lunes, 18 de diciembre de 2017

Bancos de leche: la vida fluye de solidaridad



Hace poco más de un mes hemos inaugurado en el Hospital General Universitario de Alicante el Banco de Leche (BL), en un proyecto conjunto de la Comunidad Valenciana (y junto al Hospital La Fe de Valencia y al Hospital General de Castellón), un proyecto que solo nos está proporcionando buenas noticias y felices objetivos. Con ese motivo, realizo una breve revisión para la población no sanitaria del qué, cómo y quiénes forman el proyecto de un BL. 

¿Qué es un BL? 
Es el dispositivo sanitario establecido para la obtención de leche humana a fin de recogerla, procesarla, almacenarla y dispersarla, con todas las garantías sanitarias, a los pacientes que precisen de este producto biológico. 
No es nada nuevo, pues su existencia comenzó hace casi un siglo, pero con otras premisas. En la década de los 80, coincidiendo con la aparición del SIDA y el desarrollo de fórmulas lácteas para prematuros, este declive en el funcionamiento de los BL fue solo transitorio y actualmente se encuentran extendidos por todo el mundo con una tendencia cada vez mayor hacia la creación de nuevos bancos. Y España no es una excepción, más bien al contrario. 
Los BL no entran en contradicción con la lactancia materna, sino que contribuyen a su mayor éxito a través de diferentes vías. La experiencia ha demostrado que la instauración de un BL materna aumenta las tasas de lactancia materna en la región donde se ha implantado, dado que pueden resolver, de manera transitoria, los problemas de alimentación del recién nacido hasta que su madre le pueda dar el pecho. Además, tiene un efecto importante sobre la comunidad en que se sitúa porque se destaca que el gran valor de la leche materna. 

¿Cómo funciona un BL? 
Con, al menos, cinco pasos: 
1) Selección de las donantes: a las cuales se les realiza un cuestionario, firman un consentimiento informado y se les realiza una analítica de sangre para descartar algunos tipos de infecciones. 
2) Recogida de leche y transporte al BL: durante la entrevista se proporciona a las donantes un extractor manual, envases de recogida, etiquetas identificativas y un manual de instrucciones para realizar correctamente el proceso. Se recomienda que antes de 15 días de su obtención, sea transportada congelada al BL, donde se mantiene congelada hasta su procesamiento. 
3) Procesamiento de la leche de Banco: la leche se descongela a 4ºC y se manipula en cámara de flujo laminar (en condiciones estériles)y se toman muestras para estudio microbiológico. Debido a la elevada variabilidad nutricional, la leche válida procedente de diferentes madres se mezcla para obtener un producto más homogéneo. La leche se reparte en envases y se pasteuriza. 
4) Dispensación y administración: siempre bajo prescripción facultativa en la que deben constar los datos del facultativo, los datos del receptor, el diagnóstico y la indicación. La leche materna procesada en el BL conserva, en gran medida, las propiedades nutritivas e inmunológicas que hacen de la leche humana un producto insustituible a la hora de hablar de la alimentación del niño prematuro. 
5) Seguridad de la leche de Banco. 

¿Cuáles son las indicaciones de la Leche de Banco? 
No todos los lactantes pueden recibir la leche de sus madres, ya sea porque ellas no producen leche suficiente para sus hijos, tienen alguna enfermedad (VIH, leucemia), están recibiendo tratamiento farmacológico, o han fallecido. En estos casos la leche de banco ofrece a estos lactantes una serie de beneficios: nutrición óptima del lactante, protección inmunológica frente a enfermedades infecciosas y prevención frente a la enterocolitis necrotizante. 
Las indicaciones más comunes para prescribir leche de banco son tres: 
1) Nutricionales: prematuridad, síndrome de malabsorción, errores metabólicos, nutrición posquirúrgica. 
2) Terapéuticas: enfermedades infecciosas, inmunodeficiencias, trasplante de órganos, enfermedades crónicas. 
3) Preventivas: enterocolitis necrotizante, alergia a proteínas de la leche de vaca, terapia inmunosupresora. 

Desde la Asociación Española de Bancos de Leche Humana (AEBLH) podemos confirmar el gran impacto de los BL, el gran flujo de solidaridad, al recordarnos que en el año 2016 se donaron mas de 7400 litros de leche a los once bancos actualmente en funcionamiento en España en ese momento. Y en 43 hospitales, 2.281 neonatos, en su mayoría prematuros de muy bajo peso, se beneficiaron de estas donaciones. 

