Blog personal, no ligado a ninguna Sociedad científica profesional. Los contenidos de este blog están especialmente destinados a profesionales sanitarios interesados en la salud infantojuvenil
La nitrofurantoína ha sido y es un fármaco muy utilizado para el tratamiento y la profilaxis de infecciones del tracto urinario, tanto en adultos como en población pediátrica.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) emitió el pasado 22 de julio una nota informativa advirtiendo de diversos efectos adversos de este medicamento. Por su importancia y gravedad es necesario que los pediatras los conozcamos y estemos al tanto de los mismos.
El resumen de la nota dice lo siguiente:
"Se han notificado reacciones adversas graves, especialmente pulmonares (fibrosis, neumonitis intersticial) o hepáticas (hepatitis citolítica, hepatitis colestásica, hepatitis crónica, cirrosis), en tratamientos profilácticos prolongados o intermitentes de meses de duración.
La AEMPS recomienda respecto al uso de nitrofurantoína:
Utilizarlo exclusivamente en tratamiento curativo de cistitis agudas, no como profilaxis con duración del tratamiento limitado a un máximo de 7 días, en mujeres a partir de los 3 meses de edad.
Informar a las pacientes sobre los riesgos pulmonares, hepáticos, alérgicos y neurológicos.
La ficha técnica y el prospecto del medicamento comercializado que contiene nitrofurantoína se han actualizado incluyéndose las nuevas restricciones de uso."
La nota es mucho más amplia y detallada y podéis consultarla en este enlace. También podéis descargarla desde el SlideShare insertado bajo estas líneas.
Hace 3 años comentamos en “Cine y Pediatría” una película de Steven Soderbergh no típicamente pediátrica, pero si de un problema médico general: Contagio (2011), con la polémica sobre las epidemias y pandemias de trasfondo y con el poco buen recuerdo de la pandemia de la gripe A del año 2009.
Como si la casualidad no existiera, ahora que vivimos el brote del virus del Ébola, volvemos a comentar otra película del mismo director estadounidense, también sobre un tema de interés médico general (y que tiene su clara repercusión sobre la infancia y adolescencia): Efectos secundarios (2013) y que nos sirve para recordar un tema fundamental como es el de la seguridad de los pacientes.
Porque debemos aprender a desarrollar un modelo de medicina cercana, científica y humana. Una medicina que intente ofrecer la máxima calidad con la mínima cantidad (de intervenciones) y en el lugar más cercano al paciente. Si esto es importante en general, consideramos vital en Pediatría. Y en este sentido, cabe no olvidar la conocida sentencia: "Hay algunos pacientes a los que podemos ayudar, pero no hay ninguno al que no podamos dañar".
¿Cómo hacer de este tema tan general un thriller de interés? No era tarea fácil, pero Soderberghes un realizador de talento y prestigio, uno de los pocos que puede presumir de haber ganado una Palma de Oro (en el año 1990 por Sexo, mentiras y cintas de vídeo) y un Oscar (en el año 2000 por Traffic). Estos premios son precisamente la prueba de su calidad y también de su capacidad para la mutación, dependiendo del proyecto que tenga entre manos. Y con Efectos secundarios, muestra, desde diferentes puntos de vista, el mundo de los fármacos y cómo éstos afectan en ocasiones de manera inesperada. Para sorpresa de ese Hollywood que le ha mimado durante veinte años, al presentar la película en el Festival de Berlín 2013, Soderbergh anunció que éste es su último trabajo cinematográfico y que a los 50 años se retira de una industria que le ha premiado y pagado bien, porque ya no entiende su trabajo y le parece que ha perdido toda relevancia cultural. El tiempo lo dirá…
Emily (Rooney Mara) es una joven que, tras perder repentinamente su vida de ensueño, comienza a tener problemas de ansiedad. Para combatir la enfermedad acude a la doctora Dr. Victoria Siebert (Catherine Zeta Jones) que, con el tiempo, le ayudará a recuperarse. Pero tras la salida de la cárcel de su marido (Channing Tatum), donde ha permanecido varios años por problemas con el fisco, la joven recae de nuevo, hasta el punto de intentar suicidarse estrellando su vehículo contra la pared de un garaje. En el hospital le atiende el psiquiatra Jonathan Banks (Jude Law), quien le suministra un tratamiento antidepresivo. Pero éste parece no dar resultado, por lo que Emily visita al doctor de nuevo para que le recete otro medicamento, uno nuevo en el mercado y sobre el que el psiquiatra participa en un ensayo clínico en marcha. Lo que menos se podía esperar eran los efectos que iba a generar en ella este fármaco experimental: sonambulismo y pérdida transitoria de la percepción de la realidad. Con ello, la enferma se verá envuelta en un asesinato que inevitablemente salpicará a los doctores Sieberg y Banks, siendo difícil determinar quién es el verdadero culpable del atroz suceso, ¿la medicina, los médicos, o la paciente?. Y en la película se citan por sus nombres algunos de estos fármacos como Zoloft, Prozac, Wellbutrin o Effexor… y la promoción de un nuevo antidepresivo denominado Ablixa (alipazone).
Un buen guión firmado por Scott Z. Burns, colaborador habitual del cineasta, nos adentra en abundantes y sugerentes conflictos bioéticos, profesionales y morales derivados de las prácticas médicas en concomitancia con la industria farmacéutica, unas relaciones siempre complicadas en las que conviene mantener la integridad ética y estética. Porque lo que aparenta como un drama sobre la relación entre médico (un psiquiatra con intereses profesionales y algún conflicto de interés económico) y paciente (con la enfermedad psiquiátrica de trasfondo, una enfermedad especialmente proclive a temas como la prevención cuaternaria y el "diseases mongering" o promoción de enfermedades), pasa a convertirse en un intrincado y fascinante thriller donde las apariencias engañan y todas las piezas expuestas comienzan a encajar de un modo imprevisto.
Un casi clásico thriller freudiano con sus dosis de chantaje, asesinato, negocios sucios, que pretende ser a la vez, como lo definió el diario The Independent, un poco de drama médico, drama judicial, drama carcelario y un misterioso asesinato, en el sentido de que se conoce al asesino pero se ignoran sus motivos, y que plantea claramente la relación de dependencia existente entre el ser humano y los medicamentos, un fenómeno nada sorprendente en un mundo volcado ansiosamente en la búsqueda del éxito y ausencia de enfermedad, donde todo va cada vez más rápido y donde siempre parece existir un medicamento para la mayoría de los males físicos y psicológicos, reales o ficticios (la medicalización de nuestra sociedad).
