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sábado, 31 de julio de 2021

Cine y Pediatría (603). “Juramento hipocrático”, primero no dañar

 

La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos más frecuentes y que, desde tiempos remotos, se ha denominado como “morbus sacer” (enfermedad sagrada). Se caracteriza por la aparición de una descarga sincrónica y excesiva de un grupo de neuronas que se manifiesta como crisis espontáneas y recurrentes que pueden cursar con sintomatología motriz, sensorial, cognitiva o psicológica. Existen muchas creencias erróneas que vinculan la epilepsia con posesión divina o demoníaca, genialidad, locura o delincuencia, falsas creencias en las que el cine y la televisión no han sido ajenos en su perpetuación. Porque así como la literatura ha presentado de forma bastante realista la epilepsia, no ha ocurrido lo mismo en la pantalla, quien más bien ha perpetuado falsas creencias o imágenes estereotipadas. 

En el cine (bien sean películas para la gran pantalla o para la pequeña pantalla) la epilepsia suele ser un hecho circunstancial de algún personaje, infrecuentemente un tema central y donde la crisis epiléptica suele ser secundaria a otra entidad. Algunos ejemplos son La amenaza de Andrómeda (Robert Wise, 1971), Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975), Drugstore cowboy (Gus van Sant, 1989), Una flor salvaje (Diane Keaton, 1991) o El exorcismo de Emily Rose (Scott Derrickson, 2005). En Cine y Pediatría también algunas películas ya publicadas han tenido a este protagonista circunstancial, como en Ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica, 1948),  Mi pie izquierdo (Jim Sheridan, 1989),  Más allá de las palabras (Anthony Fabian, 2013) o Brain on fire (Gerard Barrett, 2016).  

Pero hoy hablamos de una película bien diferente en este sentido, pues es una película absolutamente argumental alrededor de la epilepsia y con un mensaje muy marcado (y quizás algo sesgado) sobre la terapia conocida como dieta cetogénica. La película lleva por título Juramento hipocrático (Jim Abrahams, 1997), traducción del título original Fist Do No Harm, un guión basado en hechos reales. Y esta dramática histórica es dirigida por una atípico director para el caso, pues Jim Abrahams es conocido por sus alocadas comedias del tipo de Aterriza como puedas (1980), Top Secret! (1984), Ensalada de gemelas (1988) o Hot Shots, ¡La madre de todos los desmadres! (1991). Un cambio muy peculiar. Y este cambio tan drástico en su filmografía tiene una explicación: la historia se basa en la experiencia vivida por el director en su familia, quien experimentó en primera persona con la enfermedad de su hijo Charlie (y a raíz de esto nace la asociación americana Charlie Foundation). Porque cuando su hijo pequeño de 2 años, gracias a un nuevo método dietético, salvó su vida de una terrible enfermedad que le provocaba ataques epilépticos, el realizador deseó contar su experiencia para que otros pudieran salvarse: la cadena de televisión ABC le ofreció la oportunidad de realizar este telefilm, y para ello contó con la gran Meryl Streep para su gran interpretación de la madre del niño afectado. 

La película comienza con unos títulos de créditos iniciales donde se nos recuerda el Juramento hipocrático, prácticamente el mismo que Hipócrates redactara en el siglo V antes de Cristo y en el que se enumeran cuáles deben ser las obligaciones de los que ejercen la Medicina y cuya base es “no llevar otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”. Y así nos recuerda esta historia al principio: “Juro solemnemente que seré leal a la profesión de la Medicina y justo y generoso con mis pares, que daré indicaciones para el bien de mis pacientes de acuerdo a mis habilidades y juicio. Y, por sobre todas las cosas, jamás causaré daño”