Si te animas a ser DONANTE de leche materna, te esperamos... Porque si "la lactancia materna es el vínculo de amor que vuelve sanos, fuertes y felices a nuestros hijos", podemos pensar que también podemos ayudar a otros hijos. 
Puedes contactar con nosotros en nuestra admirada sección de NEONATOLOGÍA, bien por correo electrónico (cen_neonatos@gva.es) o por teléfono (965913432).

sábado, 16 de diciembre de 2017

Cine y Pediatría (414). "El señor de las moscas" y la pérdida de la inocencia


Hoy comentamos un icono de literatura que se llevó a la pantalla en dos ocasiones: una en blanco y negro, y otra en color. La novela es un icono publicado en 1954, la primera y más célebre novela del escritor inglés y Premio Nobel de Literatura William Golding. Las películas datan de 1963, la de blanco y negro, dirigida por Peter Brook, y de 1990, la de color, dirigida por Harry Hook. Está claro que hablamos de El señor de las moscas, donde se hace explícita la intención del novelista de ofrecer una visión de la naturaleza humana alternativa a la que se refleja en el "Emilio" de Rousseau y más cercana a lo que defendía el filósofo Thomas Hobbes en "Leviatán". El título alude a la maldad humana, representada por Belcebú, deidad filistea y posteriormente también perteneciente a la iconografía cristiana, que es conocido por este sobrenombre de Señor de las Moscas, 

Una treintena de muchachos son los únicos supervivientes de un naufragio en un isla en el que perecen todos los adultos. Enseguida se plantea cómo sobrevivir en tales condiciones, y no tardan en crearse dos grupos con sus respectivos líderes. Ralph se convierte en el cabecilla de quienes están dispuestos a construir refugios y a recolectar alimentos, mientras que Jack se convierte en el jefe de los cazadores, animados por un espíritu más aventurero. Las tensiones entre ambos bandos desembocan en un enfrentamiento que se resuelve en un baño de sangre. Ralph y Jack son los personajes principales, a los que se suma Piggy, objeto de burla por su peso corporal, sus gafas y por padecer asma, a veces le llaman Cerdito o Capitán de la grasa, y, pese a todo, representa la voz de la razón. 

A través de 12 capítulos ("La caracola", "Fuego en la montaña", "Cabañas en la playa", "Rostros pintados y melenas largas", "El monstruo del mar", "El monstruo del aire", "Sombras y árboles altos", "Ofrenda a las tinieblas", "Una muerte se anuncia", "La caracola y las gafas", "El pelo del castillo", "El grito de los cazadores"), el libro aborda el mal que existe en el corazón del hombre que, independientemente de la edad y del medio donde viva, surge como algo natural. En el libro el autor nos muestra cómo se organizan unos niños perdidos en una isla paradisíaca sin la presencia de adultos, resultando preocupante lo fácil que puede ser la pérdida de la inocencia, en ocasiones, propiciada por el dominio de la parte bárbara de las personas sobre la civilizada.... y también en la infancia. Porque el mal también acecha a la infancia y de muy diversas maneras. 

De las dos películas, posiblemente el original en blanco y negro supera a su copia en color. En los créditos iniciales aparecen una serie de imágenes en blanco y negro que nos sitúan en la Segunda Guerra Mundial y, alrededor de una música estridente, comprobamos que un avión se estrella. A continuación aparecen los primeros niños en una isla desierta. Allí, al inicio su comportamiento es ejemplar y se proponen como meta trabajar en unidad para salir de la isla. Poco a poco, sin embargo, el mal se empieza a hacer presente, y los momentos finales de la película son aterradores por el cambio que se ha obrado en los muchachos. Por ello, dicen en un momento: "No sé por qué, habíamos empezado bien. Luego la gente empezó a olvidar lo que importa. Lo más importante para todos es que nos rescaten. Decidamos lo que hace cada uno y empezaremos de nuevo. Prestando atención a cosas como el fuego". 

Lejos de la película el proponer el mito del buen salvaje de Rousseau y suponer que el hombre es corrompido por las estructuras sociales. Por el contrario, se advierte que hay algo en el ser humano, incluso en los inocentes niños, que los hace tender al mal. Ni la novela ni la película lo hacen explícito, pero se puede relacionar esta situación con el pecado original. Precisamente una figura muy importante es la cabeza de un cerdo que los niños clavan en medio de la isla, cabeza que, con el tiempo, se irá llenando de moscas: es el Señor de las Moscas, conocida imagen bíblica que representa al diablo. Presente en la isla, aparece como la bestia que va sutilmente sugiriendo el mal para destruir al hombre y la creación de Dios. y su presencia se deja sentir cada vez más en los acontecimientos que se van desencadenando. Por ello, Peggy llega a preguntar: "¿Qué es mejor? ¿Tener normas y estar de acuerdo o cazar y matar?"

