lunes, 9 de octubre de 2017

El primer pediatra y el primer hospital pediátrico en España


La anterior es la imagen de mi consulta de Pediatría. Y desde ese mismo afecto, hace un tiempo un compañero pediatra me regaló su libro titulado "¿Es la Pediatría un cuento o tiene su historia? 12 relatos, una poesía y un anexo documental". Su autor es el Dr. Miguel Ángel Zafra Anta, cuya amistad se inició en nuestra faceta de residentes de Pediatría en el Hospital La Paz de Madrid... hace ya unas décadas. Y el libro me lo regaló hace meses, en una Jornada Formativa en Salud Infantil en Alcalá de Henares y en homenaje a la pediatra Montse Manzana. 

Hace tiempo que tenía el "debe" de leer este libro editado con su ISBN por el propio Miguel. Y lo he podido hacer en un viaje transatlántico, por lo que ha valido la pena la espera: la lectura ha sido de "altura". Un libro peculiar, como lo es Miguel, quien atesora muchas facetas, y entre ellas el amor a escribir y a la historia (él que es miembro activo del Grupo de Historia de la Asociación Española de Pediatría). El libro guardaba una sorpresa en su dedicatoria: "A mis amigos humanísticos y y humanizadores, no he podido dejar de pensar en ellos al juntas estas páginas: Ignacio de Arana, Iván Carabaño, Javier González de Dios, Ángela Ruiz, Esther Ruiz Chércoles, Rafael Vargas y... ¡tantos otros!" 

Buen comienzo, sin duda. Pero aparte de la mención y la sorpresa, me tomó la libertad de reproducir parte de ese "anexo documental" y extraer datos de interés general que Miguel nos regala. Lo titula como "Monumentos a pediatras y la Pediatría en Madrid" y extraigo las notas de dos hechos significativos, no siempre conocidos. 

a) El primer pediatra en España: D. Mariano Benavente González 
Mariano Benavente (1818-1885) fue primer médico rural, titular de Villarejo de Salvanés, y después médico de la inclusa y Colegio de La Paz y director del Hospital Niño Jesús. Nombrado Académico de la Real Academia Nacional de Medicina (RANM). El historiador de la medicina, Sánchez Granjel - a la postre profesor mío en la Universidad de Salamanca - y otros autores lo reconocen como el primer pediatra de España. 
El Dr. Benavente tuvo tres hijos. El menor se llamó Jacinto, quien llegaría a ser Premio Nobel de Literatura en 1922. Y ambos dos, padre e hijo, tienen su monumento en el Parque del Retiro de Madrid. El monumento de Jacinto es obra de Victorio Macho en 1962 y el monumento del padre, Mariano, es obra de Ramón Subirachs y Codorniú en 1886, y en ese monumento figuran una de las máximas favoritas del considerado primer pediatra, que señalan su espíritu y su obra: "Mediación sencilla, amor fraterno, devuelven la salud al niño enfermo". 

b) El primer hospital pediátrico en España: Hospital Niño Jesús de Madrid (HNJM) 
El HNJM fue, en cierto modo, la cuna de la especialidad pediátrica en España. Fue promovido por el Dr. Mariano Benavente y otros médicos, y patrocinado por María Hernández Espinosa, duquesa de Santoña. El hospital se inauguró en el año 1881 y allí permanece, en frente del Retiro, y es un edificio que ha sido premiado en diversas exposiciones internacionales. 
Tuvo su precedente en el conocido como "El Hospitalito", respaldado también por la propia duquesa de Santoña, inaugurado en 1877 y con 60 camas. Inicialmente el HNJM fue dirigido por el Dr. Manuel Arnús Fortuny, pero poco después por el Dr. Mariano Benavente. En sus comienzos tuvo una actuación primordial como hospital-asilo, pero en seguida se sumó para colaborar en la organización de los primeros congresos de Pediatría en España y en la formación de especialistas en Pediatría. 

Interesantes historias las que no refresca Miguel... porque la Pediatría no es cuento, porque la Pediatría tiene su propia historia.

sábado, 7 de octubre de 2017

Cine y Pediatría (404). "Evil", el demonio de la violencia


La violencia no es una buena compañera de viaje, y violencia es cualquier forma de maltrato (físico, psicológico o social), más en la infancia y adolescencia. La violencia es el demonio que nos acompaña como miembros de una sociedad en la que convivimos con otros, incluso con identidades e ideas diferentes. Y es bueno reflexionar sobre ello, y por ello la película de hoy. Una película basada en la novela autobiográfica de Jan Guillou, una película sueca del año 2003 dirigida por el también sueco Mikael Hafström y que fue seleccionada en su momento por su país para optar a los Oscar en su categoría de Mejor película de habla no inglesa: su título original Ondskan, pero conocida en nuestro país como Evil. 

