Blog personal, no ligado a ninguna Sociedad científica profesional. Los contenidos de este blog están especialmente destinados a profesionales sanitarios interesados en la salud infantojuvenil
Se denomina como migración al desplazamiento de personas desde un lugar de origen hacia otro territorio, ya sea dentro del mismo país o cruzando fronteras internacionales. Puede ser temporal o permanente, voluntaria o forzada, y suele estar ligada a factores económicos, sociales, políticos o ambientales. Las migraciones son uno de los grandes fenómenos de nuestro tiempo. Cada año, millones de personas dejan su lugar de origen para buscar trabajo, seguridad, reunificación familiar o una vida mejor en otro país. Según Naciones Unidas, en 2024 había casi 304 millones de migrantes internacionales en el mundo, una cifra que refleja la magnitud global de este proceso (y, a buen seguro, que es una cifra infraestimada).
Un movimiento poblacional de este calibre tiene consecuencias (positivas y negativas) tanto en los países de origen como en los países receptores. Las migraciones no son un problema aislado, sino un fenómeno global ligado a la desigualdad, la violencia, el trabajo, el clima y los derechos humanos. Entender sus causas y consecuencias ayuda a ver que detrás de cada flujo migratorio hay historias personales, decisiones difíciles y profundas desigualdades entre regiones del mundo. Un entorno donde no es fácil que predomine el “nosotros” solidarios sobre el “yo” egocéntrico y temeroso. Porque el fenómeno migratorio ocurre desde siempre y siempre ha causado debate y tensiones.
La migración transforma sociedades enteras. Y nos recuerda que migrar no siempre es una elección libre, sino a menudo una respuesta desesperada a la necesidad. Y el séptimo arte no ha sido ajeno a ello, películas que suelen repetir algunos núcleos narrativos: la salida del lugar de origen por necesidad, el viaje como prueba física y moral, la llegada a un entorno hostil o incierto, la tensión entre integración y pérdida de identidad, el choque entre expectativas y realidad, etc.
Pero hoy vamos a desviar nuestra mirada hacia el cine que ha tratado la migración hacia la infancia en tránsito, allí donde se retratan niños, niñas y adolescentes que viajan solos o con sus familias, cruzan fronteras, viven en campos de refugiados o crecen entre dos culturas. Relatos que ponen el foco en la vulnerabilidad, la separación familiar, el miedo, la burocracia y también en la capacidad de adaptación y resistencia de la infancia. Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales al respecto, y que son, por orden cronológico de estreno:
- Pelle el conquistador (Pelle erobreren, Bille August, 1987), para recordar que el desarraigo también ha ocurrido en países del primer mundo, en busca de la tierra prometida.
- Vete y vive (Va, vis et deviens, Radu Mihaileanu, 2005), para entender los sacrificios necesarios para sobrevivir a los movimiento migratorios que ocasionan las guerras.
- La buena mentira (The Good Lie, Philippe Falardeau, 2014), para descubrir la doble supervivencia de los menores migrantes, tras la huída de su país de origen y tras la llegada al nuevo país.
- Collisions (Richard Levien, 2018), para vivir el impacto de los migrantes mexicanos en Estados Unidos y lo que pueden suponer las políticas trumpistas.
- Minari. Historia de mi familia (Minari, Lee Isaac Chung, 2020), para analizar la metáfora coreana del sueño americana, pero también la de otras nacionalidades.
- Tori y Lokita (Tori et Lokita, Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, 2022), para conocer un poco mejor la triste realidad de los menos no acompañados (MENAS).
- Chinas (Arantxa Echevarria, 2023), para revivir la identidad e integración de los hijos de padres emigrantes chinos nacidos en España.
Siete películas argumentales para conocer y reconocer distintas experiencias de los menores migrantes y esa infancia en tránsito desde diferentes geografías.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
El trabajo infantil es toda actividad laboral realizada por niños, niñas o adolescentes que perjudica su desarrollo, su salud o su educación, o que les priva de su infancia y dignidad. La explotación infantil es una forma más grave de abuso, en la que el menor es utilizado de manera abusiva o forzada, a menudo vulnerando sus derechos, por ejemplo mediante trabajos peligrosos, esclavitud, trata, explotación sexual o actividades delictivas. Los dos implican una violación clara de sus derechos y su protección, pero la explotación infantil es un paso más grave e ilegal si cabe.
El trabajo infantil afecta a casi 140 millones de niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años en 2024-2025, según la OIT y UNICEF, incumpliendo la meta de erradicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible pactados para 2025. Esta explotación viola derechos fundamentales y perpetúa ciclos de pobreza, teniendo en cuenta que el trabajo infantil priva a los niños de infancia, potencial y dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico, mental, social y moral. Las peores formas abarcan esclavitud, trata, prostitución, pornografía, reclutamiento armado y drogas.
El cine ha tratado el trabajo infantil y la explotación infantil sobre todo como un problema de pobreza estructural, violencia y pérdida de la infancia, no solo como un drama individual. Lo ha hecho a través de ficciones realistas, cine social, neorrealismo y documentales de denuncia, con frecuencia situando a los niños en la calle, en fábricas, en minas, en plantaciones o en redes de explotación sexual.
Pero hoy vamos a intentar hablar y prescribir de películas sobre el trabajo y explotación infantil que ya forman parte del proyecto Cine y Pediatría. Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales al respecto, desde títulos clásicos a modernos, desde películas de realismo social a documentales. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Oliver Twist (David Lean, 1948), para revivir el trabajo infantil y el maltrato institucionalizado en una Inglaterra sumida en la convulsa Revolución Industrial.
- Los olvidados (Luis Buñuel, 1950), para denunciar la desigualdad sobre esos “olvidados” de la infancia y adolescencia cada vez más numerosos que dio a luz el desarrollismo de la opulencia.
- El polaquito (Juan Carlos Desanzo, 2003), para conocer a nuestro Oliver Twist a ritmo de tango alrededor de la estación central de Buenos Aires.
