sábado, 22 de agosto de 2026

Cine y Pediatría (867) “Turno de guardia” visibiliza las circunstancias profesionales de la enfermería


El objetivo primordial del proyecto Cine y Pediatría que inicié en el año 2010 es doble: educativo y transformador, orientado a "prescribir películas" como recurso para profundizar en la comprensión de la infancia y adolescencia (en sus tres ámbitos clave: familia, centro educativo y sociedad) y humanizar la práctica clínica en sanidad. Y, aunque minoritarias, son clave algunas películas para entender mejor la sanidad y el trabajo de sus profesionales (principalmente médicos y enfermería). Y hoy vamos a profundizar sobre este tipo de películas que nos permiten conocer diferentes aristas de la sanidad, algunas basadas en hechos reales, otras más de ficción. 

- Ejemplos de películas basadas en hechos reales son Despertares (Penny Marshall, 1990), El aceite de la vida (George Miller, 1992), Juramento hipocrático (Jim Abrahams, 1997), Patch Adams (Tom Shadyac, 1998), Inocencia interrumpida (James Mangold, 1999), Planta 4ª (Antonio Mercero, 2003), A corazón abierto (Joseph Sargent, 2004), Florence Nightingale (Norman Stone, 2008), Medidas extraordinarias (Tom Vaughan, 2009), Manos milagrosas (Thomas Carter, 2009), Surviving Amina (Bárbara Celis, 2010), El milagro de Carintia (Andreas Prochaska, 2011), Contagio (Steven Soderbergh, 2011), Nacer-Diario de maternidad (Jorge Caballero, 2012), Hipócrates (Thomas Lilti, 2014), 22 ángeles (Miguel Bardem, 2016), Brain on Fire (Gerard Barett, 2016), Una estrella fugaz (Ignasi Guerrero, Arturo Méndez, 2024), Matronas (Léa Fehner, 2023), Los dos hemisferios de Lucca (Mariana Chenillo, 2024), La otra víctima (Zinnini Elkington, 2025),…                      

- Ejemplos de películas de ficción son El doctor Arrowsmith (John Ford, 1931), Las confesiones del doctor Sachs (Michel Deville, 1999), John Q (Nick Cassavetes, 2002), El jardinero fiel (Fernando Meirelles, 2005), Una historia casi divertida (Ryan Fleck y Anna Boden, 2010), Efectos secundarios (Steven Soderbergh, 2013),…       

De ellas quiero destacar cuatro películas que se concentran en profesionales sanitarios, bien sean médicos (La otra víctima), residentes en formación (Hipócrates), matronas (Matronas) o un equipo de guardia médica (El milagro de Carintia). Y a ellas quiero sumar una impactante película sobre esa profesión esencial en sanidad y, especialmente, en los hospitales: hablo de la enfermería y de la película suiza Turno de guardia (Petra Biondina Volpe, 2025), cuyo título original, Heldin, “heroína” en alemán, nos pone en la pista de lo que vamos a vivir con Floria, una enfermera de una planta quirúrgica, durante un único turno nocturno marcado por la falta de personal, la saturación asistencial y una cadena de decisiones urgentes. Porque más que una película “sobre hospitales”, es una película sobre el cuidado sometido a condiciones imposibles y donde la gran pregunta no es si Floria es competente, sino cuánto puede resistir una profesional excelente cuando el sistema le exige compensar con su cuerpo, su conciencia y su tiempo las carencias institucionales. La obra adapta el libro autobiográfico de la enfermera Madeline Calvelage, titulado “Unser Beruf ist nicht das Problem: Es sind die Umstände”, traducido aproximadamente como “Nuestra profesión no es el problema: son las circunstancias”. 

Floria (espectacular interpretación de Leonie Benesch), llega al hospital para comenzar su turno. La planta está llena y falta una compañera, de modo que una plantilla mínima debe atender a numerosos pacientes con necesidades muy distintas. Una enfermera experimentada, una compañera y una joven en prácticas deben hacerse cargo de toda la unidad. 

