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miércoles, 4 de septiembre de 2024

Las 72 leyes universales de los soñadores… también en Medicina

  


“Todo el mundo sueña. Soñar nace del corazón, nos salva y nos transforma. Y todos y cada uno de nosotros tenemos sueños que, en lo más profundo de nuestro ser, queremos cumplir. Pero convertir en realidad un sueño no siempre es fácil porque hay obstáculos (externos e internos) nos impiden hacerlo. La buena noticia es que podemos conseguirlo si sabemos cómo. ¿Por que algunos sueños se cumplen y otros no? Porque algunos sueños se alinean con las leyes universales de los soñadores…”. Con esta palabras nos presenta su libro “Las 72 leyes universales de los soñadores”, con el subtítulo de “El arte de cumplir nuestros sueños”, la periodista Mayte Ariza, devenida en coaching o entrenadora personal desde hace años con su Dreamer´s Factory, y donde nos desvela los secretos y las sencillas fórmulas que debemos seguir para ver nuestros deseos convertidos en éxitos. 

Un libro de 290 páginas en el que expone y argumenta estas 72 leyes, dividas en tres grupos (leyes físicas, leyes mentales y leyes espirituales) y que forman parte de los diferentes capítulos del índice. Y estos son para su reflexión inicial. 

a) Leyes físicas: 

1. Ley de la claridad 
2. Ley de la simetría 
3. Ley de la proximidad 
4. Ley de la integración 
5. Ley infinita 
6. Ley de la arquitectura 
7. Ley del ambiente 
8. Ley de la belleza 
9. Ley del brillo 
10. Ley del magnetismo 
11. Ley de la estructura 
12. Ley del impacto 
13. Ley del equilibrio 
14. Ley de la sincronía 
15. Ley de la causa 
16. Ley de la estrategia 
17. Ley del desapego 
18. Ley de la equivalencia 
19. Ley de la semejanza 
20. Ley de la afirmación 
21. Ley de la reverberación 
22. Ley de la unión 
23. Ley biunívoca 
24. Ley de la emoción 

b) Leyes mentales: 

25. Ley del poder 
26. Ley sin límites 
27. Ley del tiempo 
28. Ley de la determinación 
29. Ley del lenguaje 
30. Ley de la coherencia 
31. Ley del juego 
32. Ley del caos 
33. Ley de la aceptación 
34. Ley de la visión 
35. Ley del cambio 
36. Ley del futuro 
37. Ley de la intención 
38. Ley secreta 
39. Ley de la ambición 
40. Ley de la responsabilidad 
41. Ley del compromiso 
42. Ley de la prioridad 
43. Ley de la efectividad 
44. Ley de las probabilidades 
45. Ley de la adversidad 
46. Ley de la compensación 
47. Ley del talento 
54bis. Ley del permiso 

c) Leyes espirituales: 

48. Ley de la calidad 
49. Ley de la pureza 
50. Ley de la unicidad 
51. Ley de la misión 
52. Ley de la proyección 
53. Ley de la gratitud 
54. Ley del merecimiento 
55. Ley del perdón 
56. Ley de la profundidad 
57. Ley del respeto 
58. Ley de la conexión 
59. Ley de la humildad 
60. Ley de la revelación 
61. Ley del silencio 
62. Ley del aprendizaje 
63. Ley del crecimiento 
64. Ley de la inspiración 
65. Ley de la autoestima 
66. Ley de la evolución 
67. Ley de la armonía 
68. Ley de la consciencia 
69. Ley de la trascendencia 
70. Ley de la observación 
71. Ley de intuición 
72. Ley de la energía 

Un total de 72 leyes de valores (diría que universales) recopilados para soñar a lo grande... como personas y como profesionales. Y válido también en Medicina, donde, tal como están los temas de nuestra profesión, nos puede ayudar en nuestro día a día. Porque soñar a lo grande salva de la mediocridad. Y nuestros pacientes lo agradecerán… 

Tuve la oportunidad de conocerla hace medio año en la presentación de su libro en Alicante, y en ese momento surgió su compromiso de ser una de las prologuistas del próximo número de Cine y Pediatría 14 (donde también apostamos por soñar a lo grande).

sábado, 12 de septiembre de 2020

Cine y Pediatría (557). “La inocencia” que se perdió en aquel verano…

 


Ya hay tres óperas primas del cine español en Cine y Pediatría que nos sorprendieron tan gratamente que son difíciles de olvidar: Familia, debut del madrileño Fernando León de Aranoa en el año 1996El Bola, debut del madrileño Achero Mañas en el año 2000 y Carmen y Lola, debut de la bilbaína Arantxa Echevarría en el año 2018.  Y hoy llega una más, el debut en la directora castellonense Lucía Alemany con su película del año 2019, La inocencia. Una película que emana tanta sencillez como frescura y honestidad, y que nos muestra en parte lo que fue su propio viaje personal que la llevó a dejar su pueblo para acabar creciendo fuera. 

La inocencia es una película grabada en un pueblo de Castellón (Traiguera, el mismo pueblo en el que nació la directora) y que nos presenta a la adolescente Alicia/Lis (Carmen Arrufat), quien a sus 15 años disfruta de sus días de verano, su fiesta mayor, sus procesiones y tradiciones, su familia y la pandilla de amigos, su primeros escarceos con el amor y las drogas,… Y llega el fin del verano y el inicio del nuevo curso, con una noticia inesperada. Porque la vida y las ilusiones de Lis (sueña con convertirse en artista de circo) estallan en un contexto claramente opresor que siente en sus padres (Sergi López interpreta a un padre machista y violento y Laia Marull a una madre sometida) y en un pueblo demasiado pequeño. Y su vida fluye entre amigas, un novio que aún no lo es, una familia obsesiva y ausente, el qué dirán de los vecinos y donde aquel verano deslumbrante hizo que la calle fuera el lugar idóneo donde el tiempo se desvanece y donde se gestan sus sueños y pesadillas. 

Y su padre le reprocha en el desayuno, tras su noche de verbena veraniega: “Escucha, tú no tienes edad ni para salir, ni para ir con chicos, ni para fumar ni para todo eso. O sea que frena o se te acaba el chollo. Todo el día hacienda el gilipollas. Y de fumar, de fumar nada. Aquí solo fumo yo. Y punto, ¿está claro?, ¿si o no?”. Y su madre se justifica ante el esposo: “Yo no digo, Paco, que ella tenga que seguir la religión. Pero que si va, que yo tampoco la he obligado a ir, si va, que tenga respeto por la procesión”

Y es al finalizar el verano cuando una prueba de embarazo lo cambia todo. Hasta la inocencia, ese don que tiene la infancia y perdemos con la adolescencia. Y es cuando Lis le dice a la madre de Paula, su mejor amiga, a quien conocen como Remedios Naturales por dedicarse a las medicinas complementarias y alternativas: “Necesito que me ayudes a abortar”. Y ella le contesta, con toda una lección de comprension, asertividad y amor: “Alicia, esto es algo que tienes que afrontar…Las cosas no son porque sí, las cosas son para que tú aprendas algo. Esto ha pasado para que tú aprendas algo y tienes que responsabilizarte. No puedes huir…Aunque tú decidas abortar, que estás en todo tu derecho, debes ser consciente de que llevas a un ser que está creciendo dentro de ti y que tú voluntariamente has decidido quitarle la vida. Eso tienes que saberlo. Para poder sanar, tienes que afrontarlo, responsabilizarte de ello. Esto te acompañará toda la vida. Es así, te puede acompañar mal si lo hacemos mal, o te acompañará bien y te ayudará a crecer”

Pero Alicia sigue obcecada en abortar. Y cuando se lo cuenta al padre, Nestor, un chico chapero y de regular pelaje, resulta que le contesta: “Bueno, venga, vamos paso por paso. ¿Estás bien?...¿Estás segura de que quieres abortar? Porque no lo pensamos, hablamos…” Y la abraza con cariño. Porque lo cierto es que mientras oculta por miedo la noticia a sus padres, solo tiene el apoyo real de Remedios, con sus consejos tan naturales como las terapias que aplica: “La culpa y el perdón nos sirven para nada. La culpa y el perdón se las ha inventado la Iglesia… Saber la culpa o la no culpa no tiene sentido”

