sábado, 8 de diciembre de 2018

Cine y Pediatría (465) “El veredicto”, la ley del menor


Ian McEwan es uno de los grandes escritores ingleses actuales. Y sus novelas han alimentado al cine contemporáneo, con muchas películas homónimas a sus novelas. Todo comenzó con “Last Day of Summer” fue el germen de Last Day of Summer (Vlad Yudin, 1984), y a la que siguieron “The Cement Garden” en El jardín de cemento (Andrew Birkin, 1993), “The Comfort of Strangers” en El placer del viajero (Paul Schrader, 1990), “The Innocent” en El inocente (John Schlesinger, 1993), “Solid Geometry” en Solid Geometry (Denis Lawson, 2002), “Enduring Love” en Amor perdurable (Roger Michell, 2004), “Atonement” en Expiación (Joe Wright, 2007) y “On Chesil Beach” transformada En la playa de Chesil (Dominic Cooke, 2017). Y la última ha sido su novela “The Children Act”, publicada en el año 2014 y que acaba de estrenarse bajo el título de El veredicto (La ley del menor), dirigida en el año 2017 por Richard Eyre. 

Es Richard Eyre un director británico todoterreno, que ha dirigido no solo en el cine, sino también en televisión, teatro y ópera. Y que sabe sacar a sus actores y actrices, principalmente a éstas, lo mejor de sí: ya lo hizo con Kate Winslet y Judi Dench en Iris (2001) y con Judi Dench y Cate Blanchett en Diario de un escándalo (2006). Y ahora lo vuelve a hacer con Emma Thompson con El veredicto, en un papel memorable, de esos que huelen a Oscar. Y es que hablar de Emma Thompson es hablar de una de las mejores actrices británicas, multigalardonada en los premios Emmy, Globo de Oro, BAFTA y Óscar (ganadora a la Mejor actriz en 1992 por Regreso a Howards Ends de James Ivory y en 1995 por Sentido y sensibilidad de Ang Lee, y finalista en 1993 tanto como Mejor actriz por Lo que queda del día de James Ivory como a Mejor actriz de reparto por En el nombre del padre de Jim Sheridan). Pero también queremos destacar en ella una película filmada para la televisión, en la que realizó un papel soberbio, pero en la que se implicó también escribiendo el guión mano a mano con su director, Mike Nichols: hablamos de una película del año 2001 muy de Cine y Pediatría titulada Amar la vida (Wit en su versión original), y con grandes enseñanzas para el mundo de medicina. 

Pues bien, de la combinación de un escritor como Ian McEwan (que tirando de galones también firma en solitario el guión), un director como Richard Eyre y una actriz estratosférica como Emma Thompson nace El veredicto, una obra entre el cine, la televisión, el teatro y la ópera, esa especial relación entre una jueza y un adolescente, con esta sinopsis (y con un tratamiento muy británico). Fiona Maye (Emma Thompson) es una prestigiosa jueza del Tribunal Superior de Londres especializada en derechos familiares que atraviesa por una grave crisis con su marido Jack (Stanley Tucci) ya en la década de sus sesenta años. Cuando llega a sus manos el caso de Adan (Fionn Whitehead), un adolescente con leucemia que se niega a hacerse una transfusión al ser Testigo de Jehová, Fiona descubrirá sentimientos ocultos que desconocía y luchará para que Adan entre en razón y sobreviva. 

Recordemos que la película procede de la novela “The Children Act”. Y recordamos que The Children Act (La Ley de menores) fue enunciada en el Reino Unido en 1989 para asignar deberes a las autoridades locales, los tribunales, los padres y otras agencias en el país, para garantizar que los niños estén protegidos y se promueva su bienestar: “Cuando un tribunal determina cualquier cuestión con respecto a… la educación de un niño… el bienestar del niño será la consideración primordial del tribunal”

