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sábado, 12 de octubre de 2024

Cine y Pediatría (770) “Despertares” en la epidemia de niños que se quedaron dormidos…


El neurólogo y escritor británico Oliver Sacks (1933-2015) ha pasado a la historia más como un divulgador de la ciencia que como un científico en su campo. Y ese fue uno de sus grandes retos en su periplo vital, una vida por otro lado tan apasionante como la que nos muestra la película documental estadounidense Oliver Sacks: una vida (Ric Burns, 2019), muy aconsejable. Nació Oliver Sacks en Londres, hijo de dos médicos prestigiosos y en el contexto de una familia judía numerosa con destacados miembros en diferentes profesiones. Estudio en la Universidad de Oxford y dio sus primeros pasos como profesional en la capital londinense, pero a partir de 1965 se mudó a Nueva York. Y un año después comenzó como neurólogo en el Hospital Beth Abraham del Bronx y es allí donde trabajó con un grupo de supervivientes aquejados en la década de los 20 por la epidemia de encefalitis letárgica, a los que administró una droga conocida como L-DOPA. Y esta experiencia fue la base del libro “Awakenings” (1973), el que cambiaría su vida. Antes ya había publicado el libro “Migraine” (1970) y luego llegarían otros tantos libros que le llevaron a la fama, más entre el público general que entre sus colegas de profesión; entre ellos: “A Leg to Stand On” (1984), “The Man Who Mistook His Wife for a Hat” (1985), “Seeing Voices: A Journey Into the World of the Deaf” (1989), “An Anthropologist on Mars. Seven Paradoxical Tales” (1995), "Musicophilia: Tales of Music and the Brain” (2007), “The Mind's Eye” (2010), “Hallucinations” (2012). Y también algunos libros autobiográficos al final de su vida, como “On the Move. A Life” (2015) y “Gratitude” (2015), más otras dos póstumas: “The River of Consciousness” (2017) y ”Everything in Its Place: First Loves and Last Tales” (2019). Su vida y también su muerte tuvieron algo de especial, con detractores que le apodaron como “el hombre que confundió a sus pacientes con una carrera literaria” y también con numerosos reconocimientos (incluyendo el que un asteroide descubierto en 2003 también fue bautizado con su nombre). 

Tuvieron que pasar casi dos décadas para que su novela “Awakenings” fuera llevada al cine con un título homónimo: Despertares (Penny Marshall, 1990), donde su director se rodeó de grandes colaboradores, como el guionista Steven Zallian, el director musical Randy Newman, y un elenco de actores encabezado por Robin Williams y Robert de Niro. Un film con éxito de crítica y público que también reportó beneficios a Oliver Sacks, pues no solo incremento su fama, sino que logró mejorar ese crédito que buscaba entre la comunidad médica y científica. Y que sirvió para conocer algo mejor la encefalitis letárgica (también conocida como encefalitis epidémica, enfermedad de Von Economo o enfermedad del sueño). 

Existen pocas entidades en la historia de la neurología que hayan provocado tanto interés clínico como lo fue y lo sigue siendo la encefalitis letárgica (EL). Esto se debe, por una parte, al alto impacto que provocó en vastas poblaciones de Europa y América (se habla de un millón de afectados y medio millón de fallecimientos), pero también por la riqueza clínica de síntomas y signos expresados por los pacientes y, finalmente, por su misterioso origen. La EL ha sido una entidad que se presentó en forma epidémica a lo largo de la historia de la humanidad y el último brote, que apareció como epidemia entre 1916 y 1925, fue un hito por su amplia gama de manifestaciones clínicas en la esfera neurológica y psiquiátrica. Se presentaba generalmente con faringitis seguida de alteraciones del sueño, desórdenes del movimiento en forma de parkinsonismo postencefalítico y alteraciones psiquiátricas. A pesar de la asociación temporal entre la EL y la epidemia de gripe de 1918, no se pudo confirmar esta causa, ni muchas otros agentes infecciosos que se implicaron, siendo la autoinmunidad el mecanismo que se sugiere en las últimas décadas. 

