sábado, 31 de enero de 2026

Cine y Pediatría (838) “Los niños de la estación de Leningradsky”, infancias ultrajadas en Moscú

 

Nuestra película de hoy tiene algo de particular. No es un largometraje al uso, sino un cortometraje documental de tan solo 35 minutos de duración. Pero es tal la contundencia de sus imágenes y mensajes, que no podemos de dedicarle un post exclusivo. Hablamos del cortometraje polaco Los niños de la estación de Leningradsky (Hanna Polak, Andrzej Celinski, 2004) que retrata, con un estilo directo y sin comentarios en off, la vida cotidiana de un grupo de niños y adolescentes sin hogar que malviven en la estación de tren de Leningradsky, en Moscú. Y está claro que no es un descubrimiento, pues ya fue en su momento nominado al Óscar al mejor cortometraje documental. Es una obra dura, de fuerte impacto emocional, que funciona a la vez como denuncia social y como interpelación ética al espectador frente a la infancia excluida en la Rusia postsoviética. 

El film sigue a más de una docena de niños y niñas, de entre 8 y 14 años, que duermen en la estación, túneles, escaleras o alcantarillas, sobreviviendo mediante mendicidad, pequeños robos, prostitución y consumo de pegamento o alcohol para soportar el frío, el hambre y la violencia. Estos niños y niñas nos hablan y cuentan sus vivencias y experiencias, su (oscuro) pasado, su (duro) presente y su (ausente) futuro, y por orden de aparición son Sasha (8 años), Christina (11 años), Roma (12 años), Misha (13 años), Andréi (10 años), Yules (14 años), Tania (14 años), Artur (13 años), Zorina (13 años), Serguéi (12 años), Yuva (14 años), Andréi (13 años) y Andréi (12 años). 

En lugar de narración explicativa, son los propios menores quienes cuentan, en breves entrevistas y comentarios a cámara, sus historias de abandono, familias marcadas por el alcoholismo y la violencia, la muerte de hermanos o amigos y los episodios de brutalidad policial. He aquí algunas de sus escalofriantes manifestaciones: “Me fui de casa porque mis padres se emborrachaban y me pegaban… He apuñalado dos veces a mi padre en la barriga con un cuchillo mientras estaba borracho y me pegaba”, “Voy por ahí pidiendo dinero. Yo no quiero ponerme a robar”, “Me violaron cuando tenía 11 años… Después mi madre se volvió adicta a las drogas. Empecé a odiarlo todo en el mundo y me fui de casa”, “Los niños se van con esos pedófilos y luego se arrepiente porque enferman. Porque cogen la sífilis o el sida”, “Como empieces a esnifar pegamento, se acabó. Lo esnifas una y otra vez”. Y esta contundente reflexión final de Misha: “Dios cree en la gente y la ayuda. Quiere a todo el mundo, incluso a las malas personas. No solo a los niños. Quiere incluso a los chechenos. Pero sobre todo, quiere a los niños”

Son solo 35 minutos de metraje que dan mucho de sí. Porque es tal el bombardeo de desgracias y ultrajes a la infancia, que se hacen muy largos… y muy duros. Porque el documental subraya la dimensión estructural del problema: se habla de decenas de miles de niños sin hogar en Moscú (en torno a 30.000 viviendo en calles y estaciones; unos 100.000 que huyen cada año de hogares rotos por pobreza, alcohol y maltrato), conectando las biografías individuales con una crisis social masiva. 

Vale la pena analizar las características de la grabación, en la que se pueden destacar cuatro aspectos del estilo cinematográfico: 1) observacional y minimalista: la película adopta un enfoque de “cine directo” que nos sumerge en esa cruda realidad, con esa cámara a ras de calle, presencia prolongada con los niños, montaje a base de escenas breves y fragmentarias, casi sin contextualización histórica o política explícita; 2) primacía del testimonio infantil: no hay voz adulta analizando la situación; la banda sonora verbal son los relatos de los propios niños, con su lenguaje coloquial, sus juegos y sus plegarias, lo que confiere una fuerte autenticidad y al mismo tiempo expone su extrema vulnerabilidad; 3) estética cruda sin subrayados: las imágenes muestran consumo de sustancias, violencia, heridas, frío y suciedad, donde el impacto procede del contraste entre la cotidianeidad de lo filmado y la gravedad de lo que ocurre; 4) brevedad e intensidad: porque en solo 35 minutos condensa un mosaico de escenas de gran carga emocional, lo que ha generado elogios por su fuerza y también críticas que la acusan de ser demasiado impactante y poco contextualizada. 

Y su visionado, nos permite reflexionar sobre algunos de sus mensajes: 1) la visibilización de los “niños invisibles”: porque saca a la luz una población infantil literalmente expulsada del espacio doméstico y simbólicamente expulsada del imaginario colectivo ruso, a pesar de vivir en el corazón de la capital; y donde la estación, espacio de tránsito, se convierte en su hogar permanente; 2) el fracaso del entramado familiar y estatal: las biografías remiten a hogares devastados por pobreza, alcoholismo y violencia, y a una red de protección institucional insuficiente, que deja a estos menores en manos de la calle, de la policía o de explotadores sexuales, expulsados a mendigar o robar; 3) la normalización de la violencia y la muerte: los niños relatan detenciones, palizas, muertes por frío, sobredosis o asesinatos con un tono casi rutinario, como parte del paisaje de su vida, lo que transmite la interiorización de la precariedad extrema; 4) la interpelación moral internacional: el film se inscribe en una corriente de documentales que señalan las consecuencias humanas de las transiciones postsoviéticas, advirtiendo que el colapso económico y la reestructuración neoliberal han tenido como víctimas más visibles a la infancia pobre. 

La circulación internacional (incluida la nominación al Óscar) de esta película amplifica esa llamada de atención más allá de Rusia. Porque la situación de los niños sin hogar en Moscú persiste como un problema estructural, aunque con cifras más bajas que en los años 90 y 2000 gracias a intervenciones estatales y ONGs, pero agravada por la guerra en Ucrania y la crisis demográfica. Las estimaciones varían ampliamente debido a la falta de datos oficiales actualizados, pero donde se estimas entre cientos de miles y varios millones en toda Rusia, concentrados en ciudades como Moscú, San Petersburgo, Novosibirsk, Ekaterimburgo, Vladivostok o Volgogrado. Factores como alcoholismo familiar, pobreza y migración interna siguen impulsando el abandono infantil. 

Y es que la infancia es un indicador social de un país, un termómetro de la salud moral y política de la sociedad. Porque una ciudad (y un país) que es capaz de tolerar miles de menores viviendo en estaciones y alcantarillas revela un profundo deterioro del tejido social. A pesar de la oscuridad, el film deja entrever gestos de cuidado entre los propios niños, momentos de juego y reflexiones sobre Dios, el amor o el futuro, que actúan como recordatorio de una humanidad que persiste incluso en condiciones límite.
 

miércoles, 28 de enero de 2026

El proyecto Cine y Pediatría (1): su nacimiento y difusión en el blog Pediatría basada en pruebas

 

El proyecto Cine y Pediatría es un proyecto personal impulsado a través del blog Pediatría basada en pruebas, y que con el paso del tiempo representa una iniciativa pionera en la intersección entre cinematografía y medicina pediátrica. Tras 16 años de recorrido este espacio digital se ha consolidado como una sección semanal que analiza películas relacionadas con la infancia, la adolescencia, la familia y la práctica pediátrica, fomentando la "prescripción" de filmes como herramienta educativa y reflexiva. Su relevancia radica no solo ya en su longevidad y pervivencia, sino en su capacidad para humanizar la pediatría mediante narrativas audiovisuales que abordan temas clínicos, sociales y éticos. 

El origen del proyecto se remonta al 9 de enero de 2010, con la primera entrada dedicada a presentar el proyecto, marcando el inicio de una cita sabatina ininterrumpida, y siendo la primera película volcada El mundo, a cada rato, una película española del año 2004, realizada como una contribución del cine a la protección de los derechos de la infancia en el mundo y que se compone de 5 historias, que abordan las 5 prioridades de UNICEF en el mundo.  En sus primeros años, el blog Pediatría basada en pruebas —plataforma de evidencia científica y divulgación— integró esta serie como un complemento humanístico, respondiendo a la necesidad de conectar la evidencia clínica con las emociones y experiencias humanas representadas en el cine. Esta periodicidad rigurosa (sin faltar a ninguna cita semanal) ha permitido acumular un corpus extenso, siendo ya el post 838 el que se publica el sábado que viene.   

