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sábado, 9 de septiembre de 2023

Cine y Pediatría (713) “Atrapados en la red”, atroz denuncia del abuso sexual a menores en internet


En el año 2021 se publicó el informe “Abuso sexual de menores en internet” y que contó con la colaboración del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, UNICEF España, EUROPOL–European Cybercrime Centre (EC3), Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil (FAPMI) y EU KIDS ONLINE, entre otras instituciones. Su objetivo era analizar la problemática del abuso y explotación sexual de menores de edad en el contexto de internet, con el objetivo de ayudar a los diferentes profesionales que trabajan en el ámbito de niños, niñas y adolescentes a ampliar sus conocimientos sobre la forma en que desarrolla, mejorar sus capacidades de prevención y respuesta ante la diversidad de situaciones de abuso existentes, y contribuir a extender este conocimiento en la sociedad. El ámbito de trabajo fueron tres países: España, Portugal y Malta. 

El abuso y explotación sexual de menores de edad en internet hace referencia a aquellas situaciones de abuso sexual que afectan a personas menores de 18 años, incluyendo la producción de imágenes o vídeos sobre ese abuso y su difusión en línea. Entre las situaciones de abuso o explotación sexual del menor de edad se pueden incluir su incitación o coacción hacia actividades sexuales, la trata de niños, niñas y adolescentes con fines sexuales, su explotación comercial sexual, otras prácticas sexuales, o de espectáculos o materiales sexuales. Y esta definición está estrechamente relacionada con otros conceptos: 
- Coacción y extorsión sexual a menores de edad: chantaje que tiene como objetivo conseguir de los menores (niños, niñas o adolescentes) imágenes o vídeos de connotación sexual, encuentros para un abuso físico, o dinero. El chantaje se produce bajo amenaza, por ejemplo, de exponer públicamente aspectos íntimos del menor de edad que se han conseguido previamente (confesiones, imágenes, etc.). 
- Grooming en línea: proceso en el que un adulto intenta establecer contacto por Internet con el menor, incluso pudiendo hacerse pasar por otro menor de edad, buscando establecer una relación de confianza que facilite el chantaje con fines sexuales. 
- Materiales de abuso sexual contra menores de edad: se refiere tanto a contenidos que muestran actos de abuso sexual de menores y/o se focalizan en sus zonas genitales o anales, como contenidos de explotación sexual de menores de edad, término en el que se incluyen además, otros contenidos, incluso normalizados o cotidianos con fines sexuales. 
- Contenido sexual autogenerado: en los casos en que los menores toman imágenes de sí mismos en poses comprometedoras o con fines sexuales, tanto si se trata de contenidos voluntarios como coaccionados. Además, siempre existe el riesgo de que estos contenidos puedan circular en línea o fuera de ella para perjudicar a los menores de edad, o sean usados como herramienta de extorsión por otras personas. 

El documento, de 26 páginas, se desarrolla en cuatro apartados: 1) Contexto de abuso y explotación de menores de edad en internet; 2) Prevención de situaciones de abuso y explotación de menores de edad en internet; 3) Detección de posibles casos de abuso y explotación de menores de edad en internet; 4) Recursos de interés. Y bien vale la pena su revisión en este enlace. 

Como también vale la pena esta reciente película documental checa: Atrapados en la red (Barbora Chalupová, Vit Klusák, 2020), un experimento cinematográfico que explora el oscuro mundo de los abusos sexuales a menores en internet, un tema arduo y difícil de ver, pero que debiera prescribirse para ver en familia o en los institutos con nuestros hijos y alumnos. El nuevo documental nos descubre una dura realidad para provocarnos y tomar partida, como ya lo hicieran estos directores en su célebre Daliborek, el youtuber nazi (2017), definida como un inclasificable cruce entre American History X (Tony Caye, 1998) y la serie Los Simpson, una visión tragicómica de la vida de un hombre checo solitario que ha dedicado su vida al odio, la mentira, la PlayStation y Facebook, un neonazi radical del siglo XXI. Y lo común en ambas producciones es que parece que asistimos a una historia de terror, donde la realidad siempre supera la ficción,  