Pero es hora de adentrarse en la película Despertares, por la que el público pudo conocer más y mejor a Oliver Sacks y a la EL. Las primeras escenas nos trasladan a un invierno de Nueva York de la década de los 20 donde conocemos a Leonard Lowe, un niño de 11 años que comienza con distonía de manos, a los que se suman dificultades en la manipulación y escritura y más tarde temblores. Tras el cartel de “basado en hechos reales”, un salto temporal nos lleva al año 1969, donde el Dr. Malcolm Sayer (Robin Williams, alter ego de Oliver Sacks) llega al Hospital Bainbridge de El Bronx en busca de una plaza de investigador de laboratorio en neurología, pero le solicitan que sea clínico, y con dudas acepta. Un compañero le pone en situación ante tanto enfermo crónico y con grave deterioro: “Mire, hay casos de esclerosis múltiple, de síndrome de Tourette, de Parkinson. Hay otras enfermedades para las que ni siquiera tenemos nombres”. Y una enfermera intenta consolar a este doctor solitario y con pocas habilidades sociales: “Se acostumbrará. Aunque ahora le parezca imposible”. Entre esos pacientes encontramos a Leonard Lowe ya adulto (Robert de Niro) en silla de ruedas y estado catatónico. 

Al estudiar las historias clínicas, Malcolm no se conforma con los diagnósticos “atípicos” e “idiopáticos” y, con el apoyo de la enfermera jefe, Eleanor (Julie Kavner), se hace preguntas y busca respuestas: “Llega un momento en que tantas cosas atípicas tendrá que significar algo típico”. Y lo relaciona con la epidemia de EL de la década de los 20. Y así se lo explica el jubilado doctor Peter Ingham (Max von Sydow): “Niños que se quedaron dormidos… Los que sobrevivieron y despertaron, parecían bien, como si nada hubiera pasado. Entonces nos dimos cuenta del gran daño que la enfermedad causó en el cerebro. Personas que habían sido normales, ahora estaban ausentes". 

Cuando el Dr. Sayer asiste a una conferencia sobre el reciente uso de L-DOPA en el Parkinson, solicita permiso para usar esta droga de forma experimental en los pacientes afectos de EL, aunque el director del centro le diga inicialmente: “Que sean los químicos los que provoquen el daño”. Pero finalmente consigue el consentimiento informado de la madre de Leonard para experimentar el efecto de la L-DOPA en su hijo… y se logra el milagro: Leonard despierta después de varias décadas. Y todo ello lo muestra de forma idílica la película con la canción “Time of the Season” del grupo The Zombies. Y eso permite utilizarlo también en el resto de pacientes (Lucy, Frank, Rose, Bert, Frances, Rolando, Miriam,…) y se obra el milagro en cada uno de ellos. 

A partir de aquí se suceden una serie de escenas simpáticas de la nueva vida que la medicación regala a estos pacientes tras estar dormidos tantos años, lo que incluye el fugaz enamoramiento que Leonard tiene con una joven que visita a su padre en el hospital, Paula (Penelope Ann Miller), o su reivindicación por ser una persona normal y la revolución que contagia en el resto de internos, algo así como lo que recordamos de la oscarizada Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975). Pero poco tiempo después aparecen los efectos adversos de la medicación en Leonard, regresando los movimientos parkinsonianos, más marcados si cabe que antes, pero también los tics, los periodos de aquinesia y las convulsiones, y que no se controlan pese a ir aumentado la dosis de L-DOPA. Los demás pacientes tienen miedo de seguir igual suerte: “¿Y si sólo es cuestión de tiempo para todos nosotros?”. Y así ocurrió… 