Se nos presenta a la familia Reimuller, matrimonio feliz con tres hijos que viven en una casa de campo en Estados Unidos. Todo cambia tras las dos primeras crisis convulsivas del hijo menor, Robbie. Los primeros estudios y la explicación del neuropediatra: “El mejor modo de entender lo que es un episodio convulsivo es viéndolo como un cortocircuito en el cerebro de Robbie. Algo interfiere en el flujo eléctrico normal y todo se vuelve temporalmente caótico”. Un neuropediatra buen comunicador, quien les explica el por qué del resto de pruebas complementarias (electroencefalograma, TAC con contraste y punción lumbar) y del tratamiento antiepiléptico. Y cómo, ante el mal control de sus crisis de gran mal idiopático, se procede al cambio de medicación y su asociación, con los efectos secundarios a cada paso: primero fenobarbital, luego fenitoína, carbamazepina, ácido valproico. Y acaba entrando en un programa de uso compasivo y de toma de decisiones compartidas. Pero nada impida que Robbie tenga que lleva un casco de protección craneal para evitar los traumatismos por sus ataques epilépticos. 

Y pronto llegan los problemas con las aseguradoras y la falta de coberturas (inimaginable en España en nuestra sanidad pública universal, tan frecuente en Estados Unidos y demasiados países) y el primer aviso de embargo de la casa al no poder costear los gastos de ingreso y tratamiento del hijo. Y poco mejora con la escasa empatía de la neuropediatra responsable del nuevo centro hospitalario: “Voy a explicarles algo. Cuando el primer antiepiléptico falla, hay solo un 15% de probabilidad de que responda a alguna otra droga. Luego de eso, solo queda la cirugía. No esperen que esto sea fácil”. Y pasan los meses y no hay mejoría clínica, pero si una sucesión de efectos adversos a la medicación, como el estreñimiento pertinaz con hemorroides o un síndrome de Steven Johnson secundario a la carbamazepina. Y la reacción de la madre: “Ya no resisto… Aquí hay algo que está muy, muy mal aquí. Traigo a un hijo en busca de ayuda y lo único que hace es enfermarlo cada vez más. Le dan una droga, y luego necesita otra droga que le cure el efecto de la primera. Y luego otra droga para contrarrestar los efectos secundarios de la segunda. Y otra más, y otra más…y otra más. Y ya ha tenido urticaria, inflamación de ganglios, fiebre, estreñimiento, hemorroides, sangrado de encías, y todo el tiempo parece ebrio, un zombi, un trastornado. Y no es por su enfermedad. Es por el remedio de ustedes. Si Robbie no mejora, si termina en un hogar atado a una silla de ruedas, ¿qué me dirán entonces?, ¿que todo es una gran tragedia idiopática?”. Aún así, continúa la asociación de fármacos, ahora frente al status epiléptico: diazepam intravenoso y parahaldeído. Y el consejo de un doctor amigo de la familia: “En algo estamos todos de acuerdo: el tratamiento de las convulsiones en niños es más arte que ciencia”. 

Y a ello se suma las dudas sobre el futuro de su hijo, porque nadie se arriesga a un pronóstico que puede implicar retraso psicomotor, retraso mental o muerte. Y se asocia la angustia, la claudicación, el luchar y levantarse. Y es por ello que esta madre coraje se sumerge en las bibliotecas para estudiar los libros y revistas de Medicina sobre la epilepsia, y todo ello mientras suena una peculiar versión de la canción “Over the Rainbow”, el mítico leitmotiv de El mago de Oz (Victor Fleming, 1939). Y allí encuentra la dieta cetogénica del Dr. Samuel Livingston, desde el Hospital Johns Hopkins, tratamiento que él no invento, pero si fue quien en 1972 comunicó el resultado de la dieta administrada a 1.000 niños con epilepsia, comprobando que el 52% de ellos habían obtenido un control completo de las crisis y que en un 27% hubo una gran mejoría.  

Aún así, la doctora responsable de Robbie sigue considerando los resultados de la dieta cetogénica como anecdóticos y no basados en ensayos clínicos. Pero lo cierto es que nadie les informó de esta posibilidad terapéutica. Y es cuando recurren de nuevo a su amigo médico, quien realiza una contundente argumentación frente a la evidencia científica, argumentando que la misma ausencia de doble ciego que penaliza a un cambio de dieta, es la misma que existe (y no se considera) frente a los eventos adversos de los antiepilépticos o de la cirugía con electrocorticograma. Finalmente Robbie puede acceder a la dieta cetogénica y tiene una progresiva mejoría, y en ese camino aparecen sanitarios reales (incluido la dietista Ms. M. Kelly, mano derecha del Dr. Livingston). 

