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sábado, 8 de agosto de 2026

Cine y Pediatría (865) “Magia más allá de las palabras”, la historia de J.K. Rowling


Todos conocemos el nombre de J.K. Rowling, la autora británica responsable de la saga infantil más exitosa de la historia: la saga Harry Potter, con más de 600 millones de libros vendidos en todo el mundo. Porque todos conocemos a Harry Potter y sus dos inseparables amigos (Ron Weasly y Hermione Granger), tres jóvenes magos de la casa Grynffidor, quienes se enfrentan a las fuerzas oscuras lideradas por Lord Voldemort. Y todos hemos viajado por esos entornos de arquitectura gótica y fantástica que va del Colegio Hogwarts al Ministerio de la Magia, pasando por el Callejón Diagon, el Número 4 de Privet Drive o el pueblo de Hongsmeade. 

La saga Harry Potter es un blockbuster global, tanto en sus siete novelas como en sus adaptaciones al cine, lo que hizo que J.K. Rowling pasara de una etapa en que tuvo que vivir de subvenciones del gobierno inglés, sumida en la depresión, a ser una de las mujeres más conocidas y ricas en el mundo de la literatura. Y es que de ella se conoce menos, y tras visionar la película Magia más allá de las palabras (Paul A. Kaufman, 2011), la biografía autorizada de J.K. Rowling, puedo asegurar que ella es el ejemplo paradigmático de esa frase tan inspiradora como real: que el único lugar donde la palabra “éxito” viene antes que la palabra “trabajo” es en el diccionario. Y también es una inspiradora historia para seguir creyendo que los sueños se pueden hacer realidad. 

Una película para la televisión que transcurre desde la infancia de Joanne Rowling, nacida en el año 1965, hasta la publicación de su primer libro de la saga, en el año 1997. Y para ello tres actrices la interpretan: Aislyn Watson a los 8 años, Madison Desjarlais a los 17 y Poppy Montgomery en la etapa adulta, quien lleva el peso de la historia. La película nos revela esa transformación radical que va desde la precariedad absoluta hasta convertirse en un ícono global. Este proceso puede estructurarse en las siguientes etapas clave, que son patentes en la película

- Orígenes y la chispa de la imaginación. Desde su infancia en una familia de clase media, Joanne Rowling mostró una imaginación desbordante, escribiendo su primera historia a los seis años. A pesar de que sus padres deseaban que estudiara algo "práctico" como negocios, ella optó por seguir su pasión literaria, aunque inicialmente estudió francés para complacerlos. La idea de Harry Potter surgió de manera "mágica" durante un viaje en tren en 1990, donde visualizó a los personajes principales y a gran parte de la trama antes de tener siquiera papel para escribirlo (incluso el nombre del protagonista fue inspirado por un amigo de la infancia, Ian Potter). 

- El periodo de crisis y "fracaso" absoluto. Esta etapa estuvo marcada por tragedias personales que profundizaron el tono de su obra. 
a) Duelo personal: la muerte de su madre en 1990, quien padecía esclerosis múltiple, le causó un dolor inmenso que volcó en la historia de Harry Potter, un niño que también lidia con la pérdida de sus padres.
b) Violencia y divorcio: sumida en la tristeza, se mudó pronto a Oporto para enseñar inglés, donde vivió un matrimonio abusivo con el periodista portugués Jorge Arantes, al que abandonó tras el primer año, dejándola sola con su pequeña hija, Jessica. Consiguió el divorcio en el año 1995. 
c) Precariedad económica: al regresar a Edimburgo en 1993, para estar cerca de su hermana Dianne, Rowling se encontró sin empleo ni hogar, dependiendo de los beneficios del gobierno para sobrevivir. En este punto, sufrió de depresión e incluso consideró el suicidio, sintiéndose como un "fracaso total". 

- Persistencia ante el rechazo. A pesar de su situación, Rowling escribía durante horas en cafés mientras su bebé dormía. El camino a la publicación fue arduo: su manuscrito fue rechazado por 12 editoriales diferentes que consideraban que los libros de magia no funcionarían o que la historia era demasiado larga; pero una pequeña editorial, Bloomsbury, aceptó el libro solo después de que la hija del presidente leyera el primer capítulo y quedara fascinada. No obstante, el pago inicial fue pequeño (1.500 libras) y le aconsejaron buscar un "empleo real" porque no esperaban que ganara dinero con la escritura. Es en este punto cuando su editor le aconseja cambiar el nombre de Joanne Rowling por uno más comercial, y que no muestre que es una mujer, pues pensaban que los lectores masculinos no lo leerían: y ahí surgieron las iniciales, añadiendo esa K por su abuela paterna, Kathleen. 

- El éxito mundial y la riqueza. La transformación se completó con un éxito sin precedentes: en 1997 se publicó el primer libro, “Harry Potter and the Philospher´s Stone", y pronto se convirtió en un éxito de ventas masivo, con subastas por los derechos en Estados Unidos que alcanzaron los seis dígitos. La saga se tradujo a más de 80 idiomas y se convirtió en una franquicia cinematográfica multimillonaria, también con amplio merchandising, convirtiéndola en una de las mujeres más ricas del mundo. Este último apartado y lo que continúa no forman parte de la película comentada, pero es muy relevante para entender su vida, obra y evolución como persona y literata. Decir que desde 2001 volvió a casarse y lo hizo con el anestesista escocés Neil Murray, con el que ha tenido otros dos hijos. 

