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sábado, 18 de abril de 2026

Cine y Pediatría (849) “El consentimiento”, el escalofriante grooming cultural

 

Hoy revisamos una de las historias reales más escalofriantes de los últimos años. El crudo y aterrador relato de una niña de 13 años seducida por un célebre escritor que removió hace décadas a toda Francia, una película que consiguió dos nominaciones a los César y que se fundamentó en el adictivo bestseller de Vanessa Springora titulado “Le Consentement”, un libro autobiográfico publicado en 2020 en donde relata su experiencia como víctima de abuso sexual por parte del escritor francés Gabriel Matzneff cuando ella era una adolescente y él tenía cerca de 50 años. La obra expone los mecanismos de manipulación psicológica, el control y la ambigüedad del consentimiento en una relación asimétrica, enmarcada en la permisividad cultural de los años 70 y 80 en Francia, aquel entorno social que legitimó la violencia sexual contra menores bajo la máscara del “amor” y la “cultura”. 

Y cuando indagamos algo más nos encontramos con esta descripción en Wikipedia: “Gabriel Matzneff es un pederasta y escritor francés. Autor prolífico que publicó unos cincuenta libros, gran parte de ellos sobre los abusos a menores que cometía y recibió numerosos premios literarios, entre ellos, los premios Mottart y Amic de la Academia Francesa en 1987 y el premio Renaudot de ensayo de 2013”. Un personaje así y una historia de este calado se traspasó a la gran pantalla con El consentimiento (Vanessa Filho, 2023), un drama duro y muy lúcido que obliga a repensar qué significa realmente consentimiento en chicas menores de edad desde el punto de vista psicológico, social y jurídico. Allí donde el reconocido escritor seduce a la joven, y es celebrado (y no criticado) por el acomodativo e hipócrita mundo cultural y político francés de la época. 

Al desgranar el argumento, se nos sitúa en París, año 1985. Vanessa (Kim Higelin), de 13 años, conoce en una cena a Gabriel Matzneff (Jean-Paul Rouve), un escritor célebre, carismático, culto y muy manipulador. Él empieza un cortejo sofisticado (cartas, llamadas y elogios a la inteligencia de la menor), hasta que la convierte en su “amante” y “musa”, presentándola en círculos culturales donde casi nadie cuestiona esa relación. Cuando la madre (Laetia Casta) se da cuenta de ello, amenaza a su hija: “Si vuelves a verle, ¡te mando a un internado!”.Y ella le contesta “Tu responsabilidad es dejar que tu hija se siente con un pedófilo” y promete suicidarse si le separan de ese amor…, mientras él la sigue seduciendo: “Vamos a demostrarles a los demás que el verdadero amor sí existe… Tú eres la última niña que esperaba. Estoy dispuesto a luchar para casarme contigo. Eres mi amor definitivo”. Así que, finalmente, la madre consiente la relación e incluso expresa algo así delante de su hija y su depredador sentados a la misma mesa: “Yo creo que hay que dejar que los niños crezcan como quieran, a sus anchas. Hay que dejar que se equivoquen, que se hagan daño. Hay que dejar que aprendan a ser ellos mismos, eso es”. Una escena escalofriante… Mientras que el padre de Vanessa, que inicialmente se indigna y amenaza con ir a la policía, desaparece después de la vida de su hija. 

La película va subrayando cómo Vanessa se va perdiendo en esa relación, que vive como una gran historia de amor, y encuentra en él una figura de maestro, padre idealizado y amante, todo mezclado. Pero con el tiempo toma conciencia de lo destructiva y anormal que es ese vínculo, hasta ver a Matzneff como el depredador que realmente es. Porque la pedofilia del escritor es conocida en la familia, en el colegio, en la sociedad… Incluso aparecen agentes de protección de menores que le vigilan. Pero siguen adelante, ante el espanto del espectador que conoce que no es ficción, sino que fue una historia real de dominio público. Impensable en la actualidad. 

Escenas muy duras en sus diálogos, casi insoportables por la opresión del adulto sobre la joven, del lobo sobre su Caperucita,… Y lee Vanessa en los cuadernos de su depredador sexual las aventuras con otros jóvenes: “Unos poco billetes bastan para satisfacer mi deseo. A veces me encuentro en la cama con hasta cuatro niños de entre 8 y 18 años al mismo tiempo y disfruto con ellos del sexo más exquisito. Sí, esos niños que acaban en mi casa son una especie diferente, un rastro de sabores que no me canso de probar”. Y Vanessa se martiriza e intenta dejarlo. “No puedo más”… y la posibilidad del suicidio no le es ajena. Pero regresa…, atrapada, subyugada, maltratada con esa asimetría de la edad y el poder tan denigrante. Finalmente, le tiene que suplicar a Gabriel que la deje partir, porque “eres la cruz que tendré que soportar toda la eternidad”. Pero el depredador continúa al acecho de su pieza, no la suelta, la oprime, la asfixia. Y la menor no cuenta ni con el apoyo de su madre presente, ni de su padre ausente. 

Fueron varios años de calvario, pues llega a soplar las velas de sus 18 años, mayoría de edad. Para profundizar más en la herida, el escritor publica un libro sobre su relación con ella que la expone ante todos y ante todo, insoportablemente detallista. Ella, desesperada en sus acciones, llega a ser expulsada del instituto. Pero ya ha sido sustituida y ahora Gabriel ya ha tomado otra joven pieza femenina… Y hasta la televisión le pregunta en entrevistas sobre ese deseo de seducir a jóvenes, y apreciamos absortos que no solo le consienten la respuesta, sino que le ríen la ocurrencia. Una vida más destrozada ante la impunidad de la sociedad que no solo lo permitía, sino que lo publicaba… y le dejaban y le premiaban. Parece que en la literatura todo valía… y cabe recordar que en 1977 este personaje fue el promotor de una carta abierta en Le Monde pidiendo la despenalización de las relaciones entre adultos y menores de 15 años, firmada por intelectuales como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Michel Foucault. 

Un salto temporal nos lleva a una Vanessa adulta que sigue angustiándose al sentir el nombre de su particular lobo feroz escritor. Y esta asfixiante historia finaliza escribiendo el libro que doy origen a esta película. Y gracias a ese testimonio aparecido en 2020, Gabriel Matzneff, tras décadas de publicar abiertamente sobre sus relaciones sexuales con menores y ser protegido por la élite intelectual de Francia, pasó de ser una figura premiada a convertirse en un paria social tras el testimonio de una de sus víctimas. Por fortuna, las consecuencias inmediatas no de dejaron esperar: la editorial Gallimard dejó de comercializar todas sus obras por primera vez en su historia, y otras editoriales siguieron su ejemplo. La fiscalía de París abrió una investigación por violación de menores. Aunque el caso de Springora prescribió, en 2023 se inició una nueva investigación por hechos similares contra otra víctima. 

El debate que nos deja esta película y esta historia es profundo. El primero, analizar esa pedofilia y pederastia envuelta en retórica “cultural” y romántica, que se camufla bajo un discurso de alta cultura y libertad sexual; y donde se subraya que el desequilibrio de poder (edad, fama, experiencia, posición social) imposibilita hablar de consentimiento libre, por mucho que la adolescente crea que “elige”. El segundo, volver a recordar la adolescencia como territorio de vulnerabilidad, etapa de tránsito con escollos para ir construyendo la identidad, y donde la película ilustra los mecanismos típicos del grooming: seducción gradual, idealización, aislamiento, alternancia de ternura y violencia, y culpa trasladada a la víctima (“tú me provocas”, “tú eres especial”). El tercero, cómo la familia y la sociedad pueden pasar de salvadores a cómplices, y en este caso la actitud de esos padres separados asusta por la desprotección a que dejan a su hija: la madre no solo no frena esa relación, sino que la llega a legitimar; el padre que inicialmente actúa con indignación, termina ausentándose, dejando a la menor sin protección efectiva; pero tan grave o más es aquel mundo cultural y político francés, que conociendo la fama de pedófilo de Matzneff, guarda silencio y en muchos casos lo celebra. Y, finalmente, el poder de la denuncia, ese paso que traslada a la víctima como narradora, en este caso con la novela como tabla de salvación y reparación, lo que acaba desmontando el mito del escritor y provocando un gran debate social. 

Y una gran pregunta para el debate: ¿qué es el consentimiento con chicas menores? Y la película invita a distinguir entre tres niveles: lo que la menor siente, lo que la ley reconoce y lo que éticamente es admisible. 

- La dimensión legal (Francia y España como referencia). En Francia, se ha fijado la edad mínima de consentimiento sexual general en 15 años; por debajo de esa edad, todo acto de penetración sexual con un menor se considera automáticamente violación, y en casos de incesto el límite se eleva a 18. En España, la edad legal de consentimiento sexual está en 16 años: cualquier acto sexual con menor de 16 se considera abuso sexual, y se parte de la presunción de que no existe capacidad para prestar un consentimiento jurídicamente válido; es decir, incluso si una adolescente verbaliza que quiere la relación, la ley entiende que no puede consentir de forma válida por la asimetría de edad, madurez y poder. 

- La dimensión psicológica: por qué “decir sí” no equivale a consentir. Porque desde la psicología del desarrollo y la clínica con menores, varios factores explican por qué el “sí” de una chica de 13–15 años no puede equipararse al de un adulto: desarrollo incompleto de capacidades de juicio abstracto, evaluación de riesgos y anticipación de consecuencias, que maduran bien entrados los 20 años; vulnerabilidad a la idealización de figuras adultas carismáticas (profesores, artistas, médicos, etc.), con fuertes componentes de dependencia y necesidad de aprobación; mayor probabilidad de interpretar como “amor” lo que en realidad es manipulación, especialmente cuando el adulto se presenta como víctima, genio incomprendido o amante sacrificado; dificultad para identificar la violencia en contextos que alternan momentos de aparente ternura con episodios de humillación, celos, presión sexual o control, lo que genera confusión y autoculpa. 

