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lunes, 15 de febrero de 2021

Retos en la hospitalización de adolescentes: reflexiones desde el IHHI


Acabamos de recibir el informe de resultados del Índice de Humanización de Hospitales Infantiles (IHHI) correspondiente al año 2019, tras el profundo análisis de los mismos y que abarca datos 120 hospitales de España (casi el 40% de los hospitales con Servicios de Pediatría en nuestro país), y que corresponde a la actividad de 18.000 profesionales de la atención pediátrica y más de 5.700 camas de hospitalización. 

Y dentro de este informe, cabe destacar este informe sobre “Retos en la hospitalización de adolescentes”, un documento elaborado por la Sección de Psicología Clínica y el Servicio de Psiquiatría y Psicología Infantojuvenil el Hospital San Juan de Dios de Barcelona, y que incluye algunos de los aspectos más valorados por los adolescentes en su ingreso, como son: el trato cercano del personal sanitario, la gestión de la información, la privacidad y la confidencialidad, la independencia y la continuidad educativa. 

Un documento que conviene analizar en sus principales aspectos… 

Etimológicamente, la palabra adolescente viene del participio latino “adolescens”, que significa “que crece” y “se desarrolla”. Actualmente, la adolescencia se define como el período de transición entre la infancia y la adultez. Es una etapa fundamental en la maduración y evolución del ser humano, caracterizada por cambios físicos, cognitivos, psicológicos y sociales. Se produce entre los 10 y 19 años y viene condicionada por procesos biológicos universales -pubertad- y por otros factores personales, culturales y socioeconómicos. Es la etapa crucial para el desarrollo de la identidad y se caracteriza por la necesidad de distanciamiento de los padres, la importancia de la vinculación con los iguales -que se convierten en el principal grupo de referencia y apoyo emocional-, y donde el aspecto físico adquiere una especial relevancia. 

A menudo los adultos suelen describir esta época como “conflictiva”,... pero también es una etapa apasionante. Y, por lo descrito anteriormente, queda claro que la adolescencia es una etapa del desarrollo con unas características y necesidades específicas. No obstante, en la atención sanitaria frecuentemente los adolescentes han sido menospreciados en este sentido, conceptualizándose como una franja “invisible” entre lo pediátrico y lo adulto. Si tenemos en cuenta que aproximadamente el 30% de los niños y adolescentes serán hospitalizados al menos en una ocasión y un 5% en más de una ocasión, el cómo afrontar el proceso de salud y de enfermedad durante la adolescencia se convierte en un reto. Afortunadamente, en este sentido, en los últimos años hemos vivido un proceso de transformación de la atención hospitalaria con la incorporación de una visión más humanista. 

Esto ha permitido pasar de un modelo asistencial centrado en las enfermedades, a otro donde la información, la asistencia integral y multidisciplinar, la continuidad asistencial o la calidad de trato se entienden como aspectos esenciales. Para lograrlo es necesario tener presentes las necesidades de los pacientes. Éstas las podemos agrupar del siguiente modo: 
1. Cognitivas: necesidad de información veraz, clara y extensa, ajustada al nivel de desarrollo y a las características de la persona. 
2. Sociales: mantener el contacto y las relaciones con el exterior, familiares y amigos. 
3. Emocionales: necesidad de atender la repercusión emocional que la enfermedad y sus procesos diagnósticos y terapéuticos pueden tener. 
4. Prácticas: aspectos ambientales y arquitectónicos que pueden mejorar la percepción y vivencia del ingreso hospitalario. 

Centrándonos en la atención hospitalaria infanto-juvenil, la humanización pone en el centro al adolescente y su familia, con el fin de conseguir que su estancia y la de sus familias en el hospital -así como los cuidados que reciben-, sea lo más cercana, afable y efectiva posible. La base para llevarlo a cabo es el establecimiento de una relación personal, terapéuticamente efectiva, basada en la confianza, la empatía, la compasión y la respuesta a las necesidades individuales de cada paciente. Ahora bien, para un buen diseño e implementación de dicho enfoque, es importante conocer que el ingreso hospitalario genera un impacto en los adolescentes, pudiendo implicar un malestar significativo, principalmente por los siguientes aspectos: 

- Elevada incertidumbre derivada del diagnóstico, de las posibilidades de tratamiento y del pronóstico, que puede presentarse en forma de nerviosismo y preocupación por las continuas visitas médicas y pruebas. Este malestar generalmente se incrementa si la persona no conoce la información sobre la enfermedad y sobre sus consecuencias. 

