miércoles, 3 de junio de 2026

Guía médica para la comunicación de malas noticias

 

La comunicación de malas noticias es un tema muy importante en la práctica sanitaria y sobre el que es importante la mejor formación posible. El libro "Cómo dar malas noticias en medicina" del doctor Marcos Gómez Sancho es una obra esencial sobre la comunicación clínica y los cuidados paliativos. El autor explora el profundo estigma social y el pavor que aún rodean a enfermedades como el cáncer, comparándolas con tabúes históricos como la lepra o la sífilis. A través de un análisis crítico, se cuestiona el paternalismo médico tradicional y la falta de adiestramiento académico que deja a los profesionales sin recursos para gestionar el impacto emocional de un diagnóstico fatal. El prefacio y los capítulos iniciales defienden el derecho a la información del paciente como un pilar de la dignidad humana, rechazando el aislamiento que provoca la mentira piadosa. Finalmente, el texto subraya que una comunicación honesta y empática es fundamental para que el enfermo mantenga su autonomía y evite el desamparo en la etapa final de su vida. 

Desde la organización Red de Padres Solidarios se puede descargar el libro desde este enlace. Veamos algunas preguntas que podemos responder con la lectura de este texto… 

a) ¿Cómo afecta la falta de formación médica a la comunicación? 

La falta de formación específica en habilidades de comunicación impacta negativamente tanto en el profesional médico como en el paciente, transformando lo que debería ser un acto humano y terapéutico en una situación de crisis mal gestionada. A continuación se detallan las principales afectaciones identificadas en las fuentes: 

1. Inseguridad y miedo en el profesional 
• Desprotección de recursos: el médico se encuentra solo y desprovisto de herramientas para enfrentar situaciones delicadas, ya que en la universidad se prioriza el aprendizaje de técnicas sofisticadas sobre el arte de comunicar malas noticias. 
• Miedo a las reacciones del paciente: la ausencia de formación sobre cómo manejar la cólera o la desesperación hace que el profesional evite entrevistas difíciles para eludir complicaciones emocionales para las que no está preparado. 
• Sentimiento de fracaso: al no ser entrenados para ver la muerte como algo inevitable, muchos médicos la perciben como una derrota personal, lo que dificulta hablar de ella abiertamente. 

2. Deterioro de la relación médico-paciente 
• Uso de la mentira y el engaño: ante la falta de recursos, no es raro que el médico opte por "dimitir" de su responsabilidad informativa o por engañar al enfermo, lo que menoscaba la confianza y la relación futura. 
• Distanciamiento y frialdad: el médico tiende a establecer una excesiva distancia emocional, centrándose exclusivamente en los aspectos físicos de la enfermedad y bloqueando su capacidad empática. 
• Abandono y huida: la salida más cómoda ante una situación comprometida suele ser la huida o el aislamiento del enfermo, esperando que otros asuman la responsabilidad que el médico desea evitar. 

3. Impacto en la calidad de la atención 
• Hiperactividad terapéutica: el médico puede refugiarse en el "hacer algo" (pruebas o tratamientos inútiles) para no confesar su impotencia frente a la muerte, lo que a veces deriva en ensañamiento terapéutico. 
• Pérdida del poder de la palabra: la medicina actual, muy tecnificada, olvida que el diálogo es un instrumento diagnóstico y terapéutico fundamental, sustituyendo la humanidad por la química o los aparatos. 
• Información deficiente: proporcionar información solo por imperativo legal, sin seguir principios científicos de comunicación, puede causar más daño que beneficio, generando ambigüedad o brutalidad en la entrega del mensaje. 

4. Consecuencias legales y sociales 
• Aumento de demandas: gran parte de las demandas por negligencia se deben en realidad a quejas sobre una mala información o falta de escucha, más que a errores técnicos. 
• Carencias en el sistema educativo: los exámenes médicos (como el MIR) han priorizado históricamente temas de estadística y gestión sobre la formación en comunicación humana. 