El deseo original de escapar de la isla es abandonado. Los muchachos dejan de mirar el horizonte que los lleva a su salvación, y hacen de la isla un refugio y, finalmente, una suerte de prisión. El fuego, logrado por medio de la técnica humana y recurso valioso para la supervivencia, se volverá también en contra de ellos, avanzando implacable para destruir la maravilla que Dios había creado. Porque en ese microuniverso que es la isla se revelarán los instintos más bajos de la naturaleza humana, que dicta que sin educación o una sociedad con reglas y figuras de autoridad, el hombre se comportaría como un animal. 

Por todo ello, El Señor de las Moscas es una película que impacta y se comporta, incluso, como una catequesis valiosa sobre el mal, el demonio, el pecado y sus efectos en el hombre y la sociedad. No es una película agradable, ni es tampoco para niños, aunque solo tenga como protagonistas niños (de hecho solo salen puntualmente algunos adultos al final de la película, marinos que llegan a la isla). Pero si es una película para el análisis y la reflexión. Como es final de la cara de Ralph en primer plano y una lágrima. 

Se dice que una de las mayores influencias que llevó a William Golding a escribir "El señor de las moscas" fue la novela "La isla de coral" escrita en 1857 por R. M. Ballantyne, en la que se nos presentan a tres muchachos supervivientes de un naufragio que luchan constantemente contra una maldad externa, reflejada en piratas y caníbales. Pero, mientras Ballantyne nos ofrece una visión más optimista del ser humano en estado salvaje, cercana a la filosofía de Rousseau, Golding utiliza elementos de la filosofía de Hobbes para criticar la visión de la naturaleza humana

Porque Rousseau declaraba que el ser humano en su estado natural se caracterizaba por la bondad y la inocencia, y que era en sociedad cuando el hombre se corrompía. Y la filosofía de Hobbes en este aspecto es contraria a la de Rousseau, de la misma manera en que la obra de Golding es contraria a la de Ballantyne; tanto en "Leviatán" de Hobbes como en "El señor de las moscas" de Golding asistimos a una representación del ser humano como un ente asalvajado por culpa de la naturaleza, siendo en este caso la sociedad la encargada de apaciguar su naturaleza salvaje gracias al uso de la razón. 

Lo dicho, una novela y dos versiones de películas de El señor de las moscas. Y, posiblemente, ya una tercera versión en preparación, dirigida por Scott McGehee y David Siegel, conocidos por películas como ¿Qué hacemos con Maisie?  Una novela con gran influencia, pasada, presente y futura, al ser una alegoría de la naturaleza humana, donde cada personaje representa diferentes aspectos de las personas: Ralph, el orden y la civilización; Piggy, la razón y cordura de la sociedad; Jack, el deseo de poder y la maldad; Roger, la crueldad y el sadismo en su mayor escala; Simón, la bondad natural del hombre. En resumen, una alegoría de la pérdida de la inocencia en la infancia.

 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Los Premios MEDES y la Pediatría: la fiesta continúa


MEDES es el acrónimo de MEDicina en Español, una iniciativa de Fundación Lilly que nació en el año 2004 y que tiene como objetivo contribuir a la promoción de la publicación en revistas biomédicas españolas, así como favorecer su difusión nacional e internacional mediante diversas actividades de formación y divulgación. Y desde el año 2016 MEDES tiene el aval de la Real Academia Española (RAE). 

Ya hemos comentado que MEDES tiene varias líneas de actuación. La principal es el desarrollo de la Base de Datos Bibliográfica MEDES-Medicina en español, pero también están las JORNADAS MEDES, el BOLETÍN MEDES y los PREMIOS MEDES. Hoy nos detenemos en ellos y casi repetimos el titular de hace un año por la reincidencia de que estos Premios recaigan en proyectos relacionados con la Pediatría. 

Los Premios MEDES pretenden dar reconocimiento tanto a aquellos que generan el conocimiento y lo comunican utilizando nuestro idioma, como a las iniciativas que hacen posible la comunicación y divulgación del conocimiento entre los hispanoparlantes. Aunque los premios han cambiado desde su inicio en el año 2008, desde hace varios años se convocan dos premios anuales: a la mejor INICIATIVA y a la mejor INSTITUCIÓN que generan conocimiento biomédico y lo comunican utilizando nuestro idioma. 

Y cabe decir que en los Premios a Mejor Iniciativa, la Pediatría ha tenido una brillante presencia, pues ha ganado el premio en 4 de las 9 ediciones previas, con distintos proyectos, a los cuales nos referimos en su momento en este blog:
- En el año 2010, el premio fue para la "Guía-ABE. Tratamiento de infecciones en Pediatría. Guía rápida para la selección del tratamiento antimicrobiano empírico". 
- En el año 2012, el premio fue para la revista "Evidencias en Pediatría". 
- En el año 2015 para la "Web Familia y Salud de la AEPap". 
- Y en el año 2016 para la "Plataforma de formación de la AEP, Continuum". 

