lunes, 30 de mayo de 2022

Libro Cine y Pediatría 11, nuestro homenaje a la docencia y los docentes



Un año más, y un nuevo libro del proyecto "Cine y Pediatría" llega a las librerías (y a Amazon). Parece que fue ayer… y hemos llegado al libro número 11 de la colección. Y en la numerología el número 11 representa a los ángeles y a los guías, un número maestro que significa “superconsciencia” en todas sus manifestaciones, porque la suma del 1+1 es igual a 2, estado de consciencia que simboliza la dualidad y, en definitiva, de las fuerzas contrarias que lejos de enfrentarse se unen y se complementan alcanzando juntas su forma más elevada. Y esta superconsciencia va a ser precisa en este año 2022 (otro complicado año) del que esperamos el mejor devenir posible ante la situación actual, al que una crisis vírica persistente se une una crisis bélica y, por si faltaba algo, reaparece una enfermedad erradicada como la viruela a través del mono. 

Y es así como se desgranan las celebraciones: 

Cuando en el ya lejano año 2010 comencé con el proyecto Cine y Pediatría no tuve duda de cuál sería el subtítulo del mismo. Y este era (y es) “una oportunidad para la docencia y humanización en nuestra práctica clínica”. Y por ello este proyecto se fundamenta en un trípode lleno de sentido y equilibrio: el que proporciona el arte (en nuestro caso, el cine) y la ciencia (en nuestro caso, la pediatría, ese término que engloba la infancia y adolescencia) fusionadas por la docencia (y es objetivo de atrevernos a "prescribir" películas). Por ello, todos los libros publicados ya (y vamos por el 11) atesoran tres prólogos: el prólogo dedicado al Cine, el prólogo dedicado a la Pediatría y el prólogo dedicado a la Docencia.



Y en esta introducción quiero homenajear a ese cine que se centra en las experiencias docentes en las guarderías, escuelas, institutos y universidades. Película muy diversas, pero donde el guion más común es el que reúne a adolescentes (generalmente problemáticos y desmotivados, reflejo de familias y circunstancias difíciles), centros educativos (principalmente institutos de entornos sociales complicados o peculiares) y profesores coraje (que rompen el esquema habitual del resto de sus compañeros docentes) y que son los elementos clave para cocinar un casi-subgénero en el cine. Películas de todas las cinematografías, pero donde destaca el cine procedente de Francia (una filmografía con gran sensibilidad y destacada siempre en Cine y Pediatría) y Estados Unidos (omnipresente y omnívoro en esta industria de la imagen). 


Y he aquí una buena representación de las películas ya publicadas en Cine y Pediatría alrededor de la docencia:. Cero en conducta (Zéro de conduite: Jeunes diables au collège, Jean Vigo, 1933), Los cuatrocientos golpes (Les Quatre Cents Coups, François Truffaut, 1959), El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962), Rebelión en las aulas (To Sir, with Love, James Clavell, 1967), El pequeño salvaje (L'enfant sauvage, François Truffaut, 1970), Melody (Waris Hussein, 1971), La piel dura (L'argent de poche, François Truffaut, 1976), Adiós, muchachos (Au revoir les enfants, Louis Malle, 1987), El club de los poetas muertos (Dead Poets Society, Peter Weir, 1989), Profesor Holland (Mr. Holland's Opus, Stephen Herek, 1995), Mentes peligrosas (Dangerous Minds, John N. Smith, 1995), El indomable Will Hunting (Good Will Hunting, Gus Van Sant, 1997), Hoy empieza todo (Ça commence aujourd'hui, Bertrand Tavernier, 1999), Música del corazón (Music of the Heart, Wes Craven, 1999), Ni uno menos (Yi ge dou bu neng shao (Not One Less), Zhang Yimou, 1999), La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999), Billy Elliot (Quiero bailar) (Billy Elliot, Stephen Daldry, 2000),  Ser y tener (Être et avoir, Nicolas Philibert, 2002), Machuca (Andrés Wood, 2002), La sonrisa de Mona Lisa (Mona Lisa Smile, Mike Newell, 2003), Los niños de San Judas (Song for a Raggy Boy, Aisling Walsh, 2003), Los chicos del coro (Les Choristes, Christophe Barratier, 2004),  Half Nelson (Ryan Fleck, 2006),  Déjate llevar (Take the Lead, Liz Friedlander, 2006), Diarios de la calle (Freedom Writers, Richard LaGravenese, 2007), La ola (Die Welle, Dennis Gansel, 2008), La clase (Entre les murs, Laurent Cantet, 2008), Profesor Lazhar (Monsieur Lazhar, Philippe Falardeau, 2011), Más allá de la pizarra (Hallmark Hall of Fame: Beyond the Blackboard, Jeff Bleckner, 2011), La educación prohibida (German Doin, 2012), Entre maestros (Pablo Usón, 2012), Esperando a Superman (Waiting for Superman, Davis Guggenheim, 2010), Sólo es el principio (Ce n'est qu'un debut, Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier, 2010), El profesor (Detachment, Tony Kaye, 2011), Camino a la escuela (Sur le chemin de l'école, Pascal Plisson, 2013), La profesora de Historia (Les héritiers, Marie-Castille Mention-Schaar, 2014), La historia de Marie Heurtin (Marie Heurtin, Jean-Pierre Améris, 2014), El gran día (Le grand jour, Pascal Plisson, 2015), Captain Fantastic (Matt Ross, 2016), Miss Kiet´s Children (Peter Lataster y Petra Lataster-Czisch, 2016),  El buen maestro (Les grands esprits, Olivier Ayache-Vidal, 2017), La profesora de parvulario (The Kindergarten Teacher, Sara Colangelo, 2018), El profesor (Teacher) (Teacher, Adam Dick, 2019), Los profesores de Saint-Dennis (La vie scolaire, Mehdi Idir, Grand Corps Malade, 2019), entre otras. 


