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sábado, 11 de enero de 2025

Cine y Pediatría (783) “Gracias a Dios” se comienza a condenar la pederastia en el sacerdocio

 

“Me llamo Alexandre Guérin, 40 años, casado, cinco hijos. Además de mis dudas y conflictos con la iglesia, siempre me he sentido unido al amor de Cristo. Y educo a mis hijos en la fe de dicho amor… Hace poco, en el colegio, me encontré con otro padre. De niño, como yo, fue un scout de Saint Luc. Intercambiamos recuerdos, el colegio, los campamentos. Me hizo una pregunta que no consigo olvidar: ¿También te metió mano el padre Preynat?” Con esta reflexión en off con fecha 11 de julio de 2014 y en la ciudad de Lyon comienza esta película francesa basada en hechos reales y alrededor de la pederastia en el entorno de la institución eclesiástica católica (el caso de Bernard Preynat, sacerdote de la Diócesis de Lyon, acusado en 2016 de abusar sexualmente de decenas de niños entre la década de los 70 y los 90): Gracias a Dios (François Ozon, 2018). 

Y es que François Ozon es un director francés reconocido por su estilo audaz y su capacidad para abordar temas tabúes con una mirada incisiva y a menudo provocadora. Sus elementos distintivos son los temas recurrentes en sus películas (la sexualidad es un tema central, explorada con una gran libertad creativa, así como la búsqueda de la identidad alrededor de personajes marginales o no conformistas, la muerte y el duelo, y también la infancia y adolescencia está muy presente) y su estilo narrativo (la búsqueda de la belleza visual y la experimentación formal, el humor negro y la ruptura de tabúes en la sociedad). El ha declarado que su principales influencias manan del cine clásico (especialmente de Hitchcock y Fassbinder), la literatura y la cultura popular. Y con todos estos mimbres cabe concluir que con el cine de François Ozon habitualmente el debate está servido, y ya dos películas analizadas en Cine y Pediatría dan buena fe de ello: En la casa (2012), que explora los límites de la realidad y la ficción en la relación maestro-alumno, con el peligro de sobrepasar los límites de la intimidad, y Joven y bonita (2013), la procaz sexualidad de una adolescente narrada en las cuatro estaciones.   

Continuemos con la historia de Gracias a Dios. Porque tras la previa reflexión de Alexandre (Melvil Poupaud), se entera de que el padre Preynat (Bernat Verley) regresa al cabo de los años a Lyon a impartir catequesis a los jóvenes, y ello le lleva a escribir al obispado una denuncia en la que pregunta si fue sancionado y por qué sigue ocupándose de niños. Le derivan a Régine Marie (Martine Erhel), una asistente del obispo, a quien cuenta su terrible experiencia, lo que le provoca aún más dolor, y esta hace de mediadora entre Alexandre y el padre Preynat en una escena donde víctima y verdugo se vuelven a ver las caras tres décadas después al son de un Padrenuestro y un Avemaría, cuando ya la pena ha prescrito. Y tras esa reunión, la mediadora da el tema por zanjado: “Siempre tendrá una cicatriz, desde luego, pero se cerrará con la ayuda de Dios, si no la rascamos”. 

Es tal la frustración que Alexandre intenta llegar hasta el cardenal de Lyon, M. Barbarin (François Marthouret), quien le responde de forma correcta pero sin afrontar el problema de frente, aduciendo que sacerdocio y pederastia son incompatibles. Incluso el cardenal llama a los hijos de Alexandre, quienes intentan defender a su padre, pero a cambio reciben el libro escrito por Barbarin: “¿Dios está caduco?”. Todo apunta a que la estrategia es anestesiar el problema… 

Y mientras continúan los correos electrónicos cruzados entre él y la curia, Preynat sigue dando catequesis a los niños y niñas y celebrando misas con monaguillos. Por ello busca aliados entre otros compañeros de colegio que fueron víctimas para que sea condenado y apartado de los jóvenes: “Hay que romper la cadena del silencio”. Aunque la mayoría prefieren no remover el dolor. Y entre esos que se unen a la causa están François (Denis Ménochet, visto en contundente papeles previamente en la película francesa Custodia compartida o en la española As Bestas) y Emmanuel (Swan Arlaud), más otros testimonios e historias alrededor del cura pederasta, un lobo feroz bajo la sotana. Y estos hechos finalmente ven la luz en prensa y televisión y adquiere carácter nacional, con la formación de la emblemática asociación La Parole Liberée. 