- Sombras del tiempo (Schatten der Zeit, Florian Gallenberger, 2004), para enfrentarnos a un retrato arquetípico de la esclavitud infantil desde Calcuta, entre el trabajo y la prostitución infantil.
- Ángeles del sol (Anjos do sol, Rudi Lagemann, 2006) , para denunciar la explotación sexual de niñas en Brasil, basado en una serie de relatos reales de prensa.
- Los herederos (Eugenio Polgovsky, 2008) , para adentrarnos en silencio en el retrato del trabajo infantil en zonas agrícolas y montañosas de México.
- Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008) , para conocer a esos verdaderos perros callejeros en las infancias desfavorecidas de la India.
Siete películas argumentales para adentrarnos en las muchas caras del trabajo y maltrato infantil a lo largo del mundo, una lacra que cuesta tanto erradicar.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
Dentro del XLIX Curso de Actualización de Pediatría y II Curso Internacional de Especialidades Pediátricas celebrado en Guanajuato (México) entre el 20-22 de mayo, fui invitado a impartir la ponencia “Atención pediátrica hospitalaria humanizada” en base a la experiencia adquirida durante un par de décadas en la gestión de equipos sanitarios en busca de la (H)excelencia, con H de hospital y de humanización.
Un enfoque que busca transformar el hospital en un espacio donde el conocimiento médico conviva armónicamente con la calidad emocional y ética. Y que bien podría resumirse en estas dos frases que nos regaló el uruguayo Eduardo Galeano: “Mucha magia y suerte tienen los niños que consiguen ser niños” y “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.
Porque no debemos olvidar que la palabra hospital tiene la misma raíz lingüística que “hospitalidad”. Y esa es la hospitalidad que siempre percibo de los pediatras mexicanos, en esta ocasión con la invitación de la Dra. Mari Cruz Jaramillo me ha realizado en nombre del Colegio de Pediatría del Estado de Guanajuato.
En este enlace os dejo la ponencia para su revisión y en donde quiero profundizar en varios aspectos.
a) ¿En qué consiste la atención pediátrica personalizada y humanizada?
La atención pediátrica personalizada y humanizada se define como un proceso continuo que dota a la asistencia sanitaria de cualidades humanas, fundamentándose en la premisa: “tú eres persona y te trato en tu totalidad como ser humano”,
- Concepto de Pediatría Personalizada
Este enfoque integra diversas ramas para atender al menor de forma integral:
• Pediatría clínica: enfocada en el niño enfermo.
• Pediatría preventiva: dirigida al niño sano.
• Pediatría social: centrada en la dimensión humana del niño.
• Ecopediatría: que considera al niño y su entorno físico.
- Pilares de la Humanización Hospitalaria a través de cinco componentes clave:
• Competencias profesionales: desarrollo de la excelencia técnica junto con valores humanos y principios éticos.
• Equipamientos asistenciales: creación de espacios físicos adaptados a las diferentes edades de los niños (separados de los adultos) y uso de tecnología para procedimientos no invasivos.
• Experiencia del paciente: valoración de la narrativa del paciente y uso de encuestas de satisfacción para mejorar el servicio.
• Vida en el hospital: acompañamiento psico-emocional y social (a través de arteterapia, voluntariado y apoyo educativo en aulas hospitalarias) tanto para el niño como para su familia.
• Paciente y comunidad: involucrar a las familias en el diseño de los procesos asistenciales, especialmente en enfermedades crónicas o raras; y también contar con la sociedades y las asociaciones de pacientes.
- El Hospital pensado para la infancia
El objetivo primordial es que los hospitales pediátricos estén diseñados específicamente para los menores, utilizando la imaginación y la voluntad de cambio para que la estancia sea más agradable. Esto implica potenciar lo que los niños más valoran, como el trato personal de los profesionales, los juegos y las visitas familiares, mientras se intenta minimizar el impacto negativo de los tratamientos y las instalaciones frías.
En resumen, se busca transformar el hospital en un "Hospital Optimista" donde la gestión técnica se alíe con el "liderazgo con corazón" y el arte para mejorar la calidad de vida del paciente pediátrico.
b) ¿Qué factores valoran más y menos los niños durante su hospitalización?
Durante su estancia en el hospital, los niños identifican con claridad aquellos factores que les proporcionan bienestar y aquellos que les resultan aversivos.
- Factores que MÁS valoran (Lo que más les gusta)
Los elementos positivos que ayudan a normalizar la vida del niño y reducir el impacto de la hospitalización son:
• El aula hospitalaria: espacio clave para su desarrollo educativo y social.
• El trato personal de los profesionales: la cercanía y calidez del personal sanitario.
• Los juegos: actividades lúdicas que les permiten seguir siendo niños.
• Ver la televisión: como forma de entretenimiento y distracción.
• Las visitas de familiares: el contacto con sus seres queridos es fundamental para su soporte emocional.
- Factores que MENOS valoran (Lo que menos les gusta)
Existen aspectos intrínsecos al entorno clínico y al tratamiento que generan mayor malestar en los pacientes pediátricos:
• Los pinchazos: procedimientos invasivos y dolorosos.
• La comida: que suele alejarse de sus gustos habituales.
• Los tratamientos: la carga de la terapia médica.
• Las instalaciones: espacios que pueden resultar fríos o no adaptados a su edad.
• Estar encamados: la limitación física que impone la enfermedad.
• No poder salir: la pérdida de libertad y de contacto con el mundo exterior.
El objetivo primordial de la humanización pediátrica es, precisamente, utilizar la imaginación y la voluntad de cambio para potenciar los factores positivos y minimizar el impacto de los negativos, diseñando centros sanitarios que estén realmente pensados para la infancia.
c) ¿Qué es el Índice de Humanización de Hospitales Infantiles?
El Índice de Humanización de Hospitales Infantiles (IHHI) es una herramienta de autoevaluación diseñada para medir cuantitativamente el nivel de humanización en la asistencia sanitaria que reciben los niños en los centros hospitalarios.
• Objetivo: permite evaluar y monitorizar el grado en que la atención pediátrica incorpora cualidades humanas y respeta los derechos y necesidades específicas de los menores y sus familias.