- La dimensión ética y relacional. Porque más allá de la ley, el consentimiento ético exige al menos: igualdad razonable de poder entre las partes (edad, capacidad económica, posición social, dependencia emocional); ausencia de manipulación, chantaje emocional, coacción o promesas que anulen la libertad real (por ejemplo, “si me dejas, me mato”, “destruiré tu reputación”, “nadie te querrá como yo”); capacidad de comprensión de lo que se está aceptando (implicaciones para el cuerpo, la salud, la vida social, la biografía futura). 

Por todo ello, El consentimiento se transforma en una película de obligada “prescripción” en familias y centros  educativos.

sábado, 5 de julio de 2025

Cine y Pediatría (808) “The Tale”, un cuento que nunca debiera contarse

 

"La historia que estáis a punto de ver es cierta, al menos hasta lo que yo sé...". Así comienza la película distribuida por HBO para la televisión por título The Tale (Jennifer Fox, 2018), una dura e impactante historia real basada en la propia experiencia vivida por la directora del filme, un drama psicológico que cuenta la historia de esta consolidada documentalista,  sobre su abuso sexual en su niñez, del cual toma conciencia cuando su madre (Ellen Burstyn) encuentra un ensayo suyo que escribió cuando tenía 13 años, un texto que revela una relación abusiva con un hombre adulto, que en su momento ella percibía como una historia de amor. Buen guión en dos tramas de espacio tiempo, con continuos saltos temporales al presente de una Jennifer adulta (Laura Dern) y al pasado de una niña y adolescente Jenny (Isabelle Nelisse) que se nos presenta como la anti-Lolita, todo lo contrario a una niña-mujer seductora. Una película para comprender cómo se van tejiendo las historias de abuso entre un adulto y una menor, una iniciación sexual que, por su carácter traumático, se le presenta como algo ambiguo y confuso. Y ahora nuestra protagonista (y directora) tiene que enfrentarse a ello, afrontar sus recuerdos y sanar sus heridas. Una película dura, pero que merece ser vista y analizada. 

Es interesante la manera cómo la mujer se enfrenta a la verdad de un recuerdo idealizado y que oculta lo que tuvo de terrorífico. Y en dos momentos, al principio y final de la historia, aparece esta vez en off de Jenny: “He conocido a dos personas muy especiales a las que cada vez quiero más. Imaginen a una mujer que está casada y a un hombre que está divorciado. Tengo la enorme suerte de compartir el amor de los dos”. Y esas dos personas son Jane, la Sra. G (Elizabeth Debicki), su entrenadora de caballos, y Bill (Jasson Ritter), el entrenador físico que colabora en la escuela de equitación. Entre ellos y las alumnas que acuden a ese centro existe una peculiar relación, especialmente con Jenny, a la que acaban confesando que ellos son amantes, y ella guarda el secreto. Pues ella prefiere este entorno que el de su familia numerosa, las normas de su casa y la relación con sus padres. Y esto llega al punto que todos los fines Jenny pasaba los fines de semana en la granja de la Sra. G, con el consentimiento de sus padres. 

Y en continuas escenas retrospectivas (flashback) y prolepsis (flashforward), donde se desgranan los recuerdos que ese escrito ha sacado a la luz, se nos acerca a algo que presentimos como oscuro. Porque Jane y Bill se presentan como adultos protectores con Jenny y le ofrecen formar una familia basada en la honestidad y el amor. La menor no quiere ser víctima, pero Bill es el prototipo del narcisista perverso que realiza un acoso implacable y sistemático a una niña que quiere dominar como su objeto sexual absoluto; y con el tiempo le pide: “¿Podrías hacerme un favor? Me dejas que te vea…”. Y donde también destaca el ambiguo rol de Jane, su entrenadora. Y a medida que avanzan los abusos, donde Bill usa a Jenny como su amante, esta nos expresa este confundido pensamiento: “Cuando llegamos tan lejos, ya no sé cómo decir que no… Yo le quiero y él a mi”. Característico síndrome de Estocolmo de la víctima… Porque estos abusadores se presentan como personajes complejos, lejos del arquetipo de villanos, lo que nos representa la forma en que los abusadores se infiltran en la vida de sus víctimas desde la manipulación, el afecto y la seducción emocional. 

The Tale aborda temas profundamente personales y dolorosos como el abuso sexual infantil, la memoria, la negación y la reelaboración del trauma. No solo es cine, sino también una forma de terapia y confrontación pública con una verdad silenciada durante años y que tiene que reconstruir. Y al final, la madre de Jenny le confiesa: “Fracasé en lo más importante que una madre debe hacer: ¡protegerte!”. Y nos transporta a esa tramo final donde la Jennifer adulta conversa con la Jenny adolescente, y donde la menor se sigue considerando una heroína y no una víctima. Y para romper ese círculo, Jennifer decide reencontrarse con Jane y con Bill después de décadas. Y todos los fantasmas reaparecen…, también los del espectador. Porque sentimos que esta cuento nunca debiera haber sido contado, por mucho que la Sra. G le diga a Jennifer: “Cambiaría mil cosas si volviera atrás”. 

Vale la pena subrayar que uno de los mayores logros de The Tale es su uso de una narrativa no lineal. La historia se desarrolla como una investigación personal, con constantes saltos temporales entre el presente y los recuerdos del pasado, que se van modificando a medida que Jennifer se acerca más a la verdad, lo que refleja cómo la memoria humana se ve influenciada por emociones, mecanismos de defensa y el paso del tiempo. Y otro punto a destacar es la interpretación de Laura Dern, conmovedora, matizada y valiente. Una gran actuación a la que nos tiene acostumbrada esta actriz con centenares de películas en su haber, muchas de las cuales ya forman parte de Cine y Pediatría, como Máscara (Peter Bogdanovich, 1984), Un mundo perfecto (Clint Eastwood,1993), Yo soy Sam (Jessie Nelson, 2001), Alma salvaje (Jean-Marc Vallée, 2014), Mujercitas (Greta Gerwing, 2019), Historia de un matrimonio (Noah Baumbach, 2019) y El hijo (Florian Zeller, 2022). Pero si bien en estas películas citadas su papel es secundario, en The Tale se lleva todos los honores, con un papel protagonista a la altura de Rambling Rose (Martha Coolidge, 1991), Corazón salvaje (David Lynch, 1990) o Inland Empire (David Lynch, 2006).        çç

Lo dicho, The Tale es un cuento que ningún menor debiera vivir ni recordar. Pero una vez visualizada la película nos permite debatir sobre varios temas importantes, como la reconstrucción de la memoria (no como archivo, sino como una narrativa en constante reescritura), el abuso y la negación, así como el empoderamiento y autoexploración (que nos ofrece un camino hacia la comprensión y la resiliencia). Porque al tratarse de un caso real contado por la propia sobreviviente, se convierte en un testimonio urgente y honesto que trasciende lo individual, quizás una de las películas más importantes del siglo XXI en cuanto a representación de abuso sexual y trauma infantil. Y Jennifer Fox demuestra que el cine puede ser una herramienta poderosa para narrar lo que durante años no pudo decirse en voz alta.

 

sábado, 11 de enero de 2025

Cine y Pediatría (783) “Gracias a Dios” se comienza a condenar la pederastia en el sacerdocio

 

“Me llamo Alexandre Guérin, 40 años, casado, cinco hijos. Además de mis dudas y conflictos con la iglesia, siempre me he sentido unido al amor de Cristo. Y educo a mis hijos en la fe de dicho amor… Hace poco, en el colegio, me encontré con otro padre. De niño, como yo, fue un scout de Saint Luc. Intercambiamos recuerdos, el colegio, los campamentos. Me hizo una pregunta que no consigo olvidar: ¿También te metió mano el padre Preynat?” Con esta reflexión en off con fecha 11 de julio de 2014 y en la ciudad de Lyon comienza esta película francesa basada en hechos reales y alrededor de la pederastia en el entorno de la institución eclesiástica católica (el caso de Bernard Preynat, sacerdote de la Diócesis de Lyon, acusado en 2016 de abusar sexualmente de decenas de niños entre la década de los 70 y los 90): Gracias a Dios (François Ozon, 2018). 

Y es que François Ozon es un director francés reconocido por su estilo audaz y su capacidad para abordar temas tabúes con una mirada incisiva y a menudo provocadora. Sus elementos distintivos son los temas recurrentes en sus películas (la sexualidad es un tema central, explorada con una gran libertad creativa, así como la búsqueda de la identidad alrededor de personajes marginales o no conformistas, la muerte y el duelo, y también la infancia y adolescencia está muy presente) y su estilo narrativo (la búsqueda de la belleza visual y la experimentación formal, el humor negro y la ruptura de tabúes en la sociedad). El ha declarado que su principales influencias manan del cine clásico (especialmente de Hitchcock y Fassbinder), la literatura y la cultura popular. Y con todos estos mimbres cabe concluir que con el cine de François Ozon habitualmente el debate está servido, y ya dos películas analizadas en Cine y Pediatría dan buena fe de ello: En la casa (2012), que explora los límites de la realidad y la ficción en la relación maestro-alumno, con el peligro de sobrepasar los límites de la intimidad, y Joven y bonita (2013), la procaz sexualidad de una adolescente narrada en las cuatro estaciones.   

Continuemos con la historia de Gracias a Dios. Porque tras la previa reflexión de Alexandre (Melvil Poupaud), se entera de que el padre Preynat (Bernat Verley) regresa al cabo de los años a Lyon a impartir catequesis a los jóvenes, y ello le lleva a escribir al obispado una denuncia en la que pregunta si fue sancionado y por qué sigue ocupándose de niños. Le derivan a Régine Marie (Martine Erhel), una asistente del obispo, a quien cuenta su terrible experiencia, lo que le provoca aún más dolor, y esta hace de mediadora entre Alexandre y el padre Preynat en una escena donde víctima y verdugo se vuelven a ver las caras tres décadas después al son de un Padrenuestro y un Avemaría, cuando ya la pena ha prescrito. Y tras esa reunión, la mediadora da el tema por zanjado: “Siempre tendrá una cicatriz, desde luego, pero se cerrará con la ayuda de Dios, si no la rascamos”. 

