemán, Harry Benjamin, pionero en los trabajos de transexualidad y disforia de género: "Sexo es lo que se ve, género es lo que se siente. La armonía entre ambos es esencial para la felicidad del ser humano". Y es así como al final de esta presentación nos aconsejó una película, que es la que hoy nos acompaña en “Cine y Pediatría”: Plegarias para Bobby (Russell Mucahy, 2009), una película estrenada por la cadena de televisión Lifetime en Estados Unidos, y que ha tenido una amplia repercusión. 

“Prayers for Bobby: A Mother's Coming to Terms with the Suicide of Her Gay Son” es una novela biográfica de Leroy Aarons, que se origina en una historia real ocurrida a fines de los años setenta y principios de los ochenta. Bobby Griffith era un chico adolescente homosexual que se suicidó a causa de la intolerancia religiosa de su madre, Mary, y de la sociedad. Pero después del trágico evento Mary comprende la homosexualidad de su hijo y empieza a luchar por la causa de gays y lesbianas. 

Bobby Griffith (Ryan Kelley) fue un niño típicamente americano con un espíritu obediente y amable, quien descubre, al llegar la adolescencia, que se siente atraído por otros muchachos adolescentes y no por las niñas. La película nos regala guiños en cada momento a la tragedia personal de Boby: al inicio, en la fiesta grabada cámara en mano vemos, un buen número de globos con los múltiples colores del arco iris; también nuestro protagonista observa la escena censurada de Espartaco (Stanley Kubrick, 1960, protagonizada por Tony Curtis y Laurence Olivier donde se reflexionan sobre la moralidad de las preferencias: “¿Comes ostras? Cuando puedo amo. ¿Comes caracoles? No, amo. ¿Consideras que comer ostras es moral y comer caracoles inmoral? No, amo. Por supuesto que no, solo es cuestión de gustos, ¿verdad? Sí, amo”); el intento fallido de suicidio con aspirinas; etc. 
Como Bobby ha sido criado en un ambiente religioso y ha aprendido que ser homosexual es uno de los peores pecados imaginables, piensa que tiene un defecto, que no se merece el amor de Dios y que va a arder en el infierno por toda la eternidad. Conoce muy bien los preceptos de la iglesia porque participa muy activamente en la Iglesia Presbiteriana de Walnut Creek, en California, junto con su hermano, sus dos hermanas y sus padres, donde predomina la figura de la madre, Mary (Sigourney Weaver), religiosa ultraconservadora que enseña en la escuela religiosa dominical. 

Los detallados diarios personales de Bobby están llenos de diatribas de odio contra sí mismo, porque pensaba que ser homosexual lo convertía en un ser humano sin ningún valor e intrínsecamente malo, ya que se había convertido en una herramienta del Demonio. Eso es lo que él creía, porque es lo que había aprendido en su iglesia y que le llevó a escribir: “No, nunca podré dejar que nadie sepa que no soy heterosexual. Sería tan humillante. Mis amigos me odiarían. Incluso tal vez quieran darme una paliza. ¿Y mi familia? Los he oído a ellos y han dicho que odian los homosexuales, y que aún Dios también odia a los homosexuales. Los gays son malos, y Dios envía a los chicos malos al infierno. Realmente me asusta cuando hablen de mí”

La familia llega a aceptar su homosexualidad, salvo su madre quien cree que Dios puede "curarlo". Ella lleva a Bobby a un psiquiatra y convence a Bobby a orar más y buscar consuelo en las actividades de la Iglesia en esperanza de que él pueda cambiar. La ayuda de la religión y las plegarias de una madre fervorosa, son constantes: “Te pedimos Señor que mantengas a Bobby a salvo de la tentación. Por favor, ayúdalo para que recobre su pureza de corazón”. La ayuda de la psiquiatría…: “¿Quieres ser homosexual, Bobby?”; y su contestación: “Sólo quiero estar cerca de mi familia. Siento como si hubiera resbalado y no puedo ponerme de pie”. Los grupos de autoayuda… La terapia familiar. Las citas forzadas con chicas guapas… Las oraciones de la Biblia colgadas por toda la casa como método de sanación. 
Desesperado para que su madre lo acepte, Bobby hace lo que se pide de él, pero a pesar de todo, la desaprobación de la Iglesia hacia la homosexualidad le hace crecer cada día más retraído y deprimido. Afectado por la culpa, Bobby se muda temporalmente con su prima a Oregón, con la esperanza de que algún día su madre lo acepte, bajo un pensamiento: “Mi objetivo es alcanzar un sentimiento de orgullo y de valor como ser humano”. Allí encuentra un novio con el que llega a ser feliz, pero el sentimiento de culpa por no ser el hijo "perfecto" es demasiado grande para evitar el desenlace fatal. 
Incapaz de soportar una lucha diaria sin solución y el conflicto tanto con su madre como con la religión, hace que la madre le diga aquello de “no voy a tener un hijo gay” y Bobby le contesta “entonces, madre, no tienes un hijo”. Y las voces de la conciencia con las palabras de su madre: “no es natural”, “es pecado”, “vas a arruinar tu vida”. Y su continua lucha interna, con sus reflexiones y sentimientos: “Es horrible pensar que estoy caminando directo a las llamas del infierno. Pero aún es que todos te digan lo fácil que es la solución…”, “A veces sufro tanto. Estoy asustando y solo. Estoy condenado. Estoy hundiéndome lentamente en un vasto lago de arenas movedizas. Un pozo sin fondo. Ojalá pudiera ocultarme bajo una piedra y dormir para siempre”. Todo nos lleva a un final trágico, el que hace que el 27 de agosto de 1983, a los 20 años de edad, Bobby se tire desde un puente a una transitada carretera de Portland, donde murió al instante. 

