miércoles, 28 de enero de 2026

El proyecto Cine y Pediatría (1): su nacimiento y difusión en el blog Pediatría basada en pruebas

 

El proyecto Cine y Pediatría es un proyecto personal impulsado a través del blog Pediatría basada en pruebas, y que con el paso del tiempo representa una iniciativa pionera en la intersección entre cinematografía y medicina pediátrica. Tras 16 años de recorrido este espacio digital se ha consolidado como una sección semanal que analiza películas relacionadas con la infancia, la adolescencia, la familia y la práctica pediátrica, fomentando la "prescripción" de filmes como herramienta educativa y reflexiva. Su relevancia radica no solo ya en su longevidad y pervivencia, sino en su capacidad para humanizar la pediatría mediante narrativas audiovisuales que abordan temas clínicos, sociales y éticos. 

El origen del proyecto se remonta al 9 de enero de 2010, con la primera entrada dedicada a presentar el proyecto, marcando el inicio de una cita sabatina ininterrumpida, y siendo la primera película volcada El mundo, a cada rato, una película española del año 2004, realizada como una contribución del cine a la protección de los derechos de la infancia en el mundo y que se compone de 5 historias, que abordan las 5 prioridades de UNICEF en el mundo.  En sus primeros años, el blog Pediatría basada en pruebas —plataforma de evidencia científica y divulgación— integró esta serie como un complemento humanístico, respondiendo a la necesidad de conectar la evidencia clínica con las emociones y experiencias humanas representadas en el cine. Esta periodicidad rigurosa (sin faltar a ninguna cita semanal) ha permitido acumular un corpus extenso, siendo ya el post 838 el que se publica el sábado que viene.   

En términos cuantitativos, en estos 838 post actuales, Cine y Pediatría ya ha comentado más de mil películas vinculadas a la vulnerabilidad infantil, familiar y social. Esta prolificidad ha trascendido el formato digital, materializándose en una colección de libros, artículos, así como en ponencias congresuales y experiencias docentes (que serán comentadas en post posteriores). 

El objetivo primordial del proyecto Cine y Pediatría es doble: educativo y transformador. Por un lado, propone "prescribir películas" a pediatras, educadores y familias como recurso para profundizar en la comprensión de patologías, duelos, discapacidades y desigualdades sociales que afectan a la infancia. Por otro, busca humanizar la práctica clínica, integrando el arte cinematográfico en la formación profesional y promoviendo una pediatría social que trascienda lo biomédico para abarcar lo bioético y lo biopsicosocial. Cada entrada disecciona la trama, los mensajes clínicos y las lecciones pedagógicas, invitando a una reflexión crítica sobre la representación de la infancia y adolescencia en el séptimo arte. 

Esta filosofía se alinea con corrientes contemporáneas en educación médica, donde el cine actúa como catalizador para el desarrollo de empatía y competencias éticas. Estudios posteriores avalan su uso en docencia, destacando Cine y Pediatría como modelo de integración arte-ciencia. Así, el proyecto no solo divulga, sino que prescribe: anima a profesionales a recomendar filmes específicos en consultas, terapias o talleres, fortaleciendo la alianza terapéutica con pacientes y familias. 

Un análisis revelador proviene del ranking de entradas más visualizadas, donde se evidencia que las películas con temas de discapacidad, milagros cotidianos y superación acumulan la mayor audiencia, superando a menudo a clásicos films taquilleros. Este dato invita a cuestionar los criterios de popularidad en contenidos pediátricos: no siempre priman la calidad artística o los premios, sino la resonancia emocional y la accesibilidad temática. He aquí el top 10 en el momento actual: 

Cine y Pediatría (210): Cine y Pediatría (210). “El milagro de Carintia”, el milagro de cada día en una guardia, con 90.585 visualizaciones 










Estos datos analíticos no solo validan la viralidad del proyecto, sino que orientan su evolución: las visitas concentradas en discapacidad y vulnerabilidad social sugieren priorizar estos ejes en futuras prescripciones. Además, la disparidad entre visitas —el top 1 duplica al segundo— plantea hipótesis sobre algoritmos de redes, recomendaciones orgánicas o coyunturas virales. En un contexto de pediatría digital, este ranking posiciona a Cine y Pediatría como referente en bibliometría audiovisual aplicada a la salud infantil. 