Hay otras películas sobre las complicadas relaciones del triángulo paciente-médico-industria farmacéutica. Películas que van del documental tipo Sicko (Michael Moore, 2007), denuncia del sistema sanitario norteamericano y las estafas de las aseguradoras, a películas de tipo Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013) con un Matthew McConaughey de Oscar al protagonizar la vida real de Ron Woodroof, un cowboy de rodeo texano, drogadicto y mujeriego, al que en 1986 le diagnosticaron SIDA y le pronosticaron un mes de vida, y su lucha por sobrevivir con el único medicamento disponible en aquella época para luchar contra tan terrible enfermedad: el AZT (y el recuerdo de Philadelphia de Jonathan Demme, filmada 20 años antes). Películas que han pasado casi desapercibidas como Duplicity (Tony Gilroy, 2009) sobre el espionaje en las industrias farmacéuticas a películas que son un icono, como El jardinero fiel (Fernando Meirelles, 2005), basada en la novela homónima de John Le Carré y que nos adentra en los ensayos ilegales llevados a cabo en niños nigerianos por empresas farmacéuticas en 1996. Y cabe no confundir esta película con la que los afectados por la talidomida de España hace tiempo difundieron, una película que muestra el pasado nazi del laboratorio Grünenthal, su fabricante, bajo el título de Side Effects.
Y hay otras películas que hablan de medicamentos de cine que prometen mucho, pero que acaban quitando más de lo que dan (y que nos recuerdan que siempre hay que leer bien el prospecto de cualquier fármaco):
- El Kalocin prescrito en La amenaza de Andrómeda (Robert Wise, 1971), denominado “el antibiótico universal”, capaz de curar cualquier infección e incluso enfermedades de otro origen, como el cáncer; pero el problema surge es cuando se deja de tomar y fracasa el sistema inmunológico.
- El Efemerol de Scanners (David Cronenbergh, 1981), recetado durante los 60 a mujeres embarazadas para aliviar las molestias de su gestación y que no provoca malformaciones en los hijos (a diferencia del medicamento real en el cual está inspirado, la talidomida), sino niños con poderes telepáticos y estados maníacos.
- El Dypraxa de El jardinero fiel (Fernando Meirelles, 2005), anunciado como el tratamiento definitivo contra la tuberculosis, aunque aún en fase experimental, y cuya experimentación más cruel muestra que la compañía usa cobayas humanas en el centro de África, con un problema añadido: dicha práctica fraudulenta podría llevar a una epidemia global de tuberculosis, puesto que el bacilo de Koch está haciéndose resistente a la droga.
- El Quietus suministrado gratuitamente por el gobierno británico en Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006), el antidepresivo más eficaz que se conoce, porque tiene efectos drásticos sobre el cuerpo y la mente del consumidor, hasta tal punto que el cuerpo y la mente dejan de funcionar tras la ingestión de la droga y se convierte en un método de suicidio esponsorizado por las autoridades.
- La Fórmula de Krippen de Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007), desarrollada a partir del virus de la parotiditis, sustancia que se anuncia como la cura definitiva contra el cáncer. Pero el problema esencial es que no sólo cura la enfermedad oncológica, sino que convierte a sus pacientes en zombies mutantes que contagian su condición al 10% de la población humana.
- El ALZ-113 de El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011), un paso adelante sobre el ALZ-112, que se mostró incapaz de curar el mal de Alzheimer, y cuya capacidad para estimular la actividad neuronal no se limita sólo a los humanos. Los efectos terapéuticos ocurren en los simios (hasta convertirles en la nueva especie dominante de la Tierra), pero en los humanos acaecen los efectos adversos.
- El NZT-84 recetado en Sin límites (Neil Burger, 2011), una droga sintética para triunfadores, y que permiten expandir la capacidad intelectual hasta el infinito, con unos pequeños problemas: crea adicción y su consumo de forma muy habitual puede resultar incompatible con la vida.
Lo dicho, un tema de rigurosa actualidad en sanidad es de la seguridad del paciente, sobre el que debemos plantear las siguientes reflexiones:
-Conocer las causas de los eventos adversos en la asistencia sanitaria nos ayudará a promover las unidades de gestión de riesgos. Y a no olvidar el principio hipocrático: "Primun non nocere".
- La gestión de calidad total pone especial hincapié en el siglo XXI en la cultura de la seguridad del paciente. Y promueve la responsabilidad sanitaria de notificación de eventos adversos.
- El liderazgo en la cultura de seguridad de industria farmacéutica, profesionales sanitarios y pacientes permitirá cambiar la cultura de la "culpa" por la cultura del "conocimiento".
- Y una clave: que más allá de la prevención primaria, secundaria y terciaria..., nos encontramos con la prevención cuaternaria, porque es fundamental prevenir el "exceso de diagnóstico, tratamiento y prevención sanitaria".
Porque en la seguridad del paciente hace falta cultura y liderazgo.Y, por qué no, películas de cine adecuadas que nos permitan afrontar con ciencia, conciencia y responsabilidad este gran problema de la sanidad: los efectos secundarios o efectos adversos.
... y, por lo tanto, no ha de ser "tratada" con medicamentos. Ni por vía general ni local.
Existen diversos productos en el mercado para "tratar las encías" de los lactantes. Estos productos suelen contener anestésicos locales que no son inocuos.
La FDA ha emitido una nota informativa que constituye una alerta muy seria ("FDA Drug Safety Communication: FDA recommends not using lidocaine to treat teething pain and requires new Boxed Warning"). ¿Qué es lo que sucede? En 2014 este organismo revisó 22 casos de reacciones adversas graves (incluyendo fallecimientos) en niños de edad comprendida entre los cinco meses y los tres años que habían sido tratados con fármacos locales conteniendo lidocaína. Convulsiones, lesiones cerebrales graves, toxicidad cardiaca... son algunos de los problemas descritos con el uso de este producto según la propia FDA.
Esto no es nuevo. La propia FDA había informado de casos de casos de metahemoglobinemina secundarios al uso de benzocaína tópica.
Puede parecer un tema menor pero no lo es, dada la comercialización libre de estos productos y teniendo también que vivimos en una sociedad medicalizada donde todo signo o síntoma "debe" ser tratado.
La erupción dentaria es simplemente una etapa más de la vida de un niño. Como tal ha de considerarse y no requiere de ningún cuidado salvo tranquilizar a los padres si consultaran por este tema y, en todo caso, aplicar otras medidas no farmacológicas como el uso de mordedores.
Os dejamos la nota informativa de la FDA (en inglés).
Hace cuatro semanas que la iniciativa #NoSinEvidencia se difundió por las redes sociales. Este blog, como muchos otros, se unió a la misma. El hecho de dar un extraña respetabilidad a la homeopatía por parte de las más altas autoridades sanitarias de nuestro país fue su detonante. Ayer día 9 de enero sus promotores publicaron en el blog de la iniciativa una declaración final que transcribimos aquí:
Desde que el 9 de diciembre se inició la iniciativa #NoSinEvidencia han transcurrido unas intensas 4 semanas. La denuncia de la apertura del proceso de evaluación y regulación de los llamados “medicamentos homeopáticos” ha puesto voz al sentimiento de la gran mayoría de los médicos, científicos y periodistas que opinan que la homeopatía es una pseudociencia, y que la calificación de medicamentos a dichos productos es una ofensa a la lógica científica que ha proporcionado el mayor grado de bienestar y salud que las poblaciones humanas han conocido.
El esfuerzo que se ha requerido en los dos últimos siglos para avanzar en el conocimiento de las enfermedades y sus tratamientos, con sus beneficios y riesgos, no puede verse equiparado a la sinrazón de una terapéutica del siglo XVIII.