• Reconocimiento: el Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario Dr. Balmis (HGUA) ha sido premiado en diversas ocasiones en relación con este índice, obteniendo el Premio IHHI en 2018 y el galardón en la categoría de hospitales grandes de España en 2019.
• Contexto: se sitúa dentro de las "experiencias que ayudan" a transformar los centros sanitarios en "Hospitales Optimistas", donde la gestión técnica se equilibra con valores humanos y el bienestar emocional del paciente.
Esta herramienta es fundamental para que las instituciones sanitarias identifiquen áreas de mejora y avancen hacia una atención realmente pensada para la infancia.
d) ¿Qué funciones cumple el aula hospitalaria?
El aula hospitalaria (también denominada Unidad Pedagógica Hospitalaria) es un componente esencial del eje "Vida en el hospital" dentro del modelo de humanización pediátrica. Sus funciones principales, son las siguientes:
• Soporte educativo continuo: su función primaria es brindar apoyo escolar a los niños que, debido a su enfermedad, no pueden asistir a su centro educativo habitual. Este soporte puede incluso extenderse al domicilio del paciente si la situación clínica lo requiere.
• Fusión de disciplinas: actúa como un espacio donde convergen la docencia, la humanización y la arteterapia. No se limita únicamente a la enseñanza académica, sino que integra la parte emocional y creativa del menor.
• Sede de proyectos de humanización: es el lugar físico donde se desarrollan iniciativas clave para mejorar la estancia hospitalaria, tales como Un hospital de cine:, Musicoterapia, Un hospital de cuento o Encuentros culturales y deportivos.
• Bienestar psico-emocional: es uno de los factores que los niños más valoran durante su hospitalización, ya que les permite mantener una rutina similar a su vida normal y seguir desarrollándose como personas más allá de su condición de pacientes.
En definitiva, el aula hospitalaria funciona como un puente entre la Consellería de Educación y la de Sanidad para garantizar que la hospitalización no suponga una ruptura en la biografía académica y social del niño.
Os dejamos un resumen de los mensajes de la ponencia en estos dos vídeos (en español y en inglés)
El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) irrumpió en la historia de la medicina el 5 de junio de 1981, cuando los CDC de Estados Unidos reportaron cinco casos de neumonía por Pneumocystis jirovecii en hombres homosexuales de Los Ángeles. En 1984 se identificó el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) como agente causal de la enfermedad y un año después se desarrolló el primer test de diagnóstico basado en la detección de anticuerpos. En 1987 se introdujo la zidovudina (AZT), primer fármaco antirretroviral, aunque el cambio fundamental llegó entre 1995-1996, cuando la combinación de tres o más fármacos de diferentes familias.
Desde finales de los años 1980, el séptimo arte ha funcionado como un registro paralelo de la epidemia de sida: no solo documentando la devastación clínica y social, sino también visibilizando las vulnerabilidades estructurales, la homofobia sistémica, el estigma, la marginalización de personas afectas y la desigualdad global en el acceso a medicamentos. Las películas sobre sida cumplen una función pedagógica, política y afectiva que la medicina científica, por sí sola, no puede alcanzar. Y para ello baste enumerar una filmografía representativa en tres etapas: 1) Años 80-90: los comienzos inciertos; 2) Años 90-2000: reflexión y memoria; 3) A partir del siglo XXI: reinvención personal y normalización.
Filmar el sida en la niñez y adolescencia plantea desafíos únicos: cómo representar a menores expuestos al virus sin exotizarlos, cómo retratar la transmisión vertical sin culpabilizar a madres, cómo narrar la muerte prematura de jóvenes sin caer en el melodrama o la moralizante lástima. Las películas más efectivas en este registro equilibran autenticidad emocional, rigor médico y responsabilidad pedagógica.
El cine ha abordado el sida y sus consecuencias desde su aparición. Pero las películas argumentales sobre este tema alrededor del sida infantojuvenil son infrecuentes, aunque desde esta sección de Terapia cinematográfica recogemos 7 películas argumentales al respecto. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Juicio a un menor (The Ryan White Story, John Hezfeld, 1989), para conocer la ola de prejuicios y falsas creencias que llevó en sus inicios – y durante mucho tiempo - al rechazo social, la discriminación, la marginación y, en muchos casos, la criminalización de las personas infectadas por el VIH.
- Kids(Larry Clark, 1995), para reconocer el ambiente de sexo, alcohol y drogas que rodeaba a un parte de la juventud en la década de los 90, y que fueron el caldo de cultivo que extendió la enfermedad.
- La súplica de una madre (A Mother´s Prayer, Larry Elikann, 1995), para adentrarnos en las fases de duelo de una madre viuda afecta de sida que tiene que buscar una salida para su hijo, cuando ella ya no esté.
- Que nada nos separe (The Cure, Peter Horton, 1995), para reivindicar el poder curativo e integrador de la amistad y el afecto en los menores con sida.
- Yesterday (Darell James Roodt, 2004), para ser testigos de la desolación del sida en el continente africano, especialmente en las mujeres.
- Girl, Positive (Peter Werner, 2007), para concienciar sobre la importancia de la prevención frente al sida – y otras infecciones de transmisión sexual – a partir de la adolescencia.
- Romería (Carla Simón, 2025), para reparar la memoria silenciada de tantos niños y adolescentes que perdieron a sus padres por el estigma del sida y la drogadicción.
Siete películas argumentales para adentrarnos en las complejas vivencias de las infancias y adolescencias que se vieron acosadas por el sida, bien directamente como enfermos o bien indirectamente como huérfanos de padres afectos.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
En 1998 la Organización Mundial de la Salud (OMS) consideró la obesidad como una epidemia global (“globesity”). Todos los países están afectados por esta epidemia. Ningún país ha registrado un descenso de la prevalencia de la obesidad en el conjunto de su población, y ninguno ha podido cumplir el objetivo de la OMS de "no aumentar en 2025 con respecto a los niveles de 2010".