Atrapados en la red comienza informando al espectador con estos mensajes de atroz estadística: “El 60% de los niños checos pasan tiempo en internet sin control parental. El 41% confirma haber recibido imágenes pornográficas de otra persona. Uno de cada dos niños chatea con desconocidos. Una quinta parte no rechazaría conocerse en persona”. Y tras ello, se nos devuelve varias imágenes luminosas de niños, niñas y adolescentes literalmente pegados a sus móviles en diversos ambientes, una imagen tan habitual en la República Checa (donde se ha grabado este documental) como en España y la mayor parte del mundo ya. 

Luego se nos informa de varios aspectos en la realización de la película. El anuncio del casting: “Los realizadores de un documental buscan una actriz adulta con aspecto de niña entre 12 y 13 años. Por favor, acude al casting con ropa de niña”… Y el resultado: “Veintitrés chicas se presentaron al cásting. Diecinueve habían sufrido algún tipo de abusos en internet de niñas”. Y el método de actuación: “Tres actrices. Tres habitaciones infantiles. Diez días en internet de 12 a 24 hs”. Ellas son las actrices, Sabina Diouhá (ahora Niki), Anezka Pithartová (ahora Tynka) y Tereza Texcá (ahora Mishika). Y con este código de conducta: “1. No nos acercamos a nadie, solo respondemos. 2. Al principio, las actrices deben enfatizar que tienen 12 años. 3. No flirteamos, no seducimos, no provocamos. 4. Ante órdenes sexuales, respondemos “no sé”, “soy tímida”. 5. Mandamos fotos desnudas después de muchas peticiones y súplicas. 6. Los encuentros en persona deben ser iniciativa del depredador. 7. Durante el proyecto, consultamos a psicólogos, sexólogos, abogados e investigadores criminales. 8. Plataformas que utilizamos: Facebook, Skype, Lide.Cz, Snapchat y Omegle”

Y es así como tres jóvenes actrices mayores de 18 años fingen ser menores de edad y desenmascaran lo que sucede cuando se registran en una popular sala de chat en línea, un experimento revelador que muestra cómo esta forma moderna de acoso sexual se ha convertido en una amenaza demasiado común y muy extendida, una forma particular ver el modus operandi de actuar, manipular, aprovecharse y abusar de niños de 12 años de edad. Sexting, grooming y cyberbyllyng se dan cita, esta triada de anglicismos que son el lobo feroz de tantas caperucitas de la red que se ven sometidas a esa lacra que es la pederastia. “Todo lo que he visto aquí es la más baja inmundicia con la que me he topado”, dice el abogado asesor de las tres actrices en un momento dado. Una película que pone los pelos de punta, pero que es necesaria, porque quizás permite dimensionar mejor el problema que un simple informe escrito. 

Atrapados en la red es una película que nos remueve de la silla, nos revuelve el estomago, nos deja atónitos y nos hace preguntarnos cómo hemos llegado hasta aquí, y cómo se puede mejorar (porque parar es imposible). Basta ver la espeluznante cara del equipo de grabación en cada llamada entrante a las tres chicas. Y es muy descorazonador ver cómo una de ellas se emociona cuando encuentra a alguien a quien solo le gusta hablar con gente y le advierte de los peligros de la red, de ahí su afirmación: “Después de estos 10 días me emociono cuando encuentro a alguien decente”. Y el colofón final de Atrapados en la red es el siguiente: “Durante 10 días de filmación, un total de 2458 hombres contactaron con nuestras tres actrices. En las semanas siguientes, las actrices asistieron a 21 encuentros. La policía de la República Checa solicitó el material filmado y, sobre la base del mismo, se iniciaron procedimientos legales”. 

De verdad, este tipo de películas son necesarias. Porque el cine no es solo diversión y entretenimiento. También es conciencia y denuncia social, y Atrapados en la red es esta atroz denuncia del abuso sexual a menores en internet.

