miércoles, 14 de enero de 2026

Terapia cinematográfica (19). Prescribir películas para entender los trastornos de la conducta alimentaria

 

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son afecciones médicas y de salud mental graves que se caracterizan por alteraciones persistentes en la ingesta o en el comportamiento alimentario. Estos problemas causan un deterioro significativo de la salud física, el funcionamiento psicosocial y el bienestar emocional. No son una elección o un estilo de vida. 

Los tipos de TCA más comunes, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), incluyen la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, los trastornos por atracón y otros. La infancia y, sobre todo, la adolescencia son períodos críticos para la aparición y el desarrollo de los TCA, y su impacto en estas etapas es particularmente grave. 

Su importancia es tal, que los TCA representan la tercera causa de enfermedad crónica en niños y adolescentes, después del asma y la obesidad. Y es por ello que cada 30 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria, que se identifica bajo el símbolo de un lazo, una cinta o una pulsera de color azul claro. 

No hay duda de que los TCA son enfermedades que requieren una detección precoz y una intervención especializada e intensiva para minimizar el riesgo de secuelas crónicas y salvar vidas. Son entidades que deben ser conocidas por los jóvenes que lo pueden sufrir, también por las familias y la sociedad. El cine, como poderosa herramienta de narrativa y comunicación visual, es un vehículo crucial para la sensibilización, el entendimiento y la prevención. 

Las formas positivas en que el cine puede ayudar en los TCA incluyen la desestigmatización y sensibilización, la educación sobre la complejidad de los y el fomentar la búsqueda de ayuda y la esperanza en la recuperación (quizás lo más importante, representando el proceso de tratamiento de forma constructiva, así como visibilizando el importante papel de la familia y el entorno). Además, el cine puede ser utilizado activamente por profesionales en programas de prevención y de terapia (la cineterapia puede ayudar a los pacientes a explorar sus sentimientos, facilitar la expresión emocional y analizar patrones de comportamiento de los personajes). 

Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales alrededor de los TCA en la infancia y adolescencia. Estas películas son, por orden cronológico de estreno: 

- Por el amor de Nancy (For the Love of Nancy, Paul Schneider, 1994), para profundizar en la lucha de los padres con una hija o hijo con TCA y el profundo coste emocional de la familia. 

- Secreto compartido (Sharing the Secret, Katt Shea, 2000), para descubrir el secreto que se esconde tras la bulimia nerviosa. 

- Miedo a comer (Thin, Laurent Greenfield, 2006), para convivir con las impactantes vivencias que acompañan a las personas con un TCA. 

- Hambre al límite (Starving in Suburbia (Thinspiration), Tara Miele, 2014), para realzar la importancia de la detección precoz y prevención de los TCA ante los riesgos de internet y las redes sociales. 

- Hasta los huesos (To the Bone, Martin Noxon, 2017), para reconocer cuando la comida se conviert en el enemigo de la anorexia nerviosa. 

- Ara (Pere Solés, 2018), para conocer la anorexia nerviosa desde el punto de vista de las pacientes hospitalizadas y su relación con los terapeutas. 

- Club Zero (Jessica Hausner, 2023), para concienciarnos de los riesgos del adoctrinamiento en ciertas prácticas nutricionales, como la alimentación consciente. 

Siete películas argumentales para sumergirnos en la cruda realidad personal, familiar y social de los TCA, y que nos permitirá extraer aspectos positivos frente a la desestigmatización y sensibilización, la educación y terapias, así como el fomentar la búsqueda de ayuda y la esperanza en la recuperación. 

Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.

lunes, 12 de enero de 2026

Inteligencia artificial para la docencia


La inteligencia artificial (IA) está impulsando una transformación metodológica profunda en las docencia, al actuar no solo como una fuente de información, sino como una herramienta de apoyo fundamental para el docente. Esta integración permite una evolución desde métodos tradicionales hacia prácticas pedagógicas más innovadoras y adaptables. 

