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miércoles, 18 de septiembre de 2024

Literatura médica de la buena

 

Al igual que hace unos días desgranábamos de la colección de libros “Medicina en español” de Fernando A. Navarro su recopilación de médicos escritores y escritores médicos, hoy vale la pena revisar su otra recopilación, próxima a la anterior. Me refiero a esos libros alrededor de temas médicos, sobre enfermedad, sobre síntomas como el dolor, sobre desenlaces como la muerte, o sobre personajes médicos (algunos autobiográficos, otros, la mayoría, de ficción). 

Literatura médica de la buena, como nos recuerda su autor, y en cuyo listado de obras al respecto recoge títulos como los siguientes: 

“Elogio de la locura” (1511) de Erasmo de Rotterdam 
“El médico a palos” (1666) de Molière 
“Frankestein” (1818) de Mary W. Shelley 
“Diario de un loco” (1834) de Nikolái Gógol 
“El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde” (1886) de Robert Louis Stevenson 
“La muerte de Iván Ílich” (1886) de León Tolstói 
“El pabellón nº 6” (1892) de Antón Chéjov 
“La isla del doctor Moreau” (1896) de H. G. Wells 
“El árbol de la ciencia” (1911) de Pío Baroja 
“Un médico rural” (1919) de Frank Kafka 
“Arrowsmith” (1925) de Sinclair Lewis 
“Un mundo feliz” (1932) de Aldous Huxley 
“Viaje en torno de mi madre” (1937) de Frigyes Karinthy 
“La ciudadela” (1937) de Archibald J. Cronin 
“Pabellón de reposo” (1943) de Camilo José Cela 
“Tifus” (1943) de Jean Paul Sartre 
“El enfermo” (1943) de José Martínez Ruiz, “Azorin” 
“Sinuhé el egipcio” (1945) de Mika Waltari 
 “Bajo el volcán” (1947) de Malcolm Lowry 
“La peste” (1947) de Albert Camus 
“El doctor Zhivago” (1957) de Boris Pasternak 
“Los gozos y las sombras” (1962) de Gonzalo Torrente Ballester 
“Tiempo de silencio” (1961) de Luis Martín-Santos 
“Una muerte muy dulce” (1964) de Simone de Beauvoir 
“Pabellón de cáncer” (1966) de Aleksandr Solzhenitsyn 
“Los renglones torcidos de Dios” (1979) de Torcuato Luca de Tena 
“El médico” (1986) de Noah Gordon 
“La escafandra y la mariposa” (1997) de Jean-Dominique Bauby 
“La enfermedad de Sachs” (1998) de Martin Winkler 
“Los tres médicos” (2004) de Martin Winckler 
“Némesis” (2010) de Philip Roth 
“Diario de un cuerpo” (2012) de Daniel Pennac … 

Buenas novelas, buenos autores. Buena lectura para cualquiera, pero con especial interés para los profesionales sanitarios.

sábado, 30 de julio de 2022

Cine y Pediatría (655) La trilogía infantil de Frances Hodgson Burnett (y 2): “La princesita” y “El jardín secreto”

 

En nuestra entrada de la semana pasada comenzamos a analizar las adaptaciones cinematográficas de las tres obras infantiles de la autora victoriana de novelas, Frances Eliza Hodgson, y por las que ésta es principalmente recordada en la literatura: “Little Lord Fauntleroy” (1886), “A Little Princess (1905)“ y “The Secret Garden” (1911). Pudimos ya analizar las películas que han basado su guion en la primera novela, y hoy haremos lo mismo con las dos siguientes. 

“A Little Princess” nos presenta a Sara Crewe, quien ha vivido hasta los siete años en la India con su padre militar viudo, pero ahora tiene que educarse en un internado en Inglaterra. El cambio no es fácil, pero Sara es una niña muy madura y saca lo mejor de la situación. Tiene una imaginación muy viva, que lo mismo le sirve para entretener a sus compañeras que para salir adelante cuando la directora o las alumnas mayores se burlan de ella. Pero su suerte cambia radicalmente cuando le comunican que su padre ha fallecido en la guerra: en ese momento pasa de ser la alumna más rica del internado a criada del mismo, allí donde soporta el maltrato de la directora, que nunca sintió estima por ella. Ahora solo tiene su imaginación para mantenerse a flote. 

Hay tres adaptaciones estadounidenses para la gran pantalla bajo el mismo título original que la novela, así como una serie británica para la televisión de 6 episodios, La princesita (Carol Wiseman, 1986). 

