sábado, 16 de mayo de 2026

Cine y Pediatría (853) “La misteriosa mirada del flamenco”… y de la transexualidad y el sida

 

Cuando uno lee el título de esta reciente película, La misteriosa mirada del flamenco (Diego Céspedes, 2025), puede interpretar que se trate de una película española alrededor de ese baile típicamente andaluz que ha adquirido el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Pero nada de eso, sino que es una película chilena que hace referencia al flamenco como ave y cuyo peculiar título tiene un significado muy descriptivo y que analizaremos más adelante. 

La misteriosa mirada del flamenco es la ópera prima de su director y ya ha tenido una recepción muy destacada en festivales, con diversos galardones, incluido la selección para representar a Chile en los Óscar como mejor película internacional, así como mejor película de Un certain regard del Festival de Cannes, premio que reconoce el talento joven y fomenta obras innovadoras y atrevidas. Y a buen seguro que este sí que es un film innovador y atrevido, pues adquiere el aspecto de un western en una fábula queer sobre deseo, miedo y comunidad bajo los ojos de una adolescente, historia ambientada en un pueblo minero en el desierto de Atacama, el lugar más seco del planeta y situado en el norte de Chile a comienzos de los años 80. Una peculiar película definida como un neowestern, un relato de iniciación y un melodrama queer con componentes de realismo mágico, y que se suma a otros títulos de estos premios Un certain regard que ya forman parte de Cine y Pediatría y que fueron revisadas al hablar de la película británica How to Have Sex (Molly Manning Walker, 2023)ganadora de este galardón dos años antes.  

“Norte de Chile, año 1982”. Así comienza esta historia y ya nos marca el contexto geográfico y temporal. Y nos presenta a nuestra protagonista, Lidia (Tamara Cortés), una niña de 11 años que crece en el seno de una particular comunidad queer marginada en el borde de un desagradable y polvoriento pueblo minero. Allí vive con un grupo de travestis y transexuales que forman parte de la bizarra diversión de los mineros del lugar y donde pronto nos aparece la primera reflexión: “Por cada maricón infectado aquí en la cantina aparecen 20 mineros infectados en el pueblo. En la cantina habemos cuatro infectadas vivas y dos que ya nos dejaron… Y eso da un total de…”. Y es que la comunidad les culpa de una misteriosa enfermedad que está empezando a propagarse, y de la que se dice que se transmite a través de una sola mirada, cuando un hombre se enamora de otro. Estamos en los inicios de la aparición del sida en el mundo, pero de momento aquí solo es una superstición, donde Lidia se enfrenta a en un entorno marcado por la violencia, el prejuicio y el miedo colectivo, donde la familia queer es su único refugio y el amor podría ser el verdadero peligro. 

Es esta una cantina regentada por Mamá Boa (Paula Dinamarca, verdadera actriz trans), quien puso a sus “chicas” nombre de animales: Leona, Piraña, Estrella, Flamenco… Y acabamos conociendo cómo Flamenco (Matías Catalán), la preferida de lugar, se encontró a Lidia abandonada a la puerta del local y prometió ser su madre y cuidarla. 

Se suceden las escenas que no dejan indiferentes, como el patético concurso de Miss Alaska, donde siempre ha ganado Flamenco y nos canta la canción “Ese hombre” de Rocío Jurado, un momento que no es ajeno a esa dualidad (animal y baile) del título de la película… En ese momento se nos presenta la provocativa aparición de quien fuera su pareja, Yovani (Pedro Muñoz), y que le pregunta “¿Te enamoraste de un hombre de 21 años, así como yo?”… hasta que todas le dan una paliza para que salga del local. Pero aires de venganza acaban con la vida de Flamenco, momento en el que Lidia recuerda las palabras de su madre: “Yo no me quiero ir de esta vida culeado siendo un secreto, hija”. 

“Lava que lava. Al maricón no hay que mirar. Lava que lava. La peste te va a pegar. Lava que lava. Los ojos hay que tapar. Lava que lava. El maricón te va matar”, es la canción que repiten los mineros cuando las ven pasar y evitan su contacto visual. Lidia intenta entender lo que está ocurriendo, y cómo ocurrió el contagio de la “peste”: “¿Y por qué el hombre se enamora si es tan peligroso?”, pregunta Lidia a su amigo Julio, y este le responde: “Yo creo que porque cazar y ser cazado es inevitable para todos los animales”. Y las chicas trans le dicen que esa “peste” era como una maldición frente a los mineros, pero siguen sus dudas: ”Y si era frente a los mineros, ¿por qué se enfermaron ustedes?”. 