- Sensación de falta de control a nivel personal y social. La separación del entorno próximo y del grupo de iguales, así como la pérdida de escolarización, pueden generar una tendencia al aislamiento social y el abandono de los estudios. 

- Preocupación en torno a la enfermedad, derivada del malestar y los síntomas físicos, siendo especialmente relevante el manejo del dolor. En este contexto pueden aparecer la preocupación por la cronicidad y miedo a la muerte. 

- Reacciones emocionales adaptativas a la situación; en forma de tristeza y ansiedad fundamentalmente. También pueden presentar otros síntomas tales como dificultades en el sueño e ingestas, dificultades de concentración y pensamientos negativos, dificultades en la comprensión de la situación. Se pueden observar cambios en el comportamiento y en las relaciones sociales, mostrando tendencia al aislamiento social, inseguridad o apatía. 

- Preocupación por la imagen corporal, las secuelas físicas y las limitaciones en forma de pérdida de autonomía e independencia. En este contexto puede expresar rabia, irritación, rechazo directo de las normas o de las indicaciones del equipo cuidador; o, por el contrario, puede llegar a adoptar una actitud pasiva, de sometimiento y expresando sentimientos depresivos. 

Además, es importante tener en cuenta que el ingreso produce una ruptura y pérdida de las referencias en la vida cotidiana pudiendo llegar a convertirse en una posible experiencia traumática. Para facilitar una buena adaptación y desarrollo de resiliencia es clave identificar aquellas situaciones o factores que puedan afectar al bienestar del adolescente a lo largo del proceso de hospitalización y de su enfermedad. Otro aspecto importante para tener en consideración es el abordaje de los adolescentes con enfermedades crónicas, con múltiples ingresos y visitas al hospital. En estos casos, el ajuste psicológico, el bienestar emocional y la calidad de vida serán elementos fundamentales para conseguir una adherencia terapéutica adecuada. 

Hay que destacar que, en el desarrollo del modelo de humanización, es fundamental la incorporación de la percepción de los propios pacientes sobre el centro hospitalario y la situación de su ingreso. Algunos de los aspectos más valorados por los adolescentes son: el trato cercano del personal sanitario, la gestión de la información (privacidad y confidencialidad), el contacto con sus amigos, la independencia y la continuidad educativa. En este sentido es recomendable: 

- Informar de procedimientos médicos a realizar, hablar del dolor, de los espacios, de las situaciones que se podrán encontrar. Clarificar las dudas que puedan presentar. Tener en cuenta sus preocupaciones, aunque nos parezcan nimiedades o negociar aspectos del tratamiento. 

- Permitir visitas de amigos y no sólo de los progenitores (o facilidades tipo internet para mantener relación con grupo de iguales). 

- Acceso a nuevas tecnologías, aspectos de ocio y educativos diferenciados de los infantiles e independiente de los adultos. 

- Validar y acompañar ante las respuestas emocionales adaptativas a la situación de ingreso. 

- Integración de los adolescentes y sus necesidades en el diseño de espacios y procedimientos médicos. 

- Asegurar que los profesionales sanitarios presenten una buena competencia emocional, es decir, capacidad de reconocer, comprender y sensibilizarse con las emociones del adolescente, sin dejar de lado la importancia del apoyo a la familia, ya que el ingreso y el diagnóstico de una enfermedad impactará en toda la dinámica familiar. 

A pesar de que se ha avanzado mucho en el modelo de atención, aún tenemos retos que alcanzar. Además, es importante mejorar la transición de los hospitales pediátricos a los de adultos. En definitiva, la hospitalización es una experiencia que puede afectar al bienestar subjetivo, las relaciones interpersonales y el desarrollo del adolescente. Sin embargo, también puede ser una oportunidad para enriquecer su experiencia y salir fortalecido. Es por ello que como profesionales sanitarios nos enfrentamos al reto, no sólo de detectar aquellas situaciones que puedan afectar al bienestar global del adolescente, sino también de mirarlo desde una perspectiva centrada en su capacidad para afrontar la situación, lo que implica invariablemente, incluirlo en el proceso de toma de decisiones. 