Fiona Maye (a la que todos llaman Su Señoría) vive una vida acomodada gozando de un buen estatus social en Londres, prestigiosa jueza en las más altas instancias, amante de la buena música (incluso se atreve con el piano y con el canto) y de las obras de arte, ha conseguido llegar allí con un doble sacrificio: por un lado, el coste maternal (ha sacrificado la oportunidad de ser madre en favor de su carrera) y, por otro, el coste afectivo (ha descuidado su relación matrimonial). Y ella, que es capaz de dar lo mejor de sí en su profesión (la película arranca con el caso de unos siameses toracópagos y ella acaba diciendo: “El tribunal es de justicia, no de moral”), no es capaz de salvar su matrimonio a la deriva. Y por ello nos dice: “Tengo miedo, tengo miedo de mí”, ahogada entre el trabajo y el fracaso familiar. Y ante ello, aún busca más la estabilidad en el refugio de su estrado. Mujer brillante, tiene que decidir sobre cuestiones éticas y morales que implican algo más que la aplicación de la ley. Y ahí es donde aparece un nuevo caso… el del joven Adam.

Porque por razones religiosas los padres de Adam (que es menor de 18 años) niegan la transfusión que precisa su hijo, poniendo en grave peligro la vida del joven: la hemoglobina ha descendido de 12,5 g/dl a 4,5 g/dl, con síntomas de debilidad y disnea. Es más, si no recibe esa transfusión morirá. Pero en esos padres pesan más las palabras del predicador del Salón del Reino: “El alma, la vida están en la sangre. Y no es nuestra, es de Dios”. Y para los padres es una prueba de fe, para ellos mezclar la sangre es polución o contaminación, según lo han interpretado del Génesis y del Levítico, aunque se les recuerda que esa decisión adoptada por los Testigos de Jehová procede de 1945, no de la época de las Sagradas Escrituras.

En esta tesitura, Fiona tiene el poder de decidir sobre la vida de Adam y, ante tal disyuntiva, opta por tomar una decisión nada habitual y poco ortodoxa: decide trasladarse al hospital para charlar con el joven y ver si es consciente de la situación en la que se encuentra. Allí lo que se encuentra es a un joven apolíneo muy maduro para su edad. Pero está confundido y tras la charla con Fiona, todavía más empecinado en la idea: “Yo soy yo, no soy mis padres… Estoy listo para morir”. Pero al final le convence a que acepte recibir la transfusión, y es entonces cuando Adam queda extrañamente anclado a Fiona: “La religión de mis padres era un veneno y usted fue el antídoto”.

El encuentro de Fiona y Adam en el hospital (y los siguientes) es el encuentro entre el amor y la creencia, es un encuentro que otro juez define así: “Pobre chico, ha perdido a Jehová y se obsesionado contigo”. Porque es como si la transfusión de sangre que necesita el joven Adam se convirtiera en otra metáfora: es la sangre que le da la vida, pero lo que realmente se la da es el amor. Y cuándo Fiona le pregunta, ante esa persecución, qué es lo que quiere, el joven le contesta: “Darle las gracias por salvarme la vida y salvarme de mi religión… Me gustaría vivir con usted”.

Y por ello El veredicto es una película muy seductora, porque nos hace lidiar con la ética, la moral y el amor, un amor imposible. Y es entonces cuando Adam recae de su enfermedad, pero ahora ya ha cumplido 18 años, ya no se aplica la ley del menor, y es cuando decide dejarse morir. Y Fiona le recuerda al final entre sollozos: “Era solo un chico, un chico encantador”.

Y es así como El veredicto se convierte en una buena película para recordar que en nuestra profesión médica es relativamente frecuente, y por muy diversos motivos, tener que recurrir a la justicia. Y que no siempre es fácil discernir en la toma de decisiones bioéticas cuando nos enfrentamos a la mayoría de edad, a la mayoría de edad sanitaria y al menor maduro.

 

miércoles, 5 de diciembre de 2018

e-Salud en el siglo XXI: atención presencial frente atención virtual


Acaban de publicarse los resultados de Healthio 2018, un estudio sobre la adaptación de los pacientes ante el uso de las nuevas tecnologías en salud. En este caso una encuesta realizada sobre 7.905 consumidores mayores de 18 años procedentes de 7 países, de los que 957 son españoles.