Y este año 2017 los Premios han recaído en dos instituciones muy queridas por mí, una por la amistad que me une con ellos y otra porque allí me formé, como tantos cientos de miles de universitarios en una universidad centenaria: 
- El Premio a la Mejor INICIATIVA en el fomento del uso del idioma español en la divulgación del conocimiento biomédico ha sido para Canal FAN3 de Fundación Atresmedia, un nuevo proyecto vinculado con la Pediatría, pues su principal foco de actuación es con los niños hospitalizados. 
- El Premio a la Mejor INSTITUCIÓN destacada en la promoción del idioma español como lengua del conocimiento biomédico para la Universidad de Salamanca, que además está en fase de preparación de su celebración del VIII Centenario. 

Así pues, 10 ediciones de los Premios MEDES y ya 5 premios vinculados con la Pediatría. Y ello, ¿por qué? Pues quizás porque los pediatras somos muchos (después de los Médicos de Familia, el colectivo médico más numeroso en España) y porque somos muy inquietos, idealistas e imaginativos. De eso no hay duda, y doy fe... 
Es que somos como niños :-) Y nos encanta el español.

lunes, 11 de diciembre de 2017

El honor de los Premios Best in Class para nuestro Servicio de Pediatría


Los Premios Best in Class o Premios BIC son unos galardones del ámbito médico creados en el año 2006 y que tiene como objetivo el reconocer públicamente al mejor centro de Atención Primaria, al mejor hospital y a los mejores servicios y unidades del territorio nacional, tanto públicos como privados, que buscan la excelencia en la atención que prestan a sus pacientes

Estos premios son una iniciativa promovida por Gaceta Médica, publicación del Grupo de comunicación Wecare-U, y la Cátedra de Innovación y Gestión Sanitaria de la Universidad Rey Juan Carlos, y cuya organización sólo hace públicos los ganadores y finalistas en cada categoría. 

La concesión de los premios se basa en la puntuación obtenida por los candidatos con el Índice de Calidad Asistencial al Paciente (ICAP), que se establece a partir del análisis multivariable de los datos recogidos en los cuestionarios de autoevaluación cumplimentados por los hospitales y centros de atención primaria a través de esta web. La Universidad Rey Juan Carlos y las distintas sociedades científicas colaboran dando rigor e independencia al sistema de evaluación de la calidad asistencial. 

Establece 5 categorías de premios: 
- Premio BIC al Mejor Hospital en Atención al Paciente 
- Premios BIC en Atención al Paciente en áreas específicas 
- Premio BCl Mejor Centro en Atención Primaria 
- Premios BIC a los Mejores Proyectos 
- Premios BIC en Gestión Hospitalaria 

Los ganadores reciben un diploma acreditativo en un acto público y la prestación de un servicio que les sirva de herramienta de mejora continua. Además, los ganadores y finalistas forman parte de la Guía de los Mejores Hospitales y Servicios Sanitarios que se edita anualmente. 

la

Y ha sido un placer forma parte del elenco de premiados de este año en la categoría de mejor Servicio de Pediatría, con este cuadro final: GANADOR: Hospital Universitario Cruces. FINALISTAS: Hospital General de Villalba, Hospital General Universitario de Alicante, Hospital Universitario Infanta Elena, Hospital Universitario Rey Juan Carlos y Hospital Universitario Severo Ochoa. 

Cabe decir que fue nuestro hospital el ganador de la primera Edición de los Premios BIC, allá por el año 2006, y con este palmarés hasta la fecha: 
- Hospital General Universitario de Alicante (año 2006) 
- Hospital de Zumárraga (años 2007 y 2008) 
- Hospital Fundación Alcorcón (año 2009) 
- Hospital de Basurto (año 2010) 
- Hospital de Fuenlabrada (años 2011 y 2013) 
- Hospital Gregorio Marañón (año 2012) - Hospital Severo Ochoa (año 2014) 
- Hospital de Cruces (años 2015, 2016 y 2017) 

En la presentación anexa os dejamos las credenciales del Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario de Alicante para optar a este galardón por y para la excelencia centrada en el paciente.

 

sábado, 9 de diciembre de 2017

Cine y Pediatría (413). "Blue Bird", travesía visual por el realismo mágico


El denominado como realismo mágico se caracteriza especialmente por narrar historias ocurridas en escenarios y contextos concebidos como reales, pero en los que tienen lugar acontecimientos de índole fantástica que pasan a formar parte de esa realidad cotidiana, sin que su presencia provoque sorpresa alguna entre los personajes en turno de la respectiva historia. 