Todo ello nos deja un buen documento para la reflexión desde el IHHI. Porque los adolescentes y la adolescencia deben dejar de ser los grandes olvidados de la Pediatría, en particular, y de la Medicina, en general.

viernes, 26 de diciembre de 2014

¿Niños ingresados en servicios de cirugía de adultos? No, gracias


Los niños siguen sin ser respetados en algunos centros sanitarios de nuestro país. Se les sigue considerando como "adultos pequeñitos", sin tener en cuenta sus necesidades específicas. ¿Y a cuanto de qué viene esto?

Pues viene a cuento de que en diversos hospitales españoles se está ingresando a los niños que requieren ser intervenidos quirúrgicamente en servicios de cirugía de adultos. Tal cual.

Este tipo de hechos vienen siendo cíclicos y este nuevo atropello ha motivado una nota conjunta de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y de la Sociedad Española de Cirugía Pediátrica (SECP) que os adjuntamos al pie de esta entrada. En ella se recuerda que "Tanto la AEP como la SECP han defendido el modelo pediátrico español basado en que, sea cual sea el nivel asistencial, todo niño es atendido por un profesional que haya recibido una formación pediátrica específica". 

También se pone de manifiesto lo siguiente: "La postura de ambas sociedades va en línea con el II Plan Estratégico Nacional de Infancia y Adolescencia 2013 -2016 (II PENIA), así como con el nuevo decreto de Troncalidad que contempla la Pediatría y sus Áreas de Capacitación Específicas (AEC) como un tronco propio y la Cirugía Pediátrica, tras un período troncal común con Cirugía General, como una especialidad con formación específica, ambas independientes de las áreas de Medicina Interna y Cirugía del adulto".

Desde este blog no nos cansaremos nunca de denunciar estos hechos, repetidos y que constituyen un ataque directo a los derechos de los niños hospitalizados y de sus familias.



martes, 16 de septiembre de 2014

La exposición al tabaco se relaciona con un aumento de reingresos por asma



Que el tabaco es malo para la salud no constituye, a estas alturas, ninguna novedad. A los pediatras nos preocupa, muchísimo, la exposición pasiva que sufren los niños al humo de tabaco de sus mayores.

En el último número de "Evidencias en Pediatría" se ha publicado un artículo valorado críticamente (AVC) que intenta determinar si existe asociación entre la exposición al humo ambiental y el porcentaje de ingresos pos asma en los niños. Se trata de un estudio de cohortes y es importante porque la exposición, además de ser reportada por los padres, se ha medico objetiva mediante los niveles de cotinina en suero y saliva.

...Y he aquí la - relativa - sorpresa:  la exposición al humo reportada por los padres no se asociaba significativamente con el porcentaje de ingresos... pero sí los niveles de cotinina, una variable mucho más objetiva, más "dura", para medir la exposición. "El 39,1% de los niños cuyos cuidadores indicaban que no existía exposición al humo de tabaco ambiental (64,9% = 402/619) tenían cotinina detectable en suero y el 69,6% de ellos, en saliva", podemos leer en el AVC. Ni más ni menos.

Este artículo pone de manifiesto la importancia que tiene, no ya preguntar a los padres por la exposición al humo de tabaco, sino poder medir la misma de una forma objetiva, sin trampas ni sesgos "de mala conciencia".

Podéis leer el AVc clicando en este enlace o bien pinchando sobre la imagen que hemos colocado bajo estas líneas.

http://evidenciasenpediatria.es/DetalleArticulo/_LLP3k9qgzIh7aNQBiadwmUrVZgz-Hfd3_BA1PoyprP5I9buSYGJ64zjQduyApy24sGkaQwDkXtD5qfhJmAXXNA#articulo-completo



martes, 1 de diciembre de 2009

Actualización del informe sobre gripe pandémica (1 de diciembre de 2009)


Se ha actualizado nuevamente el informe técnico sobre gripe pandémica A (H1N1) 2009 en pediatría (1 de diciembre de 2009).

En concreto, se han actualizado los capítulos de magnitud-grupos de riesgo y tratamiento con antivirales.
Respecto a la epidemiología de la enfermedad, sigue manifestándose de forma mayoritariamente leve mientras que la mayoría de los países se acercan al pico de máxima incidencia de la enfermedad.

Al igual que se constató en Australia en el invierno del hemisferio sur, datos del Reino Unido ponen de manifiesto que, aunque los menores de 4 años suelen presentar las mayores tasas de incidencia de ingreso hospitalario asociado a la enfermedad, la duración del mismo es menor que en adolescentes y adultos.