Podríamos decir que la e-Salud (e-Health) es el término paraguas que engloba a todos los demás y que hace referencia a la aplicación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), en el amplio rango de aspectos que cubren el cuidado de la salud. Hay concienciación y una favorable respuesta hacia el uso de las nuevas tecnologías en el cuidado de la salud. 

Y quizás lo más importante de sus respuesta sea conocer las principales ventajas de la atención presencial y de la atención virtual, en el que se aprecia una clara diferencia. 

Principales ventajas de la ATENCIÓN PRESENCIAL: 
- Calidad de la atención de los pacientes: 71% de los encuestados 
- Adaptación a los horarios de los médicos: 55% 
- Participación de los pacientes en las decisiones sanitarias: 48% 
- Menor posibilidad (o número) de acontecimientos adversos. 33% 
- Ofrecer atención oportuna y adaptada al paciente: 27% 
- Diagnósticos más rápidos: 26% 
- Adaptación a los horarios de los pacientes: 12% 
- Menos gastos médicos para los pacientes: 9% 

Principales ventajas de la ATENCIÓN VIRTUAL: 
- Adaptación a los horarios de los pacientes: 73% 
- Menos gastos médicos para los pacientes: 56% 
- Ofrecer atención oportuna y adaptada al paciente: 49% 
- Diagnósticos más rápidos: 49% 
- Participación de los pacientes en las decisiones sanitarias: 17% 
- Menor posibilidad (o número) de acontecimientos adversos. 15% 
- Adaptación a los horarios de los médicos: 14% 
- Calidad de la atención a los pacientes: 9% 

Lo que debemos tener claro es que la “e” del término eSalud, no solo se refiera a la parte electrónica, sino que implique a otros 10 términos que empiezan con la misma letra y que ayudan a completar su definición. Estos son: 
- Efficiency o eficiencia. 
- Enhancing quality of care o Mejora de la calidad del cuidado. 
- Evidence based o Basada en evidencias. 
- Empowerment of consumers and patients o Empoderamiento de consumidores y pacientes. 
- Encouragement o Estimulante. 
- Education through online sources o Educación a través de fuentes digitales. 
- Enabling information exchange o Permitir el intercambio de información. 
- Extending the scope o Ampliar el foco.
- Ethics o Ética. 
- Equity o Equidad. 

Además, se indica que la e-salud debe incluir otras tres características más. Estas son: 
- Easy-to-use o Fácil de utilizar. 
- Entertaining (no-one will use something that is boring!) o Entretenida. 
- Exciting o Emocionante.

Y ahí andamos, avanzando entre la atención presencial y la atención virtual. Pero sin perder el horizonte...

lunes, 3 de diciembre de 2018

ASEMEYA, una asociación “de cine” y otras artes


ASEMEYA son las siglas de Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas, entidad en la que se agrupan más de dos centenares de profesionales de la medicina con inquietudes, afición y al menos una mínima obra realizada en los campos de la literatura, el arte o ambos. 

Los orígenes hay que buscarlos en el primer tercio del siglo XX, cuando se funda en Madrid la Asociación Española de Escritores Médicos para intentar reunir a un buen número de profesionales que realizaban labores periodísticas sobre cuestiones médicas y cuyas obras andaban desperdigadas por la prensa de la época. Es dudoso poder atribuir a la asociación fundada en 1928 el papel de germen de la actual ASEMEYA, si bien en los primeros años esta Asociación se parece mucho a la propia Asociación de la Prensa Médica, de la que en cierto sentido se había desgajado. Llegamos a los años cincuenta, a partir de los cuales su actividad se revitaliza, gracias en gran parte a presidentes de la talla de Bosch Marín, Blanco Soler, Zúmel y Rico-Avello. Y es en 1987 cuando se procede a una profunda reestructuración de la Sociedad Española de Médicos Escritores y pasa a englobar también el concepto de Artistas, para acoger de médicos con otras inquietudes en el mundo del arte.