- Transformación en filántropa y desafíos de la fama. Rowling utilizó su éxito para generar un impacto social, lo que incluso afectó su estatus financiero. Y en 2012, dejó de ser considerada multimillonaria debido a que donó millones a la caridad (especialmente para madres solteras e investigación médica, sobre todo a favor de la esclerosis múltiple que acabó con la vida de su madre) y pagó altos impuestos por convicción moral. Además, bajo el pseudónimo de Robert Galbraith escribió la serie de novelas policíacas y de misterio protagonizadas por el detective Cormoran Strike, y demostró que su lo suyo no era cuestión de suerte o de nombre, logrando que sus nuevas obras fueran un éxito de ventas una vez que se reveló su verdadera identidad. 

Como nota final, decir que a partir de 2020, Rowling se convirtió en una figura profundamente polarizadora en la sociedad británica tras expresar opiniones críticas con las leyes de reconocimiento de género y defender la importancia del sexo biológico. Esta postura suya ha provocado el rechazo de activistas y la han distanciado de actores de la saga de sus películas. 

En conclusión, la vida de Rowling es una lección de persistencia, donde sus mayores dolores y fracasos se convirtieron en la base de su éxito, demostrando que "el fracaso no es el fin" y que la grandeza se construye a través de la resiliencia. Por ello, a partir de ahora, al leer la saga de Harry Potter y visionar sus adaptaciones cinematográficas, vale la pena no olvidar a la gran mujer que hay detrás…y que hay mucha magia más allá de las palabras y las imágenes que nos ha dejado en ocho películas que adaptaron sus libros: 

1. Harry Potter y la piedra filosofal (Chris Columbus, 2001), adaptación del libro “Harry Potter and the Philosopher's Stone”, publicado en 1997. Donde Harry descubre su origen mágico al cumplir 11 años, ingresa en Hogwarts y comienza a desentrañar los misterios que rodean su pasada y la cicatriz de su frente. 

2. Harry Potter y la cámara secreta (Chris Columbus, 2001), adaptación del libro “Harry Potter and the Chamber of Secrets”, publicado en 1998. Donde un antiguo mal es liberado en el colegio, petrificando a varios estudiantes y obligando a Harry a resolver un misterio de hace medio siglo. 

3. Harry Potter y el prisionero de Azkaban (Alfonso Cuarón, 2004), adaptación del libro “Harry Potter and the Prisoner of Azkaban”, publicado en 1999. Donde el peligroso Sirius Black escapa de la prisión mágica de Azkaban y parece ir tras Harry, cambiando el tono de la saga hacia terrenos más oscuros y revelando la verdad sobre sus padres. 

4. Harry Potter y el cáliz de fuego (Mike Newell, 2005), adaptación del libro “Harry Potter and the Goblet of Fire”, publicado en 2000. Donde la trama se complica cuando Harry es seleccionado misteriosamente para el Torneo de los Tres Magos, un evento que culmina con el trágico y esperado regreso de Voldemort. 

5. Harry Potter y la Orden del Fénix (David Yates, 2007), adaptación del libro “Harry Potter and the Order of the Phoenix”, publicado en 2003. Mientras el Ministerio de la Magia se niega a creer que Voldermort ha regresado, Harry y sus amigos organizan un grupo secreto para prepararse para la guerra inminente. 

6. Harry Potter y el misterio del príncipe (David Yates, 2009), adaptación del libro “Harry Potter and the Half-Blood Prince”, publicado en 2005. Donde el mundo mágico se sumerge en el caos. Harry utiliza un misterioso libro de pociones mientras intenta descubrir el pasado oscuro de Voldemort. 

7 y 8. Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 1 (David Yates, 2010) y Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 2 (David Yates, 2011), adaptación del libro “Harry Potter and the Deathly Hallows”, publicado en 2007. El épico final, donde Harry, Ron y Hermione abandonan Hogwarts para buscar y destruir los Horrocruxes restantes, lo que lleva a la batalla final por el destino del mundo mágico. 

Por cierto, J.K.Rowling se implicó mucho en la adaptación de sus obras y exigió que todos los actores fueran británicos. Y esta serie cinematográfica a lo largo de una década contó con el mismo elenco de autores: Daniel Radcliffe como Harry Potter, Rupert Grint como Ron Weasley, Emma Watson como Hermione Granger, Alan Rickman como Severus Snape, Maggie Smith como Minerva McGonagall, Robbie Coltrane como Rubeus Hagrid, Tom Felton como Draco, Ralph Fiennes como Lord Voldemort, Gary Oldman como Sirius Black, Helena Bonham Carter como Bellatrix Lestrange,… 

Como anécdota decir que, a pesar de ser una de las franquicias más taquilleras de la historia, las ocho películas de la saga original acumularon 12 nominaciones en categorías técnicas y artísticas (como Mejores efectos visuales, Mejor dirección de arte y Mejor banda sonora original), pero no lograron ganar ninguna estatuilla. Pero el éxito es otro…  Comentar que además de la heptalogía principal, Rowling ha expandido este universo con varios libros complementarios, entre ellos “Animas fantásticos y dónde encontrarlos”, “Quidditch a través de los tiempos” y “Los cuentos de Boodle el Bardo”. 

Desde hace tiempo, cuando presento un nuevo libro de la saga Cine y Pediatría, suelo hacer un guiño a J.K. Rowling, diciendo aquello de “que tiemble J.K. Rowling, pues ella publicó 7 libros de la saga Harry Potter y yo ya llevo 15 de la saga Cine y Pediatría (y los que puedan venir)”. Y lo decía con simpatía y respeto. Pero, tras conocer su verdadera vida detrás del Colegio Hogwarts, mi simpatía y respeto solo ha hecho que aumentar. Porque hay magia detrás de sus palabras,… la magia de su propia vida.