Un problema de salud pública donde la prevención es clave y está fundamentada en cuatro pilares y tres etapas críticas. Los cuatro cuatro pilares de la prevención de la obesidad infantil son: dieta saludable, actividad física regular, tiempo de pantallas limitado y horas de sueño suficientes según la edad. Y las tres etapas críticas en las que hay que estar especialmente atentos, que serán determinantes en el IMC a corto y largo plazo, son: desde la etapa prenatal hasta los 2 años, de los 5 a los 7 años (con el llamado rebote adiposo) y la adolescencia.
Los medios de comunicación, sobre todo la televisión y la publicidad, tienen un papel ambivalente en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad infantojuvenil. Y ello porque pueden contribuir negativamente al aumento del sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes, al promover el sedentarismo y la ingesta de alimentos ultraprocesados mediante anuncios dirigidos a la infancia. Se ha documentado que niños expuestos a anuncios de comida en programas infantiles tienden a elegir productos poco saludables, con una asociación estadística entre tiempo frente a pantallas y sobrepeso. Sin embargo, también son un canal idóneo para difundir mensajes de salud pública, promover hábitos saludables y sensibilizar a la sociedad, por lo que con un uso bien regulado pueden ser decisivos para la prevención y concienciación.
En síntesis, aunque los medios pueden ser factores obesogénicos, también tienen un valor estratégico fundamental y el cine es un medio especialmente potente para la sensibilización, educación y cambio cultural en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad infantojuvenil. El cine lo ha abordado desde perspectivas muy diversas, que abarcan el drama, la crítica social, el documental y la comedia, siendo un instrumento de sensibilización, debate y reflexión sobre este problema sanitario y social, allí donde un personaje o la trama son nucleares. Historias de ficción o documentales donde la presencia de la obesidad en el cine puede contribuir a la concienciación social, desestigmatización, y análisis crítico de su compleja etiología y consecuencias.
Pero hoy vamos a intentar hablar y prescribir de películas de este tema centrados en el sobrepeso y obesidad en la infancia y adolescencia. Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales al respecto. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Super Size Me (Morgan Spurlock, 2004), para reconocer los peligros de la comida rápida (fast food) en la salud y reflexionar sobre la responsabilidad corporativa en la lucha frente a la obesidad.
- Malos hábitos (Simon Bross, 2006), para conocer que cualquier extremo (nutricional, estético o emocional) puede terminar por enfermarnos.
- Ser gorda como yo (To Be Fat Like Me, Douglas Barr, 2007), para promover la idea de que la verdadera belleza de las personas no está en el peso, sino en la autenticidad y la aceptación de uno mismo.
- Yo, Terri(Terri, Azazel Jacobs, 2011), para reconocer la compleja vida interior que acompaña a un adolescente con obesidad mórbida y su lucha por ser aceptado.
- Sobrealimentados y desnutridos (Overfed & Undernourished, Troy Jones, 2014), para adentrarnos en la lucha de un preadolescente obeso por controlar su peso.
- Butter (Paul A. Kaufman, 2020), para reflexionar sobre los problemas físicos y, sobre todo, emocionales de un adolescente con obesidad mórbida y el acoso escolar asociado.
- Obesidad infantil. La pandemia ignorada (Pablo Deus, Carlos Morán, 2025), para concienciarnos de que si no actuamos frente a la obesidad, esta generación de hijos será la primera vez que vivan menos que sus padres.
Siete películas argumentales para conocer un poco mejor la obesidad que se extiende en el mundo y cómo repercute en la infancia y adolescencia, tanto a corto como a largo plazo, tanto a nivel físico como psicológico.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son afecciones médicas y de salud mental graves que se caracterizan por alteraciones persistentes en la ingesta o en el comportamiento alimentario. Estos problemas causan un deterioro significativo de la salud física, el funcionamiento psicosocial y el bienestar emocional. No son una elección o un estilo de vida.
Los tipos de TCA más comunes, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), incluyen la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, los trastornos por atracón y otros. La infancia y, sobre todo, la adolescencia son períodos críticos para la aparición y el desarrollo de los TCA, y su impacto en estas etapas es particularmente grave.
Su importancia es tal, que los TCA representan la tercera causa de enfermedad crónica en niños y adolescentes, después del asma y la obesidad. Y es por ello que cada 30 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria, que se identifica bajo el símbolo de un lazo, una cinta o una pulsera de color azul claro.
No hay duda de que los TCA son enfermedades que requieren una detección precoz y una intervención especializada e intensiva para minimizar el riesgo de secuelas crónicas y salvar vidas. Son entidades que deben ser conocidas por los jóvenes que lo pueden sufrir, también por las familias y la sociedad. El cine, como poderosa herramienta de narrativa y comunicación visual, es un vehículo crucial para la sensibilización, el entendimiento y la prevención.
Las formas positivas en que el cine puede ayudar en los TCA incluyen la desestigmatización y sensibilización, la educación sobre la complejidad de los y el fomentar la búsqueda de ayuda y la esperanza en la recuperación (quizás lo más importante, representando el proceso de tratamiento de forma constructiva, así como visibilizando el importante papel de la familia y el entorno). Además, el cine puede ser utilizado activamente por profesionales en programas de prevención y de terapia (la cineterapia puede ayudar a los pacientes a explorar sus sentimientos, facilitar la expresión emocional y analizar patrones de comportamiento de los personajes).
Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales alrededor de los TCA en la infancia y adolescencia. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Por el amor de Nancy (For the Love of Nancy, Paul Schneider, 1994), para profundizar en la lucha de los padres con una hija o hijo con TCA y el profundo coste emocional de la familia.
- Secreto compartido (Sharing the Secret, Katt Shea, 2000), para descubrir el secreto que se esconde tras la bulimia nerviosa.
- Miedo a comer (Thin, Laurent Greenfield, 2006), para convivir con las impactantes vivencias que acompañan a las personas con un TCA.
- Hambre al límite (Starving in Suburbia (Thinspiration), Tara Miele, 2014), para realzar la importancia de la detección precoz y prevención de los TCA ante los riesgos de internet y las redes sociales.