La primera adaptación es del año 1917 dirigida por Marshall Neilan, pertenece al cine mudo en blanco y negro: The Little Princess. Un film producido y protagonizado por la máxima figura del cine mudo, Mary Pickford (quien ya vimos que también realizó la primera adaptación de El pequeño lord); si bien, en este caso, representar el papel de la niña Sara Crewe con 24 años de edad fue poco menos que una osadía. En este caso los papeles del capitán Crew fue para Norman Kerry y el de Miss Minchin para Katherine Griffith, dos clásicos del cine de aquella época. 

La segunda adaptación es del año 1939, dirigida por Walter Lang, nos adentra en la Edad Dorada de Hollywood: La princesita. Para el papel de Sara Crewe se contó con Shirley Temple, la que fue considerada como la actriz infantil de mayor éxito de la historia del cine por su habilidad como actriz y bailarina, si bien su fama declinó al entrar en la adolescencia. Paseó su fama y rizos infantiles entre la Fox y la Paramount, para llegar a ser en la segunda mitad de la década de los 30 como la estrella más taquillera de Hollywood. Aún hoy sigue siendo la actriz más joven de la historia en conseguir un Óscar, concretamente el ya extinto Premio Juvenil de la Academia: fue la primera en conseguirlo, en el año 1934, y lo hizo con 6 años (luego se entregarían de forma intermitente a Deanna Durbin con 17 años, Mickey Rooney con 18 años, Judy Garland con 17 años, Margaret O´Brien con 8 años, Peggy Anne Garner con 14 años, Claude Jarman Jr. con 12 años, Ivan Jandl con 12 años, Bobby Driscoll con 13 años, Jon Whiteley con 10 años, Vicent Winter con 7 años y Hayley Mills con 14 años, la última en recibirlo en el año 1961). En el plano de los premios Óscar competitivos cabe señalar que solo tres menores lo han conseguido y ha sido en la categoría de Mejor actriz de reparto: Patty Duke tenía 16 años cuando lo recibió por El milagro de Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962), Tatum O'Neal tenía 10 años en Luna de papel (Peter Bogdanovich, 1973) y Anna Paquin tenía 11 años en El Piano (Jane Campion, 1993).   
En esta adaptación, el capitán Crewe (Ian Hunter) desaparece en la Guerra de los Bóers y es entonces cuando se queda a merced de Miss Minchin (Mary Nash) la directora del internado. Este personaje representa la hipocresía y oportunismo, frente a la bondad innata y capacidad de lucha de la pequeña Sara. 

La tercera adaptación, del año 1995, fue dirigida por Alfonso Cuarón: La princesita. Es una adaptación más luminosa, visual y moderna, con la que el director mexicano debuta en Hollywood y que le proporciona fama internacional que cimentará con obras posteriores como Y tu mamá también (2001), Hijos de los hombres (2006), Gravity (2013) o Roma (2018), que incluyó dos Óscar a mejor director por estas dos últimas obras, entre otros galardones. Y para esta nueva versión cinematográfica contó con grandes colaboradores como Emmanuel Lubezki en la fotografía, Patrick Doyle en la dirección musical y Richard LaGravenese como guionista. El resultado fue tal que la mismísima J.K. Rowling propuso a Cuarón para dirigir la tercera entrega de la saga de Harry Potter, Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004), para muchos la mejor; pues no olvidemos que La princesita es una historia mágica en un internado y la relación era clara. 
En esta versión hay algunas variaciones respecto a la previa, pues Sara Crewe (Liesel Matthews) ingresa en el internado dirigida por Miss Minchin (Eleanor Bron) en Nueva York (no en Inglaterra) y su cariñoso padre (Liam Cunningham) es reclamado por el ejército para la Primera Guerra Mundial. Reseñar que la angelical actriz principal, Liesel Mattews hizo una gran interpretación, pero apenas volvió a aparecer en la pantalla, pues en realidad ella es en la vida real más “princesita” que su personaje, ya que actualmente es la rica heredera de los hoteles Hyatt.  

Leer y ver La princesita hoy en día seguramente pueda producir sensaciones encontradas. Por un lado está su clasismo o la resignación con la que se espera que las mujeres acepten su destino y esa afirmación de que “todas las mujeres son princesas”, que hoy puede molestar. Pero resta esta historia que llega al corazón, como un cuento de hadas con final feliz. Porque La princesita es un canto a la imaginación, clave para descubrir lo maravilloso que puede ser el mundo. 