 

sábado, 11 de abril de 2026

Cine y Pediatría (848) “La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet” y su activismo por la libertad digital

 

“Existe leyes injustas; ¿deberíamos contentarnos con obedecerlas, o deberíamos trabajar en enmendarlas y cumplirlas hasta tener éxito, o deberíamos transgredirlas desde el principio?” La película La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet (Brian Knappenberger, 2014) comienza con esta frase de Henry David Thoreau, escritor, filósofo y naturalista estadounidense, figura clave del trascendentalismo y pionero de la ecología y los derechos civiles. La película fue estrenada en el Festival de Sundance, y se rodó con crowdfunding, usando material de archivo de Swartz, quien grababa su vida como "diario digital". 

Y esta impactante película documental parte de la noticia de su fallecimiento, cuando un 11 de enero de 2013, a los 26 años, Aaron Swartz, un prodigio de la programación y un ferviente activista de internet, fue hallado muerto en su apartamento de Brooklyn. Se había suicidado mediante ahorcamiento y su familia y defensores denunciaron una persecución estatal desproporcionada e intimidatoria. Y tras ello se nos comienza a narrar la infancia de este chico nacido en 1986 en Chicago y ello a través de los testimonios de sus padres y sus dos hermanos. Un niño prodigio, inquieto por aprender y conocer, y que a la temprana edad de 3 años comenzó ya a manejar los ordenadores de la época. Y muy joven comenzó a programar con sus hermanos. Con menos de 14 años ya compartía debates con profesionales de la informática, que se acostumbraron a sus manías, como la de comer solo alimentos blancos (arroz, pan,…). Porque pronto intentó encajar en el mundo, donde no siempre se sentía a gusto, como el mundo tampoco siempre se sentía a gusto con él. Cosas de su personalidad… que se vio acompañado en su vida de episodios de depresión en una vida demasiado activa y convulsa para su edad. Veamos algunos episodios que nos relata la película. 

Se interesó por los derechos de autor (copyright) y ello por medio de Lawrence Lessing, profesor de Derecho que creó el concepto de Creative Commons (CC), junto con otros expertos en derecho y tecnología. Y muy joven trabajó con ellos en el desarrollo de esa idea, pues a los 15 años ayudó a diseñar la capa de código de las licencias para que fueran legibles por máquinas. Y no tardó en escribir una frase muy significativa: “Quiero hacer del mundo un lugar mejor. Sufría ya de colitis ulcerosa y el tratamiento con corticoides detuvo su crecimiento. 

Se apuntó en 2004 a la Universidad de Stanford. Creó Y Combinator y de ahí surgió Reddit, lo que llegaría a ser una inmensa plataforma de redes sociales y foros de debate, un lugar que con sus sub-Reddit casi se convirtió en un caos. Por ello vendieron Reddit. Odiaba trabajar para una empresa, odiaba trabajar para Condé Nast y se autodespide al no presentarse más al trabajo. Él se inspiraba en Tim Berners-Lee, que cedió gratuitamente la Worl Wide Web (WWW) al mundo, y trabajó más adelante en Open Library, impulsando la digitalización masiva de libros, y en PACER (Public Access to Court Electronic Records), que es el sistema de acceso público a archivos electrónicos de los tribunales federales de los Estados Unidos, usado para revisar expedientes y documentos judiciales. Lucho contra el lucro frente a empresas editoriales científicas como Elsevier, uno de los fraudes consentidos más generalizados de la publicación científica: los científicos hace el trabajo, las editoriales ganan el dinero, mucho dinero, un dinero escandoloso. 

Lucha contra SOPA (Stop Online Piracy Act) / PIPA (Protect IP Act) en 2011-2012, anticipando la ley que censuraría internet para proteger derechos de autor; crea Demand Progress, una plataforma que recoge 300.000 firmas y moviliza a Google, Wikipedia y miles de sitios en un "apagón" global. La ley cae, pero Aaron se radicaliza. Pirateó JSTOR (Journal Storage), la biblioteca digital y base de datos académica estadounidense que alberga más de dos mil millones de páginas de revistas científicas, libros y fuentes primarias. Descargara 4,8 millones de artículos en un juego del gato y el ratón, hasta que lo descubren, lo graban y le siguen cuando lo hacía en un trastero del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Fue arrestado por 13 cargos federales: "fraude informático", con penas potenciales de 35 años y 1 millón de dólares en multas. Y el seguimiento por el FBI pasó factura al llamar la atención del sistema criminal, cuando no lo todos están de acuerdo en considerarlo tal. 

Tuvo aspiraciones políticas… y no podía creer que continuaría en esa línea como un criminal. No había matado ni herido, no había robado dinero, se había apropiado de la información de artículos con los que no iba a comerciar. Pero siguió siendo considerado una violación comercial criminal. Y así se comenta por un entrevistado: “Si observas a Steve Jobs y Steve Wozniak, ellos comenzaron vendiendo Cajas Azules, aparatos designados para estafar a las compañías de teléfonos. Si observas a Bill Gates y Paul Allen, ellos comenzaron su negocio usando computadoras de Harvard, lo que estaba claramente en contra de las reglas. La diferencia entre Aaron y las personas que acabo de mencionar es que Aaron deseaba hacer del mundo un lugar mejor, y no solo ganar dinero”. 