Finalmente en marzo de 2016 tiene lugar en Lourdes la declaración y condena del cardenal Barbarin al sacerdote Bernard Preynat, pero con esta declaración que no pasó desapercibida por nadie: “Gracias a Dios, estos casos ya están prescritos”. Y es así que el texto final de la película deja más sensación de desaliento que de triunfo: “El padre Preynat se beneficia de la presunción de inocencia. Aún no hay fecha para su juicio. El 7 de marzo de 2019, el cardenal Barberin y cinco miembros de la diócesis comparecieron ante la justicia y fueron condenados a seis meses de cárcel con remisión de pena por no haber denunciado agresiones sexuales a niños menores de 15 años. Han apelado a la presunción de inocencia”.  

Ni que decir tiene que la proyección de la película Gracias a Dios se vio envuelta de polémica en Francia y tuvo que intervenir un juzgado de Lyon para permitir su estreno. Pero gracias a Dios se comienza a visibilizar (y condenar) la pederastia en el sacerdocio. Ya la película Spotlight (Tom McCarthy, 2015) desenmascaró un escalofriante número de abusos sexuales a lo largo de los años encubiertas por organizaciones religiosas, legales y gubernamentales de Boston. Y hoy esta película del polémico (y polemista) François Ozon lo vuelve a hacer, donde el mensaje central es una llamada a la justicia, transparencia y responsabilidad en el tema de la pederastia, tanto de las víctimas como de las instituciones (aquí en el seno de la iglesia católica), y con ello realizar una profunda reflexión sobre el impacto duradero del abuso y sus consecuencias (también dentro de las familias) y la necesidad de enfrentar la verdad para avanzar hacia una sociedad más empática, libre y justa. 

 

sábado, 21 de marzo de 2020

Cine y Pediatría (532). “Spotlight” saca a la luz las manchas de la pederastia


Dentro del séptimo arte, aquellas películas enfocadas al mundo del periodismo, principalmente el periodismo de investigación, podrían constituir un subgénero en sí mismo. Alrededor de este tema han pasado muchos de los mejores directores y actores que la gran pantalla nos ha regalado. Y baste recordar un ramillete de lo que los expertos considerarían como imprescindibles en esta materia: Luna nueva (Howard Hawks, 1940), Juan Nadie (Fran Capra, 1941), Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), El gran carnaval (Billy Wilder, 1951), El cuarto poder (Richard Brooks, 1952), Mientras Nueva York duerme (Fritz Lang, 1956), Corredor sin retorno (Samuel Fuller, 1956), Primera plana (Billy Wilder, 1974), Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), Network (Sydney Lumet, 1976), Ausencia de malicia (Sydney Pollack, 1981), Bajo el fuego (Roger Spottiswoode, 1983), El año que vivimos peligrosamente (Peter Weir, 1983), Los gritos del silencio (Roland Joffé, 1984), Al filo de la noticia (James L. Brooks, 1987), The Paper (Detrás de la noticia) (Ron Howard, 1994), Mad City (Costa-Gravas, 1997), El dilema (Michael Mann, 1999), Casi famosos (Cameron Crowe, 2000), El precio de la verdad (Billy Ray, 2003), Verónica Guerin (Joel Schumacher, 2003), Buenas noches, y buena suerte (George Clooney, 2005), Zodiac (David Fincher, 2007), La sombra del poder (Kevin Macdonald, 2009), Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014), Los archivos del Pentágono (Steven Spielberg, 2017), y otras más. 

Y hoy viene a Cine y Pediatría una película destacada en este sentido, pues además la acompaña su sabor a Oscar: Spotlight (Tom McCarthy, 2015), nominada a seis Oscar y que finalmente ganó dos, los correspondientes a Mejor guión original y Mejor película (lo que quizás fuera una sorpresa al superar a películas como El renacido de Alejandro González Iñárritu, Marte (The Martin) de Ridely Scott, El puente de los espías de Steven Spielberg o La habitación de Lenny Abrahamson, entre otras). 

Spotlight comienza con una escena inicial y el epígrafe “Basado en hechos reales. Boston, 1976”. Y en la siguiente escena todo el ajetreo de las oficinas del Boston Globe ya en el año 2001. Y allí descubrimos a los cuatro reporteros de 'Spotlight', la sección de periodismo de investigación de ese periódico estadounidense. Y a partir de ahí la trama se centra en la investigación de un posible abuso sexual que cometido por un cura de Boston a 80 niños, situación de pederastia que, a medida que avanza la investigación y las declaraciones (entre ellos de SNAP, la asociación de Supervivientes Ninguneados Abusados por Párrocos), se extiende a 13 sacerdotes, luego a 90, y a muchos más. 