“The Secret Garden” es quizás la obra más importante de Frances Eliza Hodgson, aunque su reconocimiento llegaría con el tiempo. En un principio la obra se llamó “Mistress Mary”, pero luego se le cambió el nombre y fue una obra publicaba por partes en pequeños folletos, hasta que en 1911 se publicó completa (y muchas de sus ediciones cuentan con preciosas ilustraciones que dan un matiz mágico a cada aventura). La obra hace referencia a la magia de una forma más realista, siendo esta descrita como la determinación que ejerce la naturaleza para poner las cosas en su lugar. 

La historia comienza de nuevo en la India, donde la niña de 9 años, Mary Lennox Craven, pierde a sus padres a causa de un brote de cólera, y tiene que trasladarse a una mansión de su tío Archibal Craven en el condado inglés de Yorkshire, un personaje hosco que casi nunca está allí. Sus padres jamás tuvieron tiempo para darle el amor que todo niño necesita, y por esa razón, ella actúa como una tirana egoísta y malcriada. En esta mansión descubrirá un lugar mágico en un jardín abandonado, allí donde comienza su relación con otros dos niños: Colin Craven, su enfermizo e hipocondríaco primo de tiránico comportamiento con sus sirvientes, hijo único cuya madre murió en el embarazo; y Dickon, uno de los hermanos de Martha - la alegre y amable niña criada -, que es un mozo muy vinculado a los animales y la naturaleza. Los tres niños y un pájaro petirrojo rehabilitan ese jardín que, a su vez, les ayudará a construir una especial relación, que cambiará sus destinos para siempre. Y con ello se conforma una historia donde cada uno de los personajes forma parte de una red de efectos positivos sobre los demás, enseñando los valores de la amistad, la importancia de la bondad y el cariño para crecen como mejores personas. La magia de este libro se centra en la evolución de los personajes, anclados a la evolución misma de las estaciones del año. 

Hay tres adaptaciones de esta novela para la gran pantalla bajo el mismo título original que la novela, así como dos películas británicas para la televisión (la dirigida por Ala Grint en 1987 y la dirigida por Dave Edwards en 1994, esta última de animación) y una serie de televisión japonesa de 39 episodios, El jardín secreto (Tameo Kohanawa, 1991). 

La primera adaptación para la gran pantalla es del año 1949, dirigida por Fred M. Wilcox, película estadounidense que contó para el papel principal de Mary con Margaret O'Brien, otra de las famosas y destacadas actrices infantiles de Hollywood. 

La segunda adaptación es del año 1993, dirigida por Agnieszka Holland, película británica que posiblemente es la versión más conocida, donde el papel de Mary fue para Kate Maberly, y en cuyo elenco actoral contó con Maggie Smith, Irène Jacob, John Lynch y Colin Bruce. Cuando los niños descubren el bien que les hace el jardín, nos dicen aquello de “Vendremos aquí mañana y pasado mañana. Y todos los días”. Y ese pensamiento final de Mary, que es un magnífico colofón y mensaje: “Se rompió la maldición. Mi tío aprendió a reír y yo aprendí a llorar. Ahora el Jardín Secreto está siempre abierto, despierto y vivo. Y si miras con atención es que el mundo entero es un jardín”. 

La última versión es del año 2020, dirigida por Marc Munden, también británica. Aquí el papel de Mary es para Dixie Egericks, bien secundada por Colin Firth en el papel de su tío, Archibald Craven, y Julie Walters como Miss Medlock. 

Y es así como El jardín secreto se convierte en una historia de redención y superación del duelo mediante metáforas en un espacio natural que varía entre lo mágico y lo real y que ofrece refugio a estos dos niños ricos malcriados (Mary y Colin) de la mansión gótica desnuda y de sí mismos. Un libro singular y moderno cuya revalorización con el tiempo tiene todo el sentido, pues contiene ideas más modernas que las dos historias previas infantiles de Frances Hogdson Burnett, novelista a la que hemos descubierto también a través de las numerosas versiones cinematográficas que hemos recordado.