Y con el recuerdo de estas más de cuatro decenas de películas alrededor de la docencia, confirmamos que el proyecto Cine y Pediatría puede extender su interés a las escuelas e institutos y es un buen material para que los docentes puedan “prescribir” alguna de estos films a sus alumnos y familiares. Y, con esta fusión de alumnos y profesores en centros docentes, hoy presentamos Cine y Pediatría 11. Y, como todos los anteriores libros, viene acompañado de tres prólogos, dedicados al Cine, a la Pediatría y a la Docencia. 

El Prólogo desde el punto de vista de la Pediatría está escrito por el actual presidente de la Asociación Española de Pediatría, el Dr. Luis Blesa, amigo y pediatra de atención primera valenciano. Y su prólogo, bajo el título de “La teoría y la práctica, desde la Pediatría al séptimo arte”, pone el énfasis en un claro objetivo de Cine y Pediatría y que no es otros que “entender cómo el cine nos puede ayudar en nuestra tarea diaria como pediatras, porque no solo diagnosticamos, prevenimos y curamos, sino que también formamos, educamos y enseñamos, a nuestros niños y adolescentes, y a sus familias”

El Prólogo desde el punto de vista del Cine lleva la firma del crítico cinematográfico y escritor,  Santiago Alonso. Y entre los diversos mensajes con gran fundamento de su texto, destaco su visión profesional del posible valor de un pediatra hablando sobre películas de la infancia y adolescencia: “Porque si los críticos «normales» aplicamos un tipo de experiencia concreta cuando hablamos de infancia (recordando la nuestra u observando la de nuestros pequeños), las vivencias profesionales de Javier aportan elementos muy enriquecedores y perspectivas al alcance de muy pocos, que, además, lo legitiman para hacer eso que los otros no deberíamos hacer: «prescribir» películas”. 

El Prólogo desde el punto de vista de la Docencia suena con los acordes de Román Rodríguez, concertista, compositor y musicoterapeuta y un gran y experimentado docente a través del arte, en su caso a través de la música. Un castellano-leonés como yo (él leones, yo palentino), también de familia minera y ambos afincados en la provincia de Alicante desde hace varias décadas. Y nos conocimos hace un par de años a través de su tesis doctoral sobre el valor de la musicoterapia en pacientes oncológicos pediátricos y que ha desarrollado en mi hospital, el Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante. Su prólogo, bajo el título de “La relación afectiva entre el cine y la música: arte y alma”, nos acerca al importante valor de las artes, cualquiera, también la música y el cine. Y, cómo no, la fusión de la música en el cine. Y con esta perspectiva, es conocedor del contenido y proyección de Cine y Pediatría al manifestar que “nos sigue acercando, a través de sus relevantes relatos de las películas sobre la infancia y la adolescencia, a temas tan interesantes como el valor de la familia en nuestro pasado, presente y futuro, la importancia de la amistad, el amor, la fe, la libertad, la educación en valores….”.