En términos cuantitativos, en estos 838 post actuales, Cine y Pediatría ya ha comentado más de mil películas vinculadas a la vulnerabilidad infantil, familiar y social. Esta prolificidad ha trascendido el formato digital, materializándose en una colección de libros, artículos, así como en ponencias congresuales y experiencias docentes (que serán comentadas en post posteriores). 

El objetivo primordial del proyecto Cine y Pediatría es doble: educativo y transformador. Por un lado, propone "prescribir películas" a pediatras, educadores y familias como recurso para profundizar en la comprensión de patologías, duelos, discapacidades y desigualdades sociales que afectan a la infancia. Por otro, busca humanizar la práctica clínica, integrando el arte cinematográfico en la formación profesional y promoviendo una pediatría social que trascienda lo biomédico para abarcar lo bioético y lo biopsicosocial. Cada entrada disecciona la trama, los mensajes clínicos y las lecciones pedagógicas, invitando a una reflexión crítica sobre la representación de la infancia y adolescencia en el séptimo arte. 

Esta filosofía se alinea con corrientes contemporáneas en educación médica, donde el cine actúa como catalizador para el desarrollo de empatía y competencias éticas. Estudios posteriores avalan su uso en docencia, destacando Cine y Pediatría como modelo de integración arte-ciencia. Así, el proyecto no solo divulga, sino que prescribe: anima a profesionales a recomendar filmes específicos en consultas, terapias o talleres, fortaleciendo la alianza terapéutica con pacientes y familias. 

Un análisis revelador proviene del ranking de entradas más visualizadas, donde se evidencia que las películas con temas de discapacidad, milagros cotidianos y superación acumulan la mayor audiencia, superando a menudo a clásicos films taquilleros. Este dato invita a cuestionar los criterios de popularidad en contenidos pediátricos: no siempre priman la calidad artística o los premios, sino la resonancia emocional y la accesibilidad temática. He aquí el top 10 en el momento actual: 

Cine y Pediatría (210): Cine y Pediatría (210). “El milagro de Carintia”, el milagro de cada día en una guardia, con 90.585 visualizaciones 










Estos datos analíticos no solo validan la viralidad del proyecto, sino que orientan su evolución: las visitas concentradas en discapacidad y vulnerabilidad social sugieren priorizar estos ejes en futuras prescripciones. Además, la disparidad entre visitas —el top 1 duplica al segundo— plantea hipótesis sobre algoritmos de redes, recomendaciones orgánicas o coyunturas virales. En un contexto de pediatría digital, este ranking posiciona a Cine y Pediatría como referente en bibliometría audiovisual aplicada a la salud infantil. 

En conclusión, a dieciséis años de su inicio, Cine y Pediatría trasciende el blog para erigirse en un movimiento pedagógico y cultural. Su legado invita a la comunidad pediátrica a abrazar el cine no como ocio, sino como praxis reflexiva que enriquece la atención al niño y su familia. Este proyecto, fiel a los principios de Pediatría basada en pruebas, demuestra que la evidencia humanística complementa la científica, consolidando una pediatría integral y empática en el siglo XXI.

lunes, 26 de enero de 2026

La comunicación en el paciente pediátrico hospitalizado

 

La humanización de la asistencia pediátrica es una cualidad que debe ir inherente a la asistencia en el siglo XXI y ello a través de un modelo de cuidado integral centrado tanto en el niño como en su familia. Y uno de los muchos brazos de esta humanización es la comunicación médico-paciente, de forma que cabe proponer estrategias de comunicación efectiva que fomentan la participación activa del paciente (y su familia) en la toma de decisiones, siendo importante reconocer la importancia de la diversidad cultural y la necesidad de superar barreras idiomáticas o prejuicios para garantizar una atención equitativa. 

De estos temas versa la sesión clínica realizada por nuestros residentes de Pediatría, con el apoyo del equipo de Pediatría Interna Hospitalaria. En este enlace se puede revisar el documento, pero queremos desgranar algunas preguntas clave.  

a) ¿Cómo ha evolucionado históricamente el enfoque hacia la humanización de la hospitalización pediátrica? 
La evolución histórica del enfoque hacia la humanización de la hospitalización pediátrica ha pasado de un modelo rígido y centrado en la enfermedad a uno holístico centrado en el niño y su familia. 

- Primeros indicios y el punto de inflexión (década de 1940 - 1959) 
A partir de la década de los 40, diversos estudios comenzaron a demostrar el impacto negativo que la hospitalización tenía en los niños. En aquel entonces, los hospitales no adaptaban sus espacios a los menores, mantenían horarios estrictos sin posibilidad de ocio y solo permitían la presencia de los padres durante horas de visita limitadas. 

El verdadero punto de inflexión se produjo con la investigación sobre las condiciones de los niños en hospitales de Gran Bretaña, que culminó en el Informe Platt (1959), titulado "El bienestar de los niños enfermos en el hospital". Este informe generó 55 recomendaciones para mejorar la calidad asistencial, entre las que destacaban: 
• La creación de zonas específicas para niños tanto en hospitalización como en consultas. 
• La existencia de espacios que potenciaran el ocio. 
• La liberalización de las visitas de los padres, permitiéndoles incluso dormir con sus hijos. 
• El acceso a la educación en hospitalizaciones prolongadas. 

- Implementación y marcos legales (1960 - 2004) 
Aunque las recomendaciones se formularon en 1959, no fue hasta finales de los años 60 e inicios de los 70 cuando comenzaron a implementarse en diversos países. Posteriormente, se consolidaron hitos normativos y programas internacionales que blindaron estos derechos: 
• 1984 (España): El Ministerio de Sanidad puso en marcha el Programa de humanización de la asistencia hospitalaria. 
• 1986: El Parlamento Europeo redactó la Carta Europea de los Niños Hospitalizados. 
• 1989: La ONU aprobó la Convención de los Derechos de la Infancia. 
• 2004: La OMS integró a la infancia y adolescencia en el marco de los Hospitales Promotores de la Salud. 

- Cambio de paradigma: Del cuidado centrado en la familia al centrado en el niño 
Históricamente, se pasó de considerar al niño como un sujeto pasivo a un agente activo en su cuidado.

• Cuidado Centrado en la Familia (CCF): surgido a mediados del siglo XX, este enfoque entiende que la familia es la unidad de cuidado y debe estar involucrada en el diagnóstico y tratamiento. 

• Cuidado Centrado en el Niño (CCN): es una filosofía actual donde los niños son participantes activos y principales de su propio cuidado, según su edad y madurez. Se reconoce que los niños experimentan la enfermedad y el dolor de forma distinta a los adultos, por lo que requieren estrategias de comunicación específicas. 

- Enfoque actual y herramientas psicológicas 
Hoy en día, la humanización se define como un proceso donde el paciente y su familia están en el centro, asumiendo una concepción integral de la persona que incluye sus creencias y sentimientos. 

Para lograr esto, el enfoque moderno se apoya en la Teoría del Desarrollo Cognitivo de Piaget para evaluar cómo los niños entienden el mundo según su etapa (sensoriomotora, preoperacional, de operaciones concretas o formales) y así modular la comunicación y la toma de decisiones. Además, el sistema sanitario actual busca adaptarse a la diversidad cultural para evitar la falta de equidad, utilizando figuras como el mediador intercultural. 

En conclusión, la hospitalización pediátrica ha evolucionado hacia un compromiso activo de los profesionales por proteger los derechos de los menores, asegurando que su estancia sea lo menos hostil posible y respetando su autonomía progresiva. 

b) ¿De qué manera influye el desarrollo cognitivo en la comunicación con pacientes infantiles? 
El desarrollo cognitivo es el factor determinante que marca las pautas de comunicación entre el profesional sanitario y el paciente pediátrico, ya que define cómo el niño entiende el mundo y procesa la información. Esta influencia se manifiesta de las siguientes maneras: 

- El desarrollo como "Hoja de Ruta" 
El nivel de desarrollo cognitivo permite a los médicos evaluar la competencia del niño en áreas clave como la capacidad de decisión, la participación y la independencia. Las etapas propuestas por Jean Piaget sirven como una guía para modular las interacciones y adaptar el lenguaje a la madurez del paciente. 

- Adaptación según las Etapas de Piaget 
La comunicación debe transformarse según el periodo en el que se encuentre el niño: 
• Periodo Sensoriomotor (0-24 meses): el niño se comunica y experimenta a través de sensaciones y movimientos. En esta etapa, el profesional debe considerar que el niño está incrementando su vocalización y comienza a experimentar con su entorno. 
• Periodo Preoperacional (2-7 años): el pensamiento es representacional y se basa en símbolos y signos. Para una comunicación efectiva, es útil ponerse a su altura física para resultar menos amenazante y utilizar juguetes para iniciar la conversación. 
• Etapa de Operaciones Concretas (7-11 años): el niño ya puede aplicar reglas lógicas a objetos concretos y deja de lado el egocentrismo. Aquí ya es posible involucrarlos más activamente preguntándoles directamente sobre su visión de la enfermedad antes de dirigirse a los padres. 
• Etapa de Operaciones Formales (12 años en adelante): el adolescente maneja conceptos abstractos y razonamiento hipotético-deductivo. La comunicación puede ser más compleja, centrada en la resolución de problemas y el análisis del entorno. 

