Cine y Pediatría 8

lunes, 17 de junio de 2019

Cuadernos de Historia de la Pediatría Española: un año más con nosotros...


En cada Congreso de Pediatría recibimos cada año los interesantes Cuadernos de Historia de la Pediatría Española que se aglutinan alrededor de la labor del Comité de Historia de la AEP (Asociación Española de Pediatría), cuya labor conviene conocer. 

En el reciente congreso celebrado en Burgos hemos recibido (pero ya solo on-line, no en papel, para cuidar el ecosistema) los Cuadernos número 16 y 17, y que se pueden consultar a través de esta página web del Comité de Historia. 

El Cuaderno nº 16 se titula "En torno a la Puericultura", con estos capítulos y autores. 
Este Cuaderno, continuador de una larga trayectoria de actividades de un ilustre Grupo de historia de la pediatría española en la AEP, ofrece información dominante acerca del niño lactante y de su entorno, aceptado en pediatría y puericultura como una etapa fundamental en el cuidado de la salud infantil. 
- Prólogo. Manuel Cruz Hernández 
- Iconografía y lactancia materna. José María Paricio Talayero 
- Literatura y lactancia materna. Elena Alonso Lebrero y Miguel Zafra Anta 
- Aquellas nodrizas y aquellas pasiegas. Juan José Fernández Teijeiro 
- La Escuela Nacional de Puericultura. José Ignacio de Arana Amurrio y José Manuel Fernández Menéndez 

El Cuaderno nº 17 se titula "Una imagen y unos personajes de la medicina burgalesa", con estos capítulos y autores. 
La muy noble e histórica ciudad de Burgos, ha sido siempre un referente clave en el devenir de Castilla. Ese carácter puede aplicarse también a la historia de los múltiples pediatras que han tenido un papel importante en nuestra sociedad científica, y a su influencia en la pediatría nacional. 
- Prólogo. José Manuel Marugán de Miguelsanz 
- La uroscopia en España. A propósito de una imagen custodiada en el Monasterio de Santa María de la Vid de Burgos. Víctor García Nieto, José Ignacio de Arana 
- Recordando a Francisco Valles, el Divino. Justo Hernández 
- Charles Dent y Burgos. Gregorio de la Mata Franco, Víctor García Nieto 
- Dr. José Díez Rumayor, “Pediatra de los niños burgaleses”. Jesús Rodrigo Palacios.  

Gracias a los amigos y colegas del Comité de Historia de la AEP. Gracias a todos aquellos que trabajáis para recordarnos que no podemos obviar las palabras de Aldous Huxley: "Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia".

sábado, 15 de junio de 2019

Cine y Pediatría (492). “Déjame entrar”... en tu vida


Las películas de vampiros son todo un subgénero dentro del terror. Algunas son muy reconocibles, como Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992), Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994), Vampiros de John Carpenter (John Carpenter, 1998), Van Helsing (Stephen Sommers, 2004) o Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007).

Una fama que se vio reactivada por tres sagas, una trilogía y dos pentalogías. La saga Blade, que comenzó con Blade (Stephen Norrington, 1998), y continuó con Blade II (Guillermo del Toro, 2002) y Blade Trinity (David S. Goyer, 2004). La saga Crepúsculo, que comenzó con Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008) y continuó con Luna Nueva (Chris Weitz, 2009), Eclipse (David Slade, 2010) y Amanecer, parte I y parte II (Bill Condon, 2011 y 2012). Y la saga Underworld, que comenzó con Underworld (Len Wiseman, 2003), y continuó con Underworld: Evolution (Len Wiseman, 2006), Underworld: La rebelión de los licántropos (Patrick Tatopoulos, 2009), Underworld: El despertar (Måns Mårlind, Björn Stein, 2012) y Underworld: Guerras de Sangre (Anna Foerster, 2016).

Pero una de estas películas sobre vampiros que hoy nos reúne tiene algo especial, pues es mucho más que una historia de vampiros, pues a través de la amistad de un niño y una niña adolescentes aborda el lado oscuro de la humanidad, tratando temas como el acoso escolar, alcoholismo, pedofilia, pederastia, prostitución, suicidio y asesinatos junto con temas sobrenaturales y también con la amistad y el amor como salvación. Todo comenzó en el año 2007 cuando el escritor sueco John Ajvide Lindqvist escribe “Déjame entrar”, una novela que se centra en la relación entre Oskar, un niño de 12 años y Eli, una criatura con apariencia de niña de la misma edad que Oskar, pero que en realidad es una criatura de más de 200 años con hábitos de vampiro: se alimenta de sangre de seres vivos para mantenerse activa. Son varios los personajes de la novela, y por medio de ellos el autor describe la vida en los suburbios de Estocolmo a principios de la década de 1980 gran parte de la miseria humana. El título hace referencia a la canción "Let the Right One Slip In" de Morrissey, pero también al mito folklórico que afirma que los vampiros no pueden entrar en una casa sin ser invitados.