 

sábado, 23 de julio de 2022

Cine y Pediatría (654) La trilogía infantil de Frances Hodgson Burnett (1): “El pequeño lord”

 

La escritora británico-estadounidense Frances Hodgson Burnett ha traspasado la memoria literaria con tres obras infantiles ya universales publicadas en ese puente temporal que cruza del siglo XIX al XX. Novelas que han sido llevadas a la pantalla en numerosas ocasiones como guion adaptado y que la convierten en una verdadera autora “de cine”. Curiosamente esta autora ha sido el eje argumental del prólogo del libro “Lo que nunca volverá. La infancia en el cine”, recientemente publicado, y en el que he tenido la oportunidad de participar. 

Nació Frances Hodgson Burnett en el año 1849 en Manchester, la hija mayor de una familia sustentada por el humilde sueldo de platero del padre. La pronta muerte del padre provocó una gran crisis económica en la familia Hodgson, lo que les obligó a emigrar a Estados Unidos para residir con un tío materno que al final no se ocupó demasiado de su parentela. Ya allí Frances comenzó a publicar sus primeros textos, poemas y relatos desde el año 1868, aparecidos en revistas femeninas, y esa pequeña remuneración sirvió como medio para ayudar al sustento de la casa. 

Pero fue en su tarea como novelista donde Frances obtuvo gran éxito como autora de historias románticas y de protagonismo infantil, esa trilogía que fueron “Little Lord Fauntleroy” (1886), buscando inspiración en su propio hijo Vivian; “A Little Princess" (1905), libro retitulado del original “Sara Crew” (1888) y que antes fue obra teatral; y “The Secret Garden” (1911), uno de sus mejores y más populares trabajos, aunque no fuera valorada en su época como las dos anteriores. Porque aunque esta escritora nos dejó casi dos docenas de obras para adultos durante su vida, es recordada hoy en día por sus tres novelas para niños 

Y esas tres novelas han alcanzado el status de clásicos intemporales de la literatura infantil. Y en las dos próximas entradas de Cine y Pediatría vamos a revisar sus adaptaciones cinematográficas. Hoy revisaremos las de “Little Lord Fountleroy” y la semana que viene las películas asociadas a las otras dos historias. 

La historia es conocida y reconocida en “Little Lord Fauntleroy”. El niño de 9 años, Cedric Erro,l vive con su madre viuda en Brooklyn y están tan unidos y enamorados el uno del otro que el niño llama a su madre como Querida (“Dearest” en versión original). El difunto padre de Cedric era hijo del conde británico de Dorincourt, pero el conde se había opuesto firmemente a la boda de su hijo, y por lo tanto se ha distanciado de Cedric y su madre. Pero cuando el único hijo superviviente del conde muere en un accidente de equitación, Cedric se convierte en Lord Fauntleroy, heredero del conde, aunque el testamento contiene una cláusula que lo obliga a vivir a Inglaterra con su abuelo, un viejo cascarrabias. Allí acude con su madre, donde tienen que superar los duros sentimientos del conde sobre el pasado, así como algunos obstáculos inesperados. Atrás han dejado a sus amigos del barrio, especialmente al niño limpiabotas, al tendero y a la vendedora de manzanas. Una vez juntos abuelo y nieto, la inocencia y cariño de éste atrapa y conquista el duro y enfadado corazón de aquél, pues Cedrid ejerce un verdadero efecto Pigmalion, pues los valores positivos que el nieto ve en su abuelo se acaban haciendo realidad. 

Se contabilizan cuatro adaptaciones para la gran pantalla bajo el mismo título original que la novela, así como una serie japonesa para la televisión de 43 episodios, “El pequeño lord” (Kôzô Kusuba, 1988). 

La primera adaptación es del año 1921, dirigida por Alfred E. Green y Jack Pickford, es la película estadounidense El pequeño Lord Fauntleroy. Película muda que contó con Mary Pickford, la actriz canadiense que fuera una de las grandes divas del cine mudo, la más poderosa y mejor pagada de aquella época, conocida como "la pequeña Mary", “la chica del pelo dorado” o “la novia de América” (apodo que luego recogerían Grace Kelly, Audrey Hepburn, Julia Roberts o Emma Stone). Pues bien, era tal su poderío que se atrevió tanto con el papel del niño Cedrid como el de su madre “Dearest” en esta adaptación,  de la que también fue productora. 

La siguiente adaptación es del año 1926, película muda del cine italiano dirigida por Augusto Genina, bajo el título de ¿Chico o chica? En ella cambia algo los nombres y el argumento, pero conserva la esencia de la historia. Decir que este mismo director rodó el mismo argumento como película sonora en 1932. 