Floria trabaja con gran precisión y vemos que su función es multitarea (nada que veamos como excepcional los que trabajamos en un hospital): atiende a pacientes recién operados, responde a timbres, toma constantes y a todos les pregunta siempre "¿Qué dolor siente en una escala del 1 al 10?", administra medicación, realiza curas, acompaña a los pacientes a quirófano o al TAC, ayuda a cambiar pañales a las personas ancianas, acompaña a familiares y trata de tranquilizar a personas asustadas o doloridas (a un paciente de Burkina Faso que está solo le responde: “Me tiene a mí”). Entre los enfermos aparecen situaciones de gran vulnerabilidad: pacientes con cáncer, ancianos con gran fragilidad, enfermos con deterioro cognitivo y pacientes nerviosos que esperan diagnósticos o intervenciones. 

El problema no es que Floria ignore sus obligaciones. El problema es que recibe simultáneamente más demandas de las que una persona puede atender. Cada llamada interrumpe otra tarea; cada urgencia aplaza una necesidad distinta. La profesional se ve obligada a elegir continuamente a quién atender primero, aunque ninguna de las personas abandonadas deje de necesitar cuidados. Y aún así nota las miradas de desaprobación de algunos familiares o sufre las palabras de un paciente privado: “¿Hasta a dónde ha ido a por la pastilla?...Es inadmisible"

En ese contexto se produce un error, pues cambia la medicación de un paciente y eso le provoca una reacción alérgica. El incidente funciona como punto de inflexión dramático, pero también como revelación: la película muestra que el fallo no nace de la negligencia o de la falta de vocación, sino de una organización que convierte el agotamiento, la multitarea y la prioridad permanente en norma cotidiana. La guardia se transforma entonces en una carrera contrarreloj, incluida una parada cardiorrespiratoria de una paciente que fallece, y su sentimiento de culpa: "No he ido a verla ni una vez. Era la última de mi ronda". Floria intenta mantener el control, proteger a los pacientes y evitar que la situación se desborde, mientras el cansancio físico y la angustia moral van ocupando su rostro y su cuerpo. 

Y finaliza el turno bajo la canción "Hope there´s Someone" de Anthony and the Johnsons para un final muy emocionante y con este mensaje final: "Para el año 2030, faltarían 30.000 profesionales de enfermería en Suiza. El 36% abandonan la profesión en tan solo cuatro años. España afronta un déficit de 100.000 profesionales. Al menos un tercio ha sufrido problemas de salud mental por sobrecarga de trabajo. La escasez de enfermeros y enfermeras es una amenaza global para la salud. La OMS estima que para 2030 faltarán alrededor de 13 millones de estos profesionales "

Una película tan contundente que es un documento esencial para entender el crucial y exhaustivo trabajo de la enfermería. Una película que debe “prescribirse”, pues su estructura casi en tiempo real (todo el metraje acompaña a nuestra protagonista en un turno de noche de unas 12 hs) permite comprender la presión y la fatiga de la protagonista sin necesidad de acontecimientos espectaculares y donde una alarma, un paciente que solicita ayuda, una medicación que debe administrarse o una llamada que no puede demorarse bastan para aumentar la tensión. 

Y para ello cabe destacar la puesta en escena: esa cámara que sigue estrechamente a Floria por las habitaciones, los pasillos y los ascensores; ese hospital moderno ordenado arquitectónicamente pero que vivimos como un laberinto de habitaciones, pasillos y puertas; esos primero planos que permiten leer el progresivo desgaste de Floria, agotada física y psicológicamente; ese diseño sonoro como uno de los grandes instrumentos dramáticos de la película (timbres de las habitaciones, alarmas, ruidos de equipos y carros hospitalarios,…), esa información sonora que crea una presión ética, pues sabemos que hay alguien que necesita ayuda, pero también comprendemos que la protagonista no puede estar en dos lugares a la vez. 

Por todo ello, Turno de guardia es una película muy especial, donde Floria nos aparece como una heroína sin épica, porque ella no salva a todo el mundo y no recibe una recompensa proporcional a su esfuerzo, aunque su trabajo está compuesto por pequeños grandes actos: escuchar, explicar, sujetar una mano, repetir una instrucción, calmar una ansiedad, reconocer el miedo de un paciente, ayudar a levantarse, administrar correctamente un tratamiento,… Y se desplaza la idea de heroísmo desde el acontecimiento extraordinario hacia la perseverancia cotidiana. Floria es heroica porque sostiene el vínculo humano en una institución que funciona cada vez más deprisa y con menos recursos. Pero con ello, la película plantea así una paradoja: cuanto más se admira la capacidad individual de resistir, mayor puede ser el riesgo de no modificar las condiciones que obligan a resistir. 

