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sábado, 29 de abril de 2023

Cine y Pediatría (694) “Las nadadoras”, una historia digna de ser filmada para no morir en la orilla

 

En Oriente Medio y el Norte de África hubo en el año 2011 un estallido sin precedentes de protestas populares y exigencias de reformas. Comenzó en Túnez y, en cuestión de semanas, se extendió a Egipto, Yemen, Bahréin, Libia y Siria. Fueron derrocados líderes autoritarios que ostentaban el poder desde hacía mucho tiempo, como Hosni Mubarak en Egipto y Zin el Abidín Ben Alí en Túnez. Se le conoció como la Primavera Árabe y se albergó la esperanza de que instaurara nuevos gobiernos que traerían reformas políticas y justicia social. Pero la realidad fue muy diferente en cada país. En concreto, en Siria desencadenó el conflicto armado más sangriento de la región, que estalló como respuesta a la brutal represión del gobierno de Bachar al Asad a las protestas multitudinarias; se cometieron crímenes atroces a una escala masiva, y la mitad de la población fue desplazada. Y sigue siendo la norma que se reprima a quienes se atreven a alzar su voz por una sociedad más justa y abierta.

Un comienzo necesario para contextualizar esta reciente película con una historia basada en hechos reales: Las nadadoras (Sally El Hosaini, 2022), la historia del viaje milagroso realizado por las hermanas nadadoras Yusra (Nathalie Issa) y Sarah Mardini (Manal Issa), dos adolescentes de 17 y 19 años que huyeron como refugiadas de la Siria devastada por la guerra para vivir una nueva vida en Alemania, donde surgió la oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos de Río de 2016. Una película que comienza con la siguiente nota “2011, suburbio de Damasco, Siria”, donde se atisban ya en internet los primeros movimientos sociales de esta Primavera Árabe, aunque el padre de esta familia, entrenador de natación de sus hijas, aún mantiene sueños: “No eres una atleta de verdad si no piensas en los Juegos Olímpicos”

Enseguida la historia nos traslada a una Damasco que lleva sumida cuatro años en una guerra civil con continuos bombardeos (“2015, cuatro años más tarde”), una ciudad donde intentan llevar una vida normal entre soldados en las calles, aviones sobrevolando la ciudad, francotiradores, casas destruidas, apagones de luz y miedo. Y pintadas en árabe en los muros: “Vuestros aviones no pueden destruir nuestros sueños”. Allí donde el padre dice a Yusra, la menor de las hijas y en quien tiene volcadas sus mayores esperanzas de triunfo: “Concéntrate. En el agua, estás sola. Es tu lucha. Tu objetivo es ganar, no ser amable. Tienes una meta y debes alcanzarla. Céntrate en las cosas que puedes controlar. La salida. La hidrodinámica. El impulso en la pared. La respiración. Encuentra tu calle. Nada a tu meta”

Pero con el escalofrío de la escena de la bomba que cae en la piscina, comienzan a pensar también los padres que no hay futuro para sus hijas en Siria. Y planean la forma y trayecto para llegar a Europa, con la compañía de un primo. Y la escena de los distintos refugiados de diferentes países que quieren cruzar en lancha a Lesbos es desgarradora, y nos hace reflexionar sobre el sentido de la vida alrededor de los refugiados que huyen de su país en busca de una vida mejor o salvar la vida. Se siente la angustia a cada momento de la travesía… y entre las hermanas se dicen: “Sería absurdo que unas nadadoras murieran en el mar”. Y cuando llegan a la costa de Lesbos no pueden por menos que pensar: "No saben que en ese mar muere gente”. Y de ahí la aventura no es menos ardua para llegar a Alemania, a Berlín, pues ahora el riesgo no es el mar sino las fronteras y los traficantes de emigrantes que se aprovechan de ellos. 

En Berlín son acogidos como refugiados. El encuentro con un entrenador de natación, Sven (Matthias Schweighöfer) les cambia la vida, pues saca a las hermanas del centro de refugiados y les instala en las instalaciones de un centro deportivo. Solo Yusra se lanza a recuperar la forma física y los tiempos para intentar llegar a la Olimpiada de Río de Janeiro 2016, algo muy complicado por su situación. Pero no lo pueden hacer por Alemania ni por Siria, y aunque llega a decir “Nada ha salido como teníamos pensado”, si llegó a formar parte del equipo de Atletas Olímpicos Refugiados y consigue algo que no pudo realizar su entrenador. 

Y este colofón final: “El resto de la familia Mardini cruzó a Europa por mar ese mismo año. Ahora viven en Berlín. Sarah Mardini volvió a Lesbos para ayudar a los refugiados que llegan a la costa cada día. Yusra Mardini nadó en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Eligió competir en el Equipo Olímpico de Refugiados. Ahora es embajadora de buena voluntad en ACNUR y una voz para los refugiados en el mundo. En 2018, las autoridades griegas arrestaron a Sarah y sus compañeros por tráfico de personas, al ayudar a los refugiados en Lesbos. Según el Observatorio de Derechos Humanos, hubo “motivos políticos” y, según Amnistía Internacional, fue “injusto e infundado”. De ser condenada, le esperan 20 años de prisión. Desde 2011, 5,7 millones de sirios se han convertido en refugiados. Hay más de 30 millones de refugiados en el mundo. La mitad de ellos son menores de 18 años”. Queda todo dicho el por qué ver esta película. Y porque ha sido una historia digna de ser filmada, para después de tanto nadar, no morir en la playa.