La adaptación más prestigiosa fue dirigida por John Cromwell en el año 1936: El pequeño lord. Esta película estadounidense contó con Freddie Bartholomew en el papel principal de Cedrid, un joven actor británico que brilló en Hollywood con sus papeles en David Copperfield (George Cukor, 1935), Ana Karenina (Clarence Brown, 1935) o Capitanes intrépidos (Victor Fleming, 1937). Le acompañaron en el reparto, Dolores Costello como su madre “Dearest”, Aubrey Smith como el conde Dorincourt y un pequeño papel para Mickey Rooney, ya estrella consolidada en aquel entonces pese a su juventud. En esta película, la música de Max Steiner se une en perfecta sintonía con las interpretaciones para devolvernos una historia llena de sentimiento y emoción. Y baste esta declaración de amor de ese abuelo cascarrabias ya transformado: “Si alguien me hubiera dicho que le tomaría afecto a un niño, no le habría creído. Siempre he detestado a los niños. A los míos, más que a ninguno. Pero le quiero a él. Y, extrañamente, él me quiere a mí”

Esta es una de las películas más conocidas del cineasta John Cromwell, de la que él se sentía muy orgulloso, tanto por la dirección como por los detalles técnicos. Y cierto que es una cuidada producción que mantiene el sabor añejo de las producciones del Hollywood clásico, con una historia muy sencilla y llena de sensibilidad, con ese triángulo actoral entre el pequeño lord, su madre y su abuelo. Lo cierto es que el realizador supo sacar del joven actor irlandés Freddie Bartholomew la mejor interpretación de su carrera, nada afectada y muy humana. 

La última adaptación es la película británica del año 1980 dirigida por Jack Gold: El pequeño lord. Aquí los protagonistas principales son Rick Schroeder como Cedrid - joven actor estadounidense que se dio a conocer en su papel de niño en El campeón (Franco Zeffirelli, 1979) -, Alec Guinness como el conde Dorincourt y Connie Booth como la madre. Aunque es una película meritoria en color, está claro que no llega a la altura de su predecesora en blanco y negro. 

Y es así que esta novela de Frances Hodgson Burnett, con un estilo dickesiano que combina drama y humor, regala a los lectores una historia que les descubrirá las ventajas de ser virtuosos. El protagonista, con su generosidad, franqueza, prudencia y obediencia, conseguirá redimir al egoísta, soberbio y tozudo conde de Dorincourt, su abuelo. Y logrará que el poderoso anciano comprenda los beneficios que para el alma tiene el ayudar a los demás, así como la confianza en las relaciones personales. La novela nos descubre - y las películas nos recuerdan – el valor de las palabras de San Agustín: «La culminación de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin; para conseguirlo, corremos; hacia él corremos; una vez llegados, en él reposamos». Y este feliz reposo es el que sentimos cuando disfrutamos una historia así. De esas películas para ver en familia, como también las dos que comentaremos de la misma autora la semana que viene. 

Una historia ya universal para revisar en blanco y negro o en color.

 

sábado, 27 de abril de 2019

Cine y Pediatría (485). El poder de la imaginación en “El verano de sus vidas”


Belle Isle es una pequeña ciudad en el estado de Florida, allí donde se encuentran nuestros dos personajes y sus historias en un verano, el que fuera el verano de sus vida por eso que llamamos segundas oportunidades. 

Por un lado Monte Wildhorn (Morgan Freeman), un viejo viudo escritor de novelas del oeste quien ha perdido la fe en el mundo y en sí mismo y sólo encuentra consuelo en el alcohol. Y llega a este lugar en silla de ruedas para pasar las vacaciones, por consejo de un sobrino, quien le ha buscado la casa de un amigo suyo, con una condición: que cuide del perro, un perro que se llama Ringo, pero que le cambia el nombre por Lunar y se pasa toda la película intentando que recoja una pelota. Por otro lado, Charlotte O´Neil (Virginia Madsen), una atractiva divorciada que antes de su divorcio vivía en Manhattan, pero que ahora lo hace junto al lago con sus tres hijas: Flora (Nicolette Pierini), de 6 años, Finnegan (Emma Fuhrmann), de 10 y Willow (Madeline Carroll), de 15. 

