miércoles, 10 de junio de 2026

Uso y cuidado de la lengua española en la ciencia

 

El libro “Uso y cuidado de la lengua española en la ciencia” es una obra colectiva, coordinada por Federico J. C-Soriguer y Antonio Diéguez, analiza la situación actual y el futuro del español como lengua de comunicación científica. Aunque el inglés predomina hoy como la lingua franca del conocimiento, los autores defienden que el español es vital para integrar la ciencia en la cultura de las sociedades hispanohablantes. El texto recopila dieciocho capítulos donde especialistas en medicina, humanidades y tecnociencia reflexionan sobre la necesidad de cuidar el léxico y fomentar la divulgación científica en nuestro idioma. Se destaca la importancia de iniciativas como el Diccionario Panhispánico de Términos Médicos para mantener la precisión y unidad del lenguaje especializado. En definitiva, el libro propone que una lengua fuerte no puede renunciar a expresar los avances que transforman el mundo moderno. La publicación subraya que fortalecer la ciencia en español es un requisito indispensable para garantizar la soberanía cultural y el pensamiento crítico en el futuro. El libro de 203 páginas se puede descargar desde este enlace. Y es una nueva obra de Fundación Lilly, gran defensor de la ciencia en español y de las humanidades.

Un libro del que se pueden extraer estas preguntas y respuestas: 

a) ¿Cuál es la relación entre el lenguaje médico y la dimensión humana? 

Es una relación profunda e indisoluble, ya que la medicina surge en el momento en que el ser humano adquiere la capacidad de «decir» y manifestar que algo le ocurre a su cuerpo. Una relación que se manifiesta en los siguientes puntos clave: 

- El origen evolutivo y comunicativo. La medicina comenzó cuando los homínidos solo podían comunicarse mediante expresiones no verbales (gestos, miradas, sonidos) para indicar su padecimiento. Con la evolución, el ser humano se convirtió en un animal locuente, desarrollando un lenguaje articulado que permitió un salto cualitativo en la intercomunicación entre el ser humano doliente y el ser humano acompañante que buscaba su curación. 

- El «acto médico» como eje estructural. El lenguaje médico es el instrumento fundamental que hace posible el acto médico, definido como el proceso de comunicación que vincula al médico y al enfermo. Este encuentro se basa en una triple comunicación: Comunicación no verbal (niradas, gestos, silencios y tacto), Comunicación instrumental (vinculada a la actividad médica específica del momento) y Comunicación verbal (un vector primordial que combina el habla común con el lenguaje médico especializado). 

- Componentes de la dimensión humana. Siguiendo a Pedro Laín, el lenguaje médico nutre tres componentes esenciales de la relación humana en la medicina: Cognoscitivo (relacionado con el diagnóstico y el saber médico), Operativo (vinculado a la exploración y el tratamiento) y Afectivo (fundamental para construir la confianza mutua entre el médico y el paciente). 

- Identidad, dolor y esperanza. El lenguaje médico no es solo un conjunto de tecnicismos; es un componente del lenguaje humano que nos vincula con nuestra identidad como seres que sienten y piensan. Permite expresar tanto el dolor humano que implica la enfermedad como la esperanza que suponen la investigación y la tecnología. En este sentido, la dimensión científica y la humana no son cosas distintas, sino «dos lados de la misma cosa». 

- El papel protagónico del paciente. A diferencia de otros momentos históricos, hoy se reconoce que el paciente no es un sujeto pasivo. El conocimiento y uso del lenguaje médico es un derecho legal que permite a las personas ser protagonistas de su propia enfermedad y estar «a la altura de su tiempo» en la toma de decisiones sobre su salud. 

En conclusión, el lenguaje médico en español debe aspirar a la claridad y el rigor, no solo por precisión científica, sino para que el acto médico sea plenamente humano y efectivo en el mundo hispanohablante. 

b) ¿Qué desafíos enfrentan los científicos al publicar en un mundo monolingüe? 