Lo cierto es que Swartz fue atrapado en los engranajes de un sistema judicial brutal del que no se podía salir. El fiscal federal Carmen Ortiz y el Secret Service lo acosan con vigilancia, registros y presiones para declararse culpable. Aaron rechaza acuerdos, hundiéndose en depresión. Le fue minando la salud y entró en un depresión grave, pues fueron dos años de una intensa presión mediática, profesional y social. El suicido fue su último paso… Y restan las palabras que Tim Berners-Lee le dedicó: “Aaron está muerto. Caminantes de este mundo loco, hemos perdido a un maestro, un sabio mayor. Hacker por derecho, somos uno menos, perdimos a uno de los nuestros. Criadores, cuidadores, oidores, alimentadores, padres, todos, hemos perdido a un hijo. Lloremos juntos”. Porque él era el chico de internet y el viejo mundo lo asesinó. 

Lo cierto es que su muerte catalizó varias reformas y propuestas legislativas en EE.UU. para promover el acceso abierto a investigaciones financiadas con fondos públicos, en línea con su activismo por la "guerrilla open access". Su muerte genera la "Aaron Swartz Day" anual (alrededor del 8 de noviembre), reformas como la "Ley de Aaron Swartz" para acceso abierto a investigaciones federales, y boicots a JSTOR/MIT. 

La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet es un biopic que se estrenó hace 12 años, lo que se antoja una eternidad al revisar temas relacionados con la evolución de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial (IA). Pero debe entenderse como mucho más que un biopic, pues es un manifiesto urgente contra la mercantilización del saber y nos deja algunos mensajes claros sobre el acceso al conocimiento como derecho humano ("La información es poder, y hay quienes quieren monopolizarlo", resume el film) y una profunda reflexión sobre la salud mental en los genios que quieren cambiar el mundo, advirtiendo del riesgo de ese activismo sin red de apoyo. 

Revisar esta película en el año 2026 no es solo un ejercicio de nostalgia digital; es una necesidad crítica para entender hacia dónde se dirige nuestra sociedad en la era de la IA generativa y la consolidación de los monopolios de datos: 1) la lucha por el acceso al conocimiento: mientras Swartz fue perseguido por intentar "liberar" artículos académicos para el bien común, hoy vemos una tensión similar, con cuestiones como ¿de quién es la información que alimenta a la IA? o ¿debe el conocimiento ser libre o un producto de suscripción?; 2) la ética de la programación y el activismo: Swartz no solo escribía código; escribía código con conciencia (y ayudó a crear el RSS y las licencias Creative Commons), por lo que ahora que los algoritmos de IA suelen ser "cajas negras" opacas, nos invita a preguntarnos si ¿estamos construyendo herramientas para empoderar a las personas o para vigilarlas y manipularlas?; 3) la centralización de la red: Swartz luchó contra leyes como SOPA y PIPA, que amenazaban con censurar internet, pero la amenaza de hoy es que internet se ha vuelto más cerrado con la IA, donde el contenido sintético corre el riesgo de ahogar la voz humana original. 

El debate sigue servido… y el activismo por la libertad (y seguridad) digital no debe cejar.

 

sábado, 28 de junio de 2025

Cine y Pediatría (807) “Un ángel en mi mesa”, la salvación por la literatura

 

Literatura y cine son dos artes hechas para encontrarse. En una conferencia que realicé en el 54 Congreso Nacional de Pediatría de México CONAPEME 2023, bajo el título de “Literatura y cine, una historia de amor inacabada”, subrayaba que estas dos artes se encuentran a menudo a través de los guiones cinematográficos adaptados a partir de obras literarias. Y revisamos que, a lo largo de la historia, los escritores más adaptados al cine y televisión están encabezados por la trilogía formada por Shakespeare, Chéjov y Dickens. Y también destacamos que películas icónicas proceden de libros inolvidables a nivel internacional, como es el caso de “The Wonderful Wizard of Oz” de Lyman Frank Baum, “Little Women” de Louisa May Alcott, “Le avventure de Pinocchio” de Carlo Collodi, "Alice's Adventures in Wonderland” de Lewis Carroll, “The Lord of the Flies” de William Golding o “Le Petit Prince” de Antoine de Saint-Exupèry; pero también pueden ser historias de cine que proceden de novelas menos conocidas. como “El juego de los niños” de Juan José Plans, “¿Qué me quieres, amor?” de Manuel Rivas o “Los Pelones” de Albert Espinosa, por destacar algunos títulos de nuestro propio país.  

Y hoy vamos a conocer a través del cine a Janet Frame (1924-2004), novelista, escritora de cuentos y poeta neozelandesa, bastante desconocida por estos lares. Y cuya vida es quizás su mejor obra, una vida marcada por su estado mental, donde la literatura fue su salvación… con el mensaje que de ello se deriva. Porque en la década de 1980, Frame escribió tres volúmenes de su autobiografía (“To the Island”, “An Angel at my Table” y “The Envoy from Mirror City”) y con ello pretendía “dejar las cosas claras” con respecto a su pasado y, en especial, sobre su estado mental. Una trilogía literaria que fue trasladada para un largometraje televisivo: Un ángel en mi mesa (Jane Campion, 1990). La exitosa adaptación cinematográfica permitió conocer mejor a Janet Frame, tanto en su papel como persona como en su rol como escritora, y ello a lo largo de diferentes etapas de su vida (infancia, adolescencia, juventud y madurez), lo que permitió sacar a la luz a esta artista e introdujo una nueva generación de lectores de sus obras. Se ha especulado mucho sobre el estado mental de Frame, e incluso algún autor ha manifestado la posibilidad de que tuviera rasgos de trastorno del espectro autista. 

