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sábado, 29 de octubre de 2022

Cine y Pediatría (668). Jeffrey Dahmer, apología juvenil de los asesinos en serie

 

El ser humano es capaz de matar a otros, pero no todos los asesinos son iguales. Algunos lo son por accidente, otros cumplían órdenes, otros matan para obtener un provecho económico..., pero hay quienes matan por matar, como lo son los asesinos en serie. El término asesino en serie ("serial killer", en inglés), como lo conocemos hoy en día, no comenzó a utilizarse hasta la década de los ochenta, pues antes era habitual denominarlos como asesino de desconocidos o multicidio. Parece que fue el agente del FBI Robert K. Ressler quien popularizaría el término porque el comportamiento de los asesinos le recordaba a la descripción de unas películas en episodios cortos que tenían un final inconcluso, un gancho, que hacía volver al espectador a la semana siguiente; y Ressler entendía que para los asesinos en serie les pasaba lo mismo, que al matar sentían una tensión que les mantenía enganchados al deseo de cometer otro asesinato, uno que se acerque aún más a sus fantasías o que les sirva para liberar toda su carga emocional y sexual. 

He aquí una referencia a alguno de los 10 asesinos en serie más conocidos, una lista difícil de leer, la mayoría de los cuales han sido llevados a la gran pantalla. 

- Jack el Destripador (siglo XIX, Reino Unido) es probablemente el asesino en serie más famoso de la historia, a pesar de que no sabemos quién fue, cuándo nació, cuándo murió… Su fama es tan enorme que se han realizado múltiples obras, tanto escritas como cinematográficas, inspiradas en él y sus asesinatos atribuidos en Londres, donde la mayoría de sus víctimas fueron prostitutas a las que mutilaba, algo que hizo sospechar a los investigadores de la época que podría tener conocimientos de carnicería o medicina. Algunas referencias de cine: El enemigo de las rubias (Alfred Hitchcock, 1927), La caja de Pandora (G. W. Pabst, 1929), Jack el Destripador (Jess Franco, 1976), Al borde de la locura (G. Kikoïne, 1989) o Desde el infierno (Albert Hughes, Allen Hughes, 2001). 

- Peter Kürten (1883-1931, Alemania), conocido como “el vampiro de Düsseldorf” y que fue acusado de 9 asesinatos y 7 intentos durante el año 1929, donde su forma de actuar consistía en violar, asesinar y degollar a sus víctimas, bebiendo la sangre de algunos. Si en vida su historia fue turbia, lo es también tras su muerte: después de su ejecución, se diseccionó y momificó su cabeza, que hoy en día está expuesta en un museo de Wisconsin. Dos películas versan sobre su figura: M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931) y El vampiro de Düsseldorf (Robert Hossein, 1965). 

- Dorothea Puente (1929-2011, Estados Unidos), fue una tierna abuelita dueña de una casa de huéspedes que pasaría a la historia porque durante años engañaba, drogaba y asfixiaba a sus huéspedes más indefensos (principalmente ancianos y personas discapacitadas), a los que enterraba en el jardín de su hostal. Por esto, ese lugar sería conocido como “la casa de los horrores” una vez se hizo público lo que allí había ocurrido. La serie de Netflix El peor compañero de piso inimaginable (Domini Hofmann, 2022) le ha dedicado el primer capítulo a su historia, bajo el título de Puedes llamarme “abuela”

- Charles Manson (1934-2017, Estados Unidos), líder de una secta organizada por él mismo llamada la Familia Manson, cuyos delitos se cometieron mayormente en el estado de California. A él se le atribuyen dos muertes donde su participación fue directa, aunque se cree que fue el instigador de por lo menos 7 asesinatos brutales más (el más conocido es el que perpetró en la casa del director Roman Polanski donde asesinaron a varios amigos del director y a su mujer, la actriz Sharon Tate), además de otros crímenes como robos y asaltos a mano armada. Algunas referencias de cine: The Other Side of Madness (Frank Howard, 1971), Manson: Retrato de un asesino (Tom Gries, 1976), La familia Manson (Jim Van Bebber, 2003), Manson, mi nombre es malvado (Reginald Harkema, 2009), Manson, los archivos perdidos (Hugh Ballantyne, 2018) o The Manson Family Massacre (Andrew Jones, 2019), sin olvidar la importante referencia en Érase una vez en... Hollywood (Quentin Tarantino, 2019). 