- Estrategias de comunicación influenciadas por la edad 
El desarrollo cognitivo obliga a ajustar las técnicas de entrevista clínica: 
• Entonación y ritmo: el discurso debe modificarse según la edad y las circunstancias del paciente. 
• Explicaciones: las respuestas a las dudas del niño deben formularse de manera que su nivel de comprensión actual le permita entenderlas. 
• Participación en decisiones: según la madurez, se debe diferenciar entre decisiones técnicas (que toman los padres) y decisiones prácticas (que puede tomar el niño). Por ejemplo, a un niño pequeño se le puede permitir elegir de qué brazo prefiere que le saquen sangre, lo que le hace sentirse partícipe de su cuidado sin sobrecargarlo con responsabilidades técnicas que no puede procesar. 

En resumen, el profesional no puede comunicarse de forma estándar, sino que debe evaluar constantemente la madurez del paciente para asegurar que la información sea recibida correctamente y se respete la autonomía progresiva del menor. 

c) ¿Cuáles son las estrategias clave para implementar un cuidado centrado en la familia? 
Las estrategias clave para implementar un cuidado centrado en la familia se basan en entender a la familia como la unidad de cuidado y en involucrar activamente tanto al niño como a sus cuidadores en todo el proceso sanitario. 

- Involucración en todo el proceso asistencial 
El cuidado centrado en la familia requiere que el paciente y sus allegados no sean sujetos pasivos, sino que participen activamente en el diagnóstico, la hospitalización, el tratamiento y el seguimiento posterior. Esto implica un compromiso de todos los profesionales (médicos, enfermeras, celadores, etc.) para asumir una concepción integral de la persona, respetando sus conocimientos, creencias y sentimientos. 

- Estrategias de comunicación efectiva 
La comunicación es el pilar para que el niño y su familia se sientan parte del cuidado. Las fuentes destacan cuatro elementos esenciales para una entrevista clínica efectiva: 
• El Saludo: iniciar con contacto visual, lenguaje corporal acogedor y llamar al niño por su nombre o apodo. En niños pequeños, es vital ponerse a su altura para resultar menos amenazante. 
• Captar su atención: antes de iniciar la anamnesis médica, se recomienda hablar de temas no médicos (intereses, juguetes o ropa) para reducir la hostilidad del entorno hospitalario. 
• Involucrarlos en el proceso: es fundamental preguntar primero al niño sobre su visión de la enfermedad y luego completar la información con los padres, evitando dirigirse exclusivamente a los adultos. 
• Honestidad: es crucial no mentirles nunca para no romper la confianza necesaria para el tratamiento. 

- Toma de decisiones compartida 
Una estrategia central es devolver la autonomía al paciente y su familia en la medida de lo posible. Para esto, se deben distinguir dos tipos de decisiones: 
• Decisiones técnicas: aquellas sobre la realización de una técnica o tratamiento, que suelen recaer en los padres. 
• Decisiones prácticas: detalles sobre cómo llevar a cabo el tratamiento (por ejemplo: elegir qué brazo usar para una analítica o quién le acompañará), lo que permite que el niño se sienta partícipe de su propio cuidado. 

- Atención a la diversidad cultural 
Para garantizar la equidad, es necesario gestionar las diferencias culturales en el concepto de salud y enfermedad. Una estrategia clave es el uso del mediador intercultural, un profesional que ayuda a superar barreras idiomáticas y evita que el etnocentrismo o los estereotipos perjudiquen la calidad del cuidado. 

- Humanización del entorno 
Finalmente, el cuidado centrado en la familia implica proteger los derechos del menor, asegurando que la hospitalización no suponga una ruptura traumática con sus círculos social y escolar, proporcionando acceso a la educación y espacios de ocio. 

En este video se resume los principales mensajes.

 

sábado, 24 de enero de 2026

Cine y Pediatría (837) “La súplica de una madre” ante la orfandad por sida de su hijo y sus fases del duelo

 

Conocimos a la bella actriz Linda Hamilton por su icónica interpretación de Sarah Connor en la saga Terminator, que catapultó su carrera a la fama mundial, entre ellas las dos películas dirigidas por James Cameron (más adelante se convertiría en su marido): Terminator (1984) y Terminator 2: El juicio final (1991), más la secuela posterior Terminator: Destino oscuro (Tim Miller, 2019). Junto a otros papeles en cine de acción y drama, quizás su papel más diferencial es el que realizó en el telefilm La súplica de una madre (Larry Elikann, 1995), donde interprete a una madre viuda, Rosemary Holmstrom, que al ser diagnosticada de sida debe decidir qué será de su hijo de 12 años, T.J. (Noah Fleiss), cuando ella muera, convirtiendo la organización de su ausencia en su último acto de cuidado materno. 

En las dos últimas semanas hemos podido revisar distintas miradas del sida en la adolescencia: Girl, Positive ((Peter Werner, 2007), Three Months (Jared Frieder, 2022) y Romería (Carla Simón, 2025). Y hoy lo hacemos con esta película, un drama ficticio inspirado en los miedos y realidades del VIH en la década de los 90 en Estados Unidos, epicentro del sida, y se centra en la relación madre‑hijo, el estigma del VIH y el sistema de acogida/adopción, con una interpretación central de Linda Hamilton que fue nominada al Globo de Oro. 
Falta URL de Romería 

Un diagnóstico inesperado de infección por VIH/sida irrumpe la vida de Rosemary, una enfermedad transmitida a través de su marido, usuario de drogas por vía parenteral y quien contrajo el virus y se lo transmitió vía sexual a su esposa sin que ella lo supiera. Un diagnóstico que en aquella primera década del sida implicaba asumir que moririría antes de que su hijo llegue a la adultez, por lo que su prioridad se vuelve encontrar una familia adoptiva “adecuada” para T.J., ya que no cuenta con familiares capaces de hacerse cargo. 

Lo más destacado de esta película es cómo traza la evolución emocional de esta madre y que sigue las etapas clásicas del duelo ante un diagnóstico terminal de sida: desde la negación inicial hasta una aceptación altruista centrada en el futuro de su hijo, una progresión no solo humaniza el impacto del VIH, sino que resalta la resiliencia materna en contextos de vulnerabilidad extrema. 

- Etapa inicial: Negación y rabia. Rosemary recibe el diagnóstico de VIH/sida como un golpe inesperado, respondiendo con incredulidad y rechazo visceral a la noticia médica. En esta fase, se muestra aislada emocionalmente, ocultando la verdad a T.J. y luchando sola contra síntomas incipientes como fatiga y debilidad, lo que refleja miedo a la estigmatización social de la época. La rabia emerge en confrontaciones con recuerdos de su difunto esposo, culpándolo implícitamente por la transmisión, y en arrebatos de frustración por la precariedad económica que agrava su vulnerabilidad. 

- Etapa intermedia: Negociación y planificación. Acepta gradualmente la realidad al confrontar el deterioro físico, canalizando su energía en buscar una familia adoptiva ideal para T.J., transformando el dolor en acción práctica. “Si tienes sida, ¿qué pasará conmigo?”, le pregunta a su madre. Esta etapa muestra vulnerabilidad en entrevistas con posibles padres, donde evalúa no solo estabilidad material sino calidez emocional, revelando su miedo a dejar a su hijo en manos inadecuadas. El proceso de entrevistas con posibles padres adoptivos, servicios sociales y parejas candidatas se convierte en el eje dramático: aparecen momentos de ternura y culpa materna, como cuando T.J. percibe cambios y reacciona con rebeldía, forzándola a negociar internamente entre apego y desapego. “Lo único que me importa es que mi hijo esté bien cuando yo no esté”, nos dice. Aparece incluso la madre en programas televisivos, como representación de las miles de madres que en ese momento – y en aquella época – se enfrentaban a lo peor con respecto a sus hijos. 