Esta historia ocurrió en el momento en que comenzó el SIDA, conocida como “la enfermedad gay”. Y este trágico final transformó a la madre, y es así como Mary Griffith se convirtió en una defensora de los derechos de los gays y lesbianas y de los derechos humanos: “Before you echo Amen in your home or place of worship, think and remember. A child is listening”. Y así como toda la familia se une al movimiento “PFLAG: Parentes, Families and Friends of Lesbians and Gays”. Y las palabras finales de esa madre: “A todos los Bobbies y Jane de por ahí… Os digo estas palabras, como las diría a mis preciosos hijos. Por favor, no desistan de la vida. Ni de vosotros. Vosotros sois muy especiales para mí. Y yo estoy trabajando mucho para hacer de esta vida un lugar mejor y más seguro para que vosotros viváis. Prométanme que van a seguir intentándolo. Bobby desistió al amor. Espero que vosotros no lo hagáis. Estaréis siempre en mi corazón”

Y con ello el dolor y la redención de la familia. Porque hay otras lecturas de la Biblia… y otra forma de amar. Porque como dijo Herman Hesse “Tu sabes muy profundamente que hay una sola magia, un solo poder, una simple salvación que se llama amar”
Esta magia, y esta película, está dedicada a todos los profesionales sanitarios que, como Carmen Escallón y tantos otros, cuidan de la adolescencia y luchan contra la intolerancia por razones de sexo.

lunes, 11 de agosto de 2014

Desde Kavafis hasta Vargas Llosa: adolescente LGBTI y el pediatra del siglo XXI


Con este título tan original se anunciaba la conferencia inaugural del IV Simposio Internacional de Actualización en Pediatría en Cartagena de Indias el pasado mes de mayo. Porque el Comité Organizador asignó este labor en la figura de la doctora Carmen Escallón Góngora, médica pediatra cartagenera, puericultora, sanadora de heridas del alma, soñadora, cuentera, enamorada de la equidad y la igualdad, y abuela feliz, tal como se nos presentaba al auditorio de la mano de otro pediatra poeta y humanista, el Dr. Juan Fernando Gómez Ramírez, profesor antioqueño. 

La Dra. Escallón Góngora, autora de un aconsejable blog (La Memoria & Olvido), tiene una trayectoria como médica de niños y adolescentes, consultora familiar que ha propugnado durante décadas por el pleno reconocimiento de los derechos de la infancia en el contexto de una "crianza humanizada” y uno de los bastiones del trabajo comunitario de la Sociedad Colombiana de Pediatría. 

Esta conferencia inaugural, cuya vídeo presentación os dejamos en el enlace de abajo, se desarrolla alrededor de temas complejos del ejercicio pediátrico en los nuevos tiempos, como la diversidad en la orientación sexual, que ameritan un necesario abordaje humanista y profesional. La comunidad LGBTI (Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transexual, Transgénero e Intersexual), cuenta con este término colectivo para referirse a los sectores socialmente incluyentes en donde se congregan los diversos grupos de personas que se identifican como no heterosexuales. 

La reciente Guía para la atención del adolescente LGBTI de la Academia Americana de Pediatría, recomienda: 
- Que los pediatras sean receptivos y den la bienvenida a todos los jóvenes, independientemente de su orientación sexual. 
- Que los pediatras conozcan y estén disponibles para responder preguntas y corregir la información errónea acerca de ser lesbiana, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero o intersexual. 
- Que los pediatras se familiaricen con las organizaciones locales y nacionales que sirven a los jóvenes de minorías sexuales y sus familias. 

La presentación, que os recomiendo encarecidamente que veáis y oigáis en el enlace adjunto, y que me ha cedido con suma amabilidad su autora para ser compartida en este blog, está llena de humanidad y humanización, de ciencia y de conciencia, de emociones y de reflexiones, de muchas luces entre algunas sombras. Y entre poesía y pensamientos nos invita a adentrarnos en ese viaje a Itaca que es la adolescencia. Porque rememorando al endocrinólogo alemán, Harry Benjamin, pionero en los trabajos de transexualidad y disforia de género: "Sexo es lo que se ve, género es lo que se siente. La armonía entre ambos es esencial para la felicidad del ser humano"

Reflexiones con palabras de Alejandro Jodorowsky: "Los pájaros que nacen encerrados creen que volar es una enfermedad". O de la poeta Alfonsina Storni: "Yo soy una y soy mil, todas las vidas pasan por mi, me muerden sus heridas". O la reflexión de Herman Hesse: "Tu sabes muy profundamente que hay una sola magia, un solo poder, una simple salvación que se llama amar".  
Gracias a la Dra Carmen Escallón por este regalo. Y a la Sociedad Colombiana de Pediatría por la oportunidad de poder disfrutarlo en vivo y en directo, con la voz y el sentimiento de su autora.

http://www.scp.com.co/ArchivosSCP/video/Jueves/9/presentation.html