En conclusión, las facultades de medicina suelen formar "buenos técnicos", pero fallan al no enseñar que dar malas noticias es un acto médico y un arte que requiere aprendizaje y ejercicio constante para no dañar la integridad del paciente. 

b) ¿Cómo afecta el paternalismo médico a la comunicación con el paciente? 

El paternalismo médico, especialmente arraigado en la cultura latina, transforma la comunicación con el paciente en un proceso jerárquico y restrictivo que prioriza la protección del enfermo sobre su autonomía. Y este modelo afecta la comunicación por las siguientes razones: 

1. Ocultamiento de la verdad y el "pacto de silencio" 
Bajo el ambiente paternalista, médicos y familiares suelen optar por ocultar al enfermo la gravedad de su situación, creyendo honestamente que es lo mejor para él. Esto genera una "conspiración del silencio", donde todos saben la verdad excepto el protagonista, lo que impide que el paciente pueda despedirse de sus seres queridos o poner en orden sus asuntos personales y espirituales. 

2. Infantilización del paciente 
El paternalismo actúa bajo el concepto de "beneficencia" sin consentimiento; el médico actúa como un padre o madre que toma decisiones "por el bien" del enfermo. Esto resulta en una infantilización del paciente, tratándolo como alguien que no tiene la capacidad moral o intelectual para procesar la verdad. En casos extremos, se llega a entregar informes médicos falsos al paciente para mantener el engaño, lo cual se describe en las fuentes como una forma de humillación. 

3. Modelo de "autoridad" vs. "diálogo" 
Históricamente, el paternalismo ha definido la relación médico-paciente de la siguiente manera: 
• Decisiones unilaterales: el médico toma todas las decisiones sin discutirlas con el paciente. 
• Órdenes en lugar de información: solo se comentan las órdenes médicas para asegurar que se entiendan, pero no se explican alternativas ni diagnósticos. 
• El "buen enfermo": se considera un "buen enfermo" a aquel que obedece ciegamente y no cuestiona la autoridad del médico. 

4. Aislamiento y soledad 
Aunque el objetivo del paternalismo sea evitar el sufrimiento, su efecto suele ser el contrario: genera un aislamiento absoluto del enfermo. Al percibir que su familia y médicos le ocultan algo, el paciente se siente solo en el momento más difícil de su vida, perdiendo la oportunidad de recibir un consuelo espiritual y una compañía auténtica. 

5. Ruptura de la confianza 
El uso de la "mentira piadosa" pone en riesgo la base de la relación terapéutica. Si el enfermo descubre el engaño —lo cual suele ocurrir por indicios no verbales o cambios en los tratamientos—, la confianza mutua desaparece, y el paciente se siente decepcionado y traicionado por quienes más deberían cuidarlo. 

Actualmente, los códigos éticos y leyes abogan por superar este modelo paternalista en favor de la autonomía del paciente, reconociendo que no existe libertad sin una información veraz y comprensible. 

c) ¿Qué estrategias ayudan a los médicos a dar malas noticias? 

Dar malas noticias es considerado el acto más difícil y sublime de la práctica médica, un "arte" que requiere aprendizaje y ejercicio constante. Estas son las principales estrategias que ayudan a los médicos a gestionar este proceso de forma adecuada: 

1. Preparación del entorno y del profesional 
• Asegurar la veracidad: el médico debe estar absolutamente seguro del diagnóstico (confirmación histológica en caso de cáncer) y del pronóstico antes de hablar. 
• Buscar el lugar adecuado: se requiere un espacio tranquilo y privado, con el médico sentado junto al paciente, sin ruidos (televisión apagada) ni interrupciones telefónicas. 
• Disponer de tiempo: la dedicación y la falta de prisas son esenciales para que el paciente se sienta escuchado y pueda asimilar la información. 

2. Evaluación previa (averiguar qué sabe el paciente) 
Antes de informar, el médico debe realizar un "sondeo" para entender la situación del enfermo: 
• ¿Qué sabe ya el paciente? se deben hacer preguntas abiertas como "¿Qué piensa usted de este dolor?" para detectar si ya sospecha la gravedad. 
• ¿Qué quiere saber? es vital preguntar si el paciente desea conocer todos los detalles o solo las pautas del tratamiento. No se debe "bombardear" con información que el enfermo no solicita. 
• ¿Qué está en condiciones de saber? el profesional debe valorar el equilibrio psicológico del paciente y si el momento físico es el oportuno (por ejemplo, evitar informar en el postoperatorio inmediato). 

