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miércoles, 13 de enero de 2016

Ciencias de la Vida: comunicarnos, entendernos y crecer en español


El título de este post viene recogido de la Editorial publicada hace unos meses por la revista Educación Médica, cuyo autor es mi buen amigo el Dr. José Antonio Gutiérrez Fuentes, un médico internista buen conocedor del panorama científico en España, después de su larga trayectoria entre los que se incluye su cargo de Fundador y Primer Presidente del Centro Nacional de Investigación Oncológica (CNIO), Director General del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) o Miembro del Consejo Honorífico de Fundación Lilly, entre otros muchos. 

Un firme defensor de la calidad de la investigación. Pero también un firme defensor de la calidad de la publicación en español, de su difusión y visibilidad en el panorama internacional, aspecto que comparto y que compartimos en el proyecto MEDES (MEDicina en ESpañol) desde hace más de una década. Porque el interés en publicar en inglés (idioma de la ciencia en buena parte del siglo XX y actualmente) no debe excluir que se pueda y deba también publicar en español. A medida que se disponga de medios de difusión científicos competitivos en nuestro idioma, mucha de la ciencia que se realiza y escribe en español podrá ser transmitida, leída, referenciada y, en definitiva, tenida en cuenta. Además, potenciar los medios de comunicación científica en español no solo no debe contraponerse con la publicación en revistas extranjeras, sino encontrar en ello aspectos complementarios. La publicación en español no debe entenderse como una actitud “frente al”, sino “aliada con” el inglés.

La creciente potencialidad del mercado editorial en Iberoamérica y la cada vez mayor contribución en biomedicina de los autores de habla hispana hacen posibles y necesarios los medios de comunicación científica en español. Se trata de lograr una mayor difusión de la ciencia que se realiza en nuestros países y que permita elevar el nivel de calidad y el impacto de sus revistas. Pero, aunque las revistas científicas españolas han experimentado mejora en los últimos años (en repertorios como la Web of Science o el Journal Citation Reports), aún estamos lejos de estar bien y para superar esta situación, deberían darse una serie de circunstancias para mejorar, que el autor apunta:
- Por un lado necesitamos un decidido esfuerzo editorial, y lograr que los investigadores vean en las revistas científicas españolas recipientes dignos y competitivos de sus trabajos.
- El prestigio de las revistas se alcanza solo a través de la calidad de los trabajos que publican. El autor quiere saber que dichas revistas son leídas y valoradas en los lugares adecuados, y que, a través del factor de impacto correspondiente, se les concede el mayor reconocimiento objetivo.
- Incremento del número de suscripciones en bibliotecas, fuente esencial de financiación de las revistas, ya que las suscripciones individuales suelen venderse a precio de coste.
- Criba y selección dentro del excesivo número y escasa calidad de algunas revistas, lo que se traduce en escasos números por volumen anual, irregularidad en su aparición, tiradas muy cortas, mala distribución y pobre visibilidad exterior, especialmente en Internet.
- Apuesta por la calidad real de los manuscritos con adecuados controles de calidad en el proceso de edición, producción y distribución.
- Defensa de la utilización del idioma español, sin ignorar que en el terreno de la comunicación científica actual y particularmente en las revistas profesionales, cuya misión prioritaria debiera ser publicar artículos originales de investigación y darlos a conocer a la comunidad científica internacional, el inglés resulta imprescindible -como lo fueron en su día el latín, el francés o el alemán-.

Podemos reafirmar que la utilización del español encuentra sitio preferente en la aproximación del conocimiento al que ha de ponerlo en práctica (en el caso de la Medicina el médico clínico), a través de la divulgación de aspectos básicos del conocimiento científico, en forma de revisiones de temas de actualidad o específicamente docentes. Existe una importante necesidad y mercado para ello, sin renunciar a llegar a tener publicaciones en español de alto contenido científico y factor de impacto. Aconsejamos la lectura de esta editorial adjunta. Pero para llevar a cabo todo lo anterior se hace necesario una estrategia en investigación y desarrollo que integre adecuadamente políticas industriales, tecnológicas y científicas.

Este es un tema que hemos comentado reiteradamente en este blog. Y que volvemos a comentar. Y por una sencilla razón: porque es posible comunicarnos, entendernos y crecer en español.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

El español como vehículo de transmisión de los avances científicos


Este año se conmemora el 300 aniversario de la concesión de cédula otorgada por el rey Felipe V a la Real Academia Española (RAE), documento fundacional que situó esta corporación bajo su "amparo y real protección"... Así comienza la editorial de Oscar Miró, editor de Emergencias (revista científica de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, y única revista científica española en primer cuartil de su área en Science Citation Index), revista que dedica su último número a celebrar esta efemérides. 