Respecto al tratamiento, siguen sin existir ensayos clínicos realizados en población infantil que estudien la eficacia de los inhibidores de la neuraminidasa para el tratamiento de la gripe pandémica. Los pocos datos adicionales disponibles proceden de estudios observacionales, y estos no han constatado disminución de la incidencia de complicaciones tales como neumonía o ingreso hospitalario asociado a neumonía en niños con gripe pandémica pertenecientes a grupos de riesgo.

En los boletines epidemiológicos de todos los países del hemisferio norte se constata que el virus A (H1N1) 2009 es el predominante, con prevalencias del 99% cuando la detección de virus gripal es positiva.

sábado, 3 de octubre de 2009

Grupos de riesgo de la gripe pandémica: ¿Los menores de dos años?

El European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC) ha hecho público un documento que puede tener una importante repercusión de cara a una definición más precisa de los llamados "grupos de riesgo" para el desarrollo de formas graves de gripe.

En su página 13, dicho informe incluye como "grupo de riesgo para experimentar enfermedad grave debido a influenza A (H1N1) 2009" a los niños menores de dos años de edad.

¿Hay un aumento de la mortalidad en este grupo de edad que justifique esta decisión? No parece así. De hecho, sabemos que es precisamente en niños y adolescentes donde se dan las menores tasas de mortalidad.

¿Cómo se explica, entonces, la inclusión de los menores de dos años como grupo de riesgo? Si leemos en el mismo informe del ECDC, la justificación parece deberse a que los niños de esta edad sufren más ingresos por gripe.

Esta mayor incidencia de ingresos en niños pequeños es conocida (no de ahora, también de la gripe estacional), pero no parece estar relacionada en modo alguno con la gravedad de su cuadro clínico. En Australia (país que quizá elabora los boletines epidemiológicos más completos sobre la gripe pandémica) han estudiado no sólo la incidencia de ingresos hospitalarios según la edad. Han estudiado también su duración.

Como puede apreciarse, la duración del ingreso es tanto menor cuanto menor es la edad. Más del 50% de los niños menores de 4 años permanecieron ingresados entre 1 y 3 días.

Este hecho es común a otras edades pediátricas y es a partir de los 20 años cuando la duración de los ingresos hospitalarios se hace más larga.

Del mismo informe de Australia cabe destacar la distribución de la mortalidad según la edad (similar a otros países del hemisferio sur):

Es fácil comprobar que, entre los fallecidos en Australia (172 en la fecha del informe al que pertenecen estas gráficas), sólo 5 eran menores de cinco años: un 2,9%. Viendo la gráfica puede comprobarse que la mortalidad es muy superior y se incrementa progresivamente en edades medias de la vida.

A la hora de delimitar grupos de riesgo es importante explicar muy bien "riesgo para qué". No es lo mismo tener una mayor proabilidad de ingreso hospitalario que mayor probabilidad de fallecer de la enfermedad en cuestión.

Esto tiene repercusiones de cara especialmente al tratamiento con antivirales. Como es bien sabido, la Organización Mundial de la Salud publicó un informe sobre uso de antivirales el 21 de agosto pasado. Documento que es aconsejable comenzar a leer por la página 42 e ir, una vez leida esta, a la página 1. En él, la OMS considera como grupo de riesgo a todos los menores de 5 años. A nadie se nos escapa las repercusiones que este hecho puede tener en la práctica clínica diaria. Todos los pediatras de atención primaria sabemos que un mismo niño, durante los "meses fríos del año", puede presentar entre 5 y 7 episodios (o más) de infección respiratoria aguda febril, cumpliendo todos ellos los criterios de "caso de sospecha" de gripe. Sabemos también que la mayoría de estos niños curan espontáneamente y que lo único que se ha de hacer, en todo caso, es aliviar los síntomas. No hay forma de hacer el diagnóstico virológico inmediato de gripe y menos aún de gripe A (H1N1) 2009. Por otra parte, aunque existiera un kit de diagnóstico rápido para dicho subtipo viral y éste estuviera disponible en todas las consultas de pediatría de atención primaria, ¿cambiaría nuestra actitud terapéutica ante un niño con gripe y buen estado general como sucede en la inmensa mayoría de las ocasiones?

A la hora de establecer grupos de riesgo, sería muy recomendable hacer una diferenciación muy clara entre "riesgo de ingresar más" y "riesgo de morir más". Ambas situaciones no tienen nada que ver y pueden inducir a emprender en los niños pequeños intervenciones diagnóstico-terapèuticas innecesarias y quizá, incluso, perjudiciales.