Blog personal, no ligado a ninguna Sociedad científica profesional. Los contenidos de este blog están especialmente destinados a profesionales sanitarios interesados en la salud infantojuvenil
El trabajo infantil es toda actividad laboral realizada por niños, niñas o adolescentes que perjudica su desarrollo, su salud o su educación, o que les priva de su infancia y dignidad. La explotación infantil es una forma más grave de abuso, en la que el menor es utilizado de manera abusiva o forzada, a menudo vulnerando sus derechos, por ejemplo mediante trabajos peligrosos, esclavitud, trata, explotación sexual o actividades delictivas. Los dos implican una violación clara de sus derechos y su protección, pero la explotación infantil es un paso más grave e ilegal si cabe.
El trabajo infantil afecta a casi 140 millones de niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años en 2024-2025, según la OIT y UNICEF, incumpliendo la meta de erradicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible pactados para 2025. Esta explotación viola derechos fundamentales y perpetúa ciclos de pobreza, teniendo en cuenta que el trabajo infantil priva a los niños de infancia, potencial y dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico, mental, social y moral. Las peores formas abarcan esclavitud, trata, prostitución, pornografía, reclutamiento armado y drogas.
El cine ha tratado el trabajo infantil y la explotación infantil sobre todo como un problema de pobreza estructural, violencia y pérdida de la infancia, no solo como un drama individual. Lo ha hecho a través de ficciones realistas, cine social, neorrealismo y documentales de denuncia, con frecuencia situando a los niños en la calle, en fábricas, en minas, en plantaciones o en redes de explotación sexual.
Pero hoy vamos a intentar hablar y prescribir de películas sobre el trabajo y explotación infantil que ya forman parte del proyecto Cine y Pediatría. Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales al respecto, desde títulos clásicos a modernos, desde películas de realismo social a documentales. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Oliver Twist (David Lean, 1948), para revivir el trabajo infantil y el maltrato institucionalizado en una Inglaterra sumida en la convulsa Revolución Industrial.
- Los olvidados (Luis Buñuel, 1950), para denunciar la desigualdad sobre esos “olvidados” de la infancia y adolescencia cada vez más numerosos que dio a luz el desarrollismo de la opulencia.
- El polaquito (Juan Carlos Desanzo, 2003), para conocer a nuestro Oliver Twist a ritmo de tango alrededor de la estación central de Buenos Aires.
- Sombras del tiempo (Schatten der Zeit, Florian Gallenberger, 2004), para enfrentarnos a un retrato arquetípico de la esclavitud infantil desde Calcuta, entre el trabajo y la prostitución infantil.
- Ángeles del sol (Anjos do sol, Rudi Lagemann, 2006) , para denunciar la explotación sexual de niñas en Brasil, basado en una serie de relatos reales de prensa.
- Los herederos (Eugenio Polgovsky, 2008) , para adentrarnos en silencio en el retrato del trabajo infantil en zonas agrícolas y montañosas de México.
- Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008) , para conocer a esos verdaderos perros callejeros en las infancias desfavorecidas de la India.
Siete películas argumentales para adentrarnos en las muchas caras del trabajo y maltrato infantil a lo largo del mundo, una lacra que cuesta tanto erradicar.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
El trabajo y la explotación infantil representan una grave violación de los derechos de la infancia, afectando a millones de niños en todo el mundo que son privados de su educación, salud y desarrollo integral. Esta problemática surge principalmente de la pobreza extrema, la falta de acceso a servicios básicos y conflictos sociales que obligan a los menores a trabajar en condiciones peligrosas. Entre las formas comunes se encuentra el trabajo doméstico y esclavitud (millones de niños confinados en hogares para tareas agotadoras, expuestos a abusos), el trabajo forzoso en minas y agricultura, pero también la explotación sexual (se cuenta en cerca de dos millones de menores, principalmente niñas, obligadas a trabajar en la prostitución o pornografía).
Y sobre esto último indaga esta película documental estadounidense titulada Los niños del barrio rojo (Ross Kauffman, Zana Briski, 2004). Una película que sigue a la fotógrafa Zana Briski en el distrito Sonagachi de Calcuta, quien se adentró aquí para realizar un reportaje de la prostitución de este barrio. Fue entonces cuando conoció a los hijos e hijas de estas prostitutas y se propuso enseñarles el arte de la fotografía y la grabación para que documentaran su dura realidad y ayudarles a escapar de la pobreza. Y les intentó salvar por el arte y la educación, pues la idea final era buscarles escuelas y asilos para separarles de ese ambiente hostil y pernicioso, aunque fue muy complicado que admitieran en las instituciones a la fratria de las trabajadoras sexuales.