Y para ello cuenta con la publicación de dos Artículos especiales (de los que hablaremos) y de tres Puntos de vista. Estos tres artículos son: 
- "Ciencia, medicina y lenguaje" de José Manuel Sánchez Ron, Académico de la Real Academia Española. 
- "Español y medicina" de Joaquín Poch Broto, presidente de la Real Academia Nacional de Medicina. 
- "El español como vehículo de transmisión de los avances científicos" de Javier González de Dios y Carlos González Guitián, ambos como Miembros del Comité Asesor de MEDES (MEDicina en ESpañol). 

Compartimos este último artículo, con el honor y agradecimiento de formar parte de este número especial y de esta conmemoración especial. 

Porque en tiempos pasados el castellano se hizo norma con Nebrija, poesía con Garcilaso, novela con El Lazarillo, comedia con La Celestina, melancolía con Jorge Manrique, romance con El Cid, perfección con Fray Luis y universal con Cervantes. Pero también se hizo lengua de la ciencia y de la técnica con El Saber de la Astronomía de Alfonso X el Sabio. Y en el siglo XVI, con la era de los descubridores, el castellano tiene afán de expansión y en esa época de oro el lenguaje tuvo que repercutir en el interés singular por las aplicaciones náuticas y cartográficas, así como en aplicaciones pragmáticas de las matemáticas, la cosmografía, las mediciones geodésicas, la astrología, las técnicas de arquitectura o la ingeniería militar. Y para esa empresa de descubrimientos y colonización, Felipe II funda en 1582 la Academia Real Mathematica, una impresionante aventura del conocimiento. 

Una época de auge del castellano en las artes, en la ciencia y en la tecnología. Pero con el siglo XIX este lenguaje ilustrado se difuminó primero y se colapsó después, frustrándose las aspiraciones de España en la continuidad científica europea. En aquel siglo espléndido para Europa, el siglo de Pasteur, Claude Bernard, Darwin, Koch, Behring, Mendel, Flemming, Charcot, Bayer, Röntgen o Becquerel, España aportaba buena literatura (pero poca ciencia) de la mano de La Regenta de Clarín, Pepita Jiménez de Varela, Misericordia y Tristana de Galdós o Los Pazos de Ulloa de Pardo Bazán.

Sólo con la entrada del siglo XX, y contando con los hombres más universales en la España del XIX (Cajal, Echegaray, Torres Quevedo, entre otros), se plantearon atisbos de ilusión por la utilidad de la ciencia y el saber, a través de nuevas sociedades: Sociedad Española de Física y Química (1903), Laboratorio de Mecánica Aplicada (1906), Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (1907), Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (1908), Laboratorio de Investigaciones Físicas (1910), Sociedad Matemática Española (1911). Y con el fin de la Guerra Civil Española, la creación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas –CSIC- (1939), Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica –CAICYT- (1958) y Fondo Nacional para el Desarrollo de la Investigación Científica (1964). 

Y en el último cuarto del siglo XX es cuando la ciencia española sufre una triple interacción que nos ha permitido volver a la cultura de la ciencia 3: las acciones encaminadas a mejorar la situación investigadora general, la mejoría de la economía nacional y la plena incorporación de España en la Unión Europea. Y es así como el español como vehículo de transmisión de los avances científicos ha sufrido los avatares propios de la historia. Porque la historia no lo explica todo, pero explica mucho del devenir de los acontecimientos. Y porque la investigación científica y el desarrollo tecnológico se han desenvuelto tradicionalmente en España en un clima de atonía y falta de estímulos sociales, de ausencia de instrumentos que garantizasen la eficaz intervención de los poderes públicos en orden a la programación y coordinación de los escasos medios con que se contaba, falta de conexión entre los objetivos de la investigación y las políticas de los sectores relacionados con ella… Y en este ambiente, el idioma no es principal problema. 

Tras esta introducción, os invitamos a revisar estos tres apartados: 
- Una pregunta clave: ¿publicar ciencia en inglés o en español? 
- 30 años de ciencia en España… también en español 
- Próximos pasos en años venideros. 

300 años de historia del español. Y cinco “revoluciones” pendientes y muchos pasos por caminar en los años venideros si queremos conseguir que el español tenga un lugar mejor en la investigación científica y en la publicación biomédica.