- Etapa final: Aceptación y sacrificio. Rosemary alcanza una aceptación serena al consolidar el vínculo con los Walker, priorizando la felicidad futura de T.J. sobre su presencia, culminando en un traspaso emocional liberador pero desgarrador. Su evolución culmina en escenas de debilidad física extrema donde, pese al dolor, irradia paz al ver a T.J. adaptarse, simbolizando un amor que trasciende la muerte: “Siempre será mi madre, mi única madre. Pase lo que pase”. En esta fase se subrayan temas de resiliencia y legado, invitando a reflexionar sobre cómo el cuidado materno redefine la supervivencia ante enfermedades terminales.  Se nos describe al final que Rosemary Holmstrom en Nueva York en el año 1991, tenía 36 años (por lo que se nos presenta como una historia basada en hechos reales, aunque no una biografía estrictamente documental).

Es La súplica de una madre un telefilm emotivo y que plantea un buen debate para visionar que el sida no es solo una enfermedad, sino un dispositivo social que genera orfandad, estigma y exclusión, y frente al cual se reclama compasión y responsabilidad comunitaria. Temas que se abordan son: la importancia del cuidado materno frente a la enfermedad (pues la identidad de Rosemary no se agota en ser “paciente con sida”, porque ante todo es madre y la protección de su hijo es su mayor objetivo); la inocencia de muchos afectados (porque se evidencia cómo muchas mujeres y niños contrajeron VIH sin haber participado en conductas de riesgo directas, lo que cuestiona las narrativas moralizadoras que asociaban el sida a “culpa” individual); la importancia de los sistemas de protección (adopción y acogida); y la visibilización del impacto del sida en la vida cotidiana, porque más allá del hospital y la clínica, se muestran efectos en la escuela, el vecindario, las relaciones sociales y familiares. 

Por ello, este telefilm de la productora estadounidense MCA Television Entertainment nos permite reflexionar sobre el sida como fenómeno social (que invita a pensar el sida no solo como patología, sino como proceso social que genera pobreza, orfandad y exclusión), sobre la maternidad en contextos de vulnerabilidad (lo que implica decisiones extremas y que cuestiona la idealización de la madre omnipresente y eterna), sobre el duelo anticipado en la infancia (como un retrato de la elaboración del duelo ante enfermedades terminales de los progenitores en edades tempranas) y sobre el estigma y la ética del cuidado (frente a los discursos de miedo y discriminación propios de aquella época en la que se enfoca esta historia, la película propone una ética basada en la compasión, la responsabilidad y la dignidad). 

Y terminamos con una cifra escalofriante. Porque es posible estimar el número de niños huérfanos por sida (definidos como aquellos que perdieron a uno o ambos padres por causas relacionadas con VIH/sida), gracias a datos históricos de organizaciones como UNICEF y UNAIDS que han realizado seguimiento global desde los años 90. Estas cifras acumulan alrededor de 14 millones a lo largo de la epidemia, de los cuales más de 10 millones se concentran en África subsahariana, aunque han disminuido drásticamente gracias a tratamientos antirretrovirales. Y un buen ejemplo de ello nos lo demostró la película Yesterday (Darrell James Roodt, 2004). 

 

miércoles, 21 de enero de 2026

ContinuumAEP y la adquisición de competencias en Pediatría

 

El artículo “ContinuumAEP y la adquisición de competencias en Pediatría”, recientemente publicado en Anales de Pediatría por todo el equipo que creamos y desarrollamos esta plataforma de formación virtual de la Asociación Española de Pediatría, analiza sus primeros once años de funcionamiento (aunque ya en estos momentos se han superado ya más de 12 años desde su puesta en marcha en septiembre de 2013). En este enlace os dejamos también el acceso al artículo en inglés.  

Recordar que Continuum es un recurso educativo que se fundamenta en un modelo de educación por competencias, utilizando la matriz global del GPEC (Global Pediatric Education Consortium) para estructurar sus cursos y actividades. Esta evaluación permite a los responsables priorizar futuros contenidos para corregir asimetrías y mejorar la formación continua de los especialistas.  

¿Cómo facilita la plataforma Continuum la adquisición de competencias pediátricas mediante formación virtual? 

La plataforma Continuum facilita la adquisición de competencias pediátricas a través de un modelo de Educación Basada en Competencias (EBC), el cual se centra en la aplicación de conocimientos, habilidades y actitudes en lugar de la simple enseñanza de contenidos teóricos. A continuación, se detallan los mecanismos principales mediante los cuales la plataforma facilita este aprendizaje: 

Matriz de Competencias estructurada: Continuum utiliza una base de datos original y única fundamentada en el currículo del Consorcio Global de Educación Pediátrica (GPEC). Esta matriz cuenta con más de ocho mil elementos organizados jerárquicamente, lo que permite gestionar el aprendizaje de forma precisa y evitar divagaciones al centrarse en resultados específicos. 

Diversidad de actividades formativas: la plataforma ofrece múltiples formatos adaptados a diferentes necesidades de aprendizaje como Cursos de formación, Novedades Bibliográficas y Artículos Destacados (proporcionan actualización continua y revisión de estudios innovadores), Imágenes de la Semana (amplían la experiencia visual del pediatra ante enfermedades comunes), Casos Clínicos Interactivos (fomentan el razonamiento clínico y el diagnóstico diferencial), Píldoras Formativas (actividades breves que favorecen el aprendizaje autónomo en temas muy concretos), 

• Seguimiento mediante una cartera virtual: una vez que el alumno supera la evaluación de una actividad, las competencias adquiridas se asignan a su cartera formativa virtual. Esto permite que el usuario explore en cualquier momento qué competencias ha alcanzado y cuáles le faltan por cubrir, transformando su historial en un currículo real que define fortalezas y debilidades. 

Evaluación y calidad: para garantizar la adquisición de las competencias en el caso de los Cursos de formación, los alumnos deben superar una prueba de evaluación con al menos un 70% de aciertos en un tiempo restringido. Además, la calidad de las actividades se supervisa mediante cuestionarios de satisfacción remitidos a los alumnos. 

Flexibilidad y autodirección: al ser una formación a distancia facilitada por nuevas tecnologías, permite que el estudiante sea el protagonista de su proceso, adaptando el aprendizaje a sus propias necesidades y fomentando el pensamiento crítico. 

¿Qué áreas de pediatría tienen mayor y menor cobertura formativa? 

Basado en el análisis de los primeros 11 años de actividad de la plataforma Continuum (periodo 2013-2024), existe una notable heterogeneidad en la cobertura de las competencias pediátricas según el área de conocimiento. A continuación se detallan las áreas con mayor y menor cobertura. 

- Áreas con mayor cobertura (superior al 90%). Estas áreas destacan por haber cubierto casi la totalidad de las competencias propuestas por el currículo global del GPEC: 
• Seguridad del Paciente y Mejoramiento de la Calidad: 100%. 
• Profesionalismo: 100%. 
• Trastornos musculoesqueléticos: 99,7%. 
• Nutrición: 99,0%. 
• Dermatología: 94,6%. 
• Ética en la práctica clínica: 93,5%. 
• Alergia: 92,9%. 
• Lenguaje, aprendizaje y trastornos sensoriales: 90,4%. 

Áreas con menor cobertura (inferior al 20%). Existen áreas donde la formación ha sido significativamente menor durante el periodo analizado: 
• Ginecología: 4,2%,. 
• Autoliderazgo y Gestión de la Práctica (o de la consulta): 5,6%,. 
• Abuso de Drogas: 12,2%. 
• Colaboración: 15,4%. 
• Comunicación y Habilidades Interpersonales: 18,8%. 

Estas asimetrías en la cobertura de competencias pueden deberes a varios factores: 1) Detalle del currículo: Algunas áreas del programa GPEC son extremadamente detalladas, lo que requiere un mayor número de actividades específicas para cubrir todas sus competencias, dificultando una cobertura homogénea; 2) Ausencia de profesorado estable: Al no haber tenido inicialmente una programación rígidamente equilibrada, la oferta dependía de la contribución voluntaria de diferentes comités y sociedades de la AEP; 3) Actualidad médica: Actividades como "Novedades Bibliográficas" Y “Artículo Destacado” están condicionadas por lo que se publica en la literatura científica en cada momento. 

¿Qué efectividad tiene la matriz de competencias basada en estándares internacionales del GPEC? 

La matriz de competencias de la plataforma Continuum, basada en los estándares del Consorcio Global de Educación Pediátrica (GPEC), ha demostrado ser una herramienta fundamental y efectiva para estructurar, dinamizar y supervisar la formación pediátrica virtual. A continuación se detallan los aspectos clave de su efectividad. 

1. Cobertura de objetivos formativos. La matriz ha permitido que, en sus primeros 11 años, la plataforma ofrezca actividades que cubren el 67,2% de las competencias totales propuestas por el currículo global del GPEC. Esto supone que los alumnos han tenido acceso a más de dos tercios de las aptitudes (conocimientos, habilidades y actitudes) necesarias para el ejercicio profesional de la pediatría. 

