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sábado, 11 de septiembre de 2021

Cine y Pediatría (609) “La profesora de parvulario” supera los límites entre docente y dicente

 

El techo de cristal de la mujer en la dirección cinematográfica también ha sido difícil de romper. He aquí una selección de películas dirigidas por mujeres que cabe tener presente, algunas ya presentes en Cine y Pediatría: El autoestopista (Ida Lupino, 1953), Cleo de 5 a 7 (Agnès Varda, 1962), Pasqualino: Siete bellezas (Lina Wertmuller, 1975), Daughters of the Dust (Julie Dash, 1991), El pequeño Tate (Jodie Foster, 1991),  El piano (Jane Campion, 1993), Boys Don´t Cry (Kimberly Peirce, 1999),  Buen trabajo (Claire Denis, 1999), Las vírgenes suicidas (Sofía Coppola, 1999),  Thirteen (Catherine Hardwicke, 2003),  Lost in traslation (Sofía Coppola, 2003), Buda explotó por vergüenza (Hana Makhmalbaf, 2007),  Lirios de agua (Céline Sciamma, 2007),  Siete mesas de billar francés (Gracia Querejeta, 2007), XXY (Lucía Puenzo, 2007),  Madre (Mabel Lozano, 2007),  LOL (Lisa Azuelos,2008), En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008), Home, ¿dulce hogar? (Ursula Meier, 2008),  Fish Tank (Andre Arnold, 2009),  El último verano de la boyita (Julia Solomonoff, 2009),  Winter’s Bone (Debra Granik, 2010),  Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011),  Joven y alocada (Marialy Rivas, 2012),  La bicicleta verde (Haifaa Al Mansour, 2012),  Inch’Allah (Anaïs Barbeau-Lavalette, 2013),  Selma (Ava DuVernay, 2014), Un monstruo en mi puerta (July Jung, 2014),  Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015),  Línea de meta (Paola García Costas, 2015),  Diario de una chica adolescente (Marielle Heller, 2015), Toni Erdmann (Maren Ade, 2016), Rara (Pepa San Martín, 2016),  Lady Bird (Greta Gerwig, 2017), El viaje de Nisha (Iram Haq, 2017),  Verano 1993 (Carla Simón, 2017),  Cafarnaúm (Nadine Labaki, 2018),  Carmen y Lola (Arantxa Etxebarría, 2018),  Conociendo a Astrid (Pernille Fischer Christensen, 2018),  Atlantique (Mati Diop, 2019), La inocencia (Lucía Alemany, 2019),  The Farewell (Lulu Wang, 2019), Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma, 2019), Las niñas (Pilar Palomero, 2020),  Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Eliza Hittman, 2020).

Pues bien, a ese listado (a buen seguro incompleto), se suma hoy la directora estadounidense Sara Colangelo y su atrevida película del año 2018, La profesora de parvulario, en realidad una adaptación de la película homónima israelí del año 2014 dirigida por Nadav Lapid. Curiosamente es un “remake” con pocos años de diferencia, pero lo cierto es que ambas obras están a la altura de este estudio psicológico de una maestra que llega demasiado lejos para proteger la rara sensibilidad poética de uno de sus pequeños alumnos, una obra que resulta perturbadora por la ambigüedad de la que envuelve a su protagonista, y por las preguntas que deja sin responder sobre los límites de la docencia y el potencial nocivo de superarlo. 

Lisa Spinelli (descomunal Maggie Gyllenhaal) es una maestra de parvulario de Staten Island, quien combina su pasión por la educación infantil con su alma de poeta, de forma que asiste a unas clases nocturnas de poesía con el profesor Simon (Gael García Bernal). Un día escucha a uno de sus alumnos de 5 años recitar un poema que llama su atención y comienza a interesarse por el inusual talento del pequeño prodigio. Este niño de origen indio se llama Jimmy Roy y conoce que sus padres están peleados por su custodia. Es así como Lisa se obsesiona por el poder creativo de Jimmy y arriesga su vida familiar, su libertad y hasta su profesión para intentar que el niño desarrolle su talento. Incluso le da al niño su teléfono para que le recite los poemas que surgen de su mente, poemas con los que Lisa triunfa en sus clases de poesía nocturna. 