Las actrices Kerry Fox, Alexia Keogh y Karen Fergusson retrataron a la autora en distintas edades y en lo que es un retrato íntimo y honesto de una vida marcada por la soledad, la incomprensión y, finalmente, el triunfo del espíritu creativo. Todas ellas bajo la dirección de una de las directoras neozelandesas más conocidas, Jane Campion, quien ya demostró su calidad técnica y sus sensibilidad para el cine con títulos como las oscarizadas El piano (1993) y El poder del perro (2021), así como en otros films como Retrato de una dama (1996) o Bright Star (2009). La película es un retrato íntimo y honesto de una vida marcada por la soledad, la incomprensión y, finalmente, el triunfo del espíritu creativo. Y como en la novela original, también la película se estructura en tres actos, cada uno interpretado por una actriz diferente que encarna a Janet en una etapa de su vida: la niñez, la adolescencia y la adultez. 

- Parte 1. En la isla (en la tierra del ser) 

Los primeros pasos de un bebé… luego una niña con una cabellera pelirroja característica, con sobrepeso y poco agraciada y su voz en off: “Esta es la historia de mi infancia. En agosto de 1924 nací como Janet Paterson Frame. Mi hermana melliza que nunca tuvo nombre, murió dos semanas más tarde”. Con esta niña Janet (interpretada por Karen Fergusson), que vive en la Nueva Zelanda rural, conocemos a su humilde familia numerosa, con cuatro hermanas durmiendo en la misma cama y un hermano con ataques epilépticos. Se nos muestra como una niña tímida y solitaria, con una imaginación desbordante y su pasión por la lectura y la poesía… y escribe su primer cuaderno de versos. Aunque su familia la apoya, Janet se siente diferente y no encaja con los demás niños de su edad. 

Se hace adolescente (interpretada por Alexia Keogh) y, ya en el instituto, Janet se muestra extremadamente sensible, introvertida y socialmente torpe. La tragedia golpea a la familia (con la muerte de su hermana mayor, ahogada), lo que la hace replegarse aún más en su mundo interior. Su timidez y ansiedad son malinterpretadas por los demás como un signo de enfermedad mental. Y en vísperas de entrar en la universidad, quema sus libros de poemas y parte en tren a su nuevo destino… 

- Parte 2. Un ángel en mi mesa 

Comienza con un diálogo entre Prospero y Ariel de la obra “La tempestad” de Shakespeare: “No habría alma que no sintiese la fiebre de la locura y no diera señales de desesperación”. Nuestra joven Jane (interpretada por Kerry Fox), ahora universitaria, estudia todo el tiempo y ella misma se define: “Demasiado tímida para hacer amigos. Demasiado asustada para entrar en el comedor estudiantil. Estaba cada vez más sola. Mi único romance eran la poesía y la literatura”. Y se aísla poco a poco, incluso cuando comienza con su profesión de maestra. Con la llegada de un inspector se paraliza y no es capaz de dar la clase y huye presa de un temor y ansiedad inexplicables. Abandona la profesión y busca otros trabajos, mientras ansía dedicarse a la poesía. 

Después de un colapso nervioso, le aconsejan que se recupere en un hospital psiquiátrico una temporada, allí donde es diagnosticada erróneamente de esquizofrenia. “Sabes, Janet, cuando pienso en ti, pienso en Van Gogh, en Hugo Wolf. Muchos artistas han sufrido esquizofrenia”, le dice un mentor y ella sonríe. Durante los siguientes ocho años, sufre una serie de tratamientos brutales y ella nos lo explica: “En los siguientes ocho años recibí más de 200 aplicaciones de electroshocks, cada uno equivalente en miedo, a una ejecución”. Su única vía de escape y salvación es la escritura, que le permite mantener su cordura y su mundo interior intacto. En estos momentos llega otra nueva mala noticia, pues su hermana Isabel también muere ahogada, se repite la tragedia… Esto no ayuda mucho a nuestra protagonista: “Me consolaba escribiendo, pero no podía quedarme en Willowglen, ni escapar del horror de mis dientes arruinados…”. 

Justo antes de ser sometida a una lobotomía, un evento que cambiaría su vida para siempre, Janet gana el prestigioso premio literario Hubert Church por su primer libro, “La laguna”, una serie de cuentos cortos. Este reconocimiento inesperado la salva del procedimiento y la libera del hospital. Conoce a otro escritor mayor que ella, Frank Sargeson, quien le invita a vivir con él en el campo y poder dedicarse a escribir. Y así lo hace y se le ve por fin feliz, consiguiendo que le publiquen otro libro. Y Frank le consigue que pueda viajar a Europa con una beca literaria. 

- Parte 3. El enviado de Mirror City. 

Ya como escritora aclamada, emprende un viaje a Europa: Londres, París, hasta recalar en la pintoresca Costa Brava. La película retrata su estancia en esta zona del Alt Empordà, un período en el que explora su libertad y continúa desarrollando su vocación literaria, marcada por la proximidad del Mediterráneo y el paisaje agreste característico de la región, cercana al que fuera el hogar de Salvador Dalí en Portlligat. Allí, aunque sigue siendo socialmente inexperta, experimenta el amor, el desengaño y la libertad de ser ella misma por primera vez. 

Pero regresa a la gris y fría Londres. Y regresa embarazada. Y cuando intenta trabajar de enfermera, el antecedente psiquiátrico le cierra las puertas. Y comienza a trabajar pintando muñecas, en lo que puede. La idea del suicidio rondando… y reingresa como paciente voluntaria: “Finalmente concluyeron que yo nunca había padecido esquizofrenia. Al principio, la verdad, me pareció más aterrador que la mentira. ¿Cómo podía ahora pedir ayuda, si no había nada malo en mí?”, y acaban explicándole que todos los problemas que ha tenido han sido consecuencias de tantos años en el hospital. Y le aconsejan que escriba un bestseller sobre sus experiencias en Nueva Zelanda…y para ello el editor le deja un apartamento para que viva fuera de las cloacas en las que lo ha hecho siempre. 