A pesar de la obligación europea de homologar dichos productos, creemos que España podría liderar un movimiento entre sus colegas europeos en contra de dicha equiparación, defendiendo la ciencia como el elemento básico del avance de los pueblos.
En estas semanas, donde miles de personas se han movilizado en apoyo de nuestra iniciativa, hemos unido la voz de químicos, físicos, periodistas, médicos, enfermeras, farmacéuticos y muchas otras personas de diferentes cualificaciones profesionales que desean que la ciencia, con sus limitaciones, sea el motor de una Medicina Basada en la Evidencia -pruebas obtenidas por el método científico – y no en los efectos de falsos placebos con nombre de medicamentos. Un total de 224 blogs de personas y asociaciones así lo avalan.
Los tres impulsores de la iniciativa queremos agradecer el apoyo a todos los que han creído que ésta era una causa digna por la que manifestarse. En este momento, no tenemos planificadas más actividades.
En el momento que aparezcan los primeros “medicamentos homeopáticos” procederemos a su análisis minucioso y seguiremos denunciando su absoluta falta de rigor científico y su inocua e inerte composición.
Desde "Pediatría Basada en Pruebas", por supuesto, estaremos vigilantes sobre la aprobación futura de esos misteriosos medicamentos homeopáticos e informando a la población sobre los mismos.
Nos despedimos de este tema por el momento con un poco de humor...
Vía Twitter, en las cuentas @EpistemonikosEs y @MedicosSinMarca se nos recomienda el visionado de un vídeo cuyo protagonista es Pablo Santa Cruz, miembro de la iniciativa chilena "Médicos Sin Marca". Las propuestas de esta iniciativa nos conciernen a todos los profesionales relacionados con la salud y se exponen en su web:
Ejercer una Medicina centrada en las necesidades del paciente y basada en la mejor evidencia disponible.
Buscar fuentes imparciales e independientes de información, manteniendo una actitud especialmente cauta frente a aquella difundida por partes interesadas en aumentar la venta de medicamentos y otros tratamientos.
Evaluar en forma crítica tanto los contenidos de la literatura disponible como las recomendaciones de líderes de opinión y de paneles de expertos que mantienen vínculos financieros con compañías productoras de tratamientos.
Rehuir el influjo de la propaganda y el marketing farmacéuticos, y abstenerse de recibir visitas promocionales, obsequios, auspicios o cualquier forma de incentivo a la prescripción, evitando de tal modo los conflictos de interés en el ejercicio clínico.
Promover formas alternativas de financiamiento para las sociedades profesionales, las publicaciones médicas y las jornadas educativas, mediante auspicios provenientes de rubros distintos de la producción y comercialización de tratamientos.
Asumir la educación continua como una responsabilidad del médico, aceptando que éste debe estar dispuesto a pagar por ella cuando es necesario.
Promover la elaboración de políticas públicas basadas en evidencia, por parte de paneles de expertos libres de conflictos de interés.
Promover el rol investigador del Estado y de entidades sin fines de lucro, junto con una adecuada regulación y transparencia de la investigación clínica financiada por compañías farmacéuticas (y otras).
El vídeo del que os hablaba al inicio de la entrada debería ser, como dicen nuestros colegas de Epistemonikos, "visto por todos los médicos". Y por nosotros no va a quedar. ¿Somos inmunes a la influencia de la industria? ¿Conocemos y somos conscientes de los efectos que dicha influencia - consciente o no - tiene sobre la salud de nuestros pacientes? Efectos en muchas ocasiones perjudiciales. Incluso letales. Pablo Santa Cruz os lo va a explicar mejor que yo en estos 13 minutos que, efectivamente, ningún médico debería dejar de ver. Los potenciales conflictos de intereses siempre están ahí y debemos ser conscientes de ellos. No es ya la "visita médica" tradicional sino que también pueden estar presentes en los artículos que leemos para mantenernos al día. Reflexionemos todos sobre el contenido del vídeo y... estemos alerta.
La marihuana es una droga "simpática". O así nos la quieren vender algunos, despreciando sus efectos adversos. En clasificaciones antiguas se le consideraba una droga "menor", en comparación con otras de peor prensa y de efectos nocivos más evidentes, como la heroína o la cocaína entre otras.
La permisividad con la marihuana es muy grande en las sociedades occidentales. Y España, probablemente, se lleva la palma. Hace unos meses leíamos la noticia de que los adolescentes españoles tenían el dudoso honor, según la OMS, de ser los mayores consumidores de marihuana dentro del ámbito de los países desarrollados, junto a Canadá. Eran datos de los años 2009-2010. El 16% de los estudiantes de 15 años encuestados admitió haber fumado cannabis en el último mes; y un 30% de los varones y un 25% de las chicas de 15 años reconocían haber probado el cannabis.
Los efectos indeseables del consumo de marihuana a corto y largo plazo son, en general, minusvalorados. Pero ello no quiere decir que no existan. Existen y son graves.
"Fumar marihuana desde los 11 años lastra la inteligencia", hemos podido leer hace muy pocos días en la prensa. La noticia comenta un estudio recientemente publicado en la revista "Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America". ¿De qué modo "lastra" la inteligencia del cerebro adolescente? Al estudio original os referimos aunque en la noticia de prensa se ofrece abundante información al respecto: "... a mayor dependencia del cannabis mayor deterioro cognitivomostraban los participantes. El deterioro se observó en diferentes aspectos como la memoria, la velocidad en la que se procesa la información, el razonamiento de los estímulos percibidos y la comprensión verbal. Todas estas alteraciones les generaban problemas en su vida diaria.
Los investigadores también pudieron comprobar que quienes mostraron un mayor déficit en su rendimiento intelectual eranlos que habían empezado antes a fumar marihuana, en comparación con las personas que lo hicieron ya de adultas, en las que no se detectó ningún deterioro persistente.
Por otro lado, el declive del cociente intelectual se dio tanto en aquellos que en su adolescencia fumaban poco (14 días al año) como en los que consumían regularmente cannabis (365 días). Además, el cese del consumo no restauró completamente la función neuropsicológicaentre los que habían fumado persistentemente desde su pubertad".
La adolescencia es un periodo crítico del desarrollo humano. Es una época de experimentación y de descubrimiento. Para lo bueno y para lo no tan bueno. Padres, educadores y por supuesto nosotros los pediatras debemos estar ahí para informar adecuadamente a nuestros adolescentes sobre los peligros de la marihuana y de otras drogas. Porque no existen "drogas buenas y drogas malas". Todas son perniciosas y es nuestra responsabilidad estar ahí para explicar a los adolescentes que la vida puede ser divertida sin necesidad de recurrir a estos productos. Su salud futura - y la de toda la sociedad - está en juego.
La "psiquiatrización" de los avatares y hechos vitales varios está a la orden del día. El fenómeno del "mongering disease" o promoción de enfermedades no es modo alguno ajeno a este hecho. A la timidez se le llama ahora "fobia social", y recuerdo perfectamente que cuando se acuñó este nuevo término, con una prevalencia - hablo de memoria - de hasta un 5%, existía ya - oh, milagro - "el tratamiento· para la misma: la paroxetina, un ISRS que existía ya antes del "descubrimiento" de este nuevo trastorno.