Y de esa novel surgieron dos películas, la original y la copia. En 2008 se estrenó la película sueca Déjame entrar (Låt den rätte komma in), dirigida por Tomas Alfredsson y protagonizada, donde Oskar (Kåre Hedebrant) es un adolescente tímido sometió a acosos escolar que vive en Blackeberg, un suburbio de la ciudad de Estocolmo, quien conoce a su nueva vecina Eli (Lina Leandersson). En 2010 se estrenó el remake, la película estadounidense Déjame entrar (Let Me In), dirigida por Matt Reeves, situada en Los Álamos/Nuevo México y en donde los niños protagonistas adoptan los nombres de Owen (Kodi Smit-McPhee) y Abby (Chloë Moretz). Nos referiremos a esta última versión en donde reconocemos a los dos jóvenes protagonistas, pues ambos forman parte de emblemáticas películas de Cine y Pediatría: Kodi Smit-McPhee era el hijo de Rómulo, mi padre (Richard Roxburgh, 2007), y Chloë Moretz la hemos disfrutado y sufrido, respectivamente, en dos películas como La invención de Hugo (Martin Scorsese, 2011) y Carrie (Kimberly Peirce, 2013). Y curiosamente esta última era también un remake y también centraba el acoso escolar en el contexto de una película de terror, como la cinta que hoy nos convoca.

Y todo remake no está exento de polémica. Porque, salvo excepciones, el original suele siempre superar a la copia (como la novela suele superar a la película) y aunque esta copia de Déjame entrar es aceptable, parece que una nueva versión a los dos años de su estreno, resultaba, al menos, paradójico. Y algunos refieren que no aporta nada nuevo quizás esta versión de Matt Reeves, más bien le restaría en relación a la contención de la versión sueca y a la compleja descripción de sus personajes. Pero entremos en materia....

Todo comienza con una primera escena en una nevada noche en la que dos coches policía escoltan a gran velocidad a una ambulancia, en la que tratan de salvar la vida a una persona que se ha quemado la cara con ácido. Un policía le pregunta, “Queremos saber quién eres”, pero a continuación éste desfigurado personaje se tira por la ventana del hospital. Y, a continuación, retrocedemos a la historia acaecida dos semanas antes.

Y se nos presenta a nuestros dos jóvenes personajes. Owen es un joven adolescente que vive con una madre en proceso de separación, un niño algo bizarro que vigila a sus vecinos con un telescopio mientras realiza extraños juegos. Y que es considerado un friqui aniñado, por lo que sufre acoso escolar por los matones de su clase, y por ello su compañeros son el temor y deseo de venganza. De pronto, una niña de su edad se establece como vecina junto al que parece ser su padre. Su nombre es Abby y siempre anda descalza y solo sale de noche al parque, y le dice: “Sabes, no puedo ser tu amiga”. Una joven con un comportamiento extraño, que no recuerdo el día de su cumpleaños y que no reconoce lo que es el famoso cubo de Rubik.

Un niño ahora sin padre, una niña sin madre, dos jóvenes bizarros en su comportamiento que están llamados a iniciar a una amistad entre la glacial nieve externa y la helada temperatura emocional que los rodea para adentrarse juntos en un universo cálido, sólo para ellos, un pacto sellado con amor, dolor, miedo y entrega… y sangre. Abby le quiere ayudar a superar el bullying: “Dales con fuerza y dejarán de pegarte”.

Una atípica pareja de preadolescentes al margen de lo corriente, jóvenes que caminan de puntillas entre su propia forma de ser, su familia, el centro escolar y la sociedad. Allí donde Owen soporta los golpes y humillaciones de la vida parapetándose en su interior, pues su religiosa madre intenta superar las heridas de la separación con su marido y no percibe las heridas en su hijo. Y en su círculo que parecía no tener salida, aparece Abby, y la amistad se transforma en amor y por eso ella le dice: “¿Me querrás aunque no fuera una chica?”. Y él la dejará entrar… 

Una de las historias de amor adolescente más inquietantes que se han trasladado a la pantalla, una historia de aceptación incondicional, que ella intenta evitar por su secreto: “He de partir y conservar la vida, o quedarme y perecer”. Es una historia de comprensión sin palabras, pero con dudas, las dudas que Owen pregunta: “¿Crees que existe el mal?”. Y cuando Abby le declara: “Necesito sangre para vivir. Tengo 12 años, pero hace mucho tiempo que tengo 12 años”. Y pese a ello, seguir amando, amar en un infierno que para ellos es un paraíso encriptado, secreto, obviando el horror, la tragedia y la condena.