Y el final es muy made in USA, con un desfile del Día 4 de julio de nuevo bajo la melodía de “Over the Rainbow”, con esta conclusión de la historia: “Robbie Reimuller completó la dieta cetogénica y después de 3 tres años volvió a una dieta normal. Nunca volvió a tomar drogas antiepilépticas ni volvió a tener convulsiones”. Y a continuación se nos presenta que algunos de los actores esporádicos de esta película son en realidad todos ellos pacientes epilépticos curados con la dieta cetogénica. Y el colofón final: “Según la Fundación Epilepsia de América, hay más de 300.000 niños con trastornos convulsivos solo en Estados Unidos”. Y a continuación el contacto de la Fundación Charlie para la cura de la epilepsia infantil con dieta cetogénica. 

Es prudente que Juramento hipocrático sea vista con ponderación, para no distorsionar la realidad. Porque es una película muy promocional de la dieta cetogénica, pero este tratamiento no debe hacer sentir al espectador que sea una panacea. Por ello vale la pena realizar un colofón final con cuatro datos de la dieta cetogénica (DC) que proceden del texto editado por el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona:  
1) La DC se define como una dieta alta en lípidos, adecuada en proteínas y baja en hidratos de carbono que provoca cetosis, lo que minimiza los potenciales efectos secundarios sobre el crecimiento. 
2) La DC ha sido utilizada como tratamiento anticonvulsivo desde 1921; con la aparición de los fármacos antiepilépticos su uso disminuyó, pero en los últimos 20 años ha vuelto a resurgir como tratamiento de la epilepsia refractaria a medida que se demuestra mayor efectividad y conforme no se obtienen los resultados esperados con los nuevos antiepilépticos. 
3) Hasta el momento no se conoce el mecanismo de acción específico, pero se postula una acción a nivel de neurotransmisores que favorece la síntesis de glutamina, precursor esencial del GABA, neurotransmisor inhibitorio y un importante agente anticonvulsivo. 
4) En la actualidad, la DC se utiliza en más de 50 países, se indica de forma inicial en el déficit de GLUT-1 y en el déficit de piruvato dehidrogenasa, y debe considerarse como tratamiento de primera línea en los espasmos infantiles, las convulsiones mioclónicas, la esclerosis tuberosa, la epilepsia mioclónica-astática (síndrome de Doose), en el síndrome de Dravet, en el síndrome de Rett y en el síndrome de Lennox-Gastaut, los cuales son refractarios a la medicación antiepiléptica. No obstante, no debe ser un tratamiento de primera elección en otros síndromes convulsivos; se debe tener en cuenta cuando han fallado, al menos, dos fármacos anticonvulsivantes modernos. 

Y es así como Juramento hipocrático se nos presenta como una película argumental en relación con el conocimiento de la epilepsia, en general, y de la dieta cetogénica, en particular. Una película con mucha capacidad para las emociones y reflexiones, y con el mensaje clave de “primum non nocere”. Una rara avis en la descripción fidedigna de esta enfermedad tan maltratada por el séptimo arte.

 

lunes, 29 de octubre de 2018

Hablemos del Efecto Mozart


Quiero hoy compartir un sencillo (pero intenso) artículo de una amiga pediatra, a quien tuviera hace ya unos cuantos años como residente en el Hospital de San Juan: la Dra. Raquel Almendral, actualmente neuropediatra en el Hospital de Tomelloso. Ella sigue combinando el arte con la ciencia, algo no siempre comprendido. Y a ella se debe la creación de las Jornadas de Medicina organizadas por ASEMEYA (Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas) que se celebran en Alcázar de San Juan en los días alrededor de la fiesta de San Juan, en junio. En el año 2018 se celebraron las VIII Jornadas y hace un par de año tuve la oportunidad de participar y disfrutar de este evento. 