Otras situaciones de la vida cotidiana, como puede ser el duelo, resultan intolerables en nuestra sociedad y es necesario "tratarlas". Incluso se está hablando ya de "medicamentos para olvidar recuerdos traumáticos". Sin comentarios.
Los niños y adolescentes, lamentablemente, no se escapan a esta progresiva patologización de los estados de ánimo. Este verano podíamos leer en la prensa una noticia con el siguiente titular: "Aumenta uso de antipsicóticos en jóvenes estadounidenses".
La situación en Estados Unidos es preocupante, y me hago eco de ella porque ya se sabe lo susceptibles que somos en Europa al "efecto contagio" a todo lo que viene de aquel país. La noticia de prensa reseñada se basa en un artículo publicado en "Archives of General Psychiatry" el pasado mes de agosto. Algunos datos numéricos que pueden consultarse en su resumen son profundamente alarmantes:
Entre 1993-1998 y 2005-2009, las visitas con una prescripción de medicamentos antipsicóticos por cada 100 personas aumentó de 0,24 a 1,83 para los niños y de 0,78 a 3,76 para los adolescentes.
De 2005 a 2009, los antipsicóticos se incluyeron en el 28,8% de las visitas psiquiátricas de adultos y en el 31,1% de las visitas psiquiátricas de adolescentes.
El tratamiento antipsicótico se ha incrementado rápidamente, especialmente entre los jóvenes, y, recientemente, los antipsicóticos se han prescrito en aproximadamente la misma proporción en las visitas al psiquiatra de jóvenes y adultos.
Parece que en Estados Unidos, según el mismo artículo, el incremento del consumo de antipsicóticos en niños se atribuye gran parte a que los médicos indican los fármacos para tratar conductas disruptivas, como el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), aunque la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos no aprobó ninguna terapia para esos desórdenes en la población pediátrica.
¿Por qué considero todo esto preocupante? Porque ese temido "efecto contagio" del que hablaba al inicio de esta entrada ya ha está teniendo lugar, aunque tímidamente. Ya he tenido noticia de niños diagnosticados de TDAH que toman risperidona (¿?). Una indicación sin justificación científica alguna y que puede ser fuente de efectos indeseables diversos sobre el cerebro en formación y sobre el metabolismo, con incremento del peso y de muchas condiciones asociadas al mismo (diabetes, hipertensión, etc).
El "Mongering disease" en psiquiatría goza de una preocupante buena salud. Podíamos leer en la prensa recientemente otra noticia preocupante: en junio de este año podíamos leer que "Una de cada dos personas con trastorno bipolar no está diagnosticada". Un "esfuerzo" más por aumentar el abanico de personas sanas susceptibles de poder ser medicadas, con el beneficio que eso conlleva para la industria farmacéutica correspondiente.
¿Se avecina una "epidemia de trastorno bipolar en niños"? Los pediatras tenemos que estar alerta ante esta posibilidad. Los actuales estudios de prevalencia cifran la misma en un 1,8% (IC 95%: 1,1 a 3%). Se trata de prevalencias muy elevadas y que, al menos en mi práctica clínica diaria, (evidencia no extrapolable más que a mí mismo, por supuesto) creo que no se corresponden a la realidad.
La situación comienza a ser preocupante y, retomando el tema del consumo de antipsicóticos en niños, es recomendable para todos la lectura de un artículo publicado en la revista "Evidencia. Actualización en la práctica ambulatoria" titulado
"Basadas en un cuerpo de evidencia mucho mayor, aunque de mala calidad y proveniente de adultos, las notas terapéuticas anteriores sobre olanzapine y quetiapine concluyeron que se requiere más y mejor evidencia para demostrar la efectividad y la seguridad a largo plazo de los nuevos antipsicóticos y que la efectividad y la seguridad a largo plazo todavía no ha sido determinada.
Es evidente que estas conclusiones se aplican aún más a los niños. En ellos, el desarrollo temprano de obesidad o diabetes tipo 2 puede ser irreversible.
Los médicos y los padres deben ser especialmente prudentes y cuidadosos al considerar el uso de estos medicamentos en los niños".
La polémica está servida. Y los pediatras, abogados de nuestros niños, debemos estar muy atentos para impedir "estigmatizaciones" en forma de falsos diagnósticos que acompañarán al niño durante todo su periplo vital y para no admitir la prescripción de tratamientos que pueden interferir de forma grave sobre su salud.
En ocasiones queremos disponer de datos fiables sobre los potenciales efectos adversos de un fármaco y, debido a la dispersión de información existente en Internet, no sabemos por donde buscar. "AdverseEvents" es una base de datos con un buscador que recupera desde una sola web los efectos adversos identificados como tales de todos los fármacos aprobados por la FDA.
Además del buscador, "AdverseEvents" dispone de varias pestañas que aportan información suplementaria de interés:
La vuelta del "megapuente" de la semana pasado ha resultado intenso e intererantísimo. Nuevas iniciativas colaborativas han nacido. Hablaremos hoy de la Iniciativa por una Prescripción Prudente (IPP).
La IPP estáformada por (en orden alfabético) Rafael Bravo Toledo, Cecilia Calvo Pita, Carlos Fernández Oropesa, Enrique Gavilán Moral y Asunción Rosado López.
Iniciativa que se antoja fundamental en una sociedad como la nuestra, parte de la cual hace un uso excesivo de los servicios de salud... con el riesgo que ello conlleva de sometimiento a pruebas diagnósticas y tratamientos innecesarios o incluso perjudiciales.
Es una iniciativa que se basa en unos principios aplicables a la prescripción de fármacos a cualquier edad. La IPP se basa en unos principios que podemos leer en el blog de la iniciativa pero que pasamos a copiaron también aquí (principios de prescripción conservadora):
Pensar más allá de los medicamentos. Por ejemplo considerar la terapia sin fármacos, pues hay abundante literatura que apoya iniciar con medidas no farmacológicas en casos como la hipertensión, diabetes, insomnio, dolor de espalda, artritis y dolor de cabeza. Cabe también buscar las causas subyacentes tratables, porque ¿podría ser resuelto un trauma ocupacional antes de usar un AINE o un acoso moral antes de prescribir un antidepresivo? Además, también es posible una buena prevención, pues mientras metformina retrasa o previene el desarrollo de DM2, los estilos de vida han demostrado que pueden ser más efectivos. Y el abandono del tabaco salva más vidas que la quimioterapia.
Practicar prescripciones más estratégicas (diferir el tratamiento no urgente, evitar cambio no justificado de medicamentos, ser prudentes acerca de usos no probados de medicamentos, y comenzar el tratamiento con un solo fármaco nuevo a la vez).
Mantener una alta vigilancia en relación con los efectos adversos (sospechar reacciones por los fármacos, ser conscientes de síndrome de abstinencia; y educar a los pacientes a anticipar las reacciones).
