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sábado, 16 de abril de 2022

Cine y Pediatría (640) “El nuevo Nuevo Testamento” según la hija de “dios”

 

Nos encontramos en Semana Santa, esta semana clave en la fe de los cristianos. Y desde nuestra infancia, estas fechas han estado asociadas a un determinado cinematografía, principalmente películas vinculadas a esa historiografía de Cristo, del Antiguo y Nuevo Testamento, de la fe y, también en ocasiones, de un adoctrinamiento no siempre positivo. Pero quitando el lastre aleccionador político-religioso, nada saludable, cabe reconocer algunos títulos de siempre y de ahora: Quo Vadis (Mervyn LeRoy, 1951), La túnica sagrada (Henry Koster, 1953), Marcelino, pan y vino (Ladislao Vajda, 1954),  Los Diez Mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956), Narazín (Luis Buñuel, 1958), Ben-Hur (William Wyler, 1959), Espartaco (Stanley Kubrick, 1960), Rey de Reyes (Nicholas Ray, 1961), Barrabás (Richard Fleischer, 1962), El Evangelio según San Mateo (Pier Paolo Pasolini, 1964), La historia más grande jamás contada (George Stevens, David Lean, Jean Negulesco, 1965), Las sandalias del pescador (Michael Anderson, 1968), Jesucristo Superstar (Norman Jewison, 1973), Jesús de Nazaret (Franco Zefirelli, 1977), La vida de Brian (Terry Jones, 1979), Escarlata y negro (Jerry London, 1983), La misión (Roland Joffé, 1986), El príncipe de Egipto (Simon Wells, Steve Hickner, Brenda Chapman, 1998), El jardín del Edén (Alessandro D'Alatri, 1998), La pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004), Noé (Darren Aronofsky, 2013), Últimos días en el desierto (Rodrigo García, 2015), Little Boy (Alejandro Monteverde, 2015), Resucitado (Kevin Reynolds, 2016), El joven Mesías (Cyrus Nowrasteh, 2016), María Magdalena (Garth Davis, 2018), Los dos Papas (Fernando Meirelles, 2019), etc.  

Y a estas propuestas anteriores, hoy quiero compartir una película tan rompedora como extraordinaria: El nuevo Nuevo Testamento (2015), la última película del director, guionista y dramaturgo belga Jaco Van Dormael, quien tiene una corta y exquisita filmografía basada en complejas películas, aclamadas por la crítica. Desde Cine y Pediatría ya hemos hablado de su ópera prima, Totó, el héroe (1991), una fábula surrealista sobre la adopción, y El octavo día (1996), una peculiar road movie con el síndrome de Dowm como protagonista.   Y en estas fechas vale la pena recordar El nuevo Nuevo Testamento, singular, ingeniosa y mordaz película, combinando géneros tan dispares como la comedia, el drama o la fantasía, con vocación de cuento y ese color e imaginación que bien pudiera funcionar como una fusión de la película británica La vida de Brian (Terry Jones, 1979), la estadounidense Matilda (Danny de Vito, 1996) y la francesa Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001).  

Una película que comienza con esta frase que ya nos descoloca: “Dios existe y vive en Bruselas”. Y con ello nos muestra a esta particular familia que vive en un pequeño piso con una gran habitación secreta, allí donde el padre “dios” (Benoît Poelvoorde) organiza el mundo con un ordenador, un ser despótico y grosero con su esposa (Yolande Moeau), esa mujer sumisa que se dedica a confeccionar punto de cruz y a jugar con su colección de cromos de jugadores de béisbol, y un padre que maltrata a su hija de 10 años, Éa (Pili Groyne), quien se convierte en la constante voz en off de esta historia. Y poco después conocemos que Éa tenía un hermano al que mataron, con el que habla en forma de figura y al que llama JC (abreviatura de Jesucristo). 

Y es así como Éa decide rebelarse contra su padre “dios”, accede a su ordenador y revela a todas las personas del mundo el día de su fallecimiento con un mensaje que llega a sus teléfonos móviles, con lo que hace que de repente todas las personas reflexionen sobre qué hacer con los días, meses, o años que les quedan por vivir. Y luego, por consejo de JC, huye de casa en busca de seis nuevos apóstoles (en total serán 18, como los jugadores de un equipo de béisbol) para escribir un nuevo Nuevo Testamento. 

Y si el guion ya es particular, la estructura no se queda a la zaga, pues nos lo cuenta en nueve capítulos con estos bíblicos títulos: Génesis, Éxodo, El evangelio según Aurelie, El evangelio según Jean Claude, El evangelio según El Obseso, El evangelio según el Asesino, El evangelio según Martine, El evangelio según Willy y El cantar de los cantares. Creo que solo por esta orientación, os aseguro que la película se ve con una sonrisa en la boca, una sorpresa tras otras y una apuesta a la reflexión constante. Y en donde vale la pena analizar a sus particulares protagonistas