 

lunes, 18 de abril de 2022

Recomendaciones de vacunación de la población pediátrica procedente de Ucrania

 

Se van a cumplir los dos meses de la invasión rusa a Ucrania (acaecida el 24 de febrero de 2022) y ya son casi 5 millones el número de refugiados ucranianos que han salido de su país. En estos momentos, la distribución de éstos por países viene encabezada por los colindantes: Polonia a la cabeza destacada con 2,7 millones, seguido de Rumanía (800.000), Rusia (480.000), Hungría (450.000), Moldavia (420.000) y Eslovaquia (330.000). 

El número actual de refugiados ucranianos que han llegado a España se estima que supera la cifra de 75.000, con un perfil claro: dos de cada tres son mujeres y uno de cada tres son menores de edad. De ahí el impacto sobre la atención pediátrica. Y en este sentido, el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP) ha publicado un documento de interés sobre “Recomendaciones de vacunación de las personas procedentes de Ucrania”, documento que compartimos debajo, pero del que se extraen algunas conclusiones clave: 

- El calendario vacunal ucraniano no contempla la vacunación frente a neumococo, meningococos, varicela y virus del papiloma humano. 

- Solo el 35 % de la población por encima de los 12 años habría completado la pauta vacunal de 2 dosis frente a la covid y los niños de 5 a 11 años no han sido vacunados. 

- Las mujeres embarazadas requieren una atención especial y asegurar las vacunaciones de tosferina, gripe y covid. 

- Y a ello se suma un hecho ya constatado tras su presencia con nosotros: el alto nivel en Ucrania de desconfianza y rechazo vacunal, lo que se viene constatando hace años y cuyas causas son varias (a las preocupaciones clásicas sobre la seguridad de las vacunas y la confiabilidad de las autoridades sanitarias y políticas, se suma la intensificación de la circulación de noticias falsas en los dos últimos años, aprovechando la crisis por la pandemia y la inestabilidad de la región). 

Este es un tema de suficiente calado en nuestra salud poblacional como para tenerlo presente. De las correctas pautas de vacunación de los niños y niñas ucranianos, también depende la salud de nuestra población infantojuvenil en España.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Refugiados de Ucrania: de nuevo, la guerra y la infancia

 

Un reciente artículo de El País titulado “Niños en la frontera ucrania: ni solos ni mal acompañados” pone el dedo en la llaga en un problema que se repite en todas las guerras. Porque en las guerras de los adultos es la infancia la que más pierde, en el presente y en el futuro. 

Desde el comienzo de la invasión rusa el pasado 24 de febrero, ha pasado poco más de un mes y ya la salida de más de 3,5 millones de refugiados desde Ucrania ha desbordado a los países de acogida, la mayoría mujeres y niños. Un paciente menor de 15 años ucraniano se ha convertido en refugiado casi cada segundo desde el comienzo, y ya han dejado atrás su vida 1,5 millones de niños y niñas, 75.000 al día, en un periplo incierto y en un futuro aún más oscuro. Lo calcula Unicef. Los países de acogida se han visto desbordados por esta crisis que no tiene precedentes en cuanto a velocidad y escala desde la Segunda Guerra Mundial. Y no ha hecho más que empezar. 

Además, los expertos saben por experiencia que este es el contexto idóneo para quienes tratan de aprovecharse de los más vulnerables. Porque en la confusión en los puntos fronterizos aumenta el riesgo de tráfico de personas. Y advierte la ONU que urgen medidas para garantizar la protección de la infancia. 

Y los pediatras de España debemos estar preparados para la mejor atención posible de estos niños y niñas de Ucrania que ya están con nosotros. He aquí algunos puntos de interés: 

- La población ucraniana en España era antes del conflicto de 112.000 personas, concentradas en Madrid, Cataluña y la zona de sur Levante (Alicante y Murcia) 

- En base a ello, se han organizado los Centros de Recepción, Acogida y Derivación (CREADE) en España en estas ciudades: Madrid, Barcelona, Alicante y Málaga. 

- Las funciones de lós CREADE son fundamentalmente tres: 1) Recepción y orientación inicial: recepción y asistencia inicial a las personas que llegan por distintos medios de transporte, para lo que disponen de alojamiento propio o plazas flexibles en localizaciones cercanas; 2) Atención y documentación: permite obtener, en menos de 24 horas, el documento de protección temporal por un año renovable, que habilita a trabajar y residir; y, además, se realiza un asesoramiento laboral; 3) Derivación: con la información de plazas disponibles, permitirá una derivación eficiente a las plazas más adecuadas en cada caso en el sistema estatal, en Comunidades Autónomas o en acogida familiar. 

Desde hace casi dos semanas, uno de estos CREADE se encuentra junto a nuestro Hospital General Universitario Dr. Balmis, y se ha puesto en marcha todo un sistema organizativo por parte de Cruz Roja y con el apoyo de los profesionales sanitarios del hospital. Y muchos estamentos han comenzado a organizarse para el mejor funcionamiento posible utilizando para ello el Hospital de Campaña, creado hace casi dos años para la pandemia del coronavirus. Y en este lugar tan próximo es donde estamos viviendo en primera línea el dolor de la guerra en los menos culpables y también en los más vulnerables. Y alrededor de 2/5 partes del total de refugiados son < 15 años y, por tanto, población que corresponde atender a la Pediatría en sus necesidades sanitarias y aspectos tan importantes como la posterior actualización de los calendarios vacunales. 