Comenzó como un movimiento literario de mediados del siglo XX y se definía como una preocupación estilística y el interés de mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común. El término fue inicialmente usado por un crítico de arte, el alemán Franz Roh, para describir una pintura que demostraba una realidad alterada, y llegó al idioma español influenciado por las obras surrealistas de la escritora chilena María Luisa Bombal y más tarde introducido a la literatura hispanoamericana por Arturo Uslar Pietri. El realismo mágico se desarrolló muy fuertemente en las décadas de los 60 y 70, y entre sus principales exponentes están el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el hispano-peruano Mario Vargas Llosa y el colombiano Gabriel Garcia Marquez, todos galardonados con el Premio Nobel de Literatura. 

Pero el realismo mágico también impregnó otras artes, entre ellas el séptimo arte. Curiosamente, uno de los principales exponentes del realismo mágico en el cine podría ser Woody Allen con tres de sus más emblemáticas películas: La Rosa Púrpura del Cairo (1985), Scoop (2006) y Medianoche en París (2011). Y aunque no siempre es fácil diferenciar el realismo mágico de lo real maravilloso, son matices que se tocan en el séptimo arte: se podría decir que en el realismo mágico la fantasía adorna la realidad, cuando en lo real maravilloso lo real adorna a lo fantástico. Sea como sea, en Cine y Pediatría ya algunas se podrían encuadrar aquí: El tambor de hojalata (Volker Schöndorff, 1979), Pequeños milagros (Eliseo Subiela, 1997), Los niños invisibles (Lisandro Duque Naranjo, 2001), El niño pez (Lucía Puenzo, 2009), Cartas a Dios (Éric-Emmanuel Schmitt, 2009), Bestias del sur salvaje (Benh Zeitlin, 2012) o Macondo (Sudabeh Mortezai, 2014). 

Y hoy sumamos una película más, libre adaptación de "L’oiseau Blue" del dramaturgo belga Maurice Maeterlinck sobre dos hermanos que deben buscar el pájaro azul con poder sanador, pero que se vuelve una libre adaptación ambientada para el cine en Togo (África). La película, también belga, Blue Bird (2011), es el segundo largometraje de Gust Van Den Berghe - bailarín de profesión, cineasta que no quería ser cineasta, frenético buscador de la imagen perfecta y poética - tras su Little Baby Jesus of Flandr (2010). 

Y aquí la búsqueda tiene forma de realismo mágico con Blue Bird, una película, cuanto menos, muy especial: el formato de la pantalla es rectangular y las imágenes son todas de un tono azul, con un guión peculiar y no fácil que nos muestra la historia de dos hermanos, el pequeño Batiokadié y su hermana Tené, que viven en un poblado con una madre hacendosa que les mima en el baño diario y un padre carpintero, al que observamos continuamente transportando en su moto el féretro para un difunto que ha fabricado con la madera de los árboles. Los dos hermanos, tras perder un simbólico pájaro azul, lo buscan a lo largo de toda una jornada. Y tanto el padre carpintero como sus hijos viajan en este recorrido iniciático, en este eterno retorno, y circularán a través de un orbe donde la vida, la muerte y el sueño cohabitan libremente. Recorrerán un mundo poblado de fantasmas y alegorías: allí se reencontrarán con sus abuelos fallecidos, conocerán al amo de los placeres, a los niños no nacidos y al rey del tiempo, entre otros misteriosos personajes. 

Una película con mayor destino que presente, que por momentos, como nos dice la crítica, quisiera elevarse hacia la expresión metafísica de un Andrey Tarkovski o descender hacia las profundas ensoñaciones poéticas de un Luis Buñuel, pero que quizás cae más en los efectos más banales y preciosistas de un Apichatpong Weerasethakul o de un Carlos Reygadas. Porque Van Den Berghe experimenta con las imágenes llenas de poesía, con el ritmo pausado, con los tiempos muertos, pero todo ello es clave si sale bien y un riesgo si no lo conseguimos, pues en estas lides no todos somos un Jim Jarmusch. Una película que se atreve a experimentar también con la música, pues se atreve a mezclar la belleza de la sabana africana con ritmos de música experimental, una acertada banda sonora elaborada por el compositor Alexander Zhikarev, parte esencial de esas atmósferas oníricas-contemplativas que el director buscaba conseguir, con sones que en ocasiones nos recuerda mucho al grupo islandés Sigur Rós. 

Es Blue Bird una fábula bañada de azul y realismo mágico ambientada en la sabana africana, una travesura visual si se quiere. Allí donde dos niños africanos van en busca de un pájaro azul y tienen hasta que acabe el día para encontrarlo: pero durante su búsqueda encontrarán mucho más. Porque ellos buscan al pájaro azul que intentamos perfilar por sus conversaciones como vemos perfiladas sus figuras en la sabana: "Igual no están cantando. Igual están llorando" o "No quiero que mi amigo esté triste porque su pájaro se ha ido para siempre..."