La película concluye con Janet regresando a su hogar, tras la muertes de sus padres, una mujer que ha encontrado su voz y su lugar en el mundo, en su propia soledad, que ahora es elegida y fructífera. 

Porque Un ángel en mi mesa es mucho más que un biopic. Es una meditación sobre la resiliencia del espíritu humano, el poder redentor del arte y la importancia de aceptar la propia singularidad. Nos deja con la reflexión de que la "normalidad" es una construcción social, y que la verdadera libertad reside en abrazar quiénes somos, con todas nuestras peculiaridades, para encontrar nuestro propio lugar en el mundo, incluso si ese lugar es en una mesa, con un ángel invisible, escribiendo. Y todo ello bajo una dirección de Jane Campion respetuosa y profundamente humana, evitando el sentimentalismo fácil. Porque en esa infancia y adolescencia que nuestra protagonista vivió en la primera mitad del siglo XX es posible que muchos de los comportamientos fuera de la norma se trasladaran al campo de la psiquiatría, aunque revisado hoy en día es posible que hubiera presentado un trastorno del espectro autista de alto funcionamiento. Allí donde la literatura fue el refugio y la salvación de nuestra protagonista, y su legado. 

Cine y literatura se dan la mano en esta película que despierta una amplia gama de emociones y ofrece profundas reflexiones sobre la condición humana: la empatía y compasión por una mujer que es juzgada y maltratada por ser "diferente" en todas las etapas de su vida; la fuerza del arte y la creatividad, hasta convertir a la escritura en el ancla de su salvación; la soledad y la búsqueda de la identidad, mostrándonos que ser diferente no es una enfermedad, sino una forma válida de ser y de existir; y la importancia de la autoaceptación… el mejor ángel en nuestra mesa.

 

sábado, 11 de abril de 2020

Cine y Pediatría (535). “Conociendo a Astrid” más allá de Pippi Calzaslargas


Hay personajes literarios que han trascendido al tiempo y espacio hasta convertirse en un icono y casi un símbolo de nuestra niñez y juventud. Uno de estos personajes fue aquella niña de nueve años, pecosa, de sonrisa burlona y coletas pelirrojas totalmente tiesas, las medias de rayas y los zapatos varias tallas más grandes, quien vivía sola junto a su caballo y su mono (Mister Nelson) y que tenía una maleta llena de monedas de oro. Todos la conocimos por “Pippi Calzaslargas”, pues así era el título de la primera novela de la novelista sueca Astrid Lidgren publicado en el año 1945. La primera aventura de Pippi comienza con su llegada a Villa Mangaporhombro, en un pequeño pueblo que revoluciona rápidamente por su peculiar forma de vivir y sus extravagancias. Se hace amiga de sus vecinos Tommy y Annika, que están admirados con sus disparates, los cuales funcionan como contrapunto a sus locuras y a los que siempre acaba arrastrando en sus iniciativas. 

Lo cierto es que a la autora le costó publicar el libro, ya que al principio las editoriales pensaban que era “poco apropiado”. Finalmente y animada por el éxito publicó otros dos más: “Pippi se embarca” y “Pippi en los mares del sur”. Un personaje icónico reconocible en cualquier parte del mundo y cuya imagen estaba marcada por la extravagancia y el humor. Un símbolo para los niños… y los adultos, en quien el humor absurdo formaba parte de su fuerte personalidad, así como esa actitud totalmente espontánea frente a los adultos, lo que le permitía decir y hacer cosas que no debiera. Pero también Pippi era un símbolo de rebeldía contra la autoridad y las estructuras sociales tradicionales, como un personaje antiautoritario, optimista, trasgresor y con espíritu inquebrantable, así como un ejemplo de la niñas que no quieren ser princesas

Pippi se convirtió en un todo un fenómeno, a pesar de sus detractores (que los tuvo), y ha tenido varias ediciones y adaptaciones, alcanzando mayor eco por la serie sueca de televisión Pippi Långstrump (en España, Pippi Calzaslargas), que provocó un auténtico revuelo e hizo archiconocida a la pequeña actriz Inger Nilsson. 

Pero detrás de este personaje nos encontramos a la autora sueca Astrid Lindgren, una de las grandes figuras de la literatura infantil de todos los tiempos. Fue una autora muy prolífica en años (95) y en libros (80), y las adaptaciones de sus obras al teatro y sobre todo al cine le dieron una gran fama en Suecia. Desde la década de los 50 hasta los 80 se realizaron 17 películas basadas en los cuentos de Lidngren. Durante los años 60 escribió directamente textos para la televisión y las series de televisión se convirtieron igualmente en éxitos inmediatos. 

Y lo cierto es que Astrid Lindgren y Pippi Calzaslargas, la creadora y su creación, son muy diferentes y también muy iguales. Y hoy hablamos de una película que intenta descubrir a la novelista para llegar a entender su mayor creación literaria: Conociendo a Astrid (Pernille Fischer Christensen, 2018), inspirada en hechos reales de su biografía. 