Os dejamos adjunto la Guía de actuación ante la llegada de desplazados a Ucrania del Ministerio de Sanidad. Y sirva este post para agradecer a los compañeros de mi Servicio de Pediatría por su apoyo continuado frente a las diferentes crisis (primero la del coronavirus y, sin terminar ésta, ahora la de refugiados, con la atención que abarca desde pacientes pediátricos sanos a oncológicos), y en su nombre al de todos los sanitarios que siguen adelante tras estos dos  años complicados. 

sábado, 11 de julio de 2020

Cine y Pediatría (548). “Adú” y las encrucijadas de los refugiados


Es África un continente con enormes riquezas naturales y humanas, que algunos refieren como el continente de la juventud y el futuro, pero un continente que sueña con la dignidad, como soñó en su día con las palabras de Nelson Mandela: "Sueño con un África que esté en paz consigo misma". Justicia, paz y dignidad son las divisas de la organización Africans Rising, los pilares sobre los que construir una nueva África que intenta levantarse. El #AfricaWeWant (el África que queremos) que proyectan los participantes en esta aventura se construye a través de la exigencia de transparencia, de la demanda de responsabilidad a la ciudadanía y a las autoridades, de la lucha contra la corrupción, de la regeneración de los círculos de poder y, en resumen, de un avance en el camino de la justicia social. 

El continente africano, compuesto por 46 países y 740 millones de habitantes, se presenta con que  el 72% de las muertes se deben a enfermedades contagiosas. En estos tiempos de la pandemia COVID-19, cabe no olvidar que desde hace décadas la mortalidad africana lleva el nombre de enfermedades como el sida, la tuberculosis, la malaria, las infecciones respiratorias y las complicaciones durante el embarazo y el parto. Y datos más pormenorizados ayudan a comprender lo anterior, por ejemplo: África concentra el 60 % de las personas que viven con VIH en todo el mundo, aunque sólo supone un 11 % de la población mundial; cada año se registran unos 2,4 millones de casos de tuberculosis en la región africana - el 25% de todos los casos notificados en el mundo - y medio millón de muertes por ese motivo; de los 20 países con mayores tasas de mortalidad materna, 19 se encuentran en África, donde su tasa de mortalidad en recién nacidos es la más alta del mundo (se estima que unos 50 de cada 1.000 bebés nacidos mueren durante sus primeros veintiocho días de vida); la mortalidad infantil está en aumento en su proporcionalidad respecto al resto del mundo: si en 1960 se registraban en esos países el 14 % de todas las muertes de niños menores de 5 años ocurridas en todo el mundo, ese porcentaje se incrementó hasta el 23 % en 1980 y el 43 % en 2003 y en esas cifras se mantiene. 

Un continente que atrapa y te contagia de “el mal de África”. Como le ha pasado el cine que nos ha regalado películas del estilo de Tarzán de los monos (W.S. Van Dyke, 1932), Casablanca (Michael Curtiz, 1942), Sahara (Zoltan Korda, 1943), Las minas del rey Salomón (Andrew Marton, Compton Bennett, 1950), La reina de África (John Huston, 1951), Las nieves del Kilimanjaro (Henry King, 1952), Mogambo (John Ford, 1953), Historia de una monja (Fred Zinnemann, 1959), Hatari! (Howard Hawks, 1962), Lawrence de Arabia (David Lean, 1962), Patton (Franklin J. Schaffner, 1970), Los dioses deben estar locos (Jamie Uys, 1980), Memoria de África (Sydney Pollack, 1985), Grita libertad (Richard Attenborough, 1987), Gorilas en la niebla (Michael Apted, 1988), El cielo protector (Bernardo Bertolucci, 1990), Cazador blanco, corazón negro (Clint Eastwood, 1990), El rey león (Rob Minkoff, Roger Allers, 1994 y Jon Favreau, 2019), Congo (Frank Marshall, 1995), Soñé con África (Hugh Hudson, 2000), Black Hawk derribado (Ridley Scott, 2001), Hotel Rwanda (Terry George, 2004), Madagascar (Eric Darnell, Tom McGrath 2005), Diamante de sangre (Edward Zwick, 2006), Días de gloria (Indigènes) (Rachid Bouchareb, 2006), Invictus (Clint Eastwood, 2009), El niño que domó el viento (Chiwetel Ejiofor, 2019), entre otras muchas. Y Cine y Pediatría ya ha tenido un buen número de películas con este continente como protagonista, como Moolaadé (Ousmane Sembene, 2004),  El jardinero fiel (Fernando Meirelles, 2005),  Flor del desierto (Sherry Hormann, 2009),  Blue Bird (Gust Van Den Berghe, 2011), Mary y Martha (Phillip Noyce, 2013),  Timbuktu (Abderrahmane Sissako, 2014),  Difret (Zeresenay Mehari, 2014),  La buena mentira (Philippe Falardeau, 2014),  El cuaderno de Sara (Norberto López Amado, 2018).  

