Blog personal, no ligado a ninguna Sociedad científica profesional. Los contenidos de este blog están especialmente destinados a profesionales sanitarios interesados en la salud infantojuvenil
La semana pasada se publicó un nuevo avance de la revista electrónica "Evidencias en Pediatría" correspondiente al mes de junio de 2017.
En esta ocasión se han publicado dos artículos correspondientes a la sección "artículos valorados críticamente" (AVC) y uno a la sección "Fundamentos de Medicina Basada en la Evidencia (MBE)".
Un año más un Festival de Cine de Alicante más, un Congreso de Pediatría más... y un nuevo libro del proyecto "Cine y Pediatría" llega a las librerías. La presentación oficial de Cine y Pediatría 6 tuvo lugar el pasado 26 de mayo en el 14 Festival Internacional de Cine de Alicante y también ha estado presente en el 65 Congreso Nacional de la Asociación Española de Pediatría que acabamos de celebrar entre el 1-3 de junio en Santiago de Compostela.
Y es así como se desgranan las celebraciones:
- En el año 2012, publicamos Un sueño hecho realidad: el libro "Cine y Pediatría 1".
Cine y Pediatría 6 quiere confirmar que este proyecto es útil para sumar en conciencia y humanización con el séptimo arte. Porque sigue creciendo la familia de Cine y Pediatría y ya nadie duda - ni yo mismo - de las posibilidades docentes si se usa con sentido y sensibilidad. Y claro que es posible (y ya necesario) prescribir películas en nuestra práctica clínica como pediatras, pero también en el día a día como educadores o como padres. Porque la infancia y adolescencia es la gran protagonista en centenares de películas donde la patología pediátrica y la pediatría social son el tema principal.
Porque en Cine y Pediatría disfrutaremos de muchas películas, de mucha conciencia y humanización. Y lo veremos en el vídeo posterior: películas directas al corazón, películas para no olvidar, películas para mejor no olvidar, películas de clásicos, películas de enfants terribles, películas de otros mundos, películas de todos los mundos, películas con memoria histórica, películas que dejan sin aliento, joyas de la animación,...
Centenares de películas y decenas de temas se concentran alrededor de Cine y Pediatría. Porque el cine es toda una universidad de las emociones en la salud y en la enfermedad, en donde conviene utilizar lo que se conoce como observación narrativa, allí donde confluyen los tres momentos de la experiencia narrativa: prefiguración, configuración y refiguración. Y la verdadera experiencia para narrar es lo vivido este año con Cine y Pediatría 6, tanto que no puede resumir con justicia. Pero dejarme al menos que relate dos experiencias, tan diferentes como gratificantes:
- Una ocurrió hace un año en la ciudad de Puebla en México. Cine y Pediatría fue presentado en el Congreso Internacional delante de los principales hospitales de Estados Unidos (Boston Children's Hospital, Children's Hospital of Philadelphia, Cincinnati Children's Hospital Medical Center, Texas Children's Hospital y Children's Hospital of Pittsburgh) , así como a las principales universidades, entre ellas la Universidad de Harvard. En ese contexto C&P y un servidor alcanzó las más alta cima académica y científica que nunca pudo imaginar. Y todo ello ante el presidente de la Academia Americana de Pediatría, mi buen amigo el Dr. Fernando Stein, quien este año no ha podido, pero será el futuro prologuista de Cine y Pediatría.
- Y otra ha ocurrido hace un mes, en el Centro Penitenciario de Topas (Salamanca). Y allí viví un momento mágico al lado de 70 internos con los que pudimos compartir a través de este proyecto 10 películas para que nuestra vida sea de cine y 5 protagonistas para mejorar el árbol de nuestra vida. Algo tan especial que podría decir que irrepetible, pero creo que no será así pues quieren que vuelva...
Esta es parte de conciencia y humanización que aporta "Cine y Pediatría". Y, como ya es habitual, cada libro viene acompañado de tres prólogos, dedicados al Cine, a la Pediatría y a la Docencia.
