miércoles, 30 de marzo de 2022

Refugiados de Ucrania: de nuevo, la guerra y la infancia

 

Un reciente artículo de El País titulado “Niños en la frontera ucrania: ni solos ni mal acompañados” pone el dedo en la llaga en un problema que se repite en todas las guerras. Porque en las guerras de los adultos es la infancia la que más pierde, en el presente y en el futuro. 

Desde el comienzo de la invasión rusa el pasado 24 de febrero, ha pasado poco más de un mes y ya la salida de más de 3,5 millones de refugiados desde Ucrania ha desbordado a los países de acogida, la mayoría mujeres y niños. Un paciente menor de 15 años ucraniano se ha convertido en refugiado casi cada segundo desde el comienzo, y ya han dejado atrás su vida 1,5 millones de niños y niñas, 75.000 al día, en un periplo incierto y en un futuro aún más oscuro. Lo calcula Unicef. Los países de acogida se han visto desbordados por esta crisis que no tiene precedentes en cuanto a velocidad y escala desde la Segunda Guerra Mundial. Y no ha hecho más que empezar. 

Además, los expertos saben por experiencia que este es el contexto idóneo para quienes tratan de aprovecharse de los más vulnerables. Porque en la confusión en los puntos fronterizos aumenta el riesgo de tráfico de personas. Y advierte la ONU que urgen medidas para garantizar la protección de la infancia. 

Y los pediatras de España debemos estar preparados para la mejor atención posible de estos niños y niñas de Ucrania que ya están con nosotros. He aquí algunos puntos de interés: 

- La población ucraniana en España era antes del conflicto de 112.000 personas, concentradas en Madrid, Cataluña y la zona de sur Levante (Alicante y Murcia) 

- En base a ello, se han organizado los Centros de Recepción, Acogida y Derivación (CREADE) en España en estas ciudades: Madrid, Barcelona, Alicante y Málaga. 

- Las funciones de lós CREADE son fundamentalmente tres: 1) Recepción y orientación inicial: recepción y asistencia inicial a las personas que llegan por distintos medios de transporte, para lo que disponen de alojamiento propio o plazas flexibles en localizaciones cercanas; 2) Atención y documentación: permite obtener, en menos de 24 horas, el documento de protección temporal por un año renovable, que habilita a trabajar y residir; y, además, se realiza un asesoramiento laboral; 3) Derivación: con la información de plazas disponibles, permitirá una derivación eficiente a las plazas más adecuadas en cada caso en el sistema estatal, en Comunidades Autónomas o en acogida familiar. 

Desde hace casi dos semanas, uno de estos CREADE se encuentra junto a nuestro Hospital General Universitario Dr. Balmis, y se ha puesto en marcha todo un sistema organizativo por parte de Cruz Roja y con el apoyo de los profesionales sanitarios del hospital. Y muchos estamentos han comenzado a organizarse para el mejor funcionamiento posible utilizando para ello el Hospital de Campaña, creado hace casi dos años para la pandemia del coronavirus. Y en este lugar tan próximo es donde estamos viviendo en primera línea el dolor de la guerra en los menos culpables y también en los más vulnerables. Y alrededor de 2/5 partes del total de refugiados son < 15 años y, por tanto, población que corresponde atender a la Pediatría en sus necesidades sanitarias y aspectos tan importantes como la posterior actualización de los calendarios vacunales. 

Os dejamos adjunto la Guía de actuación ante la llegada de desplazados a Ucrania del Ministerio de Sanidad. Y sirva este post para agradecer a los compañeros de mi Servicio de Pediatría por su apoyo continuado frente a las diferentes crisis (primero la del coronavirus y, sin terminar ésta, ahora la de refugiados, con la atención que abarca desde pacientes pediátricos sanos a oncológicos), y en su nombre al de todos los sanitarios que siguen adelante tras estos dos  años complicados. 

lunes, 28 de marzo de 2022

Unidad Docente Multiprofesional de Pediatría, la suma de MIR y EIR

 

La Unidad Docente se define como el conjunto de recursos personales y materiales, pertenecientes a los dispositivos asistenciales, docentes, de investigación o de cualquier otro carácter que, con independencia de su titularidad, se consideren necesarios para impartir formación reglada en especialidades en Ciencias de la Salud por el sistema de residencia, de acuerdo con lo establecido en los programas oficiales de las distintas especialidades. 