Y hoy, a estas películas, se suma una más, actual y producida por Netflix, absolutamente recomendable: Adú (Salvador Calvo, 2020). Una película circular sobre tres historias en África y con epicentro en los refugiados, y que toma el título del nombre de ese niño camerunés de seis años por nombre Adú. Una película bien construida y dosificada, con claridad de ideas en los sentimientos que se debaten, desde los más puros y necesarios hasta los banales y accesorios, y con la expresividad natural del niño Moustapha Oumarou, que nos arrastra con su sonrisa y su mirada.  Una invitación a reflexionar sobre las barreras que nos separan de África y la indiferencia con la que seguimos mirando por encima del hombro al tercer mundo

Todo comienza en una escena nocturna en la valla de Melilla, donde refugiados subsaharianos intentan saltarla con la oposición de nuestra Guardia Civil. Uno de estos refugiados muere al caer de la valla. Y ya la siguiente escena nos traslada a la increíble naturaleza de la Reserva Natural de DuDja (Camerún) donde cazadores furtivos abaten elefantes en busca de sus colmillos, y es allí donde conocemos a Gonzalo (Luis Tosar), un activista medioambietal destinado aquí para evitar estas matanzas, y también al pequeño Adú y a su hermana Alika de 11 años, quienes observan la escena y reconocen que es Kimba el elefante abatido. Y a partir de ahí viajamos con los distintos personajes por Yaudé (Camerún), Dakar (Senegal), Nuakchot (Mauritania), Alhucemas (Marruecos), Monte Gurugú (Marruecos) y Centro de Menores de Melilla. Tres historias que se entrecruzan y donde nada volverá a ser lo mismo

La historia de los hermanos Adú y Alika, quienes viven felices en su poblado, allí donde el pequeño Adú juega al fútbol con el “7 de Ronaldo” escrito a tiza en su piel. Una felicidad que se trunca cuando asesinan a su madre y tienen que huir del poblado en busca de su padre en España. Una aventura desesperada por alcanzar Europa, donde Adú le pregunta a su hermana, “Qué hubieras hecho si hubiera muerto?” y ella le contesta, “Continuar”. Y en realidad eso es lo que ocurre, pero con los papeles cambiados. Y en el camino, Adú encuentra al joven Massar, otro refugiado, y entre ellos se establece una bonita amistad de supervivencia, donde llegan a entenderse bien, aunque Adú sea de Camerún y hable francés y Massar sea de Somalia y hable inglés. Y Massar le defiende con su “magia”, una dolorosa magia entre los camioneros que encuentran en el trayecto. Y, de nuevo, la pregunta de Adú a su amigo: “¿No te vas a morir, verdad?, ¿tú me lo prometes?”. Un trayecto de refugiados sembrado de dificultades, pobreza, hambre, pederastia, prostitución y violencia

La historia de Gonzalo y su hija Sandra (Anna Castillo), producto de uno de sus dos matrimonios, quien le viene a visitar a África, intuyéndose una relación complicada entre ellos, donde la adicción a las drogas de la joven no es ajena (y donde el padre le realiza constantes controles de orina). Una Sandra que entiende con dificultad a su padre, cuando dice “Se le da genial lo de llevarse bien con sus ex… Y es que él se lleva bien con ellas y con los elefantes”, y porque ella en realidad le pide una paternidad responsable: “Pero es que tú no eres mi amigo, eres mi padre”

La historia de Mateo (Álvaro Cervantes) y sus dos amigos guardias civiles, sometidos a juicio por los hechos acaecidos aquella noche en la valla. Y uno de ellos le dice a Mateo: “¿Tú sabes cuál es el problema en África? Que todos se van, maestros, políticos, enfermeras. Si todos se van, ¿quién arregla aquello?”

Tres historias en las que sobresale la eterna sonrisa de Adú, su mirada y las lágrimas que nos deja su historia, una historia inspirada en millones de historias reales. Y donde destaca el dúo interpretativo de Luis Tosar y Anna Castillo, dos actores que ya nos han regalado grandes papeles en Cine y Pediatría: el primero en A cambio de nada (Daniel Guzmán, 2015) y en ma ma (Julio Medem, 2015) ; la segunda en El olivo (Icíar Bollaín, 2016). 

Y esta pequeña epopeya de trasfondo humano – por lo mejor y peor del alma – nos abre un pequeño resquicio a la esperanza. Aunque el final nos deje este dato: “En 2018 más de 70 millones de personas abandonaron su hogar en busca de un mundo mejor. La mitad de ellos eran niños”. Fin. Fundido en negro.


sábado, 26 de enero de 2019

Cine y Pediatría (472) Refugiados en la pedagogía con ”Miss Kiet´s Children”


Son pocas las películas holandesas que llegan a las carteleras de nuestro país. En Cine y Pediatría hemos revisado en estos nueve años solo dos: Skin (Hanro Smitsman, 2008), la perturbadora piel de los jóvenes skinheads nacionalistas; y Kauwoy (Boudewijn Koole, 2012), una película que nos habla de la pérdida a través de la insólita amistad entre un niño y su grajo. 

Y hoy llega una más, el largometraje Miss Kiet´s Children dirigido en 2016 por Peter Lataster y Petra Lataster-Czisch, un matrimonio que ya han dirigido juntos otras películas documentales, si bien todas ellas inéditas en España. Porque en 2007 ya habían realizado el multipremiado film If We Knew sobre pediatras en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. Y con nuestra película de hoy regresan a la infancia y nos presentan este riguroso documental que hará las delicias de todo aquél que se quiera sumergir en el minimalismo del proceso de enseñanza en niños en edad de preescolar. Casi dos horas de duración entre el aula y el patio, entre la maestra y los jóvenes alumnos, que no es fácil de ver quizás, pero si es sencilla de sentir. Porque es difícil pensar en muchas películas que se hayan acercado a la infancia con tanto respeto y con tanta integridad. 