• El Prólogo desde el punto de vista de la Pediatría procede de la pluma (y el corazón) de un pediatra educador y humanista colombiano, el Dr. Juan Fernando Gómez Ramírez, profesor de la Universidad de Antioquia y quien fuera presidente de la Sociedad Colombiana de Pediatría, una sociedad muy querida que este año cumple su primer centenario. Conocí hace cinco años a Juan Fernando en un congreso en Cartagena de Indias a través de una conferencia inaugural llena de sentido y sensibilidad, en la que revoloteaban mariposas amarillas y bajo el título de "Reflexiones sobre la infancia en la obra de Gabriel García Márquez". Pues bien, impregnado de realismo mágico su prólogo nos rememora el pensamiento de Gabo: "En la educación de los niños, lo único importante es encontrar el juguete que llevan dentro". Y él intuye que Cine y Pediatría puede ser un buen juguete para entender la infancia y la adolescencia.
• El Prólogo desde el punto de vista del Cine viene de la mano de una persona tan especial como la Dra. Carmen Caffarel, catedrática de Comunicación Audiovisual, Ex-Directora de Radio Televisión Española y Ex-Directora del Instituto Cervantes. Y quien vivió el cine desde niña, pues su padre fue el actor José María Caffarel, actor de reparto en más de 160 películas (algunas tan relevantes como Doctor Zhivago, Plácido, Atraco a las tres, La gran familia o El viaje a ninguna parte) y múltiples series de televisión. Y estas palabras tan cariñosas son el colofón de este prólogo: "Es evidente que los médicos deben prescribir medicamentos si estos son los idóneos para curar a sus pacientes. No es tan frecuente, sin embargo, prescribir películas para curar las enfermedades del cuerpo y del alma. Y por ello, Javier, te doy las gracias". Y es que las personas son grandes, como Carmen, cuando reúnen pasión, saber y corazón.
• El Prólogo desde el punto de vista de la Docencia llega con el corazón y la magia de una sirena tan especial como Lary León, coordinadora de proyectos y contenidos de Fundación Atresmedia, cuentista y autora de "Lary, el tesón de una sirena" y "Más de 150 juegos para divertirse dentro y fuera del hospital", y de cuya inspiración y su implicación nació el "Día del Niño Hospitalizado" que cada 13 de mayo se celebra en todos los hospitales de España. Su prólogo ha sido un enorme regalo, pues probablemente nadie me haya dedicado unas palabras como las suyas, dando la impresión de que el título del mismo "Casualidad, o no..." ya tiene respuesta: los círculos de la vida son más que una mera casualidad. Baste un párrafo para confirmar esto: "Con los libros de Javier se aprende de infancia, adolescencia y del séptimo arte en cada página, en cada línea, en cada título en cada comentario, en cada palabra...Una sexta edición, ésta, que para mí está llena de mensajes, de frases que, casualidad o no, tienen que ver con la espiral de la vida, en el aprendizaje constante. Un libro que te invita a poner los cinco sentidos. Una cartelera de lujo en la que hay amor, dolor, rebeldía, poesía, cuentos y lobos, películas que hablan de los miedos, del primer amor, de los secretos del corazón, del tiempo, de las emociones, de la vida y de la muerte. Cine en blanco y negro, en color; películas incómodas, crudas, tiernas, inolvidables". Y su despedida, "Nos vemos en el mar….". Y así será.
Ahora os dejamos el vídeo de presentación. Y tras todo lo leído y sentido en esta Presentación, cabe afirmar que si es posible sumar en conciencia y humanización con el séptimo arte, con Cine y Pediatría. Y terminamos con una frase de cine de una película muy especial y con un reloj cuyas manecillas van en dirección contraria: un hombre que nace anciano y muere niño. La historia fue un relato breve escrito en los años 20 del siglo pasado por F. Scott Fitzgerald y que en el año 2008 David Fincher llevó a la pantalla. El relato (y la película) se titularon como El curioso caso de Benjamin Button y su final dice así:
“Algunos nacen para sentarse junto a un río. A algunos les cae un rayo. Algunos tienen oído para la música. Algunos son artistas. Algunos nadan. Algunos entienden de botones. Algunos saben de Shakespeare. Algunas son madres. Y otras personas... bailan.”