- Andrei Chikatilo (1936-1994, Unión Soviética), conocido también como “el destripador rojo” y “el carnicero de Rostov”, quien confesó un mínimo de 56 homicidios (entre 1979 y 1990) de mujeres y niños sobre los que practicó un canibalismo propio de una bestia salvaje. Su referencia cinematográfica es reciente con la película La ejecución (Lado Kvataniya, 2021). 

- John Wayne Gacy (1942-1994, Estados Unidos), conocido como “el payaso asesino” (pues se ganaba la vida en fiestas infantiles vestido de payaso con el apoyo de Pogo) fue un depredador sexual que secuestró, violó y mató a 33 hombres jóvenes de entre 14 y 21 años, y que guardaba la mayoría de sus cuerpos en el sótano de casa. Algunas referencias de cine: Gacy, el payaso asesino (Clive Saunders, 2003), En la mente de un asesino en serie (Svetozar Ristovski, 2010) o John Wayne Gacy: Devil in Disguise (Rod Blackhurst, 2021). 

- Ted Bundy (1946-1989, Estados Unidos), autor de más de 30 asesinatos durante un periodo de cuatro años (1974 a 1978), aunque se cree que es responsable de otras 40 desapariciones sin resolver; todas sus víctimas fueron mujeres jóvenes de entre 12 a 22 años, muchas de ellas universitarias, a las que violaba y desmembraba. Algunas referencias de cine: Ted Bundy (Matthew Bright, 2002), Extremadamente cruel, malvado y perverso (Joe Berlinger, 2019), Ted Bundy: enamorada de un asesino (Trish Wood, 2020), Ted Bundy: la confesión final (Amber Sealey, 2021) o Ted Bundy: American Boogeyman (Daniel Farrands, 2021). 

- Richard Ramírez (1960-2013, Estados Unidos), conocido como ”el acosador nocturno”, quien perpetró 14 asesinatos entre 1984 y 1985 en la ciudad de Los Ángeles, cuyas conductas se volvieron más sádicas en cada nueva víctima, muy vinculado con el satanismo. Esta historia se ha reflejado en la película El acechador nocturno (Megan Griffiths, 2016). 

- El asesino del Zodiaco (siglo XX, Estados Unidos), del que no se conoce su identidad y que asesinó entre 1968 y 1969 en California a 7 víctimas jóvenes, aunque tampoco se tiene la certeza de que esos asesinatos no los cometiera una persona, sino varias, ya fueran imitadores del asesino original o seguidores (y pudiera alcanzar hasta 37 las personas asesinadas según una carta presuntamente suya). Su película paradigmática es Zodiac (Davin Fincher, 2007). 

- Jeffrey Dahmer (1960-1994, Estados Unidos), conocido como “el carnicero de Milwaukee”, fue un asesino cuyas víctimas fueron varones jóvenes (la mayoría negros o hispanos) a los que captaba ofreciéndoles dinero a cambio de hacerles fotografías, mantener relaciones sexuales o ver pornografía con ellos, y que cometió 17 atroces asesinatos (entre 1978 y 1991), a los que descuartizaba y en los que practica actos de necrofilia y canibalismo. 