Y con estos antecedentes quiero compartir su artículo recientemente publicado en la revista Pediatría de Atención Primaria, bajo el título de "Mitos y realidades del efecto Mozart". Vale la pena leer el artículo completo a través del enlace adjunto. Pero permitirme destacar la esencia del mismo. 

A lo largo de la historia, la música ha sido utilizada para curar y estimular las emociones. Son varios los ejemplos, pero si apreciamos que comenzó a usarse como método terapéutico sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. Y en los últimos años se ha popularizado el uso de programas de escucha de música, específicamente de Mozart, justificando que cuando se escucha este tipo de música se ejerce sobre el cerebro efectos beneficiosos en algunas actividades cognitivas. La creciente oferta de servicios de estimulación o terapéuticos basados en la música requiere hacer un análisis serio de los beneficios reales para discriminar lo qué podemos y no podemos esperar de ella y si su uso puede influir en una mejoría del desarrollo cognitivo de los niños o no. Y de ello versa el artículo... 

Se analiza el efecto Mozart sobre el desarrollo intelectual y también sobre la epilepsia (también se valora en otros compositores, especialmente en Bach). Y destaca las propiedades de la Sonata para dos pianos K448 de Mozart. Y toda esta diatriba hizo que en 2010 investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad de Viena realizaran un metaanálisis sobre el efecto Mozart, sin encontrar cambios significativos en las habilidades cognitivas de las personas que habían escuchado a Mozart y concluyen: “Recomiendo a todos que escuchen música de Mozart, pero no se puede satisfacer la expectativa que de esta manera se logre un aumento de la capacidad cognitiva". Mientras llega la solución de los metanálisis y de la Cochrane (ya se sabe "ausencia de evidencia no significa evidencia de ausencia") disfrutemos de la magia musical del genio de Salzburgo, quien fue un superdotado que algunos atribuyen a su convivencia con un síndrome de Asperger, otros con un síndrome de Tourette, otros con nada, solo con su genialidad. 

Y os dejamos para su disfrute su Sonata para dos pianos K448 (que algunos llaman la "sonata antiepiléptica")...y si nos estimula el desarrollo intelectual, pues mejor. Lo dicho, la sensatez ante todo, también con la música (sea en el embarazo, la primera infancia o la vida adulta)... y especialmente para cuando alguien hace negocios de ello. 

Bien por la música, pero no por los paradigmas sin pruebas.

 

lunes, 26 de febrero de 2018

Ácido valproico: nuevas medidas para evitar la exposición durante el embarazo


La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha publicado recientemente una Nota Informativa para profesionales sanitarios, con unas Recomendaciones del Comité para la Evaluación de Riesgos en Farmacovigilancia Europeo (PRAC), en relación con el ácido valproico, incluyendo nuevas restricciones de uso y la introducción de un plan de prevención de embarazos para mujeres con capacidad de gestación. 

En la Nota se menciona un riesgo que ya conocíamos, de trastornos en el neurodesarrollo a largo plazo en niños nacidos de mujeres tratadas con ácido valproico (hasta en el 40% de los casos), así como el riesgo de malformaciones congénitas (en aproximadamente el 10% de los casos). 

Por tanto, dado que esta información puede ser de aplicación en vuestra práctica clínica diaria, hace unos días desde el ECEMC nos compartían esta información, que se puede consultar en este enlace adjunto. 

Las conclusiones finales del documento son: 
• En niñas y en mujeres con capacidad de gestación, no se debe utilizar ácido valproico, excepto que no se pueda utilizar otra alternativa terapéutica y se cumplan las condiciones del plan de prevención de embarazos. 
• En mujeres embarazadas no se debe utilizar ácido valproico en el trastorno bipolar. En caso de epilepsia solamente se podrá utilizar si no es posible otra alternativa terapéutica. 
• El plan de prevención de embarazos incluye la evaluación de la posibilidad de embarazo en todas las mujeres, y el entendimientoy aceptación por parte de la paciente de las condiciones del tratamiento (que incluyen el uso de métodos anticonceptivos,pruebas de embarazo regulares y consulta con el médico en el caso de planificar un embarazo o existencia del mismo). El tratamiento deberá revisarse al menos anualmente.