Cuando Éa llega al mundo real a través del tambor de la lavadora, lo primero que hace es elegir a un escriba del nuevo Nuevo Testamento y elige a Víctor (Marco Lorenzini), un vagabundo disléxico que continuamente pregunta por sus dudas de ortografía. Y poco a poco, va encontrando a sus seis nuevos apóstoles: Aurelie (Laura Verlinden), la joven más guapa y deseada del barrio, que vive sola con su brazo izquierdo postizo; Jean Claude (Didier De Neck), soltero y sin hijos, esclavo de su trabajo y quien decide dejarlo todo y recorrer el mundo siguiendo a una bandada de pájaros; Marc (Serge Larivière), quien se llamaba a sí mismo el obseso, por las chicas y por el sexo, como secuela de aquella niña alemana de la que se enamoró cuando veraneaba de pequeño en la Manga del Mar Menor; François (François Damiens), atrapado con la muerte y los entierros, nunca quiso a nadie y nunca lloraba y se compró una escopeta cuando supo su día final; Martine (Catherine Deneuve), acomodada dama que, cuando conoce su pronto fin, decide acostarse con jóvenes, pero que al final se enamora de un orangután de circo; Willy (Romain Gelin), ese un niño que siempre estuvo enfermo, si bien más bien estaba sometido por su madre a un síndrome de Munchausen por poderes y que, desde que conoce lo poco que le quedaba de vida, decide hacerse niña. 

Éa va conociendo uno a uno, recoge sus lágrimas y les pone una música particular a su vida, a uno música de Pourcel, a otro de Haendel, o Schubert, o de circo, o la canción “La Mer” de Charles Trenet. Y a cada uno les inventa un sueño. Y a medida que se suman a la causa, la madre de Éa ve que aparecen nuevos apóstoles en el cuadro de “La última cena” hasta que suman 18, como los jugadores de beisbol, deporte que tanto gusta a la “diosa” sumisa de su madre. Y eso lo cambiaría todo. 

Y cada día de la semana ocurre algo en la vida de cada uno de estos seis apóstoles. Y el domingo todo el mundo decidió acercarse al mar a morir. Pero la madre diosa lo cambia todo al reiniciar el ordenador y el mundo se llena de color, flores y bondad. Mientras al “dios” varón es expulsado a Uzbekistán, ¿quién da más…?. Con un guion excelente del propio realizador y de Thomas Gunzig, desde el primero al último plano, es capaz de mostrar un humor corrosivo, inteligente, lo que se desprende en cada una de sus decisiones, todas ellas inesperadas y sin patrones concretos y que no puede dejar indiferente. 

Es El nuevo Nuevo Testamento una película que debe verse sin perjuicios, dejándose llevar por la imaginación, paladeando el disfrute de las nuevas ideas disfrazadas de comedia, y ese hacernos pensar en temas mayores de una forma tan surrealista. Película que tiene poco que ver con las películas enunciadas al principio de este post alrededor de la Semana Santa. Pero por encima de esta forma, tan atrevida como entrañable, cabe quedarse con las reflexiones de fondo que nos deja.

 

sábado, 1 de febrero de 2020

Cine y Pediatría (525) “La canción de nuestra vida”, historia familiar real de fe y amor


Rory Feek y Joey Martin Feek es un dúo de música country y bluegrass que fueron descubiertos en 2008 después de completar el programa concurso de CMT “Can You Duet”. Ellos conformaron un matrimonio muy especial en la música y en la vida, Joey + Rory, con tanto éxito en Estados Unidos que llegaron a tener su propio show televisivo. Para Rory era su segundo matrimonio, del que aportaba dos hijas adolescentes; para Joey, 10 años menor, su primer hogar del que nacería su única hija. Esta historia fue llevada al cine en una película documental escrita, filmada y dirigida por el propio Rory Feek, una de las muestras de amor más importantes que se hayan llevado a la gran pantalla, cuando ellos eligieron que menos es más. La película del año 2016 tiene un título original tan significativo como “To Joey, with Love”, y en España se ha conocido como La canción de nuestra vida. 

Una película que en 90 minutos nos traslada a un carrusel de emociones basada en una historia real de fe y amor que merecía ser contada. Y que merece ser vista… Comienza con la omnipresente voz en off de Rory: “En enero de 2014 mi esposa Joey y yo decidimos tomar un año sabático. Aunque nuestra carrera musical estaba en su apogeo, sentimos que era el momento oportuno para reducir la velocidad, simplificar. Así que dejamos nuestros sueños en pausa por un tiempo y nos preparamos para el bebé que vendría en pocas semanas. Creíamos que Dios nos daría una gran historia… Y lo hizo”. Y poco después entendemos el origen de esta película y de las imágenes tan reales como la vida misma: “En este tiempo de descanso que decidimos tomarnos, decidí comenzar a escribir un blog y también grabar nuestra vida casi todos los días con una cámara. Algo me decía que necesitaríamos recordar estos momentos, grandes y pequeños, y que un día sería importante”. Y con esta película nos enfrentamos a un buen número de reflexiones sobre la vida, la muerte, la trascendencia y el sentido de la vida. Una película llena de amor donde las canciones del propio dúo ponen el contrapunto perfecto para la emoción. Y os aseguro que hay mucha emoción… 