Porque todos necesitamos que nos dejen entrar en la vida de las personas que queremos, que necesitamos. Y como Abby, también “sangramos” si sentimos que no podemos formar parte de esas vidas. Algo así es esta especial película de vampiros, porque Déjame entrar nos hablar de amistad y amor en dos mundos imposibles que se necesitan.

Os dejamos los dos trailers. Que cada uno elija la versión que más le guste…

 

miércoles, 12 de junio de 2019

XIV Jornada MEDES: Lenguaje centrado en el paciente


En medicina, la comunicación, como parte esencial del acto médico, contribuye a generar confianza, complicidad, respeto, seguridad y esperanza; una comunicación inadecuada, por consiguiente, puede incidir de modo negativo en todos estos aspectos. 

Aunque la cuestión del lenguaje centrado en el paciente, desde luego, es compleja y de solución nada fácil, esta XIV Jornada MEDES pretende identificar algunos de los principales problemas que hacen ineficiente la comunicación entre el médico y el paciente, así como abordar algunas de las posibles soluciones que favorezcan que en medicina, las palabras no sean solo palabras; sino que sean una parte fundamental del arsenal terapéutico y contribuyan, por un lado, a mejorar la asistencia médica prestada; por otro, a humanizarla. 

La Jornada MEDES tendrá lugar el próximo 1 de julio en El Escorial, como es habitual, y dentro de los Cursos de Verano. 

Un programa atractivo que podéis revisar en este enlace, pero que atesora este esquema: 

- CONFERENCIA invitada: Lenguaje médico, lenguaje de pacientes. 

- MESA REDONDA. El lenguaje médico: el poder de la palabra 

- MESA REDONDA 2. El lenguaje médico desde la perspectiva del paciente 

- MESA REDONDA 3: Estrategias para mejorar la comunicación 

Te esperamos en El Escorial. Un año más y con MEDES, la MEDicina en Español y el español como lenguaje y seña de identidad que hay que cuidar. 

Os dejamos abajo el programa completo.
 

lunes, 10 de junio de 2019

Un mal llamado Selectividad: una desigualdad que tiene que corregirse


Hace casi una década que comentaba en este blog que podíamos reconocer tres hitos en la Medicina… que nos pueden hacer morir de éxito: el examen MIR (y su “miritis”), el sistema peer-review (y su “expertancia”) y el factor de impacto (y su“impactolatría”). Hitos de los que conocemos más sus debilidades que sus fortalezas, pero frente a los que no disponemos (o no se usan) aún de sustitutos claramente mejores, aunque serían muy deseables. 

Pues bien, anterior a esto (y extendido a todas las ramas de estudio) hay una prueba que está resultando muy cuestionada: la denominada Selectividad. Esa prueba que hace un par de años pasó de la denominación Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) a su actual denominación como Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU)

Pero le vistamos a la Selectividad con una sigla u otra, el problema es el mismo. La disparidad de exigencias, modalidades y criterios de evaluación de las pruebas de Selectividad que hace unos días han pasado miles y miles de estudiantes en España, hace urgente necesidad de que la clase política aborde de una vez por todas una de las asignaturas pendientes de nuestra democracia: la aprobación de un gran pacto de Estado sobre Educación que garantice, por una lado, los mismos derechos y deberes a los estudiantes, independientemente de la comunidad autónoma en la que vivan. Pero también, que asegure una educación de calidad igual para todos mediante la cual se procure una alta formación humanística y ciudadana, así como una preparación técnica que permita a los españoles competir en un mercado laboral cada vez más globalizado y exigente. 

Esto ha sido motivo de debate en los últimos días con titulares evidentes de que no tienen la misma oportunidad de pasar (ni con la misma nota) alumnos de Canarias (donde la prueba es más fácil) y alumnos de Castilla y León (donde es más difícil). Y eso no es justo ni coherente. Como no lo es que en una misma comunidad haya cientos y cientos de profesores que evalúen los exámenes sin ningún criterio de homogeneidad, máxime cuando hay que puntuar textos sobre Séneca o sobre Quevedo. Y se evalúan miles de exámenes en muy pocos días - a cambio de un sobresueldo -, con baremos que son cualquier cosa menos homogéneos y equitativos. Y no tendría mayor importancia sino fuera porque de esa nota sale el futuro académico y profesional de los alumnos. 