Y yo apostillo algo más: Y otros son frikis (con causa)... frikis que algún día, como yo, se convirtieron en artistas gracias a vuestro apoyo.
Hoy regresa una nueva película en blanco y negro a Cine y Pediatría. No son muchas, pero todas son excepcionales, pues llevan la garantía de haber pervivido en la categoría de mitos del séptimo arte. Valga citar algunos ejemplos:El chico (Charles Chaplin, 1921), Freaks (Tod Browning, 1932) La noche del cazador (Charles Laughton, 1955), El cebo (Ladislao Vajda, 1958), Los 400 golpes (François Truffaut, 1959), Los golfos (Carlos Saura, 1959), Los chicos(Marco Ferreri, 1960), Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan,1962) o Del rosa al amarillo (Manuel Summers, 1963).
Y hoy llega una más, de la mano del movimiento cinematográfico conocido como Neorrealismo italiano y que apareció a mitad del siglo XX como consecuencia de la postguerra, de manera que, al estar los estudios destruidos por los bombardeos, los directores de cine sacaron las cámaras a las calles rodando lo que veían y utilizando frecuentemente actores no profesionales, con lo que cambió radicalmente la forma de hacer cine. Se inició en 1945 con Roma, ciudad abierta, una obra maestra de Roberto Rosellini y cuenta con otras grande películas como El limpiabotas (Vittorio de Sica, 1946), La terra trema (Luchino Visconti, 1948), Juventud perdida (Pietro Germi, 1948), Vivir en paz (Luigi Zampa, 1948), Ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica, 1948), Arroz amargo (Giuseppe de Santis, 1949), La Strada (Federico Felini, 1954) o El empleo (Ermanno Olmi, 1961). En estas películas quedó reflejado, como un auténtico documento histórico, la Italia triste y hambrienta de la postguerra, cine denuncia de las condiciones de vida miserables y en el que desaparecen los finales felices.Y es en este contexto donde aparece nuestra película de hoy: Alemania, año cero, una película dirigida en el año 1948 por Roberto Rosellini y con la que completa su magnífica trilogía sobre la Segunda Guerra Mundial, precedida por Roma, ciudad abierta y Paisà (1946).
Comienza Alemania, año cero con unos créditos iniciales que pasean la cámara por un desolador Berlín destruido por las bombas, con una dedicatoria del director a la memoria de su hijo Romano Rosselini. Y un texto manuscrito: "Cuando las ideologías se alejan de las leyes eternas, de la moral y de la piedad cristiana que son la base de la vida de los hombres, se convierten en una locura criminal. Incluso la bondad de la infancia resulta contaminada y arrastrada por un horrendo delito hacia otro menos grave en el cual, con la ingenuidad de la inconsciencia cree encontrar una liberación del alma". Y una voz en off que nos dice: "Esta película, rodada en Berlín durante el verano de 1947, no pretende ser más que un relato objetivo y fiel de esta inmensa ciudad semidestruida donde tres millones y medio de personas arrastran una existencia espantosa, desesperada, casi sin rendirse cuentas. Viven en la tragedia como si fuese su elemento natural. Pero no por exceso de ánimo o por fe, sino por cansancio. No se trata de un acusación contra el pueblo germano, ni tampoco de una defensa. Más bien es una constatación de los hechos".