2. Gestión y precisión del aprendizaje. La efectividad de esta matriz radica en su diseño como una base de datos original y única, compuesta por más de ocho mil elementos organizados mediante un código jerárquico,. Esta estructura permite evitar divagaciones (al centrarse en el resultado del aprendizaje y no solo en el proceso, se reduce la confusión durante la formación), planificación y verificación (facilita la creación y validación de cursos alineados con estándares internacionales de referencia), trazabilidad (permite cotejar qué actividades específicas ofrecen las competencias que el alumno necesita adquirir) 

3. Transformación del perfil profesional. La matriz permite que la cartera formativa del alumno deje de ser una simple colección de certificados para convertirse en un currículo real. Esto ayuda a identificar fortalezas y debilidades (tanto el alumno como la plataforma pueden visualizar con precisión qué áreas han sido cubiertas y cuáles requieren más atención), y fomentar el pensamiento crítico (facilita un aprendizaje autodirigido y el desarrollo de habilidades clínicas mediante un enfoque evaluativo basado en competencias. 

4. Superioridad en detalle y alcance. En comparación con otros modelos internacionales, como los del Royal College of Paediatrics and Child Health o la American Board of Pediatrics, la matriz basada en GPEC es significativamente más exhaustiva y detallada, contando con un número mucho mayor de elementos formativos. Además, experiencias similares en otros países han confirmado que este tipo de integración curricular es efectiva para el soporte del entrenamiento clínico. 

A pesar de estos logros, todavía existe un reto importante: aunque los alumnos superen las pruebas de evaluación (con un 99% de aprobados entre quienes completan los cursos), no se puede garantizar con total certeza un impacto clínico real en la atención a los pacientes. La evaluación de esta repercusión práctica es uno de los objetivos futuros de la plataforma

lunes, 19 de enero de 2026

Cuidados Paliativos Pediátricos: existimos porque mueren, trabajamos porque viven

 

En la sociedad contemporánea, la muerte se percibe a menudo como un tabú distante, un final evitado en el discurso público y familiar, especialmente cuando involucra a niños, donde genera un silencio aún más profundo por su aparente incompatibilidad con la promesa de vida y futuro. Los Cuidados Paliativos Pediátricos (CPP) emergen como un enfoque humanista que no solo alivia el sufrimiento físico, emocional y espiritual de los niños con enfermedades irreversibles, sino que también invita a replantear nuestra comprensión colectiva de la muerte: de un evento temido y aislado a un proceso digno, acompañado y significativo. 

En relación con este tema, compartimos la reciente sesión realizada en nuestro Servicio de Pediatría por la Dra. Ester Pérez, coordinadora de nuestra Unidad de Hospitalización a Domicilio-Cuidados Paliativos Pediátricos, y que iba dirigida a nuestros residentes en formación, con un espíritu de alentar la importancia de esta especialidad pediátrica. En este enlace os dejamos la presentación, en donde hay tres puntos clave que resumimos. 

1. ¿Cómo ha evolucionado la percepción social y cultural de la muerte actualmente? 

La percepción social y cultural de la muerte ha experimentado una transformación profunda, pasando de ser un evento cotidiano y comunitario a uno medicalizado, privado y, a menudo, oculto. Según las fuentes, esta evolución se puede analizar comparando cómo se vivía hace un siglo frente a la realidad actual. 

- De lo cotidiano y visible al silencio y la evitación. 

Hace 100 años, la muerte era una parte visible y natural de la vida. La mayoría de las personas morían en sus hogares rodeadas de su familia, y los niños convivían con este hecho desde pequeños. Los rituales eran marcados y públicos, con lutos prolongados y despedidas comunitarias donde el dolor era compartido con vecinos y allegados. 

En la actualidad, la tendencia es la evitación y el silencio. Se protege a los niños de la realidad de la muerte y se utilizan eufemismos como "nos dejó" o "se fue" para no mencionarla directamente. La sociedad actual, centrada en la felicidad y la productividad, a menudo ve el dolor y la muerte como temas incómodos que deben ocultarse. 

- La medicalización de la muerte.

Uno de los cambios más significativos es el traslado del escenario del fallecimiento. Mientras que antes se moría en casa, hoy la mayoría de las personas fallecen en hospitales o residencias. Esto ha provocado que la muerte se asocie más a la medicina que a la familia. 

Debido a los avances médicos que prolongan la vida, la muerte ha dejado de percibirse como un proceso natural para ser vista, en ocasiones, como un fracaso de la medicina. Esto genera una sensación de que la muerte es algo "injusto" o inesperado cuando finalmente ocurre. 

- Transformación del duelo y la espiritualidad. 

El duelo también ha evolucionado hacia formas más privadas e individuales: 1) Duelo acelerado: existe una presión social por "seguir adelante" rápidamente, lo que puede llevar a vivir el proceso en soledad; 2) Homenajes virtuales: las redes sociales han introducido una nueva dimensión al duelo mediante mensajes y fotos en entornos digitales; 3) Diversidad espiritual: se ha pasado de una uniformidad religiosa, donde la muerte era un tránsito con explicaciones claras (cielo, infierno), a una espiritualidad más diversa y personal, lo que a veces genera mayor incertidumbre y miedo. 

- Nuevos debates éticos y el rol de los cuidados paliativos. 

La evolución cultural ha traído consigo debates que antes no existían o no eran técnicos, como la eutanasia, la muerte digna y la donación de órganos. En este contexto, los CPP surgen como una disciplina que busca devolverle a la muerte su lugar como parte de la vida, enfocándose no en curar, sino en proporcionar una atención integral (física, mental y espiritual) para que el paciente viva con dignidad hasta el último momento. El objetivo actual de estos especialistas es ayudar a las familias a enfrentar este proceso de la mejor manera posible, reconociendo que, aunque los seres humanos mueren, no se debe "mirar hacia otro lado". 

En resumen, la muerte ha pasado de ser un hecho familiar y comunitario a un hecho médico, silencioso e íntimo, impulsado por los cambios en la medicina, el aumento de la esperanza de vida y el individualismo moderno. 

2. ¿Cuáles son los pilares fundamentales que definen los CPP integrales? 

Los CPP integrales se definen como el cuidado activo y total del cuerpo, la mente y el espíritu del niño, así como el apoyo a su familia. Los pilares fundamentales que definen esta atención son los siguientes: 

- Atención integral (bio-psico-social y espiritual). La atención no se limita solo a lo médico, sino que aborda cuatro dimensiones esenciales para el bienestar del menor: Física: se centra en el control de síntomas (respiratorios, digestivos, neurológicos, etc.), la planificación anticipada y la educación a la familia; Psicológica: fomenta una comunicación abierta y adaptada a la edad del niño, brindando apoyo emocional y velando por el desarrollo de su personalidad; Social: considera aspectos vitales como el juego, la escolarización, la interacción social y la gestión de ayudas o prestaciones; Espiritual: busca dar sentido a la situación, respetando los valores, creencias y el trasfondo cultural y religioso de la unidad familiar. 

- Enfoque en la unidad familiar. Los CPP consideran a la familia como el núcleo central del cuidado. El apoyo no termina en el paciente; se extiende a los padres y hermanos, respetando su identidad, dignidad y red de vínculos. 

- Equipo multidisciplinar y coordinado. Para que la atención sea efectiva, debe ser realizada por un equipo de profesionales de diversas áreas que trabajan con objetivos terapéuticos comunes. Este equipo suele incluir pediatras y enfermeros, psicólogos y trabajadores sociales, especialistas en orientación espiritual, y una coordinación asistencial con trabajo en red, conectando los diferentes entornos donde se desenvuelve el niño: el hospital, el centro de salud, el colegio y, especialmente, el domicilio. 

- Planificación anticipada y adaptabilidad. La atención paliativa debe ser planificadora, anticipándose a posibles complicaciones futuras y modificando las actuaciones según la situación clínica. Un concepto clave es la identificación del "punto de inflexión", que es el momento en que se acelera el empeoramiento clínico, lo que obliga a adaptar los objetivos terapéuticos para priorizar el confort. 

- Continuidad y no exclusión de otros tratamientos. Los CPP comienzan en el momento del diagnóstico de una enfermedad amenazante para la vida y deben continuar independientemente de si el niño recibe tratamiento para su enfermedad base. Es fundamental entender que los tratamientos paliativos y los curativos no son mutuamente excluyentes. 

3. ¿Qué importancia tiene el enfoque multidisciplinar en el acompañamiento del paciente terminal? 