Cuando en febrero de 2008 se publica el RD 183/2008 de 8 de febrero por el que se determinan y clasifican las especialidades en Ciencias de la Salud y se desarrollan determinados aspectos del sistema de formación sanitaria especializada, se crea una nueva figura para la formación de especialidades multidisciplinares, la Unidad Docente Multiprofesional (o Multidisciplinar - UDM -). La UDM permite formarse en la misma unidad docente, a las especialidades que incidan en campos asistenciales afines, aunque se requiera para su acceso distinta titulación universitaria. En el caso de la especialidad de Pediatría, las UDM permiten la formación de médicos especialistas en Pediatría y sus áreas específicas y enfermeros especialistas en Enfermería Pediátrica. 

Dichas unidades deben cumplir los requisitos de acreditación comunes y los específicos de las especialidades que se formen en las mismas. La propuesta inicial de los requisitos de acreditación de las UDM-Pediatría fue redactada y publicada por la Comisión Técnica Delegada de Recursos Humanos el 30 de marzo de 2011. 

Las UDM deben contar necesariamente con: 
- Estructura y recursos necesarios para la adquisición de competencias establecidas en el programa formativo de cada especialidad. 
- Recursos para el apoyo a la investigación y acceso a la producción científica. 
- Dispositivos hospitalarios. 
- Dispositivos de Atención Primaria (centros de salud). 

Una vez constituidas, las UDM se deben someter a medidas de control de calidad y evaluación periódicas por la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud, con el fin de comprobar su adecuación a los requisitos generales de acreditación. 

El funcionamiento de las UDM, como su nombre indica, implica el trabajo conjunto de cada una de sus partes con el objetivo de planificar unos objetivos docentes uniformes, en algunos casos comunes, el seguimiento y la evaluación necesarios para la formación de cada uno de los residentes que de ella van a depender, tanto MIR como EIR. La formación, así entendida, es enriquecedora: la atención y el cuidado de la población infantil compartida por el equipo de profesionales pediatría/enfermería.

Es un nuevo reto y una oportunidad de mejora de la formación en Pediatría. La experiencia desde el Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante, actualmente con 6 MIR al año (en breve 7) y 2 EIR al año está siendo muy positiva tras caso dos años de funcionamiento. Y un ejemplo son las numerosas Sesiones docentes MIR y los actuales Talleres EIR, una combinación docente muy interesante y complementaria.  

sábado, 26 de marzo de 2022

Cine y Pediatría (637) ”Ghadi”, el ángel de muchas vidas

 

Una nueva filmografía llega a Cine y Pediatría: en esta ocasión desde Líbano. Y lo hace con una maravillosa película, muy apropiada para estas fechas. Pues esta misma semana acabamos de celebrar el Día Mundial del Síndrome de Down, una celebración instaurada en esta fecha por la característica genética del síndrome, su trisomía 21, en un juego con el 21 (por el día del mes y número del cromosoma implicado) y el 3 (número del mes y alusión a trisomía). Esta película libanesa lleva por título Ghadi (Amin Dora, 2013) y se suma a otros films de otras geografías sobre estas personas tan particulares que nos recuerdan que el mundo no va de cromosomas: la belga El octavo día (Jaco Van Dormael, 1996), las españolas León y Olvido (Xavier Bermúdez, 2004), Yo también (Álvaro Pastor y Antonio Naharro, 2009) y La historia de Jan (Bernardo Moll Otto, 2016), las estadounidenses Duo: La verdadera historia de un niño dotado con síndrome de Down (Alexandre Ginnsz, 1996) y El guardián de la memoria (Mick Jackson, 2008), la argentina Anita (Marcos Carnevale, 2009), la canadiense Café de Flore (Jean-Marc Vallée, 2011), la italiana Mi hermano persigue dinosaurios (Stefano Cipani, 2019), entre otras. 

Un tema universal que vuelve a homenajear a estas personas tan especiales, y lo hace con esta película especial, Ghadi, que nos traslada a las vidas de las personas que habitan en Mshakkal, un barrio cristiano humilde de Matroun, una población costera libanesa. Y con Leba y su voz en off como protagonista alrededor de esta fábula. Una historia que comienza con la propia infancia de Leba, un niño acosado por su tartamudez - a quien apodan como Tartaja -, quien prefiere observar y tomar notas escritas antes que hablar, mientras observa desde la ventana de su casa las historias de sus vecinos de barrio: el carnicero, el barbero, la prostituta, el policía, el tonto del pueblo, los culebrones de algunos matrimonios, el sacerdote, o San Elías, el patrón del pueblo. Y nos refiere: “Las historia cambian, pero el barrio no. Mi padre dice que ha sido así desde que mi abuelo era joven. Mismas historias, mismos problemas, mismos eventos, hasta los mismos nombres. Si gritas, Elías, medio barrio se da la vuelta. La otra mitad tiene variaciones del nombre. Todos se llaman igual que el patrón del pueblo”