3. Técnicas de comunicación efectiva 
• Lenguaje sencillo: evitar tecnicismos y palabras "malsonantes" o condenatorias. En ocasiones, es preferible usar términos como "proceso serio" o "neoplasia" antes que "cáncer" si esto ayuda a la asimilación gradual. 
• Información dosificada y gradual: la verdad debe comunicarse en pequeños fragmentos digeribles, permitiendo pausas para que el paciente se exprese. 
• Manejo de la comunicación no verbal: el contacto visual, el tono de voz y el contacto físico (como dar la mano o tocar el hombro) tienen un gran poder terapéutico y transmiten empatía. 
• Evitar límites temporales: no se deben dar plazos de vida exactos ("le quedan tres meses"), ya que las estadísticas son solo medianas y pueden generar desesperanza o el "síndrome de Lázaro" si no se cumplen. 

4. Soporte emocional y compromiso 
• Ofrecer una "puerta abierta" a la esperanza: nunca se debe decir "no se puede hacer nada por usted". La esperanza debe ser realista, enfocándose en el control de síntomas y la calidad de vida. 
• Garantía de no abandono: el médico debe transmitir el compromiso explícito de que acompañará al paciente y a su familia durante todo el proceso. 
• Manejo de las reacciones: el profesional debe estar preparado para contener el llanto, la rabia o la negación del paciente sin juzgarlo, entendiendo que son mecanismos de adaptación normales. 

5. Gestión del entorno familiar 
• Abordar el "pacto de silencio": si la familia se opone a que el paciente sepa la verdad, el médico debe mediar, explicando que el engaño aísla al enfermo. La obligación ética primordial del médico es con el paciente y su derecho a la autonomía. 
• Incluir a los familiares: si el paciente lo acepta, es beneficioso que la familia esté presente para que todos manejen el mismo nivel de información y objetivos terapéuticos. 

d) ¿Qué es el pacto del silencio en la cultura latina? 

El pacto del silencio (también conocido como conspiración del silencio) es una práctica muy común en los países de cultura latina, donde los familiares y profesionales de la salud ocultan deliberadamente al paciente el diagnóstico o la gravedad de su enfermedad terminal. A diferencia de la cultura anglosajona, que tiende a ser más autonómica, la cultura latina es predominantemente paternalista. En este contexto, el pacto del silencio se basa en los siguientes aspectos: 

• Motivación de protección: la familia cree honestamente que al ocultar la verdad ahorrarán al enfermo un sufrimiento innecesario y evitarán reacciones extremas, como el suicidio, aunque las estadísticas muestran que este riesgo es en realidad muy bajo. 
• Autoprotección familiar: los familiares a menudo intentan evitar situaciones emocionales destructivas o difíciles de manejar al no tener que hablar abiertamente sobre la muerte. 
• Rol del médico: con frecuencia, el médico se identifica con esta actitud protectora y opta por engañar al paciente o refugiarse en una "hiperactividad médica" (hacer muchos estudios o tratamientos) para no confesar su impotencia frente a la muerte. 
• Consecuencias negativas: aunque se hace con buena intención, esta práctica suele conducir al aislamiento y soledad del enfermo. Se crea una situación falsa donde "todos saben que el enfermo va a morir menos él", impidiéndole despedirse de sus seres queridos o poner en orden sus asuntos personales y espirituales. 

En muchos casos, se llega a situaciones paradójicas donde el enfermo sospecha la verdad pero finge no saberla para no hacer sufrir a su familia, estableciéndose un mutuo engaño que impide una comunicación auténtica en los momentos finales. Actualmente, los códigos éticos y legales abogan cada vez más por la autonomía del paciente, señalando que la obligación del médico es, ante todo, con el enfermo y no con su familia.

e) ¿Qué riesgos tiene el uso de plazos de vida exactos? 