Pasa el tiempo y vemos los estigmas cutáneos que dan nombre a la supuesta “peste”: el sarcoma de Kaposi tan identificativo de los inicios del sida. Así lo vemos en Yovani, quien fallece como un apestado más (aunque Lidia imagina su final con una onírica escena del más clásico Far West). Así lo percibimos también en Mamá Boa, quien antes se casó con Clemente (Luis Dubó), uno de los mineros… No es difícil imaginar que la promiscuidad y la transexualidad, la falta de conocimientos sobre la infección, los mecanismos de transmisión y los medios preventivos, hicieron que el sida campara a sus anchas. 

Y con ese devenir de los hechos, deciden enviar a Lidia a la ciudad. Y la vemos alejarse en el coche por ese seco horizonte, con ese aroma de western una vez más… Pero es difícil para ella romper con su pasado, mientras suena al final la canción “Rara avis” de Florencia di Concilio, compositora uruguaya de música para cine. 

Y sí, es una rara avis ese flamenco y esta historia… Porque La misteriosa mirada del flamenco es un título simbólico con varios niveles de lectura: Flamenco es el nombre de una de las figuras centrales de esa familia queer, a la que Mamá Boa llamó así por sus piernas largas y delgadas, y la “mirada” remite al rumor que circula en el pueblo: que la enfermedad o el deseo se contagian incluso con el simple acto de mirar; y donde la palabra “misteriosa” alude a ese clima de superstición, miedo y desconocimiento que rodea a la comunidad del filme, ese misterio social de cómo el prejuicio transforma el amor, el cuerpo y la diferencia en algo temido y casi sobrenatural. Y también aporta una dimensión poética: porque el flamenco es un animal bello, frágil y extraño, muy coherente con el tono del relato, que mezcla dureza, ternura y mito. En conjunto, el título resume muy bien la película: es una historia sobre cómo una comunidad marginada es observada, juzgada y convertida en leyenda por quienes la rechazan. Al mismo tiempo, reivindica la potencia de esa misma mirada cuando nace desde el afecto, la familia elegida y la supervivencia compartida. 

Una película que funciona como una alegoría del estigma vinculado al VIH/sida y del pánico moral que se construyó alrededor de la disidencia sexual. En vez de centrar la violencia en el arma clásica del western, la desplaza hacia la mirada como símbolo de deseo, contagio imaginado y persecución social. También pone en primer plano la idea de familia elegida, el cuidado comunitario y la ternura como formas de resistencia frente a la exclusión. Y donde afloran tres enseñanzas principales: que el miedo social a la diferencia suele producir más daño que la propia amenaza real, que la identidad y el afecto pueden construir refugios colectivos incluso en contextos de hostilidad extrema, y que la infancia permite mirar la violencia con una mezcla de inocencia y lucidez que vuelve más fuerte la denuncia moral. Lo más interesante de la película es cómo reescribe el western desde una sensibilidad disidente, sustituyendo la épica viril por una ética del cuidado. El desierto de Atacama no aparece solo como paisaje, sino como espacio de soledad, belleza y vulnerabilidad, reforzando el tono emocional del relato. 

Ya hemos hablado del sida ya desde varias miradas y filmografías, como la estadounidense Kids (Larry Clark, 1995), la sudafricana Yesterday (Darrell James Roodt, 2004) o la española Romería (Carla Simón, 2025). Y ahora vemos la visión desde La misteriosa mirada del flamenco, una obra se presenta como un debut muy sólido, visualmente poderoso y con una ambición poética que refuerza el cine chileno.

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

Músicos por la salud, medicina para el alma


 

La musicoterapia se ha consolidado en las últimas décadas como una disciplina terapéutica con creciente reconocimiento dentro del ámbito sanitario. Definida como el uso clínico y basado en la evidencia de intervenciones musicales para lograr objetivos individualizados dentro de una relación terapéutica, integra conocimientos de la medicina, la psicología y las ciencias de la música. Su valor no radica únicamente en su carácter complementario, sino en su capacidad de incidir de manera significativa en dimensiones físicas, emocionales, cognitivas y sociales del paciente

Uno de los principales fundamentos de la musicoterapia es su impacto directo sobre el sistema nervioso. La música actúa sobre estructuras cerebrales implicadas en la emoción, la memoria y la regulación del estrés, como el sistema límbico. Diversos estudios han demostrado que puede reducir los niveles de cortisol, disminuir la percepción del dolor y mejorar el estado de ánimo. En contextos clínicos, esto se traduce en beneficios tangibles: menor ansiedad preoperatoria, mejor tolerancia a procedimientos invasivos y reducción del uso de analgésicos en algunos casos. 