Y la película comienza con este mensaje: “Es una escuela primaria de un pueblo holandés, la Srta. Kiet enseña a un grupo de niños inmigrantes. Algunos son refugiados de zonas en guerra”. Y es así como Miss Kiet es la maestra cuyos alumnos son en su mayoría niños refugiados de Siria de diversas edades, que conviven con niños holandeses. Y es allí donde la profesora, con cariño, conocimiento y paciencia infinita, les enseña a respetarse los unos a los otros, a tener confianza en sí mismos y en los demás, a sentirse iguales y bien: “Que todos seamos distintos lo hace todo más bonito”, les dice. Porque solo así es posible enseñar y conseguir que se adapten. 

Y con este planteamiento la historia nos hace recordar otro maravilloso documento sobre la enseñanza: Ser y tener (Nicolas Philibert, 2001), la pequeña historia de Georges Lopez, un maestro de escuela en la región de Auvernia de Francia y su relación con sus jóvenes estudiantes. Es posible que la recuerde, pero nuestra película de hoy es diferente, pues todo el protagonismo (y la cámara) se pasea en los primeros planos de de estos particulares pequeños alumnos, en sus encantadores expresiones espontáneas, en sus reacciones. Pero también se detiene en la voz y la palabra de esta peculiar educadora, Miss Kiet, quien da título a esta obra. Una maestra holandesa que distribuye su magisterio de manera uniforme entre sus alumnos, enseñándoles a ser responsables de sus acciones y haciéndolo de una manera siempre afectiva y efectiva, con un admirable dominio de la situación y de la profesión. 

Y solo alumnos y maestra son las dos verdaderas estrellas de la película. Y la cámara se pasea sobre los alumnos, mientras dibujan y deletrean, juegan con una pizarra digital, ensayan un musical, relatan un sueño o escuchan los sonidos de una pelota en el recreo. Y vamos recordando en la película cómo la infancia es el terreno de la contradicción y la ambigüedad, y como espectadores vemos a niños que quieren pegar, también quieren abrazar, que quieren que sus amigos sean sus enemigos y que sus enemigos vuelvan a ser sus amigos. Y ante estas situaciones Miss Kiet no regaña y nunca levanta la voz, ella es una perfecta docente que escucha, responde y sigue. Y no importa si estos niños y niñas hablan árabe o ya un poco de holandés, lo que importa es que algunas conversaciones te emocionarán. 

Una película que se cocina a fuego lento, como los buenos platos, que cuenta muy poco: una pequeña maravilla no apta para todos, pero que haría bien a cualquier documentalista y/o pedagogo. Una obra con dos temas nucleares y bien entramados: la educación y los niños refugiados, algunos de ellos recién salidos del horror de la guerra en Siria, cuyos bombardeos aún resuenan en sus terrores nocturnos. 

Por tanto, Miss Kiet´s Children es mucho más que una extraordinaria película documental sino una deslumbrante lección práctica sobre las sutilezas de la educación entendida como diálogo de cercanía que tiene en el afecto y la paciencia sus más delicadas herramientas. Y poco a poco, vamos conociendo a estos peques por su nombre: Ayham, Bronche, Maksen, Ahmad, Jorj, Rianna, Nour, Haya, Leanne, Abdulah,... 

Al visionar Miss Kiet’s Children, podemos tener sentir diferentes sensaciones, pero que se resumen en dos: me gusta o no me gusta la película. Una obra que es muchas cosas, entre la ternura y la realidad, entre el aliento y el agotamiento, entre la emoción y la denuncia. Porque es difícil encontrar películas que se acerquen a la niñez con tanto respeto y con tanta integridad. Y nos queda otro mensaje que esta maestra dice a sus pequeños alumnos: “Hay una solución para cada problema”. Y todo ello porque la pedagogía es tan importante para nuestra sociedad, que no nos queda más remedio que refugiarnos en ella para lograr una sociedad mejor. 

sábado, 22 de abril de 2017

Cine y Pediatría (380). “Macondo”, más acá del realismo mágico


Macondo es el pueblo ficticio descrito en las novelas "Cien años de soledad", "Los funerales de la Mamá Grande", "La Hojarasca" y "Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo" del colombiano, premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, para siempre ya el creador del realismo mágico en la prosa. Realismo mágico que centra su preocupación estilística en mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común, algo así como una actitud frente a la realidad.
Pues bien, de ese pueblo ya un poco de todos como es Macondo, surge una película con ese título. Pero esta cinta no viene de Colombia y no nos habla de un idílico país caribeño, sino que es una película de Austria y nos traslada a una barrio de acogimiento de exiliados chechenos en una localidad del país centroeuropeo y que se conoce así, como Macondo. Porque este impactante barrio de refugiados de Macondo se haya situado en el distrito de Simmering, en Viena.

Macondo es la ópera prima de Sudabeh Mortezai, una directora austríaca de ascendencia iraní, una película del año 2014 prácticamente desconocida en nuestro país. Y con ella tenemos una oportunidad para adentrarnos, aunque sea de soslayo, en la realidad de Chechenia y lo que ha significado en la historia el conflicto checheno-ruso, que perdura desde siglos entre el gobierno de Rusia (el ex Imperio Ruso y la ex Unión Soviética) y varios nacionalistas de Chechenia y fuerzas islamistas. Se cuenta que las hostilidades formales parten del año 1785, aunque los elementos del conflicto se remontan a tiempos mucho más lejanos, y abarca conflictos durante la Guerra Civil Rusa, durante la Segunda Guerra Mundial, hasta el más reciente en la década de los noventa: tras la desintegración de la Unión Soviética, los separatistas chechenos declararon su independencia en 1991; a finales de 1994 estalló la Primera Guerra Chechena y después de dos años de lucha las fuerzas rusas se retiraron de la región; en 1999 comenzó la Segunda Guerra Chechena y concluyó al año siguiente con las fuerzas de seguridad rusas estableciendo el control sobre Chechenia.