La profesora le dice al padre de Jimmy: “Creo que tenemos a un pequeño Mozart. Tiene un don, señor Roy. El nivel de poesía que escribe está muy por encima de los normal a su edad”. Y el padre le contesta: “Quiero ayudar a mi hijo y, sobre todo, si disfruta con esto. Quiero que a mi hijo le vaya bien en la escuela, que sea listo, pero también que tenga una vida normal. Que gane dinero y que sea práctico”. Y a medida que avanza el metraje esa relación profesora y pequeño alumno se hace un poco más incómoda a cada paso. Y llega a convencer al padre de que se pueda hacer cargo de su hijo en los ratos que él no puede, logrando expulsar a su cuidadora habitual. Y en esos momentos acude con Jimmy a museos de arte moderno, al teatro, a recitales de poesía. Y más adelante Lisa también logra que expulsen a su ayudante de clase, y ello porque Jimmy le expresa afecto en un poema y crea su celotipia. Tal es la obsesión que vuelca hacia él, que casi ignora a sus hijos mayores. Y cuando Simon, el profesor de poesía, descubre lo que está ocurriendo le expresa algo que sentimos los propios espectadores: “Deberías dejar la clase, Lisa. Me incomoda que presentes obras que no son tuyas. Todos los artistas toman cosas de otros, pero lo que tú haces…, no sé, es otra cosa. Estás explotando a un niño. Dañaste la confianza de toda la clase, toda la ética. No entiendo qué pretendes. No, no está claro lo que haces”. 

Y esa búsqueda de Lisa por proteger el talento de su joven alumno de parvulario le llega a cometer actos cada vez más difíciles de entender. Incluso intenta secuestrarle, aunque confirmamos que no era su intención, sino protegerle para cuidar de su don para la poesía y que no pase desapercibido. 

Es así que La profesora de parvulario explora temas como la frustración vital, la crisis creativa, las contradicciones del sistema educativo y los delicados límites entre profesores y alumnos, entre docentes y dicentes. En el original bajo la dirección de un hombre, Nadav Lapid, quien obtuvo el premio a Mejor director en el Festival Internacional de Cine de Buenos Aires; en la copia bajo la dirección de una mujer, Sara Colangelo, quien obtuvo el premio a Mejor directora en el Festival de Sundance. Y en ambos casos (original y copia) poesía y prosa, realidad y psicología se dan cabida en esta especial historia alrededor de los dones y la felicidad de los niños superdotados y la dificultad de ser respetados por las personas que les rodean.

Y con La profesora de parvulario seguimos rompiendo el techo de cristal y algunos tabúes. 

  

sábado, 15 de julio de 2017

Cine y Pediatría (392). Continuará..."En la casa"


Que el cine francés (y en francés) tiene un plus de calidad es algo que venimos defendiendo en Cine y Pediatría hace mucho tiempo. Y hoy acude un ejemplo más, de un director del que ha hemos hablado en este foro. Porque François Ozon es indudablemente uno de los grandes exponentes del cine europeo contemporáneo, con una filmografía con títulos más que destacables y laureados en el mundo como Amantes criminales (1999), Gotas de agua sobre rocas calientes (2000), 8 mujeres (2001), La piscina (2003), Potiche: Mujeres al poder (2010) o Joven y bonita (2013), obra ya analizada en Cine y Pediatría como la sexualidad de una adolescente en cuatro estaciones. Pues este "enfant terrible" del cine francés y europeo nos regaló un año antes la película En la casa (2012), libre adaptación de la obra "El chico de la última fila" del dramaturgo español Juan Mayorga, escrita en el año 2006 y que juega con la teatralidad, algo que a Ozon siempre le ha atraído.