Y hoy nos quedamos con este último, y ello debido al especial revuelo que ha provocado la serie de Netflix que lleva por título Monstruo: la historia de Jeffrey Dahmer (Ryan Murphy e Iam Brennan, 2022), 10 capítulos donde se hace un profundo análisis de Dahmer (Evan Peters), a través de su infancia, adolescencia y juventud, pero también de su familia (particularmente de una madre con perturbaciones psiquiátricas y un padre algo pusilánime que se ausentaba con demasiada frecuencia por su trabajo de químico) y de la historia de algunas de sus víctimas y familiares. Un profundo análisis de la mente y circunstancias alrededor de uno de los asesinos en serie más tenebrosos en la historia de Estados Unidos (país donde vemos que se concentran una gran mayoría de los "serial killers", algo sobre lo que cabría reflexionar el por qué es así), y donde esta serie pone la guinda de un criminal sobre del que se han realizado decenas de series de televisión, películas y obras de teatro, sin contar los textos que se han escrito, desde reportajes hasta libros con testimonios de sus compañeros de secundaria. 

Una infancia aparentemente normal, si bien ya comenzó a tener un hábito algo extraño a medida que se aproximaba a la adolescencia. Y ello en su particular “laboratorio” junto a su casa, donde recogía animales muertos (muchos atropellados en la carretera) y los disolvía con ácido (una práctica que en el futuro aplicaría a sus víctimas) ; y ello motiva la opinión de sus vecinos: “Dahmer, eres un bicho raro”. Ya sus padres aprecian que se relaciona poco con los demás, y por ello le animan a participar en la banda de música o a jugar al tenis, pero disfruta más con su hábito de estudiar los huesos de los animales en soledad. También entonces, y para ser aceptado en el instituto, comienza a intentar llamar la atención con episodios de espasmos que los demás bautizaron como “hacer un Dahmer”. Algunos se aprovechan de ello (“Deberíamos crear el club de fans de Dahmer”), si bien la mayoría le rechaza, especialmente cuando comienza a aficionarse al alcohol, lo que será un problema toda su vida. 

La inestabilidad del matrimonio de sus padres, que acaba en divorcio, no ayuda a percibir la psicopatología que envuelve el comportamiento de su hijo. Es más, sus padres acaban abandonando el hogar y él acaba viviendo solo en casa durante un tiempo como un adolescente perdido entre su petaca de alcohol y como una mascota de feria en el instituto, mientras se acucia su cara de tristeza y su posición abatida. Y esta parte de su infancia y adolescencia es la que relata con especial énfasis la película Mi amigo Dahmer (Marc Meyers, 2017), basada en el libro de “My Friend Dahmer” de Derf Backderf, precisamente el compañero de clase que creó "The Dahmer Fan Club". Y esta película, interpretada por Ross Lynch en el papel principal, termina cuando Dahmer recoge a un autoestopista y se lee este colofón: “El 18 de junio de 1978, Steven Hicks volvió a casa de Jeffrey Dahmer. Nadie volvió a verle. En julio de 1991 fue arrestado y confesó el asesinato de 17 hombres jóvenes”. 

Una personalidad y una historia, la de este adolescente y joven asesino en serie, que ha sido revisitada numerosas veces en la pantalla previamente. En el cine podemos recordar: The Secret Life: Jeffrey Dahmer (David R. Bowen, 1993), protagonizada por Carl Crew; Dahmer, el carnicero de Milwaukee (David Jacobson, 2002), protagonizada por Jeremy Renner; Raising Jeffrey Dahmer (Rich Ambler, 2006), protagonizada por Rusty Sneary; o The Jeffrey Dahmer Files (Chris James Thompson, 2012), película documental con varias entrevistas, como a su ex vecina, Pamela Bass, así como con el detective Patrick Kennedy y el médico forense Jeffrey Jentzen. En la televisión cabe citar: The Trial of Jeffrey Dahmer (Elkan Allan, 1992), documental sobre el primer juicio de Dahmer; Dahmer on Dahmer: A Serial Killer Speaks (Matthew Watts, 2017), documental en dos partes con varias entrevistas; o Conversaciones con asesinos: Las cintas de Jeffrey Dahmer (Joe Berlinger, 2022), tres episodios de entrevistas sin tapujos que ofrecen una inquietante mirada a una mente trastornada. 