Y dos escenas llaman la atención, con dos mensajes: 
- Aquella que ocurre con el amo de los placeres y su séquito, cuando le dice a los niños: "Así es la vida. Si dejas suelto un pájaro, echará a volar. Pero la vida es más que eso...Porque si la felicidad no para de salir volando, buscaré la felicidad en la Tierra. Los placeres que encuentro aquí son placeres que no se van. Por eso ya es hora de que os deis cuenta de que nunca encontraréis ese pájaro. Ya va siendo hora de que los dos empecéis a buscar otros pájaros. Pájaros de la Tierra, de los que cantan y nadie puede resistirse"
- Y aquella de los niños no nacidos (niños con gorros que asemejan condones, extraño mensaje) y su encuentro con el Rey del Tiempo, en una escena que nos rememora - salvando las diferencias - a la marcha de los niños en la secuencia del vídeo The Wall de Pink Floyd: "Hola, yo soy el rey. El rey del Tiempo. Estáis en el reino del futuro. Bienvenidos, pero aquí hay que seguir unas reglas... Primera: colocaros los sombreros. Segunda: haced una fila. Tercera: silencio. Vais a hacer un muy, muy largo viaje. De hecho, solo algunos llegaréis al final... Y espero que os deis cuenta de la importancia de este viaje. Porque esto no es un juego. Es importante que todos os vayáis a la vez. No quiero ver a nadie apartado del grupo. Es la hora. Vamos...Antes que os montéis quiero recordaros que aquí no hay ganadores, solo el destino. Buena suerte". 

Las imágenes, la música, el azul, los diálogos, las expresiones de los niños, la sabana africana. Todo se confabula para ese realismo mágico, para la búsqueda de ese pájaro azul. Y donde los sueños siguen teniendo género y dicen algo tan políticamente incorrecto hoy como que Batiokadié diga "Yo quiero ser jugador de fútbol y carpintero como mi padre" y su hermana Tené responda, "Yo quiero ser mamá y princesa". Y esto desde Bélgica, que tan de moda se ha puesto. Porque la infancia necesita magia, aunque la realidad a veces no sea así.

 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Educación médica centrada en el paciente


SOBRAMFA, fundada en 1992 como Sociedad Brasileira de Medicina de Familia y con su actual denominación SOBRAMFA-Educación Médica y Humanismo, tiene como objetivo promover los principios y valores de la medicina familiar como disciplina académica, fomentar la educación médica centrada en el paciente, y estimular la dimensión humanística de la medicina, tanto en la acción práctica como en el proceso de formación universitaria. De entre las muchas actividades desarrolladas por SOBRAMFA con estudiantes de medicina en estos 25 anos de existencia, cabe destacar dos: las Reuniones de razonamiento clínico y las Rotaciones para estudiantes de medicina. Hasta el momento, más de 1.500 estudiantes han participado de estos programas. 

La medicina centrada en el paciente (y no en la enfermedad), los cuidados continuados y el conocimiento integrado, las habilidades de comunicación para manejar el sufrimiento construyendo una relación médico-paciente eficaz, así como la dimensión humanística del médico, son aspectos que atraen a los estudiantes, pues los entienden como esenciales en su formación y así consta en sus evaluaciones. El resultado de ambos programas también muestra cómo se puede fomentar una relación profesor-alumno eficaz, que facilita el aprendizaje y transmite confianza para que el estudiante se desarrolle profesionalmente, al tiempo que se fortalece el compromiso con la vocación médica. 

Una educación médica humanística centrada en el paciente no es algo nuevo. A mitad del siglo pasado, Gregorio Marañón, paradigma de arte y ciencia, nos advertía del peligro de la técnica médica despojada del humanismo. Cuando invocamos a la medicina como arte, reconocemos de modo claro que cada paciente es único, diferente, y requiere por tanto un tratamiento peculiar. Es necesario al médico un correcto equilibrio, una perspectiva bifocal, que consiga unir en artística simbiosis la atención a la enfermedad -con toda la evolución técnica- y al paciente que se siente enfermo - con la comprensión vital que eso requiere-. Esto es, en la práctica, actuación médica centrada en la persona, la más apurada síntesis del médico que practica ciencia y arte simultáneamente. Es un médico, verdaderamente, de amplio espectro. Una propuesta de un nuevo modelo de humanismo médico, que resulte de la armonía que combina en perfecta sintonía la ciencia de una medicina moderna con el arte de los cuidados, que implica entender al enfermo como persona, centrarse en el paciente y no en la enfermedad. Hoy tenemos computadores, técnicas sofisticadas - todo ello muy importante-, pero nos faltan sillas (el instrumento más humanizante en Medicina, según Marañón) o, lo que es peor, hemos perdido el gusto por sentarnos junto al paciente. 