Y la película comienza con una anciana que abre cientos de cartas de felicitación por su cumpleaños, cartas con dibujos enviadas por los niños y niñas, donde en una cinta grabada le preguntan: “¿Cómo puede escribir tan bien sobre ser un niño cuando hace tanto tiempo que lo fue?”. Y a partir de ahí un flasback cinematográfico nos devuelve a la beata, tradicional y aburrida sociedad de un pueblo de Suecia de principios del siglo XX, allí donde se crió Astrid Ericsson (Alba August, hija de un matrimonio icónico del cine escandinavo ya presente en Cine y Pediatría: el director danés Bille August - y su gran obra Pelle El Conquistador – y la actriz y directora sueca Pernilla August – quien debutara en Fanny y Alexander), entre el frío de la habitual nieve y en una familia religiosa, donde el padre es el sacristán del pastor protestante de la comunidad. 

Amante de la lectura y escritura, de joven comenzó a trabajar como secretaria en un periódico, confirmando su talento para la narración de historias. Allí donde el director del periódico local, Reinhold Blomberg (Henrik Rafaelsen), un adulto casado que le coge tanta estima que ocasiona su embarazo como adolescente de 16 años. Embarazo y pareja que no son aceptados por su familia, por lo que tiene que huir del pueblo y se refugia en Estocolmo. Y ya con este prolegómeno entendemos el mensaje de otra de esas cartas que recibe en su actual cumpleaños en su vejez: “Escribes mucho sobre la muerte… Pero cuando leo tus libros, me siento más viva que nunca”

Reinhold dice quererla, pero no consigue el divorcio y teme la cárcel por adulterio. Decide salir adelante sola y busca la solución en Dinamarca, allí donde no es necesario registrar el nombre del padre. Y allí pare y deja en acogida a su hijo, entre un mar de lágrimas y con vendas alrededor de su pecho para evitar la producción de leche y que nada se note a su vuelta a Estocolmo. Y los padres adúlteros de tan diferente edad siguen adelante con su relación, a espaldas de la sociedad y de su familia, quien le pide que abandone a su hijo (en un cruel sentido cercenador que tiene sobre esos abuelos el peso de los pecados de la religión), aunque le digan aquello de “Tu madre solo quiere lo mejor para ti”. Y Astrid sigue separada de su hijo: “Mi bebé… Necesito verlo, quiero abrazarlo”.

Pasan los meses y los años con Astrid y su hijo separados, donde nuestra protagonista comienza a entender el “nature or nurture”, al sentir que su hijo no la reconoce como madre y estima a Marie (Trine Dyrholm), la mujer danesa que le cuida. Pero Marie enferma y ya no queda más remedio que volver con él, pese a todo y todos, y resuena el último consejo de Marie: “Solo necesita amor. Mucho amor. Dáselo”. 

Y al regreso, les esperan más dificultades, pues su hijo enferma, y el doctor asevera: “Es tos ferina. No se puede hacer nada. Vendré dentro de una semana”. Por fortuna acaba viendo luz al final del túnel, gracias a Sture (Björn Gustafsson), el nuevo jefe que tiene en el trabajo. Y de ahí ese colofón final: “Astrid se casó con Sture y se convirtió en Astrid Lindgren. Las historias de Pipi Calzaslargas le dieron éxito como escritora y llegó a ser una de las más grandes escritoras infantiles y una mujer icono de nuestro tiempo”. 

Es por tanto, Conociendo a Astrid, un adecuado biopic de la escritora sueca, pero también un película que nos permite reflexionar sobre temas ya afrontados en Cine y Pediatría, como el embarazo en la adolescencia, el acogimiento y la adopción. Una película sobre la superación de las dificultades y que nos permite recordar cómo este fenómeno mundial que es el personaje de Pippi lo concibió cuando ese hijo tan querido, con siete años, se encontraba enfermo de una infección pulmonar en el invierno de 1941, y allí se inventó este personaje para matar el tedio en sus horas de encierro. Dos años después, mientras Astrid Lindgren reposaba de una fractura en la pierna, aprovechó su tiempo para escribir las aventuras de esta niña traviesa que pronto daría la vuelta el mundo y se convertiría en un símbolo feminista. Feminista como esta película con cuatro mujeres clave: su directora, Pernille Fischer Christensen, su actriz, Alba August, la propia escritora, Astrid Lindgren, protagonista de todo ello, y claro está, Pippi Calzaslargas. 

Conociendo a Astrid es una película entrañable que nos permite ver más allá de Pippi Calzaslargas, tras esa infancia, adolescencia y juventud nada fácil de su creadora, esa voz trasgresora que dio voz a la infancia rebelde. Y que hace que comprendamos mejor esa carta final de ese niño hacia nuestra anciana Astrid: “Como todos esos niños de tus libros, se nota que te gustamos”. 

sábado, 3 de febrero de 2018

Cine y Pediatría (421). La gran lección de vida de “Mi pie izquierdo”


Se define la parálisis cerebral como un grupo de trastornos crónicos y no progresivos debidos a alteraciones del cerebro producidas en las primeras etapas de la vida que se caracterizan por alteraciones de la postura, movimiento y equilibrio y que se asocian frecuentemente a convulsiones y a déficits sensoriales y del intelecto. Es un síndrome, ya que puede ser consecuencia de muchas causas, todas ellas acaecidas prenatalmente, durante el nacimiento y en los primeros años de vida, de ahí la frecuente denominación como parálisis cerebral infantil (PCI). 
Es conocido que la PCI no es una entidad homogénea, y se diferencia en cuatro formas básicas: las parálisis cerebrales espásticas (con aumento de tono muscular), las atetoides o discinéticas (con movimientos anormales, lentos, incoordinados e incontrolados), las atáxicas (con trastornos del equilibrio) y las mixtas. La localización de las manifestaciones motoras determina que se diferencia entre hemiplejías (afecta a un lado del cuerpo, con la afectación del brazo y pierna de ese lado), diplejías (afectan las dos extremidades inferiores y con mucha menos frecuencia las dos extremidades superiores) y tetrapejías (afectan las cuatro extremidades). 

