miércoles, 8 de julio de 2020

Aprendiendo de las crisis, con corona o sin corona



Estamos viviendo una pandemia que ha parado el mundo y cuyas consecuencias sanitarias en afectados y muertes está siendo catastrófica, pero cuyas oleadas posteriores y resacas, pueden tener un efecto aún más grave. Y la crisis del coronavirus y la crisis del postcoronavirus debe sacar de nosotros la mejor de las resiliencias para conseguir doblarnos, adaptarnos y no rompernos.

Pero no nos enfrentamos a nada nuevo, si quizás diferente. Porque la historia de la humanidad está repleta de crisis en todas las épocas y de todo tipo, ya sean nucleares (Chernobyl, 1986), militares (Ruanda, 1994), terroristas (World Trade Center, 2001) o financieras (Lehman Brothers, 2008), así como desastres naturales como tsunamis (Sudeste asiático, 2004),  terremotos (Haití, 2010) o epidemias (Ébola, 2014), y así podríamos continuar por las diferentes épocas del pasado.

El problema, como nos recuerda Francisco Alcaide - conferenciante, formador, escritor y coach en liderazgo y motivación -, es que tenemos muy poca memoria histórica. Como se suele decir, «la historia no sirve para nada, pero el que no sabe de historia no sabe de nada». Y Francisco Alcaide, cuyo best seller "Aprendiendo de los mejores", le ha encabezado a ser el único autor español entre los 25 autores más leídos en el mundo en desarrollo personal. Abajo os dejamos el vídeo de presentación a este recomendable libro, porque "las personas verdaderamente inteligentes aprenden de la experiencia de los demás" y cabe trabajar bien nuestros cinco ámbitos: desarrollo personal, espiritualidad, libertad financiera, emprendimiento y liderazgo.

Francisco Alcaide nos regala algunas enseñanzas de esta crisis que bien se podrían aplicar a otras épocas de la historia. Y que me atrevo a compartir por sus potenciales beneficios.

1. CREATIVIDAD. Lo importante no es tener respuestas, sino la capacidad de inventarlas.
Donde hay un problema, hay una solución. No queda otra. La creatividad está incrustada en la naturaleza humana y es infinita. La creatividad se alimenta de curiosidad. En realidad, eso es lo único que hace falta, porque la curiosidad lleva a preguntar, observar, investigar y trastear hasta dar con la tecla. Ya lo decía Albert Einstein: «No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso». Quien busca, siempre encuentra, sólo es cuestión de tiempo hallar una solución.

2. CAMBIO. Si no cambias, es probable que termines allí donde te diriges.
La frustración procede de no aceptar la realidad. Pero si la realidad cambia, uno está obligado a cambiar con ella o se queda atrás. El precio de hacer lo mismo siempre es mayor que el precio del cambio, aunque a corto plazo sea más placentero porque el cambio asusta, duele y lleva tiempo. Lo que evitas se pospone, y habitualmente, con mayor dolor. El éxito consiste en admitir la responsabilidad y luego responsabilizarse. Todo lo demás es una forma segura de seguir con un problema. Todos nos sentimos inclinados a la negación cuando la verdad es demasiado incómoda. La aceptación siempre es una liberación, porque sólo lo que aceptamos lo podemos transformar.

3. REINVENCIÓN. Reinventarse no es cambiar de profesión como quien cambia cromos.
Reinventarse, como todo, es posible, pero no es automático. Reinventarse es un proceso, y como todo proceso, exige constancia y tiempo. Reinventarse exige aprender nuevas competencias, habilidades y actitudes. Reinventarse, como todo lo que merece la pena, lleva esfuerzo, resiliencia y paciencia.

4. ADVERSIDAD. En la vida todos nos movemos por dos fuerzas: inspiración o desesperación.
Es posible que en más del 90% de los casos nos movamos por 'desesperación'. En el ser humano hay una tendencia grande a la inercia, la rutina y lo cómodo. Siempre es más fácil ser cobarde que ser valiente. Por eso, muchas veces la mejor alternativa es no tener alternativas, porque entonces ya sólo queda tirar para delante. Por ello, jamas debemos desaprovechar una buena crisis.

5. PROBLEMAS. La riqueza se logra resolviendo problemas.
Quienes aspiran a conquistar cotas altas no pueden esperar a que la vida sea fácil. Nunca lo es. Problemas, problemas y más problemas. Y curiosamente lo que la mayor parte de la gente no quiere son problemas. Para ello es esencial aprender a mirar la realidad cara a cara. Sólo desde esa postura se puede encontrar una solución. Negar la realidad u ocultar los problemas no los resuelve. Y en todo el proceso es clave mantener la calma y la serenidad para poder pensar con claridad y actuar con eficacia.

6. ACTITUD. La actitud que tomes con la vida es la que la vida tomará contigo.
Las personas de éxito no son infalibles pero sí saben interpretar todo lo que les ocurre de manera positiva. Cómo interpretas, afrontas y reaccionas a todo lo que te sucede, especialmente los momentos difíciles (fracaso, derrota, error, adversidad...), es un buen indicador de tu potencial y va a determinar en buena medida la altura de tu éxito. Porque la vida no es de color de rosa, pero puedes convertir cualquier circunstancia en una fuente de aprendizaje si tienes la actitud correcta. Nuestra actitud es una de las pocas cosas sobre las que tenemos control, así que merece la pena que sea la adecuada. Una actitud es una respuesta, se elige.

7. PENSAR. Pensar es el trabajo más difícil que existe.
Quizás por sea esa la razón por la que hay tan pocas personas que lo practiquen. Las personas que más valor aportan dedican tiempo en sus agendas a pensar y así poder re-ajustar, re-diseñar, re-enfocar, re-estructurar y re-orientar con sentido. Dedicar tiempo a pensar te hace ganar claridad, y con esa claridad es más fácil hacer mejor las cosas. Y el tiempo de confinamiento ha sido un buen momento para ello.

8. GRATITUD. El único estado mental que te permite atraer mejores cosas es la gratitud.
En la vida no siempre todo marcha como a uno le gustaría (y la pandemia ha vuelto el mundo del revés), y ahí es dónde sale a la luz la auténtica naturaleza humana. La gestión de la adversidad y los momentos difíciles, con serenidad o desconcierto e ingratitud, desvelan quiénes somos. Porque una cosa es que algo no sea de nuestro agrado, y otra olvidar todo lo que tenemos a nuestro alcance, que es mucho.
Vivir en España es de auténticos privilegiados. Ningún país es perfecto (como ningún trabajo, pareja, ni nada...) pero basta conocer ciertas realidades internacionales para saber que en España es uno de los países con mejor calidad de vida: infraestructuras, sistema sanitario, comida, playas, temperaturas, carácter y otras muchas cosas más. Con frecuencia somos adictos a la queja. Todos nos podemos quejar de algo. No hay que negar los problemas pero es importante no negar lo bueno que hay en nuestra vida. Cuando alimentas la gratitud, desactivas la negatividad de tu vida. La gratitud es en sí misma una forma de abundancia.

9. AHORRO E INGRESOS PASIVOS. Riqueza no es lo que ganas; riqueza es lo que conservas.
Si ingresas mucho, pero gastas igual (o más endeudándote) tu riqueza es cero (o negativa). El ahorro cumple su función y 'nos salva' cuando aparecen momentos difíciles, y existe precisamente para eso, para solventar esos periodos con soltura. El ahorro es necesario, porque siempre aparecen imprevistos: enfermedades, accidentes, dificultades, falta de cobros, o lo que sea. Como señala Warren Buffett: «No ahorres lo que te queda después de gastar; gasta lo que te quede después de ahorrar». Además, no sólo hay que tener ahorros (que se pueden agotar si hay que tirar de ellos) sino que más inteligente es tener activos que generen ingresos pasivos (que no dependan del trabajo y la presencia física).

Nueve palabras y acciones clave para superar cualquier crisis, con corona(virus) o sin corona: creatividad, cambio, reinvención, adversidad, problemas, actitud, pensamiento, gratitud y ahorro. Porque la solución global a esta crisis merece mucho consenso, pero la solución individual depende de nosotros mismos. Y no habrá una solución global sino ponemos cada uno nuestro grano de arena.


lunes, 6 de julio de 2020

Teorías conspiranoicas en tiempo de la COVID-19: the never ending story



No falla. Siempre regresa la misma historia. Es como un dejá vu… Porque siempre que hay una tragedia nacional o internacional, brotan las teorías conspiranoicas que atribuyen el origen de los acontecimientos a oscuros enigmas o personajes, habitualmente con el ocaso de un ciclo para el ser humano (y para la especie) y con oscuras tergiversaciones de lucrativa economía. La pandemia de la COVID-19, que ha azotado a todo el globo, no ha sido menos. Y no han perdido el tiempo… los unos y los otros. 

Pero antes de analizar estos bulos conspiranoicos, vale la pena responder a algunas preguntas: ¿Por qué somos tan adictos a las teorías conspiranoicas ? ¿Nos han atraído de la misma forma a lo largo de la Historia? 

El libro “Uniendo los puntos" (de Clara de Inocencio, JanWillem van Prooijen y Karen M. Douglas) indaga en ello y explica que la creencia en planes secretos y otras historias típicas de tabloides se deben a una distorsión del proceso cognitivo que permite al ser humano identificar patrones. Una habilidad que ha sido clave para nuestra supervivencia como especie - beber agua quita la sed, el semáforo rojo significa que hay que parar, etc. -, pero que a veces también nos lleva a intuir un patrón donde sólo hay estímulos caóticos o generados aleatoriamente. En otras palabras: descartamos que algunos fenómenos se producen al azar y preferimos pensar que en la sombra hay alguien manejando los hilos. Según los autores del libro, las teorías de la conspiración ofrecen una explicación sencilla de la realidad y ayudan a restaurar una cierta sensación de control y predictibilidad. 

Los conspiracionistas, auténticos “believers” de lo subterráneo y lo paranormal, son a la sociedad lo que los populistas a la política: están por todas partes... y más vale verles venir de frente. Según el ensayo “Republic of Lies” de Anna Merlan, donde analiza “la ecosfera de la sospecha", sostiene que el pensamiento conspiranoico tiende a florecer en tiempos de mucha agitación social, cuando cualquier agarradera es buena para no ser arrastrado por la incertidumbre. Consecuencia: los bulos ya tienen más público que nunca. Y las redes sociales y cualquier medio de comunicación son el perfecto caldo de cultivo (y sin barbecho). Pero con un pequeño pero (que es enorme): los avances tecnológicos han aumentado la complejidad de nuestra realidad diaria, que es instantánea y donde cualquiera puede “producir” información (de calidad formal y ética muy variable). Con ello estamos más (sobre)expuestos a información (de hecho, estamos “infoxicados”) sobre eventos sociales, económicos, científicos y políticos, pero la mayoría de nosotros sólo tiene un conocimiento superficial del mundo en el que vivimos y de los temas que preocupan. Ni se profundiza ni se reflexiona sobre esos aspectos de los que todo el mundo habla, la inmediatez solo da para opinar rápido, donde el “zasca” es lo que más “likes” y “followers” consigue (Twitter dixit). 

La mayoría de las teorías de la conspiración proporcionan un culpable, y eso tiene un poderoso atractivo emocional para muchas personas. Las teorías de la conspiración ofrecen una explicación de la realidad que es sencilla y comprensible, y aunque estén basadas en ideas erróneas ayuda a las personas a restaurar una cierta sensación de control y predictibilidad sobre sus vidas

La Historia reconoce varias edades de oro en las teorías conspiranoicas: la primera edad de oro de la conspiración comienza con el asesinato del presidente Kennedy; la segunda, con la llegada del hombre a la Luna; y, quizás la tercera y estrella de la conspiración es el 11-S. Ése es el punto de inflexión. Aquí la desconfianza entre el poder y su autoridad alcanza su clímax y el caos de la conspiración total es un agujero negro que todo lo devora, como Saturno a sus hijos. 

Pero son muchos las conspiraciones que hemos vivido ya: el Nuevo Orden Mundial; el ocultamiento extraterrestre; el que Elvis Presley hubiera fingido su muerte o el que Paul McCartney es en realidad un doble, pues el real Paul murió en 1966; las muy variadas teorías conspiranoicas sobre la Bíblia; el triángulo de las Bermudas; las profecías de Nostradamus; el experimento Filadelfia; los caballeros templarios, los cátaros y el Santo Grial; la conspiración judeo-masónica-comunista-internacional; los Illuminati; la teoría de la falsedad del Holocausto (vaya por Dios, menos mal que “solo” fueron 20 millones de víctimas); los chemtrails (abreviatura de chemical trail o estela química en el aire) que se han convertido en los equivalentes contemporáneos de los Illuminati y Los sabios de Sión es porque han conseguido proyectarse a lo bestia desde las redes sociales. Uno de los bulos que más fuerte ha pegado en la red últimamente es el de su origen en las redes 5G, tanto que incluso ha provocado que decenas de ciudadanos hayan atacado a las torres con estas antenas 5G. 

Las teorías de la conspiración han encontrado su ecosistema digital en las redes sociales, desde el que se desarrollan y multiplican su efecto, según profundiza sobre ello el columnista de The Times, David Aaronovitch, es su libro “Voodoo Histories. The role of the conspiracy theory in shaping modern history” publicado en 2009. Y donde no es ajeno a decir que los periodistas y los medios han contribuido a ese estado mental, pues muchos temas que eran tabú, friquismo puro, han saltado a la prensa (bueno, más bien a la prensa “amarillista”). 

Pero, ¿qué se sabe hasta ahora sobre el origen del coronavirus? Una primera investigación sobre el origen de esta enfermedad, publicada en la revista The Lancet, determinó que se trataba de un nuevo tipo de virus, de la familia Coronavidae, emparentado con el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) y con el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) pero que no es igual a ninguno de ellos. El punto común de los primeros casos de nuevo coronavirus fue el mercado de la ciudad china de Wuhan, en la provincia de Hubei: ese fue el epicentro de la crisis sanitaria declarada a nivel mundial. El mercado de Wuhan se trata de un mercado de animales, de ahí la importancia de averiguar desde qué animal 'dio el salto' el coronavirus para infectar a los humanos: y la principal sospecha es el murciélago, pues parece que se ya se ha descartado el pangolín. 

Y he aquí las tres principales teorías conspiranoicas en tiempos de la COVID-19: 

1) El coronavirus son las torres 5G. 
Una de las teorías más apoyadas es que el origen del SARS-CoV-2 se encuentra en las redes 5G. Probablemente habrá oído que el 5G va a marcar un antes y un después en la sociedad de la información: ofrece velocidades de conexión mucho más alta y abre un abanico casi infinito de posibilidades telemáticas. No opinan lo mismo quienes consideran que la enfermedad COVID-19 no es un virus en absoluto, sino el efecto de las torres 5G, que se introdujeron por primera vez en 2019. Algunos famosos han contribuido a extender esta disparatada teoría: la cantante Keri Hilson, el futbolista David Icke, el cantante Miguel Bosé, el político nigeriano Femi Fani Kayode, el escritor Jeremy Stone. Según esta tesis, Bill Gates también es protagonista y tiene un plan perverso para desarrollar una "vacuna" que consiste en un chip con capacidad de monitorear nuestros movimientos. 

2) El SARS-CoV-2 fue creado en un laboratorio. 
El 9 de marzo, el expresidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, declaró al COVID-19 una arma biológica en un tweet que incluía una carta escrita a António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, en la que mostraba sus sospechas sobre el nuevo virus. A medida que la teoría ganó fuerza, algunos usuarios de Internet llegaron a afirmar que Bill Gates (otra vez el magnate de Microsoft) había participado en la síntesis del virus "cultivado en laboratorio", y la conspiración afirmaba que tal brote podría significar un gran negocio para la Fundación Bill y Melinda Gates (a pesar de que la fundación ha prometido millones para combatir el brote de COVID-19 y que lleva muchos años dedicada a reequilibrar oportunidades en salud y educación a nivel local, especialmente en las regiones menos favorecidas, razón por la cual se le galardonó con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2006). Pero los hechos no sirven de nada, frente a un buena teoría conspiranoica. 
La historia ha circulado hasta tal punto que se ha llevado a cabo un estudio real para probar el origen natural del SARS-CoV-2: el estudio, publicado en la revista Nature Medicine, señala que dos características clave en el patógeno SARS-CoV-2 descartan la intervención de laboratorio en su desarrollo. Pero no servirá de nada… frente a los tweets y retweets de esta teoría. 

3) El coronavirus lo trajeron los extraterrestres. 
Existe una teoría que apunta que la vida que habita en planetas desconocidos podría llegar a la Tierra a través de un meteorito. El profesor Chandra Wickramasinghe, del Centro de Astrobiología de Buckingham, afirmó a principios de este año que una bola de fuego que cayó en el norte de China en octubre pasado es la fuente más probable de SARS-CoV-2. 
Las similitudes de SARS-CoV-2 con SARS y MERS son una vez más evidencia de que esta teoría no tiene pies ni cabeza, ya que es absolutamente improbable que un virus extraterrestre evolucione exactamente de la misma manera que los patógenos transmitidos en la Tierra. Y de aquellos otros dos no dijeron nada en su momento… 

Así que en esta pandemia de la COVID-19 también vale aquello de envía tu teoría conspiranoica, que algo siempre queda. Aunque sea confusión, que no ayuda a nadie, pero a los difusores da relevancia y a los seguidores una aparente seguridad ante las situaciones difíciles. Nada nuevo sobre la faz de la Tierra, porque ya hemos visto que es “the never ending story”. 

Mas nos vale en la COVID-19 enfocarnos hacia lo importante y ser coherentes en todo momento (algo que ha brillado por su ausencia a nivel político en estos meses). Porque queda mucho por hacer para recobrar nuestra vida normal, no la “nueva normalidad”, otra teoría conspiranoica que me pone de muy mal carácter… por cierto.

sábado, 4 de julio de 2020

Cine y Pediatría (547). “El indomable Will Hunting”, redimido por el perdón y el amor




Cuatro nombres habituales en Cine y Pediatría se reunieron en el año 1997 para regalarnos una película icónica: el director Gus Van Sant y los actores Robin Williams, Matt Damon y Ben Affleck. Hablamos de una de esas películas que te enseñan a vivir y en las que permanecen sus diálogos y enseñanzas: El indomable Will Hunting

Gus Van Sant es uno de esos “enfants malades” del séptimo arte estadounidense, al que ya dedicamos hace mucho tiempo una entrada por su especial dedicación a la adolescencia en su cine:  desde Mi Idaho privado (1991), esa peculiar road movie en busca de la identidad (personal, sexual y familiar) de dos adolescentes hasta Paranoid Park (2007), pasando por El indomable Will Hunting (1997) y Descubriendo a Forrester (2000), con una hechura similar ambas, y la rompedora Elephant (2003), sobre la tragedia del instituto Columbine. Robin Williams ya es un habitual en Cine y Pediatría con icónicos personajes como el profesor John Keating en El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989), el crecidito Peter Pan de Hook (Steven Spielbert, 1991),  el famoso Dr. Hunter “Patch” Adams, promotor de la risoterapia, en Patch Adams (Tom Shadyac, 1998), o  el dickesiano Wizard de El triunfo de un sueño (Kirsten Sheridan, 2007).  Y también será en nuestra película de hoy Sean McGuire, ese profesor que le hizo cambiar la vida a nuestro protagonista de hoy (y posiblemente también a los espectadores). Y luego tenemos a la pareja de amigos conformada por Matt Damon y Ben Aflleck, quienes además de actores de esta película, son coguionistas (junto a William Goldman): Matt Damon ya fue el emprendedor Benjamin Mee de Un lugar para soñar (Cameron Crowe, 2011)  y Ben Affleck nos regaló su ópera prima en la dirección en el año 2007 con Adiós pequeña, adiós.  

En su momento, El increíble Will Hunting, obtuvo numerosos premios, entre ellos el Globo de Oro al mejor guión original, dos Oscar (guión original y actor secundario a Robin Williams) y Oso de Plata en el Festival de Berlín por la interpretación de Matt Damon. Y todo ello por una sencilla historia llena de sentido y sensibilidad, cuyos mensajes permanecen un cuarto de siglo después. Y varios son los motivos para revisar de nuevo esta película: 
- Por una historia que llega al alma desde el principio hasta el final, donde acompañaremos al joven Will Hunting (Matt Damon), de 20 años, durante una etapa de cambios en su vida, en la que tiene que luchar entre su rebeldía natural y su gran intelecto. 
- Por la relación entre sus personajes, todos aquellos con los que Will se encuentran en su camino, como su amigo Chukie (Ben Affleck), su novia Skylar (Minnie Driver), el profesor Gerard Lambeau (Stellan Skarsgard) y, especialmente, con el profesor Sean McGuire (Robin Williams). 
- Por las actuaciones totalmente creíbles, la de todos, pero especialmente el dúo Will/Matt Damon y Sean/Robin Williams, sendos ganadores de premios. 
- Por los profundos diálogos, de esos que te atrapan y que no puedes olvidar fácilmente, frases que se quedan en nuestra memoria y que nos llegan a algún lugar entre el cerebro y el corazón. 

Y destaco dos diálogos, tan largos como profundas. Frases inolvidables… 
- La conversación de Sean y Will en el parque: “Si te preguntara sobre arte, me darías una lista de libros. Miguel Angel, sabes mucho sobre él. Su trabajo, sus aspiraciones políticas, él y el Papa, sus preferencias sexuales, todo. Pero no puedes decirme a qué huele la Capilla Sixtina, nunca has estado ahí ni has visto ese hermoso techo, no lo has visto. Si te preguntara sobre mujeres me darías un compendio de tus favoritas. Quizá hasta te hayas acostado algunas veces, pero no puedes decirme lo que es despertar con una mujer y ser realmente feliz. Eres un chico rudo. Si preguntara sobre la guerra, me hablarías de Shakespeare "Una vez más a la brecha, queridos amigos..." Pero nunca has estado cerca de una, nunca has tenido la cabeza de tu mejor amigo en tu regazo agonizando y pidiéndote ayuda. Si te preguntara sobre el amor, citarías un soneto, pero nunca miraste a una mujer y te sentiste vulnerable. Ni has conocido a alguien que te absorbiera con los ojos. Como si Dios hubiera bajado un ángel sólo para ti, que pudiera rescatarte del infierno. Ni sabes qué se siente ser un ángel para ella. Tener ese amor por ella para siempre pasando por todo, pasando por el cáncer. No sabes qué es dormir en un hospital por dos meses sosteniendo su mano, y que los doctores sepan que no respetarás las horas de visita. No sabes lo que es una pérdida. Eso sólo pasa cuando amas algo más que a ti mismo. Dudo que hayas osado amar tanto a alguien. Te veo y no veo a un hombre inteligente y confiado. Veo a un chico arrogante y muerto de miedo. Pero eres un genio, Will; es indudable. Nadie podría entender tu complejidad. Pero crees saber todo sobre mí por ver mi pintura. Hiciste pedazos mi puta vida. Eres huérfano, ¿verdad? ¿Crees que sé lo dura que ha sido tu vida, cómo te sientes y quién eres, porque leí "Oliver Twist"? ¿Eso te define? Personalmente no, me importa una mierda, porque no hay nada que no pueda saber sobre ti que no pueda leer en un puto libro. A menos que quieras hablar sobre ti mismo sobre quién eres. Entonces estaré fascinado, lo aceptaré. Pero no quieres hacer eso, ¿verdad? Te aterra lo que puedas decir. Te toca, jefe”. 