El uso de plazos de vida exactos en el ámbito médico conlleva riesgos significativos tanto para el paciente como para sus familiares, ya que las predicciones temporales suelen ser inútiles, inseguras e irreales. Los principales riesgos son:

• Inexactitud estadística: las expectativas de supervivencia se basan en la mediana estadística, pero esta no representa el caso individual. Un paciente no es una cifra; para él, su vida es el 100%, y puede encontrarse en los extremos de la curva de supervivencia, viviendo mucho más o menos de lo previsto. 
• El "Síndrome de Lázaro" en la familia: cuando se da un plazo concreto y el enfermo no muere en esa fecha, los familiares pueden sufrir este síndrome. Tras haber realizado un duelo anticipatorio, si la muerte no ocurre en el tiempo esperado, los parientes pueden ser incapaces de restablecer vínculos emocionales con el enfermo, sintiendo frustración, angustia y resentimiento. 
• Generación de desesperanza: un cálculo frío del tiempo restante puede ser recibido como una sentencia que arroja al paciente a la desesperación. Las fuentes señalan que predecir "le quedan seis meses" es, en esencia, una mentira, ya que el médico no es infalible. 
• Pérdida de credibilidad y confianza: los médicos se han equivocado tantas veces en estas previsiones (por exceso o por defecto) que darlas compromete la confianza en la relación médico-paciente. 
• Negociación con la tragedia: en contextos como el estadounidense, los plazos exactos han dado pie a negocios "espeluznantes", donde inversores compran pólizas de seguros de vida de enfermos terminales esperando que mueran en el plazo previsto para obtener beneficios. 

En lugar de dar cifras exactas, se recomienda que el médico sea honesto y admita que no sabe el tiempo exacto, utilizando términos más generales como "algunas semanas" o "algunos meses", y enfocándose en el compromiso de acompañamiento y control de síntomas durante todo el proceso. 

g) ¿Qué es el síndrome de Lázaro y cómo afecta a la familia? 

El Síndrome de Lázaro se produce cuando los familiares de un paciente terminal han realizado un duelo anticipatorio esperando la muerte en un plazo concreto y, sin embargo, el fallecimiento no ocurre en la fecha prevista. Este fenómeno tiene las siguientes afectaciones y características: 

• Causa principal: surge a raíz de que el médico establezca un pronóstico de supervivencia demasiado exacto (por ejemplo, "le quedan seis meses"). El autor señala que dar cifras exactas es irreal e inútil, ya que las estadísticas se basan en medianas que no representan el caso individual del paciente. 
• Deterioro del vínculo emocional: debido a que la familia ya se ha preparado psicológica y emocionalmente para la pérdida en una fecha determinada, si esta no sucede, pueden sentirse incapaces de restablecer los vínculos afectivos con el enfermo. 
• Sentimientos negativos: los familiares pueden experimentar una mezcla contradictoria y dolorosa de sentimientos que incluye frustración, angustia y un cierto resentimiento porque la muerte esperada no ha ocurrido en el tiempo previsto. 
• Aislamiento: el paciente puede quedar en una situación de "limbo" emocional donde, habiendo sobrevivido a su propio "vencimiento" estadístico, percibe el distanciamiento de unos familiares que ya se habían despedido mentalmente de él. 

Para evitar este síndrome, se recomienda que los médicos sean honestos y admitan que no pueden conocer el tiempo exacto que le queda a una persona, utilizando términos generales (como "algunas semanas" o "algunos meses") y evitando a toda costa las fechas taxativas. 

g) ¿Cuáles son las etapas de adaptación que atraviesa el paciente? 

El proceso de adaptación del paciente ante una enfermedad terminal se divide generalmente en dos grandes bloques: las fases previas a la comunicación del diagnóstico y las etapas que atraviesa una vez que conoce su situación real. Es importante señalar que estas no son necesariamente lineales, sino sentimientos que pueden aparecer, desaparecer o superponerse a lo largo del proceso. 