Es tal la frustración que Alexandre intenta llegar hasta el cardenal de Lyon, M. Barbarin (François Marthouret), quien le responde de forma correcta pero sin afrontar el problema de frente, aduciendo que sacerdocio y pederastia son incompatibles. Incluso el cardenal llama a los hijos de Alexandre, quienes intentan defender a su padre, pero a cambio reciben el libro escrito por Barbarin: “¿Dios está caduco?”. Todo apunta a que la estrategia es anestesiar el problema… 

Y mientras continúan los correos electrónicos cruzados entre él y la curia, Preynat sigue dando catequesis a los niños y niñas y celebrando misas con monaguillos. Por ello busca aliados entre otros compañeros de colegio que fueron víctimas para que sea condenado y apartado de los jóvenes: “Hay que romper la cadena del silencio”. Aunque la mayoría prefieren no remover el dolor. Y entre esos que se unen a la causa están François (Denis Ménochet, visto en contundente papeles previamente en la película francesa Custodia compartida o en la española As Bestas) y Emmanuel (Swan Arlaud), más otros testimonios e historias alrededor del cura pederasta, un lobo feroz bajo la sotana. Y estos hechos finalmente ven la luz en prensa y televisión y adquiere carácter nacional, con la formación de la emblemática asociación La Parole Liberée. 

Finalmente en marzo de 2016 tiene lugar en Lourdes la declaración y condena del cardenal Barbarin al sacerdote Bernard Preynat, pero con esta declaración que no pasó desapercibida por nadie: “Gracias a Dios, estos casos ya están prescritos”. Y es así que el texto final de la película deja más sensación de desaliento que de triunfo: “El padre Preynat se beneficia de la presunción de inocencia. Aún no hay fecha para su juicio. El 7 de marzo de 2019, el cardenal Barberin y cinco miembros de la diócesis comparecieron ante la justicia y fueron condenados a seis meses de cárcel con remisión de pena por no haber denunciado agresiones sexuales a niños menores de 15 años. Han apelado a la presunción de inocencia”.  

Ni que decir tiene que la proyección de la película Gracias a Dios se vio envuelta de polémica en Francia y tuvo que intervenir un juzgado de Lyon para permitir su estreno. Pero gracias a Dios se comienza a visibilizar (y condenar) la pederastia en el sacerdocio. Ya la película Spotlight (Tom McCarthy, 2015) desenmascaró un escalofriante número de abusos sexuales a lo largo de los años encubiertas por organizaciones religiosas, legales y gubernamentales de Boston. Y hoy esta película del polémico (y polemista) François Ozon lo vuelve a hacer, donde el mensaje central es una llamada a la justicia, transparencia y responsabilidad en el tema de la pederastia, tanto de las víctimas como de las instituciones (aquí en el seno de la iglesia católica), y con ello realizar una profunda reflexión sobre el impacto duradero del abuso y sus consecuencias (también dentro de las familias) y la necesidad de enfrentar la verdad para avanzar hacia una sociedad más empática, libre y justa. 

 

lunes, 16 de diciembre de 2024

Terapia cinematográfica (10). Prescribir películas para entender el abuso sexual en la infancia

 

Se considera abuso sexual infantil a involucrar a niños, niñas y adolescentes en actividades sexuales que no llega a comprender totalmente, a las cuales no está en condiciones de dar consentimiento informado, o para las cuales está evolutivamente inmaduro y tampoco puede dar consentimiento, o en actividades sexuales que trasgreden las leyes o las restricciones sociales. Estos son los tres elementos que caracterizan los comportamientos abusivos sexuales (y que los diferencia de aquellos comportamientos no abusivos): a) el desequilibrio de poder que conlleva la posibilidad de controlar a la víctima física o emocionalmente; b) la diferencia de conocimientos que implican que la víctima no pueda comprender cabalmente el significado y las consecuencias potenciales de la actividad sexual; y c) la diferencia en las necesidades satisfechas: el agresor/a busca satisfacer sus propios impulsos sexuales. 

Ni que decir tiene que una situación tan complicada, compleja y perversa tiene consecuencias traumáticas en los niños, niñas y adolescentes, que se pueden agrupar en cuatro grupos de secuelas psicológicas y comportamentales: la sexualización traumática, la estigmatización, la traición y el desvalimiento. 

Por tanto, el abuso sexual infantil es una de las formas más crueles de maltrato infantil, donde la sociedad puede ser parte del problema (si lo obviamos y miramos a otra parte) o parte de la solución (si estamos vigiles y lo detectamos); y este mismo planteamiento es válido para nuestra profesión como pediatras . Y los casos pueden ser sospechados al consultar en Atención Primaria o en los Servicios de Urgencias Pediátricas, donde la anamnesis es, seguramente, el punto más importante del diagnóstico y debe realizarse con especial atención, donde la exploración física requiere una gran especialización, donde las pruebas complementarias suelen tener valor clínico y judicial y donde, una vez aplicado el tratamiento, el diagnóstico de abuso obliga a asegurar la protección del menor y dar parte a las Autoridades Judiciales. 

Y es que si el maltrato infantil debe ser denunciado siempre, lo mismo ocurre en cualquier tipo de abuso sexual infantil. Y muchas son las películas donde pedofilia, pederastia, incesto, pornografía infantil, prostitución infantil, y otras formas de abuso sexual en niños, niñas y adolescentes forman parte de la historia (real o ficticia) llevada a la pantalla, films incómodos a los que no debemos dar la espalda, sino enfrentarnos a ellos para concienciarnos y mantener una lucha activa. Y hoy proponemos un recorrido por 7 películas argumentales alrededor de este incómodo tema. Estas películas son, por orden cronológico de estreno: 

- El leñador (The Woodsman, Nicole Kassell, 2004), para sumergirnos en la convulsa reinserción social de un pedófilo y pederasta. 

- Hard Candy (David Slave, 2005), para conocer el acoso al que someten los lobos feroces del ciberespacio a nuestras Caperucitas rojas. 

- No tengas miedo (Montxo Armendáriz, 2011), para dimensionar y denunciar el abuso sexual infantil dentro de la propia familia. 

- La caza (Jagten, The Hunt, Thomas Vinterberg, 2012) , para no olvidar la fragilidad de la presunción de inocencia ante una denuncia por abuso sexual a menores. 

- Spotlight (Thomas McCarthy, 2015), para no olvidar la lacra de la pederastia alrededor de la Iglesia católica. 

- Atrapados en la red (V siti, Barbora Chalupová y Vit Klisák, 2020), para sumergirnos en una experimento revelador sobre los peligros de abusos sexuales cibernéticos en menores. 

- Sonido de libertad (Sound of Freedom, Alejandro Monteverde, 2023), para introducirse en el escabroso mundo del tráfico sexual infantil. 

Siete películas argumentales para sumarnos a la denuncia frente a cualquier tipo de abuso sexual en menores, un monstruo con muchas caras y diversos nombres: pedofilia, pederastia, incesto, pornografía, prostitución,… 

Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.  

sábado, 23 de marzo de 2024

Cine y Pediatría (741) “El leñador” y otras películas echan leña al fuego de la pederastia y pedofilia


La pederastia es el término con el que se define la relación sexual entre un hombre o mujer adulto y un menor; un término que se ha usado para referirse a las prácticas históricas de ciertas culturas, en particular la antigua Grecia y la antigua Roma. En la lengua castellana es un término que a menudo es usado de forma indistinta al de pedofilia, pero que cabe diferenciar, pues no es igual la consumación de abusos sexuales contra menores (pederastia), que la inclinación erótica hacia los menores (pedofilia). Y aunque ambas sean dos situaciones preocupantes, es especialmente marcado el daño que produce el abuso sexual infantil en las víctimas, y que incluye lesiones físicas del menor, así como depresión, trastorno de estrés postraumático, ansiedad o propensión a una mayor victimización en la edad adulta, entre otros problemas. 

Y la pederastia y pedofilia ha tenido diversas visiones e interpretaciones en muy diversas filmografías, y Cine y Pediatría no ha vuelto la mirada hacia otro lado, y sirvan de ejemplos títulos como El cebo (Ladislao Vajda, 1958), Lolita (Stanley Kubrick, 1962), La zona oscura (Tim Roth, 1999), L.I.E. (Long Island Expressway) (Michael Cuesta, 2001), De niños (Joaquín Jordà, 2003), Hard Candy (David Slade, 2005), Juegos secretos (Todd Field, 2006), Adiós pequeña, adiós (Ben Affleck, 2007), El niño pez (Lucía Puenzo, 2009), Silencio de hielo (Baran bo Odar, 2010), Puedes confiar en mí (David Schwimmer, 2010), No tengas miedo (Montxo Armendáriz, 2011), Polisse (Maiwenn, 2011), La caza (Thomas Virtemberg, 2012), La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014), Spotlight (Tom McCarthy, 2015), El libro secreto de Henry (Colin Trevorrow, 2017), Atrapados en la red (Barbora Chalupová, Vit Klusák, 2020), Dalva (Emmanuelle Nicot, 2022) o Sonido de libertad (Alejandro Monteverde, 2023), sin olvidar la dura película comentada la semana pasada: Sparta (Ulrich Seidl, 2022).                      

Y a este par de decenas de películas, hoy sumamos tres más. Una que ha sido todo un clásico estadounidense, El leñador (Nicole Kassell, 2004), y otras dos películas recientes españolas, Mantícora (Carlos Vermut, 2022) y La desconocida (Pablo Maqueda, 2023). Y todo ello viene a indicar que este tema, por desgracia, no tiene límites de tiempo ni fronteras. 