Ejercitar la precaución y el escepticismo con los fármacos nuevos (buscar fuentes de información no sesgadas, esperar hasta que los fármacos lleven suficiente tiempo en el mercado; ser escéptico acerca de las variables subrogadas en lugar de los verdaderos resultados en salud; evitar el estiramiento imaginario de las indicaciones; evitar la seducción por una elegante farmacología molecular; tener cuidado con los informes selectivos de los ensayos clínicos). En este punto destacan algunos recientes ejemplos que deben recordar los prescriptores, como: a) el estudio CAST (Cardiac Arryhthmia Suppression Trial), en el que al tiempo que aunque se suprimieron las contracciones ventriculares prematuras con encainida o flecainida, se incrementó el riesgo de muerte prematura; b) el estudio CONCORDE, en el que se mejoraba con zidovudina el recuento de los linfocitos CD4 sin mejorar la supervivencia de pacientes con virus de inmunodeficiencia; c) el estudio CHOIR (Correction of Hemoglobin and Outcomes in Renal Insuffieicncie) y el estudio CREATE (Cardiovascular Risk Reduction by Early Treatment With Epoetin), en los que el aumento de los niveles de hemoglobina con eritropoyetina en pacientes en diálisis se asoció con peores resultados en salud; d) el estudio ENHANCE (Ezetimibe and Simvastatin in Hipercolesterolemia Ehances Atheriosclerosis Regresión), en el cual aunque ezetimiba más simvastatina redujeron el colesterol más que simvastatina sola, al mismo tiempo se mantuvo el mismo espesor de la capa íntima media en ambos grupos de pacientes con hipercolesterolemia familiar heterocigótica; situación similar a lo que sucedió con este tipo de pacientes en el estudio RADIANCE, en el que se comparó torcetrapid más atorvastatina frente a atorvastatina sola; e) el estudio ACCORD (Action to Control Cardiovascular Risk in Diabetes), en el que aunque el control intensivo de la hemoglobina produjo menores tasas de hemoglobina glicosilada, al mismo tiempo fue asociado a una mayor muerte cardiovascular que con el control convencional; f) el estudio ILLUMINATE, en el que torcetrapid más atorvastatina produjeron un aumento del colesterol HDL y una reducción del colesterol LDL mejores que atorvastatina sola, pero asociándose con un aumento significativo de la mortalidad total y mortalidad CV; g) los estudios CORONA, GISSY y AURORA, en los que rosuvastatina no se asoció con mejores resultados que placebo en mortalidad total, mortalidad CV y morbilidad CV en pacientes en prevención secundaria, a pesar de significativas reducciones en el colesterol LDL.
Trabajar con los pacientes para una agenda compartida (y no ceder automáticamente a los fármacos que solicitan; considerar la no adherencia antes de añadir más fármacos al régimen; evitar reiniciar fármacos que no tuvieron éxito previamente; discontinuar el tratamiento con fármacos innecesarios; y respetar las reservas de los pacientes acerca de los fármacos).
Considerar los impactos más amplios y a largo plazo (sopesar los resultados a largo plazo, y darse cuenta de que la mejora de los sistemas y organización pueden superar los beneficios marginales de los nuevos fármacos).
En este blog nos adherimos a esta IPP al 100%. Los niños a menudo son sometidos a tratamientos innecesarios o de ineficacia probada para determinadas enfermedades. O que son incluso perjudiciales. De ello hemos hablado en este blog en diversas ocasiones y también son muchos los artículos que en "Evidencias en Pediatría" se han dedicado a tratar estos aspectos. Así que adelante con la IPP y os mantendremos informados de los próximos artículos de este proyecto.
En esta ocasión es el turno de la atomoxetina, fármaco indicado en el trastorno de déficit de atención con/sin actividad en niños mayores de 6 años y adolescentes.
Al parecer, la mayoría de sujetos tratados con este fármaco experimentan un leve aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial. Pero en una proporción de estos pacientes (6-12%), dicho aumento llega a ser importante desde el punto de vista clínico: nada menos que un incremento en más de 20 latidos por minuto y/o 15-20 mm de Hg en la presión arterial.
En vista de estos nuevos datos, la AEMPS ha emitido unas nuevas recomendaciones sobre el uso de atomoxetina que hemos de tener muy presentes:
El uso de atomoxetina está contraindicado en pacientes con trastornos cardiovasculares o cerebrovasculares graves en los que se puede esperar un deterioro con un incremento en la presión arterial o en la frecuencia cardiaca clínicamente importante.
En aquellos pacientes en los que se esté considerando el tratamiento, se recomienda realizar un minucioso examen físico e historia clínica para evaluar la presencia de enfermedad cardíaca.
Atomoxetina debe utilizarse con precaución en pacientes que pudiesen empeorar por un aumento de la presión arterial o de la frecuencia cardiaca, tales como pacientes con hipertensión, taquicardia, o enfermedades cardiovasculares o cerebrovasculares.
La frecuencia cardíaca y la presión arterial se deben medir y registrar en todos los pacientes antes de que comiencen el tratamiento con atomoxetina, así como después de cada ajuste de dosis y al menos cada 6 meses durante el tratamiento. Si el paciente desarrolla síntomas que sugieran un trastorno cardiaco durante el tratamiento, debe ser remitido a un cardiólogo para una evaluación inmediata.
Es de agradecer el interés de la AEMPS en su realización de revisiones sobre la seguridad de fármacos de uso pediátrico. Y en cuanto al TSAH y su tratamiento, recordemos pediatras, neuropediatras y psiquiatras que este trastorno requiere un proceso diagnóstico exhaustivo y prolongado en el tiempo (evitando la posibilidad de los falsos positivos), que la atomoxetina no es un fármaco de primera elección y que el tratamiento se debe completar con terapia cognitivo-conductual.
Os dejo la nota de la AEMPS sobre la atomoxetina bajo estas líneas.
Los pediatras no hemos sido - en general - muy amigos de los antieméticos. Es algo que aprendes ya durante el periodo de residencia. Lo aprendes de tus adjuntos o residentes mayores ("los antieméticos no están indicados en niños", "los antieméticos pueden producir reacciones extrapiramidales")... y lo aprendes porque tienes la oportunidad de ver casos de esas reacciones extrapiramidales en niños a los que se les ha prescrito esos fármacos o bien los han tomado a iniciativa bienintencionada pero equivocada de los propios padres.
Por eso está muy bien que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) haya emitido un informe oficial sobre restricciones de uso de la metoclopramida en pediatría. aunque podéis acceder al informe completo bajo estas líneas, os copio y pego las dos conclusiones más importantes:
El uso de metoclopramida se contraindica en niños menores de 1 año.
No se recomienda su uso en niños y adolescentes de edades comprendidas entre 1 y 18 años. No obstante, actualmente siguen en revisión todos los datos de seguridad disponibles en este último grupo de población. La AEMPS informará de cualquier nuevo cambio que se adoptara en relación al uso de metoclopramida en estos pacientes.
Parece que en los últimos meses existe una mayor preocupación sobre la seguridad de diversos fármacos en población pediátrica. Hace unas semanas se emitió una nota similar a ésta sobre los derivados terpénicos contenidos en algunos supositorios antitusígenos. Esperamos y deseamos que esta preocupación persista y se traduzca en este tipo de notificaciones avaladas por la AEMPS, que sin duda nos son de enorme utilidad a todos los pediatras.