Y es así que en el vídeo de presentación de Cine y Pediatría 11 que veremos a continuación, se enumeran un buen número de películas publicadas en Cine y Pediatría, como un homenaje a los docentes de cada rincón del planeta, maestros y profesores que dedican su vida a fomentar la educación en contenidos y valores de futuros hombres y mujeres como ciudadanos para un mundo mejor. Y destaco dos pensamientos: 
- Uno procede de Andy Rooney, famoso personaje de la radio y televisión en Estados Unidos, y nos dice: "La mayoría de nosotros no tenemos más de cinco o seis personas que nos recuerdan. Los maestros tienen miles de personas que les recuerdan por el resto de sus vidas"
- Así como paradigmática es la frase de la película canadiense Profesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011): "Un aula es un lugar para la amistad, el trabajo y la cortesía. Un lugar lleno de vida al que le dedicas tu vida y en el que te dan su vida".

Los libros disponibles a la venta en Lúa Ediciones 3.0 y en Amazon.

Y os dejamos el vídeo de presentación.


sábado, 28 de mayo de 2022

Cine y Pediatría (646). La maternidad subrogada, de “Melody” a “La hija”

 

La maternidad subrogada (también conocida como gestación por sustitución o vientres de alquiler) se entiende cuando una mujer se presta a gestar un niño para entregarlo a quienes se lo han encargado y que a, partir de entonces,  asumirán su paternidad o maternidad. Se trata de un acuerdo o contrato entre dos partes: la mujer gestante que renuncia a los derechos de filiación y la persona o pareja comitente, subrogante, aspirante o intencional que ha hecho el encargo. 

La maternidad subrogada contempla una perspectiva médica (reproducción asistida, bien por inseminación artificial o reproducción in vitro) y una perspectiva legal y ética (un tema controvertido por su carácter disruptivo respecto al modo en que tradicionalmente se ha entendido la relación entre maternidad y filiación). El primer caso documentado tuvo lugar en Michigan (Estados Unidos) en 1976, y desde entonces el debate permanece. Y este debate también ha tenido su reflejo en el cine, tal como han revisado recientemente MT Icart y cols. en la revista Medicina y Cine. 

Algunas películas que han tratado este tema se enumeran a continuación, películas desde distintas filmografías. Las primeras películas en tratar este tema fueron la japonesa Haragashionna (Koji Wakamatsu, 1968) y la estadounidense Un bebé para mi esposa (James Bridges, 1970), donde la causa de la subrogación era la esterilidad femenina. Luego llegaría otras películas desde diferentes nacionalidades y enfoques: desde Corea del Sur, Madre alquilada (Im Kwon-taek, 1987); desde Alemania, El cuento de la doncella (Volker Schlöndorff, 1990) y Fin de la veda (Franziska Schlotterer, 2012); desde Gran Bretaña, A la luz del fuego (William Nicholson, 1997) y Nasty Baby (Sebastian Silva, 2015); desde Dinamarca, Skagerrak (Søren Kragh-Jacobsen, 2003) y Shelley (Ali Abbassi, 2016); desde Francia, Como los demás (Vincent Garenq, 2008) y Diana puede con todo (Fabien Gorgeart, 2017); desde Estados Unidos, Chutney Popcorn (Nisha Ganatra, 1999), Baby mama (Mamá de alquiler) (Michael Mccullers, 2008) y Obsesión fatal (Jon Cassar, 2016); desde India, Life Express (Anup Das, 2010); desde Filipinas, Thy Womb (Brillante Mendoza, 2012); desde Argentina, Una especie de familia (Diegon Leman, 2017), entre otras. 

Y hoy vamos a revisar dos películas, una desde Bélgica, Melody (Bernard Bellefroid, 2014), y la otra desde España, La hija (Manuel Martín Cuenca, 2021). La primera como un caso paradigmático de maternidad subrogada en tono de drama, la segunda como un caso algo diferente en tono de thriller.