- El leñador (Nicole Kassell, 2004) 

Al salir de la cárcel, tras 12 años de condena por agresión sexual a menores, Walter (Kevin Bacon) se instala en una ciudad, consigue trabajo en una empresa de madera y trata de llevar una vida normal, pero su pasado lo atormenta y se muestra taciturno y solitario. Encuentra un inesperado consuelo en Vickie (Kyra Sedgwick, por cierto su esposa en la vida real), una mujer dispuesta a no tener en cuenta su pasado: “¿Me vas a contar tu oscuro secreto y profundo?”… Y su secreto fue abusar de niñas entre 10 y 12 años. Y aunque su amante queda conmocionada por lo que cuenta, intenta ayudarle: “Veo algo en ti, algo bueno. Tú no lo ves, pero yo sí”. Y por ello Walter pregunta al psicólogo: “¿Seré normal algún día?”

Y su lucha interior se entremezcla con el férreo control al que lo somete su cuñado, el desprecio de su hermana y la vigilancia de un desconfiado policía, el detective Lucas (Mos Def): “Tenemos que asegurarnos que eres bueno, Walter… No entiendo cómo dejan monstruos como tú en la calle”. Porque si reincide volverá a la cárcel de por vida y sufre porque le acosan las pulsiones. Y cuando conoce a una niña con abrigo rojo que mira a los pájaros en el parque, se nos establece aquel recuerdo de la historia de Caperucita, el lobo y el leñador, y empieza a temer que se despierten en él sus peligrosos instintos. Por eso, su violenta reacción contra el pederasta que ve enfrente del colegio es en realidad una reacción contra sí mismo. Porque en ese tiempo de condena ha pasado de lobo a leñador, un recorrido nada pacífico en busca de una segunda oportunidad. 

- Mantícora (Carlos Vermut, 2022) ç

La mantícora es una criatura mitológica, un tipo de quimera con cabeza humana, cuerpo de león y cola de dragón o escorpión, capaz de disparar espinas venenosas para incapacitar o matar a sus presas. Y ese es el término que el director español Carlos Vermut usa para su última película, un director que ya conocimos por estos lares con su Magical Girl (2014), una oda al amor paterno-filial. Pero aquí es otro tipo de amor el que se afronta.  

El veinteañero Julián (Nacho Sánchez) es un exitoso diseñador de videojuegos que vive atormentado por un oscuro secreto. Cuando Diana (Zoe Stein) aparece en su vida, Julián sentirá cercana la oportunidad de ser feliz en este historia de amor y de monstruos en tiempos modernos, aderezado por marcados silencios durante el metraje. Porque enfrente de la casa de Julián vive Cristian, un niño que toca el piano y al que le gustan las plantas. Y desde la empresa descubren que Julián utiliza los programas de 3D para un proyecto personal ajeno a su trabajo, allí donde dibuja a un niño que es Cristian, lo que hace que aparezca la mantícora que lleva dentro. Y que cuando Diana lo descubre, ésta le dice “No puedo estar contigo. Es mejor que te vayas. Me das asco. ¡Vete!”. Y que nos lleva a un final inesperado por esa lucha de Julian contra sus pulsiones. 

- La desconocida (Pablo Maqueda, 2023) 

En una nota del director al principio de la película se avisa de que no se cuente la trama y se haga “spoiler”, porque es importante conservar las grandes sorpresas más allá de la trama inicial. Una película que se basa en la obra teatral de Paco Bezerra, por título “Groomig”, cuya definición ya nos marca el camino: acoso sexual de una persona adulta a una niña, un niño o un adolescente por medio de internet. 

La película comienza de forma luminosa con una canción de Julio Iglesias. Y vemos en un parque a un adulto, Leonardo (Manolo Solo), que solo hace que contar historias a Carolina (Laia Manzanares), una adolescente cohibida y callada. Él le dice: “Tal como está el mundo, has tenido suerte de dar conmigo”. Y vamos conociendo que este adulto se ha hecho pasar por un adolescente de 16 años bajo la etiqueta de Mr. Hitchcok, hasta que ha logrado quedar con ella a solas en este apartado parque de la ciudad, chantajeándola con enviar fotos de su desnudo por redes sociales. Y ella le dice: “Déjame que me vaya, por favor”. Y a partir de aquí la historia se convierte en un “tour de forcé” de dos personajes donde ya nada es lo que parece… y cabe no desvelar (por consejo del director). 

Tres miradas diferentes a esta lacra social que es la pederastia y la pedofilia. Un problema con muchas aristas, donde no es mejor taparse los ojos o mirar hacia otro lado.

 

sábado, 16 de marzo de 2024

Cine y Pediatría (740) “Sparta”, una escuela tan polémica como la “agogé”


La “agogé” (en griego significa “criar”) era el antiguo programa educativo espartano, que entrenaba a los jóvenes varones en el arte de la guerra, según un programa fue instituido por el legislador Licurgo en el siglo IX a.C. y que formó parte integral de la fuerza militar y el poder político de Esparta. Porque los niños varones eran criados principalmente por sus padres hasta la edad de siete años, cuando entraban en la “agogé” y eran conocidos como “paides” (niños), y se graduaban alrededor de los 30, momento en el que podían casarse y formar una familia. La participación de los niños y jóvenes espartanos en la “agogé” era obligatoria; pero a las niñas espartanas no se les permitía ingresar, y eran educadas en casa por sus madres o entrenadoras. 

El objetivo de la “agogé” era transformar a los niños en soldados espartanos cuya lealtad se dirigía al Estado y a sus hermanos de armas, no a sus familias. La alfabetización estaba incluida en el plan de estudios, pero no era tan importante como la formación militar y las técnicas de supervivencia. Como en otras ciudades-estado griegas, las relaciones homoeróticas entre candidatos mayores y jóvenes se consideraban un aspecto natural del crecimiento y la madurez pero, en Esparta, parece que se fomentaban para crear un vínculo más estrecho entre los hombres que terminarían sirviendo en las fuerzas armadas. Por tanto, las relaciones pedófilas estaban institucionalizadas y cabe considerar que el modelo de la “agogé” fue elogiada como la forma ideal de educación por los filósofos Platón y Aristóteles, así como por el escritor Jenofonte, aunque historiadores posteriores como Plutarco fueron más críticos con el programa. 

Sirva esta introducción para hablar hoy de una de las películas más polémicas recientes, y que ha tenido como protagonista a un provocador director austríaco, cuyo estilo esteta, cínico e irónico firma un desolador, crudo e inquietante retrato de la pedofilia: Sparta (Ulrich Seidl, 2022). Película que se considera la segunda parte, y final, de la obra que diera comienzo con Rimini (2022), donde se nos mostraba el oscuro sótano donde habitaba el singular Richie Bravo (Michael Thomas), un antaño carismático cantante de pop austríaco, y la relación con su padre y su hermano Ewald (Georg Friedrich). Si en Rimini la historia nos transportaba a una ciudad bucólica bañada por el mar Mediterráneo, Sparta navega desembarcando en otra mítica ciudad, igualmente mediterránea, de la antigua Grecia, aunque lo hace de forma figurada, ya que la acción lo hace en un pequeño pueblo del entorno rural de Rumanía. Y en Sparta el protagonista exclusivo es Ewald. 

Comienza Sparta en una residencia de ancianos, como un guiño a Rimini, donde Ewald visita a su padre. Ewald trabaja en una fábrica y tiene una pareja más joven, pero no es feliz en ese lugar frío y triste de Transilvania donde vive. Nos sorprende cuando se acerca a un parque infantil e intenta comportarse como un niño. Entrado ya en los 40, deja a su novia y se muda a otro lugar del interior de país, donde acabará instalándose en una escuela abandonada. Y como un flautista de Hamelin consigue atraer a los niños de la zona, quienes le ayudan a limpiar la escuela abandona, mientras él les compra refrescos y golosinas. Y se le ve feliz por primera vez. A partir de aquí alterna su tiempo entre las visitas al padre demenciado en el asilo y los juegos con los niños en la escuela en ruinas, escuela que acaba siendo su fortaleza. Allí donde Ewald no le quedará otra opción que enfrentarse a una verdad que ha mantenido oculta durante mucho tiempo. 

En la escuela enseña judo a los niños, con kimono y tatami, y aunque habla poco el rumano, se hace entender. Les quita la camiseta y realiza fotos de los menores haciendo poses, que ve en la soledad. Luego llegan las caricias. Se hace pasar por un profesor de judo antes los padres, que comienzan a preguntar quién es. Van aumentando el número de niños que llegan y se encariña de uno, Octavian, quien muestra marcas de malos tratos y Ewald le protege, prometiendo ir a la policía. Con el tiempo les viste de guerreros espartanos y a cada uno les da un nombre: Fides, Hércules, Apolo, Odiseo, Neptuno, Spartaco,… Y rodea de vallas de madera la escuela y sobre la puerta el nombre de Sparta, el título de nuestra película y de ese guiño a aquellos “agogé”. Les entrena en la lucha grecorromana, cada vez con menos ropa. Y se ducha con ellos al acabar la lucha, ya desnudos. Con el tiempo los niños no regresan a sus casas y se quedan a dormir en Sparta, pues es posible que algunos crean sentirse más seguros. 

Está claro que Sparta no es ni una academia ni un parque de juegos, sino un centro de operaciones creado por Ewald para sucumbir a su filia, que se alimenta de la vulnerabilidad y la inocencia infantil. A pesar de la atmósfera incómoda, los chicos no son conscientes de lo que está pasando a su alrededor. Pero finalmente los padres detectan la situación: “Todo el pueblo habla de ti, Octavian”, le dice al niño su padre maltratador. Y acuden a Sparta para linchar a Ewald. 

Es fácil entender que Sparta es una película incómoda. Muy incómoda. Tan incómoda que asfixia, sean las escenas en el asilo o las de la escuela. Seidl marca los tempos con muchísima habilidad, manteniendo los planos y alargando ciertas escenas, y cuanto más vamos conociendo a su protagonista, más aumenta la tensión. Y la polémica no procede de lo que enseña, porque no enseña nada físico, sino que lo terrible de la película de Ulrich Seidl es lo que no enseña: y no mostrar el hecho consumado no hace a la película menos escalofriante ni a su protagonista más exonerable. 