En el ámbito hospitalario, la musicoterapia se ha incorporado progresivamente en unidades de cuidados intensivos, oncología, pediatría, neonatología, neurología y salud mental (aunque queda mucho camino por andar para que sea una realidad en España)En pacientes pediátricos, por ejemplo, facilita la expresión emocional y reduce el miedo asociado a la hospitalización. En neonatología, la exposición controlada a estímulos musicales puede favorecer la estabilidad fisiológica y el vínculo afectivo entre padres e hijos. En adultos con enfermedades crónicas o terminales, la musicoterapia contribuye a mejorar la calidad de vida, ofreciendo un espacio de comunicación y alivio emocional cuando las palabras resultan insuficientes. Nuestra experiencia en el Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante así lo avala en el caso de la oncología pediátrica (tanto en pacientes, como en familiares y personal sanitario). 

Particularmente relevante es su aplicación en trastornos neurológicos. En pacientes con enfermedad de Alzheimer, la música puede evocar recuerdos y mejorar la interacción social incluso en fases avanzadas. En rehabilitación tras ictus, el ritmo y la melodía se utilizan para estimular la recuperación del lenguaje y la coordinación motora. Este enfoque se basa en la plasticidad cerebral, aprovechando redes neuronales alternativas para compensar funciones dañadas. 

Desde una perspectiva psicosocial, la musicoterapia también desempeña un papel importante en la humanización de la asistencia sanitaria. Introduce una dimensión artística y relacional que contrarresta la despersonalización que a menudo acompaña a los entornos clínicos altamente tecnificados. El paciente deja de ser únicamente un sujeto pasivo de intervención médica para convertirse en participante activo de su proceso terapéutico. 

A pesar de sus beneficios, la implementación de la musicoterapia en los sistemas de salud aún enfrenta desafíos. Entre ellos destacan la necesidad de mayor estandarización en los protocolos, la formación especializada de los profesionales y la integración efectiva en equipos multidisciplinares. Asimismo, aunque la evidencia científica es cada vez más sólida, sigue siendo necesario ampliar estudios con metodologías robustas que permitan consolidar su inclusión en guías clínicas. 

Por ello el evento de presentación que tuvo lugar el día 11 de mayo en nuestro hospital de la Fundación Músicos por la Salud tiene un valor añadido. Músicos por la Salud es una fundación española nacida en 2015 en la Comunidad Valenciana (por cierto, de donde proceden más de la mitad de los músicos del país) y que lleva música en directo a hospitales y centros sociosanitarios para humanizar la experiencia de pacientes, familiares y personal sanitario. Su propuesta se basa en microconciertos emocionales y breves, diseñados para aportar bienestar en contextos de soledad, vulnerabilidad o enfermedad. 

La organización trabaja con actuaciones en hospitales, residencias y otros centros de atención, incluyendo programas específicos como "Piano por la Salud" y "Recordar, Cantar y Curar". Según su propia información, ha realizado decenas de miles de microconciertos y ha llegado a cientos de miles de personas en toda España. Su idea no es solo “poner música”, sino usarla como una intervención con sentido terapéutico y relacional, adaptada al entorno sanitario. En los conciertos se procura que la música conecte con las preferencias del paciente y favorezca una experiencia más cálida y menos impersonal, siendo clave que la música la elige el paciente siempre. 

Además del componente asistencial, Músicos por la Salud ha impulsado un modelo de colaboración entre músicos, voluntariado e instituciones sanitarias. También promueve la investigación y la evaluación de sus intervenciones para respaldar con evidencia su impacto en salud y calidad de vida. Y eso es lo que ocurrió ayer en nuestro hospital en un acto lleno de ciencia y arte, de música, donde a través de piezas de piano deSerguéi Rajmáninov, Frédéric Chopin, Isaac Albéniz u Óscar Esplá llevadas a cabo por músicos del Conservatorio de Alicante, se nos expuso el inicio de este proyecto en nuestro hospital. Y comenzó con la donación de un piano de cola que ahora luce en el hall de entrada del hospital y que ya es símbolo de la apuesta por la musicoterapia (será el cuarto piano donado por la fundación, tras los ya existentes en el Hosiptal La Paz, Hospital de Manises y Hospital La Fe).  Un acto inolvidable que tuvo como maestro de ceremonias a nuestro compañero el Dr. Paco Cholvi, rehabilitador de nuestro hospital y afamado pianista. 


