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sábado, 9 de septiembre de 2017

Cine y Pediatría (400). Películas así no se debería permitir que fueran "Aves de paso"


¿Cuántas películas habremos visto mi mujer y yo solos en una sala de cine...? Al menos diez en los últimos cinco años. Y esto no tendría importancia si fueran malas películas, pero ocurre todo lo contrario: son pequeñas joyas del séptimo arte, pero que no están avaladas por el "mainstream" ni por Hollywood, lo que en muchas ocasiones viene a ser lo mismo. Y la última película en la que nos ha ocurrido algo así es la que hoy nos convoca y por un título tan poético como la misma película: Aves de paso (Olivier Ringer, 2015). 

Y con esta película celebro la entrada 400 del proyecto Cine y Pediatría: se dice bien, 400 sábados seguidos - sin fallar uno - desde aquel lejano enero del año 2010 en que todo comenzó. Y lo celebro a lo grande, de corazón. Como el corazón que atesora esta joya que, desafortunadamente, casi nadie habrá visto en los cines. 

Porque Aves de paso simula una película infantil, pero atesora grandes mensajes para adultos. Así el tercer largometraje del belga Olivier Ringer, cineasta especialmente concernido con la relación entre sus protagonistas y el mundo natural. Cuenta la sencilla historia de Cathy (Clarisse Djuroski), una niña que vive entre dos padres separados con ideas muy diferentes de la vida, con filosofías de vida incompatibles tal como apreciamos en la primera escena: por su décimo cumpleaños el padre le regala un huevo de pato fecundado, con la intención de que lo incube y sea después su mamá; y su madre le regala un móvil, iPhone para más detalle, y este comentario que no denota buen rollo entre la pareja: "Me preocupa que haya cosas por ahí que no sirven para nada... como tu padre". Cathy tiene una amiga de su edad, Margaux (Léa Warny), afecta de una grave discapacidad y en silla de ruedas, y que por algún detalle de la película sugiere que pueda ser algún tipo de enfermedad muscular. 

Pero lo importante de la película no es ningún tema médico, sino la especial relación entre Cathy, Margaux y el pequeño patito que va a nacer del huevo fecundado. Porque cuando eclosiona el huevo, el patito ve por primera vez a Margaux y no a Cathy y ésta le dice: "Ahora va a creer que eres su mamá". Pero los padres de Margaux, con el instinto protector propio de estas situaciones, no quieren hacerse cargo, pues además tienen pensado para su hija un centro de internación para personas con discapacidad. Y el pato recién nacidos se queda con Cathy y ella le dice: "Yo te cuidaré bien. Intentaré ser una buena mamá. En realidad, tenía que ser tu mamá". 

El patito se ha identificado con Margaux y Margaux se ha encariñado de él. Es entrañable cuando las dos amigas le intentan enseñar a nadar; al ser demasiado pequeño y no conseguirlo Cathy se pregunta "¿Tú crees que le falla algo...?" y Margaux le responde: "Es como yo...". Finalmente los padres donan el patito a una granja, allí donde les testan el sexo y los machos se crían y las hembras se matan. Y es por ello, que para proteger y salvar al pájaro, las dos niñas se escapan y emprenden una aventura de libertad, un periplo en el que descubrirán mucho más de ellas mismas que sobre el rescate de un palmípedo. Porque para Margaux, en su papel de madre ya, su vida adquiere otra dimensión, y también sus reflexiones: "¿Y el patito...? No quiero que acabe en una lata?", "Se va a morir... Qué difícil es morir", "Si fuéramos pájaros sería más sencillo. Iríamos donde quisiéramos cuando nos apeteciera". 

El viaje de las niñas les lleva a una laguna conocida como el Paraíso de los Pájaros. Y es allí donde todos, los padres de las niñas y nosotros como espectadores, descubrimos el valor de la emancipación y los riesgos de la sobreprotección. Porque allí vemos a la imagen de las dos niñas flotando en la laguna con su pato, donde Cathy pregunta "¿Todavía es tan difícil vivir?" y Margaux le responde: "Hoy no". Todo ello lo han observado cada uno de los padres de ambas niñas. Y la escena final del regreso a casa: cada niña con su barca, cada niña con su familia. Y con el fundido negro final una dedicatoria: "A mi pequeña hija que un día me cogió la mano". 