Y así avanza la historia, tan natural y real como la vida misma… que asusta. Alicia se va acercando a su madre, a la que intenta que sea cómplice para convencer al padre de que pueda viajar a Barcelona para poder visitar la escuela de circo a la que quiere acudir. Una madre vejada continuamente por la violencia sexista del hogar, una buena mujer que intenta retirar las malas vibraciones de su hogar con las terapias de Remedios, y la que su hija pregunta con razón: “¿No sé por qué no te has divorciado de él?”. Una madre a la que también reprocha, “Siempre qué pensaran los del pueblo”. Y cuando finalmente Alicia se atreve a contar lo de su embarazo a su madre, se desencadena la tormenta: “Dime que no es verdad. Mentirosa. Yo educándote y tú que haces… Eres la deshorna de la familia. No te he educado así y no hay perdón que valga. Es que no te conozco. Lárgate de aquí, no quiero verte más”

Y ese final especial con la madre y la hija en la estación esperando el tren que las lleve a Barcelona…, posiblemente a llevar a cabo lo que los padres desean para evitar el qué dirán en el pueblo. Pero dejando un interrogante entre la caricia de la madre y la pregunta de Alicia: “Mamá, que estaba pensando que como que vamos a Barcelona, pues podríamos ir a ver a la escuela de circo, ¿no?, ¿ya que estamos?”. Y la música de las fiestas de verano para los créditos finales. Y con ello todas las interrogantes que se deseen como espectadores…, y sin juzgar si habrá final feliz o no. Porque un aborto puede ser una decisión, pero no un final feliz. 

Porque la inocencia de Alicia se perdió de repente en aquel verano. Y la jovencísima actriz Carmen Arrufat transmite con verdad y emoción una historia tan habitual que la hacemos nuestra, y la acompañamos en la responsabilidad de sus decisiones y el deseo de alzar el vuelo alejada de su propia prisión natal, su familia y su pueblo. Y la historia es más nuestra gracias a un cuidado guión, planos acertados e introspectivos, diálogos de una naturalidad extrema y un trabajo interpretativo donde destacan Sergi López, Laia Marull y, especialmente, Carmen Arrufat (nominada a su joven edad al Oscar a Mejor actriz revelación, aunque al final lo consiguiera Benedicta Sánchez, a los 84 años de edad, por la película Lo que arde de Oliver Laxe). Padre, madre e hija que se debaten alrededor de la inocencia perdida. 

Es La inocencia una historia que hemos visto muchas veces, pero quizás nunca narrada con esta naturalidad, con ese fuerte contraste entre la primera mitad de la película y la segunda, entre lo que Alicia disfrutó en el verano y lo que dudó en el otoño, entre cómo se vive una experiencia así en la ciudad o en un pueblo. Y con un desenlace tan sencillo como abierto, mostrando sin juzgar. Y es La inocencia un ejemplo más de que el cine español se nutre de excelentes realizadoras y actrices. Y que el cine en España tiene cada vez más nombre de mujer. 

Y nos quedamos con el sueño (y la inocencia) de Alicia/Lis, quien quizá hubiera querido ser la Gelsomina de Fellini. Pero una noche de verano todo cambió para ella… La inocencia es una notable ópera prima que nos habla con autenticidad y realismo de una de las etapas más complejas del ser humano. Porque la travesía de la adolescencia se cura con el tiempo, pero algunas heridas tardan en cicatrizar muchos años más.
 
 

sábado, 30 de mayo de 2020

Cine y Pediatría (542). “La infancia de Iván”, elegía antibélica en el alma de un monstruo


El cine en blanco y negro en Cine y Pediatría tiene un apartado especial. Y lo tiene por una razón: porque estas películas argumentales elegidas son joyas de séptimo arte maceradas por la ciencia y la conciencia con dos aliados, el tiempo y la opinión de críticos y público (no siempre coincidentes). Y hoy viene a esta página una más, desde la Rusia en esta ocasión: La infancia de Iván (Andrei Tarkovsky, 1962).

Andrei Tarkovsky es un director más de aquellos que odias o amas. Porque no todo el mundo aprecia sus películas visionarias, no fáciles de dirigir quizás por su largo metraje, quizás por el esfuerzo de reflexión al que nos somete. Pero es patente que fue un director de grandes directores: Ingmar Bergman, su mejor alumno, le consideraba el mejor director de todos los tiempos, y Akira Kurosawa y Roberto Rosellini le adoraban por encima de todas las cosas. Con los espectadores ya hay controversia y la valoración de sus obras oscila de fascinantes a insoportables. Y su legado fueron siete largometrajes, que comenzó con nuestra obra de hoy y continuó con Andrei Rublev (1966), Solaris (1972), El espejo (1975), Stalker (1979), Nostalgia (1983) y Sacrificio (1986).

Y hoy en Cine y Pediatría nos convoca el primer largometraje del joven Andréi Tarkovsky, que se había graduado en la escuela de cine con su cortometraje de tesis El violín y la apisonadora (1960), y que fue llamado por los estudios Mosfilm para continuar una película cuyo primer director, Eduard Abalov, había sido despedido. Trabajo de encargo, por lo tanto, pero que el joven director supo convertir en propia esta obra y donde ya dejó patente su particular talento, estilo y fuerza cinematográfica. La infancia de Iván fue todo un hito en su momento y fue alabada por otros directores y por la crítica: por el uso imposible de la cámara, por su esmerada fotografía rondando el expresionismo, por la poesía y lirismo de sus imágenes, por el tratamiento sonoro, con esa música omnipresente como tercer personaje dramático invisible. Con La infancia de Iván había nacido un director único y las pantallas del mundo se preparaban para esa llegada: de hecho, es la primera película en la historia del Festival de Venecia que, siendo una ópera prima, ha ganado el León de Oro (lo hizo ex-aqueo con Crónica familiar de Valerio Zurlini).

Basada en una novela corta de Vladimir Bogomolov, “Ivan, a story”, la película retrata la vida de un niño huérfano de 12 años, por nombre Iván (Nikolai Burlyayev, quien trabajara con Tarkosvski después en Andrei Rublev), durante los días de la Segunda Guerra Mundial tras perder a sus padres por la guerra y quien, para sobrevivir, trabaja para el ejército ruso espiando a los alemanes. "Y yo estoy solo. Usted lo sabe. No tengo a nadie… No tengo más amo que yo" se rebela Iván cuando le quieren internar en una escuela.

Porque hay centenares de películas centradas en esta contienda militar, pero aquí estamos ante una de esas películas de guerra donde los combates y maniobras militares quedan fuera de campo y en la que lo que importa es lo que sucede en el interior de los personajes. Y nos plantea una dualidad entre ese niño-adulto totalmente integrado en la guerra y el mundo de sus sueños, cuatro en concreto, donde desplegará todo el potencial poético de esta historia triste. Esa dualidad entre los sueños de Iván de una feliz infancia pasada alrededor de su idílica madre y la pesadilla de la cruda realidad. Una realidad plagada de frío, agua, barro, polvo, ruinas, trincheras, disparos y bombardeos. “Dios mío, ¿cuándo terminará todo esto?”, dice un abuelo perdido entre los escombros de lo que fue su hogar y al que solo le resta una gallina de compañía.

Se establece una dualidad que va a estar presente en todo el cine tarkovskyano: entre el mundo interior y el exterior, convirtiendo al mundo interior en el más auténtico, y el exterior en el más falso, o por lo menos el más alejado a quienes verdaderamente somos. Y en ese camino, Tarkovsky se empeña en buscar y encontrar los pequeños destellos de belleza sin renunciar a la crudeza de la Segunda Guerra Mundial: la icónica escena del romance en el bosque de abedules, Iván corriendo por encima del agua,... momentos en los que la realidad se entremezcla con lo onírico para, por un momento, olvidarse del conflicto bélico.