En un mundo donde el inglés se ha consolidado como la lingua franca de la ciencia, los investigadores que no son hablantes nativos de este idioma enfrentan desafíos multidimensionales que van desde barreras lingüísticas hasta presiones económicas y profesionales. Y estos son los principales retos: 

- Barreras lingüísticas y pérdida de matices:  
Pobreza expresiva: publicar en una lengua no nativa a menudo resulta en un «inglés neutro» que carece de los recursos expresivos y matices necesarios para las disciplinas más técnicas, y especialmente para las ciencias sociales y humanidades. 
Exigencia de nivel nativo: muchos editores de revistas científicas rechazan artículos de oficio si el texto no alcanza el nivel de expresión de un hablante nativo, lo que obliga a los científicos a contratar traductores profesionales que no siempre captan la complejidad del tema. 

- Desventajas académicas y de prestigio: 
Sesgo en las citas: los trabajos escritos en inglés se citan significativamente más que los escritos en otras lenguas. Esto crea una «servidumbre del impacto», donde los científicos se ven obligados a publicar en inglés para mejorar su currículum, prestigio y obtener mejoras laborales o salariales. 
• Invisibilidad del trabajo no anglófono: los académicos anglosajones rara vez consultan investigaciones realizadas en otros idiomas, lo que genera relaciones asimétricas de poder y conocimiento. 

- Presiones económicas y el modelo de negocio editorial: 
Red clientelar: el modelo actual obliga a los científicos a pagar por publicar (muchas veces con fondos públicos) y luego las universidades deben pagar costosas suscripciones para leer esos mismos artículos. 
Monopolio del impacto: los algoritmos que miden la relevancia científica están controlados por unas pocas empresas que priorizan la literatura en inglés, condenando a la «irrelevancia» a las publicaciones en otros idiomas. 4. Erosión cultural e intelectual 
Dificultad para pensar creativamente: escribir en el propio idioma permite explorar mejor el mundo de las ideas complejas; por el contrario, el monolingüismo científico puede «secuestrar el espíritu» y la identidad cultural del investigador. 
Colonización semántica: la avalancha de descubrimientos nominados originalmente en inglés provoca una entrada masiva de anglicismos, traducciones erróneas y neologismos que deterioran el idioma nativo. 

- Desconexión con la sociedad: 
Brecha con la ciudadanía: la presión por publicar exclusivamente en inglés para pares internacionales distancia a los científicos de su entorno local, dificultando que los avances lleguen a la población que financia la investigación y que no domina la lengua inglesa. 
Riesgo de «Saganización»: los científicos que dedican tiempo a la divulgación en su lengua materna a menudo ven esta labor denostada o poco valorada en los sistemas de evaluación académica. 

En definitiva, el desafío no es solo comunicarse, sino evitar que la ciencia se convierta en una actividad «distante, elitista e indolente» que ignore las necesidades y el conocimiento experiencial de las comunidades locales. 

c) ¿Cómo puede el español impulsar la cultura científica en Iberoamérica? 

El español puede impulsar la cultura científica en Iberoamérica actuando como un puente esencial entre el conocimiento especializado y la sociedad, partiendo de la premisa de que la ciencia es cultura y se integra mejor a través de las lenguas autóctonas. Para lograr este impulso, cabe considerar diversas estrategias clave: 

- Consolidación de espacios comunes de conocimiento. La creación y fortalecimiento del Espacio Iberoamericano del Conocimiento (EIC) es fundamental para generar una cultura científica cohesionada en su diversidad, utilizando el español y el portugués como vehículos de unión. Este espacio permite la colaboración transnacional entre universidades y equipos de investigación, lo que ayuda a que el conocimiento generado revierta en un crecimiento sostenible para la región. 

- Democratización de la ciencia a través de la lengua. El uso del español es una herramienta indispensable para la democratización de la ciencia, ya que elimina las barreras lingüísticas que distancian a la ciudadanía de los avances tecnológicos. Al comunicar los hallazgos en la lengua materna de los hablantes, se facilita la participación ciudadana, se mejora la educación científica en todas las etapas y se fomenta el pensamiento crítico frente a la desinformación y las pseudociencias. 

- Fortalecimiento de la divulgación científica. La divulgación y el periodismo científico en español tienen una audiencia potencial enorme que depende de estos medios para estar informada sobre el estado de la investigación. Iniciativas que acerquen la ciencia al público general, como conferencias, museos y redes sociales, son vitales para que la sociedad no vea la ciencia como algo ajeno, sino como parte de su realidad cotidiana. 