Cabe recordar que la proyección de la película austriaca fue prohibida en el Festival de Venecia después de que Ulrich Seidl fuera acusado de explotar a menores rumanos durante el rodaje y no explicar correctamente a los padres de qué iba la película. Y es que la película versa sobre la pedofilia. Un problema que afecta a los menores desde la Grecia clásica (y antes) hasta nuestros días.

 

sábado, 11 de noviembre de 2023

Cine y Pediatría (722) “Sonido de libertad”, los niños de Dios no están en venta

 

Alejandro Monteverde es un director de cine mexicano que ya en su ópera prima, Bella (2006), se unió al actor mexicano, pero también productor y activista político conservador, Eduardo Verástegui para dejar esta película pro vida que abordó el aborto y la adopción, en lo que pretendió ser un poema de amistad y amor a una mujer y un canto a la vida y a la generosidad como forma de encontrar la paz con uno mismo. Años después, Monteverde abordó en su segundo largometraje, Little Boy (2015), un drama bélico repleto de sentimiento y valores, apología de la familia en esa historia de superación donde la fe y el amor permiten luchar siempre hasta el final. De nuevo Eduardo Verástegui estuvo a su lado como productor y actor. Y esa unión entre ambos se vuelve a dar en la tercera película de Monteverde, la recién estrenada Sonido de libertad (2023), una obra que ha tenido un gran sonido (más bien estruendo) a su alrededor.  

Porque Sonido de libertad ha sufrido una agresiva campaña mediática, boicoteada por las grandes plataformas digitales del mundo y los “majors” de Hollywood, donde la política y los discursos de odio se han apoderado de la conversación dejando al cine y a la propia película de lado, quizás porque molesta que se muestre esta historia basada en hechos reales y donde se expone que la infancia de muchos países sufre el secuestro y explotación sexual de niños y niñas. Una película que no deja indiferente y cuya polémica solo ha servido para convertirla en una de las más taquilleras del año, donde el boca a boca ha llevado a las salas de cine a los espectadores, pese a ser denunciada por los progresistas como una película conspiranoica y ensalzada por los conservadores como necesaria denuncia. 

Pero el caso es que la historia y el personaje, por nombre Tim Ballard (interpretado por Jim Caviezel), son reales. Un agente que renunció a su trabajo en el Departamento de Seguridad Nacional para localizar a un niño desaparecido que había sido secuestrado por traficantes sexuales. Su misión lo llevó a Colombia, donde, con la ayuda de la policía, salvó a numerosos niños de una red de tráfico, como se muestra en la película. Y en 2013, Tim Ballard fundó Operation Underground Railroad (OUR), una organización sin ánimo de lucro con sede en Estados Unidos que trabaja para acabar con el tráfico sexual infantil y, según el sitio web de la asociación OUR, ya ha salvado de la trata a más de 7.000 personas, ha estado involucrada en más de 6.500 detenciones en todo el mundo y ha llevado a cabo más de 4.000 operaciones. Pero tras el lanzamiento de Sonido de libertad y la campaña generada a su alrededor, la historia de Ballard se ha visto salpicada por varias polémicas: es acusado de haber falsificado la cantidad de niños que ha salvado, de tener unas prácticas poco éticas y al margen de la ley, así como que la mayor parte de la historia de Ballard es una invención; pero la polémica más reciente es que han acusado al propio Ballard de acoso sexual por parte de trabajadoras de OUR a las que pudo utilizar en su labor de rescatar a víctimas del tráfico sexual. Lo cierto es que cada vez se vuelven más confusas las verdades y mentiras sobre su persona y su trabajo, y es fácil reconocer que todo esto no es para facilitarle el camino. Pero la realidad es otra, y una película que costó 15 millones dólares lleva ya recaudados más de 250 (y subiendo), situándose muy por delante de la última de Harrison Ford, Indiana Jones y el dial del destino (James Mangold, 2023) y de la última de Tom Cruise, Misión imposible: Sentencia mortal-parte 1 (Christopher McQuarrie, 2023). 

Pero centrémonos en la película y dejemos por ahora la polémica de lado. Una película sobre el sórdido submundo del tráfico sexual en Latinoamérica, cuya historia nos pasea por Tegucigalpa (Honduras), Calexico (California, USA), San Diego (California, USA), Cartagena de Indias (Colombia), Tijuana (México), Bogotá (Colombia) y la provincia colombiana de Nariño. Las imágenes iniciales de grabaciones reales de vídeo robando niños y niñas en la calle nos introducen en el tema. Y la historia se centra en los hermanos Aguilar, Rocío de 11 años y Miguel, de 7, quienes son engañados con una audición fotográfica para ser secuestrados. En breve conocemos a Tim Ballard y su compañero Paul (Eduardo Verástegui), agentes policiales en busca de pederastas y la conversación entre ellos no deja duda: “Es un mundo jodido. He visto muchos escenarios del crimen. Pero esta mierda es muy diferente”, “Nuestro trabajo es capturar pedófilos… pero el problema es encontrar a los niños”. 

Tras conocer el caso de estos hermanos desaparecidos, Tim pide a sus superiores un tiempo para poder infiltrarse en la red de pederastia, y es apoyado por su esposa (y 7 hijos). La pregunta que le hace el padre de Rocío y Miguel no le deja indiferente: “¿Podrías dormir sabiendo que una cama de tus hijos está vacía?”… Y Tim acaba renunciando a su trabajo por seguir con esta misión que se ha propuesto, y a la pregunta de sus superiores de por qué lo hace, él responde: “Porque los niños de Dios no están en venta”. En ese momento pide ayuda a Paul y a un personaje conocido como Vampiro (Bill Camp), quien ha cambiado en su vida y ahora se rige por otros patrones: “Cuando Dios te dicta qué debes hacer, no debes vacilar”. 

Y esta película de cine independiente estadounidense funciona como un thriller, quizás con más defectos que virtudes, pero lo que ha llamado la atención no es el cómo (la técnica cinematográfica) sino el qué (se cuenta y denuncia). Y es así como logran rescatar de este secuestro a un buen número de niños y niñas, quienes en un momento juegan a tocar las palmas y entonces Tim comenta: “Oyes eso. Es el sonido de la libertad”. Y al finalizar suena la canción “Pienso en ti” de Shakira, mientras los espectadores podrán seguir pensando en esta historia, tan cruel como la vida misma. 

Terminada la película, un cartel conmina a los espectadores a permanecer en sus butacas durante los títulos de créditos. En ese momento, el propio actor Jim Caviezel se dirige a la audiencia con un mensaje muy directo, sin tapujos, describiendo cómo esta película ha tardado cinco años en poder se emitida dadas las dificultades puestas a su estreno y en la que nos invita a recomendar la película y hacer que Sonido de libertad se convierta en similar a lo que fue la novela “La cabaña del tío Tom” frente a la esclavitud (y en este caso también frente a la pederastia). Y con el eslogan "Los chicos de Dios no están en venta" suena la canción “Sound of Freedom” de Justin Jesso. 

El nombre de tres católicos practicantes, el director Alejandro Monteverde, el actor y productor Eduardo Verástegui, y el actor Jim Caviezel (que a nadie dejó indiferente a partir de interpretar a Jesucristo en La pasión de Cristo de Mel Gibson, y ahora por su supuesta cercanía a las teorías QAnon, que denuncian la existencia de una red pedófila formada por famosos y políticos a lo largo y ancho del globo) se unen en esta película y esta historia que ha provocado un estruendo. Pero ya saben el dicho: ¡ladran, luego cabalgamos!. 

Y, sí, el tema de abusos a menores es incómodo, pero no hablar de ello no es la solución, pues se trata del segundo negocio criminal más lucrativo, solo por detrás del tráfico de drogas. Porque de los 40 millones de personas que son víctimas de la trata, el 25%, es decir, 10 millones, son menores de edad, quienes padecen desde matrimonios forzados a trabajos forzados, participación en grupos armados, vinculación a la pornografía, turismo sexual y abuso sexual, etc. Unos datos de UNICEF que tienen poco de conspiranoicos…

 

sábado, 9 de septiembre de 2023

Cine y Pediatría (713) “Atrapados en la red”, atroz denuncia del abuso sexual a menores en internet


En el año 2021 se publicó el informe “Abuso sexual de menores en internet” y que contó con la colaboración del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, UNICEF España, EUROPOL–European Cybercrime Centre (EC3), Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil (FAPMI) y EU KIDS ONLINE, entre otras instituciones. Su objetivo era analizar la problemática del abuso y explotación sexual de menores de edad en el contexto de internet, con el objetivo de ayudar a los diferentes profesionales que trabajan en el ámbito de niños, niñas y adolescentes a ampliar sus conocimientos sobre la forma en que desarrolla, mejorar sus capacidades de prevención y respuesta ante la diversidad de situaciones de abuso existentes, y contribuir a extender este conocimiento en la sociedad. El ámbito de trabajo fueron tres países: España, Portugal y Malta. 