Porque La infancia de Iván es muchas cosas dentro del cine soviético de la época, y muchas cosas más dentro del cine europeo de los años sesenta, a pesar de lo reducido de su producción y de que no estamos ante una película gigantesca como sí lo será Andrei Rublev. Y lo es por su fortísima singularidad narrativa, que la sitúa muy por delante de su época y por representar el nacimiento de una mirada y un estilo muy personales, que seguiría evolucionando en sus siguientes películas. Pero en sí misma, su visionado es un inolvidable puñetazo en el estómago, un viaje por la locura y el horror de la guerra, aunque los combates estén en off. Pero basta un comentario de unos militares (“Hay que enviarle a la retaguardia. La guerra no es cosa de niños”) o una pintada en una pared (“Somos 8 jóvenes menores de 19 años. Dentro de una hora nos llevarán a matar. Venguenos”) para saber de qué se está hablando. 

Un poderoso debut que se erige en toda una demostración de talento, vigor y sensibilidad cinematográfica. Porque el género bélico nunca había encontrado formas tan líricas ni tan abstractas de filmar el alma de ese monstruo. Allí donde Iván se cruza con el teniente Galtsev, con el capitán Kholin, Gryaznov, Masha,… y donde Iván acaba siendo un monstruo destrozado por la guerra, un niño cuya infancia ha quedado irremediablemente perdida, devastada. Y ya no es un niño. Y menos a medida que la imágenes se hacen más crudas a medida que avanza la película – no más crudas que la realidad – y aparece la reflexión: “¿Será posible que esta no sea la última guerra en la Tierra?”.

En La infancia de Iván no existe glorificación de la actuación del ejército soviético ni calificación del enemigo nazi, que casi ni se menciona. En todo caso la película constituye una proclama en contra de la guerra y de los horrores que ella produce, especialmente por convertir el alma pura de un niño en el alma de un monstruo. Una hermosa elegía antibélica que finaliza con ese cuarto sueño onírico del juego del escondite final en la playa frente a un árbol seco… Y The End. Diríase Joaquín Soroya en blanco en negro. Pero estamos en el cine y hablamos de Andrei Tarkovsky.





sábado, 10 de agosto de 2019

Cine y Pediatría (500). "Pelle el conquistador", el desarraigo y la tierra prometida


En Dinamarca se hace un cine de alta calidad, innovador y comprometido, pero el cine danés es poco conocido en nuestro ámbito. A finales del siglo XX apareció un movimiento fílmico vanguardista conocido como Dogma 95 (tan alabado como criticado), iniciado con Lars von Trier y Thomas Vinterberg, y alrededor del cual se sumaron otros directores como Kristian Levring y Soren Kragh-Jacobsen. Y de cuya estela, ya en el siglo XXI, se nos han presentado otros directores como Susanne Bier, Lone Scherfig, Nicolas Winding Refn, Christoffer Boe, Nikolaj Arcel o Christian Madsen. Y a estos, sin duda, hay que añadir dos nombres propios esenciales: en la primera mitad del siglo XX una de las mayores figuras del cine europeo, Carl Theodor Dreyer, con obras como La pasión de Juana de Arco (1928), La palabra/Ordet (1955) o Gertrud (1965); y en la segunda mitad del siglo, Bille August, con obras como Las mejores intenciones (1992), La casa de los espíritus (1993), Smila: misterio en la nieve (1997) o Los miserables (1998). Y este director comenzó a ser conocido y reconocido con la película que hoy nos convoca: Pelle el consquistador, una película del año 1987, cuyo guion está basado en la novela homónima del escritor danés Martin Andersen, “Pelle Erobreren “, publicada en cuatro volúmenes (entre 1906 y 1910), y considerada parcialmente autobiográfica. 

Tres son las películas de Dinamarca que ya forman parte del proyecto Cine y Pediatría, tres películas muy comprometidas: Princess (Anders Morgenthaler, 2006), En un mundo mejor (Susanne Bier, 2010) y La caza (Thomas Vinterberg, 2012).  Y para celebrar los 500 post de Cine y Pediatría, una cifra que he conquistado y que me parece imposible cuando uno echa la vista atrás - desde aquel enero de 2010 donde todo empezó -, qué mejor forma que hacerlo con esta película de Bille August, Pelle el conquistador, la película danesa que conquistara la Palma de oro en Cannes, el Globo de Oro y el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. La mejor película europea de aquel año, una especial combinación de los conflictos morales y religiosos de Ingmar Bergman, la fisicidad de Victor Sjöstrom y la austeridad de Carl Theodor Dreyer. Una hermosa y dolorosa película. 

Nos encontramos a finales del siglo XIX. En aquel tiempo numerosos inmigrantes suecos llegaban en barco a la isla danesa de Bornholm buscando una vida mejor. Y entre ellos se nos presenta, en un comienzo de película que marca el tono triste de la película, al joven Pelle (Pelle Hvenegaard) y a su anciano padre Lasse Karlsson (Max von Sydow). El padre le justifica el por qué de la importancia de emigrar hacia un futuro mejor: “Allí el brandy es casi tan barato como el agua. Y los salarios son tan altos, que los niños no tienen que trabajar y pueden jugar todo el día con sus amigos”. Pero una vez en el puerto nadie les da trabajo, y así lo justifican: “Eres demasiado viejo y el crío muy pequeño”

Finalmente consiguen trabajo en la granja Stone, pero en condiciones similares a la esclavitud, un lugar donde pronto desaparecen todos los sueños de nuestros protagonistas, padre e hijo. Una vieja granja de una sociedad feudal cuyo patrón es un mujeriego casado con una frustrada esposa alcohólica, con un capataz indeseable que maltrata por vocación. Y ahí resuenan las palabras de Lasse a su hijo, intentando aliviar sus vivencias: “Tu madre estaba muy preocupada antes de morir. Creía que podía ocuparme de ti”, “Lasse es pobre y viejo… Y tú eres joven y aún puedes conquistar el mundo". Y Pelle crece y va descubriendo poco a poco todas las facetas de la vida bajo un doble frío, el externo del clima y el interno de los sentimientos, donde la violencia impera y el rigor de la religión protestante no es alivio. Sentimos ese frío con Pelle en la casa, en la escuela, en el establo, en el campo, en el invierno y en la primavera, en la vida y en la muerte... Y cuando contempla cómo navegan los grandes veleros, entonces sueña con las tierras lejanas que algún día conquistará, tal como le narra Erik, el criado rebelde de la granja: “Me marcharé y conquistaré el mundo. Primero América. Luego China, España y Australia. Está ahí fuera, conquistaré el mundo entero. Todo lo de ahí fuera está esperando ser conquistado. ¡El hombre puede vivir de verdad! Está ahí fuera esperándonos”

Y somos partícipes de los sueños imposibles de Pelle. Porque hasta imposible se le antoja tener una casa, una familia o no tener que trabajar y tener tiempo para jugar con otros niños. Pero imposibles cuando el desarraigo y la pobreza nos acompañan, y a padre e hijo les acompaña en una granja donde se acumulan todos los pecados capitales, desde los amos a los sirvientes. Por ello, cuando su padre le regala una navaja por su cumpleaños, le dice: “Es el regalo de un hombre pobre, Pelle". Y somos partícipes de dos seres que buscan - y no encuentran -: el padre busca una esposa, el hijo busca la libertad. 

El padre casi lo consigue, cuando conoce a la Sra. Olssen: “Ya está todo arreglado, tendrás una casa, un hogar y una madre muy guapa, la señora Olssen. Serás muy feliz… y a lo mejor nos trae el café a la cama los domingos por la mañana”. Incluso proclama a las Sagradas Escrituras para justificarse: “Isaías, Daniel, Ezequiel y Jeremías… en aquel tiempo tenían dos mujeres”. Pero no es así, cuando regresa el marido perdido en el mar: “Yo solo quería un hogar para pasar mi vejez. Encontrar a alguien que me hiciera libre”. 