Melody (2014) – no confundir con la película británica del mismo título dirigida en el año 1971 por Waris Hussein acerca de los primeros amores infantiles – nos acerca a la especial relación de dos mujeres, con papeles interpretados a flor de piel: por un lado Melody (Lucie Debay), la joven francesa que vive en la precariedad económica con el sueño de comprar un local para montar su propia peluquería; y por otro, Emily (Rachael Blake), la mujer inglesa de clase acomodada que le dice: “¿Cuánto quieres por tener a mi hijo?”. 

Dos mujeres que viven vidas muy diferentes, y entre las que acaba tejiéndose una relación muy especial. Melody vive en un barrio obrero donde peina clientas a domicilio y con las que comparte complicidades y carencias; incluso llega a vivir en la calle y, ante la imposibilidad de reunir el dinero para cumplir su proyecto de la peluquería, decide proponerse como madre de alquiler y lo hace a través de las webs que existen en internet. Así conoce a Emily, una empresaria que no puede llegar a ser madre, y quien planifica la fecundación in vitro de Melody a partir de sus propios óvulos congelados. Para ello viajan a Ucrania (pues en Inglaterra no es legal) y luego convence a Melody para vivir juntas y así poder controlar todo el proceso del embarazo y parto. 

Esa convivencia durante el embarazo conlleva la aparición de dudas y la revelación de secretos. Cuando Emily cuenta que un cáncer ginecológico hizo que tuvieran que extirparle el útero y reconoce las carencias que esconde tras su aparente dureza, la desconfianza mutua entre ellas se transforma en amistad. Aunque el hermano de Emily no la entiende, de ahí sus duras palabras: “Ya no estás enferma, pero no estás curada”. Todo sigue adelante bajo aparente control (en los controles ginecológicos se hacen pasar por madre e hija, y compran una autocaravana para volver a Ucrania a dar a luz), pero la historia da un giro inesperado por dos hechos: por la confesión de Melody de que fue una niña abandonada y ahora pide ser adoptada por Emily, y por la recaída del cáncer de ésta. Y estas palabras que Emily dice mientras toca la barriga de la madre de alquiler, que ahora también será su hija, nos abocan a un trágico final contado en elipsis: “Ojalá nunca tengas miedo. Y nunca tengas miedo de tener miedo…Te cuidaré”. Y al final suenan las palabras de Melody entre lágrimas, al dar el pecho a su hijo por primera vez: “No sé ser madre. Aprenderemos juntos”. Porque en esta película, tan dura como sutil, tan mundana como poética, Melody encuentra en Emily a la madre que nunca tuvo, y Emily empieza a ver a Melody como a la hija que siempre ha querido.  

La hija (2021) nos plantea una situación algo diferente. Nos cuenta la historia de Irene (Irene Virgüez), una adolescente de 15 años que vive en un centro para menores problemáticos y que, tras quedarse embarazada, llega a un pacto con Javier (Javier Gutiérrez), uno de los educadores del centro. Javier le ofrece vivir con él y su mujer Adela (Patricia López Arnáiz) en la casa que tienen en un paraje aislado y agreste de la sierra de Jaén para que pueda llevar a buen término - y en secreto - su embarazo. La única condición a cambio es que acepte entregarles al bebé que lleva en sus entrañas, pues ellos no pueden concebir un hijo. 

Los meses de la gestación pasan como los meses del año en ese paraje natural que cambia con los colores de las estaciones. Allí donde Irene es aislada y ocultada del mundo, y donde el pacto puede verse comprometido cuando la madre biológica empieza a sentir como suya esa vida que lleva en su interior. Una película que comienza en primavera y termina en invierno, y que nos deja helados y pensativos mientras en los créditos finales suena la canción “Reina de las trincheras” de Vetusta Morla. Un enfermizo thriller sobre otra forma de ver la maternidad subrogada, una película sobre la pesadilla que supone cumplir tus sueños. 

Películas para la reflexión. Porque, aunque los avances de la ciencia ofrecen nuevas oportunidades para la reproducción, no todo lo científicamente posible tiene porque ser lícito o ético, y por ello se constituye en un tema donde la ciencia, ética, legislación y religión se encuentran y, en ocasiones, se enfrentan.

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

Viruela del mono: preguntas y respuestas esenciales

 

Cuando aún seguimos luchando frente a la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 (porque el que no se hable ahora a todas horas de esta enfermedad, no significa que no exista, y la prevalencia de la enfermedad es altísima), ahora aparece la viruela del mono. O sea, éramos poco y parió la abuela, que dice el dicho popular. 