Este es un post de Cine y Pediatría complicado, lleno de preguntas sin respuestas: ¿cómo se crea un asesino en serie?, ¿cómo influye la genética y la epigenética?, ¿qué papel tiene la familia, la infancia y adolescencia, el ambiente escolar y familiar? Y cómo Jeffrey Dahmer se convierte en la apología juvenil de los asesinos en  serie, algo siempre difícil de entender. 

sábado, 19 de junio de 2021

Cine y Pediatría (597) “Verano del 84”, porque hay veranos y veranos


Los asesinos clandestinos han sido durante mucho tiempo una espeluznante obsesión tanto para los directores de cine como para los cinéfilos. Películas a lo largo de la historia de distinto calado, calidad, algunas de ficción y otras, realidad. Un breve recuerdo cinéfilo a las mejores películas con esta temática que comienza con M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931), considerada la primera película de asesinos en serie y un clásico del género, donde se narra la frenética persecución de un asesino de niños en las calles de Berlín. Si bien, otro clásico director realizó un mediometraje antes, por título El enemigo de las rubias (Alfred Hitchcock, 1927) y en donde nos regalaba el primero de sus habituales cameos. Y es precisamente otra obra de este director la que continúa cronológicamente este recuerdo de clásicos, como fue la icónica Psicosis (Alfred Hitchcock,1960), inspirada en la historia de Ed Gein, un asesino y ladrón de tumbas, que inspiró el personaje de Norman Bates, su madre y su motel asesino. 

Pero cabe citar otros títulos, como los siguientes: El estrangulador de Rillington Place (Richard Fleischer, 1971), basada en la necrófila historia real del londinense Reginald Christie durante los años 50; Frenesí (Alfred Hitchcock, 1972), la penúltima película del genio que supuso una verdadera hazaña, recapturando el tono de sus thrillers conspirativos de los años 40; Malas tierras (Terrence Malick,1973), basada en la historia real de Charles Starkweather y Caril Ann Fugate, amantes adolescentes cuyo asesinato en 1958 en las llanuras de Nebraska acaparó los titulares de prensa en Estados Unidos y que la convierte en una de las mejores obras del peculiar genio llamado Terence Malick; La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), donde resultad difícil olvidar a ese gigante armado con una sierra mecánica de nombre Leatherface y su persecución a un grupo de adolescentes; Halloween (John Carpenter, 1978), una de las películas esenciales de terror, que hace olvidar a sus secuelas y precuelas, con un mítico asesino Michael Myers y una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine; Pesadilla en Elm Street (Wes Craven,1984), quien afiló la cuchilla con su explosiva mezcla de adolescencia suburbana, fantasía, sangre y terror en la figura de Freddy Krueger; Henry: retrato de un asesino (John McNaughton, 1986), considerada tan depravada que se le dio una calificación de 'X' y desde entonces se ha ganado el estatus de película de culto por su visceral retrato del verídico Henry Lee Lucas, un asesino con problemas con su madre, que confesó haber matado hasta 300 personas; El silencio de los corderos (Jonathan Demme,1991), ese tour de force entre la detective Clarice y el Dr. Hannibal Lecter, el monstruo amante de la carne fresca; Seven (David Fincher, 1995) y ese ostentoso asesino que reproduce en sus víctimas los siete pecados capitales; American Psycho (Mary Harron, 2000), retrato del desalmado financiero de Wall Street, Patrick Bateman; Monster (Patty Jenkins, 2003), sobre la verdadera historia de Aileen Wuornos, una mujer cuyos desesperados intentos de prostitución en la carretera conducen a actos mucho más siniestros e irreversibles; Zodiac (David Fincher, 2007), basado en una de las persecuciones de un asesino más famosas de la historia de los Estados Unidos; Los asesinos de Snowtown (Justin Kurzel, 2011), donde un adolescente en busca de su identidad acaba siendo arrastrado por su padrastro a un mundo de fanatismo y violencia; Prevenge (Alice Lowe, 2016), en lo que es una de las pocas películas sobre asesinos en serie escrita y dirigida por una mujer, donde una lunática mujer embarazada de varios meses escucha la voz de su hijo no nato, quien le da instrucciones asesinas. 