No es habitual que los pediatras prescriban codeina para la tos, y menos aún como analgésico para el alivio del dolor. La revista "Australian Prescriber" ha revisado los peligros potenciales del uso de la codeina, sola o asociada a diversos analgésicos. Y se destacan dos grupos de edad (niños y ancianos) y una situación (lactancia materna) donde los efectos adversos de este fármaco, en especial la depresión respratoria, pueden ser de mayor intensidad.
La codeina está comercializada como antitusígeno en España por parte de diversos laboratorios (además de como analgésico en combinación con paracetamol). Quizá no esté de más recordar la limitación que, sobre su uso, existe en el Reino Unido: no prescribirla en menores de 18 años.
El artículo de "Australian Prescriber" es más extenso. Lo único que he querido destacar aquí es la información esencial en cuanto a la población pediátrica se refiere. Podeis consultar el pdf del artículo bajo estas líneas:
Una de las preocupaciones que los médicos tenemos (o que debiéramos tener...), especialmente cuando de niños se trata, es conocer con exactitud qué supone la práctica de una exploración radiológica en términos de radiación recibida. Es muy importante tener plena conciencia de que ninguna exploración radiológica es inocua.
Vía PEDIAP, excelente lista de distribución pediátrica, me entero de la existencia de esta tabla que os muestro al final de la entrada. Se trata de una tabla, disponible en la web de El Gipi, que nos debería hacer reflexionar y mucho. Está extraida del documento "Protección radiológica. Guía de indicaciones para la correcta solicitud de pruebas de diagnóstico por imagen. Comisión Europea. Dirección General de Medio Ambiente. 2000" que también está a vuestra disposición en la web de El Gipi.
Los datos son asombrosos, al menos para mi. ¿Sabiais por ejemplo que una radiografía de abdomen supone una exposición radiológica equivalente a 50 radiografías de tórax?
Los médicos en general y los pediatras en particular estamos en general cada vez más concienciados sobre los efectos adversos de las diversas intervenciones diagnósticas y terapéuticas. Pero es conveniente disponer de datos objetivos como los que esta tabla nos muestra para que nos pensemos dos veces si una determinada prueba radiológica es absolutamente necesaria o no. La mayor parte de las veces posiblemente no lo son...
Nota: este texto se publica hoy día 03/03/2011 en diversos blogs sanitarios.
La revista francesa Prescrire es un ejemplo mundial de independencia y ciencia, uno de los mejores boletines que podemos utilizar para formarnos un juicio sobre los medicamentos, su utilidad y su mejor forma de uso.
Prescrire ha terminado en los tribunales por la demanda del laboratorio Astellas Pharma, que juzgaba inadmisible la crítica a la ampliación de indicaciones del tacrolimus tópico, en la dermatitis atópica. Dicho medicamento es un potente inmunosupresor que requiere un uso prudente pues se ha asociado a cáncer de piel y linfomas, entre otros efectos adversos. Prescrire desaconsejaba su utilización en la prevención del eccema atópico ya que la relación beneficio-riesgo es desfavorable.
El triunfo legal de Prescrire no elimina “los efectos secundarios” de tal política de demandas, que sobre todo pretende acallar discrepancias y críticas científicas “en origen”. Es decir, lograr la autocensura y limitar la libertad e independencia científica hasta tal punto que se publiquen sólo comentarios favorables o neutrales respecto a la utilidad, mejor uso y seguridad de los medicamentos.
Los medicamentos tienen un campo de honor en el tratamiento de las enfermedades y de los problemas de salud, y sin ellos la vida sería muy distinta, a peor. Pero tan malo sería la falta como es el exceso de medicamentos, por cuanto no existe el medicamento sin efectos adversos. Es imposible utilizar un medicamento sin que se produzcan al tiempo beneficios y daños, y el equilibrio es muchas veces sutil (y desconocido frecuentemente en los nuevos medicamentos). Por ello los profesionales y estudiantes sanitarios precisamos de revistas como Prescrire que analicen con independencia el beneficio-riesgo de los medicamentos, solos o asociados, en la indicación principal y en otras indicaciones, y en pacientes con una y con múltiples enfermedades.
Por todo ello rechazamos de plano la política de demandas judiciales que pretenden limitar o evitar la libertad de crítica científica. En España ya tuvimos un ejemplo que también terminó con el triunfo de la independencia (el caso Merck contra Laporte), pero no basta con lograr la absolución judicial pues el fondo de la cuestión no es ni la multa ni la cárcel sino la seguridad de los pacientes y el beneficio social.
Nota: este texto se publica hoy día 03/03/2011 en diversos blogs sanitarios.
Los medicamentos los carga el diablo. Y el mejor medicamento es aquel que no se usa, salvo cuando no queda otro remedio.
Hace poco hablábamos aquí de los antitérmicos. Tanto el paracetamol como el ibuprofeno son ampliamente usados (y "abusados") en niños. Parecen medicamentos seguros, salvo cuando dejan de serlo.
Realizando una búsqueda en PubMed que nada tenía que ver con los antitérmicos, me he tropezado con este caso clínico recién publicado en Pediatrics:
Savino F, Lupica MM, Tarasco V, Locatelli E, Garazzino S, Tovo PA. Fulminant
hepatitis after 10 days of acetaminophen treatment at recommended dosage in an
infant. Pediatrics. 2011 Feb;127(2):e494-7. Epub 2011 Jan 17. PubMed PMID:
21242227.
Se trata, en síntesis, de un niño que recibió paracetamol a una dosis dentro del rango terapéutico (72 mg/kg y día)... durante diez días. Y desarrolló una hepatitis fulminante con enecefalopatía e hiperamoniemia.
Este niño se recuperó afortunadamente con el tratamiento adecuado (Acetil Cisteína y - claro está - la suspensión del tratamiento con paracetamol). Cabe preguntarse qué niño necesita tomar paracetamol durante diez días y... si no tendremos niños que estén usando-abusando de este medicamento de forma similar al paciente objeto de este artículo.
Una llamada más para ser precavidos a la hora de combatir la fiebre y, especialmente, la "fiebrefobia".
Uno de los fármacos más usados en pediatría es el paracetamol. Se usa - y abusa - de este medicamento. Para tratar la fiebre y para tratar la "fiebrefobia", enfermedad que padecen no los hijos sino algunos padres y médicos. Todo ello bajo una falsa sensación de seguridad, de cierta "inocuidad" que el paracetamol transmite. Sensación, insisto, falsa.
Como pediatra, me preocupa también el abuso de este fármaco por parte de muchos padres. No se da ya para tratar la fiebre, sino "para que no tenga fiebre". Incluso algunos - una minoría de - padres lo dan por otros motivos que nada tienen que ver con la fiebre: "para la tos", "porque tiene mocos", porque el niño está "raro"...
Estos hechos han llevado a la FDA a tomar medidas sobre la forma de presentación del paracetamol en adultos, limitándola a 325 mg, especialmente si se combina con opioides (codeína). Lamentablemente, esta medida no afectará al paracetamol de venta libre en Estados Unidos.