Vale la pena recordar la reflexión final que el Dr. Sayer expresa a sus colegas, toda una lección de vida: “El verano fue extraordinario. Fue una estación de renacimiento e inocencia. Un milagro para 15 pacientes y para nosotros, los cuidadores. Pero tenemos que limitarnos a las realidades de los milagros. Podemos ocultarnos tras el velo de la ciencia y decir que la droga fue la que falló, o que la enfermedad regresó, o que los pacientes no pudieron enfrentarse a haber perdido décadas de sus vidas. Pero la realidad es que no sabemos ni por qué funcionó ni por qué dejó de hacerlo. Lo que sí sabemos es que al acabarse las posibilidades de lo químico, tuvo lugar otro despertar. Que el espíritu humano es más poderoso que cualquier droga, y que esto es lo que debemos alimentar. Con trabajo, ocio, amistad y familia. Esas son las cosas que importan. Eso es lo que habíamos olvidado. Las cosas más sencillas”. 

Y también el colofón de esta historia: “El Dr. Sayer y su equipo siguieron trabajando con los pacientes postencefalíticos, probando los tratamientos químicos que iban surgiendo. Leonard y muchos otros pacientes experimentaron breves periodos de despertar, pero nunca tan espectaculares como el del verano de 1969. El Dr. Sayer continúa trabajando en un hospital de enfermedades crónicas en El Bronx”. 

Pensamientos de una película con muchas aristas de reflexión: el conocimiento de la enfermedad y sus secuelas, el camino de investigación en búsqueda de un tratamiento (y la consideración de los efectos secundarios), la relación médico-paciente y la ética médica (con el consentimiento informado al frente). Y ese mensaje contundente: cuando fallan los tratamientos farmacológicos, se pueden y deben poner en marcha otras medidas, personales y sociales, para conseguir otros despertares. Y esto nos lo dice un Dr. Malcon Sayer que es el alter ego en la película (y novela) del Dr. Oliver Sacks y su historia con la encefalitis letárgica. E interpretado por Robin Williams, un prolífico actor con tendencia al histrionismo en sus interpretaciones y que ha interpretado el papel de médico en varias ocasiones: todo comenzó con este papel de tímido neurólogo en Despertares, al que le siguieron el papel del competente psiquiatra en El indomable Will Hunting (Gus van Sant, 1997), el revolucionario y humanitario Dr. Hunter en Patch Adams (Tom Shadyac, 1998), el disparatado ginecólogo ruso en Nueve meses (Chris Columbus, 1995) y un doctor enfrentándose a la muerte en Más allá de los sueños (Vicent War, 1998). 

Despertares, una película para prescribir en las facultades de Medicina, alrededor de aquella epidemia de niños que se quedaron dormidos…  

 

lunes, 11 de febrero de 2019

La "burbuja" universitaria y el fracaso de ANECA


La "burbuja" universitaria sigue poniendo en jaque a un sistema sanitario que no es capaz de absorber el número de médicos que salen de nuestras Facultades de Medicina. 

Actualmente hay en España 42 Facultades de Medicina (32 públicas y 10 privadas) con esta distribución por Comunidades Autónomas: Madrid con 8 (4 públicas y 4 privadas), Cataluña con 8 (6 públicas y 2 privadas). Comunidad Valenciana con 5 (3 públicas y 2 privadas), Andalucía con 5 (todas públicas), Murcia 2 (una pública y una privada), Castilla y León 2, Castilla y la Mancha 2, Canarias 2, Navarra 1 (privada), Baleares 1, Extremadura 1, Galicia 1, Asturias 1, Cantabria 1, País Vasco 1 y Aragón 1. 

Si la tasa idónea de Facultades de Medicina por millón de habitantes es de 0,5 según los estándares de la OMS y la tasa idónea de estudiantes de Medicina es de 1 por cada 10.000 habitantes, significaría alrededor de 23 Facultades de Medicina y 4.650 estudiantes en teoría. Pero la realidad nos dice que tenemos el doble, tanto de Facultades de Medicina (téngase en cuenta que tenemos más que Alemania, este país con el doble de población) como de estudiantes, pues para el curso 2018-19 han sido admitidos 7.042. Y está claro que no faltan médicos (aunque algunos hagan esta proclama como si fuera un mantra y que ha medida que se diga se crea que es verdad), lo que ocurre es que muchos médicos huyen de nuestro país ante las malas condiciones. 