Y su vida cambia cuando llega al pueblo el Sr. Fawzi, profesor de música, “y así, Mozart empezó a visitarnos cada noche”. Y la decisión de Leba (Georges Khabbaz): “Yo quería ser como él”. Y con el amor a la música, aumento su seguridad y disminuyó su tartamudeo. Pero el Sr. Fawzi se fue pronto a Beirut y pasó el tiempo: “Pasaron los días y yo crecí, pero no el barrio, Ni siquiera la gente crecía, como si insistieran en quedarse igual, incluso físicamente”. Y ahora él es el profesor de música, con la misma batuta que le regaló su añorado profesor, y fue su profesión el medio con el que enamoró a la novia de su infancia, Lara (Lara Matar): “Yo la conquistaba tocando el piano, y ella a mí, escuchando”. Y este matrimonio ya tienen dos hijas y está esperando un tercero, el niño. 

Y nos hace partícipes de la preocupación durante ese embarazo: “El médico nos dice que está creciendo muy despacio, que hay alguna anomalía. Puede que nazca con algún defecto, con alguna discapacidad… No sé si es mejor que nazca o que no nazca”. Y el Sr. Fawzi le aconseja: “Todo embarazo es una bendición. ¿Quién no está libre de discapacidades? ¿Tú no tienes ninguna? ¿Y tu mujer? ¿Los vecinos? ¡Todos tenemos! Leba, ponle nombre cuanto antes. Así tomará forma y existirá, y con un nombre se convertirá en persona. Y siendo persona, te resultará difícil hacerlo desaparecer, ¿lo entiendes?”. Qué alegato para el derecho de estos niños y niñas con trisomía 21 a nacer. Y el nombre, antes de nacer, fue Ghadi. 

Y así conocemos a Ghadi (Emmanuel Khairallah) y como buen síndrome de Down, fue el epicentro y “el regalo de la casa”. Y el conocido amor a la música de las personas con trisomía 21, todo un don. Pero el vecindario solo tenía pensamientos iniciales negativos: “Pobre Leba, solo un hijo varón y es retrasado… Debería meterlo en un centro en lugar de tenerlo aquí en el barrio”. Y en la ventana se pasa Ghadi buena parte del tiempo con su cántico particular, lo que vuelve irascibles a los vecinos, y entablan una denuncia legal ante las autoridades, incluso para echarles del barrio e internar al niño en un centro especial. Sufren los padres y las hermanas porque oyen decir que está endemoniado, aunque su padre dice que es “un ángel en la tierra”. Y Leba explica a sus hijas que no le quieren porque no le conocen como ellos. 

Y es así como Leba hace creer a todo el barrio que Ghadi es un ángel y que su sonido es porque se queja cada vez que alguien hace algo incorrecto. Y empiezan a generar “milagros” y comienzan las mujeres a rezar debajo de su ventana. Y es así como esta noticia corre como la pólvora por todo el pueblo y luego el país. Y comenzaron las donaciones y las peticiones al ángel, que el padre intentaba cumplir como podía, incluso pidiendo préstamos monetarios. 

Es por ello que Ghadi se convierte en una simpática fábula (con crítica social asociada), incluso cuando cuenta la verdad de que Ghadi no es un ángel, sino una persona normal. Y que todo esto lo hizo el padre y la familia para que le aceptaran en el barrio y no les obligaran a abandonar su hogar. Entonces es cuando los vecinos le dicen aquello de que “la historia es más grande que tú ahora, más que todos nosotros”. Y entonces recuerda la reflexión de su maestro de música: “¿Sabías que Mozart nació con un solo riñón? Dicen que tuvo un ataque al corazón. Vivió solo 34 años y mira lo que nos dejó. Si hubiera existido la ecografía en aquella época, nos habríamos perdido a Mozart. Te pido ahora que dejes que tu hijo recoja su testigo”. Y con la imagen final de esa ventana de contraventanas verdes sobre la fachada blanca recogemos el mensaje de esta simpática y luminosa fábula. 

Es esta película el primer largometraje de su director, Amin Dora, y logra algo complicado como es el equilibrio de estas historias para celebrar la vida y todas las vidas. Y lo hace con un estilo casi berlanguiano al presentarnos a los personajes de este barrio. Y todo ello sin pretender ser una historia moralizante, aunque nos regale el mensaje de que merece la pena apostar por los demás, también - e incluso más - por los que tienen capacidades diferentes. Y resuena el consejo del Sr. Fawzi: “No te interpongas, deja que tu hijo haga su papel”

Claro que es una historia poco creíble. Pero se ve con una sonrisa en la boca y con el sentimiento de que si miramos la realidad con otros ojos, entonces hay sitio para todos. Y Ghadi y tantos niños y niñas con síndrome de Down son los ángeles de muchas vidas y de muchas familias.