 

miércoles, 24 de julio de 2019

Adolescentes y nuevas tecnologías: recomendaciones para un uso responsable


En nuestro post previo hablamos de "Padres, hijos y nuevas tecnologías: recomendaciones para un uso responsable", en base a las nuevas recomendaciones que la Academia Americana de Pediatría nos dejó en el año 2016.  Aprovechando ese documento, dejamos la información específica respecto a los adolescentes, un grupo especialmente sensible a las nuevas tecnologías

Sentarse a escuchar los problemas de los adolescentes es la base para evitar su reclusión en las tecnologías, cuya dependencia genera falta de atención, disminución de las relaciones sociales y nomofobia, es decir, una conducta agresiva cuando no tienen acceso al teléfono móvil. Esta comunicación es recomendable iniciarla cuando aún son niños, y no esperar a la adolescencia. Es algo que no cabe olvidar, pues en este tema tan importante de la relación entre adolescencia y nuevas tecnologías se habla en ocasiones de "niños enganchados y padres desconectados”, algo a evitar

Por ello, esta edad y este tema es un buen motivo para estas RECOMENDACIONES PARA ADOLESCENTES sobre el uso de tecnologías: 

1. La tecnología debe utilizarse solo en momentos de ocio

2. Además del ocio online, hay ocio offline:  haz una hora de ejercicio al día u otras actividades al aire libre; la música y la lectura también son ocios recomendables. 

3. Haz planes con tus amigos fuera de casa

4. Para dormir bien, no tengas pantallas en la habitación y déjalas una hora antes de acostarte. 

5. No utilices el móvil durante las horas dedicadas al estudio

6. Hay momentos del día para la comunicación con tu familia (comidas,...) en los que las pantallas no deben estar presentes. 

7. Recuerda que lo que subes a una red social se queda allí para siempre. Te cuidado con las fotos que compartes y que envías por internet. 

8. Pregunta a tus padres y a tus profesores sobre cómo proteger tu privacidad

9. Si te insultan o te chantajean, pide ayuda. Hay medios para protegerte. 

10. Es importante que detectes los abusos en que puedes caer y que hay que evitar: 
- Compulsión por actividades on line (subastas, apuestas, juegos de azar, compars compulsivas,…). 
- Abuso al cyber sexo, adicción a los cyber romances (romances o amistades hechas en línea o chat manía) 
- Abuso a la sobreinformación, a través de la búsqueda exagerada de información (bases de datos o programas)y descargas. 
- Abuso en la acumulación de todo tipo de conocimientos, pdf, ebook, musicas, etc. 
- Sentimiento de pérdida o vagabundeo por la red, navegaciones sin rumbo. 
- Intercambio de mails o textos indiscriminadamente. 
- Conseguir mil amigos sin conocer a ninguno.

Recomendaciones para un uso responsables de las nuevas tecnologías en una edad tan sensible como la adolescencia. 

sábado, 28 de enero de 2017

Cine y Pediatría (368) "Puedes confiar en mí" nos dice el lobo feroz desde la red


Internet y las redes sociales forman ya parte de nuestras vidas, lo queramos o no. Y también la vida de la infancia y adolescencia, aquellos que son nuestros hijos, alumnos o pacientes pediátricos. Ellos son "nativos digitales", porque han nacido y crecido prácticamente coincidiendo con la eclosión del fenómeno de internet y la eclosión de las redes. 

Internet forma parte de nuestras vidas y sus aspectos positivos son, con mucho, superiores a los negativos. Sin embargo, padres y educadores hemos de educar a nuestros niños y adolescentes a hacer un uso adecuado de internet, en general, y de las redes sociales, en particular. Porque la hiperconectividad es un hecho y, al menos, genera cuatro grandes problemas en la infancia: obesidad infanto-juvenil, trastornos físicos (molestias visuales, molestias auditivas. lesiones musculo esqueléticas, cefaleas, etc), adicción infantil y riesgos al contacto externo (con una trilogía temerosa: cyberbulling, grooming y sexting). 