El director Ross Kauffman y la fotógrafa Zana Brinski (artífices de todo el proyecto, dirección, guion y fotografía) capturan la vida cotidiana de ocho niños en este barrio rojo de Calcuta: son Avijit, Shanti, Suchitra, Manik, Gour, Puja, Tapasi y Kochi. Ellas y ellos miran a la cámara y reflexionan sobre su vida y aspiraciones: “Vivo aquí con mi abuela porque mi madre no puede cuidar de mí. MI padre intentó venderme. Si mi hermano no llega a venir por mí, mi padre me habría vendido. Me preocupa poder acabar como ellas (las protitutas)”; “Ojalá pudiera llevarme a Puja de aquí. Cuando crezca, acabará en las calles, se drogará, robará dinero a la gente”; “La madre de Suchitra ha muerto. Pero su tía quiere enviarle a Bombay a hacer la calle… quiere que sea prostituta”. Ellos no son actores o actrices, son niños y niñas de ese barrio rojo plagado de prostitución.
Zana les presta cámaras para fotografiar su mundo de miseria, adicciones y violencia. El color y la miseria de ese barrio de Calcuta consiguen que se transformen en imágenes poéticas de calles, animales y madres prostitutas. Fotos que se exhiben en Calcuta y también en Nueva York, atrayendo atención y fondos para enviarlos a internados y sacarlos de los burdeles. “Mi objetivo ahora es recaudar dinero para ellos, utilizando sus propias fotografías”. A pesar de rechazos escolares, abusos familiares y el riesgo de prostitución, se intenta que con una educación formal puedan romper ese ciclo generacional de prostitución: abuelas prostitutas, madres prostituta, hermanas prostitutas, hijas prostitutas,…
Y a lo largo de esta película se mezclan las declaraciones de los menores con sus propias imágenes captadas por la cámara. Una película que tiene por título original Born Into Brothels: Calcutta's Red Light Kids, del que se derivan los problemas asociados a estos menores nacidos en los burdeles, al menos tres graves: uno sobre la explotación sexual, donde las personas (adultos y menores) pueden ser obligadas a trabajar en condiciones de esclavitud; otra sobre la trata de personas, algo muy asociado a la industria del sexo; y una tercera no menos importante, como es la salud pública, pues estos lugares son un foco de enfermedades de transmisión sexual.
El colofón a las historias de estos ocho menores deja alguna esperanza, aunque menor de lo que deseáramos:“Avijit volvió a Calcuta y decidió entrar en la escuela Futuro Hope. El padre de Manik no le dejó ir a la escuela. La madre de Puja la sacó de la escuela Sabera. Shanti dejó la escuela Sabera por decisión propia. Gour todavía viven en casa y espera ir a la universidad. Tapasi se escapó de casa y fue a la escuela para niños de Sanlaap. La tía de Suchitra se negó a dejarla salir del burdel. Kochi decidió quedarse en Sabera, es feliz y le va bien. En honor de las mujeres y niños del barrio rojo”.
Una película digna de un cine fórum y de desentrañar sus principales mensajes. He aquí algunos: 1) que el arte puede funcionar como una salvavidas: en nuestro caso, la fotografía empodera a estos menores marginados, transformando su percepción de sí mismos y abriendo puertas a la educación y dignidad; 2) que la indiferencia hacia los marginados es sistémica en India (y en la mayoría de los países) y expone el abandono estatal y familiar que perpetúa la explotación sexual infantil en comunidades pobres.; 3) que queda el poder de la resiliencia humana, casi la única tabla de salvación para muchos, donde los niños demuestran un talento innato para sobrevivir y resguardan esquinas de esperanza pese al horror que les rodea. Y que también nos invita a conocer el proyecto “Kids with Cameras”, ONG creada por Zama Briski y que se basa en usar la fotografía como herramienta para transformar vidas de niños en entornos de riesgo, similar al trabajo inicial en India, pero que puede alcanzar a otros países.