Macondo tiene de protagonista a Ramasan (Ramasan Minkailov, de una contención interpretativa que sorprende), un niño checheno de 11 años quien, debido a la complicada situación en la que se encuentra su país, se ve obligado a vivir junto a su madre y sus dos hermanas pequeñas en una comuna en Viena, un equivalente honesto de lo que pudiera ser un campo de refugiados. Su padre ha muerto en el campo de batalla y le toca asumir el papel de cabeza de familia.

Una nueva película (y otra visión) sobre las infancias privadas de un pedazo de inocencia por los conflictos bélicos. No es de extrañar que veamos que en la escuela Ramasan dibuja tanques y casas ardiendo y que tenga una pregunta en mente: "¿Quién mató a mi padre?, ¿cómo lo mataron?". Un padre que sigue vivo en el recuerdo del hijo por la foto del salón y por el regalo de un reloj de su padre (que no funciona). Porque su padre murió luchando contra los rusos y su figura ausente es sustituida espontáneamente por el hijo y, como buen joven musulmán, cuida y vigila tanto a su madre como a sus hermanas. Pero desde el momento en que aparece el personaje de Isa (Aslan Elbiev), conocedor de su padre, el vacío manifiesto y generalizado parece rellenarse, aunque ese augusto rostro de su padre que cuelga de un marco de madera en casa no le ayuda en exceso en su día a día.
El encuentro con Isa cambia la vida a Ramasan, para bien y para mal. Para bien porque le ayuda a superar sus miedos (contra los monstruos imaginarios y los lobos del bosque): "Los lobos no son tan peligrosos. Somos peligrosos nosotros", le aconseja. Y para mal porque no soporta que su madre baile con él, porque eso podría significar la suplantación de su padre ausente: "Mi madre me dice que no me fie de los desconocidos", le llega a confesar.

Película minimalista, que aborda el drama de los refugiados que huyen de la guerra, centrando la atención en una familia chechena que se encuentra en Macondo, donde la realidad (pasada, presente y futura) se nos antoja muy poco mágica. Sin estridencias ni sentimentalismo fáciles, se describen los sentimientos de Ramasan ante la situación que le toca vivir, mientras deambula por la vida entre intentar que les concedan los papeles de la residencia y la tentación de cometer algún pequeño hurto ante la pobre economía les acucia. Y al final, un final abierto en donde vemos a Isa arreglando una radio y Ramasan se sienta a su lado, callado, y comienza a ayudarle, reconociendo el error de algunos sentimientos.

No es habitual el cine que llega desde Austria a Cine y Pediatría. De hecho, hasta la fecha, solo una película procede de allí, pero sí que podemos decir que fue una película (de hecho un telefilm) con algo de realismo mágico, pues es el post más visionado (con más de 33.000 visitas) de las 380 entradas que hoy cumplimos: hablamos de El milagro de Carintia (Andreas Prochaska, 2011), una película basada en un hecho real sobre cómo se viven las tragedias médicas entre familias y sanitarios, con un hospital de guardia como telón de fondo, y muchos temas bioéticos en la retaguardia. Y que recordamos por muchas cosas, pero también por una frase al inicio y final de la historia: “Emile Zatópek dijo una vez: si quieres correr, corre una milla; si quieres conocer una vida nueva, haz un maratón”.

Y hoy hemos conocido el maratón de muchas familias chechenas con Macondo, en un entorno que no es el que nos describiera el gran García Márquez. Pero hoy esta película procede dedicársela a los amigos de la Sociedad Colombiana de Pediatría, sociedad que esta misma semana ha celebrado su primer centenario. Y, especialmente a dos amigos pediatras, al Dr. Juan Fernando Gómez y al Dr. Hernando Villamizar... y ellos bien sabe por qué.

 

sábado, 30 de abril de 2016

Cine y Pediatría (329). "O los tres o ninguno", refugiados que nos dan una lección de vida


El cine iraní es un gran desconocido. Pero el reconocimiento del cine iraní se ha ganado el prestigio paso a paso, película a película: en parte, gracias al reconocimiento de los festivales de cine en los últimos 20 años. Y también debido en buena medida a la numerosa y dinámica comunidad iraní de Estados Unidos, concentrada en torno a Los Ángeles (se le conoce como “Tehrangeles”, en el argot local). 
El cine iraní es, sin duda, uno de los más prominentes de Oriente Medio, tiene una gravedad y una autenticidad de la que, en general, carece el cine comercial actual. El cine iraní supone globalmente un punto de vista alternativo al hollywoodiense en lo estético, en lo temático y en lo narrativo. En lo estético porque apuesta por una depuración de la imagen que prescinde de todo efectismo y de toda superficialidad; en lo temático porque bucea en la sencillez de la vida cotidiana, y no lo subordinan todo a la violencia por la violencia, a la rapidez por la rapidez; y también es una alternativa en lo narrativo porque parte de unos modelos de guión y de héroe al margen de los patrones clásicos, y que se asemeja a la vida real. Se podría decir que lo más parecido en occidente al cine iraní contemporáneo fue el neorrealismo italiano. Una mirada transparente, sencilla, cotidiana, pero no carente de sentido crítico. Un redescubrimiento de la naturaleza, de los gestos, del color y de las metáforas visuales. 