La IA transforma la educación a través de los siguientes ejes: 

Optimización de la práctica docente: la IA funciona como una guía que habilita a los profesores para integrar nuevas tecnologías en su pedagogía, ofreciendo técnicas y estrategias para optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje. 

Creación de materiales y contenidos: mediante el uso de IA generativa, es posible desarrollar material didáctico personalizado, redactar textos, elaborar índices preliminares y crear imágenes decorativas para ilustrar los contenidos educativos. 

Gestión y seguimiento académico: las metodologías actuales se ven reforzadas por la capacidad de la IA para asistir en la evaluación y retroalimentación, el seguimiento del progreso de los alumnos y la gestión eficiente del aula. 

Nueva interacción pedagógica: se introduce el "arte de la interacción" con sistemas generativos, lo que requiere que tanto docentes como alumnos aprendan técnicas precisas para formular preguntas e instrucciones. 

Fusión de tecnología y pedagogía: la IA se entrelaza con el e-learning para crear una experiencia enriquecedora que no es estática, sino que se considera un "ente vivo" que se adapta y crece con el tiempo según las innovaciones del campo. 

Es fundamental destacar que, aunque la IA mejora la calidad y presentación de los contenidos, las fuentes advierten sobre limitaciones en el rigor de los datos, por lo que no se recomienda su uso como fuente directa de conocimiento sin supervisión humana. 

Según, esto: ¿Qué limitaciones presenta la IA como fuente directa de conocimiento? La principal limitación de la inteligencia artificial como fuente directa de conocimiento es la falta de rigor en los datos que proporciona. 

Falta de precisión y veracidad: debido a los problemas de rigor detectados, las fuentes indican explícitamente que la IA no se ha utilizado como fuente directa de conocimiento en la elaboración de materiales educativos fiables. 

Necesidad de supervisión humana: aunque la IA puede generar esquemas o borradores, estos deben ser adaptados y desarrollados posteriormente por personas sin el uso de la IA para garantizar su calidad y exactitud. 

Rol de apoyo, no de autoridad: las fuentes enfatizan que la IA debe incorporarse en el aula como una herramienta de apoyo y no como una fuente de información primaria o definitiva. 

Riesgos éticos: el uso de la IA conlleva aspectos éticos y limitaciones inherentes que deben ser analizados cuidadosamente antes de su integración en contextos pedagógicos. 

Algunos ejemplos de IA y uso: 

- Personalización del aprendizaje (diferenciación): herramientas como MagicSchool permiten tomar un mismo texto y adaptarlo a diferentes niveles de lectura (por ejemplo, nivel primaria vs. nivel secundaria) en un clic. Esto es vital para la inclusión de alumnos con necesidades diversas. 

- Ahorro de tiempo administrativo: con extensiones como Brisk Teaching (que se integra en Google Docs), puedes generar retroalimentación personalizada para 30 ensayos en una fracción del tiempo habitual, manteniendo un tono constructivo. 

- Creación de recursos multimedia: si necesitas un video explicativo o un podcast sobre un tema histórico, herramientas como Sodaphonic o Suno pueden generar audio, mientras que Edpuzzle ayuda a insertar preguntas interactivas en videos de YouTube para asegurar la comprensión. 

- Creación y análisis de información: NotebookLM de Google te permite subir tus propios materiales (PDFs, notas, videos) y crear una "base de conocimiento" privada donde la IA solo responde basándose en tus fuentes, evitando alucinaciones y facilitando el estudio a tus alumnos. Este recurso también permite la creación de recursos multimedia (videos y podcasts), generar mapas mentales, infografías o preguntas test. 