El abuso y explotación sexual de menores de edad en internet hace referencia a aquellas situaciones de abuso sexual que afectan a personas menores de 18 años, incluyendo la producción de imágenes o vídeos sobre ese abuso y su difusión en línea. Entre las situaciones de abuso o explotación sexual del menor de edad se pueden incluir su incitación o coacción hacia actividades sexuales, la trata de niños, niñas y adolescentes con fines sexuales, su explotación comercial sexual, otras prácticas sexuales, o de espectáculos o materiales sexuales. Y esta definición está estrechamente relacionada con otros conceptos: 
- Coacción y extorsión sexual a menores de edad: chantaje que tiene como objetivo conseguir de los menores (niños, niñas o adolescentes) imágenes o vídeos de connotación sexual, encuentros para un abuso físico, o dinero. El chantaje se produce bajo amenaza, por ejemplo, de exponer públicamente aspectos íntimos del menor de edad que se han conseguido previamente (confesiones, imágenes, etc.). 
- Grooming en línea: proceso en el que un adulto intenta establecer contacto por Internet con el menor, incluso pudiendo hacerse pasar por otro menor de edad, buscando establecer una relación de confianza que facilite el chantaje con fines sexuales. 
- Materiales de abuso sexual contra menores de edad: se refiere tanto a contenidos que muestran actos de abuso sexual de menores y/o se focalizan en sus zonas genitales o anales, como contenidos de explotación sexual de menores de edad, término en el que se incluyen además, otros contenidos, incluso normalizados o cotidianos con fines sexuales. 
- Contenido sexual autogenerado: en los casos en que los menores toman imágenes de sí mismos en poses comprometedoras o con fines sexuales, tanto si se trata de contenidos voluntarios como coaccionados. Además, siempre existe el riesgo de que estos contenidos puedan circular en línea o fuera de ella para perjudicar a los menores de edad, o sean usados como herramienta de extorsión por otras personas. 

El documento, de 26 páginas, se desarrolla en cuatro apartados: 1) Contexto de abuso y explotación de menores de edad en internet; 2) Prevención de situaciones de abuso y explotación de menores de edad en internet; 3) Detección de posibles casos de abuso y explotación de menores de edad en internet; 4) Recursos de interés. Y bien vale la pena su revisión en este enlace. 

Como también vale la pena esta reciente película documental checa: Atrapados en la red (Barbora Chalupová, Vit Klusák, 2020), un experimento cinematográfico que explora el oscuro mundo de los abusos sexuales a menores en internet, un tema arduo y difícil de ver, pero que debiera prescribirse para ver en familia o en los institutos con nuestros hijos y alumnos. El nuevo documental nos descubre una dura realidad para provocarnos y tomar partida, como ya lo hicieran estos directores en su célebre Daliborek, el youtuber nazi (2017), definida como un inclasificable cruce entre American History X (Tony Caye, 1998) y la serie Los Simpson, una visión tragicómica de la vida de un hombre checo solitario que ha dedicado su vida al odio, la mentira, la PlayStation y Facebook, un neonazi radical del siglo XXI. Y lo común en ambas producciones es que parece que asistimos a una historia de terror, donde la realidad siempre supera la ficción,  

Atrapados en la red comienza informando al espectador con estos mensajes de atroz estadística: “El 60% de los niños checos pasan tiempo en internet sin control parental. El 41% confirma haber recibido imágenes pornográficas de otra persona. Uno de cada dos niños chatea con desconocidos. Una quinta parte no rechazaría conocerse en persona”. Y tras ello, se nos devuelve varias imágenes luminosas de niños, niñas y adolescentes literalmente pegados a sus móviles en diversos ambientes, una imagen tan habitual en la República Checa (donde se ha grabado este documental) como en España y la mayor parte del mundo ya. 

Luego se nos informa de varios aspectos en la realización de la película. El anuncio del casting: “Los realizadores de un documental buscan una actriz adulta con aspecto de niña entre 12 y 13 años. Por favor, acude al casting con ropa de niña”… Y el resultado: “Veintitrés chicas se presentaron al cásting. Diecinueve habían sufrido algún tipo de abusos en internet de niñas”. Y el método de actuación: “Tres actrices. Tres habitaciones infantiles. Diez días en internet de 12 a 24 hs”. Ellas son las actrices, Sabina Diouhá (ahora Niki), Anezka Pithartová (ahora Tynka) y Tereza Texcá (ahora Mishika). Y con este código de conducta: “1. No nos acercamos a nadie, solo respondemos. 2. Al principio, las actrices deben enfatizar que tienen 12 años. 3. No flirteamos, no seducimos, no provocamos. 4. Ante órdenes sexuales, respondemos “no sé”, “soy tímida”. 5. Mandamos fotos desnudas después de muchas peticiones y súplicas. 6. Los encuentros en persona deben ser iniciativa del depredador. 7. Durante el proyecto, consultamos a psicólogos, sexólogos, abogados e investigadores criminales. 8. Plataformas que utilizamos: Facebook, Skype, Lide.Cz, Snapchat y Omegle”

Y es así como tres jóvenes actrices mayores de 18 años fingen ser menores de edad y desenmascaran lo que sucede cuando se registran en una popular sala de chat en línea, un experimento revelador que muestra cómo esta forma moderna de acoso sexual se ha convertido en una amenaza demasiado común y muy extendida, una forma particular ver el modus operandi de actuar, manipular, aprovecharse y abusar de niños de 12 años de edad. Sexting, grooming y cyberbyllyng se dan cita, esta triada de anglicismos que son el lobo feroz de tantas caperucitas de la red que se ven sometidas a esa lacra que es la pederastia. “Todo lo que he visto aquí es la más baja inmundicia con la que me he topado”, dice el abogado asesor de las tres actrices en un momento dado. Una película que pone los pelos de punta, pero que es necesaria, porque quizás permite dimensionar mejor el problema que un simple informe escrito. 

Atrapados en la red es una película que nos remueve de la silla, nos revuelve el estomago, nos deja atónitos y nos hace preguntarnos cómo hemos llegado hasta aquí, y cómo se puede mejorar (porque parar es imposible). Basta ver la espeluznante cara del equipo de grabación en cada llamada entrante a las tres chicas. Y es muy descorazonador ver cómo una de ellas se emociona cuando encuentra a alguien a quien solo le gusta hablar con gente y le advierte de los peligros de la red, de ahí su afirmación: “Después de estos 10 días me emociono cuando encuentro a alguien decente”. Y el colofón final de Atrapados en la red es el siguiente: “Durante 10 días de filmación, un total de 2458 hombres contactaron con nuestras tres actrices. En las semanas siguientes, las actrices asistieron a 21 encuentros. La policía de la República Checa solicitó el material filmado y, sobre la base del mismo, se iniciaron procedimientos legales”. 

De verdad, este tipo de películas son necesarias. Porque el cine no es solo diversión y entretenimiento. También es conciencia y denuncia social, y Atrapados en la red es esta atroz denuncia del abuso sexual a menores en internet.

 

sábado, 19 de agosto de 2023

Cine y Pediatría (710) “Dalva” tiene que vencer el síndrome de Estocolmo del incesto

 

Una violenta escena abre este drama belga, ópera prima de su directora. Dalva y Jacques se llaman y piden a la policía, que ha entrado en casa, que les suelten. Dalva es tan solo una preadolescente de 12 años que se nos presenta vestida, peinada y pintada como una mujer. Vemos que comienza una investigación…y un examen médico de la menor. En medio de la noche la trasladan al Refugio Givet, donde permanecerá al cargo de educadores y trabajadores sociales por orden judicial: “Tranquila. Aquí estás segura”. Pero intenta huir. Bastan 5 minutos para intuir a qué nos enfrentamos. Todo ha ocurrido de noche… y se nos muestra oscuro. Pero al amanecer del día siguiente iremos juntando las piezas que ya imaginamos, cuando los educadores dicen a Dalva: “La abogada piensa que es mejor que permanezcas aquí. Puede que estés en peligro con tu padre”. Quien se adentre a esta película, se enfrentará a una historia oscura realizada con luminosa maestría para invitarnos a la reflexión (y que es puro compromiso con las víctimas de incesto) y que nos revela el talento prometedor de su directora: Dalva (Emmanuelle Nicot, 2022). Una vez más, el cine en francés a gran altura en las películas seleccionadas en Cine y Pediatría. 

Y los chicos y chicas internos del Refugio Givet preguntan a Dalva (Zelda Samson, extraordinario debut, creíble de principio a fin) por qué esta allí, y ella responde que no lo sabe, pues no es consciente de que alguien le haya hecho daño, aunque se le confirma que a su padre, Jacques, se le acusa de secuestro e incesto. Pero ella no lo asume: “Por qué un padre y una hija no pueden quererse”, le demanda a la psicóloga, quien le intenta hacer comprender la diferencia entre amar y hacer el amor, que a la menor su padre le hizo creer que no existía. “No soy una niña, soy una mujer”, insiste Dalva, quien más bien se ha convertido en una muñeca maquillada, peinada y disfrazada por su padre, que ha hecho de ella su pequeña esposa. Una muñeca dócil en busca de amor. Y ahora aún se cree (y comporta) como una mujer no como una niña de 12 años, y eso es lo que provoca desconcierto entre los internos y en el nuevo colegio. Y es lo que intentan cambiar. 

Dos personas serán clave en la difícil readaptación de Dalma, en ese camino para entender lo anormal de lo que vivió y poder recuperar su infancia y adolescencia liberándose de aquel encierro físico y mental: una es Jayden (Alexis Manenti), el trabajador social encargado de ella, y otra es su compañera de habitación, Samia (Fanta Guirassi), la rebelde adolescente de color negra que está allí porque su madre se dedica a la prostitución. Los principios con ambos no son fáciles, pues Dalva solo insiste en volver a ver a su padre. Y la menarquía le sorprende en el primer día del nuevo colegio, y es entonces cuando Samia le devuelve este contundente comentario “Se cree una mujer y es una bebé”. 

Dalma vive su separación como una injusticia. Al quitarle a su padre, le quitan el único amor que la soportaba, o eso le hicieron creer. Finalmente se realiza un encuentro en la cárcel entre Dalma y su padre, en una escena de un dramatismo de muchos quilates. Allí el padre reconoce lo que la hija no desea creer, que es un pedófilo y que lo que han hecho de su relación no es el amor paternofilial que se espera. Porque cuando su madre se separó de su padre, este huyó de casa con la hija; Dalva tenía 5 años y cambiaron continuamente de domicilio para no ser localizables. Y cuando reencuentra a la madre en el centro de menores, esta le confiesa: “Nunca he dejado de pensar en ti. Pensé que me volvía loca”. Y Dalma le confiea a Jayden: “Tengo miedo de estar sola. De no volver a ser importante para nadie”. 