Porque bajo la aparente simplicidad de Aves de paso, se esconde un conmovedor cuento iniciático que habla sobre la amistad, la sobreprotección de los progenitores, la discapacidad, la superación de los límites o la necesidad de libertad de niños y niñas, entre otros temas. Una película cuyo peso recae en las jóvenes debutantes Clarisse Djuroski y Léa Warny, Y emulando a la dedicatoria de esta pequeña joya, en mi post 400 yo también proclamo: "A Cine y Pediatría que un día me cogió el corazón"

No cabe duda de que la llamada fábrica de sueños de Hollywood es la gran apisonadora de la taquilla de cine. Sus películas arrasan en cuanto a número de espectadores, empujando por lo general a la cuneta a las minoritarias y de autor, de comercialización reducida a pesar de que siguen ganando múltiples premios en los más prestigiosos festivales. Son carne de salas escasas, de filmotecas municipales, de canales de televisión especializados y de plataformas de distribución bajo demanda, y sólo las ven los más ávidos cinéfilos, los cuales son conscientes de las maravillas del séptimo arte que se pierde la mayoría del público. La distribución de cine debería evitar que el público desconozca la existencia de películas independientes tan premiadas como Aves de paso.  
Porque Aves de paso se estrenó en España solamente en algunas salas de Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela, Alicante, Andalucía y Castilla-La Mancha. Y si el resultado es como el nuestro, puede ser que esta pequeña joya se convierta en su propio título...y películas así no se debiera permitir que fueran aves de paso. 

Y no quisiera terminar esta reseña especial sobre la procedencia de esta película: Bélgica. Porque esta película tan especial desde este país, la acompaño en el recuerdo de otras películas belgas especiales ya en Cine y Pediatría como Totó, el héroe (Jaco Van Dormael, 1991), Ben X (Nic Balthazar, 2007), Alabama Monroe (Felix Van Groeningen, 2012), Color de piel: miel (Laurent Boileau, Jung Henin, 2012) y todas las películas de los hermanos Dardenne, entre ellas Rosetta (1999), El hijo (2002), El niño (2005) y El niño de la bicicleta (2011) Todas pequeñas joyas, tan diferentes como bellas. Y todas ellas se convocan hoy en nuestra  efeméride.

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sábado, 27 de agosto de 2016

Cine y Pediatría (346). "The Kings of Summer"... y de todas las estaciones


Hace unos días celebrábamos el 80 cumpleaños Robert Redford, el actor de intensos ojos azules, resplandeciente sonrisa blanca y pelo rubio cuidadosamente revuelto que continúa siendo un sex symbol que enamora a distintas generaciones. Pero Redford tiene un calificativo que le identifica sobre otros actores: el ser el rey del cine independiente, porque, ni más ni menos, fundó en 1981 el festival de Sundance, una de las mecas del cine independiente cuyos premios han servido como trampolín a actuales directores míticos (como Quentin Tarantino, Kevin Smith, Robert Rodriguez o los hermanos Coen) y películas ya míticas (algunas ya en Cine y Pediatría como María llena eres de gracia, Joshua Marston 2004; Pequeña Miss Suhsine, Jonathan Dayton y Valerie Faris 2006; Winter´s Bone, Debra Granik 2010; Bestias del sur salvaje, Benh Zeitlin 2012; entre otras). 

Porque fue precisamente la película de 1969 que encumbró a Robert Redford, Dos hombres y un destino (una traducción inventada en nuestro país del original Butch Cassidy and the Sundance Kid), la que dio nombre premonitorio a este festival, ya que tomó el nombre de Sundance Kid, el personaje de Redford, y con ello inició uno de sus proyectos más importantes: crear el Sundance Institute, un centro que impartía cursos de alta calidad para jóvenes cineastas en unos terrenos propiedad del actor. Y de esa hornada, hoy disfrutamos en los albores del verano de una película más de este lugar de buen cine indie: The Kings of Summer, ópera prima de Jordan Vogt-Roberts del año 2013, quien comenzó su carrera produciendo videos de comedia en internet y tras su exitoso corto Successful Alcoholics. 

Tres amigos adolescentes de 15 años, Joe (Nick Robinson), Patrick (Gabriel Basso) y el peculiar Biaggio (Moises Arias), acuciados por el comportamiento sobreprotector de sus padres y los conflictos familiares (nada excepcionales, por cierto) deciden escapar de casa y pasar el verano en el bosque, construyendo una casa y viviendo en libertad al margen de la sociedad y del entorno familiar, en un acto de reivindicación por su independencia. Los tres amigos se mudan al extraño habitáculo que han creado con mucho esfuerzo, allí convivirán sobreviviendo como pueden, intentando ser dueños de su propio destino, y lo más importante, libres de sus padres y sus estrictas normas. Y al comenzar esa nueva vida leen este manifiesto: "Bajo pena de perder la amistad, no hablar nunca en esta casa con ningún adulto, ni revelar la ubicación ni identidad de sus moradores, Y, desde hoy en adelante, herviremos nuestro agua, cazaremos la comida, construiremos nuestro cobijo y nos valdremos solos". 

Pero pronto, lo que se había convertido en un idílico verano, se transforma en una importante lección de vida en la que aprenden que la familia no es algo de lo que uno pueda huir tan fácilmente, por mucho que uno de ellos afirme: "Me alegro de estar donde no están mis padres". Y esto aunque Joe mantenga una complicada y distante relación con su padre viudo, o aunque Patrick sufra todo lo contrario, a unos padres tan aparentemente enrollados que resultan ridículos y tan cariñosamente sobreprotectores que literalmente le provocan alergia. Porque algo aprenden ellos (y recordamos todos), y es que la familia no es un juego de Monopoly, donde el cariño se puede vender y comprar... 