El enfoque multidisciplinar es un pilar fundamental en el acompañamiento del paciente terminal porque permite abordar la enfermedad no solo como un fenómeno biológico, sino como un proceso complejo que afecta todas las dimensiones del ser humano. En los cuidados paliativos, este enfoque garantiza una atención integral que abarca las necesidades físicas, psicológicas, sociales y espirituales tanto del paciente como de su familia. 

La importancia de este enfoque se detalla a través de los siguientes puntos clave: 

- Abordaje del "dolor total". El concepto de "dolor total", introducido por Cicely Saunders, es la base de la atención multidisciplinar. Este concepto reconoce que el sufrimiento al final de la vida no es únicamente físico, sino que está compuesto por síntomas emocionales, sociales y espirituales que requieren la intervención de distintos especialistas para ser mitigados de manera efectiva. 

- Composición y coordinación del equipo. Para que el acompañamiento sea efectivo, se requiere de un equipo diverso que trabaje bajo objetivos terapéuticos comunes y una coordinación estrecha. Según las fuentes, este equipo debe incluir: médicos y enfermeros (para el control de síntomas físicos -dolor, disnea, náuseas- y la educación sanitaria a la familia), psicólogos (para facilitar una comunicación abierta adaptada a la edad, brindar apoyo emocional y ayudar en el desarrollo de la personalidad del niño ante la adversidad), trabajadores sociales (para gestionar aspectos como la interacción social, la escolarización y el acceso a ayudas o prestaciones), acompañamiento espiritual (para ayudar al paciente a encontrar sentido y trascendencia, respetando siempre sus valores y su trasfondo cultural o religioso). 

- Atención a la unidad familiar. El enfoque multidisciplinar no se limita al paciente; considera a la familia como parte de la unidad de cuidado. Los especialistas trabajan en conjunto para preparar a la familia en el manejo de la enfermedad en el hogar y ofrecerles el apoyo necesario para enfrentar el proceso de duelo. 

- Trabajo en red y planificación anticipada. La importancia de este enfoque también radica en su capacidad de coordinación asistencial. El equipo multidisciplinar actúa como un nexo entre diferentes entornos, como el hospital, el centro de salud, el colegio y el propio domicilio, permitiendo que el paciente reciba atención de alta calidad en su entorno más cercano (el "hospital en casa"). Además, permite una planificación anticipada, modificando las actuaciones según la evolución clínica y las necesidades cambiantes del paciente. 

- Dignidad hasta el final. En última instancia, el objetivo de este equipo no es curar, sino mejorar la calidad de vida. El esfuerzo conjunto busca que el paciente pueda "vivir hasta el momento en el que muera", garantizando que reciba un trato digno como persona hasta su último suspiro. En este video resumimos en 5 minutos estas enseñanzas y reflexiones.

Citando a Cicely Saunders, “el objetivo es que el niño no solo tenga una muerte tranquila, sino que viva con dignidad y calidad hasta el último momento”. 
   

sábado, 17 de enero de 2026

Cine y Pediatría (836) “Romería” cierra la trilogía de la memoria familiar de Carla Simón


Carla Simón es una joven directora y guionista barcelonesa que construye su cine en torno a un naturalismo depurado, que prioriza la observación paciente de la vida cotidiana y las dinámicas familiares, evitando el melodrama y los subrayados emocionales. Sus películas retratan mundos desde la perspectiva infantil o juvenil, usando actores no profesionales para lograr autenticidad y rostros que transmiten verdad inmediata, con rodajes largos en localizaciones reales que permiten captar gestos, silencios y sonidos ambientales en directo. 

Un cine que cala en el espectador y la crítica con sus dos rasgos formales distintivos: una puesta en escena austera (planos largos, encuadres horizontales que integran el paisaje como actor, y un diseño de sonido que privilegia lo ambiental sobre el diálogo explicativo); una autobiografía velada (temas recurrentes como la orfandad, la memoria fragmentada y la herencia familiar, tratados con lirismo contenido que universaliza lo personal sin caer en la introspección confesional). Y es que, tras varios cortometrajes, sus únicos tres largometrajes constituyen una trilogía de la memoria familiar: Verano 1993 (2017), que convierte el duelo por la muerte de los padres (fallecidos por sida) en una crónica íntima del verano en que Frida aprende a pertenecer a una nueva familia, filmando el mundo desde la altura de una niña de seis años; Alcarràs (2022), donde desplaza el foco a la memoria de una familia campesina amenazada por la pérdida de la tierra, donde la cosecha final de melocotones funciona como último ritual colectivo antes de que el paisaje que los sostiene desaparezca; y Romería (2025), donde la adolescente Marina, hija de padres fallecidos de sida, viaja a Vigo para conocer por primera vez a la familia paterna y recomponer una memoria fragmentada a partir del diario de su madre y de las grietas emocionales de esa familia. 

Tres películas multipremiadas en los festivales de cine y tres movimientos de una misma herida. En Verano 1993 la memoria es sobre todo afectiva y confusa: el cine recoge gestos, juegos y silencios de una niña incapaz de poner palabras a la pérdida, de ahí el tono de “falso documental” y la observación paciente del día a día. En Alcarràs la memoria se vuelve colectiva y política: la familia entera encarna una forma de vida amenazada, y el filme funciona como archivo emocional de un mundo rural que está a punto de ser expulsado por los paneles solares y los contratos. En Romería la memoria es ya activamente buscada: Marina investiga, pregunta, lee cartas y papeles, cuestiona el silencio en torno al sida y obliga a la familia a narrarse, reparando “una memoria mal colocada”. 

Y el sida es el protagonista de la primera y última película de esta trilogía. Ya hablamos de Verano de 1993, un poema fílmico sobre la infancia de obligada prescripción, y en el que Frida (Laia Artigas) es alter ego de la directora con sus 6 años. Y hoy hablamos de Romería, donde Marina (Llucía García) también se convierte en alter ego de Carla Simón, ahora con sus 18 años en lo que es toda una evolución poética: la primera se centra en aquellos inicios de la década de los 90, epicentro del sida, y es más realista; la segunda ocurre ya en el año 2004 e incorpora elementos oníricos, musicales y fantásticos, cuestionando sus propios límites para explorar “lo mágico del cine”. Sí, Frida y Marina son el alter ego de Carla Simón, ya que la directora ha confirmado que las protagonistas canalizan su propia experiencia personal (en la infancia y adolescencia) como hija de padres fallecidos por sida y adicción a la heroína y donde se incluye el descubrimiento del diario de su madre basado en cartas reales.  

Romería es un viaje íntimo de Marina, huérfana (y adoptada) desde niña cuyos padres murieron de sida tras una historia marcada por la heroína y la precariedad afectiva. Y comienza en Vigo, junto al mar, donde se encuentra la familia del padre ya ausente hace más de una década. Ella quiere estudiar cine y viaja allí desde Cataluña, pues precisa un documento que justifique su verdadera filiación y la firma de sus abuelos paternos para conseguir una beca. Y la historia convierte ese viaje administrativo y familiar en una búsqueda identitaria donde la protagonista se enfrenta al silencio, la vergüenza y el estigma que rodean la memoria de sus padres. 

La película tiene un formato peculiar de contar la historia. En la primera mitad del metraje Marina conoce el entorno familiar de su padre a través de una narración fraccionada en cuatro días, marcados por cuatro carteles: “Día 1. 16 de julio 2004 ¿Encontraré algo de mis padres biológicos?”, “Día 2.17 de julio 2004 ¿Qué persona sería si me hubiese criado con la familia de mi padre?”, “Día 3. 18 de julio 2004 ¿De cuántas maneras se podría ser joven en los 80?”, “Dia 4. 19 de julio 2024 ¿Llevar la misma sangre te hace de la misma familia?” En esa casa gallega se encuentra con abuelos, tíos y primos que han enterrado el pasado, incómodos con la historia de drogas y sida de la pareja que formaron sus padres. Aquí va descubriendo secretos que se habían mantenido ocultos y tiene que oír comentarios estigmatizantes, como el de ese grupo de amigas de sus primos: “¿Sabes que por tomarnos un porro no vamos a acabar como tus padres?". A través de comidas familiares tensas, y paseos por la ciudad y la costa, Marina va detectando grietas en el relato oficial: contradicciones, silencios, comentarios a media voz que revelan dolor, culpa y clasismo. 

En la segunda mitad del metraje todo es más onírico y a través del diario encontrado de su madre, y una especial relación afectiva con un primo, le permite imaginar cómo pudieron sentirse sus padres cuando eran jóvenes en aquella etapa de los 80 de amor libre y drogas, alegoría de la devastación causada por la heroína y el sida en toda una generación. Hasta que logra la firma y la sanación: “Me gusta este mar… Como a mi padre”. 