Es la PCI un tema de gran interés sanitario y social, y que implica a muchos profesionales sanitarios: no solo obstetras y pediatras, sino también rehabilitadores, fisioterapeutas, logopedas, psicólogos, educadores y asistentes sociales, entre otros. Pero sobre todo implica a las familias, implica a la sociedad. Y el cine no ha sido ajeno a ello, con películas en el que la PCI puede ser un aspecto puntual, relevante o incluso argumental. Ya hemos tratado de una película argumental en Cine y Pediatría en este sentido: Las llaves de casa (Gianni Amelio, 2004). Y hoy tomamos el pulso a otra película argumental, que se sigue recordando con agrado casi tres décadas después: Mi pie izquierdo (Jim Sheridam, 1989). 

Porque Mi pie izquierdo es la primera película del irlandés Jim Sheridan, un biopic sobre el escritor, pintor y poeta irlandés Christy Brown (1932-1981) que impactó desde el primer momento, como demostraron sus cinco nominaciones al Oscar (obteniendo finalmente dos estatuillas: mejor actor principal para Daniel Day-Lewis y mejor actriz de reparto para Brenda Fricker). Porque en los albores de la década de los 90 Sheridan y Day-Lewis nos dejaron lo que podríamos denominar su "trilogía irlandesa", que se inició con esta obra y que se continuaría con la sensacional En el nombre del padre (1993) y The boxer (1997), películas reivindicativas, sociales y pro irlandesas. De todas formas ninguno de estos aspectos político-sociales los veremos en Mi pie izquierdo, donde la verdadera reivindicación es la lucha por la vida, la lucha por uno mismo, por la propia dignidad y la superación personal. Jim Sheridan llegó a ser uno de los mejores directores de final del siglo XX en el Reino Unido, aunque su actividad se fue diluyendo en este siglo XXI, con alguna obra que también ha formado parte de Cine y Pediatría, como fue En América (2002). 

Y es Mi pie izquierdo la fusión de dos personas, de dos personajes: Christy Brown y Daniel Day-Lewis, su alter ego en la película. Christy Brown es el décimo hijo de una familia católica obrera de Dublín que llegó a tener 22 hijos (de los que solo sobrevivieron 13), el único con problemas al nacimiento, afecto de un posible encefalopatía hipóxico-isquémica secundaria a asfixia perinatal y que dio como resultado una PCI atetósica que solo le permitía controlar el movimiento de su pie izquierdo, una PCI con ausencia inicial del lenguaje (que la doctora Eileen Cole le ayudó a superar) y con sus capacidades mentales íntegras. Y Daniel Day-Lewis mimetiza de tal forma el personaje que era difícil imaginar que no fuera a ganar ese merecido premio de interpretación (el primero de sus tres Oscar, que luego alcanzaría también con Pozos de ambición - Paul Thomas Anderson, 2007 - y con Lincoln - Steven Spielberg, 2012 -). 

Una película planteada en sucesivos flashbacks desde el momento que nuestro protagonista acude a recibir un premio alrededor de su primer libro, "My Left Foot", publicado en el año 1954 (y que resultó ser el primero de los 7 libros que escribió, más dos póstumos publicados). Escenas retrospectivas alrededor del nacimiento, la infancia y la juventud de Christy Brown. 

"¿Sr. Brown? Su hijo nació hace un par de horas. Hubo algunas complicaciones", son las palabras de la enfermera de un hospital de Dublín en un lejano año 1932. Palabras que luego se adornan con las bromas de mal gusto de sus amigos, al ser conocedores de su familia supernumerosa: "Paddy, supongo que ya no traerás más hijos a este mundo". Una infancia rodeado de una madre coraje y protectora (magistralmente interpretada por Brenda Fricker), pero que le llega a decir a Christy cuando tiene que volver al hospital a parir un nuevo hijo: "No puedes estar tan apegado a mí toda la vida". Una infancia junto a un padre más duro y menos afectivo: "Es minusválido. Acepta la realidad. No le irá bien a nadie que le metan ideas en la cabeza", son sus palabras a su mujer cuando comienza a ver a su hijo que intenta escribir con el pie izquierdo, el único miembro con movilidad propia. Una infancia junto a sus numerosos hermanos, que viven en una pequeña vivienda y que duermen juntos en la misma habitación. Una infancia junto a sus amigos de barrio, intentado la vida lo más normal posible junto a su discapacidad motora y de comunicación verbal. Uno de los momentos más maravillosos de toda la película es aquel en el que Christy (interpretado como niño por Hugh O´Conor) logra escribir la palabra "Mother" en el suelo. 

Una juventud en busca del amor (no platónico). El amor incondicional de la madre. El amor a su manera del padre. El amor que él buscó en alguna mujer, un amor no solo platónico como el de Eileen Cole, su médico rehabilitadora, y de cuyo desencuentro surgen las palabras de su madre: "Me partes el corazón, Christy Brown. A veces pienso que eres mi corazón. Si fuera posible, te daría mis piernas...". El caso es que si se casó y dos veces: primero con Beth Moore, quien fuera su ayudante para escribir sus libros; y luego con Mary Carr, colofón feliz de esta película: "Christy Brown se casó con Mary Carr el 5 de octubre de 1972". 

Esta es la vida y la obra del artista irlandés Christy Brown, una gran lección de vida más allá y más acá de la parálisis cerebral.