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miércoles, 11 de julio de 2012

Ahorrar en sanidad con criterio clínico: alto y claro, oído cocina !!!


Hace justo un año publicamos un par de entradas en el blog en los que ya adelantábamos lo que ha ido ocurriendo (tampoco tuvo mucho mérito conocer el devenir de lo que ahora tenemos): "Lecturas recomendables en sanidad en tiempo de crisis económica" y "Sanidad, estado de bienestar y crisis: el difícil equilibirio entre la realidad y el deseo"

No es que haya servido de mucho, pues en algunas entradas recientes hemos insistido en lo mismo: "El hombre anumérico y otros libros de autoayuda: preparándose para la que se avecina" y "Sanidad, procrastinación y resiliencia"

Pero no por ello debemos dejar de aconsejar buenas lecturas. La de hoy está firmada por Jordi Valera, gerente del Hospital Santa Cruz i Sant Pau de Barcelona, y se acaba de publicar en Medicina Clínica. Aunque conviene revisar el texto completo, resumimos sus 7 líneas de trabajo desde la perspectiva del ámbito hospitalario para ahorrar en sanidad con criterio clínico y sin menoscabo de la calidad asistencia, ideas que apuntan en la dirección del lema porteriano "better health per dollar spent":

1.- Reducir la demanda inapropiada 
2.- Reducir las estancias inadecuadas y mejorar la gestión de camas 
3.- Reducir las actuaciones desproporcionadas 
4.- Mejorar el tratamiento clínico de los pacientes geriátricos frágiles hospitalizados 
5.- Actualizar protocolos para mejorar resultados y costes 
6.- Reducir pruebas diagnósticas inútiles o redundantes 
7.- Reducir visitar sucesivas innecesarias. 

En resumen, para conseguir ahorrar con criterio clínico hay 2 elementos imprescindibles: 1) la implicación de los propios pacientes en sus planes terapéuticos y 2) el liderazgo de los profesionales en el desarrollo de los modelos organizativos. Ojo al dato: LIDERAZGO..., porque si no habrá que ponerse así de reflexivos como los personajes de Forges que encabezan nuestra entrada de hoy. 

lunes, 25 de enero de 2010

Sobre la “medicina del deseo” y el deseo de la medicina



El fenómeno de la medicalización de la vida en el primer mundo crea adicción, en ocasiones perversa, de manera que la demanda de servicios sanitarios por parte de la población termina por hacerse virtualmente infinita, sobre todo porque el concepto de salud y enfermedad ha cambiado. Este incremento de la demanda es motivo de preocupación por parte de sanitarios, gestores y políticos. Y se intenta atender en un contexto de avances científico-técnicos en continua evolución, exigencia de ofrecer la máxima calidad asistencial y limitación de recursos destinados a la atención sanitaria. Difícil tarea.

En este desdibujado mundo de la salud y enfermedad se ha acuñado el término de “medicina del deseo”, según denominación del psicólogo alemán Matthias Kettner, publicado en la revista Ethik Med en el año 2006: “el nuevo paciente (mejor nuevo cliente) ya no necesita de los saberes y procedimientos médicos para convertir el sufrimiento de la enfermedad en la infelicidad de la normalidad, sino que precisa de tales saberes y procedimientos para aproximar y ajustar las condiciones del propio cuerpo al estilo de vida que desea”. En la medicina estética puede verse la primera muestra (estructurada y organizada) de lo que significa la medicina del deseo, pero un reciente artículo especial de Medicina Clínica analiza ejemplos de deseos que pueden satisfacerse mediante intervenciones médicas, algunas ya bien reconocidas: deseo de engendrar un hijo con un determinado sexo (diagnóstico preimplantacional para la selección sexual), deseo de alumbrar un hijo en una determinada fecha (cesárea programada, en el que el deseo no se define bien si es de los padres o del propio ginecólogo), deseo de modificar los atributos sexuales (mamoplastias, alargamiento de pene, etc), deseo de mejorar la potencia sexual (sildenafilo), deseo de un mayor rendimiento físico (eritropoyetina, esteroides, etc), deseo de una apariencia juvenil (tratamientos antienvejecimiento), y muchos más.