En el último examen MIR se presentaron 14.446 personas para un total de 6.513 plazas: con una ratio de 2,22 aspirantes por cada plaza. Y teniendo en cuenta que el MIR no es una salida más, sino prácticamente la única salida, implica que España continúa estrechando el embudo de médicos sin especialidad (y con escaso futuro). Y por ello, ya hace tiempo que la OCDE aconseja disminuir el número de Facultades de Medicina en España, mensaje bien distinto a los ecos sobre la posible aparición de nuevas Facultades de Medicina en nuestro lamentable sistema universitario. Téngase en cuenta que España continúa siendo líder en Facultades de Medicina por habitante, solo superada en el mundo por Corea. 

Pero mientras el número de Facultades de Medicina y estudiantes crece, el número de profesores disminuye. Desde la Conferencia Nacional de Decanos y el Consejo Estatal de Estudiantes aseguran que el número de catedráticos, profesores titulares y profesores contratado-doctor sigue bajando. Y también a juicio de los decanos y estudiantes, la principal causa se debe a que, según los criterios de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) 2008-2016, la rama de Ciencias de la Salud presenta la tasa más baja de informes favorables de acreditación, lo que no va a permitir la renovación con garantía. 

Está claro que ANECA ha fracasado y que los nuevos criterios docentes no funcionan: solo basta leer la prensa, a los sindicatos y, especialmente, a los que sufrimos día a día la incoherencia, la injusticia y la mediocridad a la que los clínicos nos vemos sometidos (respecto a los básicos). Cierto es que en el año 2015 se aprobaron unos nuevos (y polémicos) criterios que se decía que favorecía el perfil de los clínicos, pero no ha sido así. Y basta con revisar los resultados del programa Academia, comparando las cifras de la primera fase del programa (entre 2007 y 2015) y la segunda, tras la reforma de Academia (mediante el Real Decreto 415/2015): un 68% menos de peticiones en el segundo periodo, porque solo lo hacen quienes piensan que tienen alguna opción real de acceder a ella, pero es que además de los presentados los informes favorables son inferiores al 50%. 

Y, según esto, en 2017 el número de titulares de Ciencias de la Salud era el más bajo de todas las ramas del sistema universitario (2.949, frente a los 8.385 de Ciencias Sociales y Jurídicas) y lo mismo para el número de catedráticos (1.256 frente a los 2.984 de Ciencias). Además, en las áreas clínicas se van jubilar en 2025 el 55% de los profesores, y esto en las tres comisiones de Ciencias de la Salud que ha realizado ANECA, con 30 áreas de conocimiento: Ciencias Biomédicas (9 áreas), Medicina Clínica y Especialidades Clínicas (13 áreas) y Especialidades Sanitarias (8 áreas). 

Combinemos exceso de facultades, exceso de alumnos, falta de profesores y de futuro para estos con ANECA... y tendremos lo que se llama un pan como unas tortas. Un ejemplo paradigmático de mala gestión: lo que le faltaba a la Universidad y a sus estudiantes y profesores para acabar de estropear un ambiente ya nada favorable. Señores responsables de la organización de las Facultades de Medicina y de ANECA: los clínicos ya hace mucho tiempo que nos hemos acostumbrado a vivir sin el afecto de la universidad, pero lo que no tengo tan claro es que la universidad pueda continuar ejecutando el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) sin los clínicos.

Pongan orden... porque sino no habrá concierto. Aviso a navegantes...

jueves, 11 de enero de 2018

Los 10 Diez Mandamientos de la demografía médica y nuestro Monte Sinaí



El déficit de facultativos médicos en determinadas áreas y especialidades es un sempiterno problema de la demografía médica en España. La estadística del INE para 2016 (último año computado) habla de 253.699 facultativos (213.131 de ellos menores de 65 años), lo que supondría un porcentaje de casi 4,5 médicos por cada mil habitantes, lo que nos situá en el décimo puesto entre los países con mayor volumen de médicos en activo. Por lo tanto, el problema en España no parece estar en la falta de médicos, sino la distribución. 