Los cuatro reporteros eran Walter "Robby" Robinson (Michael Keaton), editor de Spotlight, Michael Rezendes (Mark Ruffalo), Sasha Pfeiffer (Rachel McAdams) y Matt Carroll (Briand d'Arcy James), secundados por el nuevo editor jefe del Boston Globe, Martin “Marty” Baron (Liev Schreiber). Y con sus investigaciona provocaron una enorme crisis en una de las instituciones más antiguas y seguidas del mundo, la Iglesia Católica, al ahondar en los alegatos de abuso sexual dentro de la misma. Sus investigaciones les harán desenmascarar un escalofriante número de abusos y denuncias a lo largo de los años encubiertas por organizaciones religiosas, legales y gubernamentales de Boston. Su trabajo, les valió el Premio Pulitzer en 2003, además de causar una ola de revelaciones alrededor del mundo al desenterrar el escándalo. 

Spotlight puede dar imagen de fría y hasta de carente de emoción, pero es que su cometido no es estremecer al espectador con extremas emociones, si no hacerlo con los hechos escalofriantes que cuenta. Por ello no es una película emocionante, ni de bellas imágenes, ni sorprendente (y de ahí la sorpresa de su elección como mejor película en los Oscar), solo marca la rigurosidad periodística de la investigación y esa es la propuesta de McCarthy. 

Y en esta propuesta las diferentes declaraciones que se desgranan en la película. La de Phil Saviano, quien dirige SNAP: “No solo es abuso físico, también es abuso espiritual”. La del abogado Mitchell Garabedian, quien iniciara muchos antes la investigación no conclusa: “Hágame caso. Si la comunidad puede criar a un niño, la comunidad puede abusar de él”. La del reportero Walter "Robby" Robinson: “Tenemos dos historias. Una sobre un clero degenerado y otra sobre un puñado de abogados que convirtieron el maltrato infantil en una pequeña industria. Ahora dime, sobre qué historia quieres que escribamos, pues usaremos una”. La de Martin “Marty” Baron a sus redactores: "La gran historia no está en los curas, como individuos, está en la institución. Hay que apuntar contra los males del sistema". 

Y es cierto que Spotlight no profundiza en sus periodistas, pues apenas se nos muestra más que retazos de su vida personal, pero eso no significa que no lleguemos a entender sus motivaciones y cómo su trabajo les afecta personalmente. Y no esperemos un film de periodistas contras curas, pues esa no es la esencia, la esencia es lo que corroe la verdad desde dentro: los puntos ciegos y lo que cuesta conquistar la luz. Y lo doloroso que es cuando la luz aparece en un tema así. De ahí ese tremendo colofón final: “Durante el año 2002 el equipo de Spotlight publicó cerca de 600 historias sobre el escándalo. 249 curas y hermanos fueron acusados de abuso sexual en la Archidiócesis de Boston. Se estima que el número de víctimas en Boston supera los 1000. En diciembre de 2002 el cardenal Law renunció a la Archidiócesis de Boston. Le reasignaron a la Basílica de Santa María Maggiore en Roma, una de las de más alto rango del mundo católico. Los principales lugares de escándalo han sido descubiertos en los siguientes lugares:… (y entonces aparece un listado de 200 ciudades del mundo)”. 

Un título más que nos deja en la pantalla (y en el tintero) ese variable respeto por el cuarto poder y por el periodismo de investigación. Porque el cuarto poder es capaz de lo peor (ese “amarillismo periodístico” y mundo de las “fake news” que nació hace 120 años con la rivalidad de dos periodistas sensacionalistas afincados en Nueva York: Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst) y de lo mejor (ese periodismos de investigación riguroso que ha sacado a la luz lo que la verdad esconde en tantos campos de la vida). Y aquí Spotlight saca a la luz las manchas de la pederastia, posiblemente de la peor pederastia, la ejercida en el seno de la Iglesia. 

Porque la infancia es sagrada, incluso más sagrada que las instituciones eclesiásticas. Porque la infancia la creó Dios para ser respetada, cuidada y amada. Y las instituciones eclesiásticas las crearon los hombres y mujeres para honrar a Dios. Y con este tema se pierde toda coherencia del relato.