Se descubren tres características en el cine iraní: 1) la implicación del espectador por el uso del fuera de campo (hay mucho cine alrededor de la pantalla que el espectador debe incorporar con su imaginación); 2) la preocupación por la situación de la mujer, mujeres secuestradas bajo un régimen dictatorial en todos los niveles que la imaginación pueda inquirir (religioso, político, social, cultural, económico); y 3), sobre todo, la importancia que tienen las miradas de los niños en el cine iraní, miradas limpias con las que quiere identificarse el ojo de la cámara para mostrar y (de)mostrar historias. 

Pocas cinematografías han utilizado tanto (y tan bien) a los niños en sus películas como el cine iraní. Y el proyecto Cine y Pediatría comenzó su recorrido recordando algunas bellas películas (ver 1, 2 y 3), recomendables para el amante del buen cine (o de un cine diferente), no exentas tampoco de imágenes de dureza y desamparo, símil poético de situaciones sociales reales, de las que no escapan los niños. Niños no actores que se encarnan como protagonistas de muchas de las historias que han conformado en los últimos 15 años la parte más conocida de la denominada “Iranian New Wave” del cine y en el que destacan los nombres de Abbas Kiarostami (la figura más representativa e internacional, y de cuya escuela e influencia emanan buena parte del resto de directores), Jafar Panahi, Majid Majidi, Bahman Ghobadi, Abolfazl Jalilim y la familia Makhmalbaf (un caso extraordinario dentro del séptimo arte: Mohsen, el padre, y fundador de la Makhmalbaf Film House; Marziyeh, la madre; Samira y Maysam, las dos hijas, dos casos de niñas-directores que resultaron toda una revulsión en los festivales de cine). 

El cine iraní ha sido un elogio a la sencillez. De esa sencillez emanan, historias en que los niños y niñas son los verdaderos protagonistas, niños y niñas no actores, niños y niñas que nos cuentan su realidad, una realidad de potente contraste para nuestro primer y acomodado primer mundo. Enumeraremos algunas películas por orden cronológico: ¿Dónde queda la casa de mi amigo? (Abbas Kiarostami, 1987), El globo blanco (Jafar Panahi, 1995), Niños del paraíso (Majid Majidi, 1997), El espejo (Jafar Panahi, 1997), El silencio (Mohsen Makhmalbaf, 1997), La manzana (Samira Makhmalbaf , 1998), Don (Abolfazl Jalilim 1998), El color del paraíso (Majid Majidi, 1999), El día que me convertí en mujer (Marziyeh Meshkini, 2000), Las tortugas también vuelan (Bahman Ghobadi, 2004), Offside (Jafar Panahi, 2006) o Buda explotó por vergüenza (Hana Makhmalbaf, 2007). 

Y en los extremos de la última década aparecen dos películas de dos directores noveles iranís afincados en Francia, que cambian de registro formal, pues ambas se fundamentan en los recuerdos que Irán les devuelve desde la infancia. En el año 2007 fue la novelista gráfica, guionista y directora iraní Marjane Satrapi: en la película Persépolis nos cuenta la historia de cómo ella creció en un régimen fundamentalista islámico que la acabaría llevando a abandonar su país, una película animada en blanco y negro sobre la Infancia, adolescencia y juventud de una mujer en una sociedad islámica tomada por el absolutismo. Y en el año 2015 el humorista y, ahora también, guionista y director Kheiron nos regala un obra autobiográfica de su familia desde el Irán de los años 70 al París de nuestros días: O los tres o ninguno, un viaje por la supervivencia y la libertad basada en una historia real y de tanta actualidad en nuestros días. 

O los tres o ninguno es la odisea de una familia que tuvo que huir de Irán, ser refugiados e iniciar una nueva vida en otro país: antes de los títulos de crédito finales se nos muestran los verdaderos rostros de todos los participantes de esta odisea familiar. La película tiene su introducción, su nudo y su desenlace, y en cada una de estas tres clásicas partes de un obra se identifican modelos cinematográficos que Kheiron desea imitar, con más corazón que ciencia. 
- Primera parte: se inicia en el Irán de la tiranía del sha Reza Pahlevi, donde se muestra la lucha de una familia de convicciones fundamentalmente democráticas que debe purgar con algunos de sus miembros en la cárcel, entre ellos su padre, Hibat (el propio Kheiron), y donde vemos su estancia en la misma y la salida del encierro. 
- Segunda parte: Hibat conoce a la inteligente Fereshteh (Leïla Bekhti) y somos partícipes de su noviazgo, su boda tras duras negociaciones con su peculiar padre, y ese tránsito que lleva a Irán desde el régimen del Sha al acoso posterior del gobierno de Joemini y de los ayatolás, motivo por el que tienen que salir de Irán hacia la clandestinidad y lo hacen a través de las montañas con un recién nacido (el que será el propio director de la película, Kheiron) hasta lograr llegar a Francia. 
- Tercera parte: la vida de la familia en París, una crónica social sobre emigrantes en los suburbios (los denominados banlieu) y la lucha por integrar a las numerosas razas y religiones que allí viven, desde magrebíes a africanos, desde europeos a orientales. De hecho, el padre de Kheiron recibió en la realidad la Legión de Honor por su activismo en estas bainleau. 