En conclusión, a dieciséis años de su inicio, Cine y Pediatría trasciende el blog para erigirse en un movimiento pedagógico y cultural. Su legado invita a la comunidad pediátrica a abrazar el cine no como ocio, sino como praxis reflexiva que enriquece la atención al niño y su familia. Este proyecto, fiel a los principios de Pediatría basada en pruebas, demuestra que la evidencia humanística complementa la científica, consolidando una pediatría integral y empática en el siglo XXI.

lunes, 26 de enero de 2026

La comunicación en el paciente pediátrico hospitalizado

 

La humanización de la asistencia pediátrica es una cualidad que debe ir inherente a la asistencia en el siglo XXI y ello a través de un modelo de cuidado integral centrado tanto en el niño como en su familia. Y uno de los muchos brazos de esta humanización es la comunicación médico-paciente, de forma que cabe proponer estrategias de comunicación efectiva que fomentan la participación activa del paciente (y su familia) en la toma de decisiones, siendo importante reconocer la importancia de la diversidad cultural y la necesidad de superar barreras idiomáticas o prejuicios para garantizar una atención equitativa. 

De estos temas versa la sesión clínica realizada por nuestros residentes de Pediatría, con el apoyo del equipo de Pediatría Interna Hospitalaria. En este enlace se puede revisar el documento, pero queremos desgranar algunas preguntas clave.  

a) ¿Cómo ha evolucionado históricamente el enfoque hacia la humanización de la hospitalización pediátrica? 
La evolución histórica del enfoque hacia la humanización de la hospitalización pediátrica ha pasado de un modelo rígido y centrado en la enfermedad a uno holístico centrado en el niño y su familia. 

- Primeros indicios y el punto de inflexión (década de 1940 - 1959) 
A partir de la década de los 40, diversos estudios comenzaron a demostrar el impacto negativo que la hospitalización tenía en los niños. En aquel entonces, los hospitales no adaptaban sus espacios a los menores, mantenían horarios estrictos sin posibilidad de ocio y solo permitían la presencia de los padres durante horas de visita limitadas. 

El verdadero punto de inflexión se produjo con la investigación sobre las condiciones de los niños en hospitales de Gran Bretaña, que culminó en el Informe Platt (1959), titulado "El bienestar de los niños enfermos en el hospital". Este informe generó 55 recomendaciones para mejorar la calidad asistencial, entre las que destacaban: 
• La creación de zonas específicas para niños tanto en hospitalización como en consultas. 
• La existencia de espacios que potenciaran el ocio. 
• La liberalización de las visitas de los padres, permitiéndoles incluso dormir con sus hijos. 
• El acceso a la educación en hospitalizaciones prolongadas. 

- Implementación y marcos legales (1960 - 2004) 
Aunque las recomendaciones se formularon en 1959, no fue hasta finales de los años 60 e inicios de los 70 cuando comenzaron a implementarse en diversos países. Posteriormente, se consolidaron hitos normativos y programas internacionales que blindaron estos derechos: 
• 1984 (España): El Ministerio de Sanidad puso en marcha el Programa de humanización de la asistencia hospitalaria. 
• 1986: El Parlamento Europeo redactó la Carta Europea de los Niños Hospitalizados. 
• 1989: La ONU aprobó la Convención de los Derechos de la Infancia. 
• 2004: La OMS integró a la infancia y adolescencia en el marco de los Hospitales Promotores de la Salud. 

- Cambio de paradigma: Del cuidado centrado en la familia al centrado en el niño 
Históricamente, se pasó de considerar al niño como un sujeto pasivo a un agente activo en su cuidado.

• Cuidado Centrado en la Familia (CCF): surgido a mediados del siglo XX, este enfoque entiende que la familia es la unidad de cuidado y debe estar involucrada en el diagnóstico y tratamiento. 

• Cuidado Centrado en el Niño (CCN): es una filosofía actual donde los niños son participantes activos y principales de su propio cuidado, según su edad y madurez. Se reconoce que los niños experimentan la enfermedad y el dolor de forma distinta a los adultos, por lo que requieren estrategias de comunicación específicas. 

- Enfoque actual y herramientas psicológicas 
Hoy en día, la humanización se define como un proceso donde el paciente y su familia están en el centro, asumiendo una concepción integral de la persona que incluye sus creencias y sentimientos. 

Para lograr esto, el enfoque moderno se apoya en la Teoría del Desarrollo Cognitivo de Piaget para evaluar cómo los niños entienden el mundo según su etapa (sensoriomotora, preoperacional, de operaciones concretas o formales) y así modular la comunicación y la toma de decisiones. Además, el sistema sanitario actual busca adaptarse a la diversidad cultural para evitar la falta de equidad, utilizando figuras como el mediador intercultural. 