Esta última trilogía es el "lobo feroz" desde la red, dispuesto a engañar a esa infancia que ya comienza a pensar que el mundo real es el que muestra una pantalla de teléfono móvil, una tablet o un ordenador. Una trilogía que se conocen más por su anglicismo y que conviene definir: 
- Cyberbullying (o ciberacoso, acoso virtual o acoso cibernético): es el uso de información electrónica y medios de comunicación que afectan de manera crítica (correo electrónico, redes sociales, blogs, mensajería instantánea, mensajes de texto, teléfonos móviles, y sitios web difamatorios) para acosar a un individuo mediante ataques personales u otros medios. 
 - Sexting (o sexteo): consiste en el envío de contenidos de tipo sexual (principalmente fotografías y/o vídeos) producidos generalmente por el propio remitente a otras personas por medio de teléfonos móviles. 
- Grooming (o acicalar): serie de conductas y acciones deliberadamente emprendidas por un adulto con el objetivo de ganarse la amistad de un menor de edad, creando una conexión emocional con el mismo, con el fin de disminuir las inhibiciones del niño y poder abusar sexualmente de él. En algunos casos, se puede buscar la introducción del menor al mundo de la prostitución infantil o la producción de material pornográfico. 

En Cine y Pediatría el tema de internet ha sido tratado desde varios puntos de vistas: planteamos las luces y las sombras del nacimiento de Facebook en La red social (David Fincher, 2010), observamos la vida de la nueva sociedad alrededor de internet y las nuevas tecnologías en Hombres, mujeres y niños (Jason Reitman, 2014), contemplamos con horror el grooming que acecha a nuestras Caperucita del siglo XXI en Hard Candy (David Slade, 2005), o revivimos el acoso y soledad que provoca el cybebulling en Después de Lucía (Michel Franco, 2012). 

Y hoy regresamos con este tema, tan incómodo como necesario. Hoy hablamos de la película Trust, que en España se ha traducido como Puedes confiar en mí y en Hispanoamérica como Pérdida de la inocencia. Y ambos títulos nos orientan al argumento. Una película dirigida en el año 2010 por David Schwimmer, toda una sorpresa porque asociamos ese nombre al actor de comedia que interpretó durante muchos años a Ross Geller en la serie Friends. Pero la sorpresa no es tal, cuando nos informamos que ya es miembro de la junta directiva del Centro de apoyo, asistencia y tratamiento a las víctimas de violaciones en Estados Unidos. 

Puedes confiar en mí es una película que toca uno de los temas más duros que se puedan ver, como es el de la pedofilia y el de los depredadores sexuales en la red. Una película con dos partes diferenciadas: la primera nos presenta a los protagonistas hasta que culmina el encuentro con el pedófilo; la segunda, las terribles consecuencias personales, familiares y en el entorno social. Una película que duele porque nos podría pasar a cualquiera. 

Y lo hace a través de la historia de Annie (Liana Liberato), una adolescente que acaba de cumplir los 14 años y que, a través de un chat, empieza a tener contacto con un chico de 16 años que se hace llamar Charlie (Chris Henry Coffey). Una amistad virtual que va cimentando, a pesar de que Charlie le va confesando que su edad real son 20 años, primero, y luego 25. Pero la habilidad del sujeto engatusa a nuestra protagonista, y consigue culminar en un encuentro, momento en el que ella se percata que su edad es superior a los 35 años. Resulta inquietante ver las tácticas usadas por el pedófilo para ganarse poco a poco la confianza de la joven, de igual manera que es complejo intentar entender el punto de vista de Annie, el por qué sigue adelante a pesar de las sospechas que pueda llegar a tener, y como sufre una especie de "síndrome de Estocolmo" ante el agresor y violador, sin entender por qué su familia y la sociedad se pone en guardia cuando se ha acostado con ese individuo.  Porque a partir de ese momento la vida familiar se vuelve un caos, con dos padres (Clive Owen y Catherine Keener) abatidos y desorientados, pues Annie sigue confiando en que su agresor la amaba, mientras su padre se obsesiona con la venganza. La tensión padre e hija aumenta, con frases como: "Lárgate de mi habitación papá" o "Mi vida está arruinada... Yo fui violada no tú". Pero además, cuando se les informa por el FBI del alcance real de la pederastia en su entorno, aprecian una parte de la realidad demasiado oscura. 