Y el hijo no sabemos si lo conseguirá. Pues al final padre e hijo se despiden en la nieve. Y Pelle avanza en la escena final por la playa helada y por el mar helado. Y se nos queda el corazón helado… algo así como cuando nos toca conquistar la vida desde abajo, solos y sin nada. Bello y poético final, donde se mezclan la poesía de lo soñado y la prosa de lo que a partir de ahí el joven Pelle comenzara a vivir. 

Es Pelle el conquistador una bella y emotiva película que está basada en un clásico mayor de la literatura danesa, una película necesaria que apuesta por la imaginación como escape a la irracional realidad, un elogio a la aventura de los sueños por cumplir y a la tierra prometida por conquistar. Doloroso aprendizaje de la vida bajo el desarraigo, en una obra cargada de aliento épico y poético que nos deja este fresco cinematográfico de Bille August. 

Y todo ello con una hermosísima y elegante partitura que contrasta con el dramatismo del filme. Bellas y bucólicas melodías, dotadas de un elevado sentido de la nostalgia, para conquistar el mundo de Pelle. ¡Como Cine y Pediatría ha conquistado su post 500!

sábado, 27 de julio de 2019

Cine y Pediatría (498): “Tideland” y nuestra Alicia en el País de los Horrores


Hay directores inclasificables y hay cine maldito. Y, rizando el rizo, hay directores inclasificables especializados en cine maldito. Un ejemplo paradigmático es Terry Gilliam. El nombre de este director y actor de cine británico nacido en Estados Unidos, viene asociado en sus inicios al icónico grupo británico humorístico Monty Python del que formó parte en la década de los 60 y 70, junto con otros cinco compañeros (Graham Chapman, John Cleese, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin). 

A Terry Gilliam le gusta sentirse un extraño en tierra extraña, y también hace sentir extraños a los espectadores. Su cine puede resultar incomprensible, indigesto, tanto por la forma (por su excesiva orfebrería visual) como por el fondo (su cine transita entre el pesimismo antropológico y el optimismo vital, no fácil de encajar). No es de extrañar que su cine sea calificado de maldito, con más detractores que seguidores. Y así lo demuestra su filmografía, que oscila entre sus obras de culto (Brasil, Las aventuras del barón Münchausen, El rey pescador o Doce monos) o productos inclasificables, entre lo encantador y lo grotesco (Miedo y asco en Las Vegas, Los hermanos Grimm, Tideland o The Imaginarium of Doctor Parnassus). 

Y hoy recordamos su cine a través de su película del año 2005, Tideland, adaptación cinematográfica del libro de Mitch Cullin con título homónimo y en el que se hace una revisión postmoderna del clásico de Lewis Carroll, "Alicia en el país de las Maravillas". Pero aquí la protagonista es una niña de 9 años, por nombre Jeliza-Rose, hija de drogodependientes, y quien sobrevive a la muerte por sobredosis de ambos progenitores con una mezcla de cruda realidad y alucinante imaginación. Sueño y fantasía de nuestra Jeliza-Rose en el País de los Horrores bajo el prisma de Terry Gilliam. Abróchense los cinturones…a una película inclasificable, pero con una carga de dureza extrema. Pero no es para menos, pues así de cruda y dura es la vida de esta hija que es criada alrededor de la droga y sus consecuencias

Porque Jeliza-Rose (increíble Jodelle Ferland, sobre quien gira toda la película) nos da un paseo por la vida de una familia totalmente peculiar, para demostrarnos la cruda y dura realidad del mundo de las drogas, los excesos sobre los afectados y el abandono – cuando no la falta de amor - hacia el entorno familiar y sus hijos. Y ella nos hace protagonistas de su cuento, en el que crea un mundo paralelo al de la realidad, que la permite vivir al margen de las continuas desgracias con las que convive y que la desvinculan de sus labores hogareñas, entre ellas la de preparar la inyección de heroína que todos los días le reclama su propio padre, ex guitarrista de rockabilly. Y por ello la madre yonki le dice al inicio: “No puedo arreglármela sin ti”. Y cuando la madre fallece ante sus ojos, el padre le comenta,: “La metadona acabó con ella. Debió seguir con el caballo”. Y cuando esto ocurre, padre (Jeff Bridges) e hija huyen de Los Ángeles al campo tejano, a la casa abandonada de la abuela, fallecida hace años. 

Y allí Jeliza-Rose vivirá en una casa en ruinas (como la vida que sus padres le dejan) situada en un campo yermo con árboles secos, creando su mundo aparte con sus cuatro cabezas de muñecas (por nombre Mustique, Sateen Lips, Baby Blonde y Glitter Gal) en busca de un mundo imaginario tan sórdido como su propia existencia, en busca de hadas, fantasmas y monstruos. Y cuando su padre fallece por una sobredosis en el sillón, ella le cuida y le habla, mientras conoce a sus dos extraños vecinos, dos hermanos adultos: ella es Dell (Janet McTeer), una extraña mujer que viste de negro como una bruja y teme a las avispas, porque la dejaron tuerta, y que tiene por afición la taxidermia; él es Dickens (Brendan Fletcher), un chico con retraso mental secundario a un traumatismo craneal por un accidente y al que le gusta bucear con su traje de neopreno en medio de la pradera y que está obsesionado por el gran tiburón, que resulta ser un tren de largo recorrido que cruza la soledad del lugar donde viven, al que quiere destruir con dinamita. 

Una película de desagradable visión (los dos cuerpos taxidermizados, el del padre y la abuela, son un ejemplo), pero que permite varias lecturas. Al menos dos visiones: una infantil, la onírica que intenta devolvernos los ojos de la niña, y otra adulta, la cruda realidad que rodea a los personajes, atrapados en su pasado y presente. Porque no es nuevo usar historias infantiles como pretexto para realizar reflexiones ulteriores sobre los protagonistas, la realidad, y el ideal perdido que se encarna con la inocencia infantil: una tradición iniciada por Lewis Carroll (Alicia en el País de las Maravillas) y años más tarde por John Barrie (Peter Pan y su País de Nunca Jamás). Y ahora con la vuelta de tuerca de Terry Gilliam. Porque las historias de Jeliza–Rose son cuentos con hadas, príncipes y monstruos, como la mayoría de juegos infantiles, pero teñidos de ese dramatismo extra por la situación vital de la protagonista. Porque lo más cruel es que los errores de los adultos roben a sus hijos la inocencia del paraíso perdido, y de ahí el contraste con el que Gilliam nos golpea: esa doble visión, la de la imaginación de Jeliza-Rose y la de la hostil realidad que rodea a la niña. Y lo podremos contar así o de otra forma, pero cuando los hijos crecen en familias drogodependientes, la hostil realidad puede llegar a superar la ficción. Incluso la que nos propone Terry Gilliam en Tireland.

Porque todo en Tireland se sitúa en el límite entre ficción y realidad. Todo en Tireland es incómodo, tanto la realidad como la ficción. Porque hasta la amistad de Jeliza-Rose y Dickens se tiñe de aspectos no deseados, donde la niña imita comportamiento de adultos: “Si me enseñas tu secreto, te amaré para siempre”.

Y, finalmente, descarrila el tren a su paso por la pradera. Y como espectadores nos quedamos tan desconcertados como los viajeros del tren. Y resuena, una vez más, la voz en off de Jeliza-Rose: “Si cierro mis ojos quizás despierte dentro de tu sueño a un mundo sin límites”. Pero no es así, porque el mundo si tiene límites y normas. Y los hijos son a menudo las víctimas silenciosas de los abusos de drogas de sus padres.

La drogadicción de los padres provocan consecuencias múltiples, graves y frecuentes en el embarazo y parto, sobre el recién nacido y sobre la evolución de estos niños en edades posteriores, como causa de morbilidad y mortalidad perinatal, neonatal e infantil, por no hablar de las repercusiones psicosociales. Y es causa muy justificada para perder la custodia de los hijos, por muchas razones pero especialmente por maltrato infantil por negligencia. Algo que ningún espectador hubiera dudado desde las primeras escenas de Tideland… para evitar ese viaje al País de los Horrores de nuestra protagonista.

 

lunes, 25 de septiembre de 2017

¡¡ Cumplimos cuatro años !! y CONTINUUMamos...


Cuando llega el otoño siempre regresa una buena noticia y sumamos un año más... y van tres. Un 23 de septiembre de 2013 inauguramos CONTINUUM, la plataforma de formación virtual de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Y hoy cumplimos cuatro maravillosos años... 

Y en este tiempo se repiten las buenas noticias (al menos 88 posts ya en este blog al respecto). Y estas son nuestras credenciales: 

• Actividades didácticas publicadas: 
1) En el apartado de Formación: 473, distribuidas de la siguiente forma: 
- Imagen de la semana: 175 
- Casos clínicos interactivos: 88 
- Novedades bibliográficas: 88 
- Artículos destacados: 87 
- Cursos de formación: 27 
- Píldoras formativas: 8 
2) En el apartado de Información: 
- Biblioteca: 1185 documentos 
- Herramientas para la consulta: 102 

• Créditos de formación médica continuada: 117.313 (en diplomas emitidos) 
- Casos clínicos interactivos: 2.756 
- Novedades bibliográficas: 340 
- Artículos destacados: 948 
- Cursos de formación: 113.267 

• Autores que han participados en las diferentes secciones: 936, una clara muestra de que Continuum es un proyecto de todos y para todos.

• Unidades didácticas adquiridas: 31.481 

• Total de usuarios registrados en la plataforma: 13.208 (de los cuales, 75.70 son socios de la AEP y 7.503 no) 

• Estadísticas por medio de Google Analytics: 
- Número de páginas vistas: 12,1 millones 
- Usuarios: 550.000 
- Sesiones: 1.300.000 
- Páginas por sesión: 11 
- Visitas por países: 64% de España y resto de Latinoamérica principalmente (por orden: México, Argentina, Perú, Colombia, Ecuador, Chile, Venezuela, Estados Unidos y Uruguay en los 10 primeros lugares). 

Porque justo hoy, un año más, le damos vida a los sueños...Y GRACIAS a un grupo de fantásticos pediatras y amigos, al pie del cañón cada día, hemos logrado crear un modelo y una plataforma de formación modélica, posiblemente el mejor portal de formación médica en español, con su fórmula de éxito: sus "5C" y sus "4H".  La excelencia y honestidad es nuestra credencial y los amigos de Continuum, como alumnos, habéis permitido que esto sea así y que cumplamos el verso de Raúl Seixas, con el que empezó todo: "Un sueño que se sueña solo, es tan solo un sueño que se sueña solo. Pero un sueño que se sueña juntos, es realidad". 

Y este recuerdo lo celebramos a tres días de presentar en el XIV CURSO INTERNACIONAL DE PEDIATRÍA, y ante prestigiosos colegas de México, Cuba y Estados Unidos, la ponencia "El poder del aprendizaje virtual (Web-Based Learning) en la formación médica del pediatra. La experiencia de Continuum", un paso más para caminar a la universidad de la pediatría en español (que es mucho más que España y que se llama Latinoamérica). 

sábado, 29 de abril de 2017

Cine y Pediatría (381). "La historia interminable" y el valor de la lectura en la infancia


Un niño de 11 años llamado Bastian vive solo con su padre tras la muerte reciente de su madre, y apreciamos que sufre acoso escolar en el colegio, allí donde se evade de la realidad pintando unicornios (aunque los profesores ven solo caballos). Huyendo de sus compañeros, casualmente entra en una peculiar librería, un tienda de libros antiguos donde no es inicialmente bien recibido por el dueño. "Aquí solo vendemos unos pequeños objetos rectangulares que se llaman libros. Requieren algún esfuerzo y no hacen bip-bip-bip. Vete ya". Y Bastian le responde: "Yo sé lo que son libros. Tengo 186 en casa. He leído La isla del tesoro, El último de los mohicanos, El Mago de Oz, El señor de los anillos, 20.000 leguas de viaje submarino". Y el librero le comenta del libro que tiene entre sus manos: "Tus libros son inofensivos. Mientras los lees puedes convertirte en Tarzán o en Robinson Crusoe. Pero después de leerlos vuelves a ser un niño otra vez... Olvídalo jovencito, este libro no es para ti". Porque el libro que Bastian ve sobre la mesa se titula La historia interminable... y sí es para él, pues premeditadamente se lo dejan llevar, aunque Bastian tiene intención de devolverlo tras su lectura. 

Con esta introducción está ya claro que hablamos de la película La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984), la adaptación de "Die Unendliche Geschichte", novela fantástica del escritor alemán Michael Ende publicada por primera vez en alemán en 1979. Fue un verdadero éxito desde el mismo momento en que se publicó y ha sido traducida a más de 36 idiomas y conocido diversas adaptaciones cinematográficas, pues tuvo dos partes más además del film que hoy nos convoca: hablamos de La historia interminable 2. El siguiente capítulo (George T. Miller, 1990) y Las aventuras de Bastian (La historia interminable 3) (Peter MacDonald, 1994). 

Y es que la novela de Michael Ende y la película de Wolfgang Petersen traspasa la simple aventura de fantasía épica para erigirse como una fábula cargada de reflexiones -y críticas- sobre la sociedad moderna, los movimientos políticos y sociales y el devenir de una Europa en crisis, desencantada y, por ello, fácilmente manipulable por los más oscuros poderes. Y solo a través del conocimiento, la templanza, la valentía, la modestia y el pensamiento profundo se podrán construir los salvavidas para escapar de la oscuridad. 

En La historia interminable, la realidad de Bastian (Barret Oliver) le gusta tan poco como el cubo de basura al que le introducen. El dueño de la tienda de libros antiguos, el señor Koreander (Thomas Hill), le permite que robe ese libro tan especial, la primera pieza del juego de matrioskas de una narración que salta constantemente hacia dentro y hacia fuera de los distintos niveles del mundo fantástico y la ficción cinematográfica. Como en el teatro brechtiano del que tanto bebió Ende, el público es consciente en todo momento de que está viendo una película sobre un niño que está leyendo un libro, como un alegato a favor de la imaginación entre el reino de Fantasía y la Nada, un mundo multirracial donde conviven comepiedras, dragones voladores, enanos, tortugas milenarias parlantes, lobos y otros seres. Pero un mundo que, de pronto, se ve amenazado por la invasión de la Nada. Poco a poco la Nada irá avanzando y Fantasía necesitará un héroe, encarnado en el personaje de Atreyu (Noah Hathaway), que atravesará los Pantanos de la Tristeza, bosques y desiertos camino de la Torre de Marfil, donde tendrá que salvar a la Niña Emperatriz (Tami Stronach) para, a su vez, salvar Fantasía. Sin embargo, la película apelará al héroe que hay dentro de cada uno de nosotros, que conducirá a la salvación o a la destrucción del mundo de acuerdo a las decisiones que se tomen. 

"¿Por qué se está muriendo Fantasía entonces" pregunta Atreyu al lobo Gmorr, y éste contesta: "Porque los hombres han empezado a perder sus esperanzas y olvidar su sueño. Por eso la Nada avanza cada día más". "¿Qué es la Nada?" vuelve a preguntar, y le responde: "El vacío que queda, como un fiera desesperación que destruye este mundo... Porque las personas que no tienen ninguna esperanza son fáciles de dominar". Y así es como cada detalle de la película está cargado de simbolismo y significado, y va más allá de un cuento infantil, como cuando habla con la vieja tortuga Morla ("Si la Nada sigue avanzando, todos moriremos") o Atreyu ("Tú no te rindas nunca y la buena suerte te acompañará siempre"). 

Porque el inolvidable libro de Ende quiso envolverlo Petersen un cuidado embalaje de espectaculares e imaginativos decorados, con maquillajes y efectos especiales artesanos que hoy pueden parecernos pasados de moda, pero la elevaron al nivel de clásico impagable del cine fantástico ochentero, allí donde encontramos también con El cristal oscuro (Jim Henson y Frank Oz, 1982) y Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986), y que con ojos del siglo XXI pueden parecernos algo anticuadas. Si es cierto que se cuenta que a Michael Ende no le gustó nada la película, pero quizás nunca imaginó el éxito y repercusión de la misma. Y, como el colofón de la película, valga reflexionar sobre el pensamiento final: "Al principio, siempre está oscuro".

Y esta película, que parte de un libro y que tiene a un libro de protagonista, la recordamos hoy, en la misma semana que hemos celebrado el Día Internacional del Libro (ese 23 de abril, elegido por coincidir con el fallecimiento en el año 1616 de Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, aunque siendo veraz solo el último falleció en tal fecha) y el Día de la Lengua Española, un idioma que nos une y sobre el que tantos grandes mensajes hemos recibido en honor a la lectura, y recordamos algunos:
"Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él" (Nicolás de Avellaneda)
"Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee" (Miguel de Unamuno)
"Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído" (Jorge Luis Borges)
"La pluma es la lengua del alma" (Miguel de Cervantes).

Y recordando al autor de la Triste Figura, hoy esa lengua del alma la hemos revivido con La historia interminable. Película de la que tarareamos su canción principal como verdadero "leitmotiv", "The Neverendig Story", la canción que hizo brillar a su autor, el cantante de pop inglés Limahl... Y con ella recordamos a Bastian Baltasar Bux, Karl Konrad Koreander, Atreyu, La Niña Emperatriz, Fújur, Xayide, Morla y Gmork. Otra historia interminable que nos regalan los libros...

Porque fomentar la lectura no es una tarea fácil ni para los padres ni para los educadores. Aprovechar la niñez para que adquieran este hábito es una de las mejores formas de desarrollar al máximo su personalidad y su educación.

sábado, 15 de octubre de 2016

Cine y Pediatría (353). “Un monstruo viene a verme” y a cuidar nuestros miedos



Una fórmula mágica para crear un monstruo con, al menos, seis nombres. El principal es el de la escritora anglo-irlandesa Siobhán Dowd, autora de varios libros juveniles (alguno de ellos galardonado con varios premios importantes en el mundo de la literatura), y quien por desgracia falleció en 2007 dejando sin acabar un libro que ya tenía personajes, premisa y un comienzo. Y fue el estadounidense Patrick Ness quien supo dar forma a todo ello, junto con el ilustrador Jim Kay, y consiguieron crear un relato fascinante que se publicó en el año 2014 bajo el título de "A Monster calls". El otro nombre principal es el del directo español Juan Antonio Bayona, y la elección de sus dos personajes principales para llevar a la gran pantalla esta obra, el niño Connor (interpretado por Lewis MacDougall, un inmenso niño actor elegido entre miles en el casting) y el propio monstruo (cuya voz la pone Liam Neeson, quien ya pusiera voz al león Aslan de Las crónicas de Narnia). 

Así es como nace en el año 2016 la película Un monstruo viene a verme, una historia emocionante y extraordinaria sobre un niño, su madre enferma y el monstruo que viene a visitarle. Una historia que nos habla de nuestra dificultad para aceptar la pérdida y de los lazos frágiles, pero extraordinariamente poderosos, que nos unen a la vida. Porque Un monstruo viene a verme es como una fusión de las dos únicas (y exitosas) película previas de Juan Antonio Bayona: el misterio de El orfanato (2007) - la gran triunfadora de los Goya de ese año, con 14 nominaciones, de las que consiguió siete - y los efectos especiales de Lo imposible (2012) - la gran triunfadora de los Goya de ese año, también con 14 nominaciones, de las que consiguió cinco -. En ambos años consiguió el Goya a Mejor Director, pero no el de Mejor película, que en el 2007 fue para La soledad de Jaime Rosales y en el 2012 para Blancanieves de Pablo Berger. Y todo apunta a que el "monstruo" de Bayona, en el más amplio sentido de la palabra, dará la campanada este año también. Porque este barcelonés nacido en el humilde barrio de Trinitat Vella convierte en oro todo lo que le toca, por lo que no es de extrañar que le ha llamado el rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg, para que sea el próximo director de la secuela de Jurassic World

Y todo empieza con una pesadilla. Una pesadilla que Connor repite a medianoche (concretamente a las 12,07 horas) desde que su madre comenzó con el tratamiento de su grave enfermedad. Porque nuestro protagonista de 12 años no está pasando por un buen momento: el cáncer de su madre por un lado, el acoso escolar por otro ("Tú siempre perdido en tu mundo, ¿qué hay tan interesante?" le dicen los matones) y, por si fuera poco, su padre vive en América, donde ha conocido a otra mujer. Pero una noche, un anciano tejo enfrente de su ventana se transforma en un monstruo que le visita en su habitación. Porque el tejo (este árbol que es uno de los seres más longevos en la faz de la Tierra y que recibe los sobrenombres de "Príncipe de los botánicos", "Segundo Adán" o "Árbol de la Muerte"), ese árbol viejo y robusto con propiedades curativas y connotaciones religiosas que vive junto a un cementerio, ahora tiene brazos, piernas y una cara aterradora. El monstruo no quiere asustarle, tan solo busca una cosa: la verdad, aquello que Conor más teme contar

En un primer momento, parece que estamos ante una historia de terror, pero lo que realmente nos espera es una trama verdaderamente profunda, que mezcla la fantasía con la más cruda realidad. Y comienza la pista cuando Connor y su madre (Felicity Jones) ven juntos la tele, en concreto la clásica película King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933) y ella le dice: "A la gente no le gusta lo que no entiende". Porque tras la separación de sus padres, Connor tendrá que ocuparse de llevar las riendas de la casa ("Creer es la mitad de toda curación", se dice a sí mismo) , mientras intenta acomodarse a su fría y calculadora abuela (Sigourney Weaver). Y ahora Conor intenta superar sus miedos y fobias con la ayuda de un monstruo ("Al final, Conor, no es lo importante lo que pienses, lo importante es lo que hagas", "Va a ser duro, va ser más que duro. Pero podrás con ello, Conor O´Malley") , quien le cuenta tres relatos (y, para ello, en la película se recurre al recurso de dibujos animados en un atractivo recurso visual al estilo del manga de Jiro Taniguchi), hasta que al final él tendrá que contarle "su" historia. 

Y con estos recursos, Bayona apela por igual a la emoción, a la superación y a la fantasía, materias de la que está hecho el propio cine. Y nos regala una película a medio camino entre dos recientes estrenos: en el fondo con una historia de amistad que podría asemejar la de Mi amigo el gigante (Steven Spielberg, 2016) y en la forma con El Principito (Mark Osborne, 2015). 

Cuando su madre le dice, "Ojalá tuviera 100 años para dedicártelos", entendemos que el monstruo no llegó para curar a su madre, sino para sanar a Connor. Y por ello era importante llegar a la cuarta historia y desbloquear los miedos. Porque al final el niño abraza muy fuerte a su madre, y al abrazarla puede dejarla ir. Y nos confirma que el monstruo de la pérdida viene a vernos a menudo, también en nuestra infancia. 

Y ahora la anécdota que nos acompañó en esta película tan especial. Porque una tarde fuimos a ver al monstruo. Y la casualidad vino a vernos, una vez más. Era media tarde de un día entre semana y muy pocos espectadores para ver la versión original (siempre imprescindible, más si Liam Neeson es la voz del monstruo). Elegimos dos butacas y, entre toda la sala, nos tocó junto a Vicente y David Seva, hermanos gemelos y almas del Festival Internacional de Cine de Alicante, allí donde nace y permanece Cine y Pediatría. Que viéramos juntos la que será posiblemente la película del año, con anécdota de un "monstruo" que ellos me recordaron, no deja de ser el preludio de Cine y Pediatría 6 y de próximas visitas: porque quién sabe si algún día Juan Antonio Bayona pudiera nuestro próximo prologuista. Ya Vicente fue quien sirvió como intermediario para que Bayona grabara el espectacular tsunami de Lo imposible en los Estudios Ciudad de la Luz de Alicante: ¿por qué no va a poder conseguir esto?. En el fondo tienen mucho en común, además del cine, también tienen hermanos gemelos. 

Y como nos dice la película: "La vida siempre está en los ojos". Solo hace falta aprender a mirar la vida bien. Porque "¿Cómo comienza la historia? Con un chico, muy grande para ser un niño, muy pequeño para ser un hombre".

 

viernes, 23 de septiembre de 2016

¡¡ Cumplimos tres años !! y CONTINUUMamos...


Cuando llega el otoño siempre regresa una buena noticia y sumamos un año más... y van tres. Un 23 de septiembre de 2013 inauguramos CONTINUUM, la plataforma de formación virtual de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Y hoy cumplimos tres maravilloso años... 

Y en este tiempo se repiten las buenas noticias (al menos 60 posts ya en este blog al respecto). Y estas son nuestras credenciales: 
• Actividades didácticas publicadas:  
1)En el apartado de Formación: 370, distribuidas de la siguiente forma: 
- Imagen de la semana: 131 
- Casos clínicos interactivos: 68 
- Novedades bibliográficas: 67 
- Artículos destacados: 67 
- Cursos de formación: 19 
2) En el apartado de Información: 
 - Biblioteca: 1125 documentos 
- Herramientas para la consulta: 69 

• Créditos de formación médica continuada: 46.181 (en diplomas emitidos) 
- Casos clínicos interactivos: 2.208 
- Novedades bibliográficas: 274 
- Artículos destacados: 765 
- Cursos de formación: 42.934 

• Autores que han participados en las diferentes secciones: 648 

• Unidades didácticas adquiridas: 41.190 

• Total de usuarios registrados en la plataforma: 10.908 (de los cuales, 4.950 son socios de la AEP y 5.958 no) 

• Estadísticas por medio de Google Analytics:  
- Número de páginas vistas: 8,5 millones 
- Usuarios: 364.000 
- Sesiones: 806.000 
- Páginas por sesión: 11 -
 Visitas por países: 67% de España y resto de Latinoamérica principalmente (por orden: México, Argentina, Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, Chile, Estados Unidos y Uruguay en los 10 primeros lugares). 

Porque justo hoy, un año más, más le damos vida a los sueños...Y GRACIAS a un grupo de fantásticos pediatras y amigos, al pie del cañón cada día, y pese a todo (y a algunos) hemos logrado crear un modelo y una plataforma de formación modélica, posiblemente el mejor portal de formación médica en español. La excelencia y honestidad es nuestra credencial y los amigos de Continuum, como alumnos, habéis permitido que esto se así y que cumplamos el verso de Benedetti. 

"Dale vida a los sueños que 
alimentan el alma, 
no los confundas nunca con 
realidades vanas. 

Y aunque tu mente sienta 
necesidad, humana, 
de conseguir las metas y de escalar montañas, 
nunca rompas tus sueños, porque matas el alma. 

Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco, 
no los dejes que mueran de hastío, poco a poco, 
no les rompas las alas, que son de fantasía, 
y déjalos que vuelen contigo en compañía. 

Dale vida a tus sueños y, con ellos volando, 
tocarás las estrellas y el viento, susurrando, 
te contará secretos que para ti ha guardado 
y sentirás el cuerpo con caricias, bañado, 
del alma que despierta para estar a tu lado. 

Dale vida a los sueños que tienes escondidos, 
descubrirás que puedes vivir estos momentos 
con los ojos abiertos y los miedos dormidos, 
con los ojos cerrados y los sueños despierto". 

"DALE VIDA A LOS SUEÑOS" 
Mario Benedetti

sábado, 10 de enero de 2015

Cine y Pediatría (261) Coordenadas metafísicas e infancia en el imaginario de “Alicia en el País de las Maravillas”


El matemático, lógico y escritor británico Charles Lutwidge Dodgson escribió en 1865 una obra literaria que forma parte ya de nuestra historia, así como sus emblemáticos personajes: el Gato de Cheshire, la Liebre de Marzo, el Conejo Blanco, El Sombrerero, la Oruga Azul, la Reina Blanca, Tweedledee y Tweedledum o la Reina de Corazones, entre otros. La obra fue “Alice's Adventures in Wonderland” y el autor, bajo el seudónimo de Lewis Carroll, plasmaba en este cuento alusiones satíricas a los amigos de Dodgson, a la educación inglesa y a temas políticos de la época, y el famoso País de las Maravillas que se describe en la historia lo creó básicamente a través de juegos con la lógica, de ahí la popularidad del cuento tanto en la infancia como en avezados matemáticos. Y, en 1871, escribió la continuación de este cuento, bajo el título de “Through the Looking-Glass, and What Alice Found There”. 

Se han realizado decenas de adaptaciones cinematográficas de esta onírica y enigmática obra. La primera fue en 1903, obra de Cecil Hepworth, pero es especialmente conocida la versión de dibujos animados producida por Walt Disney en 1951. Curiosamente, pese a que todas se han fundamentado en ambos cuentos, el título predominante de las películas es simplemente el de Alicia en el País de las Maravillas. Las dos adaptaciones más recientes son de esta década; una en el año 2010, producida por la factoría Disney y dirigida por Tim Burton;  y otra en 2013, una serie de televisión estadounidense bajo el título de Once Upon A Time in Wonderland. 

Y precisamente de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton hablaremos hoy, pues es la combinación perfecta: una obra enigmática y un director enigmático, con un mundo cinematográfico definido y propio. Tim Burton es un director cuya trayectoria cinematográfica viene marcada por su fanatismo al escritor de terror Edgar Allan Poe y al actor de terror Vicent Price, posiblemente por su propios rasgos de síndrome de Asperger que en él no es una enfermedad, sino un don creativo, y en sus dos actores fetiches, con los que ha realizado muchas de sus películas: Helena Bonham Carter, a la sazón su esposa, y Johnny Deep, un actor tan histriónico y genial como él. Y así es, hasta el punto que Tim Burton y Johnny Deep son una de las parejas director-actor más persistentes en la historia del cine, una relación que ya abarca dos décadas y que inició con la imaginación y la magia de Eduardo Manostijeras (1990), pasando por Ed Wood (1994), Sleepy Hollow: La leyenda del Jinete sin Cabeza (1999), Charlie y la fábrica de chocolate (2005), Sweeney Todd (2008) y que finaliza con la última versión en gran pantalla de Alicia en el País de las Maravillas (2010). Y es que precisamente sus dos actores fetiche forman parte de esta película: Johnhy Deep en el papel de El Sombrerero y Helena Bonham Carter en el papel de la Reina Roja de Corazones. 

Alicia en el País de las Maravillas no es la mejor película de Tim Burton, pero su incursión en el imaginario de Lewis Carroll (considerado uno de los maestros del “nonsense” o uso literario de juegos de palabras absurdas), sumado a la operación de mercadotecnia enhebrada por Disney de cara a la explotación de la misma, la ha convertido en una de las obras más taquilleras de su carrera. Pura iconografía “burtoniana” (o la amas o la odias), en donde nos podemos encontrar la verja metálica de Eduardo Manostijeras o el árbol retorcido de Sleepy Hollow, más mucho decorado por ordenador (con el que no se sintió a gusto, pues filmó en 2D para pasarlo luego a 3D) para llevarnos a través del mundo de Alicia (un papel para la ya crecidita Mia Wasikowska) en los 12 capítulos de la obra: I: El descenso por la madriguera, II: En un mar de lágrimas, III: Una carrera en comité y un cuento largo, IV: La habitación del Conejo Blanco, V: El consejo de una oruga, VI: Cerdo y pimienta, VII: Una Merienda de locos, VIII: El croquet de la reina, IX: Historia de la Falsa Tortuga, X: el baile de la langosta, XI: ¿Quién robó las tartas? Y XII: La declaración de Alicia. 