De todo esto, y más, nos habla este artículo que se acaba de publicar en la revista Educación Médica, cuyo primer firmante es mi buen amigo Pablo González Blasco. Y que aconsejo su lectura y su reflexión porque cabe promover la educación médica centrada en el paciente para los estudiantes de medicina. Y porque es un post que complementa al publicado hace dos días, bajo el título de "Evidencias y preferencias, de la MBE a la EBM".
 

martes, 5 de diciembre de 2017

"Health Evidence": revisiones sistemáticas de interés pediátrico (diciembre de 2017)


Como cada mes "Health Evidence" ha publicado su selección de revisiones sistemáticas (RS) de interés pediátrico clasificadas según su grado de calidad metodológica. Os las mostramos a continuación.

RS de calidad metodológica "fuerte" ("strong"):


RS de calidad metodológica "moderada" ("moderate"):



lunes, 4 de diciembre de 2017

Evidencias y preferencias, de la MBE a la EBM


Se cumplen las bodas de plata este año desde que un artículo del año 1992 del el Evidence-Based Medicine Working Group de la Universidad de McMaster abrió la caja de Pandora de un nuevo paradigma conocido como Medicina basada en la evidencia (MBE), un incómodo anglicismo que se ha intentado modificar - sin mucho éxito - por otros (como Medicina basada en pruebas), pues no hay nada menos "evidente" que la MBE, donde todo se cuestiona y pone a juicio, desde la validez científica a la aplicabilidad en la práctica médica, pasando por la importancia clínica. Porque la práctica basada en evidencias intenta resolver de la mejor forma posible la ecuación entre “lo deseable, lo posible y lo apropiado” en medicina, una ciencia sembrada de incertidumbre, variabilidad en la práctica clínica, sobrecarga de información, aumento de demanda y limitación de recursos. 

Es posible que conceptualmente las características de la MBE se centraron, erróneamente, en el ensayo clínico, la revisión sistemática y metanálisis, modelos conceptuales de investigación que buscaban la generalización de los resultados, o el mejor resultado para el paciente promedio en las condiciones "ideales" de la experimentación. Pero lo cierto es que, aunque hay muchos pacientes parecidos, todos son diferentes y esa diferencia es la base de la práctica clínica y constituye la esencia del arte de la medicina. Y esta es la base de la convivencia de la investigación y la clínica, o lo que es lo mismo la convivencia y complementariedad de la MBE y de la evidencia basada en la medicina (EBM). Porque esta última, como complementaria de la MBE, subraya el beneficio de considerar la "evidencia de la vida real" y a través del análisis del gran acúmulo de datos obtenidos (macrodatos o "big data") se puedan generar evidencias que complementen a las procedentes de experimentos y ya en un entorno de práctica clínica “habitual”. 

Por ello, después de la MBE surgió el concepto de la Medicina centrada en el paciente (MCP), en la que se reivindicaba la necesidad de volver la mirada hacia el paciente individual, en base a conceptos como la toma de decisiones compartidas ("shared decision making") o la capacitación de los pacientes ("patient´s empowerment"). Porque lo cierto es que la MBE y la MCP, al igual que la investigación y la práctica clínica, son las dos caras de la misma moneda, que debieran ser complementarias y nutrirse mutuamente. Porque no debiera practicarse una MCP que no estuviese basada en la mejor evidencia disponible, ni es posible imaginar una MBE cuyos objetivo final esté alejado del paciente individual. 

De esa reflexión nos habla el artículo que compartimos y cuya lectura recomiendo. Tengo el permiso de su autor, mi amigo el Dr. José Antonio Sacristán - autor que ha trabajado desde hace mucho tiempo en este campo, y de ello ya hablamos en otro post - y de la propia editorial de la Revista de Occidente, para compartirlo por este medio. Pues creo que vale la pena conocer esta reflexión de un experto como el autor que lleva dos décadas defendiendo esa sintonía entre la MBE y la EBM, con un enfoque en la MCP. Tanto que en pocos meses nos deleitará con un libro sobre el tema que a buen seguro será la delicia de muchos y la necesidad de todos.


sábado, 2 de diciembre de 2017

Cine y Pediatría (412). "Rara",... pero no tan rara


Un largo travelling en plano secuencia que sigue por detrás a una adolescente caminando en las instalaciones de un centro escolar hacia un destino incierto... y al final la palabra que da título a la película: Rara. Con dicho arranque, esta película chilena del año 2016, debut en el largometraje de Pepa San Martín, tras varios cortometrajes, nos sumerge en una historia inspirada en el caso de una jueza chilena a quien le quitaron la custodia de sus hijas por ser lesbiana, y que está contada desde el punto de vista de esa niña que camina, Sara, la hija mayor que está a punto de cumplir 13 años. 