Una apuesta por la arteterapia que lleva décadas desarrollándose en distintos ámbitos del hospital (como los centenares de proyectos que, desde 2014, realizamos con la Unidad Pedagógica Hospitalaria en el proyecto "La cultura y el deporte se ponen la bata y el fonendo"). Porque a nuestro proyecto "Un hospital de cuento" y "Un hospital de cine", ahora se suma este que bien podría ser "Un hospital de música". 

Porque el valor de la música en la vida es fácil de entender. Y ya lo dijo un científico como Einstein: "Si no fuera físico, probablemente sería músico. A menudo pienso en música. Vivo mis sueños en música. Veo mi vida en términos musicales".

lunes, 11 de mayo de 2026

Análisis del brote de hantavirus: del periodismo a la ciencia

 

Desde la semana pasada, prensa, radio y televisión han centrado la atención en el brote de hantavirus que ha ocurrido a bordo del crucero MV Hondius, que zarpó desde Ushuaia y terminó bajo vigilancia sanitaria internacional mientras navegaba hacia Canarias. La OMS ha confirmado cinco casos entre ocho sospechosos, con tres fallecimientos, y ha recalcado que el riesgo para la población general sigue siendo bajo. 

Según las informaciones publicadas, el brote se detectó en un barco con 147 pasajeros de 23 nacionalidades, con presencia de 14 españoles, y los primeros afectados habrían embarcado tras una exposición previa en tierra, antes de subir al crucero. La hipótesis principal de la OMS es que el caso índice se infectó fuera del barco y luego pudo transmitir el virus a contactos cercanos a bordo, algo compatible con la variante andina del hantavirus. Aunque el barco funcionó como un entorno cerrado, la limitada cifra de casos apoya que no se trata de un virus con transmisión fácil y sostenida entre personas. 

Las autoridades sanitarias han priorizado el aislamiento clínico, la evacuación de los casos sintomáticos y la vigilancia de los contactos estrechos, mientras se coordinan desembarcos y traslados hospitalarios. El Ministerio de Sanidad español indicó que el brote está limitado al crucero y que el riesgo para la población española es muy bajo. La OMS también insistió en que este episodio no equivale al inicio de una pandemia y que el hantavirus se comporta de forma distinta a los coronavirus o la gripe. 

La preocupación no viene por una expansión masiva, sino por la gravedad del cuadro en los casos graves, especialmente cuando se complica con afectación pulmonar o renal. Además, el contexto del crucero —espacios compartidos, convivencia estrecha y movilidad internacional— obligó a actuar con rapidez para rastrear pasajeros y contactos que ya habían desembarcado. En ese sentido, el episodio ha sido importante como alerta epidemiológica, no como señal de transmisión comunitaria amplia. 

Conviene recordar que el hantavirus sigue siendo un virus zoonósico ligado sobre todo a roedores, y su transmisión humana suele requerir exposición ambiental concreta; en la mayoría de variantes no se contagia con facilidad de persona a persona. El caso del barco ha llamado tanto la atención porque probablemente combina una infección adquirida en tierra con una cadena corta de transmisión en un ambiente cerrado, algo raro pero posible en la variante andina. 

Veamos tres puntos clave...

1. Microbiología del hantavirus 

Los hantavirus pertenecen al género Hantavirus y son virus ARN de sentido negativo, envueltos, con tropismo natural por roedores y algunos insectívoros; cada virus suele estar adaptado a uno o pocos reservorios específicos. En el humano actúan como huéspedes accidentales, y la enfermedad depende de la especie viral concreta y del contexto epidemiológico

El reservorio principal son roedores silvestres, aunque también se han descrito virus en musarañas y topos. Los animales infectados eliminan el virus por orina, heces y saliva, y la transmisión a humanos se produce sobre todo por inhalación de aerosoles contaminados al limpiar, remover polvo o entrar en espacios infestados. También se ha descrito transmisión por mordeduras, contacto con mucosas o piel lesionada, y de forma excepcional por contagio entre personas en el caso del virus Andes (que es el responsable de este brote acaecido en el crucero). 