En conclusión, la hospitalización pediátrica ha evolucionado hacia un compromiso activo de los profesionales por proteger los derechos de los menores, asegurando que su estancia sea lo menos hostil posible y respetando su autonomía progresiva. 

b) ¿De qué manera influye el desarrollo cognitivo en la comunicación con pacientes infantiles? 
El desarrollo cognitivo es el factor determinante que marca las pautas de comunicación entre el profesional sanitario y el paciente pediátrico, ya que define cómo el niño entiende el mundo y procesa la información. Esta influencia se manifiesta de las siguientes maneras: 

- El desarrollo como "Hoja de Ruta" 
El nivel de desarrollo cognitivo permite a los médicos evaluar la competencia del niño en áreas clave como la capacidad de decisión, la participación y la independencia. Las etapas propuestas por Jean Piaget sirven como una guía para modular las interacciones y adaptar el lenguaje a la madurez del paciente. 

- Adaptación según las Etapas de Piaget 
La comunicación debe transformarse según el periodo en el que se encuentre el niño: 
• Periodo Sensoriomotor (0-24 meses): el niño se comunica y experimenta a través de sensaciones y movimientos. En esta etapa, el profesional debe considerar que el niño está incrementando su vocalización y comienza a experimentar con su entorno. 
• Periodo Preoperacional (2-7 años): el pensamiento es representacional y se basa en símbolos y signos. Para una comunicación efectiva, es útil ponerse a su altura física para resultar menos amenazante y utilizar juguetes para iniciar la conversación. 
• Etapa de Operaciones Concretas (7-11 años): el niño ya puede aplicar reglas lógicas a objetos concretos y deja de lado el egocentrismo. Aquí ya es posible involucrarlos más activamente preguntándoles directamente sobre su visión de la enfermedad antes de dirigirse a los padres. 
• Etapa de Operaciones Formales (12 años en adelante): el adolescente maneja conceptos abstractos y razonamiento hipotético-deductivo. La comunicación puede ser más compleja, centrada en la resolución de problemas y el análisis del entorno. 

- Estrategias de comunicación influenciadas por la edad 
El desarrollo cognitivo obliga a ajustar las técnicas de entrevista clínica: 
• Entonación y ritmo: el discurso debe modificarse según la edad y las circunstancias del paciente. 
• Explicaciones: las respuestas a las dudas del niño deben formularse de manera que su nivel de comprensión actual le permita entenderlas. 
• Participación en decisiones: según la madurez, se debe diferenciar entre decisiones técnicas (que toman los padres) y decisiones prácticas (que puede tomar el niño). Por ejemplo, a un niño pequeño se le puede permitir elegir de qué brazo prefiere que le saquen sangre, lo que le hace sentirse partícipe de su cuidado sin sobrecargarlo con responsabilidades técnicas que no puede procesar. 

En resumen, el profesional no puede comunicarse de forma estándar, sino que debe evaluar constantemente la madurez del paciente para asegurar que la información sea recibida correctamente y se respete la autonomía progresiva del menor. 

c) ¿Cuáles son las estrategias clave para implementar un cuidado centrado en la familia? 
Las estrategias clave para implementar un cuidado centrado en la familia se basan en entender a la familia como la unidad de cuidado y en involucrar activamente tanto al niño como a sus cuidadores en todo el proceso sanitario. 

- Involucración en todo el proceso asistencial 
El cuidado centrado en la familia requiere que el paciente y sus allegados no sean sujetos pasivos, sino que participen activamente en el diagnóstico, la hospitalización, el tratamiento y el seguimiento posterior. Esto implica un compromiso de todos los profesionales (médicos, enfermeras, celadores, etc.) para asumir una concepción integral de la persona, respetando sus conocimientos, creencias y sentimientos. 

- Estrategias de comunicación efectiva 
La comunicación es el pilar para que el niño y su familia se sientan parte del cuidado. Las fuentes destacan cuatro elementos esenciales para una entrevista clínica efectiva: 
• El Saludo: iniciar con contacto visual, lenguaje corporal acogedor y llamar al niño por su nombre o apodo. En niños pequeños, es vital ponerse a su altura para resultar menos amenazante. 
• Captar su atención: antes de iniciar la anamnesis médica, se recomienda hablar de temas no médicos (intereses, juguetes o ropa) para reducir la hostilidad del entorno hospitalario. 
• Involucrarlos en el proceso: es fundamental preguntar primero al niño sobre su visión de la enfermedad y luego completar la información con los padres, evitando dirigirse exclusivamente a los adultos. 
• Honestidad: es crucial no mentirles nunca para no romper la confianza necesaria para el tratamiento. 