Ya comentamos en su momento el Propositus del ECEMC sobre "Tratamiento anticonvulsivante y gestación", y este documento amplía lo ya conocido.

miércoles, 18 de marzo de 2015

PROPOSITUS 53: Tratamiento anticonvulsivante y gestación


Los fármacos anticonvulsivantes, como su nombre indica se utilizan para prevenir y tratar las convulsiones, fundamentalmente producidas por la epilepsia. Sin embargo, como estos fármacos ejercen su actividad a través de los neurotransmisores y los canales iónicos, se ha ampliado su uso para controlar una gran variedad de patologías como el trastorno bipolar, dolor neuropático, trastorno de ansiedad generalizada y migraña. No obstante, su indicación principal es el control de la epilepsia, que no puede dejarse sin tratamiento sin poner en peligro la vida del paciente. Es por esta razón que la medicación anticonvulsivante debe mantenerse durante el embarazo

Este Propositus se centra en dos puntos: 1) por qué es necesario seguir el tratamiento anticonvulsivante durante el embarazo, y 2) cómo debe ser el tratamiento de las mujeres epilépticas que planifican un embarazo o ya están embarazadas. 

¿Por qué es necesario seguir el tratamiento anticonvulsivante? Porque las convulsiones pueden ser dañinas tanto para la madre como para el embrión y el feto. En la madre, un estado convulsivo sin tratamiento puede tener una alta tasa de mortalidad. Durante el embarazo, la frecuencia de las convulsiones disminuye en el 20%, aumenta en el 30%, y se mantiene sin cambios en el 50% de las mujeres que reciben tratamiento. El que persistan las convulsiones se atribuye a varias causas: efectos endocrinos de las hormonas de la gestación sobre el sistema nervioso central, cambios en la farmacocinética de los antiepilépticos y cambios en la medicación. 

¿Qué tratamiento deben seguir las madres gestantes epilépticas? Deben seguir un control médico multidisciplinar pautado entre el neurólogo y el obstetra y con unas recomendaciones claras que se exponen en el artículo. 

Más información en el archivo adjunto o bien en el enlace directo desde la web de Fundación 1000.

 
Ciac propositus 53 from Javier González de Dios

(Foto: Catedral de Santa María la Mayor. Sigüenza. Guadalajara. España)

martes, 3 de septiembre de 2013

Neo-Dividencias. Convulsiones neonatales: ni tan so, ni tan arre...


Es un tema recurrente en Neonatología, también en nuestra UCI Neonatal recientemente: el tratamiento de las convulsiones neonatales (CN), los múltiples protocolos (no coincidentes) y la irrupción de nuevas modalidades de tratamiento. 

Lo cierto es que el tratamiento de las CN en Neonatología no ha sufrido cambios significativos en los últimos 50 años, pese al desarrollo de nuevos tratamientos antiepilépticos en niños y adultos. Cabe recordar que sólo en los últimos 20 años, la USA Food and Drug Administration y la European Medicines Agency han aprobado 15 nuevos antiepilépticos en adultos, 7 para niños y ninguno para recién nacidos. 

Algunos aspectos actuales han reabierto el debate sobre estos aspectos, también en la reciente literatura (y de interés es un reciente monográfico en Seminars in Fetal and Neonatal Medicine). Entre ellos cabe citar la aparición de investigación sobre nuevos antiepilépticos en Neonatología (principalmente bumetanida, topiramato y, muy especialmente, levetiracetam) o el debate abierto, tras la mejor monitorización (con electroencefalograma de amplitud, vídeo-EEG, etc.), sobre qué CN tratar (clínicas y/o subclínicas), etc. 