Pero fue la década de los 80 la mejor etapa de la historia en lo que se refiere al cine de terror. Una década dorada en muchos sentidos con aquellos veranos interminables de nuestra adolescencia, pero donde se incrustaban las historias norteamericanas de desaparecidos de los que quedaba como testigo su cara estampada en cartones de leche, de asesinos en serie y familias que se rompían. Y como homenaje a ello, se ha estrenado recientemente la película canadiense Verano del 84 (Anouk Whissell, François Simard, Yoann-Karl Whissell, 2018), una mezcla de cine de suspense, “coming of age” y toque de terror final. 

Porque bajo las siglas RKSS (Roadkill Superstar) se esconden estos tres directores (Anouk Whissell, François Simard, y Yoann-Karl Whissell) especializados en presentar sus pocas películas en el Festival de Sitges, lo que ya nos marca su temática. Estos nos lleva en esta película de hoy al pequeño pueblo de Ipswich (estado de Oregón), donde, en el verano de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, compartimos las vivencias de cuatro adolescentes de 15 años: Davey (Graham Verchere), cuya afición es investigar sobre cualquier tipo de teoría conspirativa y extraña historia que encuentre en los periódicos, y sus tres prototípicos amigos con acné rebelde en la cara e inquietud sexual en el cerebro. Cuando Davey conoce la noticia de que un asesino en serie ha secuestrado y asesinado ya a 15 niños entre 12 y 16 años en la comarca, Davey comienza a sospechar de su vecino Wayne Mackey (Rich Sommer), a priori un policía ejemplar que vive solo y cuya actitud hace sospechar a nuestro protagonista que sea dicho psicópata, por lo que junto a sus amigos iniciará una serie de investigaciones para atraparlo. Y convence a sus amigos de ir en búsqueda del asesino de Cape May: "La Operación Destrucción comienza ahora". 

Se mezclan teorías de conspiración, leyendas urbanas, la imaginación de unos adolescentes y la cruda realidad. Una película que se ha relacionado con la serie de Netflix, Stranger Things, por la coincidencia de adolescentes en busca de solucionar casos no resueltos, y que en Verano del 84 nos depara un giro radical en el tercio final de la película y que lleva a que su protagonista nos diga como colofón: "Incluso los asesinos en serie viven al lado de alguien". Y cabe destacar en esta película su buena mano a la hora de construir tensión, y de pillarnos con el pie cambiado tanto mientras se adentra en terrenos oscuros como al alcanzar su impactante clímax. Y, por ello, lo que solo parecía ser un mero elogio de la nostalgia a los veranos adolescentes logra funcionar eficazmente como exploración de las zonas oscuras que a menudo esquivamos al mirar atrás. Por tanto, rompe un poco el esquema de ese grupo de amigos que transitan en los sus veranos de aprendizaje, como fueron Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1986) y The Kings of Summer (Jordan Vogt-Roberts, 2013).  

Y es así como, en los albores de un nuevo verano, recordamos este Verano del 84 canadiense, que nada tiene que ver con aquel Verano del 42 (Robert Mulligan, 1971) estadounidense, una película tan inolvidable como su banda sonora, o aquel Verano 1993 (Carla Simón, 2017) español, ese poema fílmico sobre la infancia de obligada prescripción. Porque hay veranos y veranos, y todos hay que vivirlos y revivirlos. Aunque prefiero el amor al terror... Y hay hechos que hacen que no siempre aquellos fueran unos maravillosos años.