1. Fases antes de ser informado (Modelo de Sporken) 
Incluso antes de que se le diga la verdad formalmente, el paciente transita por tres etapas críticas: 
• Ignorancia: el paciente aún no conoce su situación, pero empieza a sospechar debido a cambios en la estrategia terapéutica, como la suspensión de tratamientos curativos. 
• Inseguridad: predominan las dudas sobre el curso de la enfermedad. El paciente experimenta cambios constantes de humor, alternando entre la esperanza y un miedo intenso. 
• Negación implícita: es una oposición inconsciente a la creciente toma de conciencia del desenlace mortal. El paciente puede realizar proyectos inusuales para su vida habitual como mecanismo de defensa. 

2. Fases tras la comunicación del diagnóstico (Modelo de Kübler-Ross) 
Una vez que el médico informa al paciente, se suelen identificar las siguientes etapas: 
• Negación: es la reacción inicial de choque e incredulidad ("no, yo no", "es imposible"). Funciona como una defensa necesaria para asimilar la realidad poco a poco. 
• Ira: cuando la negación no puede mantenerse, surgen sentimientos de rabia, envidia y resentimiento. El paciente se pregunta "¿Por qué a mí?" y suele proyectar su ira contra familiares, médicos o incluso contra Dios. 
• Pacto o regateo: el paciente intenta posponer el final mediante "acuerdos", generalmente con Dios, prometiendo una mejor conducta a cambio de más tiempo de vida o metas específicas (como llegar a una boda o Navidad). 
• Depresión: el paciente ya no puede negar su estado debido al deterioro físico. Aparece una gran sensación de pérdida y preocupación por el futuro de los seres queridos que dejará. 
• Aceptación: es un periodo de relativa tranquilidad y paz donde el enfermo se despide y pone en orden sus asuntos. Se da más fácilmente en personas que sienten que han vivido una vida plena. 

3. Fase Final: Decatexis 
• Decatexis o depresión preparatoria: es el último estadio antes de la muerte, donde cesa la comunicación con el entorno. El paciente se desconecta afectivamente del mundo de los vivos y parece invadido por una percepción de la realidad que ya no puede compartir con nadie. 

Estas son algunas preguntas que podremos responder… Pero hay otras más.

lunes, 1 de junio de 2026

Atención pediátrica hospitalaria humanizada

 

Dentro del XLIX Curso de Actualización de Pediatría y II Curso Internacional de Especialidades Pediátricas celebrado en Guanajuato (México) entre el 20-22 de mayo, fui invitado a impartir la ponencia “Atención pediátrica hospitalaria humanizada” en base a la experiencia adquirida durante un par de décadas en la gestión de equipos sanitarios en busca de la (H)excelencia, con H de hospital y de humanización. 

Un enfoque que busca transformar el hospital en un espacio donde el conocimiento médico conviva armónicamente con la calidad emocional y ética. Y que bien podría resumirse en estas dos frases que nos regaló el uruguayo Eduardo Galeano: “Mucha magia y suerte tienen los niños que consiguen ser niños” y “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”. 

Porque no debemos olvidar que la palabra hospital tiene la misma raíz lingüística que “hospitalidad”. Y esa es la hospitalidad que siempre percibo de los pediatras mexicanos, en esta ocasión con la invitación de la Dra. Mari Cruz Jaramillo me ha realizado en nombre del Colegio de Pediatría del Estado de Guanajuato. 

En este enlace os dejo la ponencia para su revisión y en donde quiero profundizar en varios aspectos. 

a) ¿En qué consiste la atención pediátrica personalizada y humanizada? 

La atención pediátrica personalizada y humanizada se define como un proceso continuo que dota a la asistencia sanitaria de cualidades humanas, fundamentándose en la premisa: “tú eres persona y te trato en tu totalidad como ser humano”, 

- Concepto de Pediatría Personalizada 
Este enfoque integra diversas ramas para atender al menor de forma integral: 

• Pediatría clínica: enfocada en el niño enfermo. 
• Pediatría preventiva: dirigida al niño sano. 
• Pediatría social: centrada en la dimensión humana del niño. 
• Ecopediatría: que considera al niño y su entorno físico. 

