sábado, 19 de noviembre de 2011

Cine y Pediatría (97). Películas sobre embarazo en la adolescencia (1)


Los embarazos en adolescentes son embarazos precoces en la etapa de la adolescencia (que la OMS establece entre los 10 y los 19 años), normalmente en mujeres que no han alcanzado la mayoría de edad jurídica (variable según los distintos países del mundo), así como a las mujeres adolescentes embarazadas que están en situación de dependencia de la familia de origen.
Según la organización Save the Children, cada año nacen 13 millones de niños de mujeres menores de 20 años de edad en todo el mundo, más del 90% en los países denominados en desarrollo. La mayoría de los embarazos en adolescentes son considerados como embarazos no deseados provocados por la práctica de relaciones sexuales sin métodos anticonceptivos. En los países desarrollados los datos de embarazos en la adolescencia confirman una relación con los niveles educativos más bajos, las mayores tasas de pobreza, así como otras situaciones de inestabilidad familiar y social.

Las adolescentes embarazadas, además de enfrentarse a la misma situación que cualquier otra mujer embarazada, deben enfrentarse con una mayor desproteción, con mayores preocupaciones sobre su salud y su situación socioeconómica (de manera especial las menores de 15 años y las adolescentes de países con escasa atención médica y nula protección social). Las situaciones personales, familiares, sociales, médicas y psicológicas que rodean al embarazo de una adolescente son un filón para el cine.
En esta serie de Cine y Pediatría ya hemos hablado sobre el embarazo en tres niñas adolescentes (correspondiente a tres películas interesantes): Juno, una simpática chica de 16 años que se queda embarazada de un amigo y nos hace reflexionar sobre este tema bajo una perspectiva esperanzadora, más cercana a la comedia que al drama (Juno, de Jason Reitman, 2007); Aviva, con 13 años, quiere tener hijos para tener a alguien a quien amar y nos adentra a un particular mundo, entre la realidad y lo onírico (Palíndromos, de Tod Solonz, 2004); y Precious, esa adolescente negra de 16 años con obesidad mórbida, analfabeta y que vive en el Harlem y nos muestra el más puro drama social, en el que el embarazo sólo es el punto final de un desarraigo familiar marcado (Precious, de Lee Daniels, 2009). Pero muchas otras películas han versado sobre este tema. Un somera repaso en nuestras dos próximas entradas.

Adiós cigüeña, adiós (Manuel Summers, 1971): dos pandillas de chicos y chicas adolescentes en la España de finales de los 60, sin la menor educación sexual, en la que surge el flechazo entre una pareja. La niña se queda embarazada y, por temor a sus padres, no cuenta en casa lo que le ha pasado; y será su novio y ambas pandillas quienes tomen cartas en el asunto preparando el nacimiento del bebé. Edulcorada historia de Manuel Summers que, en su día, cautivó al público por la novedad que suponía ver plasmado en la pantalla hechos y diálogos que mostraban de forma realista las vivencias e inquietudes de la adolescencia de la época. La película se emparentó directamente con la primera historia de las dos que contaba Del rosa al amarillo (1963), debut de Summers como director. Por ese éxito, Adios cigüeña, adiós tuvo una secuela: El niño es nuestro (1973), en el que de nuevo una chica de una pandilla de adolescentes (repite los actores de la anterior película) se queda embarazada; al no poder mantener a su hijo, se lo envían a un orfanato de monjas y se nos muestra cómo entre toda la pandilla intentan recuperar al bebé.

La que hemos armado (John G. Avildsen, 1988): dos estudiantes (Stan y su novia Darcy), a punto de ingresar en buenas universidades, ven alterados sus planes cuando descubren que ella está embarazada. Los padres de San quieren que lo den en adopción, pero la madre de Darcy prefiere que ésta aborte, debido a su mala experiencia propia de ser abandonada por su marido. En contra de la opinión de sus familias, siguen adelante con su paternidad y la responsabilidad asociada, sorteando problemas (incluida la depresión posparto tras el nacimiento del niño).

Los chicos de mi vida (Penny Marshall, 2001): basado en la autobiografía de Beverly D'Onofrio, nos narra entre la comedia y el drama la historia de Bev (Drew Barrymore), una chica inteligente cuyo sueño es trasladarse algún día a Nueva York y convertirse en escritora. Típica adolescente voluble y rebelde que, a los 15 años, descubre que se ha quedado embarazada de Ray (Steve Zahn). un chico poco despierto. Y ese embarazo ocurre a la vez que el de su mejor amiga Fay (Brittany Murphy). Al enfrentarse a su familia, Bev tiene que dejar los estudios y casarse con Ray. Tras seis años de matrimonio, Bev descubre que su marido es un drogadicto que se gasta todos los ahorros, por lo que el matrimonio se rompe y Bev se enfrenta sola a la crianza de su hijo Jason. Narrada con un juicioso flashback, la dinámica de los personajes en distintas épocas, mezclando el presente y el pasado, nos permite descubrir cómo evolucionan las relaciones entre los protagonistas. Y con una lección de fondo: a pesar de lo que un padre o madre quieran para sí, antes que en cualquier otra cosa debe pensar en la felicidad de sus hijos.

Distintos temas afloran en estas películas sobre el embarazo de adolescentes. Uno de los más importantes vienen relacionados con el contexto familiar y los sentimientos que provocan una noticia así sobre una hija adolescente (dolor, decepción, amargura, soberbia o amor, en distintas dosis), una hija no emocionalmente preparada para un compromiso vital tan importante como es la maternidad a tan temprana edad.
Sorprende saber que, en un encuesta realizada en España en 2010, hasta un 22 % de los encuestados entre 12 y 16 años afirma haber realizado el acto sexual a esa edad, lo que muestra el alto riesgo de que se dé un embarazo en una adolescente. Alrededor de 11.000 adolescentes menores de 18 años se quedan embarazadas en España cada año, de los cuales dos terceras partes finalizan en interrupción voluntaria del embarazo. Difícil mirar hacia otro lado con esta realidad.


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