- Generación de ideas y contenido: cualquier chatbot (ChatGPT, Gemini, Qwen Chat, etc.) nos permite muchas opciones, y aunque la información que devuelve en ocasiones aún tiene “alucinaciones”, es una de las herramientas más habituales y multifuncionales. A diferencia, el motor de búsqueda Perplexity.AI está basado en información contrastada y definida y no tiene “alucionaciones".

sábado, 10 de enero de 2026

Cine y Pediatría (835) “Girl, Positive”, “Three Months” y el estigma adolescente frente del sida


El sida irrumpió en la historia contemporánea hace 45 años como una crisis global que desafió a la ciencia y transformó los paradigmas sociales. Su impacto trascendió lo clínico para generar una cultura de estigma, activismo y resiliencia que afectó a personas de todas las edades y condiciones. A través de la gran pantalla, el cine ha servido como testimonio de esta realidad, documentando tanto el dolor de la pérdida como la lucha por la dignidad humana frente a la enfermedad. En este sentido, recordamos películas icónicas como Philadelphia (Jonathan Demme, 1993), Los testigos (André Téchiné, 2007), Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013), The Normal Heart (Ryan Murphy, 2014), 120 pulsaciones por minuto (Robin Campillo, 2017), 1985 (Yen Tan, 2018), entre otras. 

Sin embargo, hay pocas películas centradas específicamente en el sida en la infancia y adolescencia. En Cine y Pediatría ya hemos revisado las siguientes películas alrededor del sida en la edad pediátrica: Juicio a un menor (John Herzfeld, 1989), Kids (Larry Clark, 1995), Que nada nos separe (Peter Horton, 1995), Yesterday (Darrell James Roodt, 2004) y Verano 1993 (Carla Simón, 2017). Y a estas sumamos hoy otras dos películas estadounidenses separadas entre sí tres quinquenios para indagar en el estigma del sida: Girl, Positive (Peter Werner, 2007), centrada en una adolescente heterosexual en los comienzos del sida, y Three Months (Jared Frieder, 2022), alrededor de un adolescente homosexual en la época más actual de la enfermedad.      

- Girl, Positive (Peter Werner, 2007) es un telefilme centrado en una adolescente de clase media-alta que se enfrenta al miedo a vivir con VIH y al estigma en su entorno escolar. Narrada a lo largo de varios días, conocemos a Rachel Sandler (Andrea Bowen), una popular estudiante de instituto que descubre que Jason, un deportista con el que mantuvo relaciones sexuales, ha muerto y que era consumidor de drogas por vía intravenosa y portador de VIH. A partir de esa noticia, emerge el miedo: tal vez ella también esté infectada, pese a no haber considerado nunca ese riesgo. 

La película funciona casi como un relato de iniciación donde la protagonista pasa de la negación y la desinformación a una posición de mayor conciencia, apoyada por una adulta seropositiva que vive con su enfermedad y su medicación en secreto. Ella es Sarah Bennett (Jennie Garth), la profesora sustituta, quien en clase ya les comenta a sus alumnos temas sobre infecciones de transmisión sexual (ITS) y sida: "Basta con una sola vez para infectar docenas de vidas", “Pensándolo bien, es difícil imaginar otra epidemia desde la peste negra de la Edad Media que haya causado tanto miedo", “En realidad, uno no muere de VIH. El VIH es un virus que ataca el sistema inmunitario. Soy voluntaria en la clínica gratuita de SIDA del centro y puedo garantizarles que los hombres homosexuales no son los únicos afectados por el VIH”. Y esta escena ya indaga en que la educación sexual que recibían los adolescentes era incompleta o evasiva: la escuela quizás prefería “no ver” el sexo ni las ITS, mientras los jóvenes tomaban decisiones basadas en intuiciones más que en información rigurosa. 

Y es así que Sarah anima a Rachel a acercarse a una clínica de sida para conocer su situación e informarse, pero la joven está demasiado aterrada como para hacerse la prueba y comparte sus dudas con la propia docente. Es entonces cuando Sarah le revela que lleva más de siete años viviendo en secreto con VIH, lo que, una vez descubierto por el entorno escolar, desencadena una espiral de rumores y exposición tanto para la alumna como para la profesora, pues el VIH se ha asociado a comportamientos “inmorales”, lo que conduce a culpa, vergüenza y aislamiento en adolescentes y jóvenes que viven con la infección. 