- Pilares de la Humanización Hospitalaria a través de cinco componentes clave: 

• Competencias profesionales: desarrollo de la excelencia técnica junto con valores humanos y principios éticos. 
• Equipamientos asistenciales: creación de espacios físicos adaptados a las diferentes edades de los niños (separados de los adultos) y uso de tecnología para procedimientos no invasivos. 
• Experiencia del paciente: valoración de la narrativa del paciente y uso de encuestas de satisfacción para mejorar el servicio. 
• Vida en el hospital: acompañamiento psico-emocional y social (a través de arteterapia, voluntariado y apoyo educativo en aulas hospitalarias) tanto para el niño como para su familia. 
• Paciente y comunidad: involucrar a las familias en el diseño de los procesos asistenciales, especialmente en enfermedades crónicas o raras; y también contar con la sociedades y las asociaciones de pacientes. 

- El Hospital pensado para la infancia 
El objetivo primordial es que los hospitales pediátricos estén diseñados específicamente para los menores, utilizando la imaginación y la voluntad de cambio para que la estancia sea más agradable. Esto implica potenciar lo que los niños más valoran, como el trato personal de los profesionales, los juegos y las visitas familiares, mientras se intenta minimizar el impacto negativo de los tratamientos y las instalaciones frías. 

En resumen, se busca transformar el hospital en un "Hospital Optimista" donde la gestión técnica se alíe con el "liderazgo con corazón" y el arte para mejorar la calidad de vida del paciente pediátrico. 

b) ¿Qué factores valoran más y menos los niños durante su hospitalización? 

Durante su estancia en el hospital, los niños identifican con claridad aquellos factores que les proporcionan bienestar y aquellos que les resultan aversivos. 

- Factores que MÁS valoran (Lo que más les gusta) 
Los elementos positivos que ayudan a normalizar la vida del niño y reducir el impacto de la hospitalización son: • El aula hospitalaria: espacio clave para su desarrollo educativo y social. 
• El trato personal de los profesionales: la cercanía y calidez del personal sanitario. 
• Los juegos: actividades lúdicas que les permiten seguir siendo niños. 
• Ver la televisión: como forma de entretenimiento y distracción. 
• Las visitas de familiares: el contacto con sus seres queridos es fundamental para su soporte emocional. 
- Factores que MENOS valoran (Lo que menos les gusta) Existen aspectos intrínsecos al entorno clínico y al tratamiento que generan mayor malestar en los pacientes pediátricos: 
• Los pinchazos: procedimientos invasivos y dolorosos. 
• La comida: que suele alejarse de sus gustos habituales. 
• Los tratamientos: la carga de la terapia médica. 
• Las instalaciones: espacios que pueden resultar fríos o no adaptados a su edad. 
• Estar encamados: la limitación física que impone la enfermedad. 
• No poder salir: la pérdida de libertad y de contacto con el mundo exterior. 

El objetivo primordial de la humanización pediátrica es, precisamente, utilizar la imaginación y la voluntad de cambio para potenciar los factores positivos y minimizar el impacto de los negativos, diseñando centros sanitarios que estén realmente pensados para la infancia. 

c) ¿Qué es el Índice de Humanización de Hospitales Infantiles? 

El Índice de Humanización de Hospitales Infantiles (IHHI) es una herramienta de autoevaluación diseñada para medir cuantitativamente el nivel de humanización en la asistencia sanitaria que reciben los niños en los centros hospitalarios. 

• Objetivo: permite evaluar y monitorizar el grado en que la atención pediátrica incorpora cualidades humanas y respeta los derechos y necesidades específicas de los menores y sus familias. 
• Reconocimiento: el Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario Dr. Balmis (HGUA) ha sido premiado en diversas ocasiones en relación con este índice, obteniendo el Premio IHHI en 2018 y el galardón en la categoría de hospitales grandes de España en 2019. 
• Contexto: se sitúa dentro de las "experiencias que ayudan" a transformar los centros sanitarios en "Hospitales Optimistas", donde la gestión técnica se equilibra con valores humanos y el bienestar emocional del paciente. 