La película lleva por título El verano de sus vidas, una película del año 2012 del veterano director Rob Reiner, a quien conocemos especialmente por su film Cuando Harry encontró a Sally (1989), pero que ya nos ha dejado alguna historia de infancia y juventud en Cine y Pediatría, como fue Cuenta conmigo (1986). Y esta película nos demuestra, una vez más, que es importante la versión original, tanto de los diálogos como de los títulos. Pues el título original de esta película es The Magic of Belle Isle (Summer at Dog Dave´s), por lo cual no quedaría ninguna duda en no confundirla con una comedia española por título El mejor verano de mi vida (Dani de la Orden, 2018). 

El verano de sus vidas es una historia...llena de historias, pero con un epicentro: la especial relación entre Finnegan y el viejo escritor venido a menos, y que comienza a crecer cuando ésta le pregunta: “¿Me enseña a escribir historias?”. Y es que la lectura y las palabras forman parte de la educación de la niña, pues su madre utiliza una especial forma de castigo para ella y sus hermanas (aprender nuevas palabras) y las enseñanzas de la madre son claras: “Un libro hace lo que no hace un amigo: callarse para dejar pensar”. Y es así como Monte Wildhorn comienza a darle clases de contar historias y enseguida son tres las nuevas palabras que aprende con él: imaginación, embaucar y mentor. Y la madre, agradecida, invita al escritor a cenar y así les dice a sus hijas: “Creo que os iría bien conociendo a un hombre culto”. 

De esta especial relación con Finnegan y también con su madre, nuestro personaje acaba recuperando la capacidad de escribir mientras va perdiendo su gusto por la bebida y su equivocada teoría: “Emborráchate y llorarás por todos. Las lágrimas te harán llegar a algún sitio”. Y con la sola movilidad de su mano derecha reinicia su actividad en su vieja máquina de escribir. Y a la pregunta de la niña, “¿Por qué no escribe con ordenador?”, su respuesta es contundente: “Me gusta como suena, me gusta como las letras se marcan en el papel…”. 

Y comienza escribiendo el cuento infantil para la pequeña Flora, “Tony y el elefante”, y lo hace por capítulos, cuando en realidad también es una declaración de amor hacia la Sra. O´Neill. Y cuando intentan comprarle los derechos de autor de las novelas del oeste, también retoma las historias de Jabal McClos que le encumbraron. Y en ella acaba dando un papel protagonista a Karl, ese vecino adolescente obeso con retraso mental y estereotipias al que Finnegan le describe así: “Según Willow dice que es retrasado. Según mamá, que es especial”. Y claro que es especial y nuestro escritor no desoye lo que la madre de Karl le dice: “A Karl no le llama nadie por teléfono. Le encantaría que alguien le llamara”. 

Pequeñas historias cruzadas en un verano, historias sencillas con el trasfondo de las segundas oportunidades y con el poder de la imaginación vertido en las narraciones que se cuentan en los libros. Una película llena de buenas intenciones, con ese edulcorado de las películas “made in Hollywood” que no nos pillan de sorpresa y, por qué no, que a veces nos gustan aunque disimulemos. Y, sino, basten estas frases al final de la historia: la de la Sra. O´Neill (“A mis hijas les digo que uno de los verdaderos placeres de la vida es encontrar el amor verdadero”) y las del Sr. Wildhorn (“Ha sido un verano fantástico. Solo hay una cosa que lamento no haber hecho… Bailar nuestro vals bajo la luna”). Y es que al final, como el cariño es mutuo, la Sra. O´Neill y el Sr. Wildhorn se tutean. 

Pero por encima de todo, permanece el mensaje final de nuestro escritor a la pequeña Finnegan: “Nunca dejes de buscar lo que no está”. Porque para esto está la imaginación y para eso sirven las segundas oportunidades… De esta segunda oportunidades ya hablamos en la película Ali (Paco R. Baños, 2011). Y de la imaginación hablan los libros…

Y por ello esta película aparece en la semana que acabamos de celebrar el Día Internacional de Libro, este mítico día 23 de abril en el que supuestamente coinciden el fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega en la misma fecha del año 1616. Y decimos supuestamente, pues no fue realmente así, y el único que falleció en esa fecha fue el Inca Garcilaso de la Vega, pues Cervantes falleció el 22 de abril (y fue enterrado el 23), mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano (que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano). Así que, como vemos, también en esta fecha se mezclan imaginación y segunda oportunidades.

Sea como sea, bienvenidos al poder de la imaginación de la palabra, las palabras y los libros. Y no solo en verano, sino en todas las estaciones.