Tras la entrada, el virus infecta principalmente células endoteliales y desencadena disfunción vascular, aumento de permeabilidad capilar y respuesta inflamatoria intensa, lo que explica el edema pulmonar, la hipotensión y el shock en las formas graves. La afectación renal es central en la fiebre hemorrágica con síndrome renal, mientras que la afectación cardiopulmonar domina en el síndrome pulmonar por hantavirus. 

Existen dos grandes síndromes: fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), más habitual en las especies de hantavirus en el "viejo" continente (Europa y Asia) y síndrome pulmonar/cardiopulmonar por hantavirus (SPH/SCPH), más habitual en las especies de hantavirus en el "nuevo" continente (América). La FHSR suele comenzar con fiebre, cefalea, mialgias, dolor lumbar, náuseas, vómitos y dolor abdominal, y puede progresar a hipotensión, oliguria e insuficiencia renal. El SPH suele iniciar con cuadro pseudogripal y síntomas gastrointestinales, y luego progresa bruscamente a disnea, edema pulmonar, hipoxemia e insuficiencia respiratoria. 

El diagnóstico se basa sobre todo en serología: IgM específica en fase aguda o aumento significativo de IgG. También pueden usarse inmunohistoquímica en tejidos y RT-PCR para detectar ARN viral en sangre o tejidos. En la práctica clínica, el diagnóstico se apoya además en el contexto epidemiológico, la trombocitopenia, la leucocitosis y los hallazgos de insuficiencia respiratoria o renal. 

No existe un tratamiento antiviral específico de eficacia universal para todas las formas. El manejo es fundamentalmente de soporte, con hospitalización, oxígeno, UCI si hace falta y ventilación mecánica o soporte extracorpóreo en los casos graves. La ribavirina puede tener utilidad en algunas formas de FHSR, pero no ha demostrado eficacia consistente en el SPH. 

La prevención se basa en reducir el contacto con roedores y sus excreciones: control ambiental, sellado de viviendas, almacenamiento seguro de alimentos y limpieza segura de zonas infestadas. Durante la limpieza debe evitarse barrer en seco, porque aumenta la aerosolización; se recomienda humedecer el área con desinfectante y usar protección personal. No hay vacuna ampliamente disponible para uso general, aunque existen desarrollos y una vacuna inactivada usada en Corea con protección incompleta. 

La gravedad varía mucho según el virus: algunos producen cuadros leves, mientras que otros tienen letalidades elevadas, especialmente ciertas cepas asociadas a SPH en América. En el informe sanitario español se recuerda que no existen vacunas ni tratamientos específicos y que la letalidad puede ser importante en formas pulmonares. 

2. Análisis científico del brote 

El evento descrito se entiende mejor como un brote zoonósico: el virus circula de forma natural en roedores y pasa al ser humano por exposición a sus excretas o secreciones, especialmente en ambientes cerrados o mal ventilados. La evidencia disponible señala que el contagio humano ocurre sobre todo al inhalar partículas aerosolizadas procedentes de orina, heces o saliva de roedores infectados, o por contacto con superficies contaminadas. 

Desde el punto de vista epidemiológico, el hallazgo importante es que el hantavirus no se comporta como SARS-CoV-2: no muestra transmisión aérea eficiente entre personas ni una expansión comunitaria sostenida en la mayoría de sus variantes. La excepción relevante es el virus Andes y algunas variantes sudamericanas, para las que sí se ha descrito transmisión persona a persona, aunque de forma infrecuente y dependiente de contacto estrecho. 

Clínicamente, el riesgo del brote no está en su transmisibilidad, sino en su potencial gravedad, porque algunas formas evolucionan con rapidez hacia insuficiencia respiratoria o compromiso renal. Por eso, el problema sanitario principal es la detección precoz, el aislamiento clínico, el soporte intensivo y la identificación de exposiciones de riesgo. 

3. Qué llevarse como aprendizaje 

En términos científicos, lo ocurrido debe interpretarse como un episodio zoonósico de exposición y no como un virus con comportamiento pandémico comparable al de la gripe o la covid. La clave microbiológica y clínica es que el riesgo humano depende de la especie viral, del reservorio y del tipo de exposición, mientras que el manejo sanitario se centra en prevención ambiental, diagnóstico precoz y soporte intensivo.

Es importante que la información a la población sea rigurosa y veraz, sin alarmismos y prudente.