Es en el momento que Annie es informada que el tal Charlie ya había mantenido relaciones sexuales con otras adolescentes (y que ella no era su única víctima) y cuando ve que han colgado en internet su foto, dirección y número como si fuera una prostituta, es cuando sufre un ataque de pánico e intenta suicidarse. Es el terrible efecto de ese lobo feroz que nos acecha en la red, en su caso en forma de grooming y sexting. 

Pero lo peor está en los títulos de crédito: cuando se nos revela por un vídeo casero que Charlie en realidad se llama Graham Weston, es un profesor de física en un instituto, está casado y tiene un hijo pequeño. Es decir, es un ciudadano aparentemente normal y puede vivir a nuestro lado. Y nos puede pasar a cualquiera con nuestros hijos. Y ese mensaje lo amasamos mientras suena la última canción de Nathan Larson, afamado compositor de muchas bandas de películas. 

Está claro que esta película no es una obra maestra del séptimo arte. Pero si es una película aconsejable para prescribir su visionado en institutos, alertando de los peligros que encierran las redes sociales hoy en día entre los más jóvenes, jugando con falsas identidades, avatares que pueden ser una de los mejores camuflajes para los depredadores sexuales que pululan por internet. Verdaderos "lobos feroces" que acechan a nuestras jóvenes "caperucitas" con mensajes de "puedes confiar en mí".

lunes, 10 de agosto de 2015

Cyberbullying, sexting, grooming: peligros en un nuevo formato


Los padres, los profesores, los pediatras y la sociedad se enfrentan a retos impensables hace años alrededor de la educación de los niños y adolescentes. Nuestros hijos son "nativos digitales", han nacido y crecido prácticamente coincidiendo con la eclosión del fenómeno de internet y la eclosión de las redes. 

Internet forma parte de nuestras vidas y sus aspectos positivos son, con mucho, superiores a los negativos. Sin embargo, padres y educadores hemos de educar a nuestros niños y adolescentes a hacer un uso adecuado de internet, en general, y de las redes sociales, en particular. Hay muchas instituciones y recursos en la red que nos pueden ayudar, pero lo que más nos va ayudar es conocerlo y prevenirlo. 

Tres problemas preocupan especialmente en este sentido, temas que se conocen más por su anglicismo y que conviene definir: 

- Cyberbullying (o ciberacoso, acoso virtual o acoso cibernético): es el uso de información electrónica y medios de comunicación que afectan de manera critica como el correo electrónico, redes sociales, blogs, mensajería instantánea, mensajes de texto, teléfonos móviles, y sitios web difamatorios para acosar a un individuo mediante ataques personales u otros medios. 

- Sexting (o sexteo): consiste en el envío de contenidos de tipo sexual (principalmente fotografías y/o vídeos) producidos generalmente por el propio remitente a otras personas por medio de teléfonos móviles. Tres consejos: 1) no lo produzcas; 2) no lo retransmitas; 3) no lo provoques. 

- Grooming (o acicalar): serie de conductas y acciones deliberadamente emprendidas por un adulto con el objetivo de ganarse la amistad de un menor de edad, creando una conexión emocional con el mismo, con el fin de disminuir las inhibiciones del niño y poder abusar sexualmente de él. En algunos casos, se puede buscar la introducción del menor al mundo de la prostitución infantil o la producción de material pornográfico. 