Fue en diciembre de 2014 el proyecto Cine y Pediatría tuvo el honor de entrar a formar parte de ASEMEYA y lo hizo con el discurso de ingreso que titulé “¿Te atreves a prescribir películas en Pediatría?". Y lo hice con la mejor compañía, la de dos amigos maestros del lenguaje, pues la Laudatio corrió a cargo del Dr. José Ignacio de Arana Amurrio y la Conversatio fue expuesta por el Dr. Fernando A. Navarro. Sonroja, en palabras finales de Fernando, al recordar que uno forma parte de una institución a la que pertenecieron ilustres miembros como Santiago Ramón y Cajal o Pío Baroja. Y en ese momento comenzó mi camino de friki a artista... 

Pues bien, en estos días que se cumplen los cuatro años de esa fecha, es un buen momento para recordar la renovación de ASEMEYA, tanto en su Junta Directiva (con el Dr. Alberto Infante Campos como presidente) como en su web, de renovado diseño y que os invitamos a conocer. 

Y en esa remozada web hemos podido actualizar los recuerdos de Cine y Pediatría, tanto la ceremonia de ingreso, como el discurso de ingreso o bien las distintas publicaciones desarrolladas hasta la fecha sobre:  
• Cine y Pediatría 
• Cine y cáncer en infancia y adolescencia 
• Cine y embarazo en adolescentes 
• Cine y música 
• Cine y adolescencia.

Y con ello os dejamos el enlace a nuestros libros (de distribución gratuita por España a través de la editorial Lua Ediciones 3.0) o nuestro Facebook Cine solo cine

Por ello, ASEMEYA, es una asociación de médicos artistas, es una asociación “de cine”… Un buen regalo de mi santo para el día de hoy.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Cine y Pediatría (464). “Playground”, infancias que no son un patio de recreo


El cine polaco tiene una triada de directores que han traspado fronteras: Krzysztof Kieślowski (reconocido por su trilogía Tres colores: Azul, Blanco y Rojo), Andrzej Wajda (un devoto del movimiento polaco alrededor del sindicato Solidaridad y que tradujo en películas como El hombre de mármol y El hombre de hierro) y el controvertido Roman Polansky (encumbrado con obras como La semilla del diablo, Chinatown o El pianista, por la que ganó su único Oscar). A partir de ahí, la presencia de Polonia en nuestras carteleras es testimonial. En Cine y Pediatría hablamos en su momento de una película del director polaco Yuran Bogayevicz, pero una película de nacionalidad estadounidense: Hijos de un mismo Dios (2001). 

Y hoy llega a Cine y Pediatría la primera película desde Polonia, la ópera prima del director Bartosz M. Kowalski, que compitió en la edición de 2016 del Festival de San Sebastián por la Concha de Oro y en varias de sus proyecciones se produjo un abandono del público ante la dureza de las imágenes, especialmente en su tramo final. La película se titular Playground, pero bien podría haberse titulado “Hijos de un mismo demonio”, porque es una obra que nos saca de nuestra zona de confort, que vemos avanzar con desasiego y que finaliza en zozobra (perdiendo el aliento en los últimos planos), al atreverse a hablarnos con imágenes del horror de lo cotidiano, al mostrarnos la brutalidad de la violencia entre niños y adolescentes por la que actualmente se rige la vida escolar en la Europa que vivimos. Porque Playground directamente señala al espectador, al que remueve de su butaca, porque nos enfrenta al concepto de la maldad en una historia de preadolescentes que cometen un acto de brutalidad extrema visto desde una perspectiva distante y fría, lo que acentúa aún más su escalofriante mensaje. 