Algo esencial que atesora este film es el valor de visibilizar el enorme valor de la enfermería y hacer entender la complejidad del trabajo enfermero. Porque en ese turno de guardia de Floria se nos muestra esta profesión clave que combina conocimientos clínicos, observación continua, priorización, comunicación, prevención de complicaciones, contención emocional, educación sanitaria, coordinación con pacientes, familias y otros profesionales, además de responsabilidad ética. Y, además, ocurre en un moderno hospital de Suiza, un país asociado habitualmente con el orden, la riqueza, la eficacia y la estabilidad, allí donde la enfermería suele tener un sueldo que triplica la enfermería de nuestro país. 

Si esta película te hace sentir el “peso” de esta profesión y cómo afecta al profesional y a su conciliación con la vida familiar, imagina cómo se vive en realidad cuando se realiza esta misma labor en un entorno hospitalario denostado (con arquitectura y organización de hace más de medio siglo, edificios “enfermos” donde falla el aire acondicionado o hay goteras) y con bajos sueldos. O si, como en nuestra profesión como pediatras, esto ocurre en la unidades de cuidados intensivos neonatales y pediátricos, o en las zonas de hospitalización de pacientes oncológicos y quirúrgicos pediátricos. No es ficción, es el día a día... Y con ello entendenemos que si el “burnout” es común entre los profesionales sanitarios, no es de extrañar que este desgaste profesional esté liderado en España por la enfermería, tal como deja entrever el colofón final de la película. 

Por ello, Turno de guardia es una película para hacer repetidos cine fórum en el entorno sanitario, y hacer debate de las siguientes reflexiones: 1) que la vocación no sustituye a los recursos (la dedicación y el sobreesfuerzo personal no puede compensar indefinidamente una plantilla insuficiente); 2) que la seguridad del paciente es una responsabilidad colectiva (y donde debemos realizar en cada error un análisis causa-raíz, no para buscar culpables, sino para evitar que los errores vuelvan a repetirse); 3) que cuidar implica priorizar, pero priorizar también tiene un coste (y en situaciones de exceso de trabajo o en condiciones normales puede convertirse en una fuente continua de sufrimiento moral); 4) que la empatía necesita estructura (porque la empatía aislada de Floria no basta, porque para escuchar, acompañar y explicar se necesitan tiempo, personal suficiente y una organización que valore el vínculo humano); 5) que el heroísmo puede ocultar la precariedad; 6) que el cuidado es una responsabilidad social (y, por tanto, una cuestión política, económica y colectiva); 7) y una de las lecciones más profundas: que el paciente no es una tarea (porque cada paciente es una persona que experimenta miedo, incertidumbre y vulnerabilidad y cuando el sistema está saturado, existe el peligro de que el enfermo se convierta en una cama, una habitación o un número de historia clínica). 

Desde una perspectiva bioética, la película pone en tensión varios principios: beneficencia (Floria intenta hacer el bien a cada paciente), no maleficencia (teme que la sobrecarga provoque daño), justicia (observa que no todos los pacientes reciben el mismo trato, y aquí recordar en el film los pacientes que tienen seguros privados frente al resto), autonomía (debe informar y escuchar, aunque el tiempo sea insuficiente) y dignidad (intenta que los pacientes no sean tratados como simples cuerpos enfermos). La tragedia es que esos principios pueden entrar en conflicto cuando los recursos son escasos. Floria quiere ofrecer un cuidado completo, pero la institución la obliga a administrar insuficiencias. 

Y es así que Turno de guardia es especialmente eficaz en cuatro aspectos: en la interpretación de Leonie Benesch (a quien ya conocimos dando la talla actoral como protagonista de la película alemana del año 2023 Sala de profesores, dirigida por Ilker Çatak), en la concentración temporal, en la puesta en escena inmersiva, y en la crítica estructural (donde examina la organización del sistema sanitario). Y ello hace que la película sea algo más que un homenaje a la enfermería: la convierte en una reflexión política sobre el valor social del cuidado, la seguridad del paciente y la responsabilidad colectiva de proteger a quienes protegen a los demás. 

 

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