Cabe destacar las escenas en las que Rachel busca en internet información sobre la enfermedad y se encuentra con titulares así: “Más de 40 millones de personas viven en el mundo con VIH/sida”, “En USA la mitad de todas las nuevas infecciones se dan entre adolescentes y jóvenes adultos”, “50 jóvenes estadounidenses se infectan cada día de VIH”

Girl, Positive debe visualizarse como un material educativo audiovisual. Plantea en Rachel, nuestra protagonista, la importancia de las pruebas de VIH, del uso sistemático del preservativo y de la noción de que “no hay perfil” del seropositivo, desmontando la idea de que el riesgo es visible en el cuerpo o en la apariencia del otro. Y donde Sarah es un personaje puente, una adulta que comparte con la protagonista género, vulnerabilidad y experiencia de estigma, y que introduce una narrativa de empoderamiento más que de victimización. Su acompañamiento encaja con lo que recomiendan intervenciones centradas en jóvenes con VIH: modelos de rol positivos, trabajo en autoestima y habilidades para manejar la revelación del diagnóstico y las relaciones afectivo-sexuales. 

Una relación alumna–profesora muy particular y muy positiva, útil para trabajar en aula temas de sexualidad responsable, consentimiento informado, prueba del VIH y acompañamiento a jóvenes que viven - o temen vivir - con el virus. 

- Three Months (Jared Frieder, 2022) es una comedia coming-of-age queer donde nuestro protagonista adolescente, Caleb (Troye Sivan, cantante y actor), descubre que ha estado expuesto al VIH y debe esperar tres meses para el resultado definitivo. Caleb transforma la angustia de esperar resultados de VIH en un relato vitalista sobre autodescubrimiento, amistad y amor en la adolescencia tardía. Ambientada en Florida, evita el melodrama para mostrar cómo un joven gay enfrenta el estigma moderno del VIH con humor, apoyo comunitario y resiliencia. Porque Jared Frieder, el director de esta película, inspirado en su propia experiencia, prioriza la alegría sobre la tragedia, diferenciándose de narrativas ochenteras. 

Se nos presenta a Caleb como un estudiante ingenioso y extrovertido a punto de graduarse en el instituto. Tiene un encuentro sexual con un desconocido en una fiesta y, poco después, descubre que la pareja es VIH+ y que el condón se rompió, iniciando un período de tres meses de espera para su prueba confirmatoria: "Al parecer estaba caducado, como un maldito aguacate". En una clínica LGTBIQ+, conoce a Estha (Viveik Kalra), un chico más reservado también en espera de resultados, y forjan una conexión romántica mientras navegan miedos, rechazos familiares y la efervescencia del verano. Apoyado por su madre soltera y un consejero de la clínica, Caleb vive intensamente: fiestas, fotografía y reflexiones que lo llevan a madurar más allá del diagnóstico incierto. 

Es así que esta película desmonta el estigma persistente, al presentar el VIH no como sentencia de muerte, sino como condición manejable con tratamiento accesible, enfatizando que la detección temprana y la profilaxis pre-exposición cambian el panorama para jóvenes. Y otro mensaje contundente: el estigma social y la homofobia residual afectan más la salud mental que el virus mismo en adolescentes LGTBIQ+. 

Caleb encarna la vitalidad juvenil en búsqueda de su identidad, que usa el humor para lidiar con la vulnerabilidad sexual y el rechazo materno inicial, reflejando tensiones comunes en jóvenes gays que infravaloran riesgos en encuentros casuales. La relación con Estha explora el consentimiento, la intimidad emocional y el "qué pasaría si" del futuro, mostrando cómo el miedo al VIH cataliza crecimiento personal y lazos auténticos. Porque hoy en día esperar no es morir alrededor del sida, donde el protagonista aprende que el VIH es crónico, no terminal, promoviendo pruebas regulares y conversaciones abiertas sin pánico. 

Girl, Positive y Three Months se constituyen en dos películas que afrontan el temor de un adolescente frente al sida desde dos perspectivas diferentes, y que en su visionado nos deja buenos mensajes para “prescribir” a nuestros hijos o alumnos.