La película narra el último día de colegio de tres preadolescentes de 12 años en una pequeña ciudad polaca, y nos lo cuenta en seis partes: las tres primeras corresponden a la presentación de nuestros protagonistas (tres actores que se ponen delante de una cámara por primera vez), lo que acaece en la primera media hora de metraje, y las tres partes finales se enuncian por sus tres localizaciones. 
1. Gabrysia. Gabrysia (Michalina Swistun) se prepara para ir al colegio, se baña, simula pintarse los labios, se mira en el espejo, se viste, desayuna y se monta en el coche de su madre. Solo imágenes, ninguna palabra en los primeros 7 minutos, luego unos acordes de piano y un Whatsapp: “Tenemos que hablar, ¿te acuerdas?”
2. Szymek.  Szymek (Nicolas Przygoda) vive en una colonia obrera, y les vemos como ayuda a levantarse de la cama a su padre inválido, a quien le lleva al baño y le prepara el desayuno. Se nos presenta como un buen hijo, pero en el momento de prepararse para ir al colegio, vemos que abofetea a su padre… y también se mira en el espejo. 
3. Czarek.  Czarek, (Przemek Balinski), aparece comentando a su madre que no quiere que su hermano de un año duerma en la misma habitación que él. Luego se corta el pelo al cero y también se mira en el espejo. Discute y desobece a su madre, y sale de casa camino de la escuela, sin dejar de modelar una bola de arcilla. 
4. La escuela. Tras la presentación de nuestros personajes, con un comportamiento peculiar que no presagia nada bueno, finalmente se encuentran en el patio de recreo del colegio. Allí donde una chica ayuda a Gabrysia a declararse a Szymek. Y todo ello mientras asisten a la ceremonia del clausura del curso. Y resuenan estas palabras de la directora en la entrega de los premios del curso: “Como vuestra directora quiero despedirme de vosotros con estas inspiradoras palabras que un gran líder dijo una vez a su hijo: La sabiduría es la mayor riqueza del mundo. La estupidez es la mayor pobreza. Evita la auto-admiración. Sé orgulloso de tu buen carácter. No busquéis amigos entre los tontos, ya que te traerán más problemas que provecho. Ten cuidado con los mentirosos que son como ilusiones. Te convencerán de que lo que es distante está cerca y te alejarán de lo que realmente está aquí”. 
5. Las ruinas. Porque Gabrysia tiene la última oportunidad del curso para declararse a Szymek, el chico más guapo de su clase, para lo cual organiza una cita secreta en una casa en ruinas, a la que éste acude con su amigo Czarek. Y lo que se esperaba que fuera una charla íntima, se descontrola y entre esas ruinas asistimos a las ruinas del ser humano representado por estos dos chicos que volcarán su violencia contra la niña, una violencia cargada de machismo y que es premonitoria de la crueldad y violencia de la última parte. 
6. Playground. Szymek y Czarek encuentran en el centro comercial a un niño de 3 años y lo sacan de allí y se lo llevan al campo. Y, por fortuna, la cámara está continuamente alejada de la acción, porque es difícil soportar la visión de lo que se intuye. Y que hace dudar del ser humano, incluso de si el mal existe en la mente de unos preadolescentes. Y la cámara se mantiene fija entre los tres protagonitas de la acción, las vías del tren y el campo… y se hace insufrible. Porque es posible que los 10 minutos finales de esta película sean de los más insoportables que uno recuerde. 

Y lo peor es que esta basada en hechos reales: inspirada en la historia de Robert Thomson y Jon Venable en los años 90 en Liverpool, dos preadolescents que mataron a un pequeño de tres años por razones que nunca se llegaron a aclarar. Y por ello esta película es una experiencia que no dejará a ningún espectador indiferente. No es de extrañar que fuera una de las obras más controvertidas proyectadas en su momento en la capital donostiara y que, no en vano, desató la polémica y la indignación por su violencia. 

La naturaleza de la maldad es el eje sobre el que pivota un filme que, sin duda, traerá polémica y nos dejará noquedos: o lo amas o lo odias. Y nos dejará diversas preguntas: ¿por qué existe la violencia entre niños?, ¿es la crueldad inherente al ser humano o se llega a ella por la influencia del entorno?, etc. Y con un estilo casi documental, distante y frío como suelen ser las películas polacas, conocemos en los tres primeros capítulos a los tres protagonistas. Ya los tres los observamos en sus casas, en el entorno familiar, antes de acudir al último día de clase. Se trata de un recorrido esencial para ver las carencias afectivas que estos niños tienen, cómo sus vidas les han obligado a madurar de golpe por las cargas que sufren y las ausencias de figuras primordiales en el hogar como la materna o paterna. 

Y mientras suena la música clásica de la película, sentimos la angustia de que nos cuenten el lado oscuro de la infancia. Porque hay infancias que no son un patio de recreo...