Lo cierto es que ni la revisión sistemática Cochrane 2004, ni la guía de la World Health Organization de 2011, ni la reciente revisión sistemática de Slaughter y cols de 2013 pueden concluir otra cosa de que existe escasa evidencia para apoyar cualquier tipo de tratamiento antiepiléptico en el periodo neonatal. Es llamativo que en la RS Cochrane sólo se identifican dos ensayos clínicos aleatorizados (ECA) que utilicen adecuada metodología: uno sobre fenobarbital (de 1999) y otro sobre antiepilépticos de segunda línea (de 2004).

Pese al limitado número de estudios y la baja calidad metodológica, Slaughter y cols proponen un algoritmo (uno más) con una metodología peculiar: en él se plantea como primera línea de tratamiento es el clásico fenobarbital IV, pero en segunda línea de tratamiento proponen una triple posibilidad (levetiracetam, fenitoína o lidocaina) y en tercera línea, midazolam. Las dudas, que suscribo, sobre este algoritmo de tratamiento no se han hecho esperar en la literatura (ver Spangnoli y cols)y no sólo se limitan a la metodología de confección del mismo, sino a que tampoco se tiene en cuenta la diferencia de las CN en prematuros o en recién nacidos en tratamiento con hipotermia.

Los algoritmos son necesarios, pero también demasiado variables,... cuando no peligrosos. En el tema de las convulsiones neonatales todos recordamos el prioritario lugar que llegó a adquirir el ácido valproico hace pocos años. Y ahora, en el esquema de Slaughter y cols, no aparece este fármaco y se destaca el levetiracetam.
La conclusión es clara en ciencia, también en la vida: no es bueno ni parada de burro ni arrancada de caballo. O, dicho de otra manera, y tal como titulamos esta entrada: ni tan so (50 años sin cambios sustanciales en el campo de las CN se hace excesivo), ni tan arre (las modas no son buenas: hubo una época en que se prodigó el uso en segunda línea del ácido valproico y ahora parece que es el tiempo omnipresente del levetiracetam).

Por tanto, la propuesta no es nada nueva: la ciencia (y, posteriormente, los cambios en la práctica clínica) se deben fundamentar en bueno estudios, en este caso en buenos ECA adaptados a recién nacidos. Porque en el tema de fármacos y recién nacido ya planteamos hace años en el blog que estamos "demasiadas veces fuera de ficha técnica". No hay dudas de que se intuye la necesidad de buscar nuevas (y mejores) modalidades de tratamiento en las CN. Pero los cambios propuestos deben fundamentarse en buenos niveles de evidencia y los mejores grados de recomendación. Funcionar de otra forma, ya sabemos el resultado...

jueves, 12 de enero de 2012

Actualización del tratamiento de la epilepsia en niños y adultos (guía NICE)


La epilepsia, en todas sus diversas modalidades, afecta al 1% de la población pediátrica. No es, por tanto, una enfermedad (o mejor dicho, conjunto de enfermedades) infrecuente ni mucho menos y los pediatras debemos estar convenientemente actualizados sobre su tratamiento.

NICE ha actualizado sus recomendaciones sobre su tratamiento en niños, adolescentes y adultos. Más que de la actualización de una guía previa, podría decirse que se trata de la redacción de una nueva guía.

La referencia de la misma es la siguiente:

NICE clinical guideline 137. The epilepsies: the diagnosis and management of the epilepsies in adults and children in primary and secondary care. Issued: January 2012. Disponible en: http://guidance.nice.org.uk/CG137

Podemos acceder a su contenido de formas muy diversas. La puesta al día de la web de NICE ha supuesto poder consultar sus guías en otros formatos que antes no estaban siempre disponibles.

Dentro de las herramientas para su implementación, esta guía dispone de una presentación en power point que podeis consultar bajo estas líneas.

En suma, un nuevo y excelente trabajo de NICE. Os recomiendo que consulteis los "pathways", una forma rápida y eficiente de consultar la guía sin tener que recurrir a los tradicionales y en ocasiones poco prácticos pdfs.