Y todo esto no es nuevo. No es nuevo porque ahora esté en el debate periodístico, sino porque ha sido así siempre y es un mal que se debe erradicar. ¿Alguien se imagina un examen MIR diferente - y de diferente dificultad - entre Andalucía y Galicia?, ¿alguien se imagina un examen EIR con preguntas de desarrollo evaluado por cientos de profesores diferentes? No, verdad. Pues lo mismo con la Selectividad. En este país de reino de taifas y de Comunidades Autónomas que hacen de su capa un sayo, al igual que tenemos un MIR único y que pedimos un Calendario Vacunal único, solicitamos una Selectividad/EBAU única. 

Nuestros hijos e hijas se le merecen, nuestra sociedad se lo merece, nuestra educación se lo merece. Porque pocas cosas dan tantas vueltas como la terminología educativa, cuyas denominaciones cambian tan rápido como las leyes. Entre la LOGSE y la LOCE, la LOE y la LOMCE, hemos cambiado todo lo que se podía cambiar para cabrear al profesorado, marear a los alumnos y enojar a las familias. 

Así que ese mal llamado Selectividad/EBAU debe terminar con la desigualdad de evaluación intolerable. Y como esto lo conozco de primera mano, si alguien quiere que se lo tararee en privado, se lo tarareo... no tengo problemas.

sábado, 8 de junio de 2019

Cine y Pediatría (491). “Lolita”…, mi pecado, mi alma


“Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul” (Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma). Son las palabras mágicas con que Vladimir Nabokov abre el mundo de "Lolita", una de las novelas más perturbadoras y cautivadoras de la literatura, y un clásico universal y cuya belleza aumenta con el tiempo. Porque más allá del deseo, más acá del amor, rodeado de obsesión y dolor, el protagonista de la novela, un escritor llamado Humbert Humbert, hace público su “pecado” de amar y desear a una adolescente con el arte de la literatura hasta crear una de las más sutiles y complejas creaciones literarias de nuestro tiempo. Corría el año 1955 y, quién sabe, quizás esta obra hoy no se hubiera escrito... Pero expiraba el siglo XIX cuando Vladimir Nabokov nació en San Petersburgo en una familia aristocrática y fue en el año 1919, en plena Revolución comunista, cuando su familia abandonó su país bajo el régimen dictatorial para establecerse en diversos países alrededor del mundo: Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos (incluso adquirió la nacionalidad estadounidense) y allí escribió nuestra “Lolita”. Primero huyó de los bolcheviques, luego huyó de los nazis. Y en la última etapa de su existencia residió en Suiza y, como muchos artistas, decidió morir en ese paraíso llamado Montreux y desde allí contempló como su "Lolita" desató un escándalo moral, cuando justo lo que Nabokov buscaba era alejarse de la moral

“Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba de pie, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita”. Y a partir de ahí se acuñó ese nombre para referirse a aquellas preadolescentes tan seductoras como inocentes de su propio milagro de atracción sobre algunos hombres. Porque "Lolita" es una matrioska en la realidad y en la ficción: en manos de los lectores surgen múltiples lecturas, pero siempre belleza. Y como ocurre con las grandes obras literarias, se intentan transformar en guión y trasladar a la gran pantalla. Y esta novela ha sido adaptada en dos versiones cinematográficas: una en blanco y negro dirigida por el gran Stanley Kubrick en el año 1962, y en una segunda versión en color dirigida por Adrian Lyne en 1997

Una novela con cuatro personajes icónicos: Dolores Haze, Lolita, la adolescente de 12 años, y su madre viuda Charlotte Haze, divertida y moderna, competidoras ambas por los hombres que las rodean; Humbert Humbert, el escritor que alquila la casa para acabar convirtiéndose en el esposo de Charlotte, pero especialmente el padrastro de Lolita; y Claire Quilty, ese misterioso guionista de televisión que se transforma en policía, psicólogo y otros muchos personajes. En la versión cinematográfica en blanco y negro estos personajes fueron interpretados por Sue Lyon, Shelley Winters, James Mason y Peter Sellers. En la versión en color por Dominique Swain, Melanie Griffith, Jeremy Irons y Frank Langella. En la primera con la compañía musical de Nelson Riddle, en la segunda con Ennio Morricone. 

Y cada uno tendrá su especial visión de una u otra adaptación. Los críticos consideran que la versión original de Kubrick es mejor en la definición e interpretaciones de cada uno de sus cuatro personajes, aunque parece que la versión de Lyne es más fiel a la novela de Nabokov. Cierto es que los inicios de la década de los 60 no pueden ser iguales al final de la década de los 90 a la hora de contar en imágenes la relación que Lolita mantiene con su padrastro, y en donde en la primera todo se insinúa en la segunda todo resulta más explicito. Personalmente me quedó con el eterno blanco y negro de la versión original y en la que, como nos dice el misterioso lobo feroz con piel de conejo por nombre Claire Quilty: “Lolita, diminutivo de Dolores, las lágrimas y las flores”. Sea como sea, ambas películas conllevaron un mismo destino a sus dos jóvenes actrices: Sue Lyon y Dominique Swain fueron elegidas entre miles de aspirantes para interpretar el escandaloso papel de Lolita, y el papel que las iba a convertir en estrellas acabó relegándolas al olvido y destruyó sus prometedoras carreras. 

Y me centro en la versión de Stanley Kubrick. En la escena inicial aparece una suntuosa mansión desordenada por lo que uno imagina que ha sido una pasada fiesta nocturna, y donde se comete un asesinato, se intuye que por venganza: “Es su sentencia de muerte, léalo”. Y luego la película regresa a 4 años antes donde entenderemos el por qué. Y nos traslada a esa formidable escena donde Charlotte enseña a Humbert la casa en New Hampshire que quiere alquilar y a éste le desaparece cualquier duda sobre su decisión cuando ve por primera vez a nuestra joven protagonista en bañador en el jardín, inolvidable escena, junto con la posterior del hula hoop. Y a partir de ahí Humbert escribe en su diario lo que siente por Lolita: “Me vuelve loco la doble naturaleza de esa ninfa. De todas las ninfas, tal vez. Esa mezcla que tiene Lolita de ternura y soñador puerilidad y una especie de vulgaridad inquietante. Sé que es una locura escribir este diario, pero me proporciona una rara emoción…” Pero la celotipia de madre e hija acaba con ésta en un campamento, y así despide su ya padrastro: “Supongo que no volveré a verte. No me olvides”. 

Y Charlotte escribe esta carta a su inquilino: “Esto es una confesión. Te quiero. Cariño, el domingo pasado en la iglesia cuando le pregunté al Señor qué debía hacer al respecto, me dijo que actuara como lo estoy haciendo. Ya ves que no hay alternativa. En cuanto te vi, supe que te amaba. Soy una mujer apasionada y solitaria. Y tú eres el amor de mi vida. Ahora los sabes. Así que, por favor, haz las maletas y márchate. Te lo ordena la patrona. Estoy despidiendo a un inquilino. Te estoy echando. Vete, largo, “departez”. Volveré a la hora de la cena. No quiero encontrarte en casa. Pero, “chérie”, si decides quedarte, si te encuentro en casa, y sé que no será así, por eso puedo seguir hablándote de este modo, el hecho de que te quedes puede significar una cosa, que tú me deseas tanto como yo a ti, como compañera para toda la vida y que estás dispuesto a unir tu vida a la mía para siempre y a ser un padre para mi hijita. Adiós, querido. Reza por mí, si es que alguna vez rezas”. Y la risa de Humbert al terminar su lectura es de satisfacción, pues sabe que siempre estará cerca de Lolita. 

Un atropello accidental de Charlotte provoca un giro argumental de la película, que a partir de aquí adquiere el sabor de road movie con tintes de cine negro, en la que Humbert recoge a Lolita del campamento y viajan juntos, sin que ésta conozca inicialmente el trágico final de su madre. Y él le dice: “Lo pasamos muy bien juntos, ¿verdad Lolita?”, y ella le responde: “¿Sabes lo que más deseo en este mundo? Que estés orgullosa de mí”. Y otra icónica escena, donde el padrastro pinta las uñas de los pies a Lolita, nos delata oscuros caminos que la pantalla no muestra, esa mezcla del vampirismo de Lolita y de la pederastia de Humbert. Y merodeando esta relación, los distintos personajes del misterioso Quilty, sobre quien Lolita mantiene una oculta atracción, similar a la obra que interpreta bajo su dirección y por título “Las hechiceras hechizadas”. 

Finalmente Lolita huye de su padrastro tras una furtiva salida de un hospital. Y un fundido en negro nos devuelva a años después sobre este texto en una máquina de escribir: “Querido papá. ¿Cómo va todo? Yo he pasado muchas penurias y dificultades. Me he casado. Voy a tener un niño. Me estoy volviendo loca porque no tenemos suficiente dinero para pagar nuestras deudas y salir de aquí. Por favor, envíanos un cheque”. Curiosamente una carta escrita un 19 de marzo, Día del Padre… 

Y al final la película regresa al principio. Y entonces, cuando Humbert descubre el nombre de la persona que ayudó a Lolita a huir de aquel hospital y a escapar de él, conocemos la verdad y de ahí el epílogo del film: “Humbert Humbert murió en la cárcel de trombosis coronaria mientras esperaba ser juzgado por el asesinato de Claire Quilty”

Y así finaliza, tras 152 minutos de metraje, este complejo y duro retrato de una obsesión, esa enfermiza relación entre el carácter destructivo de nuestra poco inocente Lolita y el autodestructivo del romántico patético de Humbert. La historia de un amor obsesivo, dominado por celos exagerados, alimentado por un deseo de posesión extralimitado y asociado a temores, inseguridades y frustraciones. Un amor intergeneracional, un amor con connotaciones pedófilas, donde interesa observar la evolución de Humbert: seguro e ingenioso al principio, inseguro cuando está con Lolita y frío, sombrío y sin autoestima al final. Y es que a Stanley Kubrick siempre le gustó tratar universales y controvertidas cuestiones, como el pacifismo en Senderos de gloria (1957), la lucha por la libertad en Espartaco (1960) o la cosmología, el pasado y el futuro en 2001: Una odisea del espacio (1968), y en esta ocasión nuestra Lolita habla de la libido, la más ardiente de las pasiones humanas, y ese difícil tránsito para vencer la concupiscencia

Por desgracia para la sociedad y para nuestra profesión, todo lo anterior a veces no adquiere el carácter de obra de arte literaria o cinematográfica, sino de triste y desdeñable realidad. Se cuenta que Nabokov con Lolita hace referencia a un caso parecido ocurrido en 1948, el de Sally Horner, una niña de 11 años abducida durante meses por un mecánico de 50 años. Porque Humbert Humbert es consciente de que es un “enfermo”, un monstruo a ojos de la sociedad. Y son los recovecos de la mente humana los que le interesan a Nabokov (a Kubrick y a Lyne), una forma de explorar este universo conceptual y sacarle jugo artístico a una realidad aterradora.

 

miércoles, 5 de junio de 2019

Conferencias de las Américas: en busca de la eXcelencia en formación pediátrica


«CARE in Pediatrics» es un proyecto docente y educativo resultado de un acrónimo y una novedosa propuesta que es la suma en la palabra «CARE», especialmente significativa para nosotros los pediatras, de su propuesta pedagógica Controversias/Coincidencias, Acuerdos y REcomendaciones, vocablo que en inglés y español se inician por las mismas letras. (Controversies/Coincidences, Agreements, REcommendations). 

«CARE in Pediatrics» es el producto bandera de eXemedis, organización liderada por los pediatras colombianos Hernando Villamizar y Fernando Visbal, profesionales de reconocida y amplia trayectoria nacional e internacional, como que el primero fue presidente de la Asociación Latinoamérica de Pediatría (ALAPE) y ambos son expresidentes de la Sociedad Colombiana de Pediatría. Ellos, con base en su experiencia y en el conocimiento de Latinoamérica, se asociaron para ofrecer programas de Educación Médica Continuada (EMC) y Desarrollo Profesional Permanente (DPP) para las Américas.

eXemedis, además de la eXperiencia, fundamenta sus objetivos en la búsqueda permanente de la eXcelencia, por lo cual estructuró una alianza con Boston Children’s Hospital, por cinco veces consecutivas el hospital pediátrico #1 en el ranking estadounidense, institución vinculada a Harvard Medical School, para llevar a cabo Ia Conferencia de las Américas, una propuesta académica nueva para los pediatras de Latinoamérica y el Caribe, que reunió cerca de 1000 participantes en Panamá (mayo 2018) y recientemente en Cartagena de Indias (mayo 2019), para ofrecer actualización médica de calidad y tecnología de punta en pediatría.

Y el motivo de este post es dar a conocer esta iniciativa, así como el producto docente de las dos Conferencias de las Américas realizadas hasta la fecha:

- En este enlace se pueden descargar las ponencias de la I Conferencia de las Américas.
 
- En este enlace se pueden descargar las ponencias de la II Conferencia de las Américas.

La evaluación de Cartagena 2019 por los participantes no ha podido ser mejor, un enorme reconocimiento y niveles de satisfacción que superaron ampliamente el 90% para el evento y el programa académico. Boston Children’s Hospital International Health Service y eXemedis, honrados y comprometidos con estos resultados anuncian ya la III Conferencia de las Américas Lima 2020 de la cual muy pronto habrá mayor información, y extienden la invitación a España en compañía de todos los países de Hispanoamérica. 

Todo nos marca el camino,… que allí estaremos. Vale la pena reservar fechas.

lunes, 3 de junio de 2019

Falsas creencias sobre las vacunas.


Hace unos días, mi buen amigo el Dr. Gerardo Cabrera - prologuista para más señas de Cine y Pediatría 8 - nos envío desde el Texa´s Children Hospital de Houston este reciente artículo español que no tenía detectado. Un reciente artículo especial publicado por destacados especialistas en vacunología y salud pública de España... y que vale la pena compartir.  Y es que su título ya no deja indiferente: "Falsas creencias sobre las vacunas"

Las vacunas constituyen un instrumento esencial para la prevención de enfermedades infecciosas. Sin embargo, las falsas ideas y rumores sin fundamento científico sobre eventuales efectos negativos pueden disuadir de la vacunación, con los consiguientes riesgos para la protección de la población. Y por ello, describen los autores, que el objetivo del artículo es evaluar el origen y los argumentos de algunos de los errores y rumores más frecuentes sobre eventuales efectos adversos de las vacunaciones. 

Porque está claro que en una medida de prevención como las vacunas que se aplican fundamentalmente a población sana, la seguridad es clave, prioritaria y anterior - si cabe - a la eficacia, efectividad y eficiencia. Y cualquier efecto indeseable atribuible a las vacunas ha de poderse detectar mediante sistemas de farmacovigilancia potentes y bien estructurados. 

En este artículo de la revista Atención Primaria, que os dejamos abajo, se responden a las siguientes cuestiones. 12 preguntas oportunas y 12 respuestas claras: 
- ¿Las vacunas contra la tos ferina de células enteras causan daño cerebral permanente? 
- ¿Las vacunas causan síndrome de muerte súbita en el lactante (SMSL)? 
- ¿Los recién nacidos son demasiado pequeños para desarrollar una respuesta inmunitaria adecuada a las vacunas? 
- ¿Las vacunas sobrecargan el sistema inmunitario de los niños? 
- ¿Las vacunas debilitan el sistema inmunitario? 
- ¿Las vacunas causan enfermedades autoinmunes? 
- ¿Las vacunas causan alergias y asma? 
- ¿La vacuna contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis (SRP) causa trastornos del espectro autista (TEA)? 
- ¿El tiomersal causa autismo? 
- ¿El formaldehído es perjudicial? 
- ¿El aluminio de las vacunas es perjudicial? 
- ¿Las vacunas causan cáncer? 

Y su conclusión es contundente: "Las vacunas, como cualquier fármaco, pueden ocasionar efectos adversos. Cualquier efecto indeseable atribuible a las vacunas ha de poder detectarse mediante sistemas de vigilancia potentes y bien estructurados. Las principales falsas creencias están relacionadas con efectos que se producen en las edades próximas a las de la administración de las vacunas, pero esta coincidencia no tiene por qué ser causal, como se ha demostrado en la mayoría de las ocasiones. Los eventuales efectos adversos son claramente inferiores a los beneficios individuales y colectivos que producen los programas de vacunaciones. La independencia, transparencia y visibilidad de los sistemas de control y vigilancia son necesarias para evitar los rumores y falsas creencias en este campo".
 

sábado, 1 de junio de 2019

Cine y Pediatría (490). La adopción siempre debe estar en “En buenas manos”


Tres escenas dan comienzo a esta película, tres historias que se cruzan para comenzar a mostrarnos la frágil cadena que permite la adopción de un niño. Primera escena: Théo, un lactante de dos meses y medio abandonado, es ofrecido en adopción a Alice (Élodie Bouchez), un mujer de 41 años que lleva casi una década queriendo ser madre. Segunda escena: dos hermanos adoptados se agreden, y el de 11 años casi ahoga a su hermana de 9, lo que hace perder la paciencia de Jean (Gilles Lellouche), un hombre que actúa como padre de acogida en el periodo que transcurre del abandono hasta la adopción, un hombre casado y con una hija adolescente que tiene este trabajo y que lo hace con amor. Tercera escena: Clara (Leila Muse) es una universitaria de 21 años que acude a un hospital a parir y dice a las matronas encantadoras: “Yo voy a dar a luz. Yo no lo quiero”. Estamos en el Hospital Maternal de Brest, ciudad portuaria de la Bretaña francesa. 

La película se titula En buenas manos, una película del año 2018 con el guión y la dirección de Jeanne Herry, una clara reivindicación del sistema de adopción francés, que favorece el anonimato de las madres y en el que parece que todo funciona en esta red para proteger a los menores dados en adopción, donde lo principal es su bienestar y no el deseo de los adultos de convertirse en padres: y se nos presentan matronas afectivas, trabajadores sociales humanos, padres de acogida implicados, educadoras sociales y psicólogos profesionales,… 

Clara decide no ver ni tocar a su hijo recién nacido a quien quiere dejar en adopción, pues es producto de un embarazo no deseado. La trabajadora social le explica el programa de acompañamiento de mujeres que desean dar a sus hijos en adopción, y le comunica cómo puede dejarle, si quiere, un sobre cerrado con sus datos personales y un regalo, por si algún día decide buscarla; y, asimismo, le comenta que se deja un plazo de 2 meses antes de ser registrado como huérfano y poder ser adoptado. Todo un proceso verbal en el que la trabajadora social pregunta a Clara: “¿Qué objetivo tiene para su bebé?, ¿qué contempla?, ¿qué le desea?”