- Políticas públicas y apoyo institucional. Para elevar el prestigio del español en la ciencia, es necesario mejorar el apoyo público a la investigación en los países de habla hispana, incrementando la inversión en I+D. Algunas propuestas concretas incluyen: 
Correlato en español: exigir que la investigación financiada con fondos públicos tenga un resumen o versión en español, incluso si se publica originalmente en inglés. 
Incentivos en eventos: no desincentivar el uso del español en congresos nacionales e iberoamericanos, fomentando su uso entre los investigadores más jóvenes. 
Calidad editorial: incrementar la calidad y el prestigio de las publicaciones científicas en español para que sean referentes de excelencia. 

- Integración con las nuevas tecnologías. En la era digital, es un desafío crítico que el español genere sus propios tecnolenguajes y se integre plenamente en la inteligencia artificial y el big data. Lograr que los algoritmos "piensen" y se nutran del español es esencial para preservar nuestra identidad cultural y evitar que el conocimiento científico se convierta en un ámbito exclusivo de otras lenguas. 

En conclusión, empoderar el español como lengua científica no busca competir con el inglés como lingua franca, sino asegurar que la comunidad hispanohablante pueda pensar, generar e innovar desde su propia realidad, garantizando un futuro donde la ciencia sea accesible y beneficiosa para todos sus ciudadanos. 

d) ¿Qué papel juega el español frente al inglés en ciencia? 

En la actualidad, la relación entre el español y el inglés en el ámbito científico está marcada por una clara asimetría: mientras el inglés se ha consolidado como la lingua franca de la comunicación científica internacional, el español desempeña un papel fundamental en la integración cultural, la educación y la democratización del conocimiento. 

- El inglés como la lengua de la "vanguardia" y el impacto 
Hegemonía absoluta: tras la Segunda Guerra Mundial, el inglés sustituyó a lenguas como el latín, el francés y el alemán como vehículo universal de la ciencia. Hoy, aproximadamente el 94 % de los artículos en bases de datos como Web of Science están en inglés, frente a un escaso 1,3 % en español.
Servidumbre del impacto: existe una presión constante sobre los científicos para publicar en inglés, ya que estos trabajos reciben significativamente más citas, lo que es determinante para el prestigio profesional, la obtención de proyectos y las mejoras salariales. 
Modelo de negocio: esta hegemonía alimenta un modelo editorial donde los científicos pagan por publicar y las instituciones pagan costosas suscripciones para leer, beneficiando principalmente a grandes grupos editoriales anglosajones. 

- El español como lengua de cultura, educación y sociedad 
Ciencia como cultura: la ciencia se integra mejor en la sociedad cuando se comunica en la lengua materna de los ciudadanos. El español es el vehículo idóneo para que la ciencia no sea vista como algo ajeno o de élite, sino como parte de la realidad cotidiana. 
• Formación y divulgación: la formación de científicos en países hispanohablantes se realiza mayoritariamente en español. Además, el español tiene un campo inmenso en la divulgación y el periodismo científico, donde existe una audiencia de cientos de millones de personas que dependen de su lengua para entender los avances tecnológicos. 
Democratización: el uso del español es clave para reducir la brecha de conocimiento entre los investigadores y la ciudadanía, fomentando el pensamiento crítico frente a la desinformación. 3. La dimensión humana y profesional 
El acto médico: en disciplinas como la medicina, el español es insustituible para el encuentro entre médico y paciente. Permite expresar con precisión el dolor y la esperanza humana, algo que un "inglés neutro" o técnico no siempre logra captar. 
Resistencia en el derecho: curiosamente, en el ámbito jurídico, el español mantiene una fuerte resistencia a la "anglobalización", conservando su propia terminología y cultura profesional. 

- Desafíos y horizontes futuros 
Terminología y rigor: para que el español sea una lengua de ciencia competitiva, es vital cuidar el lenguaje y evitar la entrada masiva de anglicismos crudos. Iniciativas como el Diccionario panhispánico de términos médicos buscan garantizar esta unidad y claridad. 
Tecnociencia e IA: el gran reto del siglo XXI es lograr que el español no solo sirva para "decir" la ciencia ya hecha, sino para generar innovación e inteligencia artificial en nuestro propio idioma. 
Esperanza tecnológica: algunos expertos pronostican un futuro donde el desarrollo de la traducción automática y la IA permita a cada científico escribir en su propia lengua, eliminando la barrera lingüística y restando peso a la posición privilegiada del inglés. 