Y es así como harán falta las miradas de los demás y, luego su propia mirada, para que desaparezca el condicionamiento del que ha sido objeto y poder recuperar lo que le fue confiscado, su infancia y adolescencia. Su padre le compraba la ropa, la peinaba y le compraba el maquillaje. La cosificó a su imagen y semejanza. Y ella tiene que liberarse de ello y los pequeños detalles se hacen patentes progresivamente: dejar de pintarse los labios, desprenderse de los pendientes, dejar que aparezca el color natural de su pelo, o ponerse ropa propia de su edad (incluido el chándal que le regala Samia). 

Aunque la película Dalva empieza como un drama en la oscuridad (y vaya que si lo es por el tema que denuncia), la historia camina hacia la luz de la reconstrucción personal de nuestra protagonista, un personaje, una actriz y una historia que será difícil de olvidar. Y con un final a la altura de la película: el padre se atreve a mirar a Dalva avergonzado desde la tribuna del juzgado y ella aprieta con fuerza la mano a su madre, que está a su lado. Todo dicho sin una escena desagradable sobre esa lacra social que es la pederastia y el incesto, y sobre cómo vencer el síndrome de Estocolmo que a veces padecen las víctimas. 

Y es así como este conmovedor debut de la directora Emmanuelle Nicot, que ha arrasado en diversos festivales de cine europeo, nos permite realizar un buen debate y reflexión sobre cómo vencer el síndrome de Estocolmo de las víctimas de incesto, algo que viviremos con Dalva. Cabe recordar que el síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con su secuestrador o retenedor. Principalmente se debe a que malinterpretan la ausencia de violencia como un acto de humanidad por parte del agresor. El síndrome de Estocolmo es más común en personas que han sido víctimas de algún tipo de abuso, tal es el caso de rehenes, prisioneros de guerra y de campos de concentración, miembros de una secta, víctimas de violencia en la pareja o intrafamiliar y víctimas de abuso sexual reiterado. Si ese abuso sexual reiterado ocurre entre un padre y una hija se suma incesto, y las consecuencias a corto, medio y largo plazo son bien reconocidas desde el campo de la Psiquiatría y Medicina Legal. 

Cine belga social de calidad que bebe de las mejores fuentes, comenzando con los hermanos Dardenne (recientemente hemos hablado de su última película, del año 2022, Tori y Lokita),  pero que en Cine y Pediatría ya hemos visto en un buen número de películas, como Corazones enfrentados (Jeroen Krabbé, 1998), Ben X (Nic Balthazar, 2007),  Alabama Monroe (Felix Van Groeningen, 2012),  Melody (Bernard Bellefroid, 2014),  Aves de paso (Olivier Ringer, 2015), 9 meses (Guillaume Senez, 2015),  Girl (Lukas Dhont, 2018), Lola (Laurent Micheli, 2019)  o Un pequeño mundo (Laura Wandel, 2021), por citar algunas. Cine de calidad en francés desde Bélgica. Y Dalma es una muestra más. 

 

sábado, 21 de marzo de 2020

Cine y Pediatría (532). “Spotlight” saca a la luz las manchas de la pederastia


Dentro del séptimo arte, aquellas películas enfocadas al mundo del periodismo, principalmente el periodismo de investigación, podrían constituir un subgénero en sí mismo. Alrededor de este tema han pasado muchos de los mejores directores y actores que la gran pantalla nos ha regalado. Y baste recordar un ramillete de lo que los expertos considerarían como imprescindibles en esta materia: Luna nueva (Howard Hawks, 1940), Juan Nadie (Fran Capra, 1941), Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), El gran carnaval (Billy Wilder, 1951), El cuarto poder (Richard Brooks, 1952), Mientras Nueva York duerme (Fritz Lang, 1956), Corredor sin retorno (Samuel Fuller, 1956), Primera plana (Billy Wilder, 1974), Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), Network (Sydney Lumet, 1976), Ausencia de malicia (Sydney Pollack, 1981), Bajo el fuego (Roger Spottiswoode, 1983), El año que vivimos peligrosamente (Peter Weir, 1983), Los gritos del silencio (Roland Joffé, 1984), Al filo de la noticia (James L. Brooks, 1987), The Paper (Detrás de la noticia) (Ron Howard, 1994), Mad City (Costa-Gravas, 1997), El dilema (Michael Mann, 1999), Casi famosos (Cameron Crowe, 2000), El precio de la verdad (Billy Ray, 2003), Verónica Guerin (Joel Schumacher, 2003), Buenas noches, y buena suerte (George Clooney, 2005), Zodiac (David Fincher, 2007), La sombra del poder (Kevin Macdonald, 2009), Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014), Los archivos del Pentágono (Steven Spielberg, 2017), y otras más. 

Y hoy viene a Cine y Pediatría una película destacada en este sentido, pues además la acompaña su sabor a Oscar: Spotlight (Tom McCarthy, 2015), nominada a seis Oscar y que finalmente ganó dos, los correspondientes a Mejor guión original y Mejor película (lo que quizás fuera una sorpresa al superar a películas como El renacido de Alejandro González Iñárritu, Marte (The Martin) de Ridely Scott, El puente de los espías de Steven Spielberg o La habitación de Lenny Abrahamson, entre otras). 

Spotlight comienza con una escena inicial y el epígrafe “Basado en hechos reales. Boston, 1976”. Y en la siguiente escena todo el ajetreo de las oficinas del Boston Globe ya en el año 2001. Y allí descubrimos a los cuatro reporteros de 'Spotlight', la sección de periodismo de investigación de ese periódico estadounidense. Y a partir de ahí la trama se centra en la investigación de un posible abuso sexual que cometido por un cura de Boston a 80 niños, situación de pederastia que, a medida que avanza la investigación y las declaraciones (entre ellos de SNAP, la asociación de Supervivientes Ninguneados Abusados por Párrocos), se extiende a 13 sacerdotes, luego a 90, y a muchos más. 

Los cuatro reporteros eran Walter "Robby" Robinson (Michael Keaton), editor de Spotlight, Michael Rezendes (Mark Ruffalo), Sasha Pfeiffer (Rachel McAdams) y Matt Carroll (Briand d'Arcy James), secundados por el nuevo editor jefe del Boston Globe, Martin “Marty” Baron (Liev Schreiber). Y con sus investigaciona provocaron una enorme crisis en una de las instituciones más antiguas y seguidas del mundo, la Iglesia Católica, al ahondar en los alegatos de abuso sexual dentro de la misma. Sus investigaciones les harán desenmascarar un escalofriante número de abusos y denuncias a lo largo de los años encubiertas por organizaciones religiosas, legales y gubernamentales de Boston. Su trabajo, les valió el Premio Pulitzer en 2003, además de causar una ola de revelaciones alrededor del mundo al desenterrar el escándalo. 

Spotlight puede dar imagen de fría y hasta de carente de emoción, pero es que su cometido no es estremecer al espectador con extremas emociones, si no hacerlo con los hechos escalofriantes que cuenta. Por ello no es una película emocionante, ni de bellas imágenes, ni sorprendente (y de ahí la sorpresa de su elección como mejor película en los Oscar), solo marca la rigurosidad periodística de la investigación y esa es la propuesta de McCarthy. 

Y en esta propuesta las diferentes declaraciones que se desgranan en la película. La de Phil Saviano, quien dirige SNAP: “No solo es abuso físico, también es abuso espiritual”. La del abogado Mitchell Garabedian, quien iniciara muchos antes la investigación no conclusa: “Hágame caso. Si la comunidad puede criar a un niño, la comunidad puede abusar de él”. La del reportero Walter "Robby" Robinson: “Tenemos dos historias. Una sobre un clero degenerado y otra sobre un puñado de abogados que convirtieron el maltrato infantil en una pequeña industria. Ahora dime, sobre qué historia quieres que escribamos, pues usaremos una”. La de Martin “Marty” Baron a sus redactores: "La gran historia no está en los curas, como individuos, está en la institución. Hay que apuntar contra los males del sistema"

Y es cierto que Spotlight no profundiza en sus periodistas, pues apenas se nos muestra más que retazos de su vida personal, pero eso no significa que no lleguemos a entender sus motivaciones y cómo su trabajo les afecta personalmente. Y no esperemos un film de periodistas contras curas, pues esa no es la esencia, la esencia es lo que corroe la verdad desde dentro: los puntos ciegos y lo que cuesta conquistar la luz. Y lo doloroso que es cuando la luz aparece en un tema así. De ahí ese tremendo colofón final: “Durante el año 2002 el equipo de Spotlight publicó cerca de 600 historias sobre el escándalo. 249 curas y hermanos fueron acusados de abuso sexual en la Archidiócesis de Boston. Se estima que el número de víctimas en Boston supera los 1000. En diciembre de 2002 el cardenal Law renunció a la Archidiócesis de Boston. Le reasignaron a la Basílica de Santa María Maggiore en Roma, una de las de más alto rango del mundo católico. Los principales lugares de escándalo han sido descubiertos en los siguientes lugares:… (y entonces aparece un listado de 200 ciudades del mundo)”. 

Un título más que nos deja en la pantalla (y en el tintero) ese variable respeto por el cuarto poder y por el periodismo de investigación. Porque el cuarto poder es capaz de lo peor (ese “amarillismo periodístico” y mundo de las “fake news” que nació hace 120 años con la rivalidad de dos periodistas sensacionalistas afincados en Nueva York: Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst) y de lo mejor (ese periodismos de investigación riguroso que ha sacado a la luz lo que la verdad esconde en tantos campos de la vida). Y aquí Spotlight saca a la luz las manchas de la pederastia, posiblemente de la peor pederastia, la ejercida en el seno de la Iglesia. 