El estudio prospectivo "Oferta y necesidades de médicos 2010-2025" que Sanidad presentó en el año 2007 fue el primer intento serio de sistematizar un informe periódico de demografía médica. La actualización de 2011 de ese informe ya alertaba de que la Pediatría podría ser una especialidad deficitaria en el periodo 2015-2025, y que otras especialidades como Medicina del Trabajo, Traumatología y Ginecología podrían tener un déficit alto más leve en el mismo periodo. 

En octubre de 2017 había 2.158 médicos en paro, lo que supone una tasa del 1% calculada sobre el número de médicos colegiados no jubilados. El Sistema Nacional de Salud (SNS) es el principal empleador de médicos en España, si bien se suele entrar por una puerta angosta, mediante contratos de corta duración y dudoso futuro. Los centros privados y Europa compiten con el SNS por captar médicos y, según datos de Sanidad, el empleo de médicos en hospitales privados está creciendo más que en el SNS (18% frente al 3%). 

Hace un mes, en un número especial de Diario Médico por su 25 aniversario, se publicaba un artículo al respecto de la demografía médica. Y en éste se nos planteaban los diez mandamientos de la demografía médica: 
I.       Puesta en marcha del registro central de profesionales. 
II.      Estudios periódicos de necesidades por especialistas. 
III.    Modelo de crecimiento hospitalario coordinado. 
IV.    Potenciación de la atención primaria. 
V.     Revisión periódica en el Consejo Interterritorial de las necesidades a medio plazo. 
VI.   Coordinación Sanidad-Educación para adecuar las plazas de Grado y MIR. 
VII.  Incentivación de las plazas de difícil cobertura. 
VIII.Plan de retorno para los médicos emigrados. 
IX.   Flexibilización de la edad de jubilación obligatoria. 
X.    Favorecer la movilidad interautonómica. 

Y todos estos mandamientos se resumen en uno: Pacto por la Sanidad con gran refrendo parlamentario.  

Así que cabe remangarse y subir al Monte Sinaí de la demografía sanitaria para no tener ingratas sorpresas.

lunes, 14 de septiembre de 2015

De nuevo, los médicos son el grupo institucional con mayor credibilidad en España


Según un estudio realizado por Metroscopia para El País los médicos son el grupo institucional mejor valorado por la ciudadanía, obteniendo un 91% de aprobado y solo un 7% de desaprobación, es decir, un saldo de 84. Llama la atención que son los investigadores científicos los que aparecen en segundo lugar (89% a favor y 6% en contra, es decir, un saldo de 83). 
Estos datos tienen algunas referencias muy significativas porque en contraposición a la valoración de los médicos, sin embargo, la sanidad pública está muy cerca del suspenso con una aprobación del 53% frente a un 44% de desaprobación, es decir, un saldo positivo de 9. De manera que la ciudadanía considera a los médicos de la sanidad pública lo mejor de la sociedad, pero no a la sanidad pública en sí, que está gestionada por los políticos (17% aprueba y 79% desaprueba) y los partidos (21% aprueba y 75% desaprueba), quedando ambos en los últimos lugares con un saldo de valoración de -62 y -54 respectivamente. 

Este Barómetro de Confianza Ciudadana en las Instituciones dado a conocer la semana pasada muestra que mayor aprecio popular suscitan son las instituciones de perfiles de servicio a la ciudadanía como los educadores, policías, Guardia Civil, ONG’s, etc. Suspenden, además de los políticos y los partidos, las multinacionales, las grandes empresas, los bancos, los sindicatos, los obispos, el Parlamento y las Comunidades Autónomas. 