Esta herramienta es fundamental para que las instituciones sanitarias identifiquen áreas de mejora y avancen hacia una atención realmente pensada para la infancia. 

d) ¿Qué funciones cumple el aula hospitalaria? 

El aula hospitalaria (también denominada Unidad Pedagógica Hospitalaria) es un componente esencial del eje "Vida en el hospital" dentro del modelo de humanización pediátrica. Sus funciones principales, son las siguientes: 

Soporte educativo continuo: su función primaria es brindar apoyo escolar a los niños que, debido a su enfermedad, no pueden asistir a su centro educativo habitual. Este soporte puede incluso extenderse al domicilio del paciente si la situación clínica lo requiere. 
• Fusión de disciplinas: actúa como un espacio donde convergen la docencia, la humanización y la arteterapia. No se limita únicamente a la enseñanza académica, sino que integra la parte emocional y creativa del menor. 
• Sede de proyectos de humanización: es el lugar físico donde se desarrollan iniciativas clave para mejorar la estancia hospitalaria, tales como Un hospital de cine:, Musicoterapia, Un hospital de cuento o Encuentros culturales y deportivos.
Bienestar psico-emocional: es uno de los factores que los niños más valoran durante su hospitalización, ya que les permite mantener una rutina similar a su vida normal y seguir desarrollándose como personas más allá de su condición de pacientes. 

En definitiva, el aula hospitalaria funciona como un puente entre la Consellería de Educación y la de Sanidad para garantizar que la hospitalización no suponga una ruptura en la biografía académica y social del niño.


Os dejamos un resumen de los mensajes de la ponencia en estos dos vídeos (en español y en inglés)

sábado, 30 de mayo de 2026

Cine y Pediatría (855) “La chica zurda” que acaba descubriendo las heridas generacionales

 

Conocemos al director estadounidense Sean Baker principalmente por su película Anora, gran triunfadora de los Óscar 2024, así como ganadora de la Palma de Oro en Cannes. Y que también en Cine y Pediatría ya nos ha regalado una joya del cine independiente como fue la rompedora The Florida Project (2017). Pero menos conocida es la taiwanesa Shih-Ching-Tsou, a la que le une un cuarto de siglo de amistad, y que ha sido la productora habitual de gran parte de la filmografía de Baker, además de directora de arte, diseñadora de vestuario e incluso ha realizado cameos en películas como Tangerine (2015), Red Rocket (2021) y la misma The Florida Project. Pues bien, ahora ambos se unen en guion muy particular para su ópera prima en la dirección: La chica zurda (Shih-Ching-Tsou, 2025), en lo que es la primera película de nacionalidad taiwanesa en Cine y Pediatría, y que llegó a representar a su país en los premios Óscar a mejor película internacional.  

Antes de entrar en materia, y para contextualizar la película, una breve reseña a esa historia de desamor y disputa entre Taiwán (oficialmente República de China y antes conocida como la isla de Formosa) y China (oficialmente República Popular de China). Porque China considera a Taiwán como una "provincia renegada" que debe ser reunificada, mientras que Taiwán ha desarrollado una identidad nacional propia y busca mantener su sistema democrático y soberanía, y que se sostiene por ser una potencia global clave, indispensable para la fabricación de semiconductores y tecnología moderna (como ordenadores y coches eléctricos), conocido como “escudo de silicio”. Y así es como desde hace décadas Taiwán es una isla independiente con casi 24 millones de habitantes, cuya capital, Taipei, es una vibrante urbe de rascacielos que destaca por sus famosos mercados nocturnos, donde se puede disfrutar de comida callejera excepcional. Y en esta ciudad y en uno de esos mercados nocturnos transcurre gran parte de nuestra historia de hoy… 