El maestro Rosellini crea una película terrible, virulenta y amarga y a la par bellísima, una reflexión de inaudita dureza sobre los horrores de la guerra. Y donde nos pasea continuamente por la herida que el nazismo dejó en Alemania, en sus ciudades destruidas y en sus gentes abatidas. Una guerra que afectó profundamente a la generación del protagonista, un niño de 12 años por nombre Edmund (Edmund Moeschke, proverbial, elegido por el propio director y quien nunca más tendría relaciones con el cine). Nuestro personaje es nuestra conciencia, mientras vaga continuamente entre las calles destruidas sin rumbo fijo y entre su familia destruida, hacia un destino y un final aciago. Todo ello bajo la perfecta fotografía de Robert Juillard y una música psicológicamente estridente que nos pone al límite del expresionismo. Y en ese vagabundeo para buscarse la vida encuentra personajes de todo tipo, algunos tan tétricos como su antiguo profesor, quien justifica el nazismo diciéndole: “Los débiles deben sucumbir y dejar paso a los fuertes”. Y esta funesta frase lleva al niño a tomar una drástica determinación que nos conduce a uno de los finales más tristes y desesperanzados de la historia del cine.
Final que viene precedido por esta larga perorata del padre en su lecho de enfermedad a sus tres hijos: "Si al menos estuviera viva vuestra madre, pero me ha sido arrebatada. Todo me ha sido arrebatado. Mi dinero por la inflación y mis hijos por Hitler. Debería haberme revelado, pero era demasiado débil. Como tantos otros de mi generación. Hemos presenciado cómo se acercaba la desgracia y no la hemos detenido. Y ahora sufrimos las consecuencias. Hoy estamos pagando por nuestros errores. Todo. Yo igual que tú. Debemos ser conscientes de nuestra culpa. Porque con lamentos no se soluciona nada... Tengo los días contados, pero tú aún eres joven. Todavía puedes hacer muchas cosas buenas. Demuestra que eres un hombre. Ten valor para presentarte. Veras como todo es más fácil para ti y tu familia. Eva y Edmund lo agradecerán. Y yo estaré orgulloso de ti. Tendrás fuerza para vivir. Encontrarás trabajo. Podrás tener la cartilla nº 2. No te rindas más. Termina con esta vida de animal acosado. Debes volver a vivir entre las gentes, tienes que volver al mundo. No es una vergüenza fabricar tu propio destino. Yo también fui soldado en la Primera Guerra Mundial. Según tú, aquello fue un juego de niños. Pero para mí no fue así. Partimos con las fronteras en alto, ocupamos media Europa y avanzamos hacia el centro de Rusia. Parecía que ninguna fuerza del mundo podría detenernos. Pero de repente todo cambió. Primero la derrota y luego la Revolución. Incluso lloré cuando me arrancaron los galones. No se me puede acusar de no haber sido un buen alemán. A pesar de ello, durante estos años tan difíciles, ahora puedo confesarlo, no he esperado otra cosa que la caída del Tercer Reich y su destrucción. No quiero pensar cuál hubiera sido la suerte del mundo si las cosas hubieran sido de otro modo...", Y todo esto mientras Edmund gesta una tragedia, si bien la tragedia nos la presenta en cada escena Rosellini al mostrarnos nítidamente la realidad de la postguerra alemana: destrucción, hambre y muerte. Y hace hincapié en la miseria de un pueblo que no supo enfrentarse a la dictadura nazi.
Porque tras la Segunda Guerra Mundial y durante varios años, Berlín fue el centro de las tensiones entre dos bloques antagónicos, con tanques apuntándose a ambos lados del Checkpoint Charlie y el mundo conteniendo el aliento. Al final, la construcción del muro fue un terrible drama para los berlineses, pero un "mal menor" para el resto del planeta como llegó a decir Kennedy. Pero de nada de esto es consciente el joven Edmund, que vaga por las ruinas berlinesas buscando cigarrillos, carbón y algo de comer para su familia, hacinada en los bloques de viviendas que todavía se mantienen habitables, conviviendo con el estraperlo, el sentimiento de culpa y la confusión de los ex soldados alemanes, los últimos estertores del nazismo y el embrutecimiento de la adolescencia.
Toda guerra desbasta material y moralmente a un país. En el caso del nacionalismo impuesto por el Tercer Reich es paradigmático y en nuestras dos últimas entradas nos lo recuerdan con dos películas épicas: la semana pasada con el antes a través de El tambor de hojalata (Volker Schlöndorff, 1979)
y esta semana con el después de Alemania, año cero, fiel reflejo del deterioro moral de la infancia.