Es curioso que El País publicó una encuesta similar hace 4 años (y que nos hicimos eco en este blog) y las cosas se mantienen prácticamente igual. De nuevo, Sanidad, Universidad y fuerzas del orden público en un extremo frente a política, banca e iglesia en el otro. Este es el panorama en España sobre la credibilidad de los ciudadanos en sus instituciones. Los muestreos de Metroscopia suelen ser generalizables y con escaso margen de error. 

Cada uno puede sacar su propia conclusión, pero al revisar la figura de abajo, seguro que algunas cosas quedan claras.


viernes, 12 de abril de 2013

(Médicos y enfermeras) españoles en el mundo


Lo llevamos claro. Especialmente los médicos jóvenes que acaban la carrera, terminan su especialidad y... o no encuentran trabajo o bien aceptan condiciones de trabajo abusivas y mezquinas. El colectivo de enfermería sufre la misma situación. La administración sanitaria española, y me refiero a las 19 + 2 miniadministraciones que padecemos en esto llamado España, se han convertido en gran medida en empresas de trabajo temporal de la peor especie.Contratos por días, contratos por horas, personas que cuando se levantan por la mañana no saben si ese día trabajarán o no y esperan una llamada telefónica... Todos conocemos casos. En el colectivo médico y también en el de enfermería. Es lo que hay.

Las 19 + 2 miniadministraciones sanitarias de España sólo ofrecen miseria a médicos y personal de enfermería joven y excelentemente preparado. Así que una de las salidas es emigrar, y de eso va esta entrada.

Leía en Twitter hace unos días, a través de la cuenta de nuestro colega pediatra Juan Bravo @juanbravoa que "Ofrecen más de 400 plazas para médicos licenciados de especialidades para trabajar en Latinoamérica". Una noticia publicada en la prensa generalista y que captó mi atención. Así, podemos leer que "El portal de empleo 'Trabajando.com' y HR Consulting buscan más de 400 licenciados en medicina de distintas especialidades para trabajar en distintos lugares de Latinoamérica. El proceso de selección ya está abierto y el contrato tendrá fecha de alta hasta el 31 de diciembre del 2013, siendo prorrogable para todo el 2014". Anestesistas, médicos de Medicina Intensiva, Atención Primaria, Medicina Interna, Traumatología, Pediatría, Cirugía General y Digestiva, Hematología y Cirugía Pediátrica, son algunas de las especializades demandadas.

La oferta está ahí y quien lo desee puede enviar su solicitud a través de la web

Así que Latinoamérica se convierte en la nueva "tierra de promisión" para muchos médicos formados en España y sin un futuro laboral esperanzador en nuestro país. El continente americano se suma así a muchos otros países de Europa que demandan médicos cualificados. Y los formados en España gozan de una elevada consideración. En muchos países... menos en el nuestro. Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Francia... entre otros acogen con sumo agrado profesionales de enfermería formados en España. Con el colectivo médico sucede lo mismo, ampliándose el abanico de países acogedores incluso a Nueva Zelanda y Australia.

Esta es la triste situación de los médicos y enfermeras recién salidos del horno en España. Políticas mezquinas que obligan a nuestros mejores jóvenes a emigrar...

Esta entrada no va a cambiar nada, por supuesto. La mezquindad y estrechez de miras de nuestros gestores sanitarios, con sus continuos y abusivos recortes en un sector clave para la sociedad como es la salud, tiene como una de sus funestas consecuencias esta que expongo hoy. Un país que expulsa a sus jóvenes es un país sin futuro.

No os perdáis este vídeo, demostrativo de todo lo expuesto.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Vinieron a por lo judíos y como yo no era judío no hice nada...


Martin Niemöller fue un pastor luterano alemán que ha pasado a la historia por escribir un poema que, por algún motivo, siempre atribuimos erróneamente al poeta Bertolt Brecht. El orden y palabras exactas traducidas del poema están sujetos a disputa, ya que existen muchas versiones, por lo que lo copiamos en su versión original: 
"Als die Nazis die Kommunisten holten, 
habe ich geschwiegen; 
ich war ja kein Kommunist. 
Als sie die Sozialdemokraten einsperrten, 
habe ich geschwiegen; 
ich war ja kein Sozialdemokrat. 
Als sie die Gewerkschafter holten, 
habe ich nicht protestiert; 
ich war ja kein Gewerkschafter. 
Als sie die Juden holten, 
habe ich nicht protestiert; 
ich war ja kein Jude. 
Als sie mich holten, 
gab es keinen mehr, der protestieren konnte". 

