El sida irrumpió en la historia contemporánea hace 45 años como una crisis global que desafió a la ciencia y transformó los paradigmas sociales. Su impacto trascendió lo clínico para generar una cultura de estigma, activismo y resiliencia que afectó a personas de todas las edades y condiciones. A través de la gran pantalla, el cine ha servido como testimonio de esta realidad, documentando tanto el dolor de la pérdida como la lucha por la dignidad humana frente a la enfermedad. En este sentido, recordamos películas icónicas como Philadelphia (Jonathan Demme, 1993), Los testigos (André Téchiné, 2007), Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013), The Normal Heart (Ryan Murphy, 2014), 120 pulsaciones por minuto (Robin Campillo, 2017), 1985 (Yen Tan, 2018), entre otras.
Sin embargo, hay pocas películas centradas específicamente en el sida en la infancia y adolescencia. En Cine y Pediatría ya hemos revisado las siguientes películas alrededor del sida en la edad pediátrica: Juicio a un menor (John Herzfeld, 1989), Kids (Larry Clark, 1995), Que nada nos separe (Peter Horton, 1995), Yesterday (Darrell James Roodt, 2004) y Verano 1993 (Carla Simón, 2017). Y a estas sumamos hoy otras dos películas estadounidenses separadas entre sí tres quinquenios para indagar en el estigma del sida: Girl, Positive (Peter Werner, 2007), centrada en una adolescente heterosexual en los comienzos del sida, y Three Months (Jared Frieder, 2022), alrededor de un adolescente homosexual en la época más actual de la enfermedad.
- Girl, Positive (Peter Werner, 2007) es un telefilme centrado en una adolescente de clase media-alta que se enfrenta al miedo a vivir con VIH y al estigma en su entorno escolar. Narrada a lo largo de varios días, conocemos a Rachel Sandler (Andrea Bowen), una popular estudiante de instituto que descubre que Jason, un deportista con el que mantuvo relaciones sexuales, ha muerto y que era consumidor de drogas por vía intravenosa y portador de VIH. A partir de esa noticia, emerge el miedo: tal vez ella también esté infectada, pese a no haber considerado nunca ese riesgo.
La película funciona casi como un relato de iniciación donde la protagonista pasa de la negación y la desinformación a una posición de mayor conciencia, apoyada por una adulta seropositiva que vive con su enfermedad y su medicación en secreto. Ella es Sarah Bennett (Jennie Garth), la profesora sustituta, quien en clase ya les comenta a sus alumnos temas sobre infecciones de transmisión sexual (ITS) y sida: "Basta con una sola vez para infectar docenas de vidas", “Pensándolo bien, es difícil imaginar otra epidemia desde la peste negra de la Edad Media que haya causado tanto miedo", “En realidad, uno no muere de VIH. El VIH es un virus que ataca el sistema inmunitario. Soy voluntaria en la clínica gratuita de SIDA del centro y puedo garantizarles que los hombres homosexuales no son los únicos afectados por el VIH”. Y esta escena ya indaga en que la educación sexual que recibían los adolescentes era incompleta o evasiva: la escuela quizás prefería “no ver” el sexo ni las ITS, mientras los jóvenes tomaban decisiones basadas en intuiciones más que en información rigurosa.
Y es así que Sarah anima a Rachel a acercarse a una clínica de sida para conocer su situación e informarse, pero la joven está demasiado aterrada como para hacerse la prueba y comparte sus dudas con la propia docente. Es entonces cuando Sarah le revela que lleva más de siete años viviendo en secreto con VIH, lo que, una vez descubierto por el entorno escolar, desencadena una espiral de rumores y exposición tanto para la alumna como para la profesora, pues el VIH se ha asociado a comportamientos “inmorales”, lo que conduce a culpa, vergüenza y aislamiento en adolescentes y jóvenes que viven con la infección.