Las películas sobre la adolescencia insatisfecha son un clásico desde que James Dean se calzara su célebre chaqueta roja en Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955). Como buen subgénero, ha dado una enorme cantidad de productos, la gran mayoría de dudosa calidad y algunos para recordar como Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1986), quizás con cierta semejanza a nuestra The Kings of Summer. Porque con esta película Jordan Vogt-Roberts ha sabido captar los altibajos de una época de la vida tan compleja y llena de contradicciones, aportando frescura, luminosidad y alegría que contagia al espectador. A ello ayuda la buena interpretación de sus tres jóvenes protagonistas, quienes nos transmiten toda la gama de emociones que trae la adolescencia, de la rebeldía al arrepentimiento, del entusiasmo del primer amor al dolor del desengaño, de la amistad a la amargura y la reconciliación, y todas de una manera bastante auténtica. Baste recordar un personaje y una escena: el personaje de Baggio, este chico hispano de lo más peculiar, con unos rasgos de personalidad que bien merecen una valoración psiquiátrica; y la escena paralela de Joe y su padre, cuando ambos rememoran en soledad cómo han podido destrozar su hogar, el real y el ficticio. 

El guión y los actores proporcionan el envoltorio perfecto a una historia y unos personajes que, aunque hemos visto mil veces, pueden seguir emocionandonos en un tiempo en que los días de verano eran eternos y podíamos creer que todo era posible. Porque los hijos son los reyes del verano... y de todas las estaciones. Y no es fácil ser buenos padres, al menos para la interpretación de nuestros hijos adolescentes.

lunes, 23 de julio de 2012

Sociedades científicas e industria farmacéutica: transparencia e independencia


Las sociedades científicas (SC) son una pieza clave en el sistema sanitario por su capacidad de liderazgo. Esto hace que sean un punto de mira esencial para la industria farmacéutica (IF). Dado que las SC no tienen fortaleza económica per se, buscan su fuente de ingresos principalmente de tres orígenes: la cuotas de sus socios, los beneficios que se puedan obtener de las reuniones científicas y, sobre todo, de las aportaciones de la IF. 
Esto convierte en relaciones de interés las que se establecen entre SC e IF, por lo que la credibilidad, prestigio e independencia de las SC podrían verse amenazadas. Esto no es nuevo y es motivo de recurrente polémica. De ello nos habla Alberto Ruano-Ravina en el interesante editorial de Medicina Clínica, artículo que surge a partir de la monografía que la Sociedad Española de Salud Pública y Administraciones Sanitarias (SESPAS) acaba de publicar sobre recomendaciones para una sana relación entre SC e IF. Monografía de imprescindible lectura. 

Este documento se suma a otros ya existentes en España sobre este tema, si bien la mayoría se centraban en la relación entre profesionales sanitarios e IF, no entre SC e IF. Recordamos algunos de los más relevantes: 
-"Código de Buenas Prácticas", publicado la Federación Nacional de Empresas de Tecnología Sanitaria en 2009. 

Las relaciones entre SC e IF tienen que dar un paso adelante. Algunas SC ya lo han hecho y han mostrado su interés explícito de dotar de transparencia a estas relaciones, como han sido la Sociedad Española de Cardiología (ver documento SEC), la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (ver documento SEMERGEN) y la Asociación Española de Pediatría (ver documento AEP). Y un paso más adelante lo ha realizado la Sociedad Española de Epidemiología, quien detalla las fuentes de ingreso de la IF y su peso sobre el total de la sociedad (ver documento SEE). 

Las relaciones entre SC e IF tienen que reconducirse antes de que sea demasiado tarde. Las claves de una relación sana, ética y estética para la SC son la transparencia y la independencia. Si no es así, la SC se tiñe de sospecha y descrédito si se atisba una profunda relación con algún sector de la IF. 

En Pediatría hemos tenidos algún ejemplo de impropia relación entre una SC e IF en años previos, ejemplos que marcaron la redacción del Marco Ético de la AEP y que han servido para reconducir el camino de forma oportuna por la actual Junta Directiva de la AEP. Y al igual que la AEP ha dado el paso adelante, lo deben realizar las distintas sociedades científicas pediátricas que la componen: cuando en los informes de tesorería de una sociedad más de la mitad de las aportaciones económicas proceden de una única empresa farmacéutica, indica que se producen conflictos de interés,… aunque se declare que no es así (pero esto será motivo de otro debate: la “declaración” no siempre se corresponde ni exime de la realidad y, entonces, la “declaración” pierde todo su sentido). 

Como dice Ruano-Ravina en su artículo, "mirar hacia otro lado ante este problema es un lujo que la sociedad y las propias SC no se pueden permitir: ¿quién mueve ficha?". Transparencia e independencia: elementos clave para una sana, productiva y beneficiosa relación entre SC e IF.