- Hasta los huesos (To the Bone, Martin Noxon, 2017), para reconocer cuando la comida se conviert en el enemigo de la anorexia nerviosa.
- Ara (Pere Solés, 2018), para conocer la anorexia nerviosa desde el punto de vista de las pacientes hospitalizadas y su relación con los terapeutas.
- Club Zero (Jessica Hausner, 2023), para concienciarnos de los riesgos del adoctrinamiento en ciertas prácticas nutricionales, como la alimentación consciente.
Siete películas argumentales para sumergirnos en la cruda realidad personal, familiar y social de los TCA, y que nos permitirá extraer aspectos positivos frente a la desestigmatización y sensibilización, la educación y terapias, así como el fomentar la búsqueda de ayuda y la esperanza en la recuperación.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
La transexualidad, entendida como la disonancia entre la identidad de género de una persona y el sexo que le fue asignado al nacer, es un tema complejo que ha ganado visibilidad y comprensión en las últimas décadas. No se trata de una elección o una enfermedad mental, sino de una parte intrínseca de la identidad de una persona. La OMS dejó de considerarla un trastorno mental en 2018, reclasificándola bajo "condiciones relacionadas con la salud sexual". Las personas transexuales no se identifican con su sexo biológico, y desean vivir y ser aceptadas como miembros del sexo opuesto. Cuando ello se acompaña de angustia, ansiedad y malestar, se habla de disforia de género (para reconocer la angustia que puede causar la incongruencia) como una condición médica que requiere atención, no un problema psicológico.
El proceso de las personas trans es un camino personal y, a menudo, conflictivo, marcado por una significativa presión social, estigmatización, discriminación y, en muchos casos, violencia. Esto puede generar graves problemas de salud mental como depresión, ansiedad, autolesiones e ideación suicida. El apoyo familiar y social juega un papel crucial en la mitigación de estos riesgos.
Y también debe ser bien entendido por la Pediatría y los pediatras, pues es un camino que muchas veces comienza ya en la infancia y adolescencia. La Guía para la atención del adolescente LGBTI publicada por Academia Americana de Pediatría en el año 2013 ya recomendaba tres puntos razonables: 1) que los pediatras sean receptivos y den la bienvenida a todos los jóvenes, independientemente de su orientación sexual; 2) que los pediatras conozcan y estén disponibles para responder preguntas y corregir la información errónea acerca de ser lesbiana, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero o intersexual; 3) que los pediatras se familiaricen con las organizaciones locales y nacionales que sirven a los jóvenes de minorías sexuales y sus familias.
Históricamente, el cine ha perpetuado estereotipos negativos y, en el mejor de los casos, ha relegado a los personajes trans a un segundo plano. Sin embargo, en las últimas décadas, se ha observado un cambio significativo hacia representaciones más matizadas, auténticas y protagonizadas por personas trans. El objetivo final es normalizar la identidad trans y mostrarla como lo que es: una parte natural y digna de la experiencia humana, más allá del drama, la tragedia o la patología.
Y este mismo recorrido hoy lo vamos a realizar a través de aquellas películas sobre la transexualidad donde la infancia y adolescencia tienen un especial protagonismo. Y desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales alrededor de la transexualidad en la infancia y adolescencia. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Boys Don´t Cry(Kimberly Peirce, 1999), para reivindicar el respeto a las personas transgénero y no tener que llorar por la transfobia.
- 3 generaciones (About Ray (3 Generations), Gaby Dellal, 2015), para reconocer (y respetar) el arco iris entre las distintas generaciones familiares.
- Girl (Lukas Dhont, 2018), para entender que el cuerpo puede ser la cárcel en el proceso de tránsito, y brotan heridas.
- Lola (Lola vers la mer, Laurent Micheli, 2019), para comprender la importancia de la superación de prejuicios y la reconciliación familiar en la transexualidad de un hijo o hija.
- Una niña (Petite fille, Sébastien Lifshitz, 2020), para entender el amor incondicional de una familia que lucha por la felicidad de su hija trans desde su infancia.
- Gabi, de los 8 a los 13 años (Gabi, 8 till 13 år, Engeli Broberg, 2021), para viajar de la infancia a la adolescencia, de la transición a la aceptación.
- 20.000 especies de abejas (Estibaliz Urresola Solaguren, 2023) , para abrazar la luminosidad de la infancia trans en la compresión de la identidad de género.
Siete películas argumentales para entender la transexualidad y favorecer el camino de transición desde la infancia y adolescencia, un aspecto sobre el que se ha avanzado mucho, pero donde aún resta mucho por caminar.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
En la lucha por la igualdad de derechos y la aceptación social, el acrónimo LGBTIQ+ representa a la diversidad de identidades de género y de orientaciones sexuales: lesgianas gays, bisexuales, transexuales, intersexuales, ‘queer’ (que hace referencia a aquellas personas que se identifican más allá de las categorías tradicionales del sistema binario varón/mujer, heterosexualidad/homosexualidad) y el símbolo “+” (que se ha añadido para incluir a los colectivos que no están representados en las siglas anteriores).
Y también debe ser bien entendido por la Pediatría y los pediatras, pues es un camino que muchas veces comienza ya en la infancia y adolescencia. La Guía para la atención del adolescente LGBTI publicada por Academia Americana de Pediatría en el año 2013 ya recomendaba tres puntos razonables: 1) que los pediatras sean receptivos y den la bienvenida a todos los jóvenes, independientemente de su orientación sexual; 2) que los pediatras conozcan y estén disponibles para responder preguntas y corregir la información errónea acerca de ser lesbiana, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero o intersexual; 3) que los pediatras se familiaricen con las organizaciones locales y nacionales que sirven a los jóvenes de minorías sexuales y sus familias.