¿Qué podemos hacer los médicos en general y los pediatras en particular? Visto lo visto, insistir en que los antitérmicos en general (y el paracetamol en particular) han de administrarse sólo en caso de fiebre que produce afectación del estado general; en estos casos, la dosis debe ser calculada siempre según el peso del niño y no según su edad; los padres deben tener clarísimas las indicaciones de uso del paracetamol, que incluyen la fiebre y el dolor (y ninguna otra indicación); los padres deben ser advertidos del peligro del abuso, en forma de uso frecuente o habitual, de este medicamento (como de todos); y seguir insistiendo en que la fiebre es sólo un síntoma, no una enfermedad. La "fiebrefobia" es la primera causa de utilización de antitérmicos en niños. Es nuestra responsabilidad como sanitarios desdramatizar la fiebre y resaltar sus beneficiosos efectos ya que se trata de un mecanismo de defensa del organismo para combatir la infección.
Y, por supuesto, informar a los padres de que el paracetamol es un medicamento y, como tal, tiene efectos adversos reales que han de conocer. No se trata de asustar sino de informar adecuadamente.
Muchos partidarios de las llamadas "medicinas alternativas" alegan su presunta falta de efectos adversos, su inocuidad. Sin embargo, un reciente estudio nos da una perspectiva mucho más preocupante del problema.
Se ha publicado en la revista Archives of Diseases in Childhood un estudio emplazado en Australia. En él se han recogido, durante tres años, todos los efectos adversos asociados a la utilización de remedios pertenecientes a la "medicina complementaria y alternativa", tal y como es definida por los autores del trabajo.
Los resultados son preocupantes: se registraron 39 efectos adversos y 4 fallecimientos.
Los autores identifican varios hechos especialmente preocupantes: además de la consabida "no utilización" de la medicina convencional, se constataron cambios en la medicación realizados por personas dedicadas a este tipo de medicina alternativa (por ejemplo, retirada de medicamentos para el tratamiento de crisis convulsivas) así como restricciones dietéticas injustificadas por dermopatías que produjeron como consecuencia una desnurición de los niños afectados. Tanto los cambios de medicación (de convencionales a "alternativos") como la desnutrición fueron la causa directa de estas muertes.
Los autores del trabajo se muestran lógicamente preocupados por sus hallazgos así como por la posibilidad real de que exista un infrarregistro de los efectos adversos asociados a medicinas complementarias o alternativas.
La noticia ha sido comentada en medios de comunicación anglosajones. Y es curioso comprobar cómo, desde los partidarios de estas medicinas alternativas, a veces se emiten mensajes con sentido común. Edzard Ernst, profesor de Medicina Complementaria en la Universidad de Exeter, declara por ejemplo que "recursos inertes como la homeopatía, a pesar de que en sí mismos son inofensivos, pueden ser potencialmente mortales cuando reemplazan tratamientos eficaces".
No tenemos estudios sobre efectos adversos en nuestro medio como consecuencia de la utilización de la medicina alternativa en niños. Y sería bueno disponer de ellos dado el progresivo éxito de público que esta medicina está alcanzando en nuestro país. Seguramente nos llevaríamos alguna lamentable sorpresa como la de nuestros colegas de Australia.
Este neologismo no hace referencia a la manía en prescribir antibióticos en nuestro país en la práctica médica (y en Pediatría no es que salgamos mejor parados). De este tema ya hemos hablado en más de una ocasión en nuestro blog, en el que se indicaron sustanciales referencias de investigaciones realizadas en España cuyo obejtivo es promover el uso racional de antibióticos en la atención del niño (tanto en atención primaria como hospitalaria).
Pues no, no significa lo anterior. Antibiomanía hace referencia a las reacciones psiquiátricas asociadas con la administración de antibióticos, como efectos adversos infrecuentes. Casos descritos por los distintos sistemas de farmacovigilancia (entre ellos la Food and Drug Administration) muestran que los macrólidos y el ciprofloxacino son los antibióticos más frecuentemente asociados con el desarrollo de manía y otras reacciones psiquiátricas (confusión, paranoia, alucinaciones visuales, temor, falta de control y pesadillas).
Aunque la antibiomanía es poco frecuente y su relación causal y mecanismo no están bien establecidos, es oportuno tenerlo presente. Un reciente artículo publicado en Revista de Pediatría de Atención Primaria profundiza un poco más en este tema, que conviene conocer.
Pues eso es antibiomanía: ya se sabe…, el que no sabe, es como el que no ve. Y hemos de estar atentos a esta posibilidad.
La noticia saltó a la prensa general: tras la detección de restos de ADN viral de origen porcino en la vacuna Rotarix (GSK), ahora resulta que la "alternativa", la vacuna de Merck, Rotateq, también los contiene, según informe de la FDA en nota informativa del 6 de mayo.
Cuando se detectó este hecho en la vacuna Rotarix, se informó de que no suponía ningún riesgo para la salud de los niños que la habían recibido. Baste, como muestra de ello, las decenas de miles de lactantes que la recibieron en los ensayos clínicos pertinentes y los millones de niños que la han recibido después de su aprobación. Sin embargo, se optó por suspender temporalmente la vacunación con Rotarix hasta que GSK resolviera el problema. La alternativa, Rotateq, era "la solución" (la única, por por otra parte).
Ahora la FDA informa de que Rotateq presenta un problema similar. Hasta el momento, la FDA no ha hecho sino dar cuenta de la presencia de fragmentos de ADN viral de origen porcino también en Rotateq pero no se ha pronunciado sobre la conducta a seguir respecto a la vacunación contra el rotavirus.
¿Qué va a suceder ahora? En España ya sabemos que existen 19 calendarios vacunales diferentes y de momento ninguno de ellos incluía la vacuna contra el rotavirus. Quedaba en el grupo de las "optativas": se informaba a los padres de su existencia, de que podían comprarla si lo deseaban como sucede con otras vacunas en la mayoría de Comunidades Autónomas de nuestro país (vacuna conjugada contra el neumococo y vacuna contra la varicela). La alternativa ofrecida por nuestras autoridades sanitarias, después de la alarma suscitada con Rotarix, era continuar la vacunación con Rotateq. ¿Qué debemos decir los pediatras a los padres de nuestros pacientes ahora mismo?
Como pediatra de atención primaria que soy, y hablando de mi experiencia personal, he de decir que noticias como estas sólo provocan un efecto: crear una desconfianza cada vez mayor, por parte de algunos padres, hacia todas las vacunas en general (no sólo hacia "las optativas"). Ya es de difícil digestión para muchos padres comprender que en unas Comunidades el Estado cubra unas vacunas sí y otras no (y que tengan que rascarse el bolsillo por ello, más aún en estos tiempos de crisis económica galopante). Si a este hecho le añadimos las dudas - fundamentadas o no, en el caso de las vacunas contra el rotavirus parece más bien que no - sobre la seguridad de algunas de las nuevas vacunas "optativas", tenemos el terreno más que abonado para que los grupos antivacunas hagan su agosto en pleno mayo.