En la casa narra la historia de Germain (Fabrice Luchini), un escritor frustrado y un profesor de literatura harto de la mediocridad de su curso (“¿Hay algo más triste que enseñar literatura en el bachillerato?", “Lo peor no es su ignorancia, es su futuro”, piensa), que se ve iluminado por la sorprendente creatividad y por el talento del chico de la última fila de clase, quien entrega un trabajo relatando su fin de semana: su ingreso en una casa de "una familia normal" que le ha obsesionado durante meses, perteneciente a uno de sus compañeros de curso y en el que describe a la madre con “el inconfundible olor de la mujer de la clase media”. El alumno se llama Claude (Ernst Umhauer) y lo que empezó como un ejercicio aislado se convierte con el tiempo en una serie de entregas literarias donde va relatando sus experiencias dentro de la casa de su amigo Rapha (Bastien Ughetto), al volverse estratégicamente el amigo que le ayuda en matemáticas, y recibiendo de él una confianza ciega.

Y la acción transcurre en tres ámbitos, con la voz en off de Claude como nexo de unión. El primer ámbito es el que transcurre en la casa de su amigo Rapha, un buen chico estrábico que vive con sus padres de clase media, y en donde la madre (Emmanuelle Seigner) pasa a ser una especia de musa para nuestro protagonista. El segundo ámbito son las confesiones que Germain realiza a su esposa (Kristin Scott Thomas), propietaria de una galería de arte por nombre "El laberinto del Minotauro", a través de los progresivos escritos del alumno sobre aquella familia. Y, finalmente, las escenas protagonizadas por Claude y Germain, alumno y maestro, mano a mano de lecciones recíprocas, intenso y arrogante combate de genios que pugnan por discernir la realidad de la ficción, lo bueno de lo malo, lo artístico de lo mundano, la literatura de la perversión. Una relación más allá del alumno y y su Pigmalión en la que este chico de 10 años le dice a su profesor: "Usted es un sultán. Yo soy su Sherezade".

Una novela, la de Mayoral, que parte de una anécdota como profesor de la asignatura de matemáticas, y que el guión de la película logra transmitir esa patina de "master class" del suspense haciendo alarde de eso que se llama la “obra dentro de la obra”. Mezcla de realidad y ficción, donde los miembros de la familia se convierten en los personajes de una novela en construcción y donde lo que se busca, al final, es sorprender al lector. Una novela en la que cada nuevo capítulo termina con la expresión "....Continuará". Y en la que, curiosamente, apenas sabemos nada de la familia de nuestro protagonista: solo que la madre les abandonó a él y al padre, quien en una escena apreciamos que está inválido.

Una película con un guión inquietante, acompañado de una música inquietante de Philippe Rombie (quien también participó de la música de Joven y bonita), y que nos devuelve unas cuantas preguntas. Porque la literatura, de alguna manera, es el arte del voyeur en la que se decide pausar nuestra vida y rutinas para dedicarnos al conocimiento de otras historias, dentro de otras casas. Cuando uno lee cualquier obra de ficción está siendo el ojo detrás de la cerradura, está siendo Claude mirando por la ventana indiscreta.

La película En la casa logra preservar la credibilidad de sus errantes personajes con diálogos hilarantes, con un duelo interpretativo que mantiene la curiosidad del espectador y frases de este calado: "La gran pregunta es : “¿Cómo es la casa de una familia normal?”, “Es mejor descargarse con palabras que incendiar autos”, “Sentarse atrás en la clase es lo mejor, ves todo sin que nadie te vea”, “Por cómo maneja el control del televisor se nota que es el jefe de familia”, “La vida sin historias no vale nada”, “No hay un gramo de arte en esta casa, le tiras una poesía y es como una bomba atómica”, “Ni siquiera la lluvia baila descalza”, “La primera pregunta que debe hacerse un escritor es: ¿para quién escribo?”.

Y en la parte final nuestro joven protagonista va en busca de un final para su historia. Y este colofón: "El Sr. Germain lo había perdido todo: su mujer, su trabajo. Pero ahí estaba yo, dispuesto a contarle una nueva historia... Continuará".