Ahora que ya han pasado el verano y que volvemos a la realidad, con el cerebro menos reblandecido por el duro sol del estío, es momento de retomar temas serios. Y este es un tema que tengo pendiente hace un tiempo. 

No voy a entrar en debates sobre el sistema de gestión de la sanidad (público, privado o mixto), pero si voy a hablar de formas y maneras. Las formas y maneras con que algunos entornos sanitarios tratan a los médicos, sin respeto al profesional, sin respeto a la profesión y sin respeto a los pacientes. Luego lo pueden disfrazar de lo que quieran, pero los hechos son claros y he aquí dos ejemplos que conozco bien. 

- Uno por ser un querido compañero pediatra, un pediatra íntegro y un profesional relevante a nivel nacional: el Dr José María Paricio. A él le debemos mucho, pero algo que perdura es la Web de Lactancia Materna, verdadero referente y, tal como consta en su cabecera, es una "web realizada desde 2003 por el servicio de Pediatría del Dr Paricio en el Hospital Marina Alta (Denia, Alicante)". Un ejemplo de como hacer cosas grandes desde entornos pequeños, gracias al trabajo y la ilusión de José María Paricio y su gran equipo de pediatras. 
No es cuestión de volver a utilizar su nombre en un debate estéril, pues sé que José María es una persona muy discreta y positiva, que no quiere (ni necesita) de polémicas. En su momento, y ya ha pasado casi un año, ya fue motivo de amplio apoyo en prensa nacional y en blogs. En esos enlaces podréis ver el desarrollo de los hechos, que abocaron a un final que sigue doliendo profundamente a todos los pediatras: de una forma totalmente injusta, se le retiró la jefatura de servicio y de su lugar de trabajo. 
Este es el premio a su brillante trayectoria profesional, producto de una decisión particular de unos gerentes de un hospital de gestión mixta. Unos gerentes que, como ya ha ocurrido en otros hospitales de estas características, serán despedidos en su momento, y ellos no recibirán los miles de apoyos (de compañeros médicos y de familias de pacientes) de José María, serán despedidos por la puerta de atrás... pero el daño ya lo habrán hecho. 

- El otro caso es el de un compañero hematólogo, el Dr. Pedro José García, con el que trabajé durante unos años en el mismo hospital donde ocurren los hechos y que la prensa ha ido relatando durante los meses de verano en prensa local, bien por el apoyo recibido, como por las consecuencias posteriores. Tal como se explica en la noticia, al facultativo se le comunicó el despido mientras pasaba consulta; aunque la modalidad más extendida de despido a médicos solía ser una llamada por teléfono a las tres de la tarde de un viernes por parte de un administrativo y la frase "no es necesario que vuelva el lunes, no contamos con usted". 

Lo dicho, podrán disfrazarlo de lo que quieran, pero estos casos (y una gran mayoría de los vividos y conocidos), son siempre por desavenencias entre la gerencia-dirección y el profesional sanitario, por no bailarles el agua, por no comulgar con ruedas de molino, por el "conmigo o contra mi". NO PUEDE SER, NO SE PUEDE CONSENTIR..., aunque se ha consentido: en ambos casos el apoyo de cientos y miles de firmas de pacientes y compañeros no sirvieron de nada.

Está claro que tendrán que convivir distintos tipos de gestiones en Sanidad, como ya ocurre en muchos países de los llamados del primer mundo: sanidad pública, privada y/o mixta. Pero en polémicas como las anteriores, entre un directivo médico y un buen profesional, es posible que la polémica se hubiera dirimido con el despido del directivo. Pero estamos en España, en esta España que nos duele... 