Sara se siente rara en su cuerpo que no para de cambiar, como buen estado anormal del cuerpo y el alma que es la adolescencia. Y a eso se suma su nueva familia que ahora incluye a su madre, a la novia de su madre, a su padre y a la nueva mujer de su padre, y lo vive codo a codo con su hermana pequeña, Catalina. En esa situación se nos presenta a la nueva pareja de sus dos madres, Paula y Lía, y mediante escenas cotidianas, observamos un clima familiar envidiable, en donde está presente el diálogo, actitudes vitales enérgicas y, sobre todo, mucho amor. No parece que exista mayor tensión entre la expareja y los momentos en que deben repartirse la compañía de las menores: la custodia la mantiene la madre y el régimen de visitas parece cumplirse sin inconveniente alguno y con amplitud de miras. Pero las cosas se salen de control - y se hacen más raras para Sara - cuando su padre pide la custodia legal de ella y su hermana. 

Y cuando vemos la película Rara, sentimos que funciona como una extraña simbiosis entre dos películas ya de la familia de Cine y Pediatría, película con familias diferentes, como fueron las películas estadounidenses, Los chicos están bien (Lisa Chodolenko, 2010) y ¿Qué hacemos con Maisie? (Scott McGehee y David Siegel, 2012) Porque las hermanas, Sara, nuestra protagonista interpretada con maestría por Julia Lubbert, y la pequeña Catalina, intentarán entender y hacer frente a los problemas familiares, además de afrontar la actitud que sus compañeros y amigos del colegio adoptan ante la idea de que ahora tienen dos mamás. 

Porque la película transcurre en Chile, y nos centramos en una familia formada por una pareja lesbiana, que vive su situación con normalidad, sin esconder nada porque nada tiene que ocultar. Pero también estamos en una sociedad que no ha terminado de evolucionar para admitir al diferente o a la minoría: cabe recordar que fue en el año 2015 cuando en Chile se consiguió aprobar una llamada Unión Civil de personas del mismo sexo, aunque todavía no se ha llegado a permitir el matrimonio igualitario. Pese a la parcial apertura, la normalidad no ha aterrizado en la sociedad en su conjunto, y el largometraje de Pepa San Martín sabe erigirse en buen reflejo de ello. Y para ello hace pivotar el conflicto y sus consecuencias alrededor de una adolescente, una adolescente que se siente rara en su turbadora adolescencia. Por ello, una figura de estilo se repetirá de manera insistente en el curso de este relato: Sara siempre ocupa un lugar preeminente en el encuadre, mientras, a fondo de plano, fuera de foco en ocasiones, se distinguen las figuras de adultos que discuten. Sara está ingresando en la adolescencia, etapa de permanente inestabilidad que propicia todo tipo de cuestionamientos: tiempo de primeros amores, de afirmación de una singularidad, pero, también, momento en que emerge una nueva mirada sobre la figura de los padres. En la mirada del adolescente se funden la atracción centrífuga de quien quiere empezar a vivir, sentir y experimentar fuera del ámbito doméstico y el moralismo centrípeto de quien desea que lo íntimo se rija por las mismas normas que, en el más amplio contexto de lo social, definen lo que la mayoría, siempre de modo arbitrario, entiende por normalidad. 

Y por ello Sara se enfrenta a distintos comentarios, que tiene que digerir para saber si la "rareza" de su familia entra dentro de lo normal o no. Así, un profesor le dice, intentando ayudarla: "¿Te han molestado en el curso por la opción sexual de tu mamá?...Quiero que sepas que no tienes por qué tener vergüenza y que estás en todo tu derecho para poder cambiarte para vivir en un ambiente más normal como el de todos tus compañeros". O la respuesta que tiene que ofrecer cuando su mejor amiga le pregunta sobre quién cree que va a ganar el juicio por su custodia: "No sé, en verdad ya me da lo mismo. Lo único que quiero es no tener que ir a declarar a ningún juicio y que todo vuelva a ser como antes". 

Y así es Rara, una interesante obra, atractiva, de ritmo ágil, apoyada por abundantes diálogos que surgen con naturalidad, incluso entre las dos hermanas, destacables por encima del resto. Y además de la escena inicial descrita, cabe destacar la imagen de las dos madres y las dos hijas en la cama (que se constituye en la carátula de la película) y el final, con ese corte desolador, que todavía merodea por nuestra mente. 

Y en Rara se nos cuenta una historia real (de una jueza chilena que se separó de su marido, empezó una relación amorosa con otra mujer y perdió la custodia de sus dos hijas a causa de la homofobia judicial y social) de forma sutil, donde lo relevante sucede en segundo término, pero resuena en el interior de esa Sara que es alma y foco del discurso, quien se enfrenta a sus propios cambios adolescentes mientras intenta entender los conflictos que la rodean. Porque nuestra adolescente puede sentirse rara... pero nada de lo que le ocurre es tan raro. Porque lo raro que ocurra a una persona o a una sociedad nunca puede proceder de lo que se hace por amor.