Los dos autores de este artículo especial son doctores en filosofía. Uno de ellos, el Dr José Luis Puerta, también es médico y nos tiene acostumbrado a estudios y reflexiones humanistas y filosóficos en el entorno de la medicina, como director de la revista “Dendra Médica, Revista de Humanidades” (y que, anteriormente, recibía el nombre de “Ars Médica. Revista de Humanidades Médicas”). Conviene leer con detalle el artículo, en el que queremos destacar algunas reflexiones, como el comentario de que en la situación actual de la medicina se esperan cosas contradictorias. Por ejemplo, en la salud manternoinfantil, por un lado se evitan los embarazos no deseados (sirviéndose incluso de prácticas abortivas) y, por otro lado, se debe disponer de medios tecnológicos que satisfagan el deseo de tener hijos con el sexo y características que mejor se adapten a las preferencias parentales, además de asegurar la viabilidad de recién nacidos extremadamente prematuros. Se comenta que estas aparentes contradicciones se desvanecen si aceptamos que los fines de la medicina ya no son solo prevenir o curar la enfermedad, sino también satisfacer los deseos individuales.

Con esta nueva redefinición de la medicina, aceptar la enfermedad y las molestias que le son consustanciales empieza a parecer una injusticia. Y por ello, por ejemplo, los padres no entienden que en el siglo XXI no seamos capaces de ofrecer un remedio eficaz e inmediato para eliminar los mocos o la tos.

La “medicina del deseo” dificulta el camino al deseo de una medicina que intente ofrecer la máxima calidad con la mínima cantidad (de intervenciones) y en el lugar más cercano al paciente. Una medicina que precisa una vuelta a una definición coherente de los términos salud y enfermedad, y que permita resolver con coherencia la ecuación entre “lo deseable, lo posible y lo apropiado” en medicina.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Un poco de todo: artículos sobre pediatría y MBE

Buceando por diversas revistas y bases de datos de referencias bibliográficas es posible acceder a artículos sobre medicina basada en la evidencia y su aplicación a la pediatría. Aquí van algunos:

Boluyt N, Lincke CR, Offringa M. Quality of evidence-based pediatric guidelines. Pediatrics. 2005;115(5):1378-91.

Moyer V. How to practice evidence-based pediatrics.
West J Med. 2001; 174(3):158–9.

Bartick M, Stuebe A, Shealy KR, Walker M, Grummer-Strawn LM. Closing the quality gap: promoting evidence-based breastfeeding care in the hospital.
Pediatrics. 2009;124(4):e793-802.

Vandenplas Y, Rudolph CD, Di Lorenzo C, Hassall E, Liptak G, Mazur L, et al. Pediatric Gastroesophageal Reflux Clinical Practice Guidelines: Joint Recommendations of the North American Society of Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition and the European Society of Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition.
J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2009 Sep 9. [Epub ahead of print]

Ashwal S, Michelson D, Plawner L, Dobyns WB; Quality Standards Subcommittee of the American Academy of Neurology and the Practice Committee of the Child Neurology Society. Practice parameter: Evaluation of the child with microcephaly (an evidence-based review): report of the Quality Standards Subcommittee of the American Academy of Neurology and the Practice Committee of the Child Neurology Society.
Neurology. 2009;73(11):887-97.

Fortinguerra F, Clavenna A, Bonati M. Psychotropic drug use during breastfeeding: a review of the evidence.
Pediatrics. 2009;124(4):e547-56.

Prendiville TW, Saunders J, Fitzsimons J. The information-seeking behaviour of paediatricians accessing web-based resources.
Arch Dis Child. 2009;94(8):633-5.

Mazza D, Wilkinson F, Turner T, Harris C; Health for Kids Guideline Development Group. Evidence based guideline for the management of croup.
Aust Fam Physician. 2008;37(6 Spec No):14-20.