Evil es un drama de principio a fin, lleno de todo tipo de escenas violentas. El comienzo marca la pauta: una escena del maltrato que un padrastro somete hacia su hijo en una familia que parece de bien, mientras la madre mira con dolor a otro lado y toca el piano; y, sin dilación, violencia de ese hijo hacia otros jóvenes en una reyerta callejera. Ese joven es Erik Ponti (Andreas Wilson), un adolescente de 16 años que reproduce en la calle casi lo que ve en casa, una existencia fundamentada en la violencia. "Solo una palabra le define: maldad" le dice el director del instituto antes de expulsarle por su comportamiento agresivo, aunque solo reproduzca patrones de su irascible padrastro sobre él. Debido a todo ello, Erik es internado en un centro educacional para adolescentes de familias aristocráticas y acaudaladas, Stjärnsberg como una última posibilidad para liberarse de su vida anterior y seguir sus estudios. 

Por tanto, nos adentramos en una película más sobre la interrelación de un internado escolar, sus profesores y alumnos. Hay ejemplos de diferentes tipo, desde la musicalidad de Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004) a la descripción de una realidad como en Adiós, muchachos (Louis Malle, 1987), pasando por la dureza de ciertos internados vinculados a la iglesia con prácticas inapropiadas, como fueron Las hermanas de la Magdalena (Peter Mullan, 2002), Los niños de San Judas (Aisling Walsh, 2003), Philomena (Stephen Frears, 2013) o El refugio (Marc Brummund, 2015). Y hoy en Evil viene a profundizar en las agresiones de los bachilleres a los alumnos de cursos inferiores, algo que está tolerado por la dirección, quienes miran para otra parte. Y no son las novatadas de Novatos (Pablo Aragüés, 2015), son algo más...

Erik comparte su habitación con el empollón Pierre, quien desde el principio intenta darle buenos consejos: "Procura no destacar. Lo mejor es ser del montón". Porque Erik llega al internado con la idea de retomar sus estudios, sacar buenas notas, evitarse problemas y que su madre se sienta orgullosa de él. Pero es esta escuela una jungla donde el más fuerte consigue lo que quiere presionando cruelmente al débil, donde hay unos códigos fundamentados en el acoso escolar continuo, impune a la dirección (como lo es el bullying en determinados centros escolares que ni se plantean este problema). Y donde los profesores, salvo honrosas excepciones, derraman su ponzoña, su hiel y sus ideología políticas sobre los alumnos: ¿nos suena...?.

Aprecien la disertación del maestro ante dos alumnos, para diferenciar las tribus germánicas de las tribus eslavas procedentes del este. Así describe a Erik delante de toda la clase: "Mirada fija, nariz recta, mentón fuerte, una mandíbula ancha. Observen el armónico desarrollo que ha tenido la musculatura de sus brazos y piernas. En definitiva, como pueden observar es el prototipo germánico. Muchos de los carolingios de Carlos XII debían tener el mismo aspecto. Los azules". Y luego describe, también delante de todos, a su compañero de habitación, Pierre: "Ojos incrustados, vista pobre, nariz carnosa, hombros caídos como en una botella, la cintura es como la base de un bolo. Observen además sus piernas delgadas. Seguramente tiene los pies planos. Como pueden observar, es un espléndido ejemplo de oriundo meridional". Cruel, ¿verdad? Pues esto está ocurriendo en realidad en ciertas escuelas catalanas con educadores fanáticos independentistas, los que han amasado el nacionalismo en las mentes de las nuevas generaciones desde los años 80.

Y también la película nos muestra la violencia entre los alumnos, con los matones impunes ante la mirada de los profesores y cuidadores, con un acoso escolar continuado contra los nuevos y débiles. La humillación de las matones, el seguimiento sin sentido de las masas, la locura colectiva, el mal lo puede todo: y esto que ocurre en un centro escolar es perfectamente extrapolable a nuestra sociedad... y más en estos días.

Pero en esta difícil situación, Erik intenta reconducir su vida y casi lo consigue: tiene un amigo de habitación que le ayuda a estudiar, su entrenador le apoya en la natación, su gran afición, y se enamora de Marja, una de las camareras. Pero no acepta la violencia y el chantaje, y le llaman "Rata", intentando aguanta ante las continuas humillaciones. Porque no puede revelarse, pues sería expulsado. Pero ¿hasta cuándo se puede aguantar la humillación?

Y solo la voz de un profesor surge, de los pocos con alma en ese centro: "Lo que distingue a los humanos de los animales no es solo la inteligencia, también es la moral. La capacidad de distinguir el bien del mal. Os habéis comportado como animales, como buitres. Es indecoroso. Esto tiene que acabar".

Mañana es mi cumpleaños, y en estas fechas siempre me regalo una película especial. Quizás esta no lo sea por su belleza, pero sí es necesaria por su mensaje. Y sobre todo es necesaria la frase final para que la tengan en cuenta todos aquellos que han provocado la profunda quiebra de la sociedad catalana y española a espaldas de la legalidad y el marco democrático y de libertades en que se mueven las sociedades del siglo XXI.