El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) irrumpió en la historia de la medicina el 5 de junio de 1981, cuando los CDC de Estados Unidos reportaron cinco casos de neumonía por Pneumocystis jirovecii en hombres homosexuales de Los Ángeles. En 1984 se identificó el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) como agente causal de la enfermedad y un año después se desarrolló el primer test de diagnóstico basado en la detección de anticuerpos. En 1987 se introdujo la zidovudina (AZT), primer fármaco antirretroviral, aunque el cambio fundamental llegó entre 1995-1996, cuando la combinación de tres o más fármacos de diferentes familias.
Desde finales de los años 1980, el séptimo arte ha funcionado como un registro paralelo de la epidemia de sida: no solo documentando la devastación clínica y social, sino también visibilizando las vulnerabilidades estructurales, la homofobia sistémica, el estigma, la marginalización de personas afectas y la desigualdad global en el acceso a medicamentos. Las películas sobre sida cumplen una función pedagógica, política y afectiva que la medicina científica, por sí sola, no puede alcanzar. Y para ello baste enumerar una filmografía representativa en tres etapas: 1) Años 80-90: los comienzos inciertos; 2) Años 90-2000: reflexión y memoria; 3) A partir del siglo XXI: reinvención personal y normalización.
Filmar el sida en la niñez y adolescencia plantea desafíos únicos: cómo representar a menores expuestos al virus sin exotizarlos, cómo retratar la transmisión vertical sin culpabilizar a madres, cómo narrar la muerte prematura de jóvenes sin caer en el melodrama o la moralizante lástima. Las películas más efectivas en este registro equilibran autenticidad emocional, rigor médico y responsabilidad pedagógica.
El cine ha abordado el sida y sus consecuencias desde su aparición. Pero las películas argumentales sobre este tema alrededor del sida infantojuvenil son infrecuentes, aunque desde esta sección de Terapia cinematográfica recogemos 7 películas argumentales al respecto. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Juicio a un menor (The Ryan White Story, John Hezfeld, 1989), para conocer la ola de prejuicios y falsas creencias que llevó en sus inicios – y durante mucho tiempo - al rechazo social, la discriminación, la marginación y, en muchos casos, la criminalización de las personas infectadas por el VIH.
- Kids (Larry Clark, 1995), para reconocer el ambiente de sexo, alcohol y drogas que rodeaba a un parte de la juventud en la década de los 90, y que fueron el caldo de cultivo que extendió la enfermedad.
- La súplica de una madre (A Mother´s Prayer, Larry Elikann, 1995), para adentrarnos en las fases de duelo de una madre viuda afecta de sida que tiene que buscar una salida para su hijo, cuando ella ya no esté.
- Que nada nos separe (The Cure, Peter Horton, 1995), para reivindicar el poder curativo e integrador de la amistad y el afecto en los menores con sida.
- Yesterday (Darell James Roodt, 2004), para ser testigos de la desolación del sida en el continente africano, especialmente en las mujeres.
- Girl, Positive (Peter Werner, 2007), para concienciar sobre la importancia de la prevención frente al sida – y otras infecciones de transmisión sexual – a partir de la adolescencia.
- Romería (Carla Simón, 2025), para reparar la memoria silenciada de tantos niños y adolescentes que perdieron a sus padres por el estigma del sida y la drogadicción.
Siete películas argumentales para adentrarnos en las complejas vivencias de las infancias y adolescencias que se vieron acosadas por el sida, bien directamente como enfermos o bien indirectamente como huérfanos de padres afectos.

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