La chica zurda es un complejo retrato familiar que nos desvelará sus secretos. La historia se centra en Shu-Fen (Janel Tsai), una joven madre separada que, tras varios años viviendo en el campo, decide regresar a Taipei con sus dos hijas, la bella y rebelde adolescente I-Ann (Nina Ye), y la encantadora y espabilada niña de 5 años I-Jing (Shi-Yuan Ma), suficientemente sensible para captar lo que los adultos callan. E intenta abrirse camino abriendo un puesto de comida en un bullicioso mercado nocturno. Cada una a su manera, tendrán que adaptarse a este nuevo entorno para llegar a fin de mes y conseguir mantener la unidad en el hogar. Tres generaciones de secretos familiares empiezan a desvelarse después de que el abuelo, marcado por el peso de las tradiciones, le diga a su nieta menor, que es zurda, que nunca use su "mano del diablo". 

Esa mano zurda sobre la que el abuelo dice en una comida familiar: “¿Por qué come con la mano izquierda?... Antaño si te veían usar la izquierda, te colgaban o te daban una paliza. En mi casa usa la derecha”. Y más adelante le espeta esta idea a la propia I-Jing algo que le marcará: “La mano izquierda es la mano del diablo. Si usas la izquierda estás haciendo el mal”. Porque desde ese momento justifica sus actos por su mano izquierda, y también sus hurtos en las tiendas: “Mira, la he cogido con la mano del mal”, se justifica así mismo. 

Y mientras I-Jing se debate con el sanbenito de su mano zurda, la adolescente I-Ann aparece envuelta en ese halo de desconcierto y enfado propio del viaje de una adolescente con una estructura familiar complicada. Rechaza y odia al padre que les abandonó y que ahora está enfermo, y sobre el que la pequeña I-Jing pregunta: “¿Quién era ese hombre?”. Trabaja en una tienda de bebidas y comida, esos locales llenos de luces de colores de neón, y donde el rollo que tiene con el dueño acaba con un embarazo no deseado. Y en ese trasiego de vida que le ha hecho abandonar los estudios, cuida a su pequeña hermana y la trae del colegio en moto cada día a través de la bulliciosa ciudad. Porque I-Jing no quiere ir con los abuelos, “porque el abuelo no se ducha y huele a tofu fermentado”. 

Tras la presentación de los personajes, en el último tercio de la película aparecen dos escenas clave. Entrañable cómo la hermana mayor hace devolver a I-Jing todo aquello que robó, aunque ella se excusa: “Yo no robé nada. Fue mi mano del diablo la que robó todo…”. Y especialmente esa fiesta familiar para celebrar el 60 cumpleaños de la abuela, allí donde se desencadena la catarsis y aparece la verdad oculta sobre la verdadera relación entre Shu-Fen, I-Ann e I-Jing, y donde la abuela pregunta: “¿Te ibas a guardar ese secreto para siempre?”. Un cumpleaños feliz catártico y un final caleidoscópico… para esta familia que seguirá intentando sobrevivir económica y emocionalmente entre el bullicio del mercado nocturno de Taipéi, escenario vivo donde el trabajo, la precariedad y los secretos familiares se entrelazan. 

Por cierto, La chica zurda fue filmada con un iPhone, un rasgo técnico que refuerza su cercanía y su energía visual. Y que no busca el melodrama grandilocuente, sino que emociona desde los gestos pequeños, las miradas, los silencios y la convivencia diaria en una familia que intenta no romperse. Pero que también deja una sensación de inquietud porque muestra una realidad dura: pobreza, fragilidad afectiva, presión laboral y heridas transmitidas entre generaciones. Su fuerza está en mostrar que lo local puede volverse universal: una madre que lucha, una hija que se rebela y una niña que aprende a leer el mundo son figuras reconocibles en cualquier cultura. Una historia que deja poso porque habla de la supervivencia, de la identidad y de cómo una infancia puede revelar las grietas de toda una familia

Y que deja una cosa clara: que “la mano del diablo” no está en ser zurda, sino en no sanar las heridas generacionales. Y que ahora ya, cuando I-Jing diga “mamá” pueda ya entender mejor al dirigir su mirada a Shu-Fen o a I-Ann. Porque no hay que sobrevivir a la mano izquierda, hay que sobrevivir a la vida.