Por ello el título de esta entrada y el poema de Martin Niemöller. Porque los ejemplos expuestos hablan de dos buenos profesionales a los que han atacado su dignidad, injustamente. Porque ahora los demás lo vemos en la distancia, pues no nos ha afectado... Porque vinieron a por los judíos y como yo no era judío no hice nada..., pero antes de que vengan a por nosotros hemos de actuar: porque nadie puede quitarnos el respeto a la profesión y nuestra dignidad. 

Gracias, José María Paricio, por tu legado para todos y por tu amistad. Te han quitado la jefatura, pero no tu valía y tu dignidad. Os dejo un vídeo que han titulado "Pediatra sin tapujos" y sin tapujos, como es su vida, defiende la lactancia materna.

 

miércoles, 17 de agosto de 2011

Los médicos son el grupo social con mayor credibilidad en España: ¡quien tenga oídos, que oiga...!


En este mes de agosto el País publicará en cuatro entregas los resultados del Barómetro de Confianza Ciudadana elaborado por Metroscopia (los datos corresponden a la oleada de sondeos cerrada el 20 de julio de 2011).

El pasado domingo 14 de agosto se publicó la segunda entrega, en donde se analizan la confianza y credibilidad sobre 41 grupos e instituciones sociales. A la pregunta "¿en qué medida le inspiran confianza las siguientes instituciones o grupos sociales?", los entrevistados puntuaban en una escala entre 0 ("ninguna confianza") a 10 ("confianza total").

En los primeros 10 puestos se sitúan los médicos (7,4), los científicos (7,4), la Universidad (6,8), la sanidad pública (6,8), la policía (6,7), la Seguridad Social (6,6), las PYMES (6,6), los intelectuales (6,5), la Guardia Civil (6,5) y las Fuerzas Armadas (6,5).
En los 10 últimos puestos se situán los políticos (2,6), los partidos políticos (2,9), los bancos (2,9), el actual Gobierno del Estado (3,0), los obispos (3,1), los sindicatos (3,3), la Administración de Justicia (3,5), las cajas de ahorro (3,7), los gobiernos de las CC.AA. (4,0) y la Iglesia católica (4,0).

Sanidad, Universidad y fuerzas del orden público en un extremo frente a política, banca e iglesia en el otro. Este es el panorama en España sobre la credibilidad de los ciudadanos en sus instituciones. Los muestreos de Metroscopia suelen ser generalizables y con escaso margen de error. A mi me representa, pero ¿se encuentra usted representado con estos resultados...?.

No podemos dejar de subrayar el destacado lugar obtenido por las instituciones responsables de atender la salud de los ciudadanos, con el primer (médicos), cuarto (sanidad pública) y sexto (Seguridad Social) puesto (sobre las 41 instituciones valoradas). Como médico pediatra es un dato que me llena de satisfacción,... pero también de dudas. Dudas porque este buen sentimiento del ciudadano hacia la profesión médica en España no se traduce en que seamos correctamente valorados, ni desde el punto de vista del respeto profesional, ni desde el punto de vista de la coherencia económica en nuestras funciones. Al menos, al nivel de otros países del primer mundo: y no hace falta compararse con países del otro lado del charco (Estados Unidos), sino basta hacerlo con nuestros propios vecinos (Portugal).

Lo dicho, ¡quien tenga oídos, que oiga!. No parece descabellado que el grupo social con mayor credibilidad en España (los médicos) solicite ser oído por el grupo social con menor credibilidad en España (los políticos), y que se tengan en cuenta nuestras aportaciones para conseguir una profesión médica más digna, con mejores recursos y más competitiva. Difícil diálogo en el momento actual de acuciante crisis económica en España, con un Sistema Nacional de Salud en un periodo de desinversión de los más pronunciados y largos de la historia. Aún así, debemos seguir reivindicándolo, pues tras el caluroso verano (y su aparente tranquilidad), se espera un otoño tormentoso para los profesionales sanitarios (y se entiende que no me refiero al clima).