La presencia de fragmentos del ya famoso circovirus porcino en Rotarix y Rotateq, que parece no afectar a su seguridad, sí que está produciendo un efecto adverso y no deseado, peligrosísimo para la salud de nuestros niños: el aumento de la desconfianza de grandes segmentos de la población hacia todas las vacunas. Así que es urgente que las autoridades sanitarias americanas, europeas y españolas ofrezcan en esta semana directrices claras e inequívocas sobre la conducta a seguir respecto al rotavirus y sus vacunas.
La pandemia de gripe An (H1N1) ha resultado ser más leve de lo que se predecía (afortunadamente). Sin embargo, un efecto secundario de la enfermedad, efecto realmente nocivo y pernicioso para toda la sociedad, es el impulso y el eco mediático que las teorías conspiranoicas sobre la misma se han elaborado durante los meses pasados.
" 1. El relato hace referencia a hechos muy conocidos, muy mediáticos, incluso espectaculares, que forman parte de la cultura popular.
2. El relato (que se suele plantear como un nosotros sólo hacemos preguntas, aunque es evidente que no quieren ninguna respuesta: ya las tienen todas) está compuesto de afirmaciones que no se pueden demostrar. Ni falta que les hace.
3. El relato es una historia hollywoodiense de buenos muy buenos e inocentes y malos muy malos capaces de cualquier cosa y provistos de una osadía extrema.
4. Mucho antes de que la conspiranoia esté totalmente elaborada, los buenos y los malos ya han sido determinados y todo el resto de sus análisis está encaminado a demostrarlo. Siempre empieza con el quién y por qué, y luego elabora el cómo.
5. Hace falta la participación activa de una cantidad de gente enorme y diversa para que el relato conspiranoico se sostenga. Con frecuencia, requiere de la cooperación y el silencio de miles o millones de personas con intereses dispares e incluso contrapuestos, cosa que en la realidad nunca se da.
6. El relato tiende a validar los prejuicios, miedos y sospechas de sectores sociales fácilmente identificables, normalmente a lo largo de líneas izquierda/derecha o similares, y típicamente los de la persona que te lo está contando. La conspiranoia no contiene ninguna idea incómoda para los buenos de la película. La mayoría vienen a constituir una dolchstoßlegende.
7. El relato es increíblemente exhaustivo en los detalles pero omite hechos sustanciales, el cuadro general y los condicionantes históricos: “concentrarse en los árboles para obviar el bosque”. Y en último término, es en extremo simplista, cómoda y conformista una vez separada la paja del grano.
8. A pesar de que supuestamente hay cientos de presuntos expertos a favor de la tesis conspiranoica, ninguno de ellos es realmente relevante en su campo de estudio. Resulta especialmente recurrente la apelación a “científicos” sin precisar su crédito y especialidad.
9. Detrás de la conspiranoia hay unos amos del mundo (o de España, o de donde sea) completamente secretistas, con intenciones extrañas; como si los poderosos necesitasen algo más que un teléfono (vale, cifrado) para ponerse de acuerdo. Las intenciones de los malos son extremadamente malas, mucho más allá de las habituales de alcanzar y mantener el dinero y el poder o disimular las meteduras de pata.
10. Cualquier debilidad del relato conspiranoico se justifica con otra conspiranoia aún más gorda, con apelaciones al “sentido común” o mediante simples afirmaciones ignorantes.
11. Si las autoridades relevantes ignoran a los conspiranoicos, están intentando ocultar los hechos. Si responden, es que están intentando defender “lo indefendible”.
12. El relato de la conspiranoia supone que los malos utilizan métodos extremadamente retorcidos, caros e ineficaces para alcanzar sus objetivos; y sin embargo, siempre tienen éxito, como si su plan fuese un mecanismo de relojería insensible a fallos y sorpresas comunes en toda actividad humana. Exactamente como en el guión de una película no muy buena."
No es difícil hacer memoria y recordar a muchas personas, muchas de ellas procedentes del mundo de las pseudociencias, que durante los meses pasados se han aferrado a la construcción de auténticas teorías conspiranoicas sobre la gripe An (H1N1). No las vamos a mencionar ni a enlazar desde este blog, porque además los que hemos seguido de cerca el tema de la gripe ya sabemos quienes son y no necesitan de más fama.
Sin embargo, todo lo sucedido en estos meses pasados debería servir de algo. Las instituciones sanitarias mundiales (la OMS a la cabeza), ministerios de sanidad de todos los Estados y asociaciones científicas deben recapacitar y hacer un examen de conciencia profundísimo. La pedagogía del miedo suele obtener el efecto contrario y en este caso así ha sido, al menos en España. Las decisiones basadas en el miedo o en una medicina defensiva ("cuanto más hagamos, aunque sean intervenciones de dudosa o nula eficacia, mejor") carecen de eficacia y son fuente de efectos sociales adversos que son difíciles de combatir.
No hay nada peor que una falsa teoría alimentada por medias verdades. Las falsas teorías gozan de gran audiencia y receptividad entre la población: cuanto más disparatadas pero con una cierta base de presunta realidad que las haga cuando menos creíbles para algunos incautos, más éxito tienen.
Como pediatra asistencial veo con pesar un efecto adverso de todo lo sucedido: aumenta el número de padres reticentes a las vacunas en general. No es un problema de ahora, es cierto. En España este asunto viene de muy lejos, y con la tranferencia de las competencias de Sanidad a las Comunidades Autónomas el problema sólo ha empeorado: hay 19 calendarios vacunales diferentes, y los padres lo saben. Y nos piden explicaciones al respecto ya que no entienden esas diferencias. Los padres distinguen entre las vacunas "obligatorias" y las "optativas", siendo estas últimas variables según el lugar donde residas. Todo ello ha conducido a que muchos padres se pregunten si realmente son necesarias. Se empieza dudando de una o dos vacunas y se acaba dudando de todas las demás.
Todo el debate suscitado alrededor de las vacunas de la gripe pandémica no ha hecho más que agravar el problema, habiéndose generado desconfianza hacia la misma en particular pero también - y esto es peor - ante todas las vacunas en general en algunos padres. Y estamos hablando de la principal actividad preventiva pediátrica, responsable de la salvación de millones de vidas de niños y adultos en todo el planeta.
Mientras los pediatras de atención primaria y médicos de familia lidiamos en los centros de salud con este problema y otros derivados de la más que cuestionable gestión de la pandemia por parte de las más altas instancias oficiales, podemos leer en la Wikipedia cómo "El brote de gripe A (H1N1) de 2009 (originalmente llamado "influenza porcina"). La presunta manipulación genética del virus en laboratorios estadounidenses, donde se involucran altos ex-funcionarios del gobierno de los Estados Unidos" ocupa un lugar merecido al lado de otros disparates como "Que la Tierra sea hueca, con una civilización avanzada viviendo dentro de la Tierra, con dos aberturas en los polos para entrar dentro de la Tierra y la ocultación por parte de la NASA de las fotos de las aberturas", "Las acusaciones de falsificación en los alunizajes del Programa Apolo, que dicen que el hombre nunca llegó a la Luna, que todo fue una farsa montada por la Metro Goldwyn Meyer, al más perfecto y realista estilo hollywoodense" o "La construcción de las Pirámides de Egipto fue obra o enseñanza de seres extraterrestres, según ciertos autores".