- Toma de decisiones compartida 
Una estrategia central es devolver la autonomía al paciente y su familia en la medida de lo posible. Para esto, se deben distinguir dos tipos de decisiones: 
• Decisiones técnicas: aquellas sobre la realización de una técnica o tratamiento, que suelen recaer en los padres. 
• Decisiones prácticas: detalles sobre cómo llevar a cabo el tratamiento (por ejemplo: elegir qué brazo usar para una analítica o quién le acompañará), lo que permite que el niño se sienta partícipe de su propio cuidado. 

- Atención a la diversidad cultural 
Para garantizar la equidad, es necesario gestionar las diferencias culturales en el concepto de salud y enfermedad. Una estrategia clave es el uso del mediador intercultural, un profesional que ayuda a superar barreras idiomáticas y evita que el etnocentrismo o los estereotipos perjudiquen la calidad del cuidado. 

- Humanización del entorno 
Finalmente, el cuidado centrado en la familia implica proteger los derechos del menor, asegurando que la hospitalización no suponga una ruptura traumática con sus círculos social y escolar, proporcionando acceso a la educación y espacios de ocio. 

En este video se resume los principales mensajes.

 

sábado, 24 de enero de 2026

Cine y Pediatría (837) “La súplica de una madre” ante la orfandad por sida de su hijo y sus fases del duelo

 

Conocimos a la bella actriz Linda Hamilton por su icónica interpretación de Sarah Connor en la saga Terminator, que catapultó su carrera a la fama mundial, entre ellas las dos películas dirigidas por James Cameron (más adelante se convertiría en su marido): Terminator (1984) y Terminator 2: El juicio final (1991), más la secuela posterior Terminator: Destino oscuro (Tim Miller, 2019). Junto a otros papeles en cine de acción y drama, quizás su papel más diferencial es el que realizó en el telefilm La súplica de una madre (Larry Elikann, 1995), donde interprete a una madre viuda, Rosemary Holmstrom, que al ser diagnosticada de sida debe decidir qué será de su hijo de 12 años, T.J. (Noah Fleiss), cuando ella muera, convirtiendo la organización de su ausencia en su último acto de cuidado materno. 

En las dos últimas semanas hemos podido revisar distintas miradas del sida en la adolescencia: Girl, Positive ((Peter Werner, 2007), Three Months (Jared Frieder, 2022) y Romería (Carla Simón, 2025). Y hoy lo hacemos con esta película, un drama ficticio inspirado en los miedos y realidades del VIH en la década de los 90 en Estados Unidos, epicentro del sida, y se centra en la relación madre‑hijo, el estigma del VIH y el sistema de acogida/adopción, con una interpretación central de Linda Hamilton que fue nominada al Globo de Oro. 
Falta URL de Romería 

Un diagnóstico inesperado de infección por VIH/sida irrumpe la vida de Rosemary, una enfermedad transmitida a través de su marido, usuario de drogas por vía parenteral y quien contrajo el virus y se lo transmitió vía sexual a su esposa sin que ella lo supiera. Un diagnóstico que en aquella primera década del sida implicaba asumir que moririría antes de que su hijo llegue a la adultez, por lo que su prioridad se vuelve encontrar una familia adoptiva “adecuada” para T.J., ya que no cuenta con familiares capaces de hacerse cargo. 

Lo más destacado de esta película es cómo traza la evolución emocional de esta madre y que sigue las etapas clásicas del duelo ante un diagnóstico terminal de sida: desde la negación inicial hasta una aceptación altruista centrada en el futuro de su hijo, una progresión no solo humaniza el impacto del VIH, sino que resalta la resiliencia materna en contextos de vulnerabilidad extrema. 

- Etapa inicial: Negación y rabia. Rosemary recibe el diagnóstico de VIH/sida como un golpe inesperado, respondiendo con incredulidad y rechazo visceral a la noticia médica. En esta fase, se muestra aislada emocionalmente, ocultando la verdad a T.J. y luchando sola contra síntomas incipientes como fatiga y debilidad, lo que refleja miedo a la estigmatización social de la época. La rabia emerge en confrontaciones con recuerdos de su difunto esposo, culpándolo implícitamente por la transmisión, y en arrebatos de frustración por la precariedad económica que agrava su vulnerabilidad. 