La homosexualidad puede definirse como la atracción o interacción afectiva, emocional y sexual hacia individuos del mismo sexo. Etimológicamente la palabra homosexualidad significa “igual” (homos) y “afectividad” o “sexualidad” (sexualis). La homosexualidad es una orientación sexual, no una elección, y no es una enfermedad ni un trastorno. El cine LGTBIQ+ hace referencia a las diversas maneras en que han sido retratadas las historias y personajes de esta comunidad en la gran pantalla. Y a lo largo de la historia del cine se constata una considerable evolución en la forma de enfocar esta temática, con epicentro en la homosexualidad y transexualidad principalmente. Pues este mismo recorrido hoy lo vamos a realizar a través de aquellas películas sobre la homosexualidad donde la infancia y adolescencia tienen un especial protagonismo. Y desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales alrededor de la homosexualidad en la infancia y adolescencia. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005), un acrónimo sobre la necesidad de sentirnos amados y comprendidos en nuestra orientación sexual.
- Lirios de agua (Naissance des pieuvres, Céline Sciamma, 2007), para reconocer las diferentes caras del amor adolescente.
- Oraciones para Bobby (Prayers for Bobby, Russell Mulcahy, 2009), para vencer la intolerancia frente a la homosexualidad.
- La vida de Adèle(La vie d´Adèle – Chapitre 1 & 2, Abdellatif Kechiche, 2013), para adentrarnos en el vértigo del primer amor, sea de la orientación sexual que sea.
- Children 404 (Deti 404, Askold Kurov, Pavel Loparev, 2014), para concienciarnos de que el verdadero error de los países es que no admitan la diversidad de color del arco iris.
- A escondidas (Mikel Rueda, 2014), para interiorizar que es preceptivo desterrar cualquier fobia, sea la homofobia o la xenofobia
- La (des)educación de Cameron Post (The Miseducation of Cameron Post, Desiree Akhavan, 2018), para entender que la homosexualidad no es una enfermedad y no precisa ninguna terapia de reconversión sexual.
Siete películas argumentales para entender la homosexualidad y a las personas con orientación gay o lesbiana, y con ello visibilizarlo y normalizarlo, crear empatía y compresión, mejorar la educación y sensibilización y ser un medio más para reivindicar la lucha por los derechos humanos (también en la orientación sexual).
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
Para unos padres, la muerte de un hijo no es solo la pérdida de un ser amado; es la aniquilación de un futuro, la desintegración de una parte de su propia identidad y un cuestionamiento profundo de sus creencias más arraigadas. Es un hecho que altera el orden natural de la vida y, aunque siempre es una experiencia muy dolorosa, también hay diferencias entre un fallecimiento esperado en la infancia o adolescencia de un hijo (cuando procede de una enfermedad grave o terminal) y un fallecimiento intempestivo (por accidente, homicidio, suicidio, etc.). Sea como sea, las implicaciones son vastas y multifacéticas: crisis de identidad ( la identidad de "padre" o "madre" queda suspendida en un vacío), fractura en la pareja, aislamiento social, impacto en la salud mental y física y crisis existencial.
Y aunque popularmente se conocen estas cinco fases del duelo de Elisabeth Kübler-Ross, en el duelo parental este proceso es mucho más complejo, caótico y, sobre todo, no lineal. Las fases se solapan, se repiten y su intensidad varía enormemente de una persona a otra: shock y negación, ira y culpa, negociación, desorganización y desesperación, reorganización y aceptación.
La muerte de un hijo o una hija es una de las experiencias más devastadoras que puede enfrentar un ser humano.Y las películas que abordan la muerte de un hijo nos invitan a ser testigos de este viaje desolador. Al adentrarnos en estas historias, no solo exploramos el dolor ajeno, sino que también reflexionamos sobre nuestra propia capacidad para amar, perder y, en última instancia, encontrar un nuevo significado en medio de la más profunda oscuridad. Y desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales alrededor del duelo por la pérdida de un hijo o hija. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Un grito en la noche (Everything Put Together, Marc Foster, 2000), para adentrarnos en las consecuencias del síndrome de muerte súbita del lactante.
- La habitación del hijo(La stanza del figlio, Nanni Moretti, 2001), para reconocer las fases del duelo en una familia que acaba de perder a su hijo adolescente en un accidente deportivo.
- Los secretos del corazón (Rabbit Hole, John Cameron Mitchell, 2010), para visualizar cómo un matrimonio trata de salir de la madriguera del dolor tras la muerte de su hijo de 4 años en un accidente de automóvil.
- Alabama Monroe (Felix Van Groeningen, 2012), para hacernos recordar que, no pocas veces, la pérdida del hijo rompe el círculo del amor familiar y nos tatúa el corazón.
- Más allá de las palabras (Louder Than Words, Anthony Fabian, 2013), para reconocer a esos padres coraje que de un mal hacen un bien, de forma que sus actos y hechos son la mejor memoria de la hija fallecida.
- Mass (Fran Kranz, 2021), para viajar en busca de respuestas entre los traumas del duelo por la pérdida del hijo y la salvación del perdón.
- Una estrella fugaz (Ignasi Guerrero, Arturo Méndez, 2024) , para adentrarnos en las vivencias y secuelas de la muerte perinatal alrededor de una UCI neonatal.
Siete películas argumentales para acompañar en el duelo a estos padres y familiares en distintos escenarios en que se produce la muerte del hijo, bien sean situaciones esperadas por una enfermedad o situaciones inesperadas por un accidente. Siete oportunidades para intentar trascender a la pérdida y llegar a modelar las aristas del duelo.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
El término incesto proviene del latín incestus, que significa “no casto”, y define a esas relaciones o encuentros sexuales entre individuos cuya línea de consanguineidad es muy cercana dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio, tal como las relaciones entre madres o padres con sus hijos, encuentros íntimos entre hermanos, y otras.
El incesto es considerado un tabú casi universal en las sociedades humanas, aunque la definición de "pariente cercano" varía culturalmente. A lo largo de la historia, encontramos referencias al incesto en muchas mitologías del mundo, incluida la mitología griega, egipcia, mesopotámica e incluso en ciertas tradiciones indígenas y orientales. Otro lugar común del incesto es dentro de las familias reales, donde se practicaba para mantener la pureza del linaje o el poder concentrado.