El Dr. Ariel Melamud, webmaster de la Asociación Latinoamericana de Pediatría (ALAPE), quien nos regaló hace unos días su presentación "Niños 2.0: obesos y conectados", nos regala ahora esta presentación, con datos y cifras escalofriantes. Pero la mejor manera de prevenir un daño, es conocer la realidad que nos rodea...

 

miércoles, 29 de julio de 2015

Niños 2.0: obesos y conectados


El Dr. Ariel Melamud, además de un gran amigo argentino, es el webmaster de la Asociación Latinoamericana de Pediatría (ALAPE) y, junto con nuestra común amiga, la Dra. Paula Otero, siempre nos enseñan aspectos muy útiles relacionados con internet y el mundo de la Pediatría. 

En el reciente Congreso Internacional de Pediatría que tuvo lugar en Monterrey (México) hace unas semanas asistí a esta ponencia suya que tituló en primera instancia como “Niños 2.0: obesos y conectados” y que sobretituló posteriormente como “Niños 2.0: obesos, miopes, doloridos, des-atentos y conectados”

Una presentación que vale la pena revisar en profundidad y que le pedí a Ariel la posibilidad de compartir (como otra más que compartiremos otro día) en nuestro blog, dado su interés para todos, profesionales sanitarios, familias y sociedad y, cómo no, para los propios niños y adolescentes. 

Para la Organización Mundial de la Salud, la obesidad infanto-juvenil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. Se calcula que en 2010 había 42 millones de niños con sobrepeso en todo el mundo; de ellos, alrededor de 35 millones viven en países en desarrollo. 
Y con un mensaje contundente: “Si no cambiamos la tendencia, la actual generación de adolescentes será la primera generación de toda la historia en la que los hijos tengan menos expectativa de vida que sus padres, y ello debido al incremento de la obesidad”

La hiperconectividad genera al menos cuatro grandes problemas en los niños: 
- Obesidad infanto-juvenil 
- Trastornos físicos: molestias visuales, molestias auditivas. lesiones musculo esqueléticas, cefaleas, etc. 
- Riesgos al contacto externo: cyberbulling, grooming, sexting, etc. 
- Adicción infantil 

Los pediatras estamos en una posición única para ayudar a las familias y fomentar el uso saludable de las nuevas tecnologías.

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sábado, 9 de mayo de 2015

Cine y Pediatría (278). "Después de Lucía"… acoso y soledad


La película comienza con una larga escena en la que vemos, como espectadores sentados en la parte trasera de un coche, como éste sale del taller con un hombre y avanza por la ciudad. Y la película termina con una larga escena en que vemos de frente a este hombre mientras navega con una barca de motor… y luego un fundido en negro con los créditos de la película. Y entre medio una película dura, con una historia tan dura (y real) como la vida misma. Porque este hombre es el padre de Alejandra, nuestra protagonista, una adolescente víctima de bullying y que comenzó como ciberbyllyng. Una historia más dramática, si cabe, porque está a nuestro alrededor y podemos no darnos cuenta. Porque puede afectar a nuestros hijos y no percatarnos de ello. 

Esta película mexicana se titula Después de Lucía (2012) y su director es Michel Franco, quien hasta entonces nos había dejado dos obras, una en el corto, Cuando sea grande (2001), realizado para una campaña anticorrupción, y otra en el largo, Daniel y Ana (2009), una incómoda y extraña historia de dos hermanos. Pero es con esta película cuando logra su consagración, al ganar en Cannes el premio Un Certain Regard. 

El acoso escolar (más conocido con el anglicismo bullying) existe desde siempre, pero se conoce y reconoce como una prioridad para las agendas sociales y escolares desde hace unas décadas tan solo. Es un problema universal (y en Cine y Pediatría hemos hablado de este tema en español y en todos los idiomas) y ha extendido sus miras más allá de las instituciones educativas, hasta evolucionar en nuevos términos como el mobbing (acoso laboral) o, por supuesto, el tan cada vez más recurrente cyber-bullying, sumergidos como estamos en las nuevas tecnologías de comunicación y redes sociales (donde surge y convive junto a otros anglicismos que esconden mucho sufrimiento: grooming y sexting). 