- Etapa intermedia: Negociación y planificación. Acepta gradualmente la realidad al confrontar el deterioro físico, canalizando su energía en buscar una familia adoptiva ideal para T.J., transformando el dolor en acción práctica. “Si tienes sida, ¿qué pasará conmigo?”, le pregunta a su madre. Esta etapa muestra vulnerabilidad en entrevistas con posibles padres, donde evalúa no solo estabilidad material sino calidez emocional, revelando su miedo a dejar a su hijo en manos inadecuadas. El proceso de entrevistas con posibles padres adoptivos, servicios sociales y parejas candidatas se convierte en el eje dramático: aparecen momentos de ternura y culpa materna, como cuando T.J. percibe cambios y reacciona con rebeldía, forzándola a negociar internamente entre apego y desapego. “Lo único que me importa es que mi hijo esté bien cuando yo no esté”, nos dice. Aparece incluso la madre en programas televisivos, como representación de las miles de madres que en ese momento – y en aquella época – se enfrentaban a lo peor con respecto a sus hijos. 

- Etapa final: Aceptación y sacrificio. Rosemary alcanza una aceptación serena al consolidar el vínculo con los Walker, priorizando la felicidad futura de T.J. sobre su presencia, culminando en un traspaso emocional liberador pero desgarrador. Su evolución culmina en escenas de debilidad física extrema donde, pese al dolor, irradia paz al ver a T.J. adaptarse, simbolizando un amor que trasciende la muerte: “Siempre será mi madre, mi única madre. Pase lo que pase”. En esta fase se subrayan temas de resiliencia y legado, invitando a reflexionar sobre cómo el cuidado materno redefine la supervivencia ante enfermedades terminales.  Se nos describe al final que Rosemary Holmstrom en Nueva York en el año 1991, tenía 36 años (por lo que se nos presenta como una historia basada en hechos reales, aunque no una biografía estrictamente documental).

Es La súplica de una madre un telefilm emotivo y que plantea un buen debate para visionar que el sida no es solo una enfermedad, sino un dispositivo social que genera orfandad, estigma y exclusión, y frente al cual se reclama compasión y responsabilidad comunitaria. Temas que se abordan son: la importancia del cuidado materno frente a la enfermedad (pues la identidad de Rosemary no se agota en ser “paciente con sida”, porque ante todo es madre y la protección de su hijo es su mayor objetivo); la inocencia de muchos afectados (porque se evidencia cómo muchas mujeres y niños contrajeron VIH sin haber participado en conductas de riesgo directas, lo que cuestiona las narrativas moralizadoras que asociaban el sida a “culpa” individual); la importancia de los sistemas de protección (adopción y acogida); y la visibilización del impacto del sida en la vida cotidiana, porque más allá del hospital y la clínica, se muestran efectos en la escuela, el vecindario, las relaciones sociales y familiares. 

Por ello, este telefilm de la productora estadounidense MCA Television Entertainment nos permite reflexionar sobre el sida como fenómeno social (que invita a pensar el sida no solo como patología, sino como proceso social que genera pobreza, orfandad y exclusión), sobre la maternidad en contextos de vulnerabilidad (lo que implica decisiones extremas y que cuestiona la idealización de la madre omnipresente y eterna), sobre el duelo anticipado en la infancia (como un retrato de la elaboración del duelo ante enfermedades terminales de los progenitores en edades tempranas) y sobre el estigma y la ética del cuidado (frente a los discursos de miedo y discriminación propios de aquella época en la que se enfoca esta historia, la película propone una ética basada en la compasión, la responsabilidad y la dignidad). 

Y terminamos con una cifra escalofriante. Porque es posible estimar el número de niños huérfanos por sida (definidos como aquellos que perdieron a uno o ambos padres por causas relacionadas con VIH/sida), gracias a datos históricos de organizaciones como UNICEF y UNAIDS que han realizado seguimiento global desde los años 90. Estas cifras acumulan alrededor de 14 millones a lo largo de la epidemia, de los cuales más de 10 millones se concentran en África subsahariana, aunque han disminuido drásticamente gracias a tratamientos antirretrovirales. Y un buen ejemplo de ello nos lo demostró la película Yesterday (Darrell James Roodt, 2004).