Y con la música de Danny Elfman nos introducimos en la premisa de Jorge Luis Borges, quien afirmaba que los libros de Alicia conforman una trama de paradojas estéticas que se valen de la lógica y la metafísica como instrumentos para la creación de los eventos, personajes y secuencias narrativas que dan coherencia al mundo de ficción que se presenta. La imaginería de Lewis Carroll crea personajes y situaciones sin precedentes literarios, los cuales, junto con las paradojas, son las instancias apropiadas para comunicar los secretos de mundos inferiores, superiores e interiores y varias coordenadas metafísicas: sueños, fantasía, infancia y mito. 
Un texto y unas imágenes donde campean dos recursos retóricos como la humanización y la hipérbole, subrayados de fantasía que, como decía Tolkien, son lleva a la más alta expresión del arte. Tres elementos de fantasía se repiten: 1) Objetos mágicos: llave de oro, mesa de tres patas de cristal, caja de cristal, guantes, hongos, etc.; 2) Transformaciones mágicas: lágrimas en el Charco de las Lágrimas, piedras en bombones, piedras en bizcochos, etc.; 3) Encuentros con animales que hablan: el ratón, el pato, el loro, la aguilucho, la Oruga Azul, etc. 

Coordenadas metafísicas e infancia en el imaginario de Alicia, repleto de frases y pensamientos míticos: 
“Alicia no tenía la menor idea de lo que era la latitud, ni tampoco la longitud, pero le pareció bien decir unas palabras tan bonitas e impresionantes” 
“Si hubiera crecido, hubiera sido un niño terriblemente feo, pero como cerdito me parece precioso”
“Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma (aunque rara vez los seguía)” 
 “He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato!. ¡Es la cosa más rara que he visto toda mi vida!” 
“Y cuando termines de hablar…¡te callas!” 
“Alicia: ¿Cuánto tiempo es para siempre? Conejo blanco: A veces, solo un segundo”
Y la famosa expresión “¡Que le corten la cabeza!”, repetida como un mantra por la Reina Roja de Corazones en buena parte de la obra. 

Y con el inicio del año recordamos el imaginario de un escritor (Lewis Carroll) y un director (Tim Burton) que se combinan en esta película de hoy, una película que va mucho más allá de los sueños, la fantasía, la infancia y el mito. Justo ahora que Tim Burton tiene en cartel su última película (Big Eyes, 2014), su única obra de corte clásico que le hace no parecer Tim Burton (algo parecido a lo que le ocurrió en el año 2005 a Woody Allen con Match Point), y justo ahora que Cine y Pediatría inicia el camino para pasar de trilogía a tetralogía. Con Alicia en el País de las Maravillas y con sus pensamientos nos quedamos y lo celebramos:
“Alicia preguntó: ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? 
- Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar, dijo el Gato. 
- No me importa mucho el sitio, respondió Alicia. 
- Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes, le contestó el Gato”.

 

sábado, 21 de junio de 2014

Cine y Pediatría (232). "Pequeños milagros", pequeñas hadas


“La maldad de este mundo ahuyenta a las hadas. No quieren ver la destrucción de los bosques, la crueldad y el egoísmo del hombre. Por es cada vez es más difícil ver un hada. Cuando un niño dice que no cree en las hadas, cae muerta una de ellas. Por eso van quedando tan pocas”. Es la voz en off que recorre el principio de la película Pequeños milagros (Eliseo Subiela, 1997), mientras la cámara recorre el tedio de las cajeras de un supermercado, aún sin clientes. 

Eliseo Subiela es un director argentino que comenzó a amar la profesión de cine gracias a las buenas películas de su país, y una de ellas, sin duda, fue Crónica de un niño sólo (Leonardo Flavio, 1965), ya comentada en Cine y Pediatría. Porque el cine de Subiela se fundamenta en la búsqueda de emociones a través de diversos argumentos, y con mayor o menor éxito lo consigue. Y en Pequeños milagros nos relata la historia de Rosalía, una adolescente introvertida en proceso de maduración que está convencida que es un hada cuya finalidad es cumplir los deseos legítimos de sus semejantes, y que sueña con amar y ser amada. Una película que funciona como un cuento para adultos heridos y asustados frente a la noche, adultos necesitados de recuperar algo de la niñez perdida: un poco de fantasía y amor. 

Rosalía (Julieta Ortega) trabaja en un supermercado y entabla diálogos sin respuesta con los clientes: “Soy un hada que vino a cumplir una misión y quedo atrapada en este mundo”, nos recuerda mientras pasa los productos por el código de barras…. Un día descubre que es capaz de mover objetos con su mente y tiene la esperanza de hacer realidad la posibilidad de ayudar a la gente con este don: “La gente es buena, tal vez solo les falta la oportunidad de demostrarlo”, nos recuerda. Y Rosalía ayuda con la mente a una familia de músicos callejeros rumanos, a una madre indigente con su hijo lactante, a una anciana: “Sé que tengo que agradecer a Dios ser hada. Pero me pregunto si podré enamorarme de un hombre, si podré tener hijos…”
Acompaña con sus lecturas a doña Susana (Mónica Galán) y don Francisco (Paco Rabal), dos ciegos a los que la protagonista les lee libros en sus ratos libres y piensa: “no puede ver el color de mi pelo, pero puede ver mi alma”. Y descubrimos que procede de una familia desestructurada, con una madre que no se desvive por ella y un padre (Hector Alterio) que la abandono cuando tenía 8 años y ahora lo reencuentra. Y también encontramos a Santiago, un joven solitario que vive con su perra y que conoce a Rosalía a través de una cámara que instaló en una parada de autobús. Día a día la observa, sin sospechar que ella también busca el amor y un milagro los acercará. 

Subiela empezó con los homenajes explícitos a la poesía inmediatamente después de su película más poética, Hombre mirando al Sudeste (1986), en aquel momento con Mario Benedetti o Juan Gelman. Y Pequeños milagros se suma a esta tendencia y es así como durante la película se intercalan entre los diálogos referencias textuales del dramaturgo Alejandro Casona, así como versos de Fernando Pessoa (“Todos los ocasos se fundieron en mi alma” o “¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!”), entre otros. También la música se hace poesía con la recurrente melodía del famoso Adagio de Alessandro Marcello, “Concierto para oboe en Re menor”. 

“El reino de las hadas es un misterioso territorio que convive con el nuestro. Hay entradas a ese mundo mágico, afortunadamente a salvo de nuestro ruidoso y salvaje tiempo. Para cumplir sus misiones en el mundo real las hadas pueden permanecer invisibles para los humanos. El mundo está lleno de ellas o encarnarse en figuras humanas o animales”, nos recuerda la protagonista mientras lee un libro al respecto. Porque un hada es una criatura fantástica y etérea en forma de mujer hermosa, que según la tradición son protectoras de la naturaleza y perteneciente a ese fabuloso mundo de los elfos, gnomos, duendes, sirenas y gigantes que da color a las leyendas y mitologías de todos los pueblos antiguos. 

No es ésta una película redonda, ni la mejor de Eliseo Subiela, lo sabemos. Pero hay un atisbo de esperanza y agradecimiento en todos y cada uno de sus personajes, hay el deseo de mostrarnos los pequeños milagros que nos regala la vida y esa pequeña hada en forma de adolescente que busca un mundo mejor. Y lo hace alrededor de las reflexiones y poemas de Pessoa: “Vivir es pertenecer a otro. Morir es pertenecer a otro. Vivir y morir son la misma cosa, más vivir es pertenecer a otro de fuera y morir es pertenecer a otro de dentro. Una y otra cosa se asemejan, pero la vida es el lado de fuera de la muerte. Por eso la vida es la vida y la muerte es la muerte. Pues el lado de afuera siempre es el más verdadero que el lado de dentro. Tanto es así que el lado de fuera es el lado que se ve…” 

Porque en la infancia se cree en las hadas… y en los milagros. Porque todos merecemos ser un poco más niños y creer en las hadas y en los pequeños milagros.