En conclusión, el español no pretende competir con el inglés como herramienta de intercambio global, sino reafirmarse como el instrumento imprescindible para construir una cultura científica sólida en la comunidad hispana. 

e) ¿Cómo se aplica la triple comunicación en el acto médico?

La triple comunicación se aplica en el acto médico —el proceso de comunicación que vincula técnicamente el encuentro entre el médico y el enfermo— como un eje estructural de interacción que ha permanecido constante a lo largo de la historia. Esta interacción se manifiesta a través de tres modalidades distintas: 
1. Comunicación no verbal: se produce en ambas direcciones e incluye elementos como la mirada, los sonidos, los gestos, los silencios y la tactación (el tacto). 
2. Comunicación instrumental: está directamente vinculada a la actividad médica específica que se desarrolla en cada momento del encuentro. 
3. Comunicación verbal: es considerada el vector primordial que recorre todo el proceso. Combina el habla común con el lenguaje médico de la época. 

Esta triple comunicación nutre los tres componentes fundamentales que Pedro Laín distingue en la relación médico-paciente: los componentes cognoscitivo, operativo y afectivo. El acto médico se define como el proceso de comunicación técnica que vincula el encuentro entre el médico y el enfermo, basado en la voluntad del paciente de curarse y la del profesional de prestar ayuda. 
• Componente cognoscitivo: está vinculado al diagnóstico y al saber médico. Es la parte del encuentro donde se busca el conocimiento sobre lo que le ocurre al cuerpo del paciente, permitiendo identificar la enfermedad a través del estudio y la interpretación de los signos y síntomas. 
Componente operativo: se refiere a la actividad práctica y técnica del quehacer médico, específicamente a la exploración física y la aplicación del tratamiento. Es la dimensión donde el saber médico se traduce en acciones concretas para buscar la curación o el alivio del doliente. 
Componente afectivo: es el elemento que acompaña y sostiene la confianza mutua entre el médico y el paciente. Este componente es esencial para la relación humana en la medicina, ya que permite que la interacción no sea solo técnica, sino que considere la identidad del paciente como un ser «pensante y sintiente». 

El lenguaje médico desempeña un papel crucial en estos tres ámbitos, ya que nutre los fundamentos conceptuales e instrumentales de cada uno. A través de una triple comunicación (no verbal, instrumental y verbal), el lenguaje permite que el médico y el paciente se entiendan y colaboren eficazmente en el proceso de salud y enfermedad. En la actualidad, se destaca que el paciente debe conocer este lenguaje para dejar de ser un sujeto pasivo y convertirse en protagonista de su propia enfermedad. 

f) ¿Qué papel juegan las redes sociales en la divulgación científica? 

Las redes sociales desempeñan un papel fundamental y transformador en la divulgación científica actual, actuando como uno de los principales canales para conectar el conocimiento especializado con la ciudadanía. Y su impacto se manifiesta en los siguientes aspectos: 

- Canal preferente para las nuevas generaciones. El uso de Internet y las redes sociales se ha consolidado como la vía principal de información científica. Para los jóvenes de entre 15 y 34 años, las redes sociales y los vídeos son los canales favoritos para informarse sobre ciencia y tecnología. Esta tendencia es parte de una realidad donde más de la mitad de la humanidad es usuaria de estas plataformas. 

- Democratización y alcance global. La proliferación de las redes sociales ha dado un impulso notable a la comunicación de la ciencia, permitiendo: 
• Romper barreras geográficas y sociales: personas de todo el mundo pueden acceder a contenidos científicos de calidad independientemente de su formación académica. 
• Diversificación de formatos: la divulgación se realiza ahora a través de comentarios en redes, pódcast (en plataformas como Spotify o iVoox) y vídeos en YouTube. 
• Posición del español: el español es el segundo idioma más utilizado en las principales redes sociales del mundo, como Facebook, Instagram, LinkedIn y X. 