Y finalmente Clara abandona a Théo, aunque llega a despedirse de él y le deja una carta. Y en ese momento aparece Jean como padre de acogida, y lo hace junto a Karine (Sandrine Kiberlain), una educadora del centro implicada en el bienestar de los menores y que lo explica bien: “El hijo que adoptan no es lo mismo que un hijo biológico. Es más complejo”. Y es curioso como cuando Karine le habla a Théo, explicándole lo que le va a pasar, apreciamos cómo se le acelera su ritmo cardíaco, como el bebé entendiera la importancia del momento. Y todo transcurre como un proceso nada dramático, donde todos los protagonistas vienen repletos de valores… pero el drama es subyacente. Porque el Consejo de Familia (formado por psicólogos, trabajadores sociales, asistentes sociales y educadores) intentan buscar la mejor familia a los niños en adopción, y así lo expresan: “Mi trabajo no es encontrar un niño para padres que estén sufriendo, sino encontrar a los mejores padres para niños que están en riesgo”. 

Y a partir de aquí tres flahsbacks a partir de la media hora de metraje, retrocediendo en la historia 8, 5 y 2 años. Y 8 años atrás se nos presenta a Alice con su marido iniciando el proceso de adopción, pues no ha sido posible conseguir la maternidad tras 4 años intentándolo, también por técnicas de reproducción asistida. “Todos pasamos por campos de minas y de flores” le dice la asistente social, y luego les pregunta: “¿Serán capaces de amar a un hijo que no ha sido suyo?”. 

Y 5 años atrás volvemos a encontrarnos con Alice, ya sin pareja (se ha divorciado) y en este momento aceptaría un niño con necesidades especiales, pero precisa comenzar de nuevo. Y 2 años atrás, ya nos encontramos a nuestra Alice, quien trabaja como audio descriptora para ciegos de obras teatrales, y ya entonces recibe a Théo de las manos de Jean y Karine, quienes le comentan interesantes reflexiones sobre el vínculo afectivo: “No has vivido un parto, sino un injerto. Pero lo que vas a vivir con él es extraordinario…”. Y así es, pues el bebé comienza a demostrar inicialmente escasa reactividad, falta de comunicación, hipotonía y todo un camino de pruebas complementarias alrededor del consejo del pediatra. 

Una vez más el cine francés tiene un punto y seguido en el proyecto Cine y Pediatría, con ese plus de calidad para contar sus historias. Y En buenas manos pertenece a ese tipo de cine comprometido, emotivo y sin aspavientos, en tanto que reivindica, por un lado, la bondad individual (todos los protagonistas son bondadosos en su tarea encomendada) y, por otro, el buen funcionamiento del sistema – en este caso el francés, y qué diferente a otros que pudimos revisar, como el frío proceso que nos muestra La adopción, basado en la tormentosa experiencia de la argentina Daniela Fejerman -, un sistema que protege con honestidad a los más débiles gracias a un Estado de bienestar que debemos cuidar como un tesoro.

Y para ello la película cuenta con un elenco de actores habituales en el actual cine francés, y algunos de los cuales ya han visitado nuestro proyecto, de la mano de un afortunado director francés de mujeres, André Téchiné: en 1994 dirigió a Élodie Bouchez en Los juncos salvajes y en 2016 lo hizo con Sandrine Kiberlain en Cuando tienes 17 años. Y ahora es nuestra directora Jeanne Herry quien las elige para tratar con esmero y delicadeza este tema de la adopción infantil, en el que podrá haber fallos y errores, pero ninguno será fruto de la mala fe o de la imprudencia. Y el mensaje que nos deja es claro: la adopción siempre debe estar “En buenas manos”. Y es lo que nos recuerda esta nueva joya del cine francés y del cine social,… sin juicios de valor. Una película en la que muchos pueden verse reflejados.

Pues bien, una película así, avadada por tan buenas críticas y premios (incluyendo sus 7 nominaciones a los Premios César), y con tan buenas enseñanzas, batió un récord en mi historia de ver cine. Pues es la primera película que veo en mi vida solo en una sala…, pero se podía intuir que pudiera ocurrir esto si su única proyección en la única sala en todo Alicante es a las 22,15 hs. Entonces cabe pensar que, quizás, lo que no esté en buenas manos es la cultura de nuestro cine.