Os dejamos abajo el documento que ya ha compartido el Ministerio de Sanidad sobre el “Protocolo para la detección precoz de casos de viruela del mono”, del que cabe revisar los conceptos básicos esenciales de esta enfermedad.

¿Qué es el virus de la viruela del mono? 

El virus de la viruela del mono es un virus que pertenece a la gran familia de Poxvirus, de la que forma parte la viruela humana, que cabe recordar que fue la mayor pandemia de la historia de la humanidad – con permiso de la peste negra - que podría haber causado entre 500 y 1.000 millones de muertos. Si es cierto que hablamos de una viruela que es menos grave, transmisible y mortal que la predecesora. Y hay que tener en cuenta que la viruela humana se erradicó con la vacuna en los años 80, siendo la primera enfermedad infecciosa en erradicarse (aunque persiste el virus conservado en laboratorios). Este patógeno, que es endémico de África, es zoonótico, es decir, que compartimos los humanos con otros animales vertebrados. 

¿Cómo se transmite? 

La viruela del mono puede transmitirse de monos a humanos por contacto estrecho. Y, una vez que el virus ha saltado a nosotros, nos podemos infectar a través de fluidos corporales. Actualmente la enfermedad se ha manifestado en hombres homosexuales, aunque esto no significa que no se pueda transmitir entre hombres y mujeres, además de por contacto directo con animales exóticos. Y la infección también se puede producir mediante el contacto con la piel de una persona que presenta una erupción cutánea como consecuencia de la enfermedad, así como por las gotículas respiratorias si se convive de manera muy estrecha con una persona infectada. Eso sí, a diferencia de la Covid-19, en este caso no se hablaría de transmisión respiratoria, por lo que es mucho más complicado de transmitir. 

¿Cómo se manifiesta? 

Los principales síntomas de la viruela del mono son: a) erupciones cutáneas bastante llamativas (vesículas) y con cierto contenido de pus; es habitual que durante días o varias semanas puedan aparecer y desaparecer estas vesículas, pasando por diferentes etapas hasta que se van resolviendo con costras y cicatrices; la erupción a menudo comienza en la cara y luego se extiende a otras partes del cuerpo; b) inflamación de los ganglios, signo que diferencia a este patógeno de la viruela humana; c) manifestaciones generales de la enfermedad y que suelen darse antes de la erupción cutánea, como fiebre, dolores musculares, cansancio. 
El periodo de incubación generalmente dura entre una y dos semanas, aunque está establecido que puede variar entre los 5 y los 21 días. 

¿Cuál es su pronóstico? 

En África, la tasa de letalidad oscila entre el 4 y el 22%, aunque las condiciones sanitarias de allí no son las mismas que las de Europa. Por ello, es complicado todavía evaluar las complicaciones que esta infección puede provocar en nuestro entorno. Pero todo parece indicar que el pronóstico suele ser bueno y, después de unas dos semanas de enfermedad, la respuesta inmunológica suele ser efectiva. Y parece que las personas afectadas sean menores de 50 años, pues aquellos que superan esta edad están protegidos con la vacuna de la viruela que se pudo recibir en aquella época y que, en teoría, protege muy bien de este virus. 

¿Hay tratamiento? 

Actualmente, no hay tratamiento para combatir la viruela del mono, solo tratamiento sintomático. paliativo. Al parecer hay algunos antivirales específicos, pero dado que es una enfermedad excepcional en el ser humano no hay estudios bien desarrollados o con un número suficiente de pacientes para determinar el tratamiento, de momento. 

¿Deberían preocuparnos estos brotes? 

Los pequeños brotes que se han dado primero en Reino Unido, Portugal y ahora España, así como en Canadá, Estados Unidos o Australia (y otros países generan una preocupación razonable, en el sentido de que es normal estar en alerta ante la aparición de un patógeno del que todavía no se conoce el impacto que pueda tener en nuestro entorno ni cómo se va a comportar. Creo que tenemos demasiado cercana la Covid-19 para no haber aprendido algo. 

De momento, debe comenzar la vigilancia epidemiológica de los organismos oficiales. De ahí el interés del documento anexo.