O los tres o ninguno intenta desde la sinceridad reflejar una Francia a la que afluyó en oleadas lo mejor de la juventud iraní en busca de un espacio donde volcar sus ansias de democracia. No es una gran película, pero si ha resultado un fenómeno mediático en ese país, que ha logrado una candidatura a la mejor ópera prima en los César y donde ha obtenido un enorme éxito de público. Una película que mezcla retazos de La vida es bella (Roberto Benigni, 1997), de Hoy empieza todo (Bertrand Tavernier, 1999), de La clase (Laurent Cantet, 2008) o de La profesora de Historia (Marie-Castille Mention-Schaar, 2014). Gracias a esta mezcla peculiar consigue tratar temas sociales bastante duros, como la represión política, la emigración, las condiciones de vida de los desfavorecidos en Europa, etc., con un tono muy positivo. 

Kheiron, este joven humorista franco-iraní que ha cimentado su fama en la televisión y el teatro franceses, y que ama escandalizar, ha optado por reflejar de manera entrañable la dura historia de sus padres, en una película que ante todo es un homenaje y una emocionante lección de vida, un viaje que cambió sus vidas. Un viaje de refugiados a héroes, porque algo así es la vida.

 

martes, 15 de septiembre de 2015

Documento de los Grupos de Cooperación Internacional de la AEP y la AEPap sobre la crisis de refugiados

http://www.aeped.es/grupo-cooperacion-internacional/noticias/documento-grupo-cooperacion-internacional-aep-y-aepap-sobre-crisis-re

Sesenta millones de refugiados y desplazados en todo el planeta suponen el 1% de la población mundial. La cifra es aterradora. Se dice que desde la II Guerra Mundial no había tenido lugar una tragedia semejante y es cierto.

La espantosa guerra de Siria está obligando a los habitantes de aquel país a huír de sus casas y ciudades. Y para ellos Europa supone una especie de "Tierra Prometida" y hacia aquí vienen. La cuarta parte de estos ciudadanos sirios es menor de edad  Son las principales víctimas de esa guerra salvaje.

La AEP y la AEPap, por medio de sus grupos de cooperación internacional, han elaborado un documento conjunto posicionándose de forma clara en este tema. creemos que este documento es importante y por este motivo lo transcribimos a continuación tal cual está escrito en la web de la AEP con el fin de promover su difusión:

Europa vive una tragedia humanitaria sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Los medios de comunicación y las redes sociales nos han acercado a esta realidad con imágenes estremecedoras. En especial la del niño sirio Aylan Kurdi, de tres años, ahogado en una playa de la costa de Turquía ha sido la gota que colmó el vaso de la indiferencia: Europa no puede seguir mirando hacia otro lado y levantando muros… La actual crisis de refugiados es un tema central no solo de la política europea, sino también de la propia sociedad. Las sociedades científicas de pediatras españoles nos sumamos a la petición de una respuesta integral a corto, medio y largo plazo, de esta dramática situación que afecta a tantos niños, y hacemos una llamada a la responsabilidad y a la solidaridad.
En realidad, la guerra de Siria empezó hace 4 años, pero como con tantos otros problemas, nos dejó indiferentes hasta que estalló la crisis de los refugiados en Europa. En lo que llevamos de año, más de 225.000 refugiados e inmigrantes han llegado a través del Mediterráneo y se estima que unos 2.100 han perdido la vida o desaparecido en su intento de alcanzar Europa. Se calcula que desde el inicio del conflicto, han huido de Siria, alrededor de un millón y medio de niños.
Los niños, y en particular los menores no acompañados, son los más vulnerables. El viaje supone enfrentarse a múltiples riesgos: deshidratación y malnutrición, secuestros, detención y extorsiones, tortura, esclavitud infantil, tráfico de personas y abuso sexual. Por ello, es prioritario que todos los niños y las niñas reciban el cuidado, la protección y el apoyo adecuados, tanto en el momento de su llegada a las costas europeas como en su posterior acogida e integración en Europa.
La Asociación Española de Pediatría (AEP), como asociación científica de 9.000 pediatras y cirujanos infantiles para el cuidado de los niños y adolescentes, a través de los Grupos de Cooperación Internacional de la AEP y la AEPap, manifiesta que:
  1. La toma de conciencia propiciada por las redes sociales debe traducirse en gestos reales, con un mayor compromiso político. La ONU advierte a Europa de que deberían prepararse para acoger al menos a 200.000 personas. Es necesario y urgente un mayor compromiso por parte de España, en cumplimiento de la responsabilidad compartida que tienen los Estados miembros de la UE frente a esta crisis humanitaria.
  2. Los menores son especialmente vulnerables en situaciones de crisis como ésta. Su salud, educación y bienestar general pueden verse afectados y necesitan apoyo urgente. Independientemente de su condición de migrantes o refugiados, los derechos de todos los niños y niñas deben ser respetados de acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño. Y no es sólo cuestión política o humanitaria sino de justicia y respeto a los derechos humanos.
  3. Se deben unificar los criterios de asilo recordando la prioridad de niños y adolescentes de acuerdo con el derecho internacional de los refugiados y la garantía de la unidad familiar. La deportación inmediata, el retorno forzoso, o la detención de un niño son violaciones de los derechos de los niños y no deberían ser parte de las medidas utilizados por la Unión Europea para promover la readmisión de los migrantes en los países de origen y tránsito.
  4. Solicitamos una mayor ayuda en su país de origen reconstruyendo un estado de derecho. Asimismo, se hace necesaria la adopción de medidas claras contra las redes ilegales de tráfico de personas que atentan gravemente contra la dignidad y los derechos de las personas.
Y se compromete a participar activamente tanto en la atención sanitaria directa como en el diseño y puesta en marcha de un programa de acogida para las personas necesitadas de protección internacional, que tenga como consideración primordial las necesidades especiales de la infancia.

Fuentes recomendadas para ampliar información: