sábado, 7 de agosto de 2021

Cine y Pediatría (604). Cine quinqui (I): José Antonio de la Loma

 

En la década de los 60 y 70 en España se produjo una amplia emigración del campo a la ciudad y, como consecuencia, se crearon muchos barrios periféricos que fueron núcleos de pobreza y marginalidad. Junto con el paro juvenil y la llegada de la heroína se creó un caldo de cultivo perfecto para el auge de la delincuencia, incluyendo aquí a niños y adolescentes. Una generación maldita que pasaría a la historia en aquella época de emigración, miseria y posterior transición. Y alrededor de este contexto histórico de nuestro país nació el cine quinqui, ese subgénero cinematográfico que narra las vivencias y las aventuras de jóvenes delincuentes de estrato social muy bajo y que han alcanzado la fama por los delitos cometidos. Decir que el término quinqui deriva de la palabra quincallería, que significa trabajar con metales baratos. 

El cine quinqui se hizo muy popular en España a finales de la década de 1970 y tuvo una década de recorrido, cuando alcanzó su máximo esplendor debido a la gran inseguridad ciudadana que vivía el país en aquella época, por lo que se rodaron numerosas películas y sagas, una gran mayoría a cargo de dos directores: José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia. Y de ambos hablaremos en Cine y Pediatría. Y hoy dedicamos este post a José Antonio de la Loma, quien se considera el padre del cine quinqui con su película Perros callejeros (1977), y donde introduce elementos de denuncia social dirigiendo los dardos a las instancias oficiales, a las leyes y a los pocos recursos económicos invertidos en la protección de menores y ayudar a su reinserción. Películas donde es difícil separar a los actores de sus protagonistas en la vida real, como fueron "El Torete", "El Vaquilla" o "El Jaro", y cuyo recorrido en la vida no fue mejor que el de sus personajes en la ficción: Ángel Fernández Francos ("El Torete") murió a los 31 años por el sida, Juan José Moreno Cuenca ("El Vaquilla") murió a los 42 años víctima de cirrosis, José Luis Manzano ("El Jaro)" falleció a los 29 años por una sobredosis de heroína y otras drogas. Estos directores fueron criticados por recurrir a estos actores no profesionales (los dos primeros unidos a José Antonio de la Loma, el tercero a Eloy de la Iglesia) con un cierto sentido de reinserción social (lo cual no consiguieron), pero al menos es justo decir que daban un punto de veracidad. 

Perros callejeros comienza con esta simbólica voz en off, mientras se nos muestra Barcelona: “Esto es lo que suele llamarse una gran ciudad. Tiene sus anchas avenidas, sus casas señoriales, sus míticos monumentos y sus problemas. Uno de esos problemas es el de la delincuencia juvenil y, dentro de ella, un reducido grupo de menores – entre los 12 y 16 años – lanzados a una vertiginosa carrera de delitos hasta hace poco exclusivos de los malhechores más veteranos. Miles de coches robados y estrellados, asaltos a tiendas, robos de armas, atracos a parkings, gasolineras, incluso a bancos”. Nos cuenta la historia de Ángel Fernández Franco, un joven delincuente del barrio de La Mina de Barcelona, que en realidad respondía al seudónimo de "El trompetilla", pero que fue rebautizado como "El Torete" para la película. Aunque lo cierto es que interpretaba el personaje de otro delincuente, Juan José Moreno Cuenca, "El Vaquilla", que en aquel momento estaba en la cárcel. 

El éxito de esta película implicó la filmación de Perros callejeros II: Busca y captura (1979), donde se mantienen las persecuciones de "El Torete" por Barcelona y alrededores, con la estética setentera, su particular música y formas de vestir, las discotecas y coches de la época, las escenas de destape (valientes para la época, quizás por razones de guión), algunas desagradables escenas violentas y la cárcel Modelo de Barcelona. “Es que si no roba, no es feliz”, llegan a decir de un quinqui. La saga finalizaría con Perros callejeros III: Los últimos golpes de El Torete (1980), una parte fallida y prescindible, pues en realidad "El Torete" tuvo que resucitar para ello, pues éste ya había fallecido en la segunda parte. Y tal fue la moda, que también hubo una versión femenina con Perras callejeras (1985), cuya protagonista, Sonia Martínez, quien fuera una presentadora de programas infantiles, pero quien no siguió mejor estela que sus compañeros actores del cine quinqui, pues falleció a los 30 años por los problemas derivados del sida. 

La otra película relevante de la filmografía de José Antonio de la Loma fue Yo, El Vaquilla (1985), que narra la historia de Juan José Moreno Cuenca - que finalmente pudo interpretarse a sí mismo -, quien con 23 años se encuentra preso en el penal Ocaña 1 de Toledo. Y así comienza la película: “Soy Juan José Moreno Cuenca, aunque todos me llaman Vaca o Vaquilla. Ya lo ven, nací a este otro lado de la sociedad y nunca pude, o nunca supe, pasar al otro. Ahora me he propuesto hacerlo y sé que no será fácil. Mi mayor enemigo fue esa fama que me fue envolviendo desde niño hasta atarme de pies y manos. Hoy me piden que cuente mi vida. De acuerdo, puede ser una oportunidad. Para mí, quizás acaba por conocerme; para ustedes, tal vez empiecen a comprender quién diablos es ese sujeto del que tanto hablan sin saber por qué”. No era justo que "El Vaquilla" se hiciera tan famoso en el cine interpretado por otra persona, por lo que José Antonio de la Loma quiso contar con él para que interpretara su propia vida. Efectivamente sus dotes interpretativas dejaban mucho que desear y la película no tuvo el mismo tirón que Perros Callejeros. De hecho, su papel en la historia lo interpretó Raúl García Losada y, además, contaron en la película con Ángel Fernández Franco, "El Torete", que en su día hizo de "El Vaquilla". Un lío de personajes, vamos. 

Finalizó nuestro director su recorrido por el cine quinqui con la película Tres días de libertad (1995), donde se nos narra ese permiso de tres días de un conocido delincuente, Juan “El Gato”, con una larga condena por cumplir. 

Y esta es la filmografía esencial de José Antonio de la Loma, el director barcelonés con el que se inició este peculiar subgénero de cine genuinamente español, conocido como cine quinqui. Porque “lo quinqui” se puso hasta de moda y también se convertiría en casi un subgénero musical, con canciones de grupos como Los Chichos o Los Chunguitos, de forma que algunas canciones formarían parte (y leitmotiv) de bandas sonoras de estas películas.

 

miércoles, 4 de agosto de 2021

Historias de adolescentes “de cine”

 

La adolescencia es una etapa fundamental en el desarrollo biológico y psicosocial de toda persona. Y como pediatras, que atendemos a la salud orgánica, emocional y social de la infancia y adolescencia, proponemos prescribir películas que ayuden a comprender la adolescencia y al adolescente dentro de sus ámbitos habituales (familias, amigos, centros educativos y sociedad). 

La "prescripción" de películas puede orientarse a los adolescentes a través de sus historias “de cine”, sabiendo que no solo consiste en prescribir, sino en prescribir bien a nuestros hijos adolescentes, a nuestros alumnos adolescentes, a nuestros pacientes adolescentes. Prescribir películas argumentales y revisarlas a través de una observación narrativa. 

En este blog ya son tres las referencias a esta especial relación entre cine y adolescencia, haciendo referencia a la utilidad del séptimo arte para abordar - con ciencia y conciencia, con emociones y reflexiones - esta especial etapa de la vida que el gran François Truffaut definió así: "La adolescencia es como un segundo parto. En el primero nace un niño y en el segundo, un hombre y o una mujer. Y siempre es doloroso". Estos post los titulamos así: 

En esta última compartíamos la conferencia de clausura del XXV Congreso de la Sociedad Española de Medicina del Adolescente (SEMA) que tuvo lugar en Pamplona el pasado 28 de mayo de 2021. Y como resultado de esa conferencia y congreso, se acaba de publicar en la revista Adolescere (revista científica de la SEMA) el artículo adjunto, donde “prescribimos” 101 historias de adolescentes, 101 historias “de cine” en 101 películas. 

Porque hay tantas películas con la adolescencia como protagonista que en este artículo “prescribimos” 101 películas como número simbólico para describir el ingente número de las mismas. Y hemos dividido estas películas en cuatro tramos temporales, sin otro valor que el de contextualizar cada film: a) Adolescencias en transición del blanco y negro al color; b) Adolescencias que despiden el siglo XX; c) Adolescencias que dan la bienvenida al siglo XXI; y d) Adolescencias de nuestra última década. 

Y es por ello que reivindicamos la adolescencia como un género cinematográfico. Y de esa reivindicación surge la oportunidad de ver el cine como una oportunidad para la docencia y la humanización en la práctica clínica. Porque algo así es el proyecto Cine y Pediatría, donde tras 10 libros publicados (con el 11 ya escrito y el 12 en marcha) aparecerán muchas más historias de adolescentes “de cine”.

lunes, 2 de agosto de 2021

Diez puntos (de amor) y un colofón (desesperado) de buenas prácticas clínicas en la publicación científica

 

El pasado 12 de julio se celebró la XV Jornada MEDES (MEDicina en ESpañol) alrededor de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense y bajo el título de “La circulación del conocimiento en español”. Tras el paréntesis del año pasado en que no se celebró esta jornada como consecuencia de la pandemia COVID-19, pudimos regresar al encuentro personal tan deseado de “ciencia, medicina y humanismo” que es emblema de Fundación Lilly, y al que sumamos el “sentido, sensibilidad y amistad” que esta reunión única en España. 

El encuentro contó con ponentes de calado que volcaron su experiencia desde instituciones tan prestigiosas como el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, la Biblioteca Nacional de Ciencias de la Salud, SciELO España, Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), y se contó con científicos investigadores y docentes, periodistas y divulgadores, blogueros e "influencers", traductores médico-sanitarios y terminólogos, y un largo etcétera de profesionales alrededor de la publicación biomédica. Y la jornada intensiva se desarrolló a través de tres mesas redondas o conversaciones: 
- Conversación 1. “La publicación científica hoy” 
- Conversación 2. “Divulgación y comunicación de la ciencia”
- Conversación 3. “Traducción y circulación del conocimiento entre lenguas”. 

Tuve la oportunidad de participar como ponente en la primera conversación, con la particularidad de ser el único ponente clínico de estas jornadas. Y era evidente que convenía que se tuviera una visión del estado de la publicación biomédica desde el “campo de batalla” del día a día de un hospital, centro de salud u otra institución sanitaria, allí donde la investigación (prolegómeno de la publicación científica) se realiza después de la prioritaria labor asistencial (ingresos, consultas externas, guardias, etc.) y de la cada vez más solicitada labor docente. Porque los clínicos sanitarios no tienen tiempo protegido para la investigación, tampoco becarios, y se investiga (y publica) robándole horas al día, al sueño y a la familia. Esta situación lleva enunciándose hace mucho tiempo, para que la ponderación de nuestro factor de impacto, índice H o cuartiles no se equipare a los investigadores básicos a la hora de optar puestos académicos o ayudas institucionales. Pero con escaso o nulo éxito…y conviene realizar un análisis DAFO con urgencia. 

Por ello, permitirme esbozar, cuál alter ego de Pablo Neruda, un resumen de las ideas de un clínico firmemente defensor de la docencia y la investigación en diez puntos (de amor) y un colofón (desesperado) de buenas prácticas clínicas en la publicación científica 

1.- El camino de la publicación científica es un camino de aprendizaje: antes, ahora y siempre. 

2.- A publicar se aprende publicando, como a intubar se aprende intubando. 

3.- El camino de la publicación científica va de menos a más. Por lo tanto, la publicación de notas clínicas precede (y debe preceder) a los originales, y las casuísticas preceden (y deben preceder) a los ensayos clínicos. 

4.- Es cierto que hay que publicar mejor, lo que no necesariamente tiene que ir asociado a publicar menos (aunque, generalmente, menos es más). 

5.- El camino de la publicación científica de calidad en inglés es más que razonable que vaya precedido de la publicación científica de calidad en español. 

6.- Para publicar en español es preciso que sobrevivan un mínimo de revistas biomédicas de calidad en español en cada especialidad: todos lo celebraremos…, antes de que sea demasiado tarde. 

7.- Los métodos de evaluación de la calidad de los investigadores (para la universidad o fondos de investigación) debe buscar alternativas para respetar la publicación en español. Porque de no hacerlo, construiremos el camino perfecto para morir de éxito (y no está el horno para bollos en el ánimo de los profesionales en los hospitales y universidades). 

8.- Los residentes en formación (y quizás todos) deben aprender (y debemos enseñarles) que por delante del impacto (de una revista) está la calidad (científica) y la importancia (clínica) de la investigación que se aborda. 

9.- Son conocidas las dos enfermedades asociadas al factor de impacto: la “impactolatría” (muy unida a los sexenios) y la “impactofobia” (muy unida a los bajos perfiles). Pero es tal el desapego a este tinglado (si Eugene Garfield levantara la cabeza…) por parte de los residentes y adjuntos millennials, que ha aparecido el “impacto¿qué?”. 

10.- Los clínicos somos clave para la investigación biomédica, pero cabe no olvidar que investigar en este ámbito es bastante más complicado que hacerlo en el ámbito de los básicos. Estamos afónicos de solicitar distintos métodos de evaluación y valoración. 

Y un colofón desesperado.- Si ANECA sigue haciendo oídos sordos al punto 10, cada vez se hará más patente la frustración y desánimo ya presentes en hospitales y otras instituciones asistenciales, y los departamentos universitarios (y, por ende, los estudiantes) lo acabarán pagando caro. Aviso a navegantes… 

Gracias a Pablo Neruda. Y a vosotros por atender a esta lectura. 

En este vídeo se puede revisar la Jornada MEDES 2021 al completo.