¿Qué pretende Carla Simón con estas películas… y con su historia? Se me ocurren tres posibilidades: primero, reparar la memoria silenciada: pues ese silencio familiar —por vergüenza, estigma o culpa— no protege, sino que deja a los hijos sin historia, donde la búsqueda de Marina afirma el derecho de los descendientes a conocer el pasado para poder vivir en paz con él; segundo, desestigmatizar el sida y la drogadicción: al humanizar a unos padres marcados por la heroína y el VIH, el filme rehúye tanto la condena moralista como la idealización, y propone comprender el contexto social que arrasó la vida de muchos jóvenes en la década de los 80 y 90; y, finalmente, el poder regenerar la identidad a través de la imaginación y la creación artística: cuando la memoria heredada está rota o llena de huecos, es legítimo “inventarse” una imagen de los padres, y el cine aparece así como herramienta para generar recuerdos que no se tuvieron, y para transformar el dolor en relato propio. 

Verano 1993 y Romería son dos películas atravesadas por la orfandad y los modelos de familia no normativos: adopciones, familias extensas y parientes desconocidos con los que hay que renegociar el vínculo. Es un relato en dos etapas (infancia y adolescencia) que configuran un retrato lleno de dignidad frente al estigma del sida. Para ella el cine funciona como un laboratorio emocional donde generar sus propios recuerdos, reescribir el lugar de sus padres y explorar las posibilidades del relato familiar como acto de duelo, archivo y reparación. Para ella y para muchos el arte (también el séptimo arte) es sanador. Un buen colofón para cerrar su trilogía familiar.

 

miércoles, 14 de enero de 2026

Terapia cinematográfica (19). Prescribir películas para entender los trastornos de la conducta alimentaria

 

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son afecciones médicas y de salud mental graves que se caracterizan por alteraciones persistentes en la ingesta o en el comportamiento alimentario. Estos problemas causan un deterioro significativo de la salud física, el funcionamiento psicosocial y el bienestar emocional. No son una elección o un estilo de vida. 

Los tipos de TCA más comunes, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), incluyen la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, los trastornos por atracón y otros. La infancia y, sobre todo, la adolescencia son períodos críticos para la aparición y el desarrollo de los TCA, y su impacto en estas etapas es particularmente grave. 

Su importancia es tal, que los TCA representan la tercera causa de enfermedad crónica en niños y adolescentes, después del asma y la obesidad. Y es por ello que cada 30 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria, que se identifica bajo el símbolo de un lazo, una cinta o una pulsera de color azul claro. 

No hay duda de que los TCA son enfermedades que requieren una detección precoz y una intervención especializada e intensiva para minimizar el riesgo de secuelas crónicas y salvar vidas. Son entidades que deben ser conocidas por los jóvenes que lo pueden sufrir, también por las familias y la sociedad. El cine, como poderosa herramienta de narrativa y comunicación visual, es un vehículo crucial para la sensibilización, el entendimiento y la prevención. 

Las formas positivas en que el cine puede ayudar en los TCA incluyen la desestigmatización y sensibilización, la educación sobre la complejidad de los y el fomentar la búsqueda de ayuda y la esperanza en la recuperación (quizás lo más importante, representando el proceso de tratamiento de forma constructiva, así como visibilizando el importante papel de la familia y el entorno). Además, el cine puede ser utilizado activamente por profesionales en programas de prevención y de terapia (la cineterapia puede ayudar a los pacientes a explorar sus sentimientos, facilitar la expresión emocional y analizar patrones de comportamiento de los personajes). 

Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales alrededor de los TCA en la infancia y adolescencia. Estas películas son, por orden cronológico de estreno: 

- Por el amor de Nancy (For the Love of Nancy, Paul Schneider, 1994), para profundizar en la lucha de los padres con una hija o hijo con TCA y el profundo coste emocional de la familia. 

- Secreto compartido (Sharing the Secret, Katt Shea, 2000), para descubrir el secreto que se esconde tras la bulimia nerviosa. 

- Miedo a comer (Thin, Laurent Greenfield, 2006), para convivir con las impactantes vivencias que acompañan a las personas con un TCA. 

- Hambre al límite (Starving in Suburbia (Thinspiration), Tara Miele, 2014), para realzar la importancia de la detección precoz y prevención de los TCA ante los riesgos de internet y las redes sociales. 

- Hasta los huesos (To the Bone, Martin Noxon, 2017), para reconocer cuando la comida se conviert en el enemigo de la anorexia nerviosa. 

- Ara (Pere Solés, 2018), para conocer la anorexia nerviosa desde el punto de vista de las pacientes hospitalizadas y su relación con los terapeutas. 

- Club Zero (Jessica Hausner, 2023), para concienciarnos de los riesgos del adoctrinamiento en ciertas prácticas nutricionales, como la alimentación consciente. 

Siete películas argumentales para sumergirnos en la cruda realidad personal, familiar y social de los TCA, y que nos permitirá extraer aspectos positivos frente a la desestigmatización y sensibilización, la educación y terapias, así como el fomentar la búsqueda de ayuda y la esperanza en la recuperación. 

Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.

lunes, 12 de enero de 2026

Inteligencia artificial para la docencia


La inteligencia artificial (IA) está impulsando una transformación metodológica profunda en las docencia, al actuar no solo como una fuente de información, sino como una herramienta de apoyo fundamental para el docente. Esta integración permite una evolución desde métodos tradicionales hacia prácticas pedagógicas más innovadoras y adaptables. 

La IA transforma la educación a través de los siguientes ejes: 

Optimización de la práctica docente: la IA funciona como una guía que habilita a los profesores para integrar nuevas tecnologías en su pedagogía, ofreciendo técnicas y estrategias para optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje. 

Creación de materiales y contenidos: mediante el uso de IA generativa, es posible desarrollar material didáctico personalizado, redactar textos, elaborar índices preliminares y crear imágenes decorativas para ilustrar los contenidos educativos. 

Gestión y seguimiento académico: las metodologías actuales se ven reforzadas por la capacidad de la IA para asistir en la evaluación y retroalimentación, el seguimiento del progreso de los alumnos y la gestión eficiente del aula. 

Nueva interacción pedagógica: se introduce el "arte de la interacción" con sistemas generativos, lo que requiere que tanto docentes como alumnos aprendan técnicas precisas para formular preguntas e instrucciones. 

Fusión de tecnología y pedagogía: la IA se entrelaza con el e-learning para crear una experiencia enriquecedora que no es estática, sino que se considera un "ente vivo" que se adapta y crece con el tiempo según las innovaciones del campo. 

Es fundamental destacar que, aunque la IA mejora la calidad y presentación de los contenidos, las fuentes advierten sobre limitaciones en el rigor de los datos, por lo que no se recomienda su uso como fuente directa de conocimiento sin supervisión humana. 

Según, esto: ¿Qué limitaciones presenta la IA como fuente directa de conocimiento? La principal limitación de la inteligencia artificial como fuente directa de conocimiento es la falta de rigor en los datos que proporciona. 

Falta de precisión y veracidad: debido a los problemas de rigor detectados, las fuentes indican explícitamente que la IA no se ha utilizado como fuente directa de conocimiento en la elaboración de materiales educativos fiables. 

Necesidad de supervisión humana: aunque la IA puede generar esquemas o borradores, estos deben ser adaptados y desarrollados posteriormente por personas sin el uso de la IA para garantizar su calidad y exactitud. 

Rol de apoyo, no de autoridad: las fuentes enfatizan que la IA debe incorporarse en el aula como una herramienta de apoyo y no como una fuente de información primaria o definitiva. 

Riesgos éticos: el uso de la IA conlleva aspectos éticos y limitaciones inherentes que deben ser analizados cuidadosamente antes de su integración en contextos pedagógicos. 

Algunos ejemplos de IA y uso: 

- Personalización del aprendizaje (diferenciación): herramientas como MagicSchool permiten tomar un mismo texto y adaptarlo a diferentes niveles de lectura (por ejemplo, nivel primaria vs. nivel secundaria) en un clic. Esto es vital para la inclusión de alumnos con necesidades diversas. 

- Ahorro de tiempo administrativo: con extensiones como Brisk Teaching (que se integra en Google Docs), puedes generar retroalimentación personalizada para 30 ensayos en una fracción del tiempo habitual, manteniendo un tono constructivo. 

- Creación de recursos multimedia: si necesitas un video explicativo o un podcast sobre un tema histórico, herramientas como Sodaphonic o Suno pueden generar audio, mientras que Edpuzzle ayuda a insertar preguntas interactivas en videos de YouTube para asegurar la comprensión. 