- O la conversación de Will al rechazar el trabajo en la Agencia de Seguridad Nacional: "¿Por qué no debería trabajar para ustedes? Pregunta difícil, pero intentaré responderla... Imaginemos que empiezo a trabajar y me ponen un código sobre la mesa, uno con el que nadie puede. Yo intento descifrarlo y lo consigo, y me siento satisfecho porque he hecho bien mi trabajo, pero a lo mejor ese código era la situación de un ejército rebelde en el Norte de África y en cuanto han localizado su escondite bombardean el pueblo donde se esconden los rebeldes; mueren 500 personas a las que no conocía y con las que no tenía ningún problema. Luego los políticos dicen: "enviemos a los marines para asegurar el área", aunque les importa una mierda, no serán sus hijos los que vayan a morir, los suyos tienen recomendación y se pegan la vida padre en la Guardia Nacional. Será un chico de Southie al que le llenaran el culo de metralla, y cuando vuelva descubrirá que la planta en la que trabajaba ha sido trasladada al país del que acaba de volver, y el tipo que le llenó el culo de metralla le ha quitado el trabajo porque lo hará por 15 centavos al día y sin pausas para mear. Luego el chico comprende que el único motivo por el que le enviaron allí fue para instaurar un gobierno que nos vendería el petróleo a buen precio. Y las compañías petrolíferas han aprovechado el conflicto para disparar los precios de la gasolina, lo que supone un hermoso beneficio para ellas, de modo que a mi colega no le ha servido de nada, así que se toman su tiempo para traer el petróleo nuevo y se toman la libertad de contratar a un capitán mercante borracho al que les gusta darle al Martini y hacer eslalon entre icebergs. A medio camino choca con uno, derrama el petróleo y se carga la fauna del Atlántico Norte. Mi colega está en el paro, no puede pagar la gasolina, va andando a buscar empleo y eso le putea, porque la metralla del culo le ha provocado hemorroides y está muerto de hambre, porque cuando va a comer el único plato del día que sirven es pescado del Atlántico Norte al aceite de motor. ¿Que qué me parece? Creo que puedo montármelo mejor. Pienso, ¡qué coño!, ya puestos, ¿por qué no me cargo a mi colega? Le quito su trabajo, se lo doy a su enemigo, subo la gasolina, bombardeo un pueblo, mato a una foca a golpes, fumo maría y me apunto a la Guardia Nacional. Podría llegar a presidente...". 

Está claro que si has visto la película, recordarás estos momentos. Y está claro que si no la has visto, harás lo posible por buscarla y disfrutar de ella y sus enseñanzas. Porque esta es la historia de Will, un chico superdotado desadaptado a la sociedad. Un mago de las matemáticas, que conoce casi todos los datos de la historia, el derecho y el arte, pero que tiene la arrogancia indomable de quien comienza a vivir. Y se encuentra con otro genio, Sean, quien ya lo ha vivido (y sufrido) casi todo. Y este tour de forcé interpretativo de dos personajes inolvidables en el cine es lo que hace de El indomable Will Hunting una película para prescribir en la educación en valores a nuestro hijos, nuestros alumnos, nuestros pacientes. 

Porque Will, cuando descubren su talento por parte de los académicos, tendrá la aparente obligación de elegir entre seguir con su vida de siempre - un trabajo fácil, buenos amigos, muchas cervezas y alguna bronca - o aprovechar sus grandes cualidades intelectuales en alguna universidad de prestigio (Harvard, MIT). Y solo los consejos de un solitario y bohemio profesor lw ayudarán a decidirse, a superar su pasado (un chico huérfano que pasó por diversas casas de acogida y que fue maltratado por algún padre adoptivo) y que estudia (y sabe de todo) por diversión, sin fin para mejorar su status. Indomable y autodestructivo por su aparente libertad, quien le llega a confesar a Skylar: “No sé cómo te funciona la mente”

Indomable frente a su mentor, el profesor Gerald Lambeau, frente a su consejero, el profesor Sean McGuire,  su amiga y novia Skylar, y frente a su panda de amigos. Es su mecanismo de defensa contra todo y contra todos. Hasta que Sean le repite varias veces: “No es culpa tuya” y entonces Will logra llorar y abrazarle: “¡Dios mío, lo siento mucho! ¡Dios mío!”, francamente emotivo y sanador. Y la despedida de Sean: “Buena suerte, hijo”

Y ese final con Will en coche rumbo a esa carretera con rumbo a su corazón, al que ha logrado domar y con ello redirigir su vida a través de su perdón y el amor.