Así pues, Los niños del barrio rojo fotografían la explotación sexual infantil en India, donde la pobreza extrema es el factor principal que empuja a familias rurales a vender o enviar a sus hijas a ciudades con promesas falsas de educación o empleo, terminando en burdeles. El sistema de castas discrimina a dalits (también conocidos como "intocables" o parias, el grupo social más marginado en el sistema de castas tradicional de India) y tribus, exponiéndolos a abusos sistemáticos y trata, con más de 15 millones de niñas y niños dalits en semiesclavitud sexual o laboral. En India, ya el país más poblado del planeta Tierra, el sesgo contra las niñas provoca infanticidios, abortos selectivos (12 millones en tres décadas) y matrimonios infantiles (47% de mujeres antes de la mayoría de edad), haciendo a las menores vulnerables a la prostitución hereditaria. Porque la dote y la inferioridad cultural convierten a las niñas en "carga económica", facilitando su venta por traficantes.
Una triste realidad que cabe fotografiar para denunciar y mejorar. En todos momento, pero también en estas fechas alrededor de la Navidad. Con esta historia de hoy, ocho menores casi logran salvarse… pero son millones.
Hace tres meses hablamos en este blog de mi amiga y compañera Mónica Lalanda, bien conocida para las personas que se mueven en el mundo de la medicina, la bioética y la estrategia social media. El motivo era un tema de alegría, pues era compartir la buena noticia de la publicación de su libro "Con-ciencia médica", una obra que aúna dos campos de desarrollo de su autora: acercar la deontología y la ética médica a médicos, sanitarios y todos los ciudadanos por medio del cómic.
Pues hoy vuelvo a hablar de ella por un motivo no alegre (por ser políticamente correcto, pues podrían surgir muchos adjetivos calificativos) y es que hace un mes publicó en su blog Medicoacuadros una sobrecogedora Carta abierta titulada QUERIDA EXPLOTACIÓN LABORAL: TE DEJO, NO CUENTES YA CONMIGO y que comenzaba así:
"Estoy en la calle. He renunciado a mi contrato de guardias. He renunciado a la explotación laboral sangrante y despiadada. He renunciado a la esclavitud de un sistema sanitario absurdo que trata a sus profesionales como basura". Y continúa...
En este breve periodo las reacciones no se han hecho esperar, algunas pocas de debate, pero la mayoría de apoyo. Está claro que no es una pataleta, sino una decisión meditada que argumenta a lo largo de 13 puntos, y en donde expone los motivos que le han llevado a tomar esta drástica decisión, tras décadas dedicada al cuidado de sus pacientes. Algunos motivos son muy reconocibles:"He renunciado al pisoteo de un jefe que, como tantos otros en la medicina española, maneja su servicio como si fuera su cortijo. Un jefe que no lidera, tiraniza" o "He renunciado al maltrato y la indignidad, el agotamiento, la estupidez, el despotismo, el abuso, la mala organización, la falta de planes a medio y largo plazo, la carencia absoluta de solidaridad y profesionalidad a la que nos somete a sus trabajadores el SNS".
Si alguien como Mónica, graduada en Medicina hace 25 años, con 5 años de formación en Inglaterra, 12 años de trabajo de adjunto en Urgencias en Inglaterra y 8 de adjunto de Urgencias en España, amante de su profesión, piensa así (como muchos) y se atreve a decirlo (como pocos) es que esto está peor de lo que pensamos... Y fijaros que pensamos ya mal de cómo estamos...
El motivo de este post no es solo mi apoyo a Mónica (y a tantos compañeros en su situación... aviso para navegantes ante esta locura de estudiar Medicina y las imposibles puntuaciones para lograrlo en el sistema de Selectividad), sino recordar que esto no es nuevo en este blog. Esto lo hemos denunciado y argumentado de forma repetida, pero me retrotraigo a un post publicado en 2011 con el título "Hace 20 años que tengo 30 años: reflexiones sobre la sanidad en el tiempo" y ahí también podréis encontrar la carta al director escrita en Anales Españoles de Pediatría, nuestra revista oficial, cuando tenía 33 años (la valentía de la juventud y el pelo negro) y que titulé "La insoportable levedad de ser médico y joven"... y casi nada ha cambiado (y si lo ha hecho, es a peor).
¿Y esto tiene solución...? Mirar que soy positivo, pero la realidad (crisis económica, política y moral) me hace contestar que lo dudo. Con revisar de soslayo lo que vivió este país en la Cámara de Diputados la semana pasada basta para crear un nuevo hastag (del que algún día hablaremos) bajo el nombre de #Estonoloarreglanilamadrequeloparió. La procrastinación y falta de preparación para puestos relevantes lo inunda todo... y nos mancha como ciudadanos.
Suerte Mónica. La vas a tener como gran profesional que eres... Y gracias por tu denuncia abierta a la situación laboral en Sanidad (extensible a muchas áreas...)