- Creación y análisis de información: NotebookLM de Google te permite subir tus propios materiales (PDFs, notas, videos) y crear una "base de conocimiento" privada donde la IA solo responde basándose en tus fuentes, evitando alucinaciones y facilitando el estudio a tus alumnos. Este recurso también permite la creación de recursos multimedia (videos y podcasts), generar mapas mentales, infografías o preguntas test. 

- Generación de ideas y contenido: cualquier chatbot (ChatGPT, Gemini, Qwen Chat, etc.) nos permite muchas opciones, y aunque la información que devuelve en ocasiones aún tiene “alucinaciones”, es una de las herramientas más habituales y multifuncionales. A diferencia, el motor de búsqueda Perplexity.AI está basado en información contrastada y definida y no tiene “alucionaciones".

sábado, 10 de enero de 2026

Cine y Pediatría (835) “Girl, Positive”, “Three Months” y el estigma adolescente frente del sida


El sida irrumpió en la historia contemporánea hace 45 años como una crisis global que desafió a la ciencia y transformó los paradigmas sociales. Su impacto trascendió lo clínico para generar una cultura de estigma, activismo y resiliencia que afectó a personas de todas las edades y condiciones. A través de la gran pantalla, el cine ha servido como testimonio de esta realidad, documentando tanto el dolor de la pérdida como la lucha por la dignidad humana frente a la enfermedad. En este sentido, recordamos películas icónicas como Philadelphia (Jonathan Demme, 1993), Los testigos (André Téchiné, 2007), Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013), The Normal Heart (Ryan Murphy, 2014), 120 pulsaciones por minuto (Robin Campillo, 2017), 1985 (Yen Tan, 2018), entre otras. 

Sin embargo, hay pocas películas centradas específicamente en el sida en la infancia y adolescencia. En Cine y Pediatría ya hemos revisado las siguientes películas alrededor del sida en la edad pediátrica: Juicio a un menor (John Herzfeld, 1989), Kids (Larry Clark, 1995), Que nada nos separe (Peter Horton, 1995), Yesterday (Darrell James Roodt, 2004) y Verano 1993 (Carla Simón, 2017). Y a estas sumamos hoy otras dos películas estadounidenses separadas entre sí tres quinquenios para indagar en el estigma del sida: Girl, Positive (Peter Werner, 2007), centrada en una adolescente heterosexual en los comienzos del sida, y Three Months (Jared Frieder, 2022), alrededor de un adolescente homosexual en la época más actual de la enfermedad.      

- Girl, Positive (Peter Werner, 2007) es un telefilme centrado en una adolescente de clase media-alta que se enfrenta al miedo a vivir con VIH y al estigma en su entorno escolar. Narrada a lo largo de varios días, conocemos a Rachel Sandler (Andrea Bowen), una popular estudiante de instituto que descubre que Jason, un deportista con el que mantuvo relaciones sexuales, ha muerto y que era consumidor de drogas por vía intravenosa y portador de VIH. A partir de esa noticia, emerge el miedo: tal vez ella también esté infectada, pese a no haber considerado nunca ese riesgo. 

La película funciona casi como un relato de iniciación donde la protagonista pasa de la negación y la desinformación a una posición de mayor conciencia, apoyada por una adulta seropositiva que vive con su enfermedad y su medicación en secreto. Ella es Sarah Bennett (Jennie Garth), la profesora sustituta, quien en clase ya les comenta a sus alumnos temas sobre infecciones de transmisión sexual (ITS) y sida: "Basta con una sola vez para infectar docenas de vidas", “Pensándolo bien, es difícil imaginar otra epidemia desde la peste negra de la Edad Media que haya causado tanto miedo", “En realidad, uno no muere de VIH. El VIH es un virus que ataca el sistema inmunitario. Soy voluntaria en la clínica gratuita de SIDA del centro y puedo garantizarles que los hombres homosexuales no son los únicos afectados por el VIH”. Y esta escena ya indaga en que la educación sexual que recibían los adolescentes era incompleta o evasiva: la escuela quizás prefería “no ver” el sexo ni las ITS, mientras los jóvenes tomaban decisiones basadas en intuiciones más que en información rigurosa. 

Y es así que Sarah anima a Rachel a acercarse a una clínica de sida para conocer su situación e informarse, pero la joven está demasiado aterrada como para hacerse la prueba y comparte sus dudas con la propia docente. Es entonces cuando Sarah le revela que lleva más de siete años viviendo en secreto con VIH, lo que, una vez descubierto por el entorno escolar, desencadena una espiral de rumores y exposición tanto para la alumna como para la profesora, pues el VIH se ha asociado a comportamientos “inmorales”, lo que conduce a culpa, vergüenza y aislamiento en adolescentes y jóvenes que viven con la infección. 

Cabe destacar las escenas en las que Rachel busca en internet información sobre la enfermedad y se encuentra con titulares así: “Más de 40 millones de personas viven en el mundo con VIH/sida”, “En USA la mitad de todas las nuevas infecciones se dan entre adolescentes y jóvenes adultos”, “50 jóvenes estadounidenses se infectan cada día de VIH”

Girl, Positive debe visualizarse como un material educativo audiovisual. Plantea en Rachel, nuestra protagonista, la importancia de las pruebas de VIH, del uso sistemático del preservativo y de la noción de que “no hay perfil” del seropositivo, desmontando la idea de que el riesgo es visible en el cuerpo o en la apariencia del otro. Y donde Sarah es un personaje puente, una adulta que comparte con la protagonista género, vulnerabilidad y experiencia de estigma, y que introduce una narrativa de empoderamiento más que de victimización. Su acompañamiento encaja con lo que recomiendan intervenciones centradas en jóvenes con VIH: modelos de rol positivos, trabajo en autoestima y habilidades para manejar la revelación del diagnóstico y las relaciones afectivo-sexuales. 

Una relación alumna–profesora muy particular y muy positiva, útil para trabajar en aula temas de sexualidad responsable, consentimiento informado, prueba del VIH y acompañamiento a jóvenes que viven - o temen vivir - con el virus. 

- Three Months (Jared Frieder, 2022) es una comedia coming-of-age queer donde nuestro protagonista adolescente, Caleb (Troye Sivan, cantante y actor), descubre que ha estado expuesto al VIH y debe esperar tres meses para el resultado definitivo. Caleb transforma la angustia de esperar resultados de VIH en un relato vitalista sobre autodescubrimiento, amistad y amor en la adolescencia tardía. Ambientada en Florida, evita el melodrama para mostrar cómo un joven gay enfrenta el estigma moderno del VIH con humor, apoyo comunitario y resiliencia. Porque Jared Frieder, el director de esta película, inspirado en su propia experiencia, prioriza la alegría sobre la tragedia, diferenciándose de narrativas ochenteras. 

Se nos presenta a Caleb como un estudiante ingenioso y extrovertido a punto de graduarse en el instituto. Tiene un encuentro sexual con un desconocido en una fiesta y, poco después, descubre que la pareja es VIH+ y que el condón se rompió, iniciando un período de tres meses de espera para su prueba confirmatoria: "Al parecer estaba caducado, como un maldito aguacate". En una clínica LGTBIQ+, conoce a Estha (Viveik Kalra), un chico más reservado también en espera de resultados, y forjan una conexión romántica mientras navegan miedos, rechazos familiares y la efervescencia del verano. Apoyado por su madre soltera y un consejero de la clínica, Caleb vive intensamente: fiestas, fotografía y reflexiones que lo llevan a madurar más allá del diagnóstico incierto. 

Es así que esta película desmonta el estigma persistente, al presentar el VIH no como sentencia de muerte, sino como condición manejable con tratamiento accesible, enfatizando que la detección temprana y la profilaxis pre-exposición cambian el panorama para jóvenes. Y otro mensaje contundente: el estigma social y la homofobia residual afectan más la salud mental que el virus mismo en adolescentes LGTBIQ+. 

Caleb encarna la vitalidad juvenil en búsqueda de su identidad, que usa el humor para lidiar con la vulnerabilidad sexual y el rechazo materno inicial, reflejando tensiones comunes en jóvenes gays que infravaloran riesgos en encuentros casuales. La relación con Estha explora el consentimiento, la intimidad emocional y el "qué pasaría si" del futuro, mostrando cómo el miedo al VIH cataliza crecimiento personal y lazos auténticos. Porque hoy en día esperar no es morir alrededor del sida, donde el protagonista aprende que el VIH es crónico, no terminal, promoviendo pruebas regulares y conversaciones abiertas sin pánico. 

Girl, Positive y Three Months se constituyen en dos películas que afrontan el temor de un adolescente frente al sida desde dos perspectivas diferentes, y que en su visionado nos deja buenos mensajes para “prescribir” a nuestros hijos o alumnos.