- Transformación del lenguaje científico. Las redes sociales y las tecnologías digitales han forzado una evolución hacia lo que las fuentes denominan tecnolenguajes. Esto incluye: 
• Brevedad y síntesis: plataformas como WhatsApp imponen un lenguaje reducido a la esencia. 
• Hibridación: el uso de emoticonos y la combinación de palabras, gestos y ritmos en vídeos o publicaciones facilitan la transmisión de significados complejos. 

- Desafíos y riesgos: la "posverdad". A pesar de sus ventajas, las redes sociales presentan desafíos críticos para la cultura científica: 
• Propagación de pseudociencias: facilitan la difusión de teorías conspirativas, movimientos antivacunas y noticias falsas. 
• Clickbait y superficialidad: existe una saturación de contenido sensacionalista o inventado que busca el impacto por encima de la veracidad. 
• Necesidad de mediadores: ante este panorama, surge la figura del fact-checker o revisor de veracidad, aunque su labor sigue siendo insuficiente. Por ello, las fuentes subrayan que las universidades y academias científicas deben ser los referentes de contenido veraz en estos entornos. 

En conclusión, las redes sociales han pasado de ser un medio secundario a ser el escenario principal donde se construye la cultura científica de la sociedad, exigiendo a los científicos no solo presencia, sino también una mayor alfabetización mediática para combatir la desinformación. 

g) ¿Cómo impacta la IA en el lenguaje médico actual? 

La inteligencia artificial (IA) está transformando el lenguaje médico actual de diversas maneras, desde la gestión terminológica hasta la superación de barreras lingüísticas en la investigación. Su impacto se manifiesta principalmente en los siguientes puntos: 

- Vigilancia y actualización terminológica. Uno de los impactos más directos es la propuesta de crear unidades de terminovigilancia. Estas utilizarían algoritmos de inteligencia artificial para detectar en tiempo real nuevos conceptos y términos en revistas científicas (mayoritariamente en inglés). El objetivo es facilitar la traducción inmediata y la creación de neologismos pertinentes en español, evitando que el inglés «rompa el valladar» de nuestra lengua sin control. 

- Superación de la barrera del inglés. La IA está ayudando a paliar la desventaja de los investigadores hispanohablantes: 
Traducción automática: herramientas como el traductor de Google permiten una lectura rápida de artículos científicos. 
Mejora de textos: nodelos de lenguaje como ChatGPT son utilizados por científicos para mejorar la redacción de sus trabajos en inglés, permitiéndoles centrar sus esfuerzos intelectuales en la investigación y no solo en el dominio del idioma. 
Fiabilidad técnica: en textos de carácter médico o técnico, donde la sintaxis es más sencilla y hay pocas figuras retóricas, las traducciones de la IA son cada vez más difíciles de distinguir de un original. 

- Surgimiento de «tecnolenguajes». La IA es parte de una revolución que ha transformado los idiomas comunes en tecnolenguajes. En medicina, esto implica que la práctica lingüística ya no solo se da entre personas, sino que está mediatizada por programas informáticos y el procesamiento de grandes volúmenes de datos (Big Data). Esto modifica la forma de generar innovaciones y de comunicar el conocimiento médico. 

- Riesgos para la identidad del idioma. A pesar de sus ventajas, se advierten sobre desafíos críticos: 
Riesgo de «marasmo»: existe la preocupación de que el español científico se «adelgace» o caiga en la desnutrición por falta de generación de contenido propio, ya que el desarrollo de la IA en inglés y chino crece a un ritmo casi inalcanzable para el español. 
Pérdida de matices: al basarse en el análisis estadístico de datos, la IA puede consolidar términos estándar y desechar versiones válidas que un traductor humano usaría por razones estilísticas, reduciendo la espontaneidad del lenguaje. 
Necesidad de un corpus en español: se argumenta que los algoritmos de la IA (que son la «gramática» de esta tecnología) deben hacerse y pensarse en español. Si la IA solo se nutre de otros idiomas y luego se traduce, se pierde la aproximación particular a la realidad y la idealidad intrínseca de la lengua española. 

En conclusión, mientras que la IA ofrece herramientas potentes para la traducción y la actualización del léxico médico, también exige un esfuerzo activo de la comunidad científica para asegurar que el español no sea solo un idioma receptor, sino una lengua en la que la tecnología también «piense» e innove.

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