Porque la infancia es sagrada, incluso más sagrada que las instituciones eclesiásticas. Porque la infancia la creó Dios para ser respetada, cuidada y amada. Y las instituciones eclesiásticas las crearon los hombres y mujeres para honrar a Dios. Y con este tema se pierde toda coherencia del relato.

 

sábado, 8 de junio de 2019

Cine y Pediatría (491). “Lolita”…, mi pecado, mi alma


“Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul” (Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma). Son las palabras mágicas con que Vladimir Nabokov abre el mundo de "Lolita", una de las novelas más perturbadoras y cautivadoras de la literatura, y un clásico universal y cuya belleza aumenta con el tiempo. Porque más allá del deseo, más acá del amor, rodeado de obsesión y dolor, el protagonista de la novela, un escritor llamado Humbert Humbert, hace público su “pecado” de amar y desear a una adolescente con el arte de la literatura hasta crear una de las más sutiles y complejas creaciones literarias de nuestro tiempo. Corría el año 1955 y, quién sabe, quizás esta obra hoy no se hubiera escrito... Pero expiraba el siglo XIX cuando Vladimir Nabokov nació en San Petersburgo en una familia aristocrática y fue en el año 1919, en plena Revolución comunista, cuando su familia abandonó su país bajo el régimen dictatorial para establecerse en diversos países alrededor del mundo: Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos (incluso adquirió la nacionalidad estadounidense) y allí escribió nuestra “Lolita”. Primero huyó de los bolcheviques, luego huyó de los nazis. Y en la última etapa de su existencia residió en Suiza y, como muchos artistas, decidió morir en ese paraíso llamado Montreux y desde allí contempló como su "Lolita" desató un escándalo moral, cuando justo lo que Nabokov buscaba era alejarse de la moral

“Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba de pie, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita”. Y a partir de ahí se acuñó ese nombre para referirse a aquellas preadolescentes tan seductoras como inocentes de su propio milagro de atracción sobre algunos hombres. Porque "Lolita" es una matrioska en la realidad y en la ficción: en manos de los lectores surgen múltiples lecturas, pero siempre belleza. Y como ocurre con las grandes obras literarias, se intentan transformar en guión y trasladar a la gran pantalla. Y esta novela ha sido adaptada en dos versiones cinematográficas: una en blanco y negro dirigida por el gran Stanley Kubrick en el año 1962, y en una segunda versión en color dirigida por Adrian Lyne en 1997

Una novela con cuatro personajes icónicos: Dolores Haze, Lolita, la adolescente de 12 años, y su madre viuda Charlotte Haze, divertida y moderna, competidoras ambas por los hombres que las rodean; Humbert Humbert, el escritor que alquila la casa para acabar convirtiéndose en el esposo de Charlotte, pero especialmente el padrastro de Lolita; y Claire Quilty, ese misterioso guionista de televisión que se transforma en policía, psicólogo y otros muchos personajes. En la versión cinematográfica en blanco y negro estos personajes fueron interpretados por Sue Lyon, Shelley Winters, James Mason y Peter Sellers. En la versión en color por Dominique Swain, Melanie Griffith, Jeremy Irons y Frank Langella. En la primera con la compañía musical de Nelson Riddle, en la segunda con Ennio Morricone. 

Y cada uno tendrá su especial visión de una u otra adaptación. Los críticos consideran que la versión original de Kubrick es mejor en la definición e interpretaciones de cada uno de sus cuatro personajes, aunque parece que la versión de Lyne es más fiel a la novela de Nabokov. Cierto es que los inicios de la década de los 60 no pueden ser iguales al final de la década de los 90 a la hora de contar en imágenes la relación que Lolita mantiene con su padrastro, y en donde en la primera todo se insinúa en la segunda todo resulta más explicito. Personalmente me quedó con el eterno blanco y negro de la versión original y en la que, como nos dice el misterioso lobo feroz con piel de conejo por nombre Claire Quilty: “Lolita, diminutivo de Dolores, las lágrimas y las flores”. Sea como sea, ambas películas conllevaron un mismo destino a sus dos jóvenes actrices: Sue Lyon y Dominique Swain fueron elegidas entre miles de aspirantes para interpretar el escandaloso papel de Lolita, y el papel que las iba a convertir en estrellas acabó relegándolas al olvido y destruyó sus prometedoras carreras. 

Y me centro en la versión de Stanley Kubrick. En la escena inicial aparece una suntuosa mansión desordenada por lo que uno imagina que ha sido una pasada fiesta nocturna, y donde se comete un asesinato, se intuye que por venganza: “Es su sentencia de muerte, léalo”. Y luego la película regresa a 4 años antes donde entenderemos el por qué. Y nos traslada a esa formidable escena donde Charlotte enseña a Humbert la casa en New Hampshire que quiere alquilar y a éste le desaparece cualquier duda sobre su decisión cuando ve por primera vez a nuestra joven protagonista en bañador en el jardín, inolvidable escena, junto con la posterior del hula hoop. Y a partir de ahí Humbert escribe en su diario lo que siente por Lolita: “Me vuelve loco la doble naturaleza de esa ninfa. De todas las ninfas, tal vez. Esa mezcla que tiene Lolita de ternura y soñador puerilidad y una especie de vulgaridad inquietante. Sé que es una locura escribir este diario, pero me proporciona una rara emoción…” Pero la celotipia de madre e hija acaba con ésta en un campamento, y así despide su ya padrastro: “Supongo que no volveré a verte. No me olvides”. 

Y Charlotte escribe esta carta a su inquilino: “Esto es una confesión. Te quiero. Cariño, el domingo pasado en la iglesia cuando le pregunté al Señor qué debía hacer al respecto, me dijo que actuara como lo estoy haciendo. Ya ves que no hay alternativa. En cuanto te vi, supe que te amaba. Soy una mujer apasionada y solitaria. Y tú eres el amor de mi vida. Ahora los sabes. Así que, por favor, haz las maletas y márchate. Te lo ordena la patrona. Estoy despidiendo a un inquilino. Te estoy echando. Vete, largo, “departez”. Volveré a la hora de la cena. No quiero encontrarte en casa. Pero, “chérie”, si decides quedarte, si te encuentro en casa, y sé que no será así, por eso puedo seguir hablándote de este modo, el hecho de que te quedes puede significar una cosa, que tú me deseas tanto como yo a ti, como compañera para toda la vida y que estás dispuesto a unir tu vida a la mía para siempre y a ser un padre para mi hijita. Adiós, querido. Reza por mí, si es que alguna vez rezas”. Y la risa de Humbert al terminar su lectura es de satisfacción, pues sabe que siempre estará cerca de Lolita. 

Un atropello accidental de Charlotte provoca un giro argumental de la película, que a partir de aquí adquiere el sabor de road movie con tintes de cine negro, en la que Humbert recoge a Lolita del campamento y viajan juntos, sin que ésta conozca inicialmente el trágico final de su madre. Y él le dice: “Lo pasamos muy bien juntos, ¿verdad Lolita?”, y ella le responde: “¿Sabes lo que más deseo en este mundo? Que estés orgullosa de mí”. Y otra icónica escena, donde el padrastro pinta las uñas de los pies a Lolita, nos delata oscuros caminos que la pantalla no muestra, esa mezcla del vampirismo de Lolita y de la pederastia de Humbert. Y merodeando esta relación, los distintos personajes del misterioso Quilty, sobre quien Lolita mantiene una oculta atracción, similar a la obra que interpreta bajo su dirección y por título “Las hechiceras hechizadas”. 

Finalmente Lolita huye de su padrastro tras una furtiva salida de un hospital. Y un fundido en negro nos devuelva a años después sobre este texto en una máquina de escribir: “Querido papá. ¿Cómo va todo? Yo he pasado muchas penurias y dificultades. Me he casado. Voy a tener un niño. Me estoy volviendo loca porque no tenemos suficiente dinero para pagar nuestras deudas y salir de aquí. Por favor, envíanos un cheque”. Curiosamente una carta escrita un 19 de marzo, Día del Padre… 

Y al final la película regresa al principio. Y entonces, cuando Humbert descubre el nombre de la persona que ayudó a Lolita a huir de aquel hospital y a escapar de él, conocemos la verdad y de ahí el epílogo del film: “Humbert Humbert murió en la cárcel de trombosis coronaria mientras esperaba ser juzgado por el asesinato de Claire Quilty”

Y así finaliza, tras 152 minutos de metraje, este complejo y duro retrato de una obsesión, esa enfermiza relación entre el carácter destructivo de nuestra poco inocente Lolita y el autodestructivo del romántico patético de Humbert. La historia de un amor obsesivo, dominado por celos exagerados, alimentado por un deseo de posesión extralimitado y asociado a temores, inseguridades y frustraciones. Un amor intergeneracional, un amor con connotaciones pedófilas, donde interesa observar la evolución de Humbert: seguro e ingenioso al principio, inseguro cuando está con Lolita y frío, sombrío y sin autoestima al final. Y es que a Stanley Kubrick siempre le gustó tratar universales y controvertidas cuestiones, como el pacifismo en Senderos de gloria (1957), la lucha por la libertad en Espartaco (1960) o la cosmología, el pasado y el futuro en 2001: Una odisea del espacio (1968), y en esta ocasión nuestra Lolita habla de la libido, la más ardiente de las pasiones humanas, y ese difícil tránsito para vencer la concupiscencia

Por desgracia para la sociedad y para nuestra profesión, todo lo anterior a veces no adquiere el carácter de obra de arte literaria o cinematográfica, sino de triste y desdeñable realidad. Se cuenta que Nabokov con Lolita hace referencia a un caso parecido ocurrido en 1948, el de Sally Horner, una niña de 11 años abducida durante meses por un mecánico de 50 años. Porque Humbert Humbert es consciente de que es un “enfermo”, un monstruo a ojos de la sociedad. Y son los recovecos de la mente humana los que le interesan a Nabokov (a Kubrick y a Lyne), una forma de explorar este universo conceptual y sacarle jugo artístico a una realidad aterradora.