Alejandra (Tessa Ia) es una adolescente que acaba de mudarse de Puerto Vallarta a Ciudad de México con su padre Roberto (Hernán Mendoza) para iniciar una vida nueva tras la muerte de su madre, Lucía. El padre es incapaz de superar la muerte de su esposa y la hija tiene como reto, además, integrarse a un nuevo estilo de vida que implica nuevo instituto y nuevos compañeros. Una relación familiar que está al borde de la rotura y que nada lo mejora por un hecho aislado: en una fiesta accede a ser grabada mientras se divierte en el baño con uno de sus nuevos compañeros. Un móvil y redes sociales bastan para que el triángulo sexting, cyber-bullying y bullying desencadenen una tragedia desde la nada, una tragedia con víctimas (una Alejandra acosada y solitaria y un Roberto al que ya no le queda nada que perder) y verdugos (los compañeros que actúan en manada y el propio silencio de la sociedad). Y todo ello desde una narrativa poderosa y con secuencias imborrables (con el principio y el final como esenciales, con el prólogo que es una incógnita y el colofón que es un puñetazo, un final solo comparable al de Funny Games de Michael Haneke –en sus dos versiones, 1997 y 2007-), lo que han convertido a Michel Franco en uno de los nombres más destacados del nuevo cine latinoamericano. 

Porque Michel Franco se ocupa de desencajar al espectador, utilizando una narrativa pausada y realista, en la que vamos conociendo lentamente a Alejandra y a su padre, y junto con ellos descubrimos tanta “inocencia” degenerada en los jóvenes y que duele más porque sabemos que la realidad supera a la ficción en pleno siglo XXI. Y es por ello que Después de Lucía acaba siendo una película que nos acompañará más allá del "the end", pues el personaje se vuelve más real a cada escena, volcando al espectador en una ola de emociones, entre las que la turbación y la desesperación son recurrentes. 

Pero Después de Lucía, después de la muerte de la madre, no es sólo una película de bullying al estilo, sino que engendra al menos un par de temas más para la reflexión. Uno es la relación de comunicación incompleta entre padre e hija, donde los dos esperan que la vida cambie con el cambio y, sin embargo, no están pendientes ni observantes de lo que realmente está aconteciendo en sus vidas, con el riesgo de perder el control de las mismas. Otra es la profunda sensación de soledad e insatisfacción: Roberto está sin su mujer y apenas tiene tiempo de calidad para su hija, y siente que su trabajo de cocinero no se desarrolla como quisiera; Alejandra está sin su madre y casi sin su padre, sin amigos y sin dignidad a medida que transcurre la trama. No es de extrañar la conducta autodestructiva que se genera en ellos. 

Puede gustar o no, puede ser más o menos creíble, pero lo que no cabe duda es que, con ella, Michel Franco remueve la mente de los espectadores y se convierte en un equivalente al Todd Solondz que nos impactó con Bienvenidos a la casa de muñecas (1995). Sobran las palabras, sobra la música, resta el guión, la planificación de las escenas, el montaje y la frialdad técnica de Después de Lucía, un título con referencias a la vida de un padre y su hija tras la muerte de la matriarca de la familia (Lucía). Y de aquí nos traslada a un drama de venganzas, un dibujo oscuro y de sufrimiento que explora la pérdida de la dimensión entre el bien y el mal. Es un retrato abrumadoramente duro que no permitirá al espectador permanecer impávido. Porque es de esas películas que se disfrutan mucho más después de vista que durante su proyección. 

Y Después de Lucía… resta el recuerdo del acoso y de la soledad. Y además resta el buen sabor del buen cine de México, un país con una filmografía poco conocida aún en Cine y Pediatría, donde ya recordamos hace años la película Abel (Diego Luna, 2010), y esperamos vivir más experiencias del séptimo arte de ese país tras conocer hoy mismo que ya es una realidad que Cine y Pediatría viaja al Congreso de Pediatría en Monterrey.