El incesto con menores de edad es un delito grave en la mayoría de los países, ya que implica una combinación de dos factores criminales: relaciones sexuales entre familiares cercanos y abuso sexual infantil. Y es que las consecuencias del incesto son devastadoras y de largo alcance, afectando profundamente a todos los miembros de la familia: principalmente a las víctimas (a los menores), pero también a otros miembros de la familia y a los mismos perpetradores. La intervención temprana, el apoyo psicológico especializado y la aplicación de la ley son fundamentales para proteger a las víctimas y abordar las complejas dinámicas familiares involucradas. Cabe recordar que ya tratamos previamente el tema del abuso sexual infantil en esta serie de Terapia cinematográfica y enumeramos el incesto entre los tipos de abuso, pero dado el profundo impacto de esta situación es por el que hacemos un análisis individualizado. Porque ningún tema escapa de las pantallas del cine, y el incesto tampoco lo ha sido. Y desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales alrededor del incesto con víctimas menores de edad en la familia. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Lolita (Stanley Kubrick, 1962), para debatir sobre la moralidad que arrastra desear a tu hijastra adolescente.
- El soplo al corazón (Le soufflé au coeur, Louis Malle, 1971), para adentrarnos en la relación incestuosa aceptada entre una madre y su hijo adolescente.
- La luna (Bernardo Bertolucci, 1979), para confrontar la compleja relación de amor y autodestrucción alrededor del complejo de Edipo.
- The War Zone (La zona oscura) (The War Zone, Tim Roth, 1999), para reconocer que el tabú del incesto es una zona oscura que cabe iluminar con la denuncia.
- Precious (Lee Daniels, 2009), para sumergirnos en la grave problemática familiar y social que acompaña con frecuencia al incesto.
- Reina de corazones (Dronningen, May el-Toukhy, 2019), para sentir que las relaciones incestuosas no son ninguna aventura de Alicia en el País de las Maravillas.
- Dalva (Emmanuelle Nicot, 2022), para lograr vencer el síndrome de Estocolmo del incesto en menores de edad.
Siete películas argumentales para sentir las aristas de un tema tan complicado y espinoso sobre el que no podemos, ni debemos, volver la vista a otro lado. Aquí no es un tema de dioses ni de reyes, sino de niños, niñas y adolescentes que transitan en sus familias en zonas oscuras para la mente, el alma y el corazón.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
Es innegable el derecho del niño a vivir con su familia, pero en determinadas circunstancias, y siempre atendiendo al interés prioritario del menor, es necesario buscar una nueva familia, formalizando una medida de protección de carácter temporal (acogimiento) o definitiva (adopción). La finalidad tanto de la adopción como de la acogida es conseguir que los niños y niñas que están en situación de desamparo vivan en un entorno seguro, ya sea de forma temporal o definitiva. Pero cabe diferenciar entre ambos conceptos, pues tienen finalidades distintas.
La adopción infantil es un proceso legal mediante el cual una o dos personas adultas asumen la responsabilidad parental de un niño o niña que no es su hijo biológico, con la intención de formar una familia permanente. Este acto transfiere de forma legal y permanente los derechos y responsabilidades de los padres biológicos a los padres adoptivos, otorgando al niño adoptado los mismos derechos que un hijo biológico, incluyendo el apellido y los derechos de herencia. Es el proceso de adopción un camino con rutas emocionales y psicológicas que cabe reconocer, como el posible duelo por la infertilidad de algunas parejas y la imposibilidad de tener hijos biológicos, la necesidad crucial de establecer un vínculo afectivo seguro con el niño adoptado, así como ayudarle a comprender y aceptar su historia y su identidad como persona adoptada, amén de las necesidades especiales los niños adoptados que se centra principalmente en la salud y en su ajuste psicosocial, especialmente en el caso de adopciones internacionales.
Por otra parte, el acogimiento ofrece un entorno familiar seguro y afectivo de forma transitoria mientras se trabaja en la reunificación familiar o se busca otra medida de protección más estable. Aquí las familias de acogida suelen recibir una ayuda económica por parte de la administración para cubrir los gastos de manutención, educación y cuidado del menor, así como apoyo y seguimiento profesional. Ni que decir tiene que el proceso suele ser más rápido y flexible que la adopción, buscando una solución inmediata para el bienestar del niño; de hecho, existen diferentes tipos de acogimiento según su duración (urgente, temporal, permanente).
El cine ha abordado los temas de la adopción y el acogimiento de menores desde diversas perspectivas, reflejando las complejidades emocionales, sociales y legales que implican estas experiencias. A través de diferentes géneros y enfoques narrativos, el cine visiona nos permite afrontar y reflexionar distintos temas sobre cuatro perspectivas principales: desde la perspectiva del menor adoptado, desde la perspectiva de los padres adoptivos o de acogida, desde la perspectiva de los padres biológicos y el consecuente debate sobre aspectos sociales y legales. Y desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy proponemos un recorrido por 7 películas argumentales sobre la adopción y el acogimiento.Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- La pequeña Lola (Holy Lola, Bertrand Tavernier, 2004), para conocer el contenido emocional y los desafíos de la adopción internacional.
- La vergüenza (David Planell, 2009), para recorrer el no siempre fácil camino entre la acogida y la adopción.
- Color de piel: miel (Couleur de peau: Miel (Approved for Adoption), Laurent Boileau, Jung Henin, 2012), para reflexionar sobre el camino de pertenencia e identidad de los menores adoptados y sus implicaciones emocionales.
- La adopción (Daniela Fejerman, 2015), para no olvidar la corrupción ocasional en ciertos procesos de adopción internacional.
- En buenas manos (Pupille, Jeanne Herry, 2018), para hacer brillar la calidad humana de los profesionales que participan en el sistema de adopción en un sistema de bienestar bien gestionado.
- Una familia verdadera (La vraie famille, Fabien Gorgeart, 2021), para reconocer los potenciales conflictos entre el apego de los padres de acogimiento y los derechos de los padres biológicos.
- El sexto hijo (Le sixième enfant, Léopold Legrand, 2022), para asomarnos a los dilemas de la adopción ilegal.