Y detrás de la cámara, como espectadores de esta historia familiar, asistimos al parto domiciliario con matrona de Joey en su granja, aunque una complicación obstétrica hizo que finalmente tuviera que ser trasladada en ambulancia a un hospital. Fue en ese momento cuando les confirmaron que su hija Indiana había nacido con el síndrome de Down. Pero Joey estaba convencida de que Dios les había dado el bebé que Él quería que tuviéramos y también Rory nos dice el día de su cumpleaños: “Tengo 49 años y una bebé recién nacida”

Y acompañamos a esta pareja autosuficiente que es capaz de cultivar y alimentarse de su propia huerta, criar polluelos, construir un escenario para dar conciertos de Navidad en su granja, hacer el ajuar necesario para el bebé y un sinfín de oficios que ejercen como si fuese lo más habitual. Y es entonces, cuando pocos meses tras el parto, a Joey se le diagnostica cáncer del cuello uterino. Inicialmente la cirugía logró extirparlo, pero meses después reapareció. Ahí comienza el camino de nuevo del cáncer, ahora acompañado de quimioterapia y radioterapia. Y ello mientras vemos crecer a Indiana con el profundo cariño de unos padres que cantan a la vida y rezan a Dios. Porque pese a todas las pruebas que la vida les da, la película es de una luminosidad y optimismo franco, con la música y la fe como bandera

Durante este periodo de lucha, grabaron juntos un álbum de himnos, donde combinaron su amor a Dios y su amor a la vida. Pese a todo, el cáncer siguió avanzando de forma irreversible. Fue el momento en que Joey decidió volver a casa para disfrutar de los preciosos días que le restaran con la gente que amaba, y sobre todo al lado de su hija Indiana, la luz de su vida, junto a su esposo. Estos hechos, referidos en el blog de Rory, fue un acontecimiento que conmocionó a sus fans en Estados Unidos, quienes se unieron en oración con manifestaciones en solidaridad hacia Joey cuando ella decidió abandonar la lucha médica para pasar los últimos días con su familia en Alexandria, Indiana (de su estado natal procede el nombre de su hija). Y es allí donde fue ordenando su corazón y su alma, mientras recibía cuidados paliativos en el hogar junto a los suyos. 

Y miles de personas, a través del blog de su marido, se maravillaron de las cosas extraordinarias que Joey podía hacer disfrutando de sus últimos días de vida ordinaria. Y logró cantar el feliz cumpleaños por segunda vez a su hija y ver publicado el nuevo CD de himnos de Joey + Rory. Joey falleció en marzo del año 2016 a la edad de 40 años y Rory escribió: “El mayor sueño de mi esposa se hizo realidad hoy… Está en el cielo”

Y como tributo, Rory Feek nos deja esta película, que es la canción de sus vidas. Una película que Rory dedica a la familia de Joey, a sus padres y hermanos, y a sus tres hijas, las dos de su primer matrimonio y a la pequeña Indiana. Porque pocas veces se podrá ver un legado con tanto amor y tanta fe. Y os animo a descubrir la discografía de este dúo, gran parte de ella en la la B.S.O. de la película, para sentir lo que os digo. 

Es La canción de nuestra vida una historia real de fe, esperanza, música y amor a la vida. Porque en este matrimonio de músicos de firme fe cristiana nace una niña con síndrome de Down que siempre es vivido como un regalo, con alegría y vitalidad desbordante que la pequeña siente a cada paso. Después llega el cáncer y los profundos altibajos, pero  todo se vivirá alrededor del amor y de la música. Y toda esta historia llega cuando deciden retirarse un año para cuidar el embarazo y dedicarse a la crianza de la hija que iba a llegar, justo cuando estaban en la cúspide del éxito musical: en 2010 ganaron el premio al mejor dúo vocal del año que otorga la Academia de Música Country y, a pesar de la enfermedad terminal de Joey, la pareja obtuvo una nominación al Grammy aquel año por “If I Needed You”. 

La canción de nuestra vida mezcla la historia de un matrimonio musical de country y bluegrass, las vivencias con su hija y la fe y las dudas en la batalla frente al cáncer. Y una historia así nos deriva inmediatamente a otra gran película con los mismos ingredientes y que ya tiene un lugar especial en Cine y Pediatría: hablamos de la película belga Alabama Monroe (Felix Van Groeningen, 2012). La diferencia podremos encontrarla en que Alabama Monroe es una historia de cine donde los personajes no tienen el apoyo de su fe, mientras que en La canción de nuestra vida es una historia real que sus protagonistas quisieron contar al mundo con sencillez, confianza y valentía y sin dejar de mirar al cielo. Un canto a la vida reflejado en el presente y futuro de Indiana,… porque la vida no va de cromosomas, va de amor. Y donde difícilmente podremos olvidar la belleza de Joey Martin Feek, bella por fuera y por dentro, bella en sus canciones y en sus mensajes.

Una película para entender la gran fortuna de cultivar la fe… y su capacidad para transformarlo todo. Y en una película que se ve con gran sentimiento sin molestar a nadie.