Cabe destacar las escenas en las que Rachel busca en internet información sobre la enfermedad y se encuentra con titulares así: “Más de 40 millones de personas viven en el mundo con VIH/sida”, “En USA la mitad de todas las nuevas infecciones se dan entre adolescentes y jóvenes adultos”, “50 jóvenes estadounidenses se infectan cada día de VIH”.
Girl, Positive debe visualizarse como un material educativo audiovisual. Plantea en Rachel, nuestra protagonista, la importancia de las pruebas de VIH, del uso sistemático del preservativo y de la noción de que “no hay perfil” del seropositivo, desmontando la idea de que el riesgo es visible en el cuerpo o en la apariencia del otro. Y donde Sarah es un personaje puente, una adulta que comparte con la protagonista género, vulnerabilidad y experiencia de estigma, y que introduce una narrativa de empoderamiento más que de victimización. Su acompañamiento encaja con lo que recomiendan intervenciones centradas en jóvenes con VIH: modelos de rol positivos, trabajo en autoestima y habilidades para manejar la revelación del diagnóstico y las relaciones afectivo-sexuales.
Una relación alumna–profesora muy particular y muy positiva, útil para trabajar en aula temas de sexualidad responsable, consentimiento informado, prueba del VIH y acompañamiento a jóvenes que viven - o temen vivir - con el virus.
- Three Months (Jared Frieder, 2022) es una comedia coming-of-age queer donde nuestro protagonista adolescente, Caleb (Troye Sivan, cantante y actor), descubre que ha estado expuesto al VIH y debe esperar tres meses para el resultado definitivo. Caleb transforma la angustia de esperar resultados de VIH en un relato vitalista sobre autodescubrimiento, amistad y amor en la adolescencia tardía. Ambientada en Florida, evita el melodrama para mostrar cómo un joven gay enfrenta el estigma moderno del VIH con humor, apoyo comunitario y resiliencia. Porque Jared Frieder, el director de esta película, inspirado en su propia experiencia, prioriza la alegría sobre la tragedia, diferenciándose de narrativas ochenteras.
Se nos presenta a Caleb como un estudiante ingenioso y extrovertido a punto de graduarse en el instituto. Tiene un encuentro sexual con un desconocido en una fiesta y, poco después, descubre que la pareja es VIH+ y que el condón se rompió, iniciando un período de tres meses de espera para su prueba confirmatoria: "Al parecer estaba caducado, como un maldito aguacate". En una clínica LGTBIQ+, conoce a Estha (Viveik Kalra), un chico más reservado también en espera de resultados, y forjan una conexión romántica mientras navegan miedos, rechazos familiares y la efervescencia del verano. Apoyado por su madre soltera y un consejero de la clínica, Caleb vive intensamente: fiestas, fotografía y reflexiones que lo llevan a madurar más allá del diagnóstico incierto.
Es así que esta película desmonta el estigma persistente, al presentar el VIH no como sentencia de muerte, sino como condición manejable con tratamiento accesible, enfatizando que la detección temprana y la profilaxis pre-exposición cambian el panorama para jóvenes. Y otro mensaje contundente: el estigma social y la homofobia residual afectan más la salud mental que el virus mismo en adolescentes LGTBIQ+.
Caleb encarna la vitalidad juvenil en búsqueda de su identidad, que usa el humor para lidiar con la vulnerabilidad sexual y el rechazo materno inicial, reflejando tensiones comunes en jóvenes gays que infravaloran riesgos en encuentros casuales. La relación con Estha explora el consentimiento, la intimidad emocional y el "qué pasaría si" del futuro, mostrando cómo el miedo al VIH cataliza crecimiento personal y lazos auténticos. Porque hoy en día esperar no es morir alrededor del sida, donde el protagonista aprende que el VIH es crónico, no terminal, promoviendo pruebas regulares y conversaciones abiertas sin pánico.
Girl, Positive y Three Months se constituyen en dos películas que afrontan el temor de un adolescente frente al sida desde dos perspectivas diferentes, y que en su visionado nos deja buenos mensajes para “prescribir” a nuestros hijos o alumnos.