Siete películas argumentales para prescribir a los distintos protagonistas en los procesos de adopción y acogimiento, para las familias adoptivas y de acogida, para los menores adoptados y acogidos, para los distintos profesionales implicados (trabajadores sociales, psicólogos, educadores,…) y para la sociedad en general.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
El embarazo en adolescentes se define como un embarazo precoz en la etapa de la adolescencia (que la OMS establece entre los 10 y los 19 años), normalmente en mujeres que no han alcanzado la mayoría de edad jurídica (variable según los distintos países del mundo), así como a las mujeres adolescentes embarazadas que están en situación de dependencia de la familia de origen.
Las adolescentes embarazadas, además de enfrentarse a la misma situación que cualquier otra mujer embarazada, deben enfrentarse a una mayor desprotección, con mayores preocupaciones sobre su salud y su situación socioeconómica (de manera especial las menores de 15 años y las adolescentes de países con escasa atención médica y nula protección social). Este embarazo suele implicar un riesgo en la trayectoria vital de las jóvenes adolescentes y un serio y prevalente problema médico-social.Es por ello que el embarazo en adolescentes es un problema de salud pública mundial con consecuencias significativas para la salud, la educación y el desarrollo social de las jóvenes y sus hijos.
Las situaciones personales, familiares, sociales, médicas y psicológicas que rodean al embarazo de una adolescente son un filón para el cine. Distintos temas afloran y uno de los más importantes vienen relacionados con el contexto familiar y los sentimientos que provocan una noticia así sobre una hija adolescente (dolor, decepción, amargura, soberbia o amor, en distintas dosis), una hija no emocionalmente preparada para un compromiso vital tan importante como es la maternidad a tan temprana edad. Y desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy proponemos un recorrido por 7 películas argumentales sobre el embarazo en adolescentes, aunque veremos que son numerosas las historias al respecto en el séptimo arte, tanto en largometrajes como en telefilmes. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- Quinceañera (Richard Glaztzer, Wash Westmoreland, 2006), para recordar que esa edad no siempre es una fiesta.
- Juno (Jason Reitman, 2007), para debatir sobre el embarazo no deseado en una adolescente.
- 9 meses (Keeper, Guillaume Senez, 2015), para viajar dentro de las dificultades que implica aceptar ser madre o padre adolescente.
- La inocencia (Lucía Alemany, 2018), para entender que una prueba de embarazo lo puede cambiar todo.
- Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Never Rarely Sometimes Always, Eliza Hittman, 2020), para interiorizar las claves de las buenas decisiones en el embarazo de una adolescente.
- El acontecimiento (L´évenement, Audrey Diwan, 2021), para reconocer que el embarazo de una adolescente no siempre es un feliz acontecimiento, ni antes ni ahora.
- La maternal (Pilar Palomero, 2022), para compartir el día a día de un centro para madres menores de edad.
Siete películas argumentales para viajar a las vivencias de estas adolescentes durante una inesperada gestación a su edad, con el horizonte del parto, puerperio y maternidad.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.
El embarazo y el parto son procesos profundamente humanos y universales que, aunque son compartidos por mujeres de todas las culturas y regiones, están moldeados por las realidades sociales, económicas, políticas y culturales de cada contexto. En la mayoría de los lugares del planeta Tierra el embarazo no es una elección, sino una obligación. Y, desafortunadamente, la muerte materna se percibe como un hecho natural. Porque cada día nacen en el mundo más de 350.000 niños y niñas al día. Y cada año se producen cerca de 300.000 muertes maternas en todo el mundo en relación con el embarazo y parto-
El embarazo y el parto, como experiencias universales y profundamente transformadoras, han sido desde tiempos inmemoriales una fuente inagotable de inspiración para artistas y cineastas. Estas etapas de la vida, cargadas de simbolismo, emociones y cambios físicos, han sido representadas de diversas maneras a lo largo de la historia del arte (principalmente en la pintura y escultura), ofreciendo una mirada rica y compleja sobre la condición humana y que reflejan las creencias y valores de cada época. Y dentro de las artes, también el séptimo arte ha ofrecido una amplia variedad de representaciones del embarazo y el parto. Desde dramas conmovedores hasta comedias ligeras, pasando por películas documentales, las diferentes historias han explorado tanto los aspectos físicos como emocionales de estas experiencias, donde algunos temas han sido recurrentes: el embarazo y parto como un viaje hacia la maternidad lleno de cambios físicos, psicológicos y emocionales; el cuerpo femenino gestante como un símbolo de fertilidad y creación; el parto como una experiencia dolorosa y transformadora que marca un antes y un después en la vida de una mujer; el vínculo entre la pareja y entre la madre y su hijo; entre otros.
Y es así que, desde esta sección de Terapia cinematográfica, hoy proponemos un recorrido por 7 películas argumentales sobre distintos enfoques del embarazo y parto en el mundo. Porque también hay películas en que este tema no se trata para entretener, sino para concienciar, y estas son las películas argumentales seleccionadas. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
- El primer grito(Le premier cri, Gilles de Maistre, 2007), para tener una visión global de la preparación del nacimiento en diferentes culturas del mundo.
- No llores, mujer (No Woman, No Cry, Christy Turlington, 2010), para acercarnos al problema del embarazo en el mundo.
- Un feliz acontecimiento (Un heureux événement, Rémi Bezançon, 2011), para aproximarse a la maternidad como experiencia transformadora de la mujer y la familia.
- Néixer (Nacer) (Néixer, Ana Victoria Pérez, 2012), para concienciarnos del valor del parto respetado, principalmente patente en el primer mundo.
- Madre (Mabel Lozano, 2013), para reivindicar el hecho diferencial de la maternidad.
- Fragmentos de una mujer (Pieces of a Woman, Kornél Mundruczó, 2020) , para sufrir la experiencia de la pérdida inesperada de un recién nacido en el parto.
- Mamífera (Liliana Torres, 2024) , para conocer el sentimiento de una mujer que no desea la maternidad.
Siete películas argumentales para disponer de una visión poliédrica del embarazo y parto en el mundo a través